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LA POESÍA EN TIEMPOS DE INDIGENCIA

Acerca de La agonía del albatros de Guillermo Kaul Grünwald, 2001.

Por Graciela Maturo   

 

 Guillermo Kaul Grünwald

  

    Graciela Maturo, poeta y ensayista, profesora universitaria, estudiosa de las letras, homenajea aquí a uno de los poetas que laten dentro de la Argentina invisible, plena de voces profundas pocos escuchadas: Guillermo Kaul Grünwald, profesor de Letras en la Universidad de Cuyo. Maturo recorre las significaciones de La agonía del albatros (2001), quinto tomo de poesía del poeta mendocino. Maturo, hace evidente que, en la obra poética de Grünwald, como "todo creador que reflexiona sobre el rigor de los tiempos y la decadencia de la cultura, Kaul clama por el divorcio del Ser y la existencia. Pero la poesía, órfica consolación y revelación, es interrogación que se responde a sí misma. Así su verbo poético, camino hacia el origen, abre vías de reconciliación entre lo dividido y separado". 

  Como todo auténtico poeta, Kaul frota palabras para re-unir las ágatas. Que resplandecen en lo que vive.

E.I 

 

LA POESÍA EN TIEMPOS DE INDIGENCIA

Acerca de La agonía del albatros de Guillermo Kaul Grünwald, 2001.

Por Graciela Maturo

    A Mendoza, tierra de artistas y poetas, llegaron también algunos poetas que le ofrendaron su labor, enriqueciéndose con su luz, su gente y su paisaje. Entre ellos se encuentra Guillermo Kaul Grünwald, uno de los primeros amigos y profesores que conocí en Mendoza, antes de promediar el siglo XX. Cuando incluí uno de sus libros de poesía en la colección Azor, que publicábamos con el generoso auspicio de don Gildo d’ Accurzzio, no pensaba que mi maestro de letras latinas e iberoamericanas en la Universidad de Cuyo llegaría a darnos tan proficua y valiosa obra de poesía, que desde entonces se ha concretado en diversos ciclos, sin interrupción.

En su fecunda madurez, Guillermo Kaul Grünwald nos ofrece su quinto tomo de poesía, dentro de la recopilación de su obra en 5 tomos, iniciada en 1998. Bajo la metáfora baudeleriana del albatros que muere, se ampara una suma de significaciones. La primera que surge es desde luego la autobiográfica, que presenta al autor en la meseta de su vida, recordándonos el clásico tópico del campesino que regresa al hogar después de la jornada cumplida. Todavía le aguardan a Kaul muchos días de vigorosa y lúcida existencia, pero es innegable que hoy contempla su vida desde el término de la llegada, y mide con sabiduría y madurez su propia labor. Pero asoma otra significación de esta figura metafórica del albatros, y es la imagen del artista en un mundo que ha decretado su extinción, idea que vemos planear sobre cada página de este libro. Tal el doble eje que amalgama sus poemas, la autobiografía del poeta, y la misión salvífica del arte en tiempos de crisis de la civilización occidental. Un tercer tema se une indisolublemente a ellos y es el destino augural de América, que si bien pertenece a la órbita de Occidente no se ciñe totalmente a ella, guardando en sí los gérmenes de un impredecible futuro.

Discípulo de Irineo F. Cruz, Guillermo Kaul Grünwald, se formó en la inagotable lección de los clásicos. En su obra confluyen el saber del filólogo, la compenetración de los textos latinos que expuso en años memorables (cuando era nuestro profesor en la Universidad de Cuyo) y su honda experiencia creadora que ha cristalizado en una modalidad propia e inconfundible.

Este libro es ejemplo de una sabiduría que a veces se comunica en forma didáctica. En él alternan los tonos del lirismo, la reflexión e incluso el humor, en un amplio registro de formas expresivas. Puede observarse como tendencia del lenguaje que sus imágenes entrecruzan permanentemente el ámbito natural, fuente de todo poetizar antiguo o moderno, y el ámbito intelectual, filológico, gramatical, en expresiones como idea vegetal, perfumada letra, etc. Su espectro lingüístico abarca desde cierto latinismo sintáctico, que lo ha marcado, hasta formas populares y prosaicas que nos remontan a uno de sus innegables maestros, el Lugones de las Odas Seculares.

Kaul aborda un léxico variadamente coloquial, rural, técnico, filológico, a menudo litúrgico, para expresar una suma de temas que giran alrededor de la soledad del poeta. Visualiza con claridad su destierro en la sociedad moderna, y desde allí proclama su fidelidad al amor y la belleza, acompañada de una fuerte crítica a la invasión de los objetos y el creciente sinsentido.

