|
LA EXPLICACIÓN Y LA VISIÓN
Una
aproximación al viaje en el tiempo de H. G.Wells
Por Esteban
Ierardo
La literatura de H. G. Wells posee
varias cimas, pero uno de sus pliegues más significativos es
su salida del tiempo corriente mediante una singular máquina.
Mediante el Science-fiction H.G.Wells plasmó una crítica
de su propia cultura. Humanismo y socialismo lo condujeron a
una ácida impugnación de la sociedad capitalista y una
posición escéptica respecto al futuro. La imaginación anticipadora
del futuro reactualiza el deseo primario de la humanidad de
quebrar la prisión del presente. Al proyectarse a un distante
mañana, en el 802.701, el Viajero del Tiempo concentra sus energías
en la explicación del desconocido y remoto futuro. Pero el movimiento
explicativo cederá finalmente en favor de la primacía de una
contemplación visionaria de un planeta sin ya la presencia humana.
A través de La máquina del Tiempo la imaginación literaria
es matriz de una actitud inquisitiva ante la civilización, y
es también acto visionario que, fuera de todo límite
racional, entreve un distante mañana.
E.I
LA EXPLICACIÓN Y LA VISIÓN
Una
aproximación al viaje en el tiempo de H. G.Wells
Por Esteban
Ierardo
I
El objeto es sólido. Con zonas de
metal y cristal, con una parte posterior que simula un gran paraguas
abierto. Una delicada y mágica palanca se desliza
hacia adelante, y una velocidad súbita, inmediata, fantástica,
desvanece lo que antes era una entidad visible. Una singular máquina
propaga ya su calor explorador...
H. G. Wells fragua una extraordinaria
ficción que imagina la salida de la prisión del
tiempo presente que nos priva de un regreso físico al pasado
o de un desplazamiento igualmente corpóreo hacia el mañana.
Mientras que en Bergson, Husserl
o Proust el tiempo es pensado como centro axial de la conciencia,
H. G. Wells defiende la tesis del tiempo como dimensión
desplegada del espacio. H. G. Wells se sitúa también
en el cruce de la ficción y la creciente potencia del conocimiento
científico en la segunda mitad del siglo XIX. En sus obras
fundamentales la libertad de la imaginación
descubre nuevas posibilidades científicas y tecnológicas.
Estas obras, además de La máquina del tiempo, son El hombre invisible, La isla del Doctor Moreau, y La guerra de los mundos,
obra ésta última célebre por la adaptación radiofónica de Orson Welles y el pánico
que provocó la narración de una invasión marciana de la Tierra.
La máquina del tiempo es
un ingenio que objetiva la potencialidad tecnológica. Sin
embargo, nunca habrá una explicación sobre el modo
de funcionamiento del prodigio técnico. La posibilidad
misma del viaje en el tiempo es producto de una especulación
sobre una geometría de cuatro dimensiones. El Viajero del
Tiempo también evidencia una intensa necesidad explicativa
durante su exploración del futuro, donde elabora gradualmente
un discurso comprensivo sobre el destino de la humanidad a través
de las modalidades de vida de los Morloks y los Eloi. Pero la
recurrencia en la explicación cederá su primacía
en las postrimerías del viaje, en el momento de proyección
más osada hacia el futuro, cuando el Viajero del Tiempo
extienda su aliento audaz hasta un remoto mañana, dentro
de treinta millones de años. Según nuestra interpretación,
el centro esencial de la ficción de Wells es el deslizamiento
de la explicación de la nueva relación hombre-tiempo hacia
un momento plenamente visionario. Lo explicativo cede su sitio
a una visión ante un planeta donde aparentemente ha desaparecido
la presencia humana, y donde retrocede toda explicación
racional.
II
El telescopio estaba abandonado.
El tubo del cristal mágico no podía observar las
agigantadas anatomías luminosas de las estrellas. Pero
la curiosidad y el ingenio infantil lograron reparar el largavista.
El niño se acercó así, por primera vez, fascinado,
a las silenciosas profundidades del cosmos.
Pero el niño Wells observó
el cosmos desde un mundo social carcelario y opresivo. Wells conoció
la pobreza y, aunque luego se liberará de la estrechez,
nunca olvidó su pasado ingrato. Esa memoria del propio
origen lo guiará a un credo humanista y socialista que
nunca abandonará.
En el momento de su nacimiento poseían los padres de Wells
una humilde tienda de porcelanas que nunca logró prosperar.
Esta frustración hizo que su madre regresará a su
anterior trabajo como criada mientras que su padre se abocó
al juego profesional, poco remunerado, del cricket. A los ocho años
el niño Wells sufrió un accidente que lo obligó
a varios meses de reposo. Durante este período, como Frida
Kahlo después, Wells descubrió su pasión
por el arte, por la literatura, al sumergirse apasionado en la
lectura de grandes escritores, y en la filosofía de Spencer
(1). En sus atribulados años juveniles, Wells atravesó
numerosas ocupaciones y peripecias hasta conseguir una primera
estabilidad laboral como periodista y colaborador de revistas
y periódicos (2).
En
1894 trabajó en la revista "National Observer". La revista
quebró, pero su dueño creó poco después una
nueva publicación, y pidió a Wells una obra para
fortalecer su iniciativa editorial. Y entonces, durante dos laboriosas
semanas, Wells reelaboró una ficción anterior, La
crónica de los argonautas, y así nació
La máquina del tiempo (The time machine).
La
ficción se sitúa en la Inglaterra victoriana. El
Viajero del Tiempo, a diferencia de la adaptación cinematográfica
de George Pal, carece de nombre propio. Su impersonal denominación
de Viajero del Tiempo convive con los contertulios que se reúnen
en el comienzo de la novela: el Psicólogo, el Doctor, el
director del diario ( Filby es la única excepción
de interlocutor personalizado). Ante ellos, comienza el discurso
explicativo del explorador del tiempo.
La
posibilidad del viaje es explicada mediante la geometría
de las cuatro dimensiones. Habitualmente,
el espacio es concebido como tridimensional (ancho, alto y largo).
El tiempo es entendido como dimensión complementaria, pero
opuesta, al espacio. Para el viajero de Wells la temporalidad
es una determinación más del espacio, es su cuarta
dimensión; de ahí que potencialmente sería
posible viajar dentro del tiempo como es posible hacerlo dentro
del espacio. Un medio determinado de dimensiones permite incluir
una más. En un sentido estricto, una pintura es un lienzo
bidimensional; pero una pintura renacentista por caso, con su
esmerada diferenciación de primer plano y un segundo plano
con su profundidad de campo, interpola una nueva dimensión
dentro de lo que parecía sólo una extensión
de dos dimensiones. Por extensión, las tres dimensiones
habituales del espacio físico pueden albergar otra dimensión.
