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SOBRE EL CUENTO
DE HADAS
Por J.R.R.Tolkien
Tolkien: heraldo de
la imaginación mágica. La inmensa comunidad de los
lectores de El señor de los Anillos
conoce y se deleita con la obra estrictamente ficcional
de Tolkien. Por ende, poca atención suele otorgársele
a sus ensayos. A su ensayo quizá fundamental: Sobre
el cuento de Hadas. Aquí, Tolkien resume su estética
literaria. La fantasía literaria como asombrada percepción
del fulgor primario de las cosas. Desde el cuento
de hadas hasta el fantasy moderno, lo fantástico
es "creación o vislumbre de otros mundos"
que continúan la creación primaria, de un Mundo Primario
procedente de un artista divino. El inventor de relatos
fantásticos imita el impulso de su creador, el artista
primario. Y a través de su arte fantástico, consigue
"limpiar los cristales de nuestras ventanas para
que las cosas que alcanzamos a ver queden libres de
la monotonía del empañado cotidiano o familiar; y
de nuestro afán de posesión". Acompañaremos entonces
la intuición tolkeniana de lo fantástico a través
de uno de los momentos fundamentales de su ensayo
Sobre El cuento de Hadas que nació como conferencia
dictada por Tolkien en la University of St. Andrews,
en 1938. Y cuya versión completa en castellano fue
publicada en Árbol y hoja, y La crítica
y los monstruos, ambas de Editorial Minotauro.
Aquí presentamos una versión abreviada del fundamental
ensayo del autor de El Silmarillion, por lo
que recomendamos su lectura completa en cualquiera
de las ediciones arriba mencionadas. En esta versión
reducida interpolamos subtítulos que no corresponden
al original; en esta versión, también, queda fuera
el tema cumbre de la reflexión de Tolkien: la eucatástrofe,
la "buena catástrofe", un gozo superior
inducido por el cuento de hadas; un "Gozo que
los límites de este mundo no encierran y que es penetrante
como el sufrimiento mismo". En el comienzo del
ensayo, Tolkien destaca que el cuento de hadas no
involucra "lo sobrenatural" sino que
es la expresión "natural" de la realidad
concebida como territorio de invención y fantasía.
Esta intuición inicial es ahondada en el segundo momento
"Cuentos de hadas y fantasy"; luego, el
creador de El Hobbit medita en la construcción
de la percepción fantástica de lo real por medio de
la invención del adjetivo. Poder decir del cielo no
"cielo azul" (el que se ve), sino "cielo
verde", por ejemplo, es el gran hechizo, el encantamiento
por excelencia de la Tierra de Fantasía que el lenguaje
puede verter sobre la naturaleza. La creación artística,
el cuento de hadas, las invenciones fantásticas como
expresión de lo creador son la fuerza que labra un
Mundo Secundario, un mundo segundo que se erige sobre
el Mundo Primario, la realidad anterior al hombre
inventada, creada, por el artista divino, el primer
creador. En "La fantasía y la subcreación",
Tolkien explora la condición subcreadora del artista
humano, inventor de relatos fantásticos. La recuperación
del hechizo mágico del País de Fantasía asegura "la
renovación y la restauración de una visión prístina
de la realidad". La brisa de la alborada mágica.
Que, otra vez, esmalta de frescor la senda humana.
E.I
SOBRE EL CUENTO
DE HADAS
Por
J.R.R.Tolkien
Mi propósito es
hablar de los cuentos de hadas, aunque bien sé que
ésta es una empresa arriesgada. Fantasía es una tierra
peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras
para los temerarios. Y de temerario se me puede tildar,
porque, aunque he sido un aficionado a tales cuentos
desde que aprendí a leer y en ocasiones les he dedicado
mis lucubraciones, no los he estudiado, en cambio,
como profesional. Apenas si en esa tierra he sido
algo más que un explorador sin rumbo (o un intruso),
lleno de asombro, pero no de preparación. Ancho, alto
y profundo es el reino de los cuentos de hadas y lleno
todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de
bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables
estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre
presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son
afiladas como espadas. Tal vez un hombre pueda sentirse
dichoso de haber vagado por ese reino, pero su misma
plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero
que desee describirlo. Y mientras está en él le resulta
peligroso hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser
que las puertas se cierren y desaparezcan las llaves.
