PERSPECTIVAS DEL
SURREALISMO
Por Samanta
Moreno
Introducción
El final
del siglo XIX y el comienzo del siglo XX, en los países centrales de
Occidente, se caracterizó por la aceleración de la historia en el
plano social y económico. Pero, la creencia burguesa en el progreso
ilimitado de la ciencia y la técnica que solucionarían los problemas
humanos, comenzó a desmoronarse a partir de la Primera Guerra
Mundial y sus terribles consecuencias. Sin embargo, las vanguardias
políticas y estéticas, que surgieron en este comienzo de siglo,
implicaban una aceleración en la conciencia de los actores
históricos que creían encontrarse en un momento de crisis, apto para
la revolución social, que desembocaría en un mundo
postburgués.
Desde la vanguardia política se criticaba a la
izquierda reformista y se pensaba en un asalto abrupto al poder.
Desde la artística se criticaba al mundo burgués que alienaba al
individuo y había conducido a la guerra y se buscaba construir otro
mundo de ideas y representaciones más liberador, frente al vacío de
sentido existente. Se deseaba construir nuevamente el mundo (una
concepción renacentista, del artista como creador, apropiándose de
una tarea divina).
Las vanguardias sabían que nacían para
morir. No podían institucionalizarse porque era contra eso mismo
contra lo que se rebelaban: la separación de esferas (el arte, la
política, la ética).
Deseaban integrar el arte a la
vida y consideraban que todos los individuos eran (en sus sueños,
como los surrealistas) o podían llegar a ser artistas, lo cual se
relacionaba con la idea de una sociedad en la que todos tuvieran
tiempo libre.
Consideraban que la belleza en el arte correspondía
a un cierto criterio relacionado con la clase, el gusto de algunos y
la época, por lo cual se oponían a la belleza establecida y a los
convencionalismos en un intento de liberar la subjetividad creadora
reprimida y el instinto (todo muy relacionado a la idea
psicoanalítica del inconsciente). Las figuras representadas por los
artistas de vanguardia eran marginales, relacionadas con la soledad,
la prostitución, la violencia social, la incomunicación pero también
con la guerra y el absurdo. El humor y la provocación no faltaban en
las obras de vanguardia y, en su lucha por la libertad y la verdad,
concebían linealmente la historia con la idea de que pronto
alcanzarían su meta.
Teniendo en cuenta estas
características me propongo abordar una de las vanguardias, el
Surrealismo (su historia, sus características, sus objetivos) para
reconocer sus aportes durante el siglo XX, y considerar la
perspectiva liberadora del sujeto que acarreó y transmitió a las
generaciones futuras.
Acercamiento
al Surrealismo
En 1955 André Breton resumió con
su lucidez acostumbrada la empresa artística fundamental del siglo
XX: "Se ha vislumbrado ese ángulo siempre fugitivo en el que las
cosas se esfuman hasta desaparecer, a cuyo precio sólo empieza a
desvelarse el espíritu de las cosas. La gran hazaña del arte moderno
será- en poesía a partir de Lautréamon y Rimbaud, en pintura a
partir de Seurat, Gauguin, Rousseau- haber batido cada vez más
duramente al mundo de las apariencias y haber intentado rechazar lo
que sólo es corteza para entrar hasta la savia. En arte, esta
empresa ha tomado desde hace tres cuartos de siglo un carácter cada
vez más imperioso, largar las amarras que nos retienen, tanto por
rutina como por sentimentalismo a la tierra de la percepción, no
podía conseguirse en un día" .
Desde que se cerró la fase
realista que había sofrenado el juego de la imaginación, se vio
manifestarse la obsesión de las fuerzas ocultas, fuerzas
espirituales, incontroladas, disimuladas en el misterio de las
cosas. Es entonces que las vanguardias artísticas hicieron su
aparición y, entre ellas, el Surrealismo. Literalmente, el término
vanguardia implica la idea de lucha de un grupo organizado y pequeño
que se sitúa por delante de un grupo mayoritario. Las vanguardias
artísticas se manifestaron como una acción de grupo, grupos
reducidos que se enfrentaban incluso con violencia a situaciones
establecidas y aceptadas por la mayoría. De ahí que en un principio
fueron
rechazados socialmente pues rompían con lo
convencional
El origen del término vanguardia en el plano
artístico, tuvo lugar en los textos de los socialistas utópicos
donde el arte era representado como la manifestación del progreso
social.
Teniendo en cuenta el Manifiesto Comunista del año 1848
surgieron "Manifiestos", como declaraciones públicas de propósitos y
programas de acción, en muchos movimientos vanguardistas.
El
Surrealismo surgió en Francia en un contexto, para algunos artistas
e intelectuales, de incredulidad en el progreso basado en un
desarrollo incontrolado de la técnica, en los principios éticos y
morales vigentes y en la razón, que marcaba el optimismo de las
sociedades de Occidente.
A esto se le agregó la
desconfianza que la Primera Guerra Mundial (1914-1918) generó con
sus consecuencias. Los precursores más directos de este movimiento
fueron el Expresionismo y el Dadaísmo. El movimiento se extendió por
todo el mundo, abarcando el continente Europeo, América, Asia y
África.
La ruptura con el Dadaísmo, absolutamente nihilista,
anárquico y rebelde implicó una postura más responsable y
comprometida por parte de los artistas.
Muchas de las posiciones
Dadaístas se mantuvieron en el Surrealismo, lo mismo que muchos de
sus gestos, sus actitudes destructivas, el sentido general de su
rebelión y hasta métodos provocadores, pero en el Surrealismo todo
esto adquirió una fisonomía distinta.
El Surrealismo puede
definirse como un movimiento artístico y literario que nació en
Francia hacia 1920, con su fundador André Breton, que se separó
definitivamente del Dadaísmo en 1922, cuando decidió reorientarlo.
La mayoría de los historiadores le dio al Surrealismo 15 años de
vida, entre 1924 y 1939, es decir, entre el primer Manifiesto y la
barrera infranqueable de la Segunda Guerra Mundial.
En este
período se acumularon las obras más importantes y el movimiento se
extendió a Bruselas, Belgrado, Praga, Londres, Las Canarias y
Tokio.
En realidad, el Surrealismo nació en 1919 cuando Breton y
Soupault experimentaron de a dos la escritura rápida, la escritura
automática de Los Campos Magnéticos. Y esto antes de que Tzara
llegara a París. Si hubiera que limitarlo simbólicamente en el
tiempo, habría que decir que el Surrealismo se inició el 9 de
noviembre de 1918, con la muerte de Apollinaire o el 11 de noviembre
con el armisticio. Pero sería un punto de partida falso, ya que el
verdadero envión lo dio Vache en 1918, cuando envió una carta a
Breton diciendo todo lo que era posible hacer
AHORA.
Acontecimiento histórico total que combinó la poesía
y el arte, la moral individual y la acción colectiva, el Surrealismo
alcanzó una dimensión comparable a la del Romanticismo o de la
Filosofía de las Luces, que desbordó en su siglo a corrientes más
estrechas como el Futurismo, el Cubismo, el Dadaísmo, el Marxismo
Leninismo o el Existencialismo.
