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ALGUNOS
ASPECTOS ROMÁNTICOS DE EL LOBO ESTEPARIO
Por
Bárbara Keilty
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Herman
Hesse, autor de la célebre novela El lobo estepario,
junto a su biblioteca.
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La creación suele exigir un camino donde, visible u oculta,
respira la soledad. Arropado en su aire solitario, Harry, el
personaje de la célebre novela de Herman Hesse El Lobo estepario,
se piensa primero predestinado a una visión amarga y dolorosa de la
existencia. Al borde de su acantilado más alto, se le descubrirá
que la risa, la celebración de la belleza y la aceptación de la
complejidad y diversidad del mundo, y no la amargura, es el grito
más claro de un destino creador. Aquí, Bárbara Keilty, con gran
claridad y precisión analíticas, descubre el tejido de pliegues
románticos que alimenta la sensibilidad y la cosmovisión de Harry,
artista y lobo estepario.
E.I
ALGUNOS
ASPECTOS ROMÁNTICOS DE EL LOBO ESTEPARIO
Por
Bárbara Keilty
Introducción
"Pero
lo que más me hacía falta,
por
lo que suspiraba tan desesperadamente,
no
era saber y comprender, sino vida, decisión,
sacudimiento
e impulso."
(Hermann
Hesse, El lobo estepario)
El Romanticismo fue un movimiento filosófico, estético y político nacido en
los albores de la Modernidad, cuando fue puesto en marcha el proyecto de la
Ilustración en la política y en las ideas. El Romanticismo precisamente le
critica muchos de sus postulados, y muy especialmente su racionalismo
cartesiano, los modos de acceder al conocimiento y de concebir al yo. Si bien
no hay una fecha exacta del origen del Romanticismo, ésta se puede situar en
las dos últimas décadas del S. XVIII, casi coincidiendo con la Revolución
Francesa y el inicio del Terror.
El Romanticismo fue un movimiento sumamente importante que muchas veces es
considerado –como bien indica De Paz (1)- el sentimiento de inmediatez o
violencia que está por encima de la razón, y no la respuesta a una razón
técnica, instrumental y cuantificadora, incapaz de dar cuenta de la
sensibilidad, la naturaleza mítica y poética del hombre y su condición
trágica.
Ahora bien, estos aspectos de tan intenso movimiento no pudieron pasar
desapercibidos por los hombres que le siguieron: inevitablemente dejaron sus
trazas en las creaciones artísticas posteriores. De modo que el objetivo del
presente trabajo es indagar sobre los aspectos románticos de El lobo
estepario, de Hermann Hesse, escrito en 1927; en aquellos "años
locos" donde la preocupación por la espiritualidad y la naturaleza
humana parecían ceder lugar a lo superficial de los salones de baile y al
culto a la frivolidad. Pues bien, en esos años Hesse fue capaz de internarse
en las oscuras aguas románticas para contarnos la vida de Harry Haller, un
hombre solitario y escéptico que tiene dos naturalezas –una humana y otra
lobuna- en conflicto. Este trabajo, entonces, presentará primero un recorrido
por los principales aspectos del romanticismo -un marco teórico que contempla
la cita de diversos autores (2)- y luego dichos aspectos serán ahondados con
pasajes de El lobo estepario, para indagar "cuánto de
romántico" tienen sus páginas.
Desarrollo
1.Concepción
romántica del yo.
-
Descentrador
de lo real
El
yo romántico es un yo de gran sensibilidad, utópico, poético, nocturno,
y, sobre todo, "descentrador permanente de lo real"(3). Aquí es
donde se enfatiza la respuesta a una Ilustración exclusivamente racional,
que se desentendía de la tensión existente entre la realidad y la
"irrealidad" –o el mundo de los sueños, lo poético y lo
inconsciente, si se prefiere-. El yo romántico, entonces, va a dar cuenta
de la existencia de esa "otra realidad" o, mejor dicho, de la
existencia de "otra razón", que en modo alguno es la
cuantificadora, nomencladora e instrumental de la Ilustración. En
Holderlin, por ejemplo, ese camino hacia "la otra razón" no
tiene regreso (4). De modo que estamos frente a una especie de viaje, que
De Paz señala como una huida –trágica y contradictoria- en la cual el
hombre romántico "...descubre el inconsciente, aquello que está
oculto a la razón, las fuentes de las fantasías nacidas del deseo y de
lo irracional."(5). Pero antes de comenzar a indagar sobre esta
definición, me parece esencial recalcar siguiendo a De Paz, la evasión
romántica hacia un espacio y un tiempo distintos (6).
Volviendo
a lo inconsciente, aquí se pone de manifiesto la importancia otorgada por
los románticos a "los lados oscuros de la razón" como
instancia de poder reflexivo. A este respecto es elocuente una cita de
Schelling en el anteriormente citado capítulo de De Paz (7): "la
más noble actividad del hombre es la que no se conoce a sí misma".
En El espíritu de lo románticos europeos, H. Schenk también hace
hincapié en el tema del inconsciente y cita a Schopenhauer, para quien
"la conciencia del hombre no era más que una delgada costra, y que
bajo ella yacía todo un mundo de afanes inconscientes y no
racionales." (8)
Esta
decidida reivindicación de lo inconsciente, de los instintos, de los
deseos y de los "impulsos oscuros", en modo alguno se traducen
en un rechazo a la razón, sino en una ampliación de la misma, en
una posibilidad de explorar un "más allá", la "otra
razón", propicia para satisfacer aquellos impulsos y necesidades que
de las cuales la "Razón Ilustrada" ni siquiera se percató.
Siguiendo
en la misma línea, el yo romántico le otorgará especial importancia a
la imaginación, pero principalmente como inspiración y ayuda para la
creación artística.
A
su vez, el yo romántico se nos presenta esencialmente como nocturno. El
culto a la noche y a las posibilidades expresivas que ésta ofrecía, se
revela como central en el poeta alemán Novalis, una de cuyas obras mas
importantes no casualmente se llama Himnos a la noche. Es en la
noche cuando el hombre romántico cuenta con toda su capacidad creadora y
poética. La noche es ese tiempo cargado de misterio y de oscuridad, de lo
que todavía no ha sido revelado, de lo que aún se encuentra en penumbras
y por lo tanto deviene en excitante. La lógica de lo nocturno se opone
claramente a la lógica "diurna" y "transparentadora"
ilustrada por excelencia.
