Charles
Pierre Baudelaire reconoce
a partir de una teorización sobre lo artístico, la
modernidad estética, dando cuenta
por primera vez de la palabra Modernidad. En
Pintor de la Vida moderna,
“Sin duda este hombre, (…), viajando siempre a través del
gran desierto de los hombres, tiene un fin mas elevado que el de
un simple paseante, un fin mas general, otro que el placer fugitivo
de la circunstancia. Busca algo que se nos permitirá llamar la modernidad
(…). Se trata para él, de separar de la moda lo que puede
contener de poético en lo histórico, de extraer lo eterno
de lo transitorio” (BAUDELAIRE, CHARLES).
De
esta forma el poeta parisino consigue nominar aquello que no podía
ser nombrado hasta el momento, convirtiendo lo indecible en decible.
Asimismo,
define en el mismo texto, a la Modernidad como “lo transitorio, lo
fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo
eterno y lo inmutable” (BAUDELAIRE, CHARLES).
Esto
supone un gran problema para el pintor de pintor de
la vida moderna, pues cuando se embarca en la tarea de
retratar el tiempo presente debe reconstruir “lo clásico
eterno en lo transitorio”,
pues allí es donde la Modernidad cobra vida por primera vez.
Esto implica ser un gran observador de la realidad, de lo cotidiano
y tener la capacidad de traducirlo en palabras y metáforas
pobladas de significaciones culturales. Y Baudelaire fue un maestro
en el arte de utilizar las palabras en su máximo esplendor.
El
Poder de la Palabra
El
pronunciamiento de Baudelaire en contra de las tradiciones
literarias de su época, tiene que ver con la necesidad que el autor
tenía de expresar y percibir la realidad de manera mucho más
directa la realidad que a comunicarla en raptos de inspiración y
sentimientos como prescribía el canon romántico.
El
arte moderno de Baudelaire se encuadra en lo que se conoció
como Simbolismo, un
movimiento que planteó una nueva línea lírica en Francia del XIX
y que supuso una ruptura
sustancial con lo propuesto por las tradiciones literarias de la época,
principalmente del Romanticismo. Fueron, además, exponentes de este
movimiento Rimbaud, Verlaine y Mallarmé.
El
poeta parisino simbolista busca expresar la realidad a través de la
palabra, en un uso de esta en su extrema carga simbólica y a
partir de las múltiples imágenes que culturalmente y
literariamente evocan Baudelaire poseía
una extraordinaria habilidad para encontrar la palabra perfecta,
la palabra debía ser considerada “como un síntoma del gusto por
el ideal”.
Su
poética es mucho menos emocional que intelectual, admirador de
Balzac, Baudelaire penetra
en sus creaciones en los misterios de los conflictos íntimos,
psicológicos, en la angustia de la que son presos los hombres de la
modernidad.
El
descubrimiento de un nuevo arte
La
escritura de Baudelaire da paso a una etapa literaria que tiene
lugar con la creación del Modernismo.
En pocas palabras, el Modernismo se puede entender bajo la
consigna: hacer de la
propia vida una obra de arte.
Lo que supone un conjunto de ideales estéticos y principios que
deben aplicarse a todas las áreas de la vida, esto incluye tanto el
arte, en todas sus expresiones, como la apariencia personal.
El hombre moderno, entonces, era aquel que se inventaba a sí mismo,
espiritual como físicamente.
Para
Gautier y Baudelaire, el arte no es un medio para lograr algún fin
predeterminado, sino que es un fin en sí mismo. En Francia a
mediados del siglo XIX se desarrolla una teoría estética,
desprovista de cualquier objetivo extrínseco de tipo moral, político,
social o pedagógico, conocida como El Arte por el Arte de la
cual Baudelaire será uno de sus impulsores.
El poeta va en busca de la pureza formal, se opone al
realismo y al utilitarismo de la ética y la estética burguesa. Por
ello, nunca será aceptado
dentro del ámbito consagrado de las artes de su época, hasta será
condenado, luego de la publicación de las Flores
del Mal, por el gobierno francés de ofender la moral pública y
sus versos son juzgados de obscenos.
