KARL
KRAUS: EL MUNDO EN EL LENGUAJE O EL LENGUAJE EN EL MUNDO
Por
Sabrina Andrea Díaz Virzi
Introducción
El
objetivo de este análisis es lograr un acercamiento a la postura del
periodista Karl Kraus y poder articular este saber con algunas posturas del
movimiento romántico.
En
una primera instancia, se expone una breve reseña sobre el romanticismo y su
reivindicación del mito y la palabra como sustentadora de sentido.
En
un segundo momento, se intentan plantear los puntos más significativos en
torno a Karl Kraus y su postura respecto a la defensa del lenguaje.
Como
conclusión, se trata de trazar una relación entre el pensamiento romántico
y el periodista Karl Kraus con respecto a la reivindicación y defensa del
lenguaje y la importancia atribuida a la individualidad.
La
palabra romántica
En
el siglo XVIII, las flamantes ideas ilustradas de libertad, igualdad y
fraternidad estuvieron acompañadas por el desarrollo de una confianza ciega
en la ciencia y en la técnica y, ligado a esto, la búsqueda de la verdad se
orientó en ese sentido: hacia la firme creencia y eficacia en la razón. Las
"luces" de la razón guiarían al hombre (en sentido abstracto, como
idea de humanidad) hacia la felicidad.
Sin
embargo, en las postrimerías del siglo XVIII comienzan a hallarse cambios en
la orientación general de la cultura hasta ese momento. En ese tiempo tiene
sus orígenes una nueva visión que rechaza al optimismo generado por la
razón de base científico – técnica.
El
movimiento romántico coloca en primer plano a la palabra, al lenguaje como
sustentador de sentido y como forma de construcción de un saber humano
genuino, verdadero. En la Grecia Clásica, la palabra, en tanto palabra
mítica, que habla de las causas y los porqués, de los orígenes y el
principio, expresa la verdad. El mundo es representado a través del lenguaje
de la naturaleza divinizada. Y este lenguaje, el mythos, transmite el pasado
del mundo, que es un relato de verdad. El encargado de cuidar de esas palabras
es el poeta y, por lo tanto, es el "guardián de la verdad".(1)
El
romanticismo rescata la búsqueda de la verdad a partir este tiempo mítico y,
sitúa la validez de la palabra y la poética como narradoras del mundo por
sobre el uso de la razón en busca de un progreso ilimitado. El poeta pone al
mundo en palabras. Un importante exponente de este período es el poeta
alemán Novalis que, en relación a esto, dice: "la poesía es la
representación del alma. El sentido poético está en comunión con el
sentido místico. Representa lo irrepresentable. El poeta es literalmente
insensato. El sentido poético está vinculado con lo profético y con lo
religioso. Las palabras del poeta están santificadas por algunas maravillosas
reminiscencias. Necesita librar a las palabras su sentido habitual, general,
para conferirles otra significación única, evocadora."(2) El romántico
busca las historias fantásticas y la superstición y venera el mito, que los
ilustrados ridiculizaban proclamándolo fuente de pura falsedad y generador de
explicaciones irracionales.
Este
movimiento favorece la supremacía del sentimiento frente a la razón y es
así como incluye en el tratamiento de la verdad al orden de lo poético,
"una nueva mitología". De esta manera lo expresa el teórico
Friedrich Schleger: "La mitología es una creación esencial y voluntaria
de la fantasía, debe estar, pues, fundamentada en la verdad. Lo fabuloso, por
tanto, no ha sido tan sólo tenido por verdadero, sino que, en cierto sentido,
es verdadero"(3). Es una verdad más humana, que tiene en cuenta al
individuo y a su sensibilidad, al hombre particularizado en oposición a la
homogeneización iluminista. Jean-Jacques Rousseau fue quien estableció el
culto al individuo y celebró la libertad del espíritu humano al afirmar
"Siento antes de pensar".
Karl
Kraus
Karl
Kraus fue un periodista, un ensayista, un poeta, un dramaturgo. Pero sobre
todo fue un hombre, un hombre que desafió a su tiempo y que denunció a su
tiempo desde sus profundas convicciones.
