HISTORIA DE LAS CAMPANAS
El
uso de las campanas para anunciar cualquier acontecimiento
más o menos notable es muy antiguo, pero en la Iglesia comenzaron
a usarse en un tiempo relativamente tardío.
El aviso para los Oficios Divinos, en los primeros siglos, se
hacía de viva voz; parece que existieron unos diáconos, cuyo
nombre era "cursores", que avisaban de casa en casa.
El uso de las campanas aparece en la Iglesia Occidental, en el
siglo VII y en la Oriental, parece que no se usaron antes del
siglo IX, apareciendo las primeras campanas en Santa Sofía de
Constantinopla.
Antes del uso de las campanas, aparecen otros instrumentos de
convocatoria, como son: Tabletas o láminas de madera, golpeándolas
unas contra otras; una barra de metal, bocinas o trompetas
(prescritas por la Regla de San Pacomio para congregar a los
monjes).
Cuando se pusieron en uso las campanas, en un principio, no había
más que una en cada iglesia, multiplicándose posteriormente.
Al crecer el número de campanas, como asimismo el volumen de
las mismas, se vio la necesidad de construir torres para
colocarlas debidamente y para que la sonoridad de las mismas
pudiera esparcirse más.
OFICIO DE LAS CAMPANAS
Las voces de las campanas, fomentan las relaciones espirituales
y nos ayudan sobrenaturalmente recordándonos aquella festividad
que se conmemora o aquella función religiosa que va a
celebrarse; excitan en nosotros sentimiento de tristeza, si
doblan a muertos, o nos dan alegría, si sus repiques recuerdan
alguna efemérides célebre o algún acontecimiento que no debe
pasar desapercibido, o incluso, nos dan a veces la señal de
alarma, por algún peligro que se cierne sobre nosotros.
Da pena, considerando todos estos oficios, saber que en algunas
poblaciones nuestras, no sabemos con qué fines, las campanas
han quedado mudas.
Las campanas son voz de esperanza, voz de consuelo, voz de amor.
En un ritual diocesano antiguo, se nos dice que son como las
trompetas de Dios de los ejércitos, que convocan las milicias
de la cruz al pie de los altares para romper fuego contra el
infierno.
El gran literato Luis Veuillot nos dice que la voz de las
campanas es voz dulcísima de oración, que recorre campos,
trepa las montañas, se cierne sobre los valles, atraviesa los
tupidos bosques, y domina, sobre todo, el ruido humano.
BAUTISMO DE LAS CAMPANAS
Poniendo de manifiesto la importancia de las campanas a la
solemnidad con que se realiza su bautizo, cuyo acto ritual
cumple el Obispo, o su delegado revestido con capa pluvial
blanca, acto que tiene lugar de la manera siguiente: se reza por
quien bendice junto con los otros Ministros asistentes los
Salmos 50, 53, 56, 66, 69, 85 y 129. Se bendice la sal y el agua
con la que se lava la campana; después se seca con un trapo,
rezando los otros Salmos. El Oficiante hace con el pulgar de la
mano derecha sobre la campana una cruz con el aceite de la Santa
Extremaunción; y dice una oración que se refiere a las
trompetas de los hebreos convocadoras del pueblo, y después,
bendice la campana, invocando las virtudes de los metales
fundidos contra los elementos diabólicos y adversos.
Limpia la campana de la cruz hecha; el coro canta la antífona
con el Salmo 28; entre tanto el Oficiante practica siete cruces
con el dedo mojado en aceite en el exterior, y con el Crisma,
cuatro en el interior, diciendo: Sancti ficetur et conse cratur,
Domine, signum istud. In nomine Pa tris, et Fi lii, et Spiritus
Sancti. In honorem Sancti N. Pax tibi. Otra oración
bendicional, esparcimiento por dentro de la campana del humo del
incienso, rezo del Salmo 76 y, por fin, lectura por el diácono
del Evangelio introirit Jesus quoddam castelium del capítulo 10
de San Lucas.
Cuando en los días de Jueves Santo y Viernes Santo, las
campanas enmudecen, tocan para señalar las fiestas o actos del
culto, la matraca, que es una rueda de madera que hay en el
campanario y que al dar vueltas los mazos de madera de que está
compuesta, resuenan como unos timbales destemplados, produciendo
un sonido seco y extraño, que no obstante de sus pequeñas
dimensiones, se percibe el sonido a bastante distancia.
Cuando en un campanario, se coloca una campana nueva bautizada y
apadrinada, era costumbre en aquellos tiempos, que el Señor Deán,
u otro miembro del Cabildo Catedralicio, se trasladara al lugar
de procedencia y con un diapasón medía el sonido de la
mencionada campana, y soplando con dicho instrumento, comprobaba
sus notas nominales.