El
yo romántico también es poético. De hecho, los románticos señalan al
lenguaje poético como vía de conocimiento, sensibilidad e imaginación.
Esto tiene que ver con el rescate que hacen los románticos de lo mítico,
para reivindicarlo en forma de conocimiento y recuperar en ese movimiento,
la esencia de lo poético. Aquí también se puede percibir el rescate de
los ideales griegos, ya que para éstos, el mito daba cuenta de los
orígenes, del porqué de las cosas, por lo tanto, esa palabra pronunciaba
la verdad. Esta verdad fundadora era transmitida por el poeta, mediador
entre los dioses y los hombres. De este modo, la palabra y el poeta son
portadores de un misterio creador, del "don divino del nombrar".
En suma, el mito para los hombres románticos no es la pura ilusión, sino
una forma alternativa de comprensión y abordaje de la relación del
hombre con la naturaleza. El hecho de que el mito sea para los románticos
una vía de conocimiento –tan o más aceptable, por cierto, como la
lógico racional que proponían los ilustrados- puede ser homólogo a la
revalorización del sentimiento en los románticos por ser, entre otras
cosas, portador de capacidades cognoscitivas.
-
De
comprensión trágica de la condición del hombre
Esta
característica se opone a el yo "cerebral" y racional ilustrado.
Esta carga trágica se presenta en uno de los poetas románticos por
excelencia: Holderlin. Para él, "lo trágico es esa naturaleza
primordial del hombre, olvidada, debilitada, vencida. Pero que, precisamente,
desde esa fragilidad, puede expresarse (...) heroicamente." (9) Dicha
carga trágica se evidencia notablemente en la separación entre hombre y
naturaleza, una tensión que se va a verificar en todos los planteos
románticos y que abordaremos más adelante.
La
dimensión de lo trágico también está presente en lo que De Paz llama
"el mal del deseo" (10): un deseo sin objeto, lo que implica un
estado casi permanente de "desear el deseo", vivir en el puro deseo,
regocijándose en una dinámica masoquista-narcisista. Para De Paz, la forma
de existencia del hombre romántico es la del dilema irresoluble –recordemos
al respecto que el dilema se considera el paso anterior a la tragedia-: es un
yo sometido a impresiones siempre contradictorias (naturaleza y cultura,
revolución y tradición, angustia y sosiego) no vistas como opciones ante las
cuales hay que efectuar un elección, sino cómo dos posibilidades
susceptibles de realizarse al mismo tiempo. El citado autor denomina a este
peculiar estado dualismo ético: el hombre posee dos naturalezas en
constante conflicto –no en armonía como los antiguos griegos-.
Lo
arriba indicado sobre el dualismo ético y el conflicto inherente al yo
romántico, nos lleva al próximo apartado, donde se problematizará la
escisión y la no armonía del hombre romántico y su relación con el ideal
griego.
-
El
yo escindido y el retorno a lo griego
El
yo romántico se presenta con la conciencia de un alma desconciliada, que
debe pensarse en su reunificación. Este hombre desgarrado, que para Holderlin
está necesitado de una reconciliación mítica, puede observarse en
varios niveles, cada uno de los cuales posee un par en conflicto: naturaleza y
arte, ciencia y poesía, en fin, alma y mente. Para Holderlin (11) esto se
manifiesta en la separación del hombre de los dioses, lo que ocasionó la
pérdida de armonía con la naturaleza. Cuando se pone en primer plano ese
"fondo divino" que los románticos consideraban haber perdido,
encontramos a la Antigua Grecia –la de Heráclito, la de Sócrates, de la
Platón- como espejo en el cual los románticos deseaban mirarse. En esos
tiempos remotos se daba cita "la conjunción más excelsa entre arte y
naturaleza" (12) que la modernidad fue incapaz de restablecer. Es aquí
cuando se da "el resucitar del pasado": el retorno a lo griego se
hace evidente, el retorno a la época de héroes, al mito como lenguaje
fundador, develado gracias a la mediación del poeta; para descifrar lo nuevo
en la antiguo, en suma, para encontrar un parámetro, un espejo en el cual
poder mirarse y poder pensar su dualismo ético y tal vez así poder
encarar una reconciliación mítica.
En
El héroe y el único, Argullol nos indica que lo que el hombre
romántico desea es reorientar la relación entre ciencia y poesía, sin
renunciar nunca al mito de la "Edad de Oro", que identifican con los
griegos arcaicos, en la que "belleza y naturaleza formaban un todo único
y orgánico al que accedía el hombre que, además, era héroe y
dios" (el subrayado es nuestro) (13). La armonía entre poesía y ciencia
era la conciliación que los románticos estaban necesitando.
-
Individualismo
El
yo romántico es un yo épico, heroico y singular. La singularidad era la
condición más importante que debía tener aquel hombre que se
considerara digno representante del periodo romántico: en el ya citado
libro, H. Schenk indica que el "hombre sencillo" era mirado con
desconfianza, y hasta podía llegar a ser considerado inútil. (14) Al
decir de Fleming, (15) la era romántica fue la era del gran hombre: era
esencial que éste fuera un profeta o un líder. El individualismo
romántico, por ende, se traduce en al menos dos instancias: por un lado,
un yo épico, heroico, portador de un coraje casi desmesurado y por otro,
el artista, genio y creador. Ambas figuras no podían ni debían permanecer
al margen de la vida social y política de su propio tiempo, esto es
característico del compromiso romántico.
Por
otro lado, para Argullol (16), el individualismo se refleja en el hecho de
que el hombre romántico reniega de toda instancia supraindividual, de
todo lo que se le presente en bloque –el Estado, por ejemplo- y que
"licúe" las conciencias y las identidades singulares.
Sumada
a la característica esencial de la singularidad, también encontramos
como ejes importantes la aspiración a la eternidad y a la infinitud
del yo romántico. Este último aspecto, el de infinidad, Schenk lo
ejemplifica muy bien en su libro citando al pensador alemán
Schleiermacher, para quien cada ser humano era portador de una enorme multiplicidad
de facetas, tal que el cuadro total es de infinidad de formas.