Karl
Kraus nació en Jicin, Bohemia en 1874 pero desde su niñez vivió en la
ciudad de Viena, Austria. Se constituyó como uno de los tantos intelectuales
que esa ciudad agrupó en los inicios del siglo XX pero no fue uno más. Kraus
"hizo algo bastante heroico, poner en tela de juicio al mundo
intelectual. Hay intelectuales que ponen en tela de juicio el mundo, pero hay
pocos que ponen en tela de juicio el mundo intelectual"( 4)
El
1 de abril de 1899 Kraus publica Die Fackel (La Antorcha), una revista
quincenal satírica. Ese cuadernito rojo que comienza a circular
por las calles de la ciudad es el primer número de los 922 que salieron hasta
1935. Y es desde ese cuadernito que Kraus hizo pública la corrupción, la
falsedad y las pretensiones de la vida burguesa de la Viena de su tiempo y en
particular de la prensa liberal. Kraus se constituyó como "el maestro
–dentro del periodismo- de toda una generación intelectual y creadora que
va a pensar que lo que se anuncia es la catástrofe, no la realización de los
sueños de la Modernidad"(5).
Kraus
redacta y publica su revista casi sin colaboradores, escribe de noche y duerme
de día, vive para su obra y organiza su vida en torno a ella. "Rara vez
ha existido una identificación personal tan completa entre un escritor y su
obra (…) Sólo un hombre con una personalidad muy diferente a la ordinaria
podía consumir casi cuarenta años de su vida de esa manera"(6).
Kraus
denuncia la hipocresía de la época y polemiza fuertemente contra la gran
prensa. Contra la prensa liberal que manipula las conciencias y moldea
pensamientos según sus intereses. Kraus prevé la formación de la sociedad
de masas, y lo ve a través del gran medio de masas de ese momento, el diario.
Para
Kraus, los periodistas escriben porque no tienen nada que decir y, a su vez,
tienen algo que decir porque escriben, es decir, en realidad, hablan por
hablar. Lo real ya no es representado por las palabras sino que esto se
invierte y ahora son las palabras las que le dan origen al mundo. Dice Kraus
"el mundo pasa por el tamiz de la palabra para ser mundo"(7). El
medio de masas va a formar y moldear la realidad a su antojo, va a dar origen
al mundo y lo real pasa a formar parte de un segundo plano, ya no es
importante, lo realmente importante es lo que se escribe, lo que la prensa
produce y luego es convertido en mundo. Las noticias que da el medio sobre los
acontecimientos se constituyen en los verdaderos acontecimientos.
Kraus
ve a la prensa cada vez más lejos de su función primordial, la de informar
los hechos y referir objetivamente en las noticias los hechos que suceden. De
manera creciente los medios masivos se ven contaminados por los intereses
económicos y las influencias políticas. Kraus denuncia la doblez y la
falsedad de la gran prensa de ese tiempo nombrándola como un ejemplo de la
sociedad de la época. La crítica que hace a la manera en que la gente usaba
el lenguaje en su sociedad era, pues, crítica implícita de esa sociedad.
Este vicio se convierte en una amenaza contra la sociedad ya que la prensa
adquiere, cada vez más, un papel fundamental en la manipulación de las
conciencias.
Esto
lo ve en el tratamiento que le da la prensa austríaca a la Primera Guerra
Mundial. Es en la propaganda bélica, que Kraus descubre el proceso de (de-)
formación de las conciencias y el moldeado de las mentes de las personas, de
las madres que vivan a sus hijos soldados marchando en pos de la nación. La
prensa, más allá de su influencia puntual, creó durante mucho tiempo la
falta de imaginación que necesitaba para dar salida a su "stock de
metáforas prefabricadas" y vaciar de imaginario al público. Esto
posibilita que se generen escenas como un enrolamiento gustoso aunque, en
realidad, esto posibilita la matanza.