Una cuarta dimensión: el tiempo. El tiempo es así
"una especie de espacio" (3). Un ejemplo para entender
el proceso espacializante del tiempo es el barómetro. Las
variaciones de la temperatura, indicadas por el ascenso o descenso
de la línea del registrador barométrico mediante
marcas espaciales, expresan cambios ocurridos en la dimensión
del tiempo. El devenir del tiempo se registra y acontece dentro
del espacio.
En
condiciones naturales, el movimiento humano dentro de la tridimensionalidad
del espacio no es completa. Es posible desplazarse a la derecha
o a la izquierda, hacia adelante o atrás. Pero no hacia
arriba. La movilidad dentro del espacio ofrece así una
dificultad que sólo a partir de la aparición de
los globos aerostáticos en el siglo XVIII dejó de
ser un impedimento aparentemente absoluto. Mediante los globos,
producto del primitivo desarrollo tecnológico aéreo,
el hombre pudo vencer la gravitación.
El
tiempo posee un aparente ritmo o duración que no podría
ser alterado o modificado. Por ejemplo, la duración de
un día necesita de una sucesión estricta de horas,
no un tiempo mayor o menor. La duración temporal parece
inmodificable. La evasión del presente temporal sólo
acontecería en el terreno de la conciencia, en la memoria,
en la evocación de un pasado o la prefiguración
de un futuro. Pero el límite del tiempo presente podría
ser superado, observa el Viajero del Tiempo, lo mismo que antes
se superó el efecto gravitatorio que obstruía el
movimiento ascensional. La ruptura de este obstáculo será
efecto también de una invención tecnológica,
de una máquina que permitiría la aceleración o disminución de
la velocidad temporal a fin de proyectarse al futuro o de
retroceder al ayer.
La
máquina del tiempo demandó dos años de trabajo a
su creador. El viajero exhibe primero a sus interlocutores un modelo
en miniatura de su invención. Al mover una pequeña palanca
la máquina adquiere una velocidad que genera su invisibilidad,
su proyección a la dimensión de un tiempo "espacializado",
que permite por tanto el desplazamiento físico hacia delante
o hacia atrás. La gran aceleración de la máquina
la hace imperceptible de forma semejante a como se hacen imperceptibles
los rayos de una rueda en rotación, o una bala en movimiento.
Filby
y los otros invitados verán después la máquina
del tiempo en sus verdaderas proporciones: la máquina "tenía
partes de níquel, de marfil, otras que habían sido
indudablemente limadas, o aserradas de un cristal de roca "
(4). Con este artefacto, el Viajero
del Tiempo se proyectará a un nuevo reino temporal.
En
una aproximación a La máquina del tiempo es insoslayable
la cuestión de si esta obra pertenece o no a los específicos parámetros
del Science-fiction, terminó que se le atribuye a Hugo Gernsback,
fundador de la revista Amazing Stories. Para J. Ignacio
Ferreras el género se define por su vínculo con temas como ciencia
y técnica, extraterrestres, mundos paralelos y la conquista del
tiempo (5). El vínculo del viaje temporal con la especulación
científica y el prodigio técnico harían participar a la ficción
de Wells de la morfología básica del género. Estas condiciones
se relacionan también con la fundamentación de la invisibilidad
en El hombre invisible (6).
Como Julio Verne, Wells sería un precursor de la ciencia ficción,
pero en el autor de Un viaje a la luna la fantasía técnica
no deriva en auscultación crítica de la cultura, como sí
sucederá en el escritor inglés.
III
El
tiempo se espacializa en el pensamiento del personaje de la ficción
de Wells. Lo contrario es el tiempo plenamente diferenciado respecto
al espacio. La filosofía de Bergson es un nítido
referente de la promoción de lo temporal como dimensión
plenamente diferenciada de la espacialidad y como elemento constituyente de
la subjetividad. El pensador francés impugna la subsunción
del tiempo dentro de las magnitudes medibles del espacio. Critica
"la ilusión espacializante del tiempo" (7). Desde
el siglo XVI, el tiempo es sometido a una estricta medición
de minutos y horas por los relojes mecánicos. En el siglo
XIX, con un conocimiento científico en pleno desarrollo,
la ciencia se abalanza sobre el objeto con la avidez del análisis,
la clasificación y medición. La obsesión
cuantificadora de la ciencia es afín a la medibilidad del
tiempo aplicada al movimiento de los cuerpos físicos. El
tiempo es así una propiedad cuantificable esencial del
espacio empírico. Toda medición a su vez supone
una divisibilidad creciente de partes. Así, el tiempo es
confundido con el espacio y su posible divisibilidad o segmentación.
En la meditación bergsoniana la temporalidad
no es divisible. El tiempo es esencialmente élan vital,
duración, fluido temporal indivisible asimilado a la corriente
de la conciencia.
Desde
el racionalismo cartesiano, la trascendencia del tiempo-conciencia
indivisible estimula el cultivo de la interioridad y la reflexividad
del sujeto. El
tiempo es dimensión esencial de la subjetividad a priori
o independiente respecto a lo espacial. La interioridad del tiempo-conciencia
se asemeja a la exploración literaria del flujo de la
conciencia
en Proust y el modernismo literario de Joyce, Woolf y Faulkner.
El
tiempo es pensado también como problema esencial de la
metafísica. Para Borges es el motivo de un paradójico
intento de una "nueva refutación del tiempo"
(8). Para Dunne el tiempo es objeto de experimentación
y de una distinción de diferentes niveles de temporalidad
(9).
En
la ficción de Wells el espacio es la realidad primera respeto
a la que el tiempo es una dimensión subordinada. Es posible
moverse en el eje temporal como nos movemos en el espacio físico.
La salida del inmediato presente puede lograrse al acelerar o
retrasar el movimiento temporal. Una máquina fantástica
permite esta alteración.
IV
El
Viajero del Tiempo se lanza finalmente a su exploración
de un tiempo espacializado. La proyección desde la Europa
del siglo XIX hacia un remoto futuro es continua, directa, sin
estaciones intermedias, a diferencia del viaje consumado por George
(Rod Taylor) en la adaptación fílmica clásica
de La máquina del Tiempo (10). En el viaje que se
inicia en la novela "la superficie entera de la tierra parecía
cambiada, disipándose y fluyendo bajo mis ojos", y
luego "con una especie de locura que aumentaba en mí
me precipité en el futuro"(11). El Viajero del Tiempo
lleva consigo la expectativa de confirmar en el distante mañana
el ideal del progreso, la aspiración de una humanidad plenamente
desarrollada en sus condiciones científicas y espirituales.
La
máquina se detiene en el 802.701. El
Viajero del Tiempo se encuentra con una figura colosal de mármol
blanco, cercanas a ruinas de edificios circundados por una variada
vegetación. El explorador se encuentra por primera vez
con los Eloi. Seres de frágil aspecto y de vivos y llamativos
ropajes; su lenguaje es armonioso. Su vida es aparentemente distendida,
libre de los rigores de la supervivencia. Viven en una gran mansión
donde en amplios recintos se distribuyen mesas circulares de piedra
siempre alfombradas de frutas. Por otro lado, en los alrededores
de la morada de los Eloi "no había setos ni señales
de derecho de propiedad, ni muestras de agricultura; la tierra
entera se había convertido en un jardín" (12).