Por
último, en la esencia romántica se revela una suerte de correspondencia
o correlación entre un macrocosmos (los cuerpos celestes, el
espacio infinito) y un microcosmos (la vida terrenal, lo finito)
Esta última característica, lo finito, se expresa siempre en una fuerza
infinita.
-
El
amor y la muerte.
"La
vida es el comienzo de la muerte.
La
vida existe por amor a la muerte"
Novalis
La
concepción del amor en el romanticismo "deja de ser un fenómeno
humano para convertirse en un fenómeno cósmico" (17). Es la unidad,
la identidad entre lo finito y lo infinito. Los amantes forman así una
auténtica unidad, renunciando al propio ser y a la propia conciencia. El
amor es algo del orden de lo divino: "el verdadero
cumplimiento del amor tendrá lugar (...) en un más allá de la
existencia terrena vivida por los amantes" (18) Por eso alguno de
ellos –o ambos- buscarán la muerte. De Paz sostiene que la idea de la
muerte está siempre presente en el amor, ya que la muerte aparece
como única alternativa a la fusión de los individuos. Esta
pasión romántica, entonces, conlleva destrucción, salvajismo y
pulsiones de muerte. Destrucción de uno o de los dos amantes, por
separado, o conjuntamente, pero muerte al fin, para buscar la fusión
eterna, la divinidad. "Abandono de sí, destrucción que el otro
permite, (...) para cada uno de los héroes es suficiente saber que el
otro está a su disposición" (19)
Por
último, pero no menos importante, la muerte se manifiesta en los
románticos como posibilidad existencial, y no se presenta para el
hombre romántico como un destino que le viene impuesto desde el exterior,
para el cual no está preparado, sino como una íntima necesida,d como un
placer, es "la meta hacia lo que se encamina en su interior, la amiga
que lo redime" (20)
Entonces,
amor y muerte en el romanticismo aparecen unidos, como dos extremos de una
relación cuya única meta parece ser la unidad y el infinito.
-
Posicionamiento
frente al pasado y frente a la vida burguesa
El
movimiento romántico hizo hincapié en la recuperación de la memoria, del
pasado, como elementos constitutivos del sujeto de la cognición. Este
hincapié se refleja en el rescate de la cultura clásica (Grecia y Roma) pero
también se refleja en la pintura, la música, la arquitectura, la escultura y
la literatura. Para el hombre romántico, todo tiempo pasado fue mejor: la
modernidad de la que eran parte era sinónimo de un progreso que no llevaba
consigo la "salud de la razón" sino la "angustia de la
razón". La sensación de desencanto respecto a la época ilustrada era
usual en los románticos: los ideales de Libertad y Fraternidad que la
Revolución había erigido como estandarte, no se habían alcanzado. El
romántico trágico se encontraba a la merced del Leviatán, por un
lado –el estado moderno absolutista- y por la moderna razón científica
instrumental, por el otro. En este sentido, tanta acumulación de conocimiento
y la posibilidad siempre presente de dominar la naturaleza era una alternativa
angustiante y temida por el hombre romántico. En efecto, se hace evidente el
camino cada vez más tendiente hacia la destrucción del hombre, hacia su
disgregación y hacia su pérdida de identidad. Es aquí donde podemos
observar la actitud romántica hacia la vida y la cultura burguesas. Pero
antes consideramos importante esbozar una distinción preliminar: hay un sujeto
del primer romanticismo que se va a considerar como perteneciente a la
clase burguesa. Pero esta clase es la del tiempo de una burguesía luchadora,
que auténticamente demostraba aspirar y realizar los ideales de libertad y de
fraternidad. Sin embargo, el sujeto del romanticismo más tardío, encuentra
una tensión aquí: esa burguesía siembra el terror, amenaza e intenta
dominar a otras fuerzas –como la obrera- y las reprime. Es respecto a esta
"última burguesía" que el yo romántico se siente desclasado,
siente un notable desencanto frente a ella. También siente desencanto
respecto de su estilo de vida, ve el peligro que significa la
"vulgarización de la cultura" y siente aversión por el progreso
tecnológico y las ciudades industrializadas, que son el ejemplo de modos de
vida cada vez más "mecanizados", donde reina la producción en
serie: en fin, sienten que la singularidad se ha perdido.
Ahora
bien, expuestos hasta aquí los que consideramos que son los principales
aspectos románticos que encontraremos en El lobo estepario, continuaremos
con el cruce de dichos planteos y los pasajes del propio libro.
2.
Anotaciones de Harry Haller
"Teatro
Mágico –sólo para locos-.
La
entrada cuesta la razón."
Harry
Haller es un hombre solitario y a menudo preso del "hastío del
vivir". Considera que tiene dos almas: una humana (un lado
lógico-racional) y otra "lobuna" (su parte "animal", la
que responde a los instintos y a lo puramente irracional). A partir de su
encuentro con una mujer llamada Armanda y de su descubrimiento del Teatro
Mágico, donde la realidad y la irrealidad se dan cita en un juego de
imbricaciones permanentes, comienza a indagar acerca de su relación consigo
mismo y con los demás, y a dar de cuenta de si efectivamente tiene dos almas
enfrentadas... o una multiplicidad de ellas.
2.1
El yo descentrador de lo real.
Son
innumerables los pasajes en los cuales podemos dar cuenta de esta
característica romántica. Para empezar, nombremos la relevancia que cobra
aquí el llamado Teatro Mágico: en efecto, el primer indicio de su
presencia se le presenta a Harry sobre una tapia, cuando las palabras que lo
anunciaban se mostraban fugitivas, las letras aparecían con intervalos
desiguales y desaparecían inmediatamente.
Hacia
el final del libro, es luego del baile de máscaras cuando Harry ingresa a
este peculiar teatro, "no para cualquiera"... Algunos puntos para
señalar aquí. Es en el baile de máscaras donde Harry vuelve a experimentar
un cambio en su vida de hombre asocial y poco interesante. Ese cambio ya se
había iniciado luego de su encuentro con Armanda, de sus clases de baile y de
todo el descubrimiento que hizo de las diversiones masivas, del jazz y de lo
"frívolo" –ciertamente lo era para él, que odiaba los
gramófonos y sólo consideraba como "música verdadera" a la de
Haendel, Mozart y Bach-. Es el baile de máscaras la antesala de ingreso al
Teatro Mágico: un baile donde nada es lo que parece. Su amiga Armanda
puede ser un muchacho o una hermosa mujer de tez morena. Una vez dentro del
teatro, no es casual que Harry se haga tantos interrogantes: "¿Dónde
estábamos? ¿Estaba yo durmiendo? (...) ¿Iba sentado en un auto caminando?
