A Mendoza, tierra de artistas y poetas, llegaron también algunos
poetas que le ofrendaron su labor, enriqueciéndose con su luz, su
gente y su paisaje. Entre ellos se encuentra Guillermo Kaul
Grünwald, uno de los primeros amigos y profesores que conocí en
Mendoza, antes de promediar el siglo XX. Cuando incluí uno de sus
libros de poesía en la colección Azor, que publicábamos con el
generoso auspicio de don Gildo d’ Accurzzio, no pensaba que mi
maestro de letras latinas e iberoamericanas en la Universidad de
Cuyo llegaría a darnos tan proficua y valiosa obra de poesía, que
desde entonces se ha concretado en diversos ciclos, sin
interrupción.
En
su fecunda madurez, Guillermo Kaul Grünwald nos ofrece su quinto
tomo de poesía, dentro de la recopilación de su obra en 5 tomos,
iniciada en 1998. Bajo la metáfora baudeleriana del albatros que
muere, se ampara una suma de significaciones. La primera que surge
es desde luego la autobiográfica, que presenta al autor en la
meseta de su vida, recordándonos el clásico tópico del campesino
que regresa al hogar después de la jornada cumplida. Todavía le
aguardan a Kaul muchos días de vigorosa y lúcida existencia, pero
es innegable que hoy contempla su vida desde el término de la
llegada, y mide con sabiduría y madurez su propia labor. Pero asoma
otra significación de esta figura metafórica del albatros, y es la
imagen del artista en un mundo que ha decretado su extinción, idea
que vemos planear sobre cada página de este libro. Tal el doble eje
que amalgama sus poemas, la autobiografía del poeta, y la misión
salvífica del arte en tiempos de crisis de la civilización
occidental. Un tercer tema se une indisolublemente a ellos y es el
destino augural de América, que si bien pertenece a la órbita de
Occidente no se ciñe totalmente a ella, guardando en sí los
gérmenes de un impredecible futuro.
Discípulo
de Irineo F. Cruz, Guillermo Kaul Grünwald, se formó en la
inagotable lección de los clásicos. En su obra confluyen el saber
del filólogo, la compenetración de los textos latinos que expuso
en años memorables (cuando era nuestro profesor en la Universidad
de Cuyo) y su honda experiencia creadora que ha cristalizado en una
modalidad propia e inconfundible.
Este
libro es ejemplo de una sabiduría que a veces se comunica en forma
didáctica. En él alternan los tonos del lirismo, la reflexión e
incluso el humor, en un amplio registro de formas expresivas. Puede
observarse como tendencia del lenguaje que sus imágenes entrecruzan
permanentemente el ámbito natural, fuente de todo poetizar
antiguo o moderno, y el ámbito intelectual, filológico,
gramatical, en expresiones como idea vegetal, perfumada letra,
etc. Su espectro lingüístico abarca desde cierto latinismo
sintáctico, que lo ha marcado, hasta formas populares y prosaicas
que nos remontan a uno de sus innegables maestros, el Lugones de las
Odas Seculares.
Kaul
aborda un léxico variadamente coloquial, rural, técnico,
filológico, a menudo litúrgico, para expresar una suma de temas
que giran alrededor de la soledad del poeta. Visualiza con claridad
su destierro en la sociedad moderna, y desde allí proclama su
fidelidad al amor y la belleza, acompañada de una fuerte crítica a
la invasión de los objetos y el creciente sinsentido.
Son
celebrantes y aéreos, con la gracia de la poesía anacreóntica,
los primeros poemas: Alcánzame tu báculo (1998), cuyos
núcleos son el amor, la amistad y el vino compartido.
La interrogación lírica del poeta se tiñe de un tenue dramatismo
que no destruye la sensación de armonía. Asoma la autoreferencia
que permanecerá a lo largo de todo el libro, constituyendo su rasgo
más saliente. El autor se configura como mendigo, pero
también como marqués del infinito; despliega su poética
(30-33), afirma una teoría del arte como salvación, incluye una
filosofía del amor (37). Prosiguiendo sus juegos de ritmos y rima,
que se prestan a la flexibilidad métrica, se abre el segundo
poemario Espacios Líricos (1999), que encauza la
celebración hacia las presencias femeninas que pueblan la vida del
poeta; algunas de ellas se concretan en figuras próximas, otras son
presencias fugaces, imaginarias, mitológicas. Identificándose con
Ovidio, Dante y Petrarca, Kaul pide a Dios un corazón/ de
todo enamorado.