Hay, con todo, algunos interrogantes que quien ha de hablar de cuentos de hadas espera por fuerza resolver, intenta hacerlo cuando menos, piensen lo que
piensen de su impertinencia los habitantes de Fantasía. Por ejemplo: ¿qué son los cuentos de hadas?,
¿cuál es su origen?, ¿para qué sirven? Trataré de dar contestación a estas preguntas, u ofrecer al menos las
pistas que yo he espigado..., fundamentalmente en los propios cuentos, los pocos que yo conozco de entre
tantos como hay.
¿Qué es un cuento de hadas? En vano acudiréis en este caso al Oxford English
Dictionary. No contiene alusión ninguna a la combinación cuento-hada, y de nada sirve en el tema de las hadas en general. En el
Suplemento, cuento de hadas presenta una primera cita del año 1750, y se constata que su acepción básica es:
a) un cuento sobre hadas o, de forma más general, una leyenda
fantástica; b) un relato irreal e increíble, y c) una falsedad.
Las dos últimas acepciones, como es lógico, harían mi tema desesperadamente extenso. Pero la
primera se queda demasiado corta. No demasiado corta para un ensayo, pues su amplitud ocuparía varios libros, sino para cubrir el uso real de la palabra. Y lo es en
particular si aceptamos la definición de que las hadas que da el
lexicógrafo: «Seres sobrenaturales de tamaño diminuto, que la creencia popular supone poseedores de poderes
mágicos y con gran influencia para el bien o para el mal sobre asuntos
humanos».
Sobrenatural es una palabra peligrosa y ardua en cualquiera de sus sentidos, los más amplios o
los más reducidos, y es difícil aplicarla a las hadas, a menos que sobre se tome meramente como prefijo
superlativo. Porque es el hombre, en contraste, quien es sobrenatural (y a
menudo de talla reducida), mientras que ellas son naturales, muchísimos más
naturales que él. Tal es su sino. El camino que lleva a la tierra de las
hadas no es el del Cielo; ni siquiera, imagino, el del Infierno, a pesar de
que algunos han sostenido que puede llevar indirectamente a él, como diezmo
que se paga al Diablo. (1)
EL
CUENTO DE HADAS Y FANTASÍA
... La mayor
parte de los buenos cuentos de hadas trataban de las aventuras de los hombres en el País
Peligroso o en sus oscuras fronteras. Y es natural que así sea; pues si los elfos son reales y de verdad existen con independencia de nuestros cuentos sobre ellos,
entonces también resulta cierto que los elfos no se preocupan básicamente de nosotros, ni nosotros de
ellos. Nuestros destinos discurren por sendas distintas y rara voz se cruzan. Incluso en las fronteras mismas de Fantasía
sólo los encontraremos en alguna casual encrucijada de caminos.
La definición de un cuento de hadas
-qué es o qué debiera ser- no depende, pues, de ninguna definición ni de ningún relato histórico de elfos o de hadas, sino de la naturaleza de Fantasía: el Reino Peligroso
mismo y
que sopla en ese país. No intentaré definir tal cosa, ni describirla
por vía directa. No hay forma de hacerlo. Fantasía no puede quedar
atrapada en una red de palabras; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible,
aunque no imperceptible. Consta de muchos elementos diferentes, pero el análisis no
lleva necesariamente a descubrir el secreto del conjunto. Confío, sin embargo, que lo que después he de decir
sobre los otros interrogantes suministrará algunos atisbos de la visión imperfecta que yo tengo de
Fantasía. Por ahora, sólo diré que un cuento de hadas es aquel que alude a
hace uso de Fantasía, cualquiera que sea su finalidad primera: la sátira, la
aventura, la enseñanza moral, la ilusión. La misma Fantasía puede tal vez
traducirse, con mucho tino, por Magia, pero es una magia de talante y poder
peculiares, en el polo opuesto a los vulgares recursos del mago laborioso y
técnico.