No, estaba sentado en la habitación, (...) en una atmósfera enrarecida, en
una capa de realidad que se había hecho muy tenue"(21) Y es
justamente esta "tenue capa de realidad" la que va a acompañar a
Harry en su paso por el Teatro Mágico. Unas páginas más adelante surge el
motivo tan fascinante de los espejos, un espejo en donde Harry puede mirar al
"lobo Harry" sacudiéndose. Harry siente satisfacción, y comienza a
reír a carcajadas. Es felicitado por Pablo, un enigmático músico y dueño
del teatro: "Bien reído (...) aún aprenderás a reír como los
inmortales. Ya, por fin, has matado al lobo estepario. Con navajas de afeitar
no se consigue esto" (22) El teatro mágico se presenta como el lugar en
el que, gracias al humorismo, se pueden llevar a cabo actos que en la
realidad son difíciles de cometer, o porque están penados por la ley, o
porque falta valor para realizarlos: matar a otros –inclusive al ser amado-
y suicidarse, o hacer que las dos naturalezas, los dos polos otrora
irreconciliables del lobo estepario, se encuentren y se confundan.
La
reivindicación romántica del inconsciente, de los instintos, de los deseos y
de los "impulsos oscuros" se dan cita en el Teatro Mágico. En este
teatro Harry vive en un estado de ensoñación casi permanente, ayudado por el
efecto de algunos estupefacientes que le ofrece Pablo. Se suceden las escenas
en las cuales Harry da rienda suelta a sus deseos más profundos e
inconscientes: orgías, encuentros cargados de sensualidad y erotismo.
También surge como motivo la identidad sexual, reafirmada (o no) a
través de diversos episodios: Armanda se disfraza de hombre para el baile de
máscaras, y también hay escenas de homosexualidad entre los personajes
principales. Sobre el baile de máscaras, Harry decía: "Todo era cuento
de hadas, todo estaba enriquecido con una dimensión de más, con una
nueva significación; todo era juego y símbolo" (23) El tema de la
"dimensión de más" es recurrente en El lobo estepario y ya
volveremos sobre él en los próximos apartados.
Para
terminar con de ilustrar la tensión de realidad / irrealidad, ésta en el
libro se hace nuevamente presente hacia el final. En efecto Harry es acusado
por el "abuso" del teatro mágico y se pide su ejecución:
Haller
no sólo ha ofendido al arte sublime, al confundir nuestra hermosa
galería de imágenes con la llamada realidad y apuñalar a una
muchacha fantástica con un fantástico puñal; ha tenido, además, la
intención de servirse de nuestro propio teatro (...) como una máquina de
suicidio. (24)
Entre la "llamada realidad" y la "irrealidad" –si bien
el adjetivo "llamada" que antecede a "realidad" nos
da cuenta que se trata de una construcción- hay una delgada y fina línea
divisoria, no obstante, el riesgo de cruzarse "hacia el otro
lado", de confundir y de mezclar sus elementos y situaciones, puede ser
percibido como una infracción, una ofensa a lo más sublime y auténtico. El
punto de partida del inicio del viaje "hacia la otra razón" se
encuentra allí, en esa línea, que se revela tenue, tan tenue, como la
"capa de realidad" que percibía Harry al entrar al teatro. Aquí
entonces observamos el rasgo romántico del viaje hacia la "otra
razón", huida trágica y contradictoria, evasión romántica hacia un
espacio distinto.
Por
último, la noche también aparece en la historia como un espacio de placer,
disfrute y goce. Al finalizar el baile de máscaras, Harry se lamenta: "Y
en aquel momento percibimos todos la mañana, vimos la pálida luz tras las
cortinas, nos dimos cuenta del cercano fin del placer..." (25)
Señalaremos
para finalizar este apartado que la oposición al racionalismo cartesiano no
se vislumbra sólo en el ingreso al Teatro Mágico –donde la entrada sólo
cuesta la razón- sino también en el siguiente pasaje, que además es una
reivindicación de los sentidos, de los instintos y de lo corporal: "Ya
no había pensamientos. Yo flotaba disuelto en el embriagado torbellino
del baile, alcanzado por las notas, los suspiros, perfumes (...), inflamado,
rodeado de rostros, mejillas, labios, rodillas, pechos y brazos
desconocidos..." (26). El cuerpo lleva aquí la delantera. Ciertamente no
es el "yo sabía que era un alma y que tengo un
cuerpo" cartesiano –donde el cuerpo es algo accesorio, un agregado, un
"suplemento para el alma"- sino el "soy un cuerpo y tengo una
razón" nietzscheano.
-
De
comprensión trágica de la condición del hombre
"Es
verdad; la vida es siempre terrible.
(...)
Se nace y ya es uno culpable."
(Hermann
Hesse, El lobo estepario)
La
esencia trágica que es inherente a la condición humana se ilustra en El
lobo estepario en numerosos pasajes. Asimismo, algunas de las
características que hacen al "mal del deseo" –deseo sin
objeto y nunca satisfecho, características que se han presentado en el
apartado 1.2- también se hacen presentes:
Quiero
más. No estoy contento con ser feliz, no he sido creado para ello, no es
mi sino. Mi determinación es lo contrario.(...) La desventura que
necesito y anhelo es otra; es de tal clase que me hiciera sufrir con
afán y morir con voluptuosidad. Esa es la desventura o la felicidad
que espero. (27)
Y
unas líneas más abajo, cuando habla con Armanda sobre la dicha: "Me
doy cuenta de que (la dicha) no puede durar. También esta dicha es
estéril. Satisface, pero la satisfacción no es alimento para mí."
(28) Harry efectivamente sentía en ciertos momentos –en sus encuentros
con Armanda, especialmente- dicha, felicidad, pero ésta "no era más
que la cáscara: por dentro estaba todo lleno de significación, de
tensión y de fatalidad" (29). Un dualismo del que Harry rara vez
puede escapar.