Los Eloi no padecen el sufrimiento por una ardua y degradante
supervivencia. Entre ellos, no se advierten indicios de luchas
sociales ni de estrechez económica. Así, el Viajero
del Tiempo ensaya una primera explicación del mundo recientemente
descubierto en el futuro, como un paraíso social, "como
una nueva edad de oro". La primera evaluación del explorador del mundo futuro
parece confirmar
los vaticinios optimistas de la Ilustración sobre el devenir
de la civilización.
El
proceso de explicación avanzará luego hacia nuevos
niveles de comprensión. Los presupuestos optimistas iniciales
se derrumbarán gradualmente. El Viajero del Tiempo repara
en la indolencia de los Elois, en su indiferencia y ausencia
completa de inquietudes culturales, en su debilidad e incapacidad
para imponerse desafíos. Y deduce entonces que cuando
la humanidad llega a una sólida situación de bienestar
y seguridad, decrece el cultivo de las aptitudes físicas
e intelectuales. En las nuevas condiciones de prosperidad surge
la cuestión de "la suerte de la energía en
seguridad". Las fuerzas sobrantes primero se destinan al
arte y el erotismo. Y luego del empobrecimiento decadente de lo
artístico sólo quedarían unos anémicos
puñados de cenizas, ordenados en la forma de adornos florales
y despreocupadas y ligeras danzas. Pero aun esto "desaparecería
al final, dando lugar a una satisfecha inactividad".
Cuando sobre el hombre no pende ya la espada de Damocles de la
inseguridad, la vitalidad se disipa hasta llegar a una monótona
meseta de aburrimiento. Lo que el Viajero del Tiempo encuentra
así en el futuro no es progreso. No es la evolución
dada por un dominio creciente de la naturaleza y la supresión
de la conflictividad social propia de los hombres de la era victoriana.
El avance de la explicación del Viajero del Tiempo sobre
el mundo futuro permite comprender los signos de la regresión,
y también los últimos efectos de la lucha de clases
de la era capitalista...
Antes
de avanzar hacia esta nueva comprensión del Viajero del
Tiempo sobre el lejano futuro es preciso invocar los lazos de
Wells con la militancia humanista y socialista de su tiempo. En
1883, en Londres, se fundó La Sociedad Fabiana. Su nombre
procede del general romano Quinto Fabio Máximo, de importante
rol en la lucha contra los cartagineses en las guerras púnicas.
Máximo, llamado Cunctator ("El
Contemporizador"),
eludió todo combate frontal con las fuerzas enemigas. Conciente
de la superioridad del invasor alentó un enfrentamiento
gradual, progresivo. Esta estrategia es la que inspiró
a los fabianos en su lucha contra las injusticias sociales del
capitalismo. En lugar de un ambicioso e incierto asalto al poder,
una vía gradual y pacifista de reformas. Al reformismo
fabiano se sumaron George Bernard Shaw, Bertrand Russell, y el
propio H. G. Wells, aunque éste luego se separará
del movimiento (13).
H.G.
Wells nunca relajó su credo humanista. Así siempre
predicó su lema "el hombre para el hombre", en
contraposición al "hombre para el estado" del
comunismo, o "el hombre para dios" del cristianismo.
Dentro de su ideario político era esencial la promoción
de la educación como fuerza liberadora. Y, por ello, una
parte significativa de su obra lo constituyen textos didácticos
orientados al fin educativo recién consignado; y este es
el caso de su monumental Historia de la humanidad, publicada
en 1922.
La
filosofía política humanista de Wells es el pilar
de su crítica del mundo a través de su ficción
sobre el futuro remoto. En el distante mañana la lucha de clases
no desaparece sino que produce sus máximas consecuencias
adversas. La resolución del enigma del alimento siempre
a la mano de los Eloi, lo conducirá a un nivel más
alto de explicación de la humanidad futura. El Viajero
del Tiempo advierte una distribución de misteriosos pozos
que jaspean la superficie. En su primer descenso en una de las
cavidades descubre extrañas y misteriosas criaturas que moran
en la profundidad subterránea: los Morloks, seres nocturnos,
temerosos de la luz diurna, que retroceden ante la lumbre de una
cerilla. La luz es herramienta indispensable para enfrentarlos.
La escasa provisión de cerillas del visitante es compensada
por el descubrimiento de nuevos fósforos entre las ruinas
del Palacio de Porcelana Verde, lugar donde yacen diversos objetos
de culturas antiguas que sugieren que el abandonado edificio es
un museo arqueológico o paleontológico, donde también
se hallaban restos de libros desintegrados por la antigüedad (14).
Los
elementos que el Viajero del Tiempo descubre sobre los Morloks le
permiten, finalmente, comprender su naturaleza y su vínculo
con los Eloi. El alimento siempre disponible es provisto a los
seres de frágil figura por los Morloks, quienes luego los
devoran. Los Elois son pasivo ganado para sus dominadores transidos
por el estigma de un regresivo y salvaje canibalismo. Pero el
porqué de esta relación será explicada por
el origen del particular vínculo entre los seres del Mundo
de Arriba (los Elois) y los del Mundo de Abajo (los Morloks).
Este proceso sólo se comprende al meditar sobre el desigual
nexo Trabajador-Capitalista en la propia época del Viajero
del Tiempo. Porque "la extensión gradual de las actuales
diferencias, meramente temporales y sociales, entre el Capitalista
y el Trabajador, era la clave de la situación entera"
(15).
En
la ya galopante industrialización del siglo XIX, la civilización
se extiende hacia espacios, tranvías, restaurantes, pasos
y recintos subterráneos. Y talleres fabriles. Fábricas
en el subsuelo donde el obrero padece lacerantes condiciones de
trabajo. Paralelamente, sobre la superficie viven los que se benefician
de la productividad de las catacumbas fabriles.
Sobre
la superficie se distribuyen los Poseedores, los principales beneficiados
de la riqueza económica y que disponen de tiempo de ocio;
y, por debajo, padecen su rutina los no poseedores. La contraposición
capitalista-superficie y explotado-subsuelo es continuada por
Metrópolis de Fritz Lang (16). En el lejano futuro
este vínculo social arriba a sus últimas consecuencias. En
una inversión de la historia, los que antes eran explotadores
y dominadores se convierten, en la figura de los Eloi, en víctimas
y "ganado para cebar". Los Morloks, a su vez, son descendientes
del hombre que se habitúa al exceso de oscuridad subterránea
al punto de ser totalmente excluidos de las posibilidades benéficas
de la civilización.
La
explicación sólo alcanza su máximo despliegue
cuando el Viajero del Tiempo comprende la realidad oculta de los
Morloks en el mundo subterráneo. Esta comprensión
sobreviene cuando el explorador del futuro desciende al inframundo.