Los historiadores que
arrinconan al Surrealismo entre Dadá y el Existencialismo le dan
mayor libertad de acción a este último, ignorando que los Dadaístas
que hicieron estragos en París entre 1920 y 1921, eran en su gran
mayoría Surrealistas en potencia, sin contar con que Tzara se unió
al movimiento Surrealista en 1930. El impacto del Surrealismo siguió
intacto incluso después de 1945.
El grupo de Surrealistas intentó
constituirse a partir del momento de la fundación de Littérature en
marzo de 1919. Tres poetas mosqueteros o el triunvirato Aragon,
Breton Soupault, dirigieron la revista.
En 1924, dos de ellos
crearon el primer Manifiesto Surrealista, definiendo Surrealismo, y
vieron a la pintura y la escultura como la materialización de la
poesía. Bretón era psiquiatra y había estudiado la teorías de Freud
sobre el inconsciente. Creía firmemente que el inconsciente era un
lugar donde se generaban imágenes que podían exteriorizarse por
medio de un ejercicio mental si la conciencia no intervenía y su
transcripción era automática. Los descubrimientos de Freud fueron el
comienzo de esta actividad liberadora. Gracias a este pensador, por
fin los sueños habían recobrado la importancia que merecían por lo
cual, el tiempo del sueño ya no fue considerado perdido sino, más
bien, el tiempo de vigilia fue considerado una interferencia del
sueño. Incluso Breton se preguntaba si no llegaría la hora de los
filósofos durmientes. Él mismo señaló que el arte debería nacer del
inconsciente; así el artista recogería sus imágenes soñadas y
llegaría a una realidad absoluta en la que ya no existiera
distinción entre el sueño y la realidad. Se puede decir que Freud
había presentado una prueba de que todos los seres humanos son
artistas porque un sueño es una pequeña obra de arte.
En este
Manifiesto, de octubre de 1924, André Breton exponía una fuerte
crítica a la idiosincrasia de la época y proponía nuevos métodos
para liberar la mente humana, que había visto su campo de acción
fuertemente reducido debido al mecanicismo y racionalismo
imperante.
Esta mediocridad mental se veía reflejada en la
literatura de la época, que perdía el tiempo remitiéndose a burdas
descripciones. El gran número de novelas editadas eran el retrato de
esta realidad. En ellas los personajes eran simples máquinas al
servicio de los antojos del escritores y no demostraban ninguna
emoción.
Las esperanzas de Breton estaban puestas en la capacidad
de imaginar del ser humano, que resumía la libertad espiritual que
poseía y que tenía que utilizar con sabiduría pues su poder era
incalculable. Es en este Manifiesto cuando por primera vez se
explicitó la idea Surrealista. Se definió la palabra como
"sustantivo masculino. Automatismo psíquico puro por cuyo medio se
intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo,
el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del
pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a
toda preocupación estética o moral" .
Esta definición mezclaba la
psiquiatría con la filosofía y, al no admitir la legislación de la
razón, los Surrealistas recurrieron al sueño, la infancia, la
imaginación o la locura. En relación a la palabra, se utilizó una
terminología erudita para designar el significado de la misma. Esto
se debió a que Breton no deseaba que su grupo fuera asimilado a un
cenáculo literario o artístico más, por lo cual presentó una teoría
fundadora o una nueva filosofía.
Según George Sebbag,
cuando Pierre Janet denominó automatismo psicológico a una actividad
interna y determinista o Freud bautizó inconsciente a uno de los
sistemas del aparato psíquico, se situaron dentro de un marco
psicológico y cinético. Sin embargo, el automatismo psíquico puro
era el redescubrimiento experimental y subjetivo de un
acontecimiento original. Según Sebbag, antes de los surrealistas el
automatismo psíquico se presentaba de manera relativa, impura y
parcial en los artistas. Para Breton, el automatismo psíquico puro
arruinaba los otros mecanismos psíquicos.
Era un mecanismo
irregular (ni biológico, ni mecánico, ni natural), una
espontaneidad, un azar psíquico que desafiaba las leyes de la
naturaleza, los conformismos sociales y las costumbres del
pensamiento. El Surrealismo podía ser considerado idealista en el
plano del pensamiento y realista en el del ser.
Por lo
tanto, este movimiento sustituyó el nihilismo dadaísta por una
experimentación científica, interesándose por el Comunismo Marxista,
donde hicieron suya la idea de revolución como forma de liberación
social, liberación de la clase dominante.
El impacto que causó en
los medios intelectuales de la época no fue inferior al escándalo
provocado por el Dadaísmo.
Los surrealistas criticaban la pérdida
de la libertad en los creadores, debida a que el pragmatismo, la
rutina, el peso de la educación, la moral, coartan al individuo de
tal manera que no es necesario que exista una coacción física para
que una persona limite su capacidad creadora, pues, se autocensura,
porque el Super yo gobierna la voluntad del hombre y lo hace incapaz
de romper sus ataduras y dejar que la imaginación vague sin lazos ni
trabas de clase alguna.
El creador es, pues, un alienado de la
sociedad, de la que sólo pude librarse mediante la exaltación de lo
irracional, de la locura, del sueño; es decir, mediante la oposición
de 'otro mundo' al establecido y dominado por las clases
dirigentes.
Es por esto que el Surrealismo, también fue un
movimiento político. En cuanto a la pintura, Bretón publicó en 1928
'El Surrealismo y la pintura' estableciendo que el inconsciente era
le lugar donde el ser humano no objetiviza la realidad sino que
forma un todo con ella.
Los surrealistas, dirigidos por
Bretón, se adhirieron al Marxismo luego de ver en él, el instrumento
que era capaz de destruir el orden social y crear una nueva
sociedad.
La voluntad del Surrealismo era irrumpir en la historia
y en la política para crear las condiciones de la libertad material
y espiritual del hombre.
" 'Transformar el mundo', dijo Marx;
'Cambiar la vida', dijo Rimbaud ,'Traer una nueva cultura, con la
fuerza de una visión nueva', fueron los intentos individuales de
resolver el problema de los Expresionistas, los Dadaístas y
Surrealistas" , sólo que éste movimiento, sintió en su conjunto la
necesidad de teorizar y realizar tal exigencia.
En la revista
Littérature los Surrealistas (en 1923) propusieron una constelación
de 71 presurrealistas que iban desde Las mil y una noches a Raymond
Russell o Pierre Reverdy. En otro de los números eran reivindicados
56 autores que llegaban hasta Heráclito. Pero si bien el Surrealismo
a veces se proyectó hacia el pasado, fue menos para anexarlo que
para celebrar a seres y acontecimientos
irreductibles.
Precursores del
Surrealismo
Los Surrealistas pusieron en circulación
a poetas que no merecían estar en el olvido. Según el escritor
Francés, T. Tzara, la poesía que no se distingue de la novela no
interesa a nadie.
Opuso a esto la poesía como actividad del
espíritu, es decir, que era posible ser un poeta sin haber escrito
jamás un verso.
Esta nueva forma provocó que los surrealistas
admiraran los poemas anónimos del siglo XVIII, de los cuales nació
la vertiente de la novela negra, la que se opuso a las
construcciones lógicas y sabias de los racionalistas. Las figuras
revolucionarias, que el Surrealismo tomó en cuenta fueron Horace
Walpole, Ann Radcliffe, Maturin, Lewis y naturalmente el escritor
francés, Sade (1740-1814), quién hizo de su vida una verdadera
novela negra, ya que fue encerrado la mayor parte de su vida a causa
de su ateísmo, por sus costumbres y el odio por su familia
política.