Kraus
ve a la prensa como el principal agente de la homogeneización de la conducta:
proclama los valores a seguir, la educación patriótica, el progreso, la
ganancia. La metrópoli es ese lugar donde los individuos se disuelven en la
masa. Por ello, Kraus renuncia a formar la opinión pública y funda La
Antorcha como ejemplo de antiprensa. A tal punto se convirtió en
opositora de la gran prensa que, llegado el momento que esperaban los editores
de los diarios más importantes para aumentar su cantidad de ventas, el
escritor deja de sacar La Antorcha. Se rebela ante las atrocidades que
están ocurriendo y descubre que la forma de hacerlo es no hacer hablar a la
palabra cuando no tiene nada para decir. Kraus va a decir: "No esperen de
mí una palabra, tampoco podría decir nada nuevo. En la habitación donde
estoy hay un ruido horrendo: carros de guerra, ediciones de la prensa voceada
como batalla ganada, quienes nada tienen que decir ahora, porque de hecho
tienen la palabra, continúan hablando. Quien tenga algo para decir, que
de un paso adelante y calle para siempre"(8). De esta manera, Kraus va a
teatralizar su acción, a llevarla hasta los límites de lo posible, haciendo
callar a la palabra para protegerla. Es una forma de poner en acto su
pensamiento, de implicarse él mismo, comprometerse y darse a sí mismo como
prueba, con toda su persona y con todos sus actos.
En
una de las primeras editoriales de La Antorcha dice: "En un tiempo
en el que Austria amenaza con desplomarse de aburrimiento agudo ante las
soluciones propugnadas por las páginas radicales (…) lo que aquí se
persigue no es sino una desecación de los vastos pantanos de la fraseología,
que otros quisieran acotar en términos nacionales (…) ¡Ojalá ilumine La
Antorcha una tierra en la que, a diferencia del imperio de Carlos V, nunca
se alza el sol."(9) Karl Kraus orientó siempre su lucha contra la
fraseología, los clichés, las frases hechas porque lo que ve Kraus en la
prensa es la muerte del lenguaje como la única sustancia humanizante.
Para
Karl Kraus la lengua constituye la identidad de la persona, revela su ser. En
el lenguaje se ponen en juego sus pensamientos, sus ideales, sus principios.
Su posición es en defensa de la lengua, de la palabra que significa y que
remite a cosas ciertas, lejos de la fraseología. El lenguaje en sí incluye
todos los signos necesarios para entender las cualidades morales o éticas de
una declaración y de quien la hizo. Por esto, es preciso leer cuidadosamente
la declaración para atender a todas sus cualidades lingüísticas, a fin de
llegar a descubrir la verdad. Kraus se sumerge en una lucha por la verdad en
tanto era una lucha ética por la pureza del lenguaje. Kraus se interesa por
el lenguaje, en su complejidad textual y su profundidad filosófica. Esto se
puede ver en los juegos de palabras que incluye muy a menudo en sus textos,
esto tiene su consecuencia en los escasos volúmenes traducidos del autor,
debido a que muchos de estos textos resultan intraductibles.
"Temo
el abismo que se abre debajo del lugar común, de la información cliché. Yo
trabajo sobre los escombros del lenguaje". Utiliza un original recurso
para mostrar el poder que ejercen las palabras. Kraus da a conocer aquellos
chismes, murmullos inverificables, que tradicionalmente no se dan a conocer
para no identificar a los protagonistas, declarándose personalmente fiador y
responsable de su autenticidad. Este recurso es inmediatamente denunciado y,
de esta manera, se señala su importancia: rompe la relación de complicidad
que une a todos los participantes del juego de "encubrimientos
mutuos" en el que habitualmente ganan todos (aunque, en realidad, todos
–esta vez, la sociedad en general- salen perdiendo). Según Kraus, cada vez
necesitaba menos esfuerzo para exponer aquella duplicidad existente de lo
corrompido del lenguaje, entonces, muchas veces realiza una trascripción
textual de lo dicho por algún personaje contemporáneo y, el contexto de su
revista hacía el resto para poner al descubierto la verdad. La sátira
perfecta es aquella a la cual no cambia las declaraciones satirizadas sino que
las muestra para dejar ver su hipocresía inherente. Así, mediante la
"citación objetivante", se produce una "paradoja de la
objetivación": "y aun si no hice otra cosa, cada día, que
recopilar y transcribir textualmente lo que dicen y hacen, me llaman
detractor". La citación y el collage producen el efecto de voltear
contra los periodistas una operación que ellos hacen cotidianamente. Kraus
utiliza ese poder y nos muestra su eficacia. Objetiva a los detentores del
poder de la objetivación pública y demuestra que éstos son los poseedores
del monopolio de la "difamación legítima". Son ellos los
que deciden la agenda, quienes deciden el destino de cada noticia (según su
importancia: la noticia saldrá publicada o no, saldrá en un destacado o
en un pequeño recuadro, etc.). Es el poder periodístico volteado contra él
mismo, ese poder que el periodismo ejerce cotidianamente. "Yo domino tan
sólo la lengua de los demás. La mía hace de mí lo que quiere".