Este descenso exige valor y habilidad, y la determinación
de penetrar en lo desconocido. Desde esta perspectiva, el protagonista
de la ficción de Wells continúa el ancestral camino
arquetípico del héroe que se realiza mediante un
riesgoso y necesario descenso ad inferos. Lo heroico es
conquista difícil de una verdad en principio esquiva. La
inmersión en lo subterráneo, lugar tradicional de
lo infernal, es medio para la realización heroica y la
adquisición de una lúcida sabiduría. En el
horizonte mítico acometen este viaje iniciático
Heracles, Eneas, Quetzacoatl. En el distante futuro, el Viajero
del Tiempo reitera esta iniciación en un saber antes ausente
mediante un peligroso descenso al mundo subterráneo de
los Morloks. Atravesar con coraje su reino es condición
para el conocimiento, y también para la recuperación
de la propia máquina del tiempo que fue capturada por los
habitantes de las oscuridades que, para los antiguos griegos, eran
gobernadas por Hades.
V
Al
poco tiempo del arribo al remoto futuro, el Viajero del Tiempo
encuentra un especial sitio para su observación inquisitiva
del nuevo mundo: "encontré un asiento hecho de metal
amarillo que no reconocí, corroído a trechos por una especie
de orín rosado y semicubierto de blando musgo"
(17).
El
placer por la contemplación rápidamente cede en
favor de una descripción de lo observado que busca explicar
o comprender la realidad futura. Al comienzo de su viaje (en el
capítulo VI de la novela) como luego en su último
tramo (capítulo XIII), se reitera la contemplación
del paisaje futuro desde el asiento amarillo. En el inicio del
capítulo XIII, "La trampa de la Esfinge Blanca",
se aclara: "alrededor de las ocho o las nueve de la mañana
llegué al mismo asiento de metal amarillo desde el cual
había contemplado el mundo la noche de mi llegada"
(18). La observación desde el asiento amarillo es preámbulo
de un ejercicio de reflexión y análisis. Y todo
acto de comprensión involucra la confianza en un posible
control de la materia analizada por el sujeto que analiza. El
asiento obra como virtual centro o trono desde el cual el sujeto
despliega una mirada panorámica y una comprensión o explicación
universal. El sitial del Viajero del Tiempo en el futuro puede
ser pensado como continuación del lugar del sujeto moderno,
como sujeto soberano, como subjetividad de la centralidad privilegiada
que pretende un exhaustivo conocimiento explicativo de lo real.
En el primer tramo del viaje en el tiempo impera entonces la contemplación
de lo nuevo, lo vasto y diferente como preludio de un acto de
explicación. Pero
la
modernidad que subyace a esta voluntad explicativa del viajero es
sustituida, en su último deslizamiento temporal en el futuro,
por el pasaje a lo visionario.
Lo
visionario puede ser entendido primero en un sentido amplio de
previsión de las posibles consecuencias futuras del error humano.
La visión aquí es capacidad para confirmar con anticipación los
efectos lógicos de un proceso cultural. En Wells, esta visión
es pre-visión del fututo fracaso de los ideales optimistas;
es refutación de la filosofía
ilustrada del progreso. El mañana no corona cumbres superiores
de armonía social y conocimiento; el mañana es
decadencia como fatal efecto de la íntima violación de los valores más
genuinos. Esta lúcida visión del mañana como entramado conflictivo,
destructivo o regresivo, se expresa también en la pre-visión, en La isla
del Doctor Moreau, de los riesgos de una manipulación genética
sin una reflexión sobre los límites de la intervención legítima
del hombre en la naturaleza (19).
En una de las reediciones de la novela Wells también manifiesta
la influencia de algunas predicciones científicas sobre
el enfriamiento del planeta y la desaparición de la humanidad
en un lejano futuro. Una tierra sin hombre parecería así
ser parte de un manto de explicaciones o proyecciones plausibles.
Pero esta posible relación entre especulación racional
y destrucción futura no inhibe la ebullición emocional
o contemplativa de la visión que describe el Viajero del
Tiempo al arribar a la máxima lejanía temporal.
Y
lo visionario que entreve un colapso cultural o social, o grandes
trasformaciones geológicas o atmosféricas, puede
inscribirse también en el contexto mayor de una reactualización
de la visión mística. La visión como misteriosa mirada de una
realidad otra. Lo visionario aquí supera
los límites de una evaluación
crítica o racional de las posibles consecuencias lógicas, a largo
plazo, de un proceso histórico. Este nivel más subyacente
de lo visionario podemos entreverlo al acercarnos al
capítulo XIV "La visión más distante".
Aquí, el Viajero del Tiempo continúa su impulso audaz para
proyectarse a varios millones
de años en el futuro. Luego de recuperar su máquina de
las garras de los Morloks atraviesa veloz el tiempo y contempla
la profunda transformación del paisaje. El sol permanece
inmóvil en las alturas. La tierra muestra sólo una
de sus caras hacia el Astro Rey, como la luna lo hace respeto
a nuestro planeta. El cielo ya no es azul. En el nordeste se exhibe
una coloración negruzca donde refulgen, diminutas, las
estrellas. Sobre el mar campea una eternidad estática y
mayestática; sobre su superficie no se erizan olas porque
el viento no exhala la más tenue ráfaga. Sólo
una leve ondulación demuestra que el océano alberga
todavía algún movimiento. El viajero descubre cerca
una gran mariposa blanca, y luego percibe la proximidad de
lo que parece un cangrejo del tamaño de varias rocas aglutinadas.
Una "sensación de abominable desolación"
domina por doquier. El Viajero del Tiempo avanza después
"a grandes zancadas de mil años más, arrastrado por
el misterio del destino de la tierra" (20). Atraviesa
entonces una densa tiniebla. Escruta un eclipse, y luego reaparece
el borde del sol. Y ve saltar contra el agua roja del mar "una
cosa redonda, del tamaño de un balón de fútbol,
quizá, o acaso mayor, con tentáculos que la arrastraban
por detrás; parecía negra contra las agitadas aguas
rojo sangre, y brincaba torpemente de aquí para allá"
(21). Entonces, presa de una sensación de desmayo y de
espanto, el Viajero del Tiempo regresa a su época, al comienzo
de su viaje.
En
su último acceso al futuro, el Viajero ya no puede comprender.
No es un sujeto dueño de sí, como antes, capaz de un proceso
de explicación y comprensión. El viaje al futuro
primero es escenario de un acto de análisis y comprensión
que, luego, deviene experiencia signada por una visión
ajena ya a un significado discursivo o intelectual. La aparente
desaparición de la humanidad en el más lejano futuro,
y la inhumanidad de la naturaleza, contribuyen al predominio de
una contemplación emocional y visionaria, no intelectual,
de la nueva realidad.