Sade fue para los surrealistas un gran y apasionante
ejemplo, por su búsqueda de lo absoluto en el placer bajo todas sus
formas y especialmente en el aspecto sexual y también por su
oposición a los valores tradicionales.
Por otra parte los
Románticos habían abierto un nuevo camino hacia lo extravagante y lo
inesperado; hacia lo extraño y feo; hacia los sueño y lo quimérico;
hacia la melancolía y la nostalgia; etc. Este camino fue explorado
por los surrealistas con gran pasión. Sin embargo, consideraban que
estos soñadores no habían conseguido romper la prisión donde el
hombre se debatía.
La salida de esta prisión fue indicada por el
poeta Francés, Charles Baudelaire (1821- 1867), con su obra 'Las
flores del mal', en donde expresaba el lado misterioso de la vida
cotidiana, entrando en verdadero terreno surrealista. El autor se
esforzó por liberarse de los moldes tradicionales, por utilizar el
leguaje a su propio servicio, pero esta tentativa disminuyó por ser
una tarea consciente.
Los poetas Alfred Jarry, Arthur Rimbaud y
Isidore Duchase (conde de Lautréamont), transfundieron su vida a la
poesía, haciéndola descender del pedestal, donde, según ellos, los
hombres ignorantes la habían encaramado.
El escritor francés,
Jarry (1873- 1907), señaló el advenimiento en la vida del valor
supremo de los que conocen el humor. Este humor, era para él
realmente la cuarta dimensión de este mundo ya que, si faltara,
sería totalmente vacío e inhabitable. Para Jarry, el humor contenía
en sí la cobardía, la ferocidad, el cinismo, el desdén por el
espíritu y sus valores, la prepotencia de la vulgaridad. Por esto,
la atmósfera de su obra fue absolutamente única e
inimitable.
Jarry dió un ejemplo difícil de seguir para los
surrealistas que intentaron imitarlo, dando a sus obras y a sus
vidas un matiz burlesco.
El poeta francés, Arthur Rimbaud
(1854-1891), trazó para los surrealistas la propia parábola del arte
y representó, asimismo, el destino futuro. Para él, el arte había
dejado de ser un fin. Breton agregó "su obra merece quedar de vigía
en nuestro camino"4 .
En Rimbaud, se percibía una interrogación
eterna por el destino del hombre ( para qué estamos hechos, si
debemos dejar toda esperanza, etc.). Esta interrogación estaba hecha
por los hombres libres, lo que para los surrealistas era una
cuestión fundamental.
Para él el Yo es otro, es decir, era
posible asistir al brotar del propio pensamiento. Formulaba la
verdadera naturaleza de la inspiración, como una voz que viene de
las profundidades del ser, del inconsciente, al cual los
surrealistas le abrieron las puertas. Sin embargo, se limitó en su
indagación de lo profundo.
El poeta francés, Isidoro Ducasse,
llamado también, conde de Lautréamont, después de permanecer
desconocido por muchos años, fue proclamado por los surrealistas
como su más ilustre precursor.
Su obra poética fue la más
consciente realización de la crisis espiritual causada por el
progreso científico. En el transcurso de dos años vivió y reflejó el
conflicto de la época por la que pasó tan rápidamente.
Aunque
tuvo una educación científica muy estricta en la escuela Politécnica
de París (en donde se invocaban las matemáticas), miraba con
desprecio los descubrimientos científicos de su tiempo, inclinándose
por lo místico, dotado de una poderosa imaginación, deseando un
mundo que hubiese podido moldear con sus propias manos, un mundo de
milagros, de metamorfosis y de revelaciones.
Se sentía como
un místico despojado de sus símbolos de veneración, porque la
humanidad todavía no había alcanzado la conciliación de la física y
la metafísica.
Para él, el hombre se encontraba en un estado de
asfixia por no poder evadirse de las leyes físicas, las que
acarreaban la desesperación por la muerte. El desafío del hombre era
resolver problemas como el de la mortalidad o inmortalidad del
alma.
Lautréamont era un antisocial, siendo su lema: Yo solo
contra la humanidad. Su poesía atacaba al hombre y al Creador que no
debía haber engendrado tal gentuza. Anhelaba lo infinito y lo
correcto e incorrecto no eran contradictorios, ya que ambos se
dirigían simultáneamente hacia la búsqueda de lo
primero.
Para él, el infinito no era abstracto, sino, que
era un principio espiritual que presidía las funciones fisiológicas
de la carne.
Con este artista se originó la idea de que la
expresión artística podía resultar de un método científico de
exploración de la subjetividad del sujeto pensante. Esta exploración
se veía restringida por la razón pero la inteligencia podía ser
destruida temporalmente por un torbellino de facultades
inconscientes. Por esto, creaba imágenes que se sucedían sin
conexión lógica, como las oníricas.
En el ámbito de la
pintura como instigador al surrealismo, se puede hacer referencia al
pintor Italiano Giorgio De Chirico (1888-1978), porque se encaminaba
más allá del realismo mágico. De Chirico fue colocado por Breton a
la cabeza de los artistas de este movimiento, por un escrito que
expresaba una serie de ideas que tenían más de una afinidad con el
surrealismo. En él decía que, para que la obra de arte fuera
inmortal, era necesario que saliera de los confines de lo humano
para no ser perjudicada por la lógica y el buen sentido. Se debía
liberar al arte de lo ya conocido, dejando de lado toda idea y todo
símbolo.
Su obra 'Plazas de Italia', fue la que ejerció más
influencia en los artistas y poetas surrealistas de París.
Su
pintura fue llamada Metafísica, porque toda forma de vida o
recuerdo, presentados en sus obras, aparentaban estar suspendidos y
envueltos en un velo impalpable que los separaba del resto del
mundo. En ellas se presentaban aspectos oníricos, la soledad, el
silencio, las sombras, las estatuas solitarias, etc.
A
pesar de los referentes pasados que los Surrealistas reconocían,
estaban muy apasionados con el presente y con la contingencia
histórica y eran demasiado rebeldes como para desear un retorno
eterno de sus frases o de sus extravagancias.
En 1929 Bretón
publicó el Segundo Manifiesto Surrealista y entre 1925 y 1930
apareció un nuevo periódico llamado 'El Surrealismo al servicio de
la Revolución'.
En 1938 se hizo en París la Exposición
Internacional del Surrealismo justo antes de la guerra. Participaron
Marcel Duchamp, Arp, Dalí, Ernst, Masson, Man Ray, Dominguez y Meret
Oppenheim.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los
surrealistas abandonaron París y se trasladaron a los Estados
Unidos, en donde luego se generarían movimientos americanos de
posguerra (expresionismo abstracto y Pop Art).
En España, además
de Joan Miró y Salvador Dalí, el surrealismo español lo compusieron
Maruja Mayo, Gregorio Prieto, Moreno Villa y Benjamín Palencia,
además de los neocubistas que se pasaron al Surrealismo ( Alberto
Sánchez y Ángel Ferrant).
En Latinoamérica se consideran
surrealistas Remedios Varo y Leonora Carrington.
Podríamos caer
en la tentación de sostener que el punto final del Surrealismo es el
28 de septiembre de 1966, día de la muerte de Breton o 1969, año de
la dispersión de los 40 miembros del grupo.
