SECRETO
Y PODER EN RODOLFO WALSH
Por
Diana Requena
Referirse
a la obra de Rodolfo Walsh implica ineludiblemente relacionarla
con su biografía siendo imposible desligar su rigor literario,
su concisión y síntesis con el rigor del que hizo gala en su
vida privada y pública. No le es suficiente ser un periodista
activo sino que se compromete con la verdad misma, la saca del
lugar donde la oculta el poder y la expone en la palabra escrita
con auténtica intención literaria. Dice Pedro Orgambide:
¨Rompe las fronteras de los géneros al crear un espacio
narrativo que supera los términos de ficción y no-ficción.
Desenmascara
la injusticia ejercida sobre el pueblo silenciado y en su nombre
habla. Usando los géneros literarios a su alcance hace de toda
su literatura y hasta de su vida una unidad como forma de
acción política.
El
objetivo de este trabajo es destacar el lugar del enigma como
depositario de una verdad en sus textos; enigma que utiliza como
estrategia central en sus relatos. Lo no dicho, lo
sobreentendido, que es palabra – cuerpo, tiene el saber que le
proporciona un determinado dominio en la sociedad. Cuando este
saber queda circunscripto a un círculo que lo esconde, será el
deseo del autor que el lector descifre y devele la verdad,
realice un aprendizaje, movilice su circulación y sea capaz de
hacer la revolución.
Walsh
reflexiona sobre los procedimientos con los que contar esa
verdad; trabaja con el secreto, se maneja con índices, rastros
que moldea y reconstruye, cortes en la acción, elipsis,
montajes y mezcla de géneros y así va llevando al lector a
resolver el enigma, a descubrir la verdad, que puede ser
subjetiva y fragmentada pero que necesita ser liberada del
espacio del poder. En su trabajo con las formas se destaca su
intención literaria que se articula con la función del
escritor en la sociedad, con su compromiso político y con la
causa revolucionaria.. Rebate la autonomía del arte porque
piensa que literatura y política no están escindidas, por el
contrario usa la literatura para su militancia, para decir y
enseñar a otros hombres, privilegiando siempre la renovación
de las formas. Dice en un reportaje de Ricardo Piglia en marzo
de 1979: ¨Pensar que hasta hace poco hubo quien sostenía que
el arte y la política no tenían nada que ver, que no podía
existir un arte en función de la política. Yo pienso que no
sólo es posible un arte que esté relacionado directamente con
la política {…} sino que si no está eso, para mí, le
falta algo para poder ser arte´.
Intento
justificar este eje de análisis en dos de sus cuentos: "Un
oscuro día de justicia" y "Nota al pie" por
creer que en ambos puede abordase con claridad, esbozando
finalmente una relación entre los mismos y algunas teorías
literarias pertinentes. Dice Pedro Orgambide en "La
narrativa de Walsh" "Echó mano de su autobiografía,
no es abusivo pensar en sus propias experiencias como traductor
y corrector de pruebas al leer "Nota al pie" o
imaginar a Rodolfo niño en el colegio irlandés al releer el
ciclo de sus cuentos irlandeses".
"Un
oscuro día de justicia" pertenece a la saga de los cuentos
irlandeses en los cuales se perfila una connotación política,
que en éste que nos ocupa se hace explícita. Este cuento
relata la oscura historia del pequeño Collins, ultrajado desde
el poder pero que, a partir de la escritura de la carta, que se
constituye en enigma, se desarrolla la historia [montada entre
el relato y las cartas] de una comunidad y del desciframiento de
la verdad de los hechos por el lector.. La Carta no es
explícita, no tiene formato de carta: "Mi querido tío
Malcom, dondequiera que estés, te mando esta carta a mi casa en
tu nombre" [ p.53].
Dice
Piglia en su "Tesis sobre el cuento" (p57). "Lo
importante nunca se cuenta. La historia secreta se constituye
con lo no dicho, el sobreentendido, la alusión".
La
carta es el lugar de lo que no se dice y que sólo el lector
podrá develar: la verdad de Collins, la identidad de Malcom. Se
elude aclarar quién la contesta. La única certeza es el
circular de lo silenciado y que como tal, va tomando fuerza como
la verdad de la palabra escrita por el cuerpo mutilado de
Collins que oculta su humillación, cumpliendo una promesa de
silencio, aún en el secreto del confesionario.