El
elogio de la mujer y el amor preside este libro del que tomamos un
bello ejemplo: Búscame (ver recuadro). Del mismo año 99 es
el poemario siguiente Danza que te danza, que acentúa los
tonos éticos y didácticos del humanismo cristiano, que se refleja
en símbolos como el de la cena. Su lección es mirar hacia delante,
desplegar la poesía, y en general las artes, como vida espiritual.
La mirada poética, tendida hacia la vida recorrida, convoca
escenarios de su vida pasada como la selva misionera y su cultura,
simbolizada por el arpa: Me dicen que el pai jesuita con el
/arpa/ bíblica la selva/ inaugurada. ...Arpa guaraní/ novia mía
paraguaya/ te llevo entre las orquídeas de mi/ alma (del poema Arpa)
Ya
en otros comentarios sobre la lírica de Kaul he señalado la
originalidad de su verbo sincopado, esa dicción cortada, que acaso
haya incorporado desde el habla guaraní que frecuentó en la
Mesopotamia. Su poesía, de esencia mística como lo es toda
participación en el Ser, incorpora tiradas narrativas y expositivas
que no rehuyen lo humorístico y cotidiano del vivir. Construye una
memoria vital que se apoya en la identidad del sujeto, en constante
búsqueda de equilibrio entre la danza, espíritu dionisiaco, y la
reflexión, apolínea: Danza que te danza en la/ ribera/ del río
femenina la/ palmera/ develándole imágenes al/ poeta. Esa
memoria trabaja en figuras metafóricas, mitos, y recuerdos que han
sido abarcados en el nivel arquetípico: se ve a sí mismo en
función salvívica y sacerdotal: diácono en el misal del /
águila/ le extendí pasaportes de nieve a la/ montaña (Regreso).
La autodefinición del poeta se extiende a todo el libro, en figuras
que conforman un itinerario llameante, acompañado de una clara
conciencia de la misión revelatoria del arte: Amé el viento
del/ pájaro/ litúrgico como el/ palacio/ en rosa del/ lapacho.
Kaul pide a su juez condéname
por lo que no he cantado.
La
poesía escrita en el año 2000 aparece señalada por la presencia
de la muerte y el despojamiento propio de una despedida. El poeta
expresa su sentir a través de modos elusivos, haciendo hablar a
seres y objetos cotidianos. Su poemario Crónicas en gris se
reparte entre la certidumbre metafísica y la incisiva crítica de
su tiempo, que no le impide seguir celebrando la tierra, y apelando
a sus maestros latinos: Cántale, Horacio, /cántale/ a la sangre
de dioses de la/ parra.
Guillermo
Kaul recoge la tristeza de una época que afrenta lo bello y lo
sagrado tomando un rumbo materialista y depredador. Incluso el
confort, nos dice, es condena del espíritu. Su escritura denuncia
el drástico cambio de costumbres que otorga a su vieja Olivetti el
aspecto de un elemento de museo. En este tiempo cruel, el poeta,
mendigo, es el testigo de otra cultura; también aparece en estas
páginas como un extraviado, o acaso- irónicamente- un equivocado. Nací
para ser/ diálogo/ al viento de lo alto.
Continúa
esta lírica entre nostálgica y crítica en su cuaderno Inexorable,
también del 2000. Aquí aparecen parábolas, e incluso versos
aforísticos que afirman la doctrina del poeta, su conciencia de la
palabra y el propio destino. Deja en estas páginas que las cosas
hablen por él: Por ser criollo a mí me/ condenaron/ a ser por
siempre poste de/ alambrado. Aparecen figuras de la infancia,
impregnadas del espíritu bíblico que alentaba sobre aquella
colonia de alemanes del Volga que lo vio nacer, en Entre Ríos,
donde Festejar el espíritu del / agua/ era sentirse en la/
palabra.
Kaul
tiene el orgullo de ser poeta, y reconoce su temprana marca destinal:
por eso su libro lo tiene como protagonista inexcusable, que se
visualiza a sí mismo: Procónsul fui en tierra/ Americana/ y
arcipreste en el altar del/ águila... la selva por decreto me/
nombraba/ lenguaraz del Orinoco al/ Plata.
Llegamos
a La agonía del albatros, del presente año, para hallarnos
una vez más –y acentuadamente- con la soledad del poeta que se
sabe herido, aunque permanece en vigilia, cultivando la serenidad de
la mirada en medio de la crisis terrible de su tiempo. En esta
imagen expresa la condición del albatros caído: Rojas crónicas
del atardecer/ oceánico/ desde las polémicas de un viento/
náufrago/ mostraban una barca de/ costado/ y en su proa, agonizando
cielos un/ albatros.