El viejo grupo
de los surrealistas se rompió en un determinado momento aunque
Breton intentó inútilmente mantenerlo unido. La doble alma que latía
en el interior del movimiento no conseguía fundirse ni convertirse
en un alma sola. Llegados a un cierto punto, Breton insistió cada
vez con mayor energía en mantener separadas las dos almas, el alma
social y el alma individual: "Estos dos problemas son esencialmente
distintos y estamos convencidos de que se enmarañarían
deplorablemente si no fuera así. Por tanto, hay motivo para
reaccionar contra toda tentación de fusión de sus datos". También
afirmaba "hay que situarse fuera del partido para poder dominarlo,
se trata de llevar a cabo una acción paralela a la del partido pero
siendo independiente de él" .Para él una obra era revolucionaria por
destruir en lo estético y lo lógico maneras establecidas de pensar,
no por su relación con la política.
Consagrar semejante
distinción y hacerla definitiva era aceptar la distinción idealista
entre esferas de la actividad práctica y esfera de la actividad del
espíritu. Bastante surrealistas no estuvieron de acuerdo y se
separaron del movimiento, como Aragón primero y Eluard más tarde,
como Picasso y Tzara, el cual hacía tiempo había empezado a
colaborar en las revistas surrealistas.
Los disidentes se
acercaron al Partido Comunista francés, mientras Bretón estrechaba
sus lazos con León Trotski, refugiado en México en casa del pintor
Diego Rivera.
El punto conclusivo del pensamiento de Breton sobre
las relaciones entre arte y revolución se encuentra expuesto en el
Manifiesto 'Por un arte revolucionario independiente', escrito en
colaboración con Trotski en julio de 1938. En este manifiesto se
puede leer el siguiente párrafo: "La revolución comunista no tiene
miedo al arte. Sabe que, según los estudios que se pueden hacer
sobre la formación de la vocación artística en la sociedad
capitalista que se derrumba, la determinación de esta vocación no
puede resultar más que de una colisión entre el hombre y un cierto
número de formas sociales que le son adversas. Esta simple coyuntura
hace del artista el aliado predispuesto de la revolución. El
mecanismo de sublimación que opera en semejante caso y que el
psicoanálisis ha puesto en evidencia, tiene como objeto restablecer
el equilibrio roto entre el yo coherente y sus elementos reprimidos.
(...) La necesidad de emancipación del espíritu no tiene más que
seguir su curso natural para llegar a fundirse y a templarse de
nuevo en estas necesidad primordial: la necesidad de emancipación
del hombre" .
Sin embargo, según Sebbag, el Surrealismo se
terminó de la manera más hermosa, con la revuelta espontánea y
generalizada de Mayo del 68. Según el intelectual, en Francia,
durante más de un mes, la ciudad se puso a hablar, la gente se miró,
se desencadenó una poesía en acto que le debía más a la sensación o
a la imaginación que a la teoría política. La sociedad desfrunció el
ceño, se transfiguró, casi como lo habían soñado los surrealistas o
los utópicos.
La escritura
automática
El secreto de la poesía Surrealista se
encuentra en la escritura automática. Esta invención de Breton y
Soupault que compartió el resto del grupo, en apariencia se limitaba
a un trazo rápido sobre el papel de frases que escapaban al control
de la razón. A la larga, Breton terminó por aceptar que no había
recetas para la escritura automática. Esta invención comenzó cuando
una noche, antes de dormirse, Breton oyó una voz que pronunciaba de
manera diferente e insistente una frase. Impresionado por el valor
poético del mensaje decidió encontrar un método para acceder a este
tipo de enunciados. Haciendo abstracción del mundo externo, como en
la duda cartesiana, y dejándose llevar sin censuras ni paralización,
escribiendo rápido como el paciente freudiano, descubrieron el
estado mental propicio para una nueva poesía. Para que se produjera
este automatismo, era necesario abrir las puertas de inconsciente y
dar inicio a la emisión verbal partiendo de cualquier palabra. La
velocidad de la escritura era de suma importancia pues esta anulaba
el control de la razón sobre el libre discurrir del pensamiento y
estimulaba el emerger del inconsciente. Una vez terminado este
proceso no importaba el sentido o coherencia que este escrito podía
tener, sino que las pulsaciones del inconsciente fueran recogidas.
Si a primera vista las imágenes recogidas parecían indescifrables,
luego revelarían perturbadores sorpresas del inconsciente. La
palabra, en este tipo de poesía, no pretendía un goce dialéctico
sino simplemente hacer manifiesto el torrente de imágenes
provenientes del inconsciente.
De esta forma nació en 1919 la
escritura automática y Los Campos Magnéticos. Las frases del momento
anterior al sueño o del momento de despertarse son la percepción que
el poeta realiza de su propia voz interior, no constituyen una
alucinación o una experiencia espiritista. El mensaje importa mucho
más que el médium. En realidad, la interiorización ultraconsciente
de su amigo muerto, consecutiva de la negación de su desaparición,
dispone a Breton a esperar y a oír la voz fraterna o el mensaje
surrealista de Vaché. Para Breton, las frases arrancadas al sueño
son "elementos fragmentarios de un discurso que prosigue sin
interrupciones a través de cada uno de nosotros" . En los mensajes
automáticos es posible reconocer dualidades, repeticiones,
duplicaciones, negaciones, aliteraciones, umbrales y sujetos
duplicados en objetos, en muchos casos respondiendo a la decisión de
Breton de practicar la escritura automática de a dos. Es a partir de
esta decisión que surgen Los Campos Magnéticos, obra Surrealista
cuya autoría depende de Breton y Soupault y en la que ambos exploran
el inconsciente y mezclan las palabras hasta el punto de que sus
frases parecen indiscernibles en tanto se contaminan, borrando parte
de la subjetividad de cada uno pero cambiando el curso común de los
intercambios, rompiendo barreras, fabricando giros inéditos,
provocando imágenes insólitas y produciendo un mensaje
singular.
Según Sebbag, esta forma de escritura "es quizá
la primera que le pide al lector que complete los vacíos que se
proponen casi después de todas las palabras. No se trata de asociar
imágenes o ideas a las palabras del texto, sino de detenerse cada
tanto, de rozar lo más seguido posible las luces que nos hacen
guiños, de las que nunca sabemos si las habíamos atrapado en su
claridad o en su oscuridad" . Por otra parte el libro Los Campos
Magnéticos se caracterizó por una serie de
efemérides.
Cincuenta años después de que Breton le leyera
en confidencia a Aragon los primeros capítulos del libro (1919), en
un artículo por la segunda reedición del mismo, Aragon se refirió a
la escritura automática y finalmente concluyó: "El libro nació de la
escritura simultánea, de la confrontación inmediata, de la emulación
por la lectura recíproca de estos textos(...)Los Campos Magnéticos
se convirtieron en la obra de un solo autor con dos
cabezas(...)ambos avanzaron por un camino en el que nadie los había
precedido, en estas tinieblas en las que hablaban en voz alta. De
este modo surgió este texto incomparable(...) para el momento del
alba de este siglo en el que se dio vuelta toda la historia de la
escritura(...)es el libro que hace que el mundo comience"
.