La
burguesía y la aristocracia gustaban del arte que embelleciese la
realidad, eliminando lo sucio, lo oscuro, lo maligno que acechaba la
propia realidad. No conseguían asimilar la miseria como componente
del arte. Y Baudelaire
deseaba intentaba extraer la belleza del mal, pero no lo hacía con
la intención de hacer el mal. Baudelaire decía haber encontrado
belleza en aquellos lugares que los demás huían, en la decadencia,
en lo putrefacto, en la perfecta miseria.
Baudelaire
no será entendido por los hombres de ideas de su época y
la estética tradicional como tampoco por el público consumidor,
nunca llegará a tener un éxito de masas en vida. Pero, el autor
deseaba ser comprendido y escribe pensando
en aquellos que se le asemejan.
En
referencia con lo obra más conocida de Baudelaire, Las
flores del Mal, Walter Benjamín sostiene que el poeta parisino
prefiere y se dirige a un publico que es como él, al más ingrato.
Baudelaire escribe para los
“lectores a los que la lectura de la lírica pone en
dificultades” (BENJAMIN, WALTER), que prefieren los placeres
sensibles y se entregan al Spleen, a esa melancólica angustia que
anula el interés y la receptividad.
Modernidad
Fantasmagórica
La
narrativa de Baudelaire es un camino hacia los márgenes de la estética
consagrada y puede ser
entendida como el primer gesto de ruptura y el inicio de un nuevo
tipo de escritura critica que pone al descubierto los fantasmas de
la modernidad, y que al mismo tiempo se reencuentra en cada trazo
con sus propias sombras, con los propios espectros.
“El
fantasma es una fuerza oculta que vuelve del pasado para `hacerse
presente´. Que crea una atmósfera, más allá de la trama visible
y lógica de una historia. Que es verdadera, si despierta
sentimientos como leyenda, como literatura espectral. Es decir, como
aquella escritura que se dispone en relación con lo real y a sus
propios fantasmas, que se sitúa en los bordes de lo reconocido,
aceptado, legalizado” (CASULLO, NICOLÁS).
Por
un lado la modernidad se llena de fantasmas, de velos que
obstaculizan la realidad del mundo de la cual Baudelaire, como otros
hombres de letras románticas, anarquistas o comunistas, fueron
testigos y denunciantes. Baudelaire retrató con fantasmagórica
belleza el mundo moderno y sombrío de Paris del 1800, en que las
promesas del iluminismo no fueron cumplidas y en el que el avance de
capitalismo industrial y la ciencia positivista son enfrentadas en
su poética. Para el autor el mundo de valores burgueses es
el mundo de la
mezquindad, el egoísmo,
la mediocridad y el
cinismo. La realidad, entonces, no podía ser descripta como tampoco
percibida exenta de su miseria. Su narrativa
rompe con las tradiciones literarias de su época y despliega en su
escritura nuevas formas de creación poética en donde lo
real y lo irreal, de lo nuevo y lo viejo se entremezclan.
Por
otro lado desde la construcción literaria, la misma imaginación
creadora del autor, como su propia vida, se pueblan de espectros.
Como hombre moderno, su propia vida es vivida en modo poético. Con
apenas 6 años de edad su madre Carolina Archimbaut-Dufays se casa
en segundas nupcias con Jacques Aupick, luego de la muerte de su
padre Joseph François y comienza
la llamada “leyenda negra” que lo tiene como protagonista
y que lo llevará a enfrentarse con sus propios fantasmas,
alimentado por el odio hacia su padrastro y el sentimiento de
abandono por parte de su madre.
Las
Calles Sombrías de la Ciudad
El
proceso de
industrialización tuvo, entre otras consecuencias, grandes
migraciones de campesinos hacia la ciudad lo que conllevó a la
formación de las urbes modernas.