Al
contar sólo parte de lo que se sabe, se llama a un
lector-pueblo activo, no convencional , del que se requiere su
complicidad y su propio saber para que acompañe y complete lo
que lee y devele las claves ocultas de la carta. Dice Martín
Kohan en Saer-Walsh" "Una discusión política de la
literatura "…las versiones (…) son incompletas,
parciales, discontinuas, frágiles, fatalmente derivadas de
otras narraciones". "Versiones, fragmentos,
construcciones, fabulaciones, estos ejes son los que instauran y
definen las condiciones de los relatos…".
Aún
cuando este cuento tiene todavía una estructura tradicional ya
aparecen recursos de desautomatización que conmueven al lector:
montajes que destacan voces y acciones, mezclas de géneros,
elipsis temporales que quiebran la continuidad, cortes en las
descripciones que, llenas de metáforas, son funcionales al
proyecto del autor con una mirada cargada de ideología.
Desde
el comienzo Walsh sitúa el Colegio como una institución que no
opera como poder hegemónico sino donde se juegan diferentes
niveles de poder: la liga Shamrock, la Iglesia y su
confesionario: "Escurridizo Dios afluía y escapaba de sus
manos" (p.45); el celador Gielty que reafirma su saber en
sus libros rojo y negro " escrito por un hombre que
conocía la voluntad de Dios" (p.47); el Gato "quien
no era más que un instrumento de Gielty" y hasta el mismo
pueblo a través del miedo, el secreto, la violencia y aún del
convencimiento "el pueblo arrastrado por el sonido de la
palabra, más que por la palabra misma". Se manifiesta el
poder de la palabra al enfrentarse Mullahy con Gielty "que
era el bardo y vocero del pueblo perito en rimas y proverbios
" y también del poder de la palabra esotérica de Pata
Santa que es el único que sabe y es el primero que ve la
llegada de Malcom y llora porque sabe: "Nadie vio que dos
lágrimas…" (p. 56)
En
una alusión al "otro" de clase se menciona a los
niños como" el pueblo". Dice Pablo Alabarces en
"Walsh, dialogismo y géneros populares" ( p. 29). La
aparición de los sectores populares como actor político opera,
aunque sea por oposición, como revolucionario. El otro (…)
hace una entrada en escena (…). "Los sectores populares
pasan a ser hablados". Ese pueblo espera justicia de manos
del tío Malcom que vendrá para "conocer y castigar"
(p.45) y que al igual que la carta que lo invocaba era un enigma
para todos "el hombre cuya cara se multiplicaba en los
sueños y los presentimientos diurnos, en las formas de la nube
o el reflejo del agua" (p.45). Tiene incluso la fuerza de
lo no dicho "labios tachados por un dedo (p.45). Sin
embargo se desliza, soterraña, la duda en el triunfo, en la
justicia" y ya nadie creía realmente en la llegada de
Malcom. (p-57)
El
secreto es un hilo conductor en todo el cuento. Son secretos
"el ejercicio", el maltrato, la carta y Malcom. Hay
secreto entre pupilos, maestros y sacerdotes que no descubren
"el motivo que no fue traicionado ni siquiera en el secreto
del confesionario". De la llegada de Malcom sólo había
marcas. "El secreto de la llegada de Malcom" estaba en
el relicario donde Collina "guardaba el papelito en el que
Malcom anunciaba que venía".(p.46) y sólo había indicios
"en un pedacito de papel sin sobre".
Ante
la inminente llegada y revelación, la autoridad había
retrocedido "no habrá ejercicio esta noche". "Gielty
oyó una voz porque alguien venía del horizonte del tiempo a
detenerlo"(p.54)-
Con
elipsis temporales y un montaje sutil Walsh describe el horror
del maltrato y sometimiento y lo mezcla con la ingenuidad
infantil. Marca la superación del miedo con procedimientos que
"crecen" "asumen formas"
"conversaciones interrumpidas" "marchas militares
" "inscripciones en las paredes" " cruda
pantomima" (p.55)
La
carta que Collins escribe "No era una carta ordinaria"
"Era mas bien subversiva y anómala y necesitaba para
circular subversivos y anómalos canales (p-53). La carta
adquiere sentido no en su escritura sino en su llegada al
lector. Dice Gonzalo M. Aguilar en Rodolfo Walsh "Escritura
y Estado "(p-68): "el escritor no produce solamente
sentido en los textos, éstos adquieren sentido según las
relaciones de fuerza en que se insertan. El sentido está
bloqueado, permitido, obstaculizado y construido en las
relaciones de poder" Es una liga secreta (La liga Shamrock)
la que distribuye el mensaje que "escapaba a la
censura" se iba por correo expreso"(p-53). Sigue G.