El nacimiento del objeto
surrealista
Para los Surrealistas, la poesía no sólo
corría a través de las palabras sino que se depositaba en las cosas.
Por lo tanto era posible mirarla, tocarla, admirarla, acariciarla.
No se poseía el objeto perturbador sino que este nos capturaba, nos
engullía. El objeto surrealista, verdadero fetiche, formidable poder
mágico, atraía la sensibilidad, subyugaba la personalidad. La gama
de los objetos surrealistas era infinita, como lo mostraba el
catálogo de Dalí (objetos de funcionamiento simbólico,
transustanciales, a proyectar, envueltos, máquinas, moldeados) y la
clasificación de Breton (objetos matemáticos, naturales, salvajes,
encontrados, irracionales, ready made, interpretados, incorporados,
móviles) y los perturbadores de Nougé.
Al repudiar el sistema de
las bellas artes y sus categorías de belleza, de artes mayores y de
buen gusto, al rechazar la mediocridad de la masa de objetos
usuales, el surrealismo quizo recrear el mundo en su propia
materialidad, sin reparar en medios. Como afirma Sebbag, "elevó a la
dignidad de obra de arte a los objetos hechos por los salvajes o los
locos, los ready made, los objetos manuales" . Vaché afirmó "
Cualquier deshecho al alcance de nuestras manos debe ser considerado
como un precipitado de nuestro deseo" . Es así que, en los mercados
de pulgas, la mirada surrealista podía encontrar objetos fuera de
moda, fragmentarios, incomprensibles, perversos e inutilizables y
considerarlos obras de arte. Además, el surrealista construía él
mismo los objetos, que modificaban la relación con la obra de arte y
los objetos técnicos. Los ready made perdían su función inicial
reinando como obra de arte, es decir, no liquidaban la práctica
estética sino la agudizaban, revaluaban y diversificaban.
La
rebelión y el inconformismo fueron características permanentes del
Surrealismo, que ya habían comenzado en el período Dadaísta en el
que los jóvenes nihilistas de Littérature provocaban e irritaban,
con sus contribuciones escritas, destruyendo o desmoralizando todo:
instituciones, autoridades y valores considerados aplastantes o
infamantes como la familia numerosa, el trabajo alienante, la
Iglesia clerical, la patria imperial, la academia artística o
literaria y el periodismo, con su influencia sobre las
masas.
Honraban una trinidad: la poesía, el amor y la libertad.
El poeta que se dedicaba a la escritura automática se liberaba de
sus pensamientos comunes, entregándose al poder de la imagen, la
imaginación, el deseo y el inconsciente. Se le revelaba el esplendor
metafísico de la ciudad que atravesaba de noche. "Quiero que la
gente se calle tan pronto deje de sentir", exhortaba Breton desde el
Primer Manifiesto Surrealista, dirigiéndose a los novelistas que
ignoraban la necesidad interna de la poesía. Breton no vinculaba la
libertad, que era lo único que todavía lo exaltaba, con la voluntad
o la razón sino con la imaginación y juzgaba duramente a la razón
realista y prudente que encerraba a lo "locos" y se complacía en la
mediocridad.
Los surrealistas querían descifrar el enigma de la
ciudad. En un momento en que ya no estaba más encerrada y todavía no
estaba desestructurada, los surrealistas descubrieron umbrales al
deambular por los boulevares, al fisgonear por los agujeros de las
fachadas, al dar vueltas alrededor de un monumento.
Del mismo
modo que una cámara salida del decorado estereotipado de los
estudios registra el aire característico de los transeúntes, la
mente disponible de los surrealistas interceptaba el incidente que
su imaginación elevaba a la altura de un acontecimiento.
Según
ellos, la arquitectura invitaba a contemplar la esencia que
impregnaba la apariencia, a develar la formidable presencia que
acechaba en las estatuas y las molduras, a descubrir el espíritu de
los lugares y la forma de una ciudad que sobreviven a las
generaciones y a los habitantes. La fantasía imaginativa del poeta
siempre se apoyaba en inscripciones en signos y diversos objetos que
se le ofrecían mientras deambulaba en las ciudades, por lo cual lo
sagrado se expandía a ellas y desertaba los templos.
Por
otra parte, la escritura automática, que le otorgaba al escritor una
total libertad de expresión y de imaginación, lo abstraía, sin
embargo, de su yo conciente, moral y social , por lo tanto el
escritor quedaba expuesto a acusaciones de difamación, injurias,
provocación. En relación con esto, Breton aseguraba que el artista
no debía ser considerado como autor de la obra, ya que esta sólo era
una producción surrealista, es decir, un documento copiado por el
autor pero sin expresar sus opiniones. Es decir, con afirma Georges
Sebbag, "el poeta no se somete al control de la conciencia reflexiva
o moral ni se ufana de una obra cuya parte subjetiva no queda
claramente establecida" . Sin embargo el mismo autor asegura que
esto afirmaba la necesidad de una reevaluación de la moral y del
derecho. El Surrealismo no se sometía a la adaptación a un mundo
siniestro y realista sino que la sociedad debía adaptarse al
imaginario Surrealista. Es por eso que Breton aseguraba que "el día
en que los métodos Surrealistas comiencen a gozar del favor del
público será preciso que una nueva moral sustituya a la moral usual,
causa de todos nuestros males" .
A pesar de que Breton
consideraba al Derecho obsoleto en materia de estética no
consideraba que los Surrealistas tuvieran derechos absolutos ni que
estuviera todo permitido en cualquier ámbito. Existían una serie de
exigencias e imperativos en el movimiento, entre los cuales se
encontraban: 1- La escritura automática no era una trivialidad por
lo que debía determinarse la autenticidad de una obra surrealista;
2- Valía más en una obra la sinceridad, la confesión, la
autobiografía que las máscaras, por lo cual un poeta Surrealista no
debía convertirse en un decepcionante novelista; 3- Un Surrealista
no podía dedicarse al periodismo, pues la prensa divulgaba ideas
huecas o despreciables, mediocrizando a su público, especialmente en
la sección deportiva; 4- El cinismo, el truco y la mentira eran
inaceptables, incluso en la vida política (esto separó en gran
medida a los Surrealistas de los Comunistas según Georges Sebbag);
5- Según este intelectual, el Surrealismo no estaba al servicio de
la Revolución, en tanto condenaba la poesía coyuntural o de
resistencia a la que calificaban de propaganda. De hecho, muchos
Surrealistas denunciaron sus propias obras como coyunturales; 6- El
inconformismo de los Surrealistas prohibía premios y reconocimientos
oficiales de cualquier tipo. Marx Ernst, que recibió un gran premio
de pintura fue excluido del grupo.
Si un miembro del movimiento
iba en contra de la ética Surrealista su exclusión se decidía en
Asamblea General. Por lo tanto, en aspectos morales eran
extremistas. Defendían simultáneamente el deseo más desaforado y el
riguroso examen de conciencia.
El acto Surrealista más simple y
más puro, según el Segundo Manifiesto Surrealista, era "bajar a la
calle, revólver en mano, y disparar al azar, mientras a uno lo
dejen, contra la multitud. Quien no haya tenido, por lo menos una
vez, el deseo de acabar de esta manera con el despreciable sistema
de envilecimiento y cretinización imperante, merece un sitio entre
la multitud, merece tener el vientre a tiro de revólver" . Este
párrafo, que señala una acción rápida y desesperada, manifiesta la
voluntad de poder del individuo, marcando el divorcio del
Surrealista frente a la masa social.