Los hombres de letras del siglo XIX, testigos de este
proceso, encontraron
en la ciudad y sus
habitantes inspiración, dando paso a memorables creaciones.
Baudelaire
es conocido como el poeta de la civilización urbana contemporánea,
como el hombre que caminó y retrató las calles sombrías de Paris
del siglo XIX con gran destreza. Como el hombre que descubre en ese
“arte ciudadano, repetido, el alma, el corazón de una época de
contrastes, de claros oscuros, de miserias suntuosas y miserias de
los arrabales pobres” (CASULLO, NICOLAS; 2006)
Retrata
la vida y las cosas cotidianas de la ciudad moderna de una manera
cruda y descarnada. No pretendía embellecer la ciudad, quería
retirarle los velos impuestos por la estética moderna burguesa y
demostrarle a la burguesía las zonas oscuras en que esta se
descompone, revelando la angustia y la desesperación que acechaba
bajo el poder del capitalismo industrial. Paris moderna era radiante
tanto como caótica, “como una prostituta acatarrada” a la cual
Baudelaire “quiere acariciar como una amante”.
Se
trasluce en sus obras que Baudelaire es
por excelencia un Flaneur, un paseante y observador exquisito
de su ciudad. Goza de sus calles,
las vidrieras y de los cafés,
advierte los cambios en la moda y se deleita con las hermosas
damas que se pierden en el gentío. Así como también conoce los
caminos velados, sus fantasmas, sus miserias. Sin
embargo, de acuerdo con Benjamín, en las obras de Baudelaire
no hay una descripción de la masa ni de la población ni la ciudad.
Aparecen en sus obras los
temas de esa nueva ciudad moderna, la multitud, lo anónimo, los
extraños personajes de la noche como las prostitutas, agobio de la
de la ciudad, la soledad y el
aburrimiento, pero como figuras secretas.
En
el discurrir entre lo diabólico y lo divino que atrae al Flaneur
las prostitutas son una figura recurrente como máxima expresión de
la producción y el consumo de masas que azota al mundo de la metrópolis.
Como mujerzuelas que habitan en esta ciudad de luces opacas, que
pertenece a este mundo sombrío, como parte de la calle y del mundo
mercantil.
Para
el poeta parisino, las masas que desbordaban la ciudad no
eran más que la multitud amorfa de los que pasan, del público de
las calles. La masa
cautiva y paraliza a Baudelaire.
De todas formas, se rinde ante la multitud que lo atrae y lo
convierte en parte de la masa.
Pero en ese mismo gesto en que se convierte en su cómplice
se aparta de ella, la desprecia. “La masa era el velo fluctuante a
través del cual Baudelaire veía París” (BENJAMIN, WALTER).
En complicidad con la masa, Baudelaire se convierte en un
verdadero Flaneur
cuyo verdadero fin de es darle un alma a esa multitud. Como
expresa Benjamín en un poeta errante.
Maldita
Poesía
En
el año 1882 Baudelaire regresa a Paris luego de haber sido enviado,
bajo la presión de su padrastro, a una travesía en barco con la
intención de distanciarlo de los ambientes bohemios y los prostíbulos.
Ya mayor de edad, percibe la herencia paterna y se instala en un
pequeño departamento donde escribe
sus primeros poemas, dejando de una vez y para siempre de esconder
su afán por la escritura.
A
partir de este momento intentó sobrellevar su vida con la venta de
sus poesías y escribiendo críticas artísticas como lo
demandaba el rigor mercantil de la época.
Al igual que las mujerzuelas que frecuentaba su arte se convierte en
una mercancía más. Como un
cortesano, debe resignarse a vender su arte por poco dinero
así como la mujer se transforma en un objeto más de consumo para
la satisfacción de los citadinos.
Baudelaire
dilapida su dinero y la herencia paterna. En vano intenta,
pertenecer al mundo de la alta sociedad. Su mundo será
inevitablemente el de los prostíbulos, la noche, los hospitales y
las prisiones. Irreversiblemente es un Poeta Maldito, abandonado
y sometido, económica
y afectivamente, a una vida más cerca de los bajos fondo.