Aguilar "crea una red de circulación alternativa, lo que
implica un cuestionamiento del receptor, del mercado y de los
lugares sagrados o tradicionales de ubicación del escritor.
Malcom,
va develándose entre lo que se dice y lo que se calla; con
indicios se va armando el héroe: "No era más que
contornos" (p-55). Y lo que no se sabe lo produce el
pueblo, el receptor "Este proceso, aunque espontáneo,
surgido de la entraña de la gente…". La espera está
marcada por fuertes procedimientos que interiorizan la
interrupción. Hay elipsis temporales: ¿qué fue el sábado?
(p.56); enumeraciones: un paisaje, un suspiro, un destello, una
hojita (…) araucarias, chingolos, tren , mujeres…(p.,54). Lo
heterogéneo de estas enumeraciones pone de relieve las muchas
voces que esperan y la formación de la espera: "formaron
" "bajaron" "entraron".
La
descripción técnica de la pelea y el triunfo, con metáforas
militares, estrategias de lucha, se corta con humor e ironía
que desacraliza el triunfo y la muerte. Con un quiebre en el
relato "Allí acabó la felicidad, tan buena mientras
duraba, tan parecida al pan al vino y al amor" (p-59),
quiebre dado por una maza que nadie dice de dónde salió. El
pueblo "aprendió que estaba solo que debía pelear por sí
mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el
silencio, la astucia y la fuerza" (p.59).
Ahora
el pueblo sabe y aquí el autor le dice al lector que ningún
héroe lo salvará, que es el pueblo el que debe luchar y hacer
la revolución, consciente de su palabra, su verdad, su fuerza y
su poder. Y Gielty "miró una sola vez la hilera de caras
majestuosamente calladas y de banderas muertas, se persignó y
entró rápido".
En
"Nota el pie " desde el título Walsh sugiere una
posible lectura , ya que alude a esa técnica como origen de la
misma. Barthes en el "El placer del texto" propone
distintos modos de abordar una lectura.
Partiendo
del relato principal se produce el ensamble con la nota al pie,
que es la palabra del muerto, la palabra-verdad y que actúa
como corte en la acción. Este montaje de discursos produce una
yuxtaposición de voces que distancian al lector y estimulan su
reflexión.. La nota al pie se contrapone al relato principal en
una mezcla de fragmentos entrecruzados que se pueden relacionar
con la lucha burgués-proletario en el sistema capitalista. El
aspecto formal es muy fuerte en estas dos historias. Hay un
trabajo intenso con la palabra "Ninguna palabra era
definitiva" ( p.434) "Descubrió poco a poco que
traducir era asunto distinto que conocer dos idiomas: un tercer
dominio, una instancia nueva (p.435). Pone de relieve el uso
particular que León hace del diccionario al que le da palabra
propia, le aclara dudas y no sólo palabras. Lo personaliza,
dialoga con él.
-Mr
Appleton ¿qué significa utter dejection?"
-Significa
melancolía, significa abatimiento, significa
congoja"(p..434)
El
relato principal, donde Otero cuenta a León, es un modo de
mostrar la visión burguesa "Otero olvidó el proyecto
secreto de invitarlo a comer, presentarle al gerente, ofrecerle
un empleo estable en la casa " (p.439)- Y la nota al pie
donde León se cuenta a sí mismo es donde se pronuncia en su
posición social de proletario. León es el "Otro"
cultural, el "otro " de clase, el sector popular que
habla: "Lo cierto es que mi vida cambió
desde entonces; sin pensarlo más dejé la gomería, quemé
todas las naves…" (.p..433).
La
nota al pie, que es la carta que León deja como evidencia y
donde está su verdad es la que articula el texto marcando que
el contenido pasa por la forma que es la que cuenta dicho
contenido. En su carta León se refiere a su desacuerdo y su
enajenación por el trabajo en serie despersonalizado de la
sociedad capitalista. León, no encuentra su lugar en el mundo y
esto lo lleva a la muerte. Lo mata la Casa que lo desposee de
sí mismo y de su escritura.
El
texto está armado sobre un enigma, un elemento desconocido que
es el cuerpo de León ( no se le conoce familia, ni amigos, ni
mujer) y su carta; a partir de ellos se desenvuelve el relato y
se reconstruye una historia. Dice Gonzalo Aguilar: "El
relato reconstruye la experiencia que el cuerpo acumuló al
momento de la muerte".