La
carga trágica de la condición humana –además de estar muy bien
ilustrada en el epígrafe que abre este apartado- se ilustra y se
desarrolla aún más en otros pasajes. Cuando Harry –en unas de las
tantas salas del teatro mágico- se encuentra con Gustavo, un viejo amigo
de la juventud, éste le propone matar a otras personas porque "hay
demasiada gente en este mundo". Ante la inquietud ética de Harry
respecto a esos actos, Gustavo decía: "Pero aun cuando no conozca ya
el concepto del deber, conozco, sin embargo, el de la culpa. (...) Por
haberme traído al mundo una madre, ya soy culpable, ya estoy condenado a
vivir." (30) La culpa y la "condena de vivir", revelan la
esencia trágica de la condición humana, que el hombre experimenta desde
el mismo momento en que nace.
De
modo que el destino trágico inherente a la condición humana, es un
motivo recurrente del libro.
-
El
yo escindido
El
eje de la historia se desenvuelve en torno a las dos naturalezas de Harry
Haller, como indicamos al principio. Estas dos naturalezas no conviven
pacíficamente, sino que están en constante conflicto –conflicto, una
vez más, inherente al ser romántico-: "En Harry (...) no corrían
el hombre y el lobo paralelamente, y mucho menos se prestaban mutua ayuda,
sino que estaban en odio constante y mortal, y cada uno vivía
exclusivamente para martirio del otro..." (31)
La
necesidad de conciliación de este alma desgarrada, se le presentó a
Harry en no pocas ocasiones: "...todos los que le tomaban cariño, no
veían nunca en él más que uno de los dos lados. Harry quería, como
todo individuo, ser amado en su totalidad." (32)
De
hecho, en el Tractat del lobo estepario, una especie de folleto que
le es entregado a Harry, se explican detalladamente los modos de
manifestación de estas dos naturalezas y se indica que dicho dualismo se
asocia también a los artistas: "... en ellos existe lo divino y lo
demoníaco (...), la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento
(...) su existencia (...) está infeliz y dolorosamente
desgarrada..." (33)
No
obstante, mientras se suceden las páginas, el Tractat se hace más
específico en cuanto a la definición de estas naturalezas, a la cual no
la considera sino grosera y pueril, solamente hecha para explicar
de manera simplificadora las contradicciones internas de Harry, que tantos
sufrimientos le generan.: "...querer explicar a un hombre
precisamente tan diferenciado como Harry con la división pueril entre
lobo y hombre, es un intento infantil desesperado. Harry no está
compuesto de dos seres, sino de cientos, de millares." (34) El Tractat
sostiene que esta fórmula simplificadora se presenta por la
"necesidad innata" en todos los hombres de representarse a sí
mismos como una unidad. De hecho, la constatación de que ningún yo es
una unidad "sino un mundo altamente multiforme (...) un caos de
formas, de gradaciones y de estados, de herencias y posibilidades"
(35) es pensada como un signo de esquizofrenia. Unas líneas más
adelante, el Tractat contrapone la belleza unitaria y apolínea de
la Antigüedad con los héroes de las epopeyas indias, que no son
personas, sino "nudos de personas". Aquí tenemos, entonces, la
aparición del componente oriental como en el romanticismo –los poemas
de la vieja India-, que tal vez no indiquen aquí tanto la característica
preferencia romántica por el exotismo como las inquietudes particulares
del autor (Hermann Hesse) por las tradiciones orientales, que se reflejan
a lo largo de toda su obra.
Otro
aspecto romántico que surge en el Tractat es el motivo del Fausto
("Hay viviendo dos almas en mi pecho"), aquí,
demostrado por la conciencia que tiene el lobo estepario de haber
alcanzado la duplicidad fáustica. "Como cuerpo, cada hombre
es uno; como alma jamás"(36): el Tractat es contundente
respecto a esta afirmación.
Es
interesante profundizar un poco más sobre la tensión antes esbozada en
cuanto al ideal de hombre de la Antigüedad y la concepción del mismo en
las tradiciones orientales. Esta tensión emerge constantemente a lo largo
del libro y se ilustra de modo muy completo cuando Harry va recorriendo el
Teatro Mágico y se encuentra con inscripciones como estas: "¿Quiere
usted espiritualizarse? Sabiduría oriental.", "Decadencia de
Occidente. Precios reducidos. Todavía insuperada." Harry se ve
especialmente tentado por una que dice: "Instrucciones para la
reconstrucción de la personalidad. Resultado garantizado"(37)
En efecto, Harry va a ingresar a esta sala y va a ver en un espejo la
unidad de su persona descompuesta en muchos yos, en muchas figuras.
Exactamente como las tradiciones orientales entienden al hombre: como
una multitud de almas, una multitud de yos. Es aquí cuando Harry
se somete al "arte reconstructivo" de la personalidad, dirigido
a quienes han experimentado la descomposición de su yo. De este modo, el
hombre encargado de dicha "reconstrucción" toma las figuras de
Harry y las dispone sobre un tablero. Esta "reconstrucción" y
la combinación de las figuras en distintos grupos y bandos enemigos, es
como un juego de ajedrez: las figuras son las piezas, que cada
hombre puede ordenar "a su capricho" sobre un tablero. Como el
"arte de vivir", como el "juego de la vida"; así se
le presenta a Harry la "reconstrucción de la personalidad".
Es
curioso que en este pasaje se haya utilizado el juego de ajedrez como
metáfora, que es tan racional y analítico. Por otro lado, a pesar de que
la unidad de Harry es descompuesta en múltiples figuras, éstas se
disponen en un tablero de ajedrez -no cualquier tablero de cualquier otro
juego- aquí, son necesariamente dos bandos los que se enfrentan,
aunque heterogéneos en cuanto a su composición –los hay reyes y
reinas, pero también peones- dos bandos al fin. ¿Dualismo ético
/ fáustico o una multiplicidad de figuras caótica y amorfa?