Son celebrantes y aéreos, con la gracia de la poesía anacreóntica, los primeros poemas: Alcánzame tu báculo (1998), cuyos núcleos son el amor, la amistad y el vino compartido. La interrogación lírica del poeta se tiñe de un tenue dramatismo que no destruye la sensación de armonía. Asoma la autoreferencia que permanecerá a lo largo de todo el libro, constituyendo su rasgo más saliente. El autor se configura como mendigo, pero también como marqués del infinito; despliega su poética (30-33), afirma una teoría del arte como salvación, incluye una filosofía del amor (37). Prosiguiendo sus juegos de ritmos y rima, que se prestan a la flexibilidad métrica, se abre el segundo poemario Espacios Líricos (1999), que encauza la celebración hacia las presencias femeninas que pueblan la vida del poeta; algunas de ellas se concretan en figuras próximas, otras son presencias fugaces, imaginarias, mitológicas. Identificándose con Ovidio, Dante y Petrarca, Kaul pide a Dios un corazón/ de todo enamorado.

El elogio de la mujer y el amor preside este libro del que tomamos un bello ejemplo: Búscame (ver recuadro). Del mismo año 99 es el poemario siguiente Danza que te danza, que acentúa los tonos éticos y didácticos del humanismo cristiano, que se refleja en símbolos como el de la cena. Su lección es mirar hacia delante, desplegar la poesía, y en general las artes, como vida espiritual. La mirada poética, tendida hacia la vida recorrida, convoca escenarios de su vida pasada como la selva misionera y su cultura, simbolizada por el arpa: Me dicen que el pai jesuita con el /arpa/ bíblica la selva/ inaugurada. ...Arpa guaraní/ novia mía paraguaya/ te llevo entre las orquídeas de mi/ alma (del poema Arpa)

Ya en otros comentarios sobre la lírica de Kaul he señalado la originalidad de su verbo sincopado, esa dicción cortada, que acaso haya incorporado desde el habla guaraní que frecuentó en la Mesopotamia. Su poesía, de esencia mística como lo es toda participación en el Ser, incorpora tiradas narrativas y expositivas que no rehuyen lo humorístico y cotidiano del vivir. Construye una memoria vital que se apoya en la identidad del sujeto, en constante búsqueda de equilibrio entre la danza, espíritu dionisiaco, y la reflexión, apolínea: Danza que te danza en la/ ribera/ del río femenina la/ palmera/ develándole imágenes al/ poeta. Esa memoria trabaja en figuras metafóricas, mitos, y recuerdos que han sido abarcados en el nivel arquetípico: se ve a sí mismo en función salvívica y sacerdotal: diácono en el misal del / águila/ le extendí pasaportes de nieve a la/ montaña (Regreso). La autodefinición del poeta se extiende a todo el libro, en figuras que conforman un itinerario llameante, acompañado de una clara conciencia de la misión revelatoria del arte: Amé el viento del/ pájaro/ litúrgico como el/ palacio/ en rosa del/ lapacho. Kaul pide a su juez condéname por lo que no he cantado.

La poesía escrita en el año 2000 aparece señalada por la presencia de la muerte y el despojamiento propio de una despedida. El poeta expresa su sentir a través de modos elusivos, haciendo hablar a seres y objetos cotidianos. Su poemario Crónicas en gris se reparte entre la certidumbre metafísica y la incisiva crítica de su tiempo, que no le impide seguir celebrando la tierra, y apelando a sus maestros latinos: Cántale, Horacio, /cántale/ a la sangre de dioses de la/ parra.

Guillermo Kaul recoge la tristeza de una época que afrenta lo bello y lo sagrado tomando un rumbo materialista y depredador. Incluso el confort, nos dice, es condena del espíritu. Su escritura denuncia el drástico cambio de costumbres que otorga a su vieja Olivetti el aspecto de un elemento de museo. En este tiempo cruel, el poeta, mendigo, es el testigo de otra cultura; también aparece en estas páginas como un extraviado, o acaso- irónicamente- un equivocado. Nací para ser/ diálogo/ al viento de lo alto.

Continúa esta lírica entre nostálgica y crítica en su cuaderno Inexorable, también del 2000. Aquí aparecen parábolas, e incluso versos aforísticos que afirman la doctrina del poeta, su conciencia de la palabra y el propio destino. Deja en estas páginas que las cosas hablen por él: Por ser criollo a mí me/ condenaron/ a ser por siempre poste de/ alambrado. Aparecen figuras de la infancia, impregnadas del espíritu bíblico que alentaba sobre aquella colonia de alemanes del Volga que lo vio nacer, en Entre Ríos, donde Festejar el espíritu del / agua/ era sentirse en la/ palabra.

Kaul tiene el orgullo de ser poeta, y reconoce su temprana marca destinal: por eso su libro lo tiene como protagonista inexcusable, que se visualiza a sí mismo: Procónsul fui en tierra/ Americana/ y arcipreste en el altar del/ águila... la selva por decreto me/ nombraba/ lenguaraz del Orinoco al/ Plata.