El diapasón: es un instrumento usado para comprobar el sonido o
nota que ha de producir.
TOQUE DE TEMPESTAD
Se sabe de algunos casos de morir electrocutados los campaneros
o sacerdotes encargados de tocar las campanas en época de
tempestad; por ello ha ido desapareciendo esta costumbre.
En Casa de la Selva, había una costumbre de tocar las campanas
durante las tempestades, costumbre arraigada en otros muchos
lugares con el propósito de espantar las tempestades, hasta que
el Ayuntamiento de dicha población estimó peligrosa dicha práctica
y que la manera de prevenir posibles desgracias consistiría en
dotar las Iglesias de pararrayos, por lo que acordó prohibir el
toque de campanas en caso de tempestad. El Vicario General de
esta diócesis creído que la práctica de tocar las campanas en
las tempestades era piadosa, se levantó contra tal acuerdo que
fue confirmado por el Gobernador Civil de la Provincia; después
recurrió contra el Tribunal del Contencioso administrativo, que
se declaró incompetente para conocer de la demanda; pues las
gestiones de Seguridad e Higiene podían ser objeto de
contencioso.
Esta prohibición fue establecida a la vista de los casos que
habían ocurrido al morir electrocutados los campaneros que se
atrevían a tocar a mal tiempo a causa de caer en el campanario
un rayo.
LAS ULTIMAS CAMPANAS - Una
subterránea lágrima -
La CAMPANOLOGIA, en Huesca, está en trance de desaparecer, pero
lo grave es, que también están a punto de desaparecer los
profesionales de las campanas, los campaneros, llevándose con
ellos el testimonio vivo de su saber y su arte, por fortuna mi
incondicional amigo, y Antropólogo de las campanas, FRANCESC
LLOP I BAYO está rescatando los toques de campanas de Aragón.
Según él, también nos cuenta, que en el extranjero hay
numerosísimos trabajos sobre campanas y una extensa bibliografía,
asociaciones de campanas - de hasta 20.000 afiliados y una
revista semanal, como es el caso de Inglaterra -, en España, en
cambio, no hay hecho casi nada, y segundo, porque queremos saber
cómo ha funcionado este hecho cultural, comunicativo.
- En las campanas hay tres aspectos: El histórico,
inscripciones y archivos; el musical y el aspecto cultural y
Social: Lo urgente es ahora estudiar este último, que es lo que
está desapareciendo.
El problema es que los campaneros están en trance de desaparición.
Ya sólo quedan en todo Aragón unas docenas de personas que
saben tocar las campanas; - la casi totalidad muy mayores -, de
los cuales continúan tocando en la actualidad un pequeño
porcentaje. Lo acuciante es recoger los toques que saben.
El trabajo es urgentísimo "recoger" a todos los
campaneros, no sólo lo que hacen, sino qué técnicas emplean;
las manos, los pies, los codos, subidos a la escalera, encima de
la campana o debajo de ésta desde la calle... y luego, el
resultado que se obtiene con esas técnicas; Qué es lo que toca
y qué significa. El resultado de este enorme esfuerzo será una
monografía de cada sitio y un informe comparativo de todos
ellos, base para la tesis doctoral del mencionado Antropólogo.
Ha sido según él, la colaboración de la grabación, realizada
en unos cuantos días, toques de campanas de unos cuantos
lugares de Aragón y de Valencia para el archivo de música
Digital Tradicional de París, dependiente de la UNESCO.
"Hablando de campanas" el origen en estos momentos, es
muy difícil de establecer. La Campana es un instrumento más
antiguo que el tam-tam ya que trabaja por categorías, que es
una forma anterior de hablar. Funciona por categorías
temporales y sociales.
Hablan de partes del tiempo; así, el toque de media mañana es
a misa, pero también que las mujeres lo dediquen para hacer la
comida y los hombres, paren un rato. Al ser los toques más
largos para adultos que para niños, para ricos que para pobres,
para hombres que para mujeres, éstos reproducen categorías
sociales.
El empleo de la repercusión es muy antiguo. Pero el empleo de
campanas en Europa parece que empieza en el siglo VII; en el
VIII y el noveno se dan normas de toques; pero éstos no se
parecen nada a los de ahora. El Concilio de Trento marca la época
en que se delimita ser los toques en las Catedrales y grandes
parroquias.