El
relato que primero era especulación con pretensiones científicas
sobre el tiempo, acorde a la mentalidad racionalista moderna,
regresa luego a la experiencia premoderna, arcaica, donde el acceso
a la verdad es acto visionario (22).
En
una de las obras matrices de la anticipación científica
se retorna así, al final, a la superioridad de una apertura
visionaria y no racional de la realidad. Un proceso de la imaginación
que continuará Arthur Clarke en la visión del astronauta
Bowman más allá de la Puerta de Japeto (23).
VI
Y el Viajero del Tiempo regresa a su tiempo conocido. Como única
evidencia material de su fantástica travesía sólo
trae dos flores blancas que le fueron colocadas en uno de los
bolsillos de su saco por Weena. Weena: la bella e ingenua eloi,
que simpatizó especialmente con el visitante extraño. Las
flores no son conocidas en el mundo del viajero; deberían
ser entonces pruebas suficientes del acceso a otro plano de la
realidad. Pero las ideas preconcebidas sobre lo real tienen la
tozuda dureza del granito. Por eso las pruebas de lo distinto
sólo pueden valer para la conciencia solitaria del Viajero
del Tiempo, capaz de romper los límites de su época,
y de reencontrar la puerta hacia una nueva perspectiva de existencia,
tal como ocurre en otro relato de Wells: La puerta en el muro
(24).
Por su lado, la ciencia también postula teóricos viajes en el
tiempo, ensaya diversas postulaciones sobre las posibilidades
del vulnerar el encierro del presente temporal (25). El cine fantástico
y de ciencia ficción, desde films como Terminator, Time bandits,
Doce monos, Navegator, Donni Darko, y tantos otros, plasma
múltiples salidas del tiempo inmediato a través de la adaptación
de un referente literario o por una idea original del guionista.
En la literatura los ejemplos de viajes temporales también son
de frondosa variedad. En Alicia a través del espejo (1871)
de Lewis Carroll, la Reina Blanca vive en reversa, su memoria
siempre regresa invariablemente al pasado, en una suerte de constante
viaje temporal. Un yanqui en la corte del Rey Arturo (
A yankee in King Arthur court ) es también otro memorable
regreso temporal. Un eisteniano ejemplo de dilatación temporal
parece prefigurado en Rip Van Wilke, de Washington Irving
(26). En su relato El ruido del trueno, Bradbury describe
una empresa que ofrece un viaje a la remota antigüedad de los
dinosaurios; y en El zorro y el bosque el viaje en el tiempo
es hacia el pasado pero con la condición de que los viajeros que
llegan desde el futuro olviden su época de partida (27).
El viaje puede ser
también un deslizamiento inmediato hacia el pasado mediante una
galería, como puente físico hacia el ayer (28). Este es el caso
de la ficción cortazariana El otro cielo (29). En la novela
de Isaac
Asimov, El fin de la eternidad, unos agentes denominados
"temporales" pueden viajar hacia atrás o adelante para
impedir catástrofes y auxiliar de esa manera a la humanidad.
En las diversas ficciones sobre el viaje temporal se repite
un atávico deseo de liberación de la finitud perceptiva: el deseo
de la simultaneidad; el deseo de participación de una conciencia
universal o "divina" que puede existir en los tres momentos
del tiempo sucesivo a la vez. Esta simultaneidad es afín a la
multipresencia en el espacio. El cuerpo físico no está constreñido
a existir en un sólo lugar físico a la vez. Ya en la arcaica
cosmovisión chamánica el hombre abierto a fuerzas sutiles experimenta
la bilocación, la existencia en dos lugares de forma paralela.
La simultaneidad sería el atributo de una conciencia
suprahumana, pero el hombre aspira a participar de ese estado
superior de percepción simultánea desde lo visionario religioso.
La conciencia que ve a la vez lo pasado, presente y futuro ve
también el posible fin del tiempo, la futura conclusión apocalíptica.
La visión del colapso de la historia es a la vez profecía. Así
ocurre en la visión de San Juan de Patmos. La imaginación literaria
seculariza la anticipación profética. Por un posible viaje gradual,
y no desde la instantaneidad y simultaneidad de una hipotética
conciencia divina, el hombre puede desplazarse desde el presente
a lo pasado, o extenderse hacia lo futuro al punto de poder vislumbrar
el ocaso o final de la humanidad (la decadencia del mundo eloi
y morlok), y de entrever una naturaleza que luego de una presunta
desaparición del hombre vuelve a reposar en su enigmática soledad.
La visión como profecía en la ficción de Wells no
es anuncio del porvenir, sino descubrimiento de un futuro que
ocurre de forma simultánea al presente y el pasado. Esta
simultaneidad temporal es paralelamente simultaneidad espacial,
dado que en la posición de Wells el tiempo es dimensión que obra
dentro del espacio. Pasado,
presente y futuro simultáneos serían así tres lugares o posiciones
diferenciadas de un espacio donde una línea imaginaria podría
unir con instantánea velocidad los tres momentos temporales. La
imposibilidad humana de una propagación simultanea del
presente,
pasado y lo futuro, nos condena al tiempo de la separación del
presente respecto a lo pretérito y lo futuro (30).
El
deseo humano de acceder a la presencia simultanea de los tres
momentos temporales es tentación irresistible. Mediante
una ejercitación espiritual el hombre ha pretendido el asalto
hacia la simultaneidad temporal. En El yoga del viaje del tiempo
(The yoga of time travel), el físico Alan Wolf observa
que la meditación yóguica, guiada por los yogas sutras de Patañjali,
pretende acceder al conocimiento intuitivo de lo simultaneo del
pasado, el presente y el futuro. Para el hinduismo, la sensibilidad
espiritual que arribe a ese estado sería un tri-kala-jñá
(tri: tres; kala: tiempo, y jñani:
conocedor).
La imaginación literaria es también ejercitación del deseo de
participación
en el conocimiento de las tres aristas paralelas del tiempo. En
la célebre ficción de Wells, ese ejercicio en su punto más extremo
es visión, pero también es proyección a lo simultaneo mediante lo
gradual, mediante un saber acumulativo de desplazamientos, rectificaciones
y análisis.
Y el medio hacia el viaje del tiempo siempre es tecnológico.
Es la magia específica
de la máquina y la tecnología como realización práctica de la teorización
científica. El Viajero del Tiempo de Wells
abre la conciencia occidental a una secularizada mística del viaje.
El viaje como salida de la cárcel del inmediato presente.
Y como exploración de otro tiempo. (*)
(*)
Fuente: Esteban
Ierardo, "La explicación y la visión. Una aproximación
al viaje en el tiempo de H. G. Wells", editado
aquí de forma original.
Citas:
(1) Herbert
Spencer (1820-1903) impulsó fuertemente una filosofía
evolucionista en Gran Bretaña.