Hay una salvedad: lo único de lo que no hay que burlarse, si alguna burla hay en el cuento, es la misma magia. Se la ha de tomar en serio en el relato, y no se la ha de poner en solfa ni se la ha de justificar. El poema medieval
Sir Gawain and the Green Knight es un ejemplo admirable de
ello. (2)
LA
MÁGICA INVENCIÓN DEL ADJETIVO
...La mente humana, dotada de los poderes de generalización y abstracción, no sólo ve hierba verde, diferenciándola de otras
cosas ( y hallándola agradable a la vista), sino que ve que es verde,
además de verla como hierba. Qué poderosa, qué estimulante para la misma facultad
que lo produjo fue la invención del adjetivo: no hay en fantasía hechizo ni encantamiento más poderoso. Y no ha de
sorprendernos: podría ciertamente decirse que tales hechizos sólo son una perspectiva diferente del adjetivo, una parte de la oración en una
gramática mítica. La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo,
inmóvil y veloz también concibió la noción de la magia que haría
ligeras y aptas para el vuelo las cosas pesadas, que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca
inmóvil en veloz arroyo. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos, inevitablemente. Si de la
hierba podemos abstraer lo verde, del cielo lo azul y de la sangre lo rojo, es que disponemos ya del poder del encantador. A cierto nivel. Y nace el deseo de esgrimir ese poder en el mundo exterior a nuestras mentes. De
aquí no se deduce que vayamos a usar bien de ese poder en un nivel determinado; podemos poner un
Verde horrendo en el rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille una extraña y temible luna azul; o podemos hacer que los bosques se
pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos de oro; y podemos poner ardiente fuego en el vientre del helado saurio. Y con tal
"fantasía" que así se la denomina, se crean nuevas formas. Es el
inicio de Fantasía. El Hombre se convierte en subcreador.
Así, el poder esencial de Fantasía es hacer inmediatamente efectivas a voluntad las visiones
"fantásticas". No todas son hermosas, ni incluso ejemplares; no al
menos las fantasías del Hombre caído. Y con su propia mancha ha mancillado a
los elfos, que sí tienen ese poder real o imaginario. En mi opinión, se tiene muy poco en cuenta este aspecto de
la "mitología" -subcreación más que representación o que
interpretación simbólica de las bellezas y los terrores del mundo-. (3)
EN
EL MUNDO SECUNDARIO
...Naturalmente que los niños son capaces de una fe literaria
cuando el arte del escritor de cuentos es lo bastante bueno como para producirla. A esa condición
de la mente se la ha denominado "voluntaria suspensión de la
incredulidad". Más no parece que ésa sea una buena definición de lo que
ocurre. Lo que en verdad sucede es que el inventor de cuentos demuestra ser un
atinado "sub-creador". Construye un Mundo Secundario en el que
tu mente puede entrar. Dentro de él, lo que se relata es "verdad": está en consonancia con las
leyes de ese mundo. Crees en él, pues, mientras estás, por así decirlo, dentro de él. Cuando surge la incredulidad,
el hechizo se quiebra; ha fallado la magia, o más bien el arte. Y vuelve a situarte en el Mundo Primario,
contemplando desde fuera el pequeño Mundo Secundario que no cuajó. Si por
benevolencia o por las circunstancias te ves obligado a seguir en él, entonces
habrás de dejar suspensa la incredulidad (o sofocarla); porque si no, ni tus ojos ni tus oídos lo
soportarán. Pero esta interrupción de la incredulidad sólo es un sucedáneo
de la actitud auténtica, un subterfugio del que echamos mano cuando condescendemos con
juegos e imaginaciones, o cuando (con mayor o menor buena gana) tratamos de
hallar posibles valores en la manifestación de un arte a nuestro juicio
fallido. (4)
LA
FANTASÍA Y LA SUBCREACIÓN
... La mente del hombre tiene capacidad para formar imágenes de cosas
que no están de hecho presentes. La facultad de concebir imágenes recibe o
recibió el nombre lógico de Imaginación. Pero en los últimos tiempos y en el
lenguaje especializado, no en el de todos los días, se ha venido considerando
a la Imaginación como algo superior a la mera formación de imágenes, adscrito
al campo operacional de lo Fantasioso, forma reducida y peyorativa del viejo
término Fantasía; se está haciendo, pues, un intento para reducir, yo
diría que de forma inadecuada, la Imaginación al "poder de otorgar a las
criaturas de ficción la consistencia interna de la realidad".
... El
logro de la expresión que proporciona (o al menos así lo parece) "la consistencia interna de la
realidad" es ciertamente otra cosa, otro aspecto, que necesita un
nombre distinto: el de Arte, el eslabón operacional entre la Imaginación y el resultado
final, la Sub-creación. Para el fin que ahora me propongo preciso de un término que sea capaz de abarcar a la vez el mismísimo Arte Sub-creativo y la cualidad de sorpresa y asombro expositivos que se derivan de la imagen: una cualidad esencial en los cuentos de
hadas.
Me propongo, pues, arrogarme los poderes de Humpty-Dumpty y usar de la Fantasía con ese
propósito; es decir, con la intención de combinar su uso más tradicional y elevado (equivalente a Imaginación) con las nociones derivadas de
"irrealidad" (o sea, disimilitud con el Mundo Primario) y liberación de la esclavitud
del "hecho" observado; la noción, en pocas palabras, de lo fantástico.