- Los toques de campanas son ese medio de comunicación
tradicional que transmite mensajes que la gente escucha y sabe
interpretar; que constituye el tiempo comunitario, marcando
ritmos temporales colectivos; los toques también indican el
espacio donde ocurren cosas importantes para el grupo y asimismo
cierta representación de la estructura Social. Lo religioso y
lo civil están completamente mezclados.
¿Alguna anécdota curiosa? - Sí, por ejemplo, que en Zaragoza,
por Semana Santa, mataban las campanas. Decían que como Dios
estaba muerto las campanas morían también. Las ataban en
posición horizontal y no sonaban hasta el Sábado de Gloria. En
el Pilar mataban incluso a la campana Pilar, que era la que
estaba en el centro. La gente cría que las campanas alejaban
las tormentas. Cuando el Campanero de Ateca toca contra las
tormentas, lo interpretan así:
Tente nublo
tente tú
que Dios puede más que tú.
Si eres agua ven acá.
Si eres piedra vete allá.
El toque contra tormenta solía coincidir con la salida del
cura a esconjurar; si, pese a todo, tronaba mucho, y es que el
cura era mal esconjurador o que el campanero tocaba mal. A veces
decían que el campanero lo hacía mal aposta, porque le pagaban
poco.
En otro lugar había una campana milagrosa y buena, porque una
vez, cuando se cayó, mató al único que no era del pueblo, al
forastero.
¿Y los toques?
- En cada sitio los toques son distintos, y distinta la técnica
y los ritmos. El número de toques valía mucho; desde seis en
los pueblos pequeños hasta pasar de cien en una ciudad grande.
En Aragón no han encontrado toque de alarma. Ni toque para
llamar a los cazadores a que se despierten y salgan (esto lo
hemos oído en Castilla). Tampoco el de dula, que era cuando salía
el pastor comunitario; y eso que la dula es una institución muy
aragonesa, y tuvo que existir ese toque. Ni de compra-venta;
como lo hay en Cataluña. ¡Ni el de llamar a los quintos, como
en Castilla! Pero sí se han encontrado toques de muertos muy
variados; en Alcorisa, había tres toques de muertos: de
tercera, de segunda y el entierro gordo.
Tampoco han sido hallados toques de bodas, de parto, bautizos y
Comuniones. Pero Sender, habla de toques de nacimientos en
Chalamera.
Toques de niño muerto con el bautizo. Por cierto, que a los
toques de niños muertos se les da muchos nombres: mortijuelo,
parvulillo, infantico, retajo, Funeral de Angel y funeral de
Gloria.
- También hay técnicas de campanas muy raras y con toques muy
raros.
Por ejemplo, donde hay sólo dos campanas, como es el caso de
los pueblos pequeños, se repica con una cuerda en cada mana.
Para repicar cuando hay tres campanas, se utilizan tres cuerdas
a cada badajo correspondiente. Cuando hay cuatro campanas, la
cosa es más sencilla porque salen más notas musicales, y
aunque éstas son más complicadas, en el arte de los repiques
de las mismas; porque éstas el campanero tiene que tener
sujetas en ambas manos una cuerda que lleva dos campanas e
igualmente otra, que lleva otras dos, y tocan a su ritmo las
cuatro a la vez. Ahora bien, cuando se trata de voltear las
campanas, eso ya es otra historia; cuando la campana es grande,
intervienen varias personas.
¿Las campanas? - En las ciudades, los campaneros solían
combinar una profesión con otra - como la de zapatero -, que le
permitiese subir a la torre las seis o siete veces que tenían
que hacerlo al día.
En Teruel, los campaneros viven en la torre todavía.
LEYENDA DE CAMPANAS
De todas las campanas famosas, ninguna merece tanta fama como la
de Velilla, villa aragonesa que en otro tiempo formaba parte de
la baronía de Quinto. Otras campanas son célebres por su tamaño,
por su valor o por la distancia a que se oye su tañido; la de
Velilla, es porque tañe sola, o mejor dicho tañía, porque ya
hace siglos que nadie ha visto repetirse el prodigio.