Desbordado
por los problemas económicos y perseguido por los acreedores. En
1844, su familia lo somete a un consejo judicial y su dinero pasa a
ser administrado por su padrastro, que le entrega una cantidad
trimestral de seiscientos francos, suma que le hubiera permitido
vivir cómodamente sin trabajar. Desamparado, económicamente y
afectivamente, el poeta se somete a una vida signada por el
aislamiento y la privación. Privado de recursos y humillado
trabajará sin descanso en poemas, huirá incesantemente de sus
deudas, recibiendo el refugio de sus amantes.
Las
Fanfarlos de Baudelaire
“El
placer de sorprender y la satisfacción orgullosa de no sorprenderse
nunca”
La
pluma maldita de Baudelaire describe los tiempos modernos como una
suerte de condena a la modernidad. Pero, la hipocresía y la
desilusión frente al mundo burgués del siglo XIX es vivida y
retratada por el poeta sin ningún tipo de “ilusión redencional
de la historia”. Baudelaire actúa de manera distante respecto de
todo y no se siente obligado a hacer nada por ello. El poeta llevó
adelante su vida como un Dandi
que como bien expresa el mismo Baudelaire,
" no hace nada".
El
dandismo nació en el siglo XIX, como una suerte de una nueva religión
entre de aquellos que están conformando las primeras avanzadas
culturales y estéticas a mediados del siglo. Regida por la doctrina
de la elegancia y originalidad.
Desde
el punto de vista ético, es
inutilidad, gratuidad e indiferencia. El dandi es inmutable hacia
todo lo que le rodea, no puede querer cambiar nada porque no cree en
nada, y por tanto no tiene ninguna ambición. Baudelaire no
siente el menor imperativo moral de hacer algo al respecto del mundo
de los valores burgueses, pues renuncia
a cambiar ese mundo, sin ninguna esperanza real de destruirlos o
superarlos. El dandi se rige por leyes que le son propias,
posee una inteligencia sutil respecto de todo el mecanismo moral,
pero aspira a la insensibilidad, moralmente
está más allá
del bien y del mal.
Desde
lo estético el dandi es un
ser extravagante y distinguido que hace de su propia figura,
de su propia identidad la mayor de las obras de arte. Realiza
un constante trabajo sobre su yo, tanto en el plano físico como en
el plano espiritual. Pero esta especie
de “culto de sí mismo” puede a
llegar hasta a la desaparición de la persona física, pues el dandi
se transforma a sí mismo en objeto que se construye, se decora pero
que siempre vuelve al mismo punto de partida: a la pura y simple
afirmación del yo.
El
mundo de lo útil, de las necesidades es completamente ajeno al
universo del dandy que rechaza lo natural y la espontaneidad porque
vulgar. El dandi se aferra a la pereza, el lujo, la moda y las
drogas. Baudelaire
intenta recuperar lo inútil en los gestos aristocrático
de la distinción y el artificio. Según el poeta, el gusto
desmesurado por el vestido y la elegancia son expresiones de la
superioridad aristocrática del espíritu dandi.
"El dandismo es el último destello del heroísmo en las
decadencias" (BAUDELAIRE, CHARLES).
Pero
el dandismo en baudelaire se
puede entender como el
choque entre lo ideal y la realidad de la vida, “…es un
perfil fantasmal pero también un lugar sin demasiados asideros. Un
lugar entre el salón literario burgués y la taberna donde se
congregan literatos, soplones, terroristas, traperos, escritores y
prostitutas. Un lugar entre el mercado del arte y sueños febriles
de la obra magna a cumplir en la soledad y el martirio de la creación”
(CASULLO, NICOLAS; 2006).