Evidentemente, el motivo del dualismo fáustico es el eje de todo
el libro, pero, en efecto, es cómo nos indica el Tractat del lobo
estepario: no hay que reducir el mismo a una fórmula simplificadora,
este dualismo –casi pedagógico y tranquilizador- parece ser mucho más
complejo de lo que parece. Meter "todo lo espiritual, sublimado o,
por lo menos, cultivado (en el "hombre") y en el
"lobo" todo lo instintivo, fiero y caótico" (38) es, como
explicaba el Tractat, un "intento infantil desesperado":
las dos naturalezas pueden confundirse, e incluso llegar a intercambiar
sus roles. Esto es lo que observa Harry en la Maravillosa doma del lobo
estepario, en el teatro mágico. Aquí, el domador, a quien Harry lo
considera como un "hombre brutal", doma con éxito al lobo, a la
"noble fiera": la tiene perfectamente amaestrada como a un
perro, de hecho, el lobo realiza muchas de las gracias que los perros
suelen hacer (hacerse el muerto, alcanzar objetos). Incluso, renegando de
su naturaleza de carnívoro-depredador, lamía de la mano del hombre una
tableta de chocolate gustosamente. Pero en la segunda parte del acto,
cambian los papeles y ya nada es lo que parece: el domador se pone a los
pies del lobo y éste adquiere nuevamente vigor. El hombre hace todos los
trucos y demostraciones que había hecho anteriormente la fiera: se hace
el muerto, se coloca en dos o cuatro patas, en fin, obedece al lobo, quien
es ahora el que está domando. Cuando al hombre –antes domador- le traen
el chocolate, sin embargo, lo rechaza, no lo acepta gustosamente como
había hecho el lobo. En este sentido, entonces, la "doma" no
fue llevada a cabo con éxito. Cuando le traen al hombre un cordero y un
conejo, representa el papel de lobo a la perfección: ataca a los
animales, los despelleja, come su carne viva y bebe su sangre, con tanto
gusto como el lobo comía su tableta de chocolate...
Volvemos
a la lectura del Tractat, donde se nos advierte que lo que se
entiende por "hombre" no es más que un transitorio
convencionalismo burgués:
Ciertos
instintos muy rudos son rechazados y prohibidos por este convencionalismo;
se pide un poco de conciencia, de civilidad y de desbestialización (...)
El "hombre" de esta convención es, como todo ideal burgués
(...) un tímido ensayo de antigua travesura para frustrar (...) a la
perversa madre primitiva Naturaleza. (39)
El
"hombre" burgués –típicamente ilustrado, se observa- ha
adulterado la relación que antaño supo tener con la Naturaleza. El
hombre romántico espera por una conciliación mítica, así como el Tractat
del lobo estepario nos recuerda que alguna vez, por un rato (un
"feliz momento") hombre y lobo se reconcilian. Se imbrican y se
confunden, como el gusto a sangre y a chocolate en la boca de Harry luego
de presenciar la Maravillosa doma
del lobo estepario.
-
Individualismo
Es
nuevamente en el Tractat del lobo estepario donde la singularidad y
la genialidad se nos revelan como características del lobo estepario, con
disposiciones que irían casi por encima del "hombre corriente"
–burgués-. El aspecto de la singularidad se observa en el lobos
estepario como un hombre con una dimensión de más. En efecto,
esta dimensión es inalcanzable para el hombre medio, burgués, y es no
pocas veces causa del aislamiento y rechazo del lobo estepario: "Para
este mundo sencillo de hoy, cómodo y satisfecho con tan poco, eres tú
demasiado exigente y hambriento; el mundo te rechaza, tienes para él una
dimensión de más" (40) le decía Armanda a Harry.
Aspectos
de lo que más arriba llamamos compromiso romántico se pueden
observar en las Anotaciones de Harry Haller: "...más me gusta
sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta
confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un
fiero afán de sensaciones (...), una rabia de esta vida degradada,
superficial, esterilizada..." (41) La cuestión del compromiso –social,
y muy especial político en una Alemania de entreguerras- no pocas veces
se le presentó a Harry. Se preguntaba si realmente no debería
involucrarse más, en vez de dedicarse sólo a la estética y a lo
espiritual.
La
subordinación del hombre a una instancia suparaindivudal que licua y
homogeneiza las conciencias y personalidades se observa en varios
fragmentos. Ya desde el Tractat se nos indica que la personalidad
del hombre es entregada al moloc "Estado". A su vez, para el
lobo estepario no hay nada más funesto que tener que ejercer un cargo,
someterse a una distribución del tiempo y tener que obedecer a otros. El
viejo amigo de Harry, Gustavo, también se mostraba ahogado y presionado
por el leviatán: desde el mismo momento en que nacía no sólo
estaba "condenado a vivir" sino que también estaba obligado
a pertenecer a un Estado, a ser soldado, a matar, a pagar impuestos
para armamentos. Por último, antes de que comenzara su acusación en el
Teatro Mágico, Mozart le pregunta a Harry si estaba listo para sufrir
"con paciencia todo el aparato poco divertido de los agentes
de la Justicia" (42)
La
eternidad y la infinitud son rasgos también recurrentes en el libro. A
los "verdaderos hombres", a aquellos que tienen "una
dimensión de más" no les pertenece nada más que la muerte y la
eternidad: sólo soportan "la condena de vivir" porque saben que
más allá hay otro aire para respirar, el reino de lo puro.
"Eternidad" para el lobo estepario "es el reino más allá
del tiempo y de la apariencia. Allá pertenecemos nosotros (...) y por eso
anhelamos la muerte." (43) La eternidad, patria de los hombres con
una dimensión de más, donde también se encuentran Goethe, Novalis y
Mozart.
El
último rasgo que habíamos esbozado en el apartado 1.4 era la
multiplicidad de facetas. En efecto, creemos que este aspecto ha sido
corroborado en el apartado 2.3, luego de abordar algunos de los conceptos
de la filosofía oriental que Harry descubre en la sala de la
reconstrucción de la personalidad, con sus múltiples figuras, sus
múltiples yo, jugando una intensa partida de ajedrez.
-
Amor
y muerte
Ambos
conceptos son motivos sumamente recurrentes en El lobo estepario. La
muerte emerge en el libro a través de la personalidad suicida de Harry
Haller. Ya sea con una navaja de afeitar o con veneno, en Harry la idea
del suicidio estaba siempre latente.
En
efecto, a los verdaderos hombres, a los hombres con "una dimensión
de más" no les pertenece nada más que la muerte y la eternidad.