Tan notable campana, perteneciente a la iglesia o ermita de San
Nicolás, dícese que en otro tiempo repicaba por sí sola
siempre que iba a ocurrir alguna desgracia o desventura, lo que
hizo que se le llamase campana del Milagro. Más bien debieron
llamarla de los milagros, puesto que el que indicado queda no
era el único; la tradición supone que esta campana vino
allende los mares, navegando sobre el Ebro, y en la mencionada
iglesia, hay un antiquísimo retablo en el que se ve la campana
pintada en compañía de barcos, siendo objeto de la devoción
de una porción de figuras arrodilladas todas ellas con el traje
godo, lo que hace suponer que la campana existía ya en tiempo
inmemorial. Además, el badajo, en vez de moverse como lo hacen
todas, repica en cruz, primero a oriente, a poniente después,
luego al norte y, por último, a mediodía, señalando así los
cuatro puntos cardinales del mundo; y por si no era éstas
bastantes maravillas, afírmase que el badajo ha crecido algunas
veces hasta más de un palmo, volviendo luego a su primitiva
longitud. Otras muchas cosas se cuentan, que con razón dan fama
a la campana de Velilla, entre ellas, que jamás ha sido posible
detener el badajo mientras estaba repicando, y que en cierta
ocasión, habiéndose acercado a ella para adorarla un familiar
del Santo Oficio, recibió en el rostro tan recio golpe. que cayó
en tierra sin sentido y estuvo con cuartanas todo un año.
Casi innumerables son las veces que un suceso infausto para los
españoles, o cuando menos para los aragoneses, ha sido
anunciado por la famosa campana. La última vez que sonó,
parece que fue el 28 de marzo de 1667, aunque no falta quien
afirma que ha vuelto a repicar en el siglo XVIII y hasta en el
XIX; no hay que decir cuántas y cuáles habrán sido las
extraordinarias hipótesis con que se ha querido explicar el
prodigio; atribuyendo unos a hechicería, otros haber sido
fundida la campana bajo la influencia de alguna constelación
particular, éstos a que en su fundición pudo entrar una de las
monedas en que Judas vendió a su Maestro, aquellos, en fin, a
ensalmo producido por el siguiente verso en ella grabado y
atribuido a la Sibila de Cumas, Christus rex venit in pace, et
Deus homo factus est. Verdad es que no falta tampoco quién crea
que, por lo menos algunas veces, la prodigiosa campana ha
repicado de orden superior, obedeciendo a cualquier designio político.
El reverso de la célebre campana de Velilla lo tenemos en la de
Saint-Gall, fundida por el monje Tancho para Carlomagno. La
campana de Saint-Gall no tañía jamás, y su silencio no tenía
más objeto que castigar una grave falta del fundidor.
Tancho, no pudiendo resistir a la tentación, había hecho una
campana magnífica, pero la plata que debía entrar en su
composición, se la había guardado bonitamente, sustituyéndola
por vulgarísimo estaño. Colgada la campana de su campanario,
el sacristán, el campanero, los chantres y hasta los soldados
de la guardia del Emperador, hicieron varios esfuerzos para
repicar: La campana permanecía muda. Por último, el monje
fundidor, temblando de espanto, se acerca y tira a su vez de la
cuerda; el badajo desprendiéndose por sí solo, cae y le
aplasta en castigo de su crimen.
La campana de Nuestra Señora de París, tiene también su
leyenda; aunque no la tuviese, la extravagante figura del
campanero Cuasimodo, bastaría para hacerla célebre. Todo el
mundo sabe que desde el Miércoles Santo hasta el Sábado de
Gloria, las campanas de las iglesias dejan de sonar en señal de
duelo y son sustituidas por el estridente chirrido de las
carracas. En muchas partes, creen las gentes sencillas que
durante estos días se van las campanas a Roma, y en las orillas
del Rin, los niños creen seriamente que hacen ese viaje para
beber leche y comer miel en la ciudad Santa. La campana de
Nuestra Señora va, naturalmente dirigiendo en tan largo viaje a
las demás campanas de Francia.
En otra iglesia de Nuestra Señora, en la de Aquisgrán, hay una
campana de la que se cuenta que al marcharse a Roma se lleva un
trapo que los niños la arrojan al paso, y que le sirve como de
vela en su navegación por los aires. El domingo de Pascua, por
la mañana, la campana reaparece envuelta en un paño nuevo.Vie,
May. 22, 1998¿Ha oído alguna vez el lector hablar de las
campanas de Ems? El diablo, a quién molesta todo lo que huele a
iglesia, se cansó una vez de oírlas repicar y las arrojó, las
ahogó, como dice el vulgo, en el pantano de Wahrendorf; Cuando
se pasa junto a la laguna, no hay más que echar en ella una
moneda y se oirá en el fondo el lejano repique de las campanas
ahogadas que suenan agradecidas.
Los bretones del Armor aseguran que en el fondo del mar se oyen
sonar las campanas de la ciudad de Ys, ciudad legendaria que en
época desconocida se tragaron las olas. No se sabe ni siquiera
en qué punto del abismo se encuentra la ciudad; acaso viaja
bajo las olas como los restos de un naufrago arrastrados por las
corrientes. De un modo análogo, en las vacilantes costas de
Holanda, donde la historia y la tradición citan tantas ciudades
y aún provincias enteras sumergidas, los marinos aseguran que
en tiempo de calma se ve a través del agua transparente los
campanarios de las iglesias, y que los domingos se oyen
perfectamente el repique de sus campanas.