De
quien derivan los placeres más enervantes y los dolores más
fecundos
“La
mujer es sin duda una luz, una mirada, una invitación a la
felicidad, a veces una palabra; pero sobre todo, una armonía
general, no solamente en su aspecto y en el movimiento de sus
miembros, sino también en las muselinas, las gases, las amplias y
las tornasoladas nubes de tejidos con los que se envuelve, que son
como los atributos y el pedestal de su divinidad…” (BAUDELAIRE,
CHARLES)
Para
Baudelaire, la mujer ha sido tanto fuente de inspiración como el
germen de su condena. Las despreciaba tanto como las necesitaba.
Fuente de los más duraderos placeres, ser terrible e
incomunicable como Dios, que nada tiene para comunicar, por la quien
se hacen y deshacen las fortunas, para y por quien los artistas
componen sus joyas más delicadas, así ve el poeta a la Mujer.
Gran
parte de sus poemas más oscuros son frutos de sus amores. En honor
a su querida, Jean
Duval, la actriz mulata que estuvo siempre a su lado, escribio
“Sed Non Satiata” en las
Flores del Mal.
“Extraña
deidad, morena como las noches, de perfume donde se mezclan el
almizcle y el tabaco —obra de algún obí, Fausto de la
llanura—, bruja de flancos de ébano, hija de las negras
medianoches, yo prefiero a la constancia, al opio, a las noches, el
elixir de tu boca donde el amor se pavonea. Cuando hacia ti mis
deseos parten en caravana, tus ojos son la cisterna donde beben mis
hastíos. Por esos grandes ojos negros, respiraderos de mi alma, oh
demonio sin piedad, viérteme menos fuego.
En
Consejos a jóvenes literatos,
advierte sobre las mujeres que consideraba “peligrosas para los
hombres de letras: la mujer honesta, la marisabidilla y la actriz.
La primera porque pertenece necesariamente a dos hombres, la segunda
por ser aprendiz del amor y la tercera por interesarse más al público
que al amor” (BAUDELAIRE,
CHARLES; 1981) Es interesante apreciar el caso omiso que el mismo
Baudelaire hace de sus consejos. Pues, a lo largo de su vida tuvo
una seria de relaciones amorosas que se podrían calificar como de
serias relaciones con mujeres de todo tipo, que tuvieron gran
influencia en su poética, pero manifestaba una especial predilección
por las prostitutas.
Charles
Baudelaire era conocido en todo París por sus numerosas aventuras
y como asiduo visitante de prostíbulos. La primer mujer que
se conoce con la cual mantuvo relaciones fue una prostituta judía
del Barrio Latino llamada Sarah, a la que denomina Louchette por su
bizquera, mantuvo con ella una relación estable durante sus años
de estudiante en París. A ella le dedica algunos versos poco
agradables en los que dice, “Una noche que estaba junto a una
horrible judía”. Se presume que el rencor que manifestó sobre
ella en diversos poemas se
debe a que la prostituta lo contagio de sífilis condenándolo a
muerte. Se conoce además que se enamoró de Marie Daubrun, actriz
del teatro de la Porte Saint-Martín. Tuvo con ella una breve
historia de amor, pero tormentosa, consideraba por Baudelaire como
un refugio para huir del pecado. Otra mujer con la que mantuvo una
relación amorosa fue con Madame Aglaé Savatier. La relación
concluyo cuando la mujer intento darle un nuevo sentido y le propuso
a Baudelaire dar el paso hacia el encuentro de sus cuerpos.
Habrá
una mujer sensual y bella, inocente sólo en apariencias, que estará
siempre unida a la vida de Baudelaire y que será fuente de
inspiración para el autor. Una desventurada actriz de un teatro de
mala muerte. Su nombre era Jean Duval, una actriz mulata que
representaba un papel secundario en un vodevil del Teatro Partenon
que el poeta conoce en 1843. A pesar de su vulgaridad y de las
asiduas infidelidades, Baudelaire volverá siempre a ella durante
toda su vida, hasta su muerte.