Para Harry, al igual que los hombres románticos, la muerte es "la
amiga que lo redime": "(Sentía yo) miedo a la muerte, pero un
miedo consciente de que ya pronto habría de convertirse en total
entrega y redención" (44) Aquí la muerte también está en una
estrecha relación con el amor. En una salas del teatro mágico, Harry se
topa ante la siguiente inscripción: "Cómo se mata por amor"
y recuerda la noche en que Armanda le dijo a Harry que él sería una
especie de esclavo suyo, y debía de obedecerla en todo cuánto ella
pidiera. El amante a la disposición del otro, tal como en el
romanticismo. Las órdenes de Amanda podían ser "relativamente
terrenales" (aprender a bailar fox – trot, comprar un
gramófono) o podían tener una clara aspiración hacia el macrocosmos,
hacia lo infinito: Amanda sólo iba a hacer que Harry se enamorara de ella
para ser muerta por su mano. En el teatro mágico, Harry apuñala a
Armanda, mata a su amada, tal como en la tragedia de Kleist, Pentesilea, una
mujer invadida por el amor, ataca a Aquiles y lo desgarra con uñas y
dientes (45).
-
La
vida burguesa y el pasado.
Aquí también se puede observar la tensión esbozada en el apartado 1.6,
entre una burguesía luchadora e idealista, de corte netamente romántica, y
la "otra", la sometida a la razón técnica e instrumental, la del
convencionalismo del concepto de "hombre". Harry, en efecto, siente
aversión frente a esta "última burguesía" cuyo modo de vida
consideraba mediocre, cómodo y superficial: "Porque esto es lo que yo
más odiaba, (...) esta autosatisfacción, esta salud y esta comodidad, este
cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina
de todo lo mediocre, normal y corriente." (46) (Otra vez, las
exigencias de singularidad y peculiaridad, de "elevación" por
encima de la "media"). Sin embargo, Harry mantiene una peculiar
relación con la burguesía: siente que la aborrece pero al mismo tiempo vive
en casas y ambientes burgueses, llenas de "orden, limpieza, decencia y
honestidad." Al ingresar a su cuarto, el panorama del "ideal
burgués" cambia y todo es caos, desorden y abandono. Harry sentía
gustoso este contraste y es consciente de este dualismo que lleva:
"Ciertamente que Harry Haller se había disfrazado en forma maravillosa
de idealista y despreciador del mundo (...), pero en el fondo era un
burgués" (47) El Tractat del lobo estepario lo ilustra
acertadamente: "...se quedaba siempre viviendo en los dominios de la
burguesía, con cuyos hábitos, normas y ambiente no dejaba de estar en
relación, aunque fuera antagónica y rebelde (...) De esta manera, reconocía
y afirmaba siempre con una mitad de su ser y de su actividad, lo que con la
otra mitad negaba y combatía." (48) Dos naturalezas en conflicto,
dualismo ético, o como el Tractat lo presenta, el dilema de
contraposición del santo y el libertino.
Para
el Tractat hay tres tipos de hombre: uno, el típicamente burgués, con
las características que arriba indicamos, y otro, que es todo lo contrario:
son aquellos que pueden desligarse del ambiente y modo de vida burgueses por
completo, aquellos que "abandonan la atmósfera de la tierra burguesa y
llegan al cosmos": son los trágicos, los artistas, un número muy
reducido. El prototipo del hombre romántico es sin duda éste último, sin
embargo, Harry Haller, el lobo estepario, no se encuentra entre sus filas: a
ellos se les ofrece el humorismo, ya que, según el Tractat, no
pueden acceder a la potencia necesaria para lo trágico. En efecto, humorismo
es lo que ofrece el Teatro Mágico de Pablo en todas y cada una de sus
salas, donde "... es posible a la vez afirmar el santo y el libertino,
plegando los polos hasta juntarlos" (49) Esto se logra en el teatro
mágico mirándose al espejo, para ver así reflejado el caos que presentan
sus almas, como hace Harry cuando ve en el espejo a su lobo sacudiéndose y
comienza a reír, a carcajadas, como los inmortales.
Harry entonces, se encuentra en una relación tensa y fluctuante con la clase
burguesa. Antes de conocer a Armanda, aborrecía los placeres y los vicios de
las ciudades, que no compartía ni comprendía. Detestaba las multitudes, los
cafés y varietés llenos de gente, y los gustos de esas "diversiones en
masa" que no hacían más que adulterar lo más sublime y trascendente,
lo realmente verdadero: Mozart, Bach, Goethe, Novalis. Aborrece el jazz que
"escupen" los gramófonos, estos aparatos representaban para él
algo infernal, y el tipo de música que reproducían, todo un "sub-
mundo" de salvajismo e instintos, una música "chillona y
sangrienta". Harry Haller se siente como digno representante de la alta
cultura y muchas veces manifiesta posiciones similares a las de G. Steiner
(50) respecto a la trascendencia del arte o a las de T. Adorno (en cuanto a la
degradación que representa esta nueva e incipiente cultura de masas, y muy
especialmente respecto a la música, temática que Adorno desarrolló
extensamente a lo largo de su obra). A partir de su encuentro con Armanda,
Harry experimenta un cambio: adquiere un gramófono y aprende a bailar fox-
trot para luego lucirse en aquellos superficiales salones de baile a los
que siempre había mirado con aversión.
Respecto a la relación con su pasado, la misma está teñida de una carga
nostálgica. Ésta se refleja en aquellos pasajes en los que revaloriza todo
el pasado romántico alemán y a sus principales representantes, como Goethe y
Novalis. Añoraba poder estar en ese espacio y en ese tiempo –rasgo
netamente romántico para De Paz: la evasión romántica en el tiempo y en el
espacio-. Evocaba su propio pasado de modo constante y doloroso.
Ya
en el teatro mágico, vuelve a vivir su vida de juventud y de amoríos, y
muchas de las fantasías que él tuvo antaño se hacían realidad.