Kraus
trabaja "sobre los escombros y la ruina del lenguaje", sobre la
palabra del otro, sobre la mentira de la palabra del otro. Y esto lo hace
porque es la única manera que encuentra de ser optimista ya que, aquel que
trabaja sobre las ruinas del lenguaje es el único que tiene la posibilidad de
recuperación de lo humano en el lenguaje. Y por esto es por lo que lucha
Kraus constantemente.
Karl
Kraus toma de Paul Engelmann la idea de una "separación creadora"
entre, por un lado, la esfera del discurso de los "hechos" (la
razón) y, por el otro, de la artisticidad literaria (la esfera de los
"valores", la fantasía). Así, Kraus diferencia al periodista
("el mercenario de la pluma") del artista (el poeta, por ejemplo). Y
lo hace no en cuanto a su determinada habilidad sino, en relación a su talla
moral: el artista es aquel que es sincero, que con sus metáforas no busca
asegurar la reproducción de un significado útil, instrumental; "artista
es el que no pretende que haya razones para que sus balbuceos sean los
elegidos por el sentido para producirse". En cambio, el escritor que no
hace más que manipular palabras, "es inmoral en proporción a su
talento, ya que carecía de integridad". La característica distintiva de
todo cuanto es moral y artístico era, para Kraus, la integridad (integridad
era lo que les faltaba a tantos de sus contemporáneos y era por esto que
Kraus justificaba sus ataques). La lengua tiene para ambos un significado
distinto: para el periodista (o un científico, por ejemplo) el lenguaje
constituye un instrumento; en cambio, para el artista, el poeta el lenguaje es
un fin en sí mismo, trabaja sobre el lenguaje y no con el
lenguaje.
Kraus
plantea a la lengua como la única sustancia humanizante, es lo que nos
hace presente el mundo. "La lengua es la vuelta a los orígenes.
Cuanto más cerca observamos una palabra, tanto más atrás se remonta
ella". Kraus dice que hay que "volver a las palabras antiguas"
como un gesto de recuperación de la palabra como verdad, que expresa un
principio, una posición; la palabra por encima de la fraseología.
El
escritor está interesado no en los temas, sino en el lenguaje. "El
artista da forma al día, a la hora, al minuto. Por muy restringido y
condicionado en lo local y lo temporal que pueda ser su tema, en esa misma
medida crece su obra más libre e ilimitada una vez arrancada a éste.
Envejece en un parpadeo: rejuvenece en décadas. Lo que vive del tema muere de
él. Lo que vive en el lenguaje vive con él". Kraus defiende la
importancia del lenguaje no desde un punto de vista teórico sino que, a
través de todos sus escritos, de su propia construcción de los textos
lleva a la práctica lo que dice. El lenguaje nos representa y por esto es de
suma importancia protegerlo.
Conclusiones
Se
puede establecer un paralelismo entre el pensamiento romántico y las
concepciones de Karl Kraus en relación al sustento de verdad que ambas
concepciones plantean. Además, Kraus comparte con el movimiento romántico la
importancia otorgada al lenguaje, al arte.