Por otra parte, los
fantasmas de los ejecutados obsesionaban a los Surrealistas, algo
que se manifiesta en el primer mensaje automático: 'Hay un hombre
cortado en dos en la ventana'. Esto se debe a que la decapitación,
según Georges Sebbag planteaba una triple pregunta física,
metafísica y moral: ¿Cómo se sostiene la cabeza sobre el tronco?¿El
alma está realmente unida al cuerpo?¿Hay que decapitar al malvado o
al enemigo?
Aunque los Surrealistas no reprimían la pulsión de
muerte, eso no quería decir que el amor estaba condenado a morir o
la maravilloso a desparecer, ya que podían renacer de sus
cenizas.
En una época en la que solamente los libertinos,
el psicoanálisis o la pasión romántica justificaban el apetito
carnal o el deseo amoroso, los Surrealistas manifestaban una gran
provocación o falta de pudor sobre el asunto en muchos de sus
relatos. Sin embargo, había un postulado que se imponía entre ellos:
la sexualidad no podía separarse del amor. Según Sebbag, el amor
Surrealista desarrolló una nueva sensibilidad ya que mezclaba la
dimensión horizontal de lo cotidiano con la vertical de lo
maravilloso: "dos seres que se encontraban por suerte,
desencadenaban acontecimientos sorprendentes, descifraban los signos
de su deseo, experimentaban las convulsiones de la belleza y del
tiempo, comprobaban la fusión del imaginario y de lo real" .
En
cuanto a la música y el cine, el escritor surrealista oía el mensaje
antes de alucinar o visualizar su contenido, el poeta se consideraba
un vidente atrasado pero la palabra auditiva era más importante para
él que la visual. Además, consideraba que existían dos oídos: el
oído interno del poeta y el externo del músico. La hostilidad de los
surrealistas frente a la música provenía de esta formidable
rivalidad entre ambos oídos. En la cultura global actual, la
audición y la visión externas son claramente más importantes que la
audición y la imaginación internas, fundamentales para los
surrealistas.
Otras de las técnicas surrealistas más
utilizadas tanto en pintura como en literatura fue el Cadáver
exquisito. Consistía en un juego en donde los participantes
aprovechaban el azar para hacer surgir imágenes que existían
latentes en su propio espíritu. El trabajo final era una obra
realizada de manera colectiva.
También produjeron el poema
collage y el poema objeto, en el último de los cuales el límite
entre pintores y escritores desaparecía ya que consistía en una
mezcla de textos e imágenes, generalmente enmarcados o en el
interior de cajas (de zapatos u otras).
La revista surrealista no
estaba programada, extraía su necesidad de las circunstancias
históricas y del devenir del grupo En la vida surrealista se
mezclaban indistintamente la autobiografía del movimiento y la
crítica del devenir histórico. Como se dieron cuenta del papel cada
vez más importante del periodismo y de su función de descerebración,
los surrealistas pretendieron rivalizar con la prensa diaria y
semanal, más que con otras revistas literarias o artísticas.
Opusieron a los diarios, la objetividad dudosa y el conformismo un
modelo subjetivo e imaginativo centrado en la poesía, la fotografía,
las interpelaciones y la experimentación, incluso denunciando a
causa de su debilidad al diario del partido de la revolución
´L´humanite´.
Las revistas, los panfletos, los libros, las
exposiciones surrealistas que se produjeron entre las dos guerras
mundiales fueron recibidas, con frecuencia, con miedo. Su falta de
conformismo repelía a las buenas voluntades. Un foso profundo
separaba a los representantes de un cierto buen gusto, omnipresentes
en la prensa, los salones o la universidad y los jóvenes rebeldes
surrealistas, decididos a enfrentarse con el entendimiento humano.
Los surrealistas no intentaban engatusar al gran público anónimo.
Tampoco buscaban el consuelo de un grupo de simpatizantes, de un
registro de abonados. Deseaban encontrarse con las individualidades
de su temple incluso a riesgo de electrizar a la sociedad.
Revista: 'La Revolución
Surrealista'
En París se creó la revista 'Revolución
Surrealista', como fruto del entusiasmo e impulso del movimiento
surrealista. De esta se exhibieron 12 tomos, los cuales iban
saliendo trimestralmente.
Esta revista fue creada en el año
1924 y finalizada en 1929, siendo estas fechas importantes. En 1924
André Bretón escribió su primer Manifiesto del Surrealismo, con el
que se presentó oficialmente el Surrealismo, aunque sus orígenes se
remontan al año 1919. Posteriormente, André Bretón escribió su
segundo Manifiesto, inaugurando una nueva etapa.
La revista
estaba vinculada a la causa social revolucionaria y era un claro
exponente del movimiento Surrealista Francés, puesto que recogía
obras surrealistas, textos automáticos, cadáveres exquisitos,
relatos de sueños y artículos de fondo que revelaban la vida
cotidiana del grupo y sus preocupaciones más inminentes. Inclusive
se presentaban textos de diálogo con juegos de preguntas y
respuestas y encuestas sobre los más variados temas: suicidio, amor,
sexualidad.
Además, estaba interesada en crear y recoger
experimentaciones ajenas, en torno al mundo de los sueños y del
automatismo psíquico.
Inicialmente la dirección de la revista la
tenía Pierre Naville y Benjamín Péret pero, a partir del número dos,
Breton se hizo cargo.
La misma poseía un carácter revolucionario,
pues consideraban que era necesaria la revolución en las relaciones
sociales para llevar a cabo la emancipación del espíritu. Miembros
de esta empresa se vinculaban a posiciones políticas (como en el
comunismo) y sociales, lo que generaba discusiones dentro del
grupo.
La revista se preocupaba de los siguientes temas: amor (se
hacía sentir en forma de poemas, textos automáticos, crónicas,
encuestas) y de la muerte (aquí aparecía recurrentemente el
suicidio) y en muchos casos recurría al humor negro.
También
recogía la polémica en torno a si existía o no una pintura que
pudiera ser llamada surrealista. La pintura clasificada como tal
representaba figuras, paisajes y objetos concretos, dentro de un
contexto abiertamente onírico.
También se encontraban técnicas
para desarrollar la imaginación y liberar al inconsciente humano.
Estas técnicas eran el Collage, el Frottrage, el Fumage, la
Decalcomanie o los dibujos automáticos de Masson.
Temas de la poesía surrealista y sus
autores
Según Breton, "Ante todo, ¡al diablo la
lógica! También en el idioma se la debe acosar, maltratar, reducir a
la nada." Ya no hay más verbos, ni sujetos, ni complementos, sólo
hay palabras que hasta pueden significar otra de lo que dicen. Así
como la ciencia y la filosofía, la poesía era considerada un medio
de conocimiento, y como la política y la medicina, un medio de
acción. El conocimiento no necesitaba de la razón y la acción la
superaba. Era necesario que la poesía fuera el alma hablando al
alma, que el sueño sustituyera al pensar dirigido, y que iluminaran
permanentemente las cavernas del ser .
Para los
surrealistas había un único medio: dejar que se expresara el huésped
desconocido en toda su profundidad, en toda su totalidad,
automáticamente. Una sola precaución: no intervenir.