Autodidacta, ingeniero civil, unió en un mismo movimiento
reflexivo la ciencia y las letras. Desde lo sociológico Spencer
fue el primero en utilizar de forma sistemática conceptos como
los de estructura y función. Su doctrina filosófica
fundamental
de cuño evolucionista se plasmó en su Sistema
de filosofía sintética.
(2)
La obra de H. G. Wells emerge en la época victoriana,
signada por el gobierno de la reina Victoria (1837-1901). Es
el tiempo de la aparición de la segunda revolución
industrial con su reemplazo del carbón por el petróleo
y la electricidad. El imperio británico experimenta su
apogeo colonial. Al capitalismo feroz se le opone la organización
sindical de la Trade union y un socialismo militante.
La revolución rusa de 1917, de vastas consecuencias,
la crisis económica norteamericana de 1929, las dos guerras
mundiales, la difusión de la teoría de la relatividad,
la explosión de la primera bomba atómica, son
hechos fundamentales que H. G. Wells contempla. En este vasto
arco de tiempo histórico se desarrolla su obra. Frente
a las oscuras nubes de su horizonte epocal, el escritor británico
reacciona desde el compromiso político, desde su adhesión
a una crítica humanística de la alienación
y la injusticia social. En esta postura influye fuertemente
la temprana lectura de Los derechos del hombre de Paine,
pionero del socialismo inglés. Mediante Spencer, H. G.
Wells se acerca al evolucionismo, y cultiva una gran interés
por la ciencia. Estudia en la Escuela Normal de Ciencias de
Londres. Entre sus maestros se encuentra T. H. Huxley, famoso
defensor del darwinismo, y abuelo del célebre novelista
Aldous Huxley. Ejerce la docencia y publica un manual de biología.
Además de sus novelas de Science-fiction, en su
obra sobresalen novelas de fuerte impronta socialista como El
nuevo Maquiavelo, El señor Brithing, Juana y Pedro;
o novelas de tinte social, pobladas por gentes humildes:
Kipps, La historia de Mr. Polly, o
Tono-Bungay.
(3)
Herbert George Wells, La máquina del tiempo. El hombre invisible,
Buenos Aires, Hyspamérica Ediciones, Biblioteca personal Jorge Luis
Borges, 1985, p. 16 (trad. Nellie Manso/J. Gómez de la Serna).
(4)
Ibid., p.24.
(5)
Ver Juan Ignacio Ferreras, La novela de ciencia ficción,
Madrid, Siglo XXI de España Editores, 1972.
(6)
Griffin, el personaje de El hombre invisible, es un físico
desconocido, que explica su extraordinaria condición
invisible mediante una excepción al principio de la "acción
de la luz sobre los cuerpos visibles". Un cuerpo es visible
en tanto refleja, absorbe o refracta la luz. Si el cuerpo no
absorbe la luz sería una entidad diamantina, trasparente.
Al cubrir un papel blanco con aceite se evita la reflexión
o la refracción. Este mismo efecto podría conseguirse
sobre una fibra de madera, de lana o hilo, y sobre los huesos,
los nervios o el cabello. Así, "todo cuanto compone
el cuerpo del hombre excepto el color rojo de su sangre y el
pigmento oscuro de su cabello está hecho de tejidos trasparentes
o incoloros. Sólo por ello somos visibles para los otros".
Todo podría ser invisible salvo por los pigmentos. Pero
un albino se caracteriza por la falta de pigmentación.
Y Griffin es albino. Al bañarse en un líquido
singular adquiere el don de la invisibilidad. El excepcional
don adquirido por Griffin motiva luego la libre realización de sus ambiciones sin reparos morales. Así, su accionar
se asemeja al del inescrupuloso Giges, el personaje del mito
platónico que, dentro de un caballo de bronce hueco,
halla un cadáver de tamaño superior al de un hombre que sólo
tiene un anillo de oro en una de sus manos. Giges descubre que
este anillo podía conferirle
la invisibilidad. Entonces, aprovechándose de su impunidad,
mata al rey, yace con su esposa, y se hace con el poder.
(7)
Entre las principales obras fundamentales donde Henri Bergson
desarrolla su pensamiento se encuentran La evolución
creadora y Materia y memoria. También puede consultarse:
Michel Barlow, El pensamiento de Bergson, México,
Breviario de Fondo de Cultura Económica, 1968.
(8)
En su "Nueva refutación del tiempo", Borges intenta
la impugnación especulativa de toda sucesión temporal. Apela,
para ello, a dos refutaciones filosóficas específicas: la refutación
de la materia por Berkeley y la del sujeto por Hume. Finalmente,
Borges asume que negar la sucesión temporal es un juego filosófico,
o un "consuelo secreto", porque "el tiempo es
la sustancia de la que estoy hecho"; en J.L. Borges,
"Nueva refutación del tiempo" en Otras inquisiciones,
en Obras completas,V. I, Buenos Aires, ed. Emecé.
(9)
John William Dunne, de profesión ingeniero y diseñador
de aviones, editó cuatro libros. El más famoso
es Un experimento con el tiempo. Dunne parte de la búsqueda
de una comprobación experimental de los sueños
premonitorios. El sujeto inicial de la experimentación
es él mismo. Dunne afirma que la precognición
no es inherente sólo a una elite de hipersensitivos visionarios,
sino que es una actividad normal del cerebro humano. Para explicar
este fenómeno crea el serialismo. Un Observador 1 observa
los hechos en su entorno físico. Este observador se mueve
a través de una línea temporal que se extiende
desde su nacimiento hasta su muerte física ( e incluso
más allá). Al observador le pertenece un Tiempo
1, consistente en el punto inmensurable del ahora que se mueve
a la velocidad de la luz. El tiempo 1 sólo es mensurable
desde un Tiempo 2, y éste a su vez desde un Tiempo 3.
El Observador 1 comienza así una línea de una
infinita sucesión de series. El observador es finito,
está condicionado por sus sentidos corporales. Todos los demás observadores carecen
de corporalidad, y de su consiguiente limitación, y son
así ilimitados. El último observador es un Yo
universal (Dios para las religiones). Desde esta instancia superior,
los otros observadores se van diferenciando en una línea
descendente hasta el Tiempo 1. Esta teoría, hoy olvidada y poco
atendida del serialismo permitiría, para Dunne, explicar
los sueños premonitorios. En un sueño, el soñador
ya no está sometido al ahora y puede libremente proyectarse
hacia el pasado y el futuro. El sueño podría así
anticipar el futuro, o rescatar el ayer, en un virtual viaje
en el tiempo fuera de la temporalidad propia del Observador
1.
(10)
En 1959, George Pal realiza su adaptación cinematográfica
de The Time machine. También llevó a la
pantalla grande La guerra de los mundos. Más recientemente,
en 2002, Simon Wells, descendiente del escritor, realizó una
nueva versión, insípida, poco convincente; sólo quizá sea rescatable
el papel de Jeremy Irons (Uber-Morlock). La versión de
Pal del viaje temporal de Wells posee varias diferencias significativas
con la matriz literaria. El Viajero del Tiempo, personaje carente
de nombre personal en la novela, es ahora George (Rod Taylor).