Soy consciente, y con gozo, de los nexos etimológicos y semánticos entre la
fantasía y las imágenes de cosas que no sólo "no están realmente presentes", sino que con toda certeza no vamos a poder encontrar
en nuestro mundo primario, o que en términos generales creemos imposibles de encontrar.
Pero, aun admitiendo esto, no puedo aceptar un tono peyorativo. Que sean
imágenes de cosas que no pertenecen al mundo primario (si tal es posible) resulta una
virtud, no un defecto. En este sentido, la fantasía no es, creo yo, una manifestación menor sino más elevada, del Arte, casi su forma más pura, y por ello
-cuando se alcanza la más poderosa.
La fantasía, claro, arranca con una ventaja: la de
domeñar lo inusitado. Pero esta ventaja se ha vuelto en su contra y ha contribuido a su descrédito. A mucha gente le desagrada que la «dominen». Les desagrada
cualquier manipulación del Mundo Primario o de los escasos reflejos del mismo que
les resultan familiares. Confunde, por tanto, estúpida y a veces malintencionadamente
la Fantasía con los Sueños, en los que el Arte no existe, y con los desórdenes
mentales, donde ni siquiera se da un control; y con las visiones y alucinaciones.
...Crear
un Mundo Secundario en el que un sol verde resulte admisible, imponiendo una Creencia Secundaria,
ha de requerir con toda certeza esfuerzo e intelecto, y ha de exigir una habilidad
especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan
arriesgadas. Pero cuando se intentan y alcanzan, nos encontramos ante un raro
logro del Arte: auténtico arte narrativo, fabulación en su estadio primario
y más puro. (5)
FANTASÍA
Y RENOVACIÓN
... La Renovación, que incluye una mejoría y el
retorno de la salud, es un volver a ganar: volver a ganar la visión prístina. No digo
"ver las cosas tal cual son" para no enzarzarme con los filósofos,
si bien podría aventurarme a decir "ver las cosas como se supone o se
suponía que debíamos hacerlo", como objetos ajenos a nosotros. En cualquier caso,
necesitamos limpiar los cristales de nuestras ventanas para que las cosas que alcanzamos a ver queden libres de la monotonía del
empañado cotidiano o familiar; y de nuestro afán de posesión.
...Los
cuentos de hadas, naturalmente, no son el único medio de renovación
o de profilaxis contra el extravío. Basta con la humildad. Y para ellos
en especial, para los humildes, está Mooreeffoc, es decir la Fantasía de
Chesterton. Mooreeffoc es una palabra imaginada, aunque se la pueda ver
escrita en todas la ciudades de este país. Se trata del rótulo "Coffee-room",
pero visto en una puerta de cristal y desde el interior, como Dickens lo viera un oscuro día
londinense. Chesterton lo usó para destacar la originalidad de las cosas
cotidianas cuando se nos ocurre contemplarlas desde un punto de vista diferente
del habitual. La mayoría estaría de acuerdo en que este tipo de fantasía es ya suficiente; y en que siempre
abundarán materiales que la nutran. Pero sólo tiene, creo yo, un poder limitado, por cuanto su única
virtud es la de renovar la frescura de nuestra visión. La palabra Mooreeffoc puede
hacernos comprender de repente que Inglaterra es un país harto extraño, perdido en
cualquier remota edad apenas contemplada por la historia o bien en un
futuro oscuro que sólo con la máquina del tiempo podemos alcanzar; puede
hacernos ver la sorprendente rareza e interés de sus gentes, y sus costumbres y hábitos alimentarios. Pero no
puede lograr más que eso: actuar como un telescopio del tiempo enfocado sobre un solo punto. La
fantasía creativa, por cuanto trata de forma fundamental de hacer algo más
-de recrear algo nuevo-, es capaz de abrir nuestras arcas y dejar volar como
a pájaros enjaulados los objetos allí encerrados. Las gemas todas se tomaran flores o llamas, y
será un aviso de que todo lo que poseíais (o conocíais) era peligroso
y fuerte, y que no estará en realidad verdaderamente encadenado, sino libre e
indómito; sólo vuestro en cuanto que era vosotros mismos. (6)
(1) J.R.R.
Tolkien, Sobre los cuento de Hadas,
Barcelona, Minotauro, 1988, pp.13-15.
(2) Op.cit.,
20-21.
(3) Op.cit.,pp.
33-34.
(4) Op.cit.,pp.
49-50.
(5) Op.cit., pp.
60-62.
(6) Op.cit., pp.
72-73.
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