Conclusión
De
acuerdo a lo observado a lo largo del trabajo, podemos apreciar que El lobo
estepario tiene mucho de romántico en sus páginas. Pero también pudimos
observar en la historia rasgos de poetas postrománticos, de poetas malditos
como Baudelaire, que no queríamos dejar de pasar por alto: el teatro mágico
se presenta como un "descenso al infierno" y allí se violenta el
mundo de valores (se indaga acerca de la identidad sexual, se asesinan
personas)
No obstante, las características compartidas con el romanticismo siguen
siendo fuertes y numerosas: la relación –trágica- entre amor y muerte; la
tensión realidad/ irrealidad y el viaje hacia "la otra razón" que
permite el teatro mágico mediante el humorismo y los espejos; la comprensión
de la condición trágica del hombre y el mal del deseo; el dualismo ético y
el dilema irresoluble. Estos dos últimos aspectos son dos de los pilares del
romanticismo, y son también motivos recurrentes del libro: en efecto, para
Harry las dos alternativas (ser o no burgués) no se presentan como
posibilidades entre las que se debe elegir, sino que son susceptibles de
realizarse al mismo tiempo e incluso imbricarse y confundirse. El lobo
estepario no es totalmente burgués, pero al mismo tiempo no puede
desprenderse de la vida burguesa. Aquellos que sí pueden llegar a esa
"emancipación" son unos pocos artistas, lo que cuentan con toda la
potencia trágica para desligarse del mundo terrenal y llegar al macrocosmos.
En efecto, Harry no posee estas condiciones, por lo que sólo le queda el
humorismo del teatro mágico. No obstante, Harry se considera un hombre
"con una dimensión de más", singular y genial, que se destaca del
resto de los hombres, por lo tanto no le pertenece nada más que la muerte y
la eternidad y allí, podría encontrar a artistas como Goethe, Mozart o
Novalis. ¿Harry tiene la potencia trágica necesaria para acceder a la
inmortalidad? Puede acceder "por una vía alternativa", y es la que
le ofrece el teatro mágico: con sus espejos, a través de cuyo reflejo toma
conciencia de sus dos polos, que, o bien se disgregarían matando al lobo
estepario, o se fusionarían a la luz del humorismo. Sólo sucedería esto
cuando Harry aprendiera a reír de verdad, como los inmortales. Pero a Harry
no le bastaba con aprender a reír, también debía aprender a jugar el
juego de la vida, a manejar sus múltiples figuras con la destreza de un
gran maestro. El arte de vivir es un juego con múltiples figuras, pero
en última instancia, siempre son dos los bandos enfrentados.
Al igual que en el Fausto hay viviendo dos almas en un mismo pecho, las
blancas y las negras se enfrentan en un mismo tablero. (*)
(*)
Fuente: Bárbara
Keilty, "Algunos aspectos románticos de El lobo estepario", trabajo
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del pensamiento
contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad
de Buenos Aires, en 2005.
CITAS:
(1)
Cf. De Paz, Alfredo: La revolución romántica, Madrid, Tecnos, 1992,
p.32
(2)
Consideramos necesarias la inclusión de dichas citas para justificar y dar
cuenta del marco teórico que luego utilizaremos para analizar las semejanzas
entre los principales aspectos del romanticismo y El
lobo estepario.
(3)
Cf. Casullo, N., Forster, R., Kaufman, A.: Itinerarios de la modernidad, Buenos
Aires, Eudeba, 2004, p. 296
(4)
Cf. Casullo N., op. cit., p. 286
(5)
Cf. De Paz, op. cit., p. 59
(6)
Ibid., p. 54
(7)
Ibid., p. 59
(8)
Schenk, H. G., El espíritu de los románticos europeos. Ensayo sobre
historia de la cultura, en Ficha de Cátedra Nº 3 de teóricos. pp.
112-113
(9)
Casullo, op. cit., p. 287
(10)De
Paz, op. cit.,, pp. 55-56
(11)
Cf. Casullo, op. cit., p. 281
(12)
Ibid, p. 282
(13)
Argullol, Rafael, El héroe y el único, Madrid, Taurus, 1982, p. 20
(14)
Cf. Schenk, op. cit., p. 116
(15)
Fleming, W.: Música, Arte e ideas, Editorial Interamericana, en Ficha
2 de Prácticos, p. 307
(16)
Cf. Argullol, op. cit.,pp. 238-239
(17)
De Paz, op. cit.,p. 80
(18)
Ibíd., p. 86
(19)
Ibíd., pp. 92-94
(20)
Ibíd., p. 98
(21)
Hesse, Hermann, El lobo estepario, Madrid, Alianza Editorial, 1970, pp
186-187. El subrayado es nuestro, como en todas las citas subsiguientes.
(22)
Ibíd., p. 191
(23)
Ibíd., p. 180
(24)
Ibíd., p. 231
(25)Ibíd.,
p. 184
(26)
Ibíd., p. 183
(27)Ibíd.,
p. 160
(28)Ibíd.,
p. 160
(29)
Ibíd., p. 169
(30)
Ibid., p. 199
(31)
Ibid., p. 48
(32)
Ibid., p. 50
(33)
Ibid., pp. 51-52
(34)
Ibid., p. 65
(35)
Ibid., p. 66
(36)
Ibid., p. 66
(37)
Ibid., pp. 204-205
(38)
Ibid., p. 68
(39)
Ibid., p. 69
(40)
Ibid., p. 163
(41)
Ibid., p. 31
(42)
Ibid., p. 231
(43)
Ibid., p. 165
(44)
Ibid., p. 169
(45)
Cf. De Paz, op. cit., p. 90
(46)
Hesse, El lobo estepario, p. 31
(47)
Ibid., p. 141
(48)
Ibid., p. 58
(49)
Ibid., p. 62
(50)
Cf. Steiner, George: Presencias reales, Madrid, Destino, 1994.
Bibliografía
-
Argullol,
Rafael: El héroe y el único, Madrid, Taurus, 1982.
-
Casullo,
N., Forster, R., Kaufman, A.: Itinerarios de la modernidad, Buenos
Aires, Eudeba, 2004
-
De
Paz, Alfredo: La revolución romántica, Madrid, Tecnos, 1992
-
Fleming,
W.: Música, Arte e ideas, Editorial Interamericana, en Ficha de
Cátedra Nº 2 de Prácticos.
-
Hesse,
Hermann: El lobo estepario, Madrid, Alianza Editorial, 1970
-
Schenk,
H. G.: El espíritu de los románticos europeos. Ensayo sobre historia de
la cultura, en Ficha de Cátedra Nº 3 de teóricos.
-
Steiner,
George: Presencias reales, Madrid, Destino, 1994
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