El
poeta se confiesa abatido aunque lúcidamente consciente de su
situación. Tal auto-reconocimiento completa el periplo de su
contemplación cósmica, su ejercicio ético y político, su labor
de estudioso y escritor: La tarde mi muerte/ decretaba. Se
abre paso una imagen crística que denuncia su religiosidad
profunda...Hoy me duele la herida del/ costado. Se visualiza
a sí mismo como un árbol: Full-time otrora de árboles y/
pájaros, donde antes: cantaba siempre enamorada/ alondra.
El desamor, la soledad y la proximidad de la muerte se imponen en un
horizonte sombrío que lo conduce a parafrasear un célebre verso de
Virgilio: Oscuros caminamos al país sin retorno de la sombra.
El
poema Naufragio, es una prueba de humor en medio de la caída
del mundo. Kaul canta la sed infinita que ha impulsado los pasos de
su travesía-aventura-vida y sin embargo halla fuerzas para decir,
en líneas que recuerdan al ilustre Quevedo: Por lo mucho que te
he amado/ déjame, vida, que te cante cuando ya sea/ ceniza.
Vuelve su reiterada idea de hombres-islas, la concepción de la
unicidad del hombre propia del personalismo cristiano, cuando dice
en su poema Isla: nací único y no hay quien me reemplace
en la jornada. Como Hölderlin, a quien remite, escribe su hondo
y penetrante poema Para qué mis libros: La
poesía, desde/
niño/ se me impuso con el/ bautismo/ y hoy de la belleza como el
sol el agua y la palabra/ necesito.
Una
serie de 31 sonetos se agrega a este libro pleno, elaborando en la
clásica forma garcilasiana, con algunas irregularidades métricas
propias de su estilo, los temas del yo poético, el amor, la
belleza, la poesía. Se agrupan aquí algunos homenajes y varios
recados familiares en digna convivencia con poemas que profundizan
la temática personal y filosófica del libro, que culmina en
plegaria: Ordenad,
oh Señor, que el viento cese.
Como
todo creador que reflexiona sobre el rigor de los tiempos y la
decadencia de la cultura, Kaul clama por el divorcio del Ser y la
existencia. Pero la poesía, órfica consolación y revelación, es
interrogación que se responde a sí misma. Así su verbo poético,
camino hacia el origen, abre vías de reconciliación entre lo
dividido y separado. Por ello mismo es poético, y se convierte en
morada del Espíritu. (*)
Abeja
Después
de seguir a la
reina
te
vi salir de la
colmena.
Bien
sabías
obrera,
que
faltaba polen y
néctar
Y
fuiste a librar a la
azucena,
al
jazmín, a la rosa recién
princesa.
Y
el cielo te llevo hasta una
palmera.
Su
dictamen era la mejor
sentencia.
Era
la primavera y observó el
poeta
cómo
cada panal era un
poema.
Naufragio
Para
que fuese mía,
toda
mía,
ciudadano me hice de la
aurora.
Y
salí siendo
estrofa
de
un poema con términos de
ola.
Y
capitanes le rime a la
alcoba
para
que la trataran con
alfombra.
Y
le dicté a la selva en su
memoria
mi
diccionario de ventana roja.
Y
oficie en la noche con
estola
porque
así ella se sintiera
novia.
Y
le alquilé a la
Osa
Mayor
las siete estrellas por
corona.
Y
por si acaso se sintiera
sola
le
encomendé al Lucero alguna
copia.
Y
quise continuar,
pero
mi
estrofa
zozobró
ante el prodigio de una
rosa.
Búscame
Búscame
donde creas que haya
muerto.
Búscame
en los andenes del
viento.
Búscame
en las islas del
boyero
donde
la soledad es verde
templo.
Búscame
en el
monasterio
de
la rosa y de todos los adverbios.
Búscame
en la cumbre del
silencio
donde
el existir es
eterno.
Búscame
en el lunes del
deseo
y
en los preámbulos del
océano.
Búscame
en los certámenes de
enero
y
en los capítulos olvidados del
desierto.
Búscame
donde creas que haya
muerto
pero
búscame callado en cada verso.
(*) Fuente: Graciela Maturo, "La poesía en tiempos de indigencia. Acerca
de La agonía del albatros de Guillermo Kaul Grünwald, 2001",
publicado en el diario Los Ándes de Mendoza en 2001.