Su casa en el Londres victoriano contiene numerosos relojes
que irradian una atmósfera atravesada por la importancia
del tiempo, su medición y dominio. Los profusos tictac
preparan el posterior inicio del viaje. La traslación
de George al 802.701 no será continua y directa como
en la obra de Wells sino gradual y escalonada. George se detiene
en tres estaciones relacionadas con grandes hechos bélicos.
Al detenerse en la Primera Guerra Mundial se encuentra con el
hijo de Filby; padre e hijo son protagonizados por Alan Young.
George regresa a su máquina para trasladarse luego a
la Segunda Guerra Mundial. Allí presencia los combates aéreos
que fueron parte de la Batalla de Inglaterra, del choque entre
la Luftwaffe y la RAF. Y luego hace escala en la Tercera
Guerra Mundial en 1966, donde el hijo de Filby ahora es de edad
avanzada y vuelve a encontrarse con George en la proximidad
de su casa. La traslación temporal es siempre señalada
por el cambio de ropaje de un maniquí. En esta última
conflagración se desata un vasto poder destructivo. En
el film, George, luego de llegar al mundo del futuro salva a
Weena, que está a punto de ahogarse en un río.
Con ella, visita las ruinas de un edificio inspirado en el Palacio
de Porcelana Verde, donde encuentran los anillos parlantes,
anillos que, al girar, liberan una voz que informa sobre hechos
pasados. Los Eloi, alimentados para ser futuro alimento de los
Morloks, son convocados al Edificio de la Esfinge Blanca mediante
un sonido de sirena. Este elemento, junto con las imágenes
catastróficas de la Tercera Guerra Mundial, sugiere la
influencia del contexto histórico de la guerra fría
en la que se realiza el film. Las sirenas del edificio morlok
recuerdan la advertencia para acudir a los refugios ante un
posible ataque nuclear. George alienta a los Eloi para romper
su docilidad y apatía; éstos, así, reaccionan
contra la dominación morlok. Esta actitud rebelde contribuye
a un efecto melodramático, al triunfo del bien (la pulcritud
civilizada eloi) sobre el mal (la barbarie gutural morlok),
pero castra la fuerza crítica de la matriz literaria,
su carácter de medio para una amonestación humanista
del conflicto entre el Capitalista y el Trabajador. El aligeramiento
hollywoodense se
trasluce también en la construcción del vínculo
George-Weena como relación "romántica",
y como atracción para el final regreso del Viajero del
Tiempo al futuro, donde obrará también como gran liberador,
y como líder constructor de un nuevo mundo allí donde
Wells diseminó las penumbras del ocaso. Weena, por otro
lado, en la novela, muere en un incendio en el bosque, por lo
que no podrá ser un estímulo erótico para
el regreso final del Viajero del Tiempo al distante mañana.
En el film es suprimido el último salto hacia el futuro,
el desplazamiento de la máquina viajera y su tripulante
a un tiempo ubicado dentro de treinta millones de años.
La adaptación así no integra el punto visionario
más alto y extraño del relato literario original,
la final visión de un mundo donde ya no hay muestras
de la existencia humana. A pesar de sus simplificaciones, el
film de Pal es convincente en cuanto a sus logros técnicos
(obtuvo de hecho el Oscar por mejores efectos especiales), a
la atmósfera narrativa que genera, y a la acertada interpretación
de Taylor, con su aire de victoriano explorador inglés
del futuro. Las flores de Weena irradian sobre el final una
poética prueba material del viaje al futuro tan eficaz
en la novela como en su traspolación fílmica.
(11)
Herbert
George Wells, La máquina del tiempo,
op. cit., p.34.
A propósito de su viaje al futuro el Viajero del Tiempo
recuerda: "Vi unos árboles crecer y cambiar como
bocanadas de vapor, tan pronto pardos como verdes: crecían,
se desarrollaban, se quebraban y desaparecían. Vi alzarse
edificios vagos y bellos y pasar como sueños. La superficie
entera de la tierra parecía cambiada, disipándose
y fluyendo bajo mis ojos. Las manecillas sobre los cuadrantes
que registraban mi velocidad giraban cada vez más de
prisa. Pronto observé que el círculo solar oscilaba
de arriba abajo, de solsticio a solsticio, en un minuto o menos,
y que, por consiguiente, mi marcha era de más de un año
por minuto; y minuto por minuto la blanca nieve destellaba sobre
el mundo, y se disipaba, siendo seguida por el verdor brillante
y corto de la primavera", H.
G. Wells, La máquina del tiempo,
op. cit., ibid.
(12)
Ibid, p. 47.
(13)
Wells se separará finalmente de los fabianos
por la rigidez de este movimiento. En la versión personal del
socialismo de Wells es fundamental la propagación de la educación
como medio de elevación espiritual de la humanidad y de erradicación
de la pobreza.
(14)
A este respecto el Viajero del Tiempo narra: "...salí
de aquella galería y entré en otra más
amplia aún, que a primera vista me recordó una
capilla militar tendida de banderas desgarradas. Pronto reconocí
en los harapos oscuros y carbonizados que pendían a los
lados, restos averiados de libros. Desde hacía largo
tiempo se había caído a pedazos, desapareciendo
en ellos toda apariencia de impresión. Pero aquí
y allá, cubiertas acartonadas y cierres metálicos
decían bastante sobre aquella historia. De haber yo sido
un literato, hubiese podido quizá moralizar sobre la
futileza de toda ambición. Pero tal como era, la cosa que me
impresionó con más honda fuerza fue el enorme
derroche de trabajo que aquella sombría mezcolanza de
papel podrido atestiguaba", en H.
G. Wells, La máquina del tiempo,
op. cit.
pp.92-93.
(15)
Ibid., p.70.
(16)
En 1927 Fritz Lang estrena Metrópolis,
obra clásica del cine expresionista alemán. El
guión es adaptación de la novela de Thea von Harbou,
esposa de Lang. El filme presenta una distopía urbana
futurista. En el 2026 existe la ciudad-estado Metrópolis.
La sociedad se halla dividida en dos grupos bien diferenciados:
los propietarios, los dominadores, que viven en la superficie,
y en inmensos rascacielos, mientras que, bajo tierra, se apiñan
los trabajadores; éstos trabajan sin descanso para la
prosperidad y dicha de los moradores de arriba. Se repite así
la misma distribución espacial de Wells en La máquina
del tiempo donde el arriba es sitio de bienestar y libertad,
y el abajo es lugar de oscuridad, sofocación y degradación.
(17)
H.
G. Wells, La máquina del tiempo,
op. cit,
p. 47.
(18)
Ibid., p.104.