La
carta, al principio subalterna, toma vigor página tras página
dándole vida a León y llevando a silencio al relato principal.
Entonces lo que se hace presente es el cuerpo-cadáver y el
cuerpo-escritura aún cuando Otero niega su identidad, ignorando
su propia palabra: Otero sólo usa su relato como justificación
pero siempre le muestra su superioridad y patronazgo burgués,
no le permite traducir otros libros y lo lleva a una escritura
alienante ; León se apropia de la palabra del otro(
traducción) y en ella se despersonaliza: "Ignoraban lo que
es sentirse habitado por otro " (p.444). Pero León intenta
su propia escritura con un trabajo casi manual del artesano
"ensaya variaciones sobre un tipo de verbo o una
concordancia" "fundía dos frases en una "
"cacofonías, aliteraciones, inversiones de sentido"
(p.436).
León
elige morir para nacer en la lectura de su cuerpo y el cuerpo de
la escritura que son el testimonio develador de la verdad.. El
cuerpo tiene el saber de quién era León y la causa de su
muerte: " Eso era León" (p.431). En este vaivén de
voces narrativas, Otero, en su posición burguesa niega las
evidencias, así como negó la identidad de León al que no le
permite que escriba y cuando intenta transgredir, le elimina las
notas al pie (como palabra propia) a las que el mismo León
tilda de "recurso abominable" (p.438)
En
"Los
muertos están cada día más indóciles" (Roque Dalton),
Otero evita ver el cadáver hasta el final, no lo descubre, no
lo reconoce sino que es obligado a hacerlo. Rehuye también la
lectura de la carta, portadora de la verdad del obrero :
"ha venido y mira en silencio el óvalo de la cara tapada
como una tonta adivinanza, pero aún no abre la carta…"
(p.419). Hay una lucha de la verdad escondida que pugna por
mostrarse, con la Casa (cuyo verdadero nombre siempre es
elidido) que quiere silenciar.
Dice
Piglia en "Rodolfo Walsh y el lugar de la verdad"
(p.14): "Para Walsh la ficción es el arte de la elipsis,
trabaja con la alusión y lo no dicho y su construcción es
antagónica con la estética urgente del compromiso y las
simplificaciones del realismo socialista".
Con
elipsis temporales irá apareciendo el decaimiento y el
agravamiento de la enfermedad de León que culminará con la
muerte y la escritura. Pero la verdad ha quedado negada en manos
del poder que se detenta desde diversos focos: el nombre elidido
de la Casa, la mirada del Comisario que se impone por sola
presencia y es el que destapa el cuerpo, el juez que tampoco lee
la carta. Otero que lo abandonó, que tiene el saber pero como
miembro de la burguesía no hace nada con él. Entonces se llama
al lector, ahora dueño de la verdad y del poder a que actúe y
produzca el cambio a través de su propia lectura. El deseo del
autor es que prime la visión de León, por lo que la nota al
pie progresa con respecto al relato principal hasta que lo
anula. León escribe certificando su propia muerte dando lugar
al lector para que con su voz resucite su palabra. Dice Barthes
"La escritura es la muerte del autor y el nacimiento del
lector"
Los
textos de Walsh se insertan en un ámbito que permite su
vinculación con cuestiones teóricas que se entrecruzan. Walsh
actualiza el pensamiento de Benjamin y Brecht y pone en
práctica la historicidad de las formas o sea que encuentra
nuevas
soluciones
a los nuevos temas. Benjamin adopta algunas técnicas de Brecht
que se valen del moderno desarrollo tecnológico, aunque tenía
noción de los riesgos que éstas acarreaban. También Walsh
hace uso de nuevas técnicas como reportajes, testimonios,
montajes y yuxtaposiciones para lograr una lectura
desautomatizada y comprometida. En sus textos mostrará que,
como dice Brecht, "había que tener valor para escribir la
verdad, perspicacia para reconocerla, arte para hacerla
manejable como arma, criterio para escoger a aquéllos en cuyas
manos se haga eficaz, astucia para propagarla". Benjamin y
Brecht usan conceptos marxistas y comparten una posición
optimista sobre la causa del proletariado aunque Benjamin no
tiene tanta esperanza, como Brecht, en su triunfo.
Benjamin
en "El Autor como Productor", iguala al escritor con
un trabajador más en la sociedad, ubica la obra en la cadena de
producción, desacralizando al escritor y su lugar y busca
procedimientos que movilicen al lector, tal como Walsh patentiza
en su obra y queda señalado en el análisis precedente.