Pertenecer
al mundo del placer podía significa renunciar hasta la propia vida
Si
bien Baudelaire consideraba a la novela como un género bastardo, en
una carta a su madre le confiesa que se dedicará a este género,
pues las necesidades económicas lo apremiaban y las novelas eran más
cotizadas que las poesías y los poemas. De todas formas, La
Fanfarlo fue la primer y única novela que el poeta escribió a
lo largo de su vida. Escrita en su retorno a Paris, luego del viaje
en barco que su padrastro le había obligado a realizar, y al mundo
de la bohemia y del dandismo en los bajos fondos de París.
Considerada inmoral a los preceptos burgueses, varios editores se
negaron a publicarla hasta que en 1974 fue editada por primera vez.
La
novela, que se supone autobiográfica, cuenta la historia del joven
poeta Samuel Cramer, dandi y bohemio, quien se reencuentra por
casualidad en una plaza con una vieja amiga de la infancia, Madame
de Cosmelly. En un intento por conquistarla promete ayudar a la
joven dama. Haciendo uso de sus dotes de poeta planea una estrategia
para interponerse en el romance que sostiene el marido de esta con
la célebre bailarina Fanfarlo, pensando que tan noble accionar haría
que la Madame no se resistiese a sus encantos. Pero, en sus intentos
por seducir a la Fanfarlo se enamora perdidamente de la artista y,
preso del encantamiento, Samuel cae en su propia trampa y en la
trampa de la irresistible mujer.
Samuel
es complejo y contradictorio, frágil como perezoso y obstinado.
Deliciosamente descrito por el autor y denigrado al mismo tiempo,
“Samuel tiene la frente pura y noble, los ojos brillantes como dos
gotas de café (…). A la vez es un completo holgazán, un
ambicioso triste y un ilustre desdichado…” (BAUDELAIRE, CHARLES;
1994). Condenado al
fracaso económico frente al gusto literario burgués.
Así como Baudelaire fue despreciado e incomprendido por su
arte, de la misma forma Samuel espanta a Madame Cosmelly con su obra
lúgubre obra Las Osífragas.
Las
similitudes físicas, psicológicas, profesionales y en su
relación con las mujeres entre Baudelaire y Samuel
hacen pensar que La Fanfarlo
es casi una parodia de su propia vida. En ciertos pasajes los
personajes se confunden, esto llega a tal punto que cuando
Baudelaire habla en primera persona, a veces, se tiene la impresión
de que es Samuel Cramer quien esta relatando; en otros casos su voz
es confundida con la del mismísimo Baudelaire.
Asimismo, en el Sr. Cosmelly, también se pueden encontrar
rastros de Baudelaire que como muy dandi era extremadamente generoso
con sus amigos, elegante y
dedicado de lleno a los asuntos inútiles de la vida.
Encarnado
en la figura de Samuel Cramer, Baudelaire, recrea su propia historia
de vida. El poeta odiaba a su padrastro con vehemencia, mientras
deseaba tener cerca de su madre, que despreciaba su estilo de vida.
Así como Samuel, añoraba los tiempos de la infancia. Además,
ambos manifiestan ser hombres gustoso del los paraísos
artificiales y de las relaciones con mujeres, sobre todo con
prostitutas. Apasionado de las letras, hacían suyas las obras de
los hombres a quienes admiraban y vivían en consecuencia. Amantes
de la pereza y de las empresas destinadas al fracaso. Ambos:
Flaneur y dandi por excelencia. La
Fanfarlo es
considera como la obra del dandismo, el máximo culto del yo, en la
que Baudelaire se retrata sí mismo como un dandy encarnado en el
personaje del poeta Samuel Cramer, interpretado como un "yoísta"
a todo nivel.
Desde
el inicio la obra, Samuel casi como un antihéroe deja entrever su
debilidad, perfectamente revelada por ambas mujeres. Por un lado,
Madame Cosmelly lo utiliza para sus propios propósitos, por el otro
la Fanfarlo advierte en él el engaño del cual ha sido presa y
despliega contra su persona el más terrible de los castigos.
Ambas
mujeres consiguen manejar a su antojo los designios del poeta.
