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MILES DE
PINTURAS RUPESTRES EN CERRO COLORADO, ARGENTINA

En el norte de Córdoba,
en la República Argentina, en cientos de aleros y cuevas, arde
el arte indígena. Más de treinta cinco mil pictografías en los
cerros Colorado, Veladero, Intihuasi y el Desmonte.
Es uno de los yacimientos arqueológicos de mayor densidad de
imágenes en piedra del mundo. Esta profusa creatividad visual
surgió de los hábiles dedos de comechingones
y sanavirones, los pueblos que habitaron en la Córdoba septentrional
hasta la llegada del invasor español en el síglo XVl. Junto
con el Uritorco
y San
Marcos Sierras, Cerro
Colorado es uno de los lugares de mayor trascendencia de la
provincia cordobesa. En 1957, el área del Cerro Colorado
fue declarada "Parque arqueológico y natural", se
encuentra próxima a la localidad de Cerro Colorado, ubicada
en el cruce de los departamentos de Río Seco, Sobremonte
y Tulumba. Su población es de 370 habitantes y se halla a 11
kms al oeste de Santa Elena, distante 160 kms al norte de la
Ciudad de Córdoba, (capital de la provincia homónima) por la
Ruta Nacional N 9. En la localidad de Cerro Colorado funciona
también el Museo Arqueológico de Cerro colorado. Asimismo,
a 30 kms se encuentra el Museo Arqueológico de Villa María
de Río Seco donde se conservan algunas láminas del arqueólogo
Asbjorn Pedersen (veánse las últimas hilera horizontal
de ilustraciones de la galería fotográfica abajo). A través
de la técnica fotográfica del infrarrojo, Pedersen fotografió
alrededor de treinta mil imágenes del Parque de Cerro Colorado.
La zona del cerro de tintes rojizos estuvo habitado por la Cultura
Ayampitín, aborígenes nómades cazadores. Pero a partir del
año 500 llegaron desde el norte los comechigones y sanavirones
que, entre durante más de un milenio, hasta la llegada de los
españoles, estamparon sus simbólicas imágenes, abstractas y
figurativas, en el lienzo de las rocas.
En 1903, el gran escritor argentino Leopoldo Lugones
descubrió accidentalmente las pinturas de las sierras de areniscas
rojizas de Cerro Colorado. Luego, llegaría el investigador escocés
Gardiner quien realizó el trabajo más exhaustivo hasta la fecha
sobre las pictografías. Aún hoy se desconoce el significado
de buena parte de las imágenes rupestres. En la proximidad de
Cerro Colorado, vivió en una casa que todavía existe, el famoso
cantante y compositor de folklore argentino,
Atahualpa
Yupanqui.
En este momento de Mundo mítico y arqueología
de Temakel, alentamos el conocimiento y la valoración
del tesoro artístico de Cerro Colorado. Primero presentamos
una galería fotográfica y, luego, un texto de difusión del cerro
de las paredes pintadas, procedente de la Casa de la Provincia
de Córdoba en la Ciudad de Buenos Aires. En Cerro Colorado,
aún sobrevive el aire extraño, y el relumbre desaparecido de
los miradas de los artistas, comechingones y sanavirones, quienes
habitaron y acariciaron las tierras cordobesas antes de sucumbir
entre el rugido del cañón y el filo de espadas sin dios.
GALERÍA FOTOGRÁFICA IMÁGENES DEL CERRO COLORADO
Todas las fotos pueden ser ampliadas mediante un clic
Aunque se conocían desde fines del
siglo pasado por las referencias que
de ellas hizo Damián Menéndez y luego por las del poeta
Leopoldo Lugones, las pinturas dcl Cerro Colorado recién fueron
estudiadas científicamente por G.A. Gadner, un paciente escocés
que publicó entre 1925 y 1931 los resultados de su labor. A él
debemos una seria y meticulosa documentación, el trabajo más
completo hasta el presente. Alberto Rex González dio a
conocer en 1963, cn Gacetika, los resultados preliminares de las
investigaciones realizadas en este sitio.
José A. Pérez retomó el tema en 1968 en una publicación en la
cual, además de resumir y discutir los conocimientos que sobre
estas pinturas
se tenían hasta la fecha, busca integrar las mismas en el
contexto arqueológico dc la Provincia.
Asbjorn Pedersen realizó también importantes
tareas de documentación
aplicando para ello nuevos métodos como la fotografía con.
infrarrojo.