Los
románticos critican el hecho que el iluminismo ha minimizado la importancia
de los mitos, los sentimientos y las tradiciones frente a la razón ilustrada
como forma de construcción de un saber válido. Retoma la concepción
clásica del mito como contenedora de la verdad y al poeta como guardián de
este saber. Lo real se pone en palabras a través del poeta, se habla del
mundo a través del poeta. Se busca aquella realidad que escapa a lo
racionalizable. En este sentido, se produce una evolución de la idea de la
mimesis: mimesis como idea de imitación a los sentimientos. En el contexto en
el que se halla Kraus, puede decirse que esta concepción está invertida. Es
decir, el mundo ya no es el principio del cual se habla, deja de ser el origen
para convertirse en un aspecto secundario: lo real ya no da inicio a las
palabras sino que, son las palabras las que se convierten en mundo. Y no a
través del poeta como guardián de la verdad sino todo lo contrario, el mundo
que es contado es el mundo de los medios de masa, de la prensa. Y es esto lo
que critica Kraus.
El
románico se rebela ante el efecto homogeneizador que dejaron
las ideas iluministas burguesas y revaloriza al hombre como
individuo, como genio creador. El romanticismo significa una
explosión de la individualidad, de la exhibición de lo más
íntimo del alma del escritor. El escritor romántico va a exponer
su yo a la contemplación de los demás sin vergüenza
ni pudor. Este movimiento realza la importancia de las tradiciones,
de la originalidad de la lengua. En su tiempo, Kraus comienza
a ver los indicios de una sociedad de masas y se rebela contra
ella. Busca valorizar la lengua como representante y exponente
de la persona, como constitutiva de la identidad. La singularidad
es la característica distintiva del artista verdadero, operativa
de la verdadera "fantasía". (*)
(*)
Fuente: Sabrina
Andrea Díaz Virzi, "Karl Kraus: el mundo en el lenguaje o el lenguaje en
el mundo", trabajo realizado en el contexto de la materia Principales
corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
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Breve
biografía de Karl Kraus
Gitschin,
Bohemia, 1874 - Viena, Austria, 1936
Periodista,
crítico y escritor de teatro comparado con Juvenal y Swift
por su lenguaje satírico y mordaz. La excepcionalidad de su
talento no siempre ha sido reconocida fuera del ámbito
germánico, debido a las dificultades que ofrece la
traducción de sus obras.
De
ascendencia judía, abandonó sus estudios en la Universidad
de Viena para dedicarse a la escritura; en 1899 fundó la
revista Die Fackel, La Antorcha, de la que
pronto se convirtió en director y único redactor. Desde sus
páginas fustigó sin piedad la corrupción, la falsedad y las
pretensiones de la vida burguesa de la Viena de su tiempo y en
particular de la prensa liberal.
Pero
sobre todo, su gran obsesión fue reclamar la precisión
estética y moral en el uso del lenguaje; su propia escritura
es notable testimonio de este esfuerzo, en particular, sus
diversas colecciones de aforismos. Sus obras son en ocasiones
visionarias y apocalípticas, producto de una especial lucidez
que le convirtió en una referencia crítica fundamental en
los últimos días de la cultura austriaca, a las puertas de
la catástrofe. |
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Bibliografía
Abbagnano,
Nicolás, "Capítulo 2. El romanticismo", Historia de la
filosofía. Volumen 3. La filosofía del romanticismo. La filosofía entre los
siglos XIX y XX, Barcelona, Hora S.A., 1994 (Primera edición: 1956)
Bourdieu,
Pierre, "Sobre Karl Kraus y el periodismo" publicado en Actes de
la Recherche en Sciences Sociales, Paris, 2000
Casullo,
Nicolás, "Capítulo 2. Viena del ‘900. Un barómetro crítico de la
cultura", "Capítulo 12. Luces y sombras del siglo XVIII" y
"Capítulo 13. El romanticismo y la crítica de la ideas", Itinerarios
de la Modernidad, Argentina, Editorial Universitaria de Bueno Aires, 1999
Janik,
Allan y Toulmin, Stephen, "Capítulo 3. Lenguaje y sociedad. Karl Kraus y
los últimos días de Viena" y "Capítulo 4. Cultura y crítica. Los
límites de la expresión artística", La Viena de Wittgenstein,
España, Taurus Ediciones, 1987 (Primera edición: 1973)
Kraus,
Karl, Escritos, España, Visor S.A., 1990
Mari,
Enrique, La Viena de entreguerras. Karl Kraus y la prensa antisemita,
nota publicada en
Suplemento ZONA, Diario Clarín, 1999.