Piensan,
entonces, en la recepción y desde esa visión trabajan la obra
para darle utilidad revolucionaria, el escritor debe quedar
subordinado a la causa política. Sin embargo, dejan claro que
son estas elaboraciones técnicas y no el contenido lo que hace
aparecer la obra como revolucionaria. Dice Benjamin en "El
Autor como Productor": "hay que repensar las ideas
sobre forma o género de la obra literaria a hilo de los datos
técnicos de nuestra situación actual llegando así a esas
formas expresivas que representan el punto de arranque para las
energías literarias del presente". El autor debe encontrar
el modo de hacer circular la literatura y sus técnicas y
ponerlas a disposición de todos, incluso de los escritores, y
enseñarlas porque sólo así pueden cumplir su finalidad de
educar políticamente. Dice A.M. Amar Sánchez en "La
propuesta de una escritura": "Walsh también cumple
con las premisas de Benjamin que consideraba "que un autor
que no enseña a los escritores no enseña a nadie"
(p.129). Por lo tanto hay que romper con el aparato de
producción de la literatura burguesa, alterar las formas de
producción y recepción. Procedimientos como el montaje en
"Nota al pie" tienen relación directa con el teatro
épico de Brecht: "Me refiero al montaje: lo montado
interrumpe el contexto en el cual se monta" p.131).
"La interrupción en la acción opera constantemente en
contra de una ilusión en el público (...) posee acción
organizativa" "El espectador toma postura ante el
suceso".
Brecht
establece su solidaridad con la causa de proletario al que apela
como sujeto revolucionario.
Las
posiciones de Benjamin y Brecht son muy próximas, por eso
cuando Adorno polemiza con Benjamin lo hace fundamentalmente en
su s acercamientos a Brecht. Así también está alejado del
pensamiento de Walsh cuando ataca la noción de arte
comprometido y sostiene que la actividad intelectual es
revolucionaria en sí misma, que el carácter social del arte
está dado por su inmanencia y que el artista no necesita
plasmar su posición política sino que debe trabajar sobre los
materiales estéticos de la obra. Estas ideas también lo oponen
a Sartre que postula la teoría del compromiso en la literatura.
En
"El Artista como lugarteniente" Adorno sostiene la
autonomía del arte y que son sus leyes intrínsecas, las que
tienen función social y distancian al lector haciendo la
recepción trabajosa para que reflexione y no para convencerlo
directamente. Sólo así el arte puede ser crítico. Se opone
también al utilitarismo: el arte no debe servir para ningún
fin ni estar subordinado a otros propósitos. Debe respetarse y
deberse a sí mismo Elude la categoría lucha de clases y la
referencia al proletariado como ubicado en la función central
del cambio revolucionario y aunque insiste en la necesidad de
una transformación social revolucionaria, es una idea algo
abstracta que no incluye ninguna teoría de acción política,
ni ninguna consideración acerca del sujeto revolucionario.
Los
textos de Walsh también pueden revisarse desde el pensamiento
de Foucault y sus cuestiones relativas al poder, tópico que,
como hemos visto Walsh despliega en el corpus considerado. Dice
Foucault en "Vigilar y castigar": "Este poder no
es un privilegio adquirido de la clase dominante sino el efecto
de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que se
manifiesta y a veces acompaña la posición de aquéllos que son
dominados, los invade, se apoya en ellos y los atraviesa".
No se refiere al poder del Estado ni de una clase en particular
sino al poder que está en toda la sociedad aún en la escuela y
la familia y que no es prerrogativa de una sola clase sino un
"conjunto de pequeños poderes e instrucciones situadas en
el nivel más bajo". No se trata del poder totalizador sino
de lo que Foucault denomina "la microfísica del
poder", que se localiza a diferentes niveles y está en
continua interacción Si bien el poder está presente siempre,
no implica que sea una unidad incorruptible sino por el
contrario es un continuo de acción y reacción en distintos
focos interdependientes. Dice en "El Método : Historia de
la sexualidad":: "omnipresencia del poder: no es
porque tenga el privilegio de agruparlo todo bajo su invencible
unidad, sino porque se está produciendo a cada instante en
todos los puntos o más bien en toda relación de in punto con
otro".