Madame Cosmelly es una vieja amiga de su infancia, de los años
dorados de Samuel en Lyon. Para Baudelaire, su infancia también
fueron los años más dulces, en una carta a su madre recuerda
aquella época “como la época feliz de las caricias
maternales”. En
primer momento, Samuel está dispuesto, en su deseo por conquistar a
Madame Cosmelly, a embarcarse en su destino y su condena. La
Madame logra convencer al poeta con las armas que toda mujer honesta
posee: la ignorancia pudorosa, el sollozo, la delicadeza, la
impotencia. Herida por el engaño, hace uso de sus modales delicados
e invoca a la moral burguesa como pretexto para recuperar a su
marido que la había abandonado por que, en de acuerdo con su mujer:
“ella lo había amado demasiado y el se había aburrido”.
La
Fanfarlo, por su parte, es la encarnación de la belleza corporal,
voluptuosa y vulgar.
Es la perdición de
Samuel, así como cada mujer fue a lo largo de la vida de Baudelaire
adorada y despreciada. Aun, Jeane Duval fue objeto de su amor como
de su desprecio. En la
novela la bailarina no tiene nombre real, es una mujer, “una
divinidad que preside todas las concepciones del cerebro masculino.
Es una especie de ídolo entupido encantador y deslumbrante que
sostiene los destinos y las miradas pendientes de sus miradas. Es
una reverberación de todas las gracias de la naturaleza condensadas
en un solo ser” (BAUDELAIRE, CHARLES).
Ella
aparece en escenario como una diosa a la que hay que adorar,
adornada con grandes
vestidos, accesorios y maquillaje pues es su deber, causado por su
divinidad, aparecer como mágica y sobrenatural. Para Baudelaire las
prácticas con la cuales mujeres se embellecen están legitimadas
como forma de consolidar su divinidad y su frágil belleza. Alaba el
talento de la mujer para maquillarse y perfumarse pero las desprecia
porque no disimulan sus instintos primarios:
si la mujer tiene hambre y quiere comer; si en celo, quiere copular.
La mujer es lo contrario del dandy, es natural, por lo tanto
es vulgar y en la naturaleza sólo puede haber crimen sostiene
Baudelaire.
La
bailarina somete a sus encantos al dandi, Samuel se enamora con
locura de Fanfarlo. Baudelaire nos dice que “el amor es la
ocupación natural de los ociosos y que el dandi no tiene el amor
como un fin especial, pues la única
profesión que este ha de cultivar es la idea de lo bello en
su persona que proviene de su inquebrantable resolución de no
emocionarse” (BAUDELAIRE, CHARLES). Samuel quiebra los preceptos
de su religión y se entrega a esta mujer apasionadamente. Se olvida
de su vieja amiga que consigue retornar con
su marido y en un gesto de ingenuidad, hasta se podría decir
como un hecho natural, revela a la Fanfarlo el engaño del cual ha
sido presa. Contrariada y con rencor la bella actriz pone en marcha
su venganza y Samuel es castigado “por donde había pecado: quien
había fingido tantas veces la pasión se vio forzado a
experimentarla: pero no fue el amor tranquilo, sereno y fuerte que
inspiran las muchachas decentes, sino el amor enfermizo de las
cortesanas” (BAUDELAIRE, CHARLES 1994)
En
esta obra de ficción, el poeta deja ver todo lo que en su vida lo
ha perturbado, todo lo que lo agobia y lo ha llevado hasta la
miseria económica y la decepción de sus padres. El desenlace no
debe ser visto como el simple triunfo de los valores y la moral
burguesa. Benjamín explica el proceso de creación en Baudelaire
como un duelo en el cual el artista, antes de sucumbir grita de
espanto. En esta novela el poeta expone sus más íntimos secretos,
se desagarra en sus palabras como si en la expresión de lo más íntimo,
los miedos, la angustia y los traumas lograsen disiparse.
“A
merced del espanto, Baudelaire no deja a su vez de provocarlo” (BENJAMIN,
WALTER).