Llegamos a La agonía del albatros, del presente año, para hallarnos una vez más –y acentuadamente- con la soledad del poeta que se sabe herido, aunque permanece en vigilia, cultivando la serenidad de la mirada en medio de la crisis terrible de su tiempo. En esta imagen expresa la condición del albatros caído: Rojas crónicas del atardecer/ oceánico/ desde las polémicas de un viento/ náufrago/ mostraban una barca de/ costado/ y en su proa, agonizando cielos un/ albatros.

El poeta se confiesa abatido aunque lúcidamente consciente de su situación. Tal auto-reconocimiento completa el periplo de su contemplación cósmica, su ejercicio ético y político, su labor de estudioso y escritor: La tarde mi muerte/ decretaba. Se abre paso una imagen crística que denuncia su religiosidad profunda...Hoy me duele la herida del/ costado. Se visualiza a sí mismo como un árbol: Full-time otrora de árboles y/ pájaros, donde antes: cantaba siempre enamorada/ alondra. El desamor, la soledad y la proximidad de la muerte se imponen en un horizonte sombrío que lo conduce a parafrasear un célebre verso de Virgilio: Oscuros caminamos al país sin retorno de la sombra.

El poema Naufragio, es una prueba de humor en medio de la caída del mundo. Kaul canta la sed infinita que ha impulsado los pasos de su travesía-aventura-vida y sin embargo halla fuerzas para decir, en líneas que recuerdan al ilustre Quevedo: Por lo mucho que te he amado/ déjame, vida, que te cante cuando ya sea/ ceniza. Vuelve su reiterada idea de hombres-islas, la concepción de la unicidad del hombre propia del personalismo cristiano, cuando dice en su poema Isla: nací único y no hay quien me reemplace en la jornada. Como Hölderlin, a quien remite, escribe su hondo y penetrante poema Para qué mis libros: La poesía, desde/ niño/ se me impuso con el/ bautismo/ y hoy de la belleza como el sol el agua y la palabra/ necesito.

Una serie de 31 sonetos se agrega a este libro pleno, elaborando en la clásica forma garcilasiana, con algunas irregularidades métricas propias de su estilo, los temas del yo poético, el amor, la belleza, la poesía. Se agrupan aquí algunos homenajes y varios recados familiares en digna convivencia con poemas que profundizan la temática personal y filosófica del libro, que culmina en plegaria: Ordenad, oh Señor, que el viento cese.

Como todo creador que reflexiona sobre el rigor de los tiempos y la decadencia de la cultura, Kaul clama por el divorcio del Ser y la existencia. Pero la poesía, órfica consolación y revelación, es interrogación que se responde a sí misma. Así su verbo poético, camino hacia el origen, abre vías de reconciliación entre lo dividido y separado. Por ello mismo es poético, y se convierte en morada del Espíritu. (*)

 

Abeja

Después de seguir a la

reina

te vi salir de la

colmena.

Bien sabías

obrera,

que faltaba polen y

néctar

Y fuiste a librar a la

azucena,

al jazmín, a la rosa recién

princesa.

Y el cielo te llevo hasta una

palmera.

Su dictamen era la mejor

sentencia.

Era la primavera y observó el

poeta

cómo cada panal era un

poema.

 

Naufragio

Para que fuese mía,

toda

mía, ciudadano me hice de la

aurora.

Y salí siendo

estrofa

de un poema con términos de

ola.

Y capitanes le rime a la

alcoba

para que la trataran con

alfombra.

Y le dicté a la selva en su

memoria

mi diccionario de ventana roja.

Y oficie en la noche con

estola

porque así ella se sintiera

novia.

Y le alquilé a la

Osa

Mayor las siete estrellas por

corona.

Y por si acaso se sintiera

sola

le encomendé al Lucero alguna

copia.

Y quise continuar,

pero mi

estrofa

zozobró ante el prodigio de una

rosa.

 

Búscame

Búscame donde creas que haya

muerto.

Búscame en los andenes del

viento.

Búscame en las islas del

boyero

donde la soledad es verde

templo.

Búscame en el

monasterio

de la rosa y de todos los adverbios.

Búscame en la cumbre del

silencio

donde el existir es

eterno.

Búscame en el lunes del

deseo

y en los preámbulos del

océano.

Búscame en los certámenes de

enero

y en los capítulos olvidados del

desierto.

Búscame donde creas que haya

muerto

pero búscame callado en cada verso.

(*) Fuente: Graciela Maturo, "La poesía en tiempos de indigencia. Acerca de La agonía del albatros de Guillermo Kaul Grünwald, 2001", publicado en el diario Los Ándes de Mendoza en 2001.

 

 

 

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