Cerro Colorado, parte integrante de las Sierras de Ambargasta, está
situado en el norte de la Provincia, en la intersección de los
departamentos Tulumba, Río Seco y Sobremonte.
Los agentes erosivos actuando durante miles de años, han
producido en los cerros gran cantidad de oquedades, algunas en
forma de aleros y a veces de verdaderas grutas pequeñas, en cuyas
paredes los indígenas realizaron las pinturas. El número de
abrigos en los que se encuentran supera el centenar, distribuidos
en los cerros Colorado, Casa del sol, Veladero y en la Quebrada.
En ellos hay miles de representaciones de motivos diversos y el
mayor número de éstos corresponden a figuras humanas y de
animales; en menor proporción los hay de carácter geométrico y
existe gran cantidad no identificados. El doctor Rex González los
clasifica en objetos naturales incluyendo figuras humanas, de mamíferos,
insectos, reptiles y aves (70 % del total conocido), y motivos
geométricos que alcanzan el 14%. Las no identificadas significan
el 14 % del total.
Entre las clasificadas corno objetos naturales, las más
frecuentes son las figuras de hombres y mamíferos. Los primeros
son guerreros armados de arco y flechas; otras veces y en menor
proporción, representan hechiceros y también a los
conquistadores españoles, montados a caballo con sus armas.
Los animales pintados son los que habitaban la
zona en esa época; llamas, guanacos, pumas, ciervos, zorros, cóndores,
búhos, ñandúes, reptiles e insectos. Las llamas están, a
veces, colocadas en filas y atadas al cuello con una cuerda, lo
que indica su domesticación. Algunos motivos geométricos, los
circulares por ejemplo, han sido interpretados como la
representación del sol.
Lo más característico del arte rupestre del
Cerro Colorado, son las figuras de guerreros componiendo escenas
que sin duda reflejan hechos reales. Estos guerreros son
identificables fácilmente por su complicado tocado, que cae desde
la cabeza hasta casi los pies y por el arco y flechas que llevan
en la mano. Realizados de manera sencilla y esquemática, su diseño
responde a normas fijas.
Los hechiceros aparecen con largos vestidos y al parecer
enmascarados, a veces entre guerreros y otras junto a éstos y
animales. José A. Pérez señala que los individuos que aparecen
sin armas, con adornos en la cabeza y en los tobillos y tomados de
las manos, forman parte de una escena de baile.
Las representaciones de los españoles,
realizadas de manera más realista, poseen un gran valor histórico
por cuanto ellas significan un jalón cronológico que nos permite
ubicar temporalmente parte del registro pictórico de Cerro
Colorado. Con respecto a este tema, Rex González sostiene que
entre los siglos V a X, y más probablemente a fines de este
lapso, puede ubicarse el comienzo de esta tradición de Arte
Rupestre. Es un estilo caracterizado por la representación de los
guerreros componiendo escenas, que culmina en el siglo XVI,
momento en el cual se produce la llegada de los conquistadores.
José A. Pérez dice: Es probable que los
Sanavirones introdujeran en las Sierras de Córdoba, la
agricultura con regado, las represas de agua, las hachas de piedra
pulida, las puntas de hueso y, lo que es más importante para
nosotros, las pinturas rupestres. Este autor considera que la
cultura indígena a la llegada de los españoles, era una sola, síntesis
de dos pueblos- uno autóctono (Comechingones) y otro más
avanzado (Sanavirones) -cuya presencia en Córdoba data del primer
milenio de nuestra era. A esta cultura corresponderían las
pinturas de Cerro Colorado. (*)
(*)
Fuente: Texto de difusión
de Cerro Colorado de acceso público en Casa de la
Provincia de Córdoba en la Ciudad de Buenos Aires.
Ilustraciones (de arriba hacia
abajo): 1:
Imagen del Cerro
Colorado;
2: Uno de los aleros del cerro rojizo donde perduran las imágenes
rupestres.
En
Galería fotográfica, en
la primera hilera, tres pinturas de misterioso significado;
en segunda hilera, a la izquierda, imagen, quizá, de un hechicero
comechingón con un bastón. Las siguientes fotografías muestran
a guerreros con arco emplumados. En tercera hilera, las imágenes
fotografiadas en infrarojo por Andersen. En el centro, la imagen
de un conquistador español, montado en su caballo.
Fuente
de las imágenes: Material
de difusión de la Casa de la Provincia de Córdoba en la Ciudad
de Buenos Aires.
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