(19)
En La isla del Doctor Moreau, Wells urde una ficción
cuyo propósito principal es la especulación sobre
la experimentación biológica con animales a fin
de acercarlos a la condición humana. Mediante operaciones
y mutilaciones, el Dr. Moreau somete a diversos animales a una
humanización compulsiva. La experimentación instala
la cuestión ética sobre la intervención
humana en la naturaleza que burla la evolución o las
mutaciones naturales. Por nuevas vías, Wells sigue el
camino de creación artificial de vida concebido por Mary
Shelley en su Frankenstein. Aquí, la creación
de la vida atípica no es efecto de la integración
de diversas partes de cuerpos muertos sino de una manipulación
biológica. En La isla del Doctor Moreau, los animales
humanizados se someten a la Ley. Normativa general y superior
que reprime la instintividad salvaje mediante el castigo y el
dolor, y que se introyecta en los seres manipulados mediante la
repetición de las prohibiciones prescriptas por la Ley
a través de una danza y unos cantos repetitivos. A pesar
de su voluntad "civilizadora", en las noches las criaturas
de Moreau liberan sus instintos. Lo animal no es alterado ni
dominado como tampoco lo es en los hombres que, tras las apariencias
de civilización, continúan albergando una íntima
esencia bestial.
(20)
H.
G. Wells, La máquina del tiempo,
op. cit,
p.111.
(21)
Ibid., pp.113-114.
(22)
Un
ejemplo, entre mucho posibles, de la visión como arcaico camino hacia
la verdad es la experiencia visionaria de Alce Negro quien, en
1931, en
la reserva india de Pine Ridge,
le trasmitió a un
poeta de Nebraska, John Neihardt, su
célebre
Gran visión. Siendo joven,
Alce Negro abandonó
su cuerpo y contempló el mundo secreto de los Seis Antepasados, la
montaña más alta del mundo, un círculo sagrado en cuyo centro se
erguía un árbol poderoso. En la historia comparada de la
mística las visiones son medios frecuentes de acceso a una verdad
suprahumana o divina.
(23)
Ver Arthur Clarke, 2001. Una
odisea espacial, Hyspamérica ediciones Argentina, Buenos
Aires, 1986 (trad. Antonio Ribera).
(24)
En La Puerta en el muro, Lion Wallace es
un especial niño destinado a convertirse en miembro destacado
del gabinete inglés. En una de sus caminatas infantiles, descubre
una puerta verde encastrada en un muro blanco. Al traspasar
aquella abertura ingresa en un jardín encantado. Allí chispea
un aire puro, colores vivos, libres panteras y alegres niños
que juegan. El fantástico jardín que inundó los inocentes
ojos del niño se nutre de la nostalgia del paraíso perdido,
del deseo del hombre moderno de recuperar un mundo de libertad,
intensidad y ebullición. Luego, Wallace crece. Se forja una
brillante carrera pública. Se convierte en un reputado miembro
del gabinete británico. Pero, durante el rumor de su vida pública
exitosa, vive una existencia paralela. Una vida secreta, disimulada,
silenciada, en la que la puerta en el muro regresa con su promesa
de un mundo más vivo y auténtico. El jardín encantado es
la existencia libre de la cárcel temporal; de la historia replegada
sobre sí misma. Pero, en su devenir adulto, Wallace es prisionero
de su presente histórico, de su temporalidad más inmediata.
El tiempo ya no se abrirá como sí lo hace para el Viajero
del Tiempo. Ver H.G.Wells, "La puerta en el muro",
en Antología del cuento extraño, Buenos Aires, Hachette,
1976, pp.121-148; trad. Rodolfo Walsh.
(25)
La teorización científica postula diversas posibilidades
de viajes temporales. En la teoría de la relatividad
existen "las curvas temporales cerradas" que permitirían
un viaje hacia el pasado. La posibilidad teórica se extiende
al descubrimiento o construcción de agujeros de gusano,
o a medio absolutamente conjeturales como el empleo de una cuerda
cósmica, cilindros gigantes rotatorios, o el teletransporte
o envolvimiento cuántico.
(26)
En
la teoría especial de la relatividad de Eistein (y en
su teoría general) al moverse un observador a la velocidad
cercana a la luz, el reloj se mueve más lentamente que
para un observador estacionario. Al regresar a su tiempo de
partida luego de unos días, en la tierra habrían
transcurrido cientos de años. Este efecto de dilatación
temporal tiene una singular afinidad con la fantástica
experiencia de Rip Van Wilke, de Washington
Irving (1783-1850) Antes de la teoría de Einstein sobre la dilatación
temporal o de La máquina del tiempo de H.G.Wells, Irving
narra la maravillosa historia de un tranquillo habitante de
un pueblecito fundado por antiguos colonos holandeses. Rip,
hastiado del maltrato de su esposa gruñona, se interna una vez
en el bosque para cazar y retozar placenteramente. Pero, allí,
dentro de la espesura boscosa se encuentra con unos extraños
habitantes del universo de los árboles. Y, sin que lo advirtiera,
durante su viaje acontece una profunda transformación del orden
previsible y normal del tiempo. "La aventura de Rip pronto
fue conocida; para él los veinte años pasados habían sido una
sola noche", en Washington Irving, "Rip Van Winkle",
en El cuento norteamericano del siglo XlX, Buenos Aires,
Centro editor de América Latina, 1977.
(27)
En "El Ruido del trueno", en Ray Bradbury, Las
doradas manzanas del sol, Barcelona, Minotauro.
(28)
En "El zorro y el bosque", una de las prosas de El
hombre ilustrado, Roger y Susan Kristen acuden a los Servicios
de Viajes por el tiempo SA para escapar al futuro de su presente
en el 2155. Kristen trabaja en una fábrica de bombas, y Susan
en un laboratorio de cultivos patógenos. Escapan de un mundo
concentrado en perfeccionar los poderes de destrucción. Escapan
al México de 1936. En el relato se aclara que, al viajar al
pasado, los viajeros del futuro sufren una "barrera psicológica",
que asegura que no hagan revelaciones sobre la realidad futura
de la que proceden: "No era posible decir dónde
o cuándo se había nacido, ni hablar del futuro con los hombres
del pasado. El futuro y el pasado debían protegerse el uno del
otro.", en R. Bradbury, El
hombre ilustrado, op. cit.
p.177.
(29)
Ver Julio Cortázar, "El otro cielo", en Cuentos
completos 1, Madrid, Alfaguara, 1994, pp.590-606.
(30)
Desde una perspectiva especulativa podría pensarse que
la totalidad de los instantes temporales se desplazan en un
espacio de multipresencias donde cada momento existe en una
presencia simultánea. La única realidad así
sería un metaespacio integrado por hechos simultáneos
(y que se repetirían continuamente). El tiempo sólo existiría
como propiedad de una conciencia observadora finita que sólo
puede recorrer gradualmente los instantes temporales en el metaespacio.
Una hipotética conciencia divina podría ver y
contener simultáneamente cada instante del tiempo que,
en el espacio completo de las simultaneidades, para nosotros
sólo existe como gradual sucesión.
|