Los
poetas de antaño fueron inspirados de tiempo en tiempo, y esto era
lo que daba valor a sus creaciones; el poeta vanguardista no sólo
estaba siempre inspirado, sino que de objeto se transformaba en
sujeto: era el que inspiraba. Ya no era únicamente eco sonoro,
profeta, vidente, sino todo a la vez, y más todavía, era mago.
Cambiaba la vida, el mundo, transformaba al hombre.
Sabía
mezclar la acción al sueño, fusionar lo interno y lo externo,
retener la eternidad en el instante, fundir lo general en lo
particular (Breton). Hacía del hombre, a su imagen, una unidad
indestructible. Del hombre y del mundo un solo
diamante.
Pero no por esto estaba sobre los otros hombres.
Marchaba entre ellos a pleno sol (Breton). El milagro por él
realizado todos lo podían realizar. No había más que elegidos. "La
poesía debe ser hecha por todos y no por uno solo"
(Leutréamont).
Era ésta una verdadera revolución. Primeramente
poética, porque negaba la poesía, superándola.
La
construcción poemática era desechada para dejar paso al texto
automático, al dictado puro y simple del inconsciente, al relato de
sueño. Ninguna preocupación de arte, de búsqueda de
belleza.
El alma del poeta no era ya una masa confusa donde
giraban vertiginosamente sensaciones, sentimientos, deseos,
apariciones que se manifestaban por intermedio de la palabra o de la
escritura molde, inmemorialmente lógica, que debía despedazarla,
reducirla a los elementos simples que son los vocablos, únicos
susceptibles de expresar fielmente el trance poético en toda su
integridad. La poesía, primeramente negada, era así sobrepasada. Y
lo que los surrealistas produjeron fue, sin comparación, superior a
lo que anteriormente se había hecho. A cambio de una destrucción
radical, que era necesaria, construyeron valores nuevos en un clima
de creación del mundo. Esta revolución poética fue posible mediante
una revolución íntima del hombre y de sus relaciones con el mundo.
Veinte siglos de opresión cristiana no consiguieron dominar el deseo
del hombre y su intención de satisfacerlo. El surrealismo proclamaba
la omnipotencia del deseo y la legitimidad de su realización. El
Marqués de Sade ocupó en su panteón el puesto central. Si se le
objetaba que el hombre vive en sociedad, el surrealismo respondía
con su voluntad de destrucción total de esos vínculos impuestos por
la familia, la moral, la religión. "Se hicieron leyes, morales,
estéticas para conseguir el respeto a las cosas frágiles. Lo que es
frágil debe ser roto" (Aragon: Les aventures de Télémaque).
Partiendo de un idealismo bastante místico, el de la omnipotencia
del espíritu sobre la materia, los surrealistas llegaron,
teóricamente al menos, a un materialismo revolucionario en las cosas
mismas. Muchos de ellos rompieron las filas para proveer militantes
a los partidos políticos revolucionarios. La destrucción de las
relaciones tradicionales de los hombres entre sí terminó por
construir nuevas relaciones y un nuevo tipo de hombre.
En la
Primera Guerra Mundial los poetas, los jóvenes, respondieron, uno
después de otro, al llamado de movilización de sus clases con el
sentimiento de la inutilidad de ese conflicto bélico. No encontraban
en la poesía escrita antes de ellos, respuesta a las interrogantes
que comenzaban a hacerse. Hubo un Nerval, un Baudelaire, un Rimbaud
y, sobre todo, un Lautréamont, pero estaban muertos y vivieron un
momento muy distinto. Indudablemente que en Francia había otros
vivos. Apollinaire, que pidió partir a la línea de fuego, se
encontraba ahora con ellos, aunque su disposición de espíritu era un
poco diferente; Picasso, al que veneraban; Henri Matisse, Marie
Laurencin, Max Jacob, el aduanero Rousseau, Derain, Braque, Fernan
Léger, etc. Todos pintores jóvenes o poetas nuevos que rompieron con
las ideas tradicionales, se proclamaban modernistas y de los cuales
los futuros surrealistas, de no conocerlos bien, por lo menos tenía
oído, ya antes de la guerra. Para estos jóvenes de veinte años, como
Breton, Paul Eluard, Benjamin Péret, Louis Aragon, Philippe
Soupault, el haber conocido a Apollinaire pasó por ser un raro
privilegio. Y es en la poesía y en su ejercicio donde esos poetas
encontraron, pese a todo, un refugio.
En su historia el
Surrealismo se convirtió en algo muy distinto de lo que pensaba
Apollinaire, del que Breton tomó el nombre que dio al movimiento:
"En homenaje a Guillaime Apollinaire, que había muerto hacía poco, y
que en muchos casos nos parecía haber obedecido a impulsos del
género antes dicho sin abandonar por ello ciertos mediocres recursos
literarios, Soupault y yo dimos el nombre de Surrealismo al nuevo
modo de expresión que teníamos a nuestro alcance y que deseábamos
comunicar lo antes posible, para su propio beneficio, a todos
nuestros amigos" . El 'Surrealismo' de Apollinaire era
exclusivamente un hecho poético, un nuevo método de inversión
literaria. La palabra Surrealismo apareció bajo el titulo de su obra
'Les Mamelles de Tiresias', calificado precisamente por él de drama
surrealista.
Pero la verdad es que Apollinaire había sugerido a
los fundadores del Surrealismo, además del nombre, una serie de
ideas interesantes. Por ejemplo, Apollinaire había sido uno de los
primeros defensores del automatismo poético: "Cuando os sintáis
secos - aconsejaba -, escribir cualquier cosa, empezad cualquier
frase y seguid adelante" . Así, había tenido una influencia precisa
sobre Breton el método con que Apollinaire componía sus poesías -
conversaciones, solicitando la colaboración casual de los amigos que
encontraba en el café. Pero aún hay algo más. En 1908 Apollinaire
escribió una composición en titulada Onirocritique que, en muchos
aspectos, fue una auténtica composición surrealista. Sin embargo
Apollinaire, eufórico, sentimental y sanguíneo no sentía, como la
nueva generación, el dolor irremediable de la historia
traicionada.
Así pues, sus indicaciones habían sido útiles, pero
sólo había sido eso: indicaciones. La exigencia expresada por el
Surrealismo era otra. Respondía con más violencia y verdad que
ninguna otra tendencia a la pregunta que en toda Europa se hacían
los intelectuales: ¿Cómo salir de la angustia de la crisis? La
respuesta dada por el Surrealismo fue rica en sugestiones y
promesas.
Fue un serio intento de respuesta.
El
Surrealismo formó hombres que están entre los mejores artistas de su
tiempo. Aragon, Eluard, Prévert, Leiris y Queneau, Hugnet, Miró, que
se encontraban en Francia, y los que fueron a revolucionar el Nuevo
Mundo, Breton, Péret, Masson, Tanguy, Dalí. Quizá Picasso y Michaux
no serían lo que fueron sin la estupenda experiencia
surrealista.
De alguna forma, se podría decir que el Surrealismo,
prescindiendo de los últimos años del siglo XX, lo atravesó y se
transformó en un símbolo de la Modernidad.
Conclusión
Según las
primeras líneas del Segundo Manifiesto Surrealista el Surrealismo
pretendía, ante todo, provocar en el ámbito intelectual y moral "una
crisis de conciencia del tipo más general y más grave posible"
.