En
consecuencia, no hay un poder dado de una sola vez y un solo
sujeto que lo ejerza. El poder se practica de arriba para abajo
y viceversa en una relación compleja y móvil. Así lo muestra
Walsh en los cuentos analizados donde el poder emana, como se ha
visto, desde diferentes esferas, tanto verticales como
horizontales.
También
dirá que estos poderes no son "unívocos, implican
enfrentamientos". Donde hay poder, hay disidencia y
resistencia a la dominación. Estos puntos de resistencia
tampoco son homogéneos sino móviles y provisionales, se
encuentran en todas partes dentro de la malla del poder y lo
debilitan. Esto se ilustra en la preparación de la llegada de
Malcom, de distintas formas y por distintos grupos. Estos
lugares de resistencia son inestables, inseguros, van marcando
grupos y a la vez los dividen, estratifican y cambian de
posición buscando alternativas convenientes a su accionar.
Este
poder produce saberes y a su vez los saberes producen poder. Hay
un vínculo entre saber y poder como una forma de dominación
que circula en distintas maneras de constituirse y funcionar.
Este saber desarrolla estrategias que evolucionan y establecen
distintos lazos.
A
diferencia de Walsh, Foucault no pone como finalidad la
revolución y mucho menos al proletariado como agente de cambio.
Este cambio no se dará por una corrección absoluta del sistema
sino por modificaciones locales, en pequeños sectores, formas
de luchas más específicas, más regionales. Aquí polemiza con
Sartre, en contra del intelectual humanista universal que, para
Foucault, Sartre encarnaba. Foucault cree que hay un nuevo
momento del intelectual, que no es efectivo hablar en nombre de
los otros, en nombre de todos, sino que otros grupos
minoritarios (mujeres, prisioneros, enfermos, homosexuales)
deberán hablar con su propia voz. Sartre, por el contrario, en
¿Qué es la literatura? Se refiere al hombre universal capaz de
ser bandera de los silenciados y oprimidos.
CONCLUSIONES
Con
lo que antecede, queda demostrado cómo Walsh maneja lo elidido
como el lugar donde se esconde el saber, generador de poder, sus
niveles y relaciones y cómo se induce al lector a apropiarse de
esa verdad para que sea el pueblo el que participe
revolucionaria mente, Dice Gonzalo Aguilar "Desmontar estas
relaciones, denunciarlas y superarlas mediante la escritura como
acción política, constituye la utopía del proyecto de Walsh"
(p.62).
Su
explícito compromiso social y político queda expresado en su
literatura donde usa formas y procedimientos renovados para
marcar la acción política y revolucionaria: el compromiso del
escritor está íntimamente ligado con la eficacia literaria.
Walsh
demostró en su literatura y en su vida ser un hombre en
pleno uso de su libertad y hace sinónimos libertad y compromiso.
Al decir de Jean Paul Sartre:: "La libertad podría
pasar por una maldición. Y es una maldición. Pero es también
la única fuente de grandeza humana". "El hombre
total es aquél que está totalmente comprometido y totalmente
libre". Palabras que Rodolfo Walsh hace carne en su
vida y hasta las instancias mismas de su muerte. (*)
(*)
Fuente: Diana Requena, "Secreto y poder
en Rodolfo Walsch", trabajo realizado en el contexcto
sus estudios literarios en la Universidad de Buenos Aires.
BIBLIOGRAFIA
Roberto
Baschett, Rodolfo Walsh vivo, Buenos Aires, Ediciones de
la Flor, 1994.
Pedro
Orgambide, La narrativa de Walsh Plural, México DF,
l984.
Ana
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R.
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Textos
de y sobre Rodolfo Walsh, Madrid, Alianza Editorial, 2000.
Reportaje
a Ricardo Piglia: "Piglia habla de Rodolfo Walsh.",
reportaje de María Seoane, Fin de Siglo, abril de
1988.
Piglia
Ricardo, Rodolfo Walsh, el lugar de la verdad, Revista Fierro
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Alabarces
Pablo, Walsh, dialoguismo y géneros populares, USA
Stanford 1993-1994.
Aguilar
Gómez, Rodolfo Walsh, Escritura y Estado, USA Stanford
1993-1994, Nuevo texto crítico VI.
Kohan Martín, Saer, Walsh: una decisión política
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Zavala, Lauro,
Teoría de los cuentistas, México, Universidad de México,
1995.
Theodor
W. Adorno, "El artista como lugarteniente", en
Crítica cultural y sociedad, Sarpe, Madrid, Colección
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Foucault,
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Sartre,
¿Qué es la literatura?, ed. Losada.