A partir de esta afirmación sería pertinente preguntarnos
si, en la invasión constante de los sentidos que los medios de
comunicación realizan en el mundo contemporáneo, en el aturdimiento
de las imágenes hipnóticas y serializadas, queda algún espacio para
una imaginación que vuele libre, para la reflexión sobre el mundo y
la naturaleza de sus habitantes, para la búsqueda interior del ser,
de lo cualitativo, para que los poetas vuelvan a ser aquellos que,
en la libre contemplación conciente e inconsciente de lo existente
encuentren las verdades más profundas, religuen al hombre dividido y
lo reconecten con lo sagrado.
Como afirmaban, al referirse a la
cultura de masas y la industria cultural, algunos intelectuales de
la Escuela de Frankfurt como Adorno, los medios esclavizan al hombre
y no dejan nada librado al azar, arrebatan la posibilidad de
pensamiento y de creación liberadora, desestructurante.
En una
cascada de imágenes mediáticas la imaginación es esterilizada, la
poesía abandona el mundo y los artistas desaparecen.
Como
afirma Sebbag, las obras surrealistas terminaron en los museos y la
cultura dominante utilizó la mejor de sus armas para defenderse de
la crítica: la apropiación.
¿En qué se convirtieron los
sueños despiertos, las calles encantadas, los cadáveres exquisitos y
los objetos desparejos de los surrealistas?
Hoy, aunque ficticio
o simbólico, el acto asesino surrealista le daría miedo a nuestra
mentalidad actual, mezclada con la indiferencia y la sensiblería,
que vería en él un acto de demencia que hay que tratar urgentemente.
Pero si lo miramos más de cerca, este acto espontáneo, este gesto
solidario, podría no disgustarnos.
Según Sebbag, quizá
comprenderíamos que el Surrealismo exalta al individuo soberano,
atraviesa con una estocada al reino de la multitud. Aquí se perfila,
según él, una lección política y metafísica. La guerra de las
naciones, la lucha de clases y de sexos ceden paso a un
enfrentamiento inédito: el del individuo autónomo contra la
masa.
Después de 1945 muchos críticos, escritores o
artistas decretaron la muerte del Surrealismo.
Había que
dar lugar a otros movimientos, a nuevas etiquetas. Había que lanzar
al mercado la cultura de los productos renovables y perecederos. A
fines de la década de 80, cuando los medios de comunicación se
volvieron triunfales y los regímenes comunistas exhalaron el último
suspiro los periodistas, a los que el gran público enseguida siguió,
sacaron de la galera la palabra surrealista para referirse a
acontecimientos increíbles o paradójicos, comportamientos
extravagantes o sin pies ni cabeza. Recuperaron la palabra pero sin
aprehender la cosa. De este modo no es asombroso que desde hace
años, desde que caímos en un desorden moral, intelectual y estético,
el adjetivo surrealista haya salido a la superficie.
¿Nuestra
mentalidad actual conservó huellas del único movimiento poético de
envergadura del siglo?
Los surrealistas sustituyeron los
denominados vínculos naturales de la familia, de la patria o de la
religión por relaciones pasionales y excepcionales.
Elegían a la
persona amada y constituían un grupo aparte de individuos libremente
asociados. Es simbólico que el acto surrealista mas elemental
consistiera en no pertenecer a la multitud.
Ahora bien, a este
inconformismo hoy le responde un conformismo generalizado, militante
e integrador, perfectamente ilustrado en los eslóganes que rechazan
la exclusión. No hay dudas de que los surrealistas que se excluían
de la sociedad y excluían del grupo a algunos de los suyos, era
rebeldes preocupados por la libertad, creadores celosos de su
independencia.
Los Dadaístas y los Surrealistas le pusieron
bigotes a la Gioconda, ridiculizaron el buen gusto burgués o
francés, injuriaron a los literatos y a los periodistas. Pero estos
nihilistas fueron activos, esos terroristas alegres inventaron la
escritura automática o el poema objeto, experimentaron el juego
desinteresado del pensamiento. En suma, al encarnar la Modernidad,
el Surrealismo arrolló pedazos del pasado y edificó su propia ciudad
soñada. Según Sebbag hoy existen restos de este estado espiritual
conquistador teñido de impertinencia en la falta de compostura de
las relaciones humanas contemporáneas. Sin embargo, la sociedad del
espectáculo y de la mercancía, según la expresión que se utiliza
ahora, sólo retiene de lo maravilloso los imaginarios de la ciencia
ficción.
Cuando Aragon alababa el uso desordenado y
pasional de la imagen estupefacta, dicho de otro modo, el vicio
llamado Surrealismo, no pensaba para nada en una avalancha de clips
publicitarios, en un exceso de técnicas sofisticadas, en una
exhibición circense virtual contemplada por un rebaño compacto, sino
en un uso individual de la imaginación. Más grave, una burbuja
artística, hermana menor de las burbujas financieras e
inmobiliarias, es inflada por los vientos
especulativos.
Artistas y escritores son alzados a un podio
y mantenidos atados por una correa. Las artes y una literatura
esterilizadas son magnificadas y controladas por la Bolsa, las
instituciones y los medios de comunicación.
El realista no supera
los datos de la experiencia que le parecen intangibles y miserables,
mientras se fija en el aquí y el ahora. El Surrealista transfigura
el curso de la historia. La voz Surrealista le plantea un enigma al
poeta. Luego, inmerso en un bosque de signos, el surrealista es
iluminado por un encuentro, la maravilla surge en una iluminación.
De este modo, las palabras llaman a las cosas y los acontecimientos
responden a la espera del que acecha.
En 1929 Breton
enuncia una definición decisiva del surrealismo:
"Todo
induce a creer que en el espíritu humano existe un cierto punto
desde el que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, dejan de
ser vistos como contradicciones"
Todavía tenemos tiempo
para alcanzar este punto, para alcanzar al individuo soberano de
Bataille, aunque nos tilden de locos: "La eternidad busca un reloj
pulsera un poco antes de la medianoche cerca del muelle" (Breton:
'Claro de Tierra'). (*)
*)
Fuente: Samanta Moreno, "Perspectivas del surrealismo", trabajo
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del
pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Bibliografía
Mario De Michellis, Las vanguardias artísticas del siglo
XX, Madrid, Alianza. (Su segunda parte contiene el
Manifiesto Dadá de Tristán Tzara y sobre "el amor débil y amor
amargo"; el primer manifiesto surrealista de Breton, y "Los secretos
del arte mágico del surrealismo").
Georges Sebbag, El surrealismo, Nueva
Visión.
Maurice Nadeau, Historia del surrealismo, editorial
Caronte.
André Breton, Manifiestos surrealistas, Buenos Aires,
ed. Labor.
- Magia cotidiana, Madrid, Editorial Fundamentos.
- Diccionario del surrealismo, Buenos Aires, ed.
Renglón.
Salvador Dalí, El mito trágico del Angelus de Millet,
Madrid, Tusquet.
Maurice Nadeau, Historia
del surrealismo, editorial Caronte.
Actas surrealistas,
Buenos Aires (con textos, entre otros, de Breton, Aragon, Eluard,
Artaud, Dalí, Buñuel, Miller, Desnos), Colección Ámbar.