Cerca de un pueblo de Alemania, junto al camino, encuentra el
viajero una campana; he aquí como explica el vulgo su presencia
en aquel sitio.
Una joven, que había servido de madrina a la campana el día
que se la colgó en el campanario, fue a la iglesia para
casarse. A la salida, hizo por broma señal de que bajase a su
ahijada de bronce, que allá en lo alto de la torre repicaba a más
y mejor.
La campana obedeció; desprendida del campanario cayó sobre el
coche, y fue imposible sacarla de él hasta después de recorrer
una gran distancia, cuando al fin se logró apearla, la dejaron
al lado del camino, y allí sigue todavía, desde entonces, es
costumbre que todas las novias que pasan junto a ella le hagan
una cortés reverencia.
Recordemos, en fin, entre las campanas legendarias a la Saufang,
la campana más antigua del mundo, que se conserva en el Museo
de Colonia.
Su nombre significa "hallada por una cerda", porque se
dice que una marrana, sin perdón, la desenterró el año 613
entre las iglesias de San Pedro y Santa Cecilia.
Es una campana pequeña, apenas de medio metro de altura, y a no
ser por su tamaño, parecería más bien un cencerro de vaca.
SOBRE LA CAMPANA
La campana, es un instrumento musical en forma de copa
invertida, que se halla herido por el badajo para que suene y
toque a la oración.
El badajo, es una pieza metálica pendiente del centro de la
campana, y sirve para que su voz sea oída por los fieles.
La campana se divide en tres partes, a saber: Jubo, copa y
badajo.
El Jubo, es de madera; también los hay de hierro. Lleva al
mismo tiempo unos tirantes sujetos con unas tuercas, y en cada
extremo de dicho Jubo, se hallan incrustados los ejes donde
descansan dentro de unos cojinetes, uno exterior, de madera, y
otro interior, que es de metal.
La copa es de bronce, fundidas con diversas aleaciones, como
son: metal y también bronce.
El badajo, es de hierro, y los hay también de madera, que
sujetos con unas pretinas de hierro de arriba abajo, queda
reforzado totalmente. La pera o coronilla es de hierro macizo.
Las campanas, son unas voces metálicas que sirven para anunciar
todas las festividades que se celebran durante el año.
Las campanas, son copas o vasos sagrados, manejados por el
campanero.
El Campanero, es un ser anunciador del Orden religioso, y demás
fieles de parroquias.
¿Por qué decimos: el campanero es anunciador? - El campanero,
es anunciador, porque atrae a la Iglesia a una multitud de
personas, cuando éstas oyen los sonidos acordes de las
mencionadas voces metálicas.
El campanero está en declive, el campanero se tambalea, el
campanero se extingue, el campanero se acaba, pero... ¡ay!
queridos, amigos, el campanero desaparece. ¿Por qué desaparece
el campanero? - Desaparece el campanero, porque la técnica de
mecanización, quiere sustituir las campanas de nuestras torres,
pero dicha técnica de mecanización, nunca jamás hará la
suplencia de campanas en las torres, si no va por medio, una
grabación de cinta magnetofónica que recoja dichos sonidos
acordes de estas voces campaniles, y al mismo tiempo, recogiendo
los toques de tradición en el redoble de nuestras campanas.
Es opinión generalizada la que atribuye la mención de las
campanas, a la Campania, (Italia) por haberse empezado a fundir
allí las campanas más grandes y de más calidad del bronce.
Durante los años 604 a 606 se mandó que en todas las iglesias
católicas, se colocaran campanas que tocasen en los Divinos
Oficios, misas solemnes y festividades.
Las campanas simbolizan a los Prelados, predicadores y
confesores, y así como ellos llaman a los fieles para que vayan
a escuchar la Palabra Divina; a rezar y pedir a Dios, por el
cumplimiento de todas las obligaciones del buen cristiano, los
Predicadores y confesores con su ejemplo y persuasión, han de
atraer a los fieles.
La dureza del metal de las campanas, significó la fortaleza y
la constancia de los Prelados y Predicadores para reprender los
vicios.
La Misa Mayor, se toca para aquellos fieles que concurren a
presenciar el más grande Sacramento del Amor a Jesucristo y al
alzar la Hostia se toca la campana más grande del campanario,
en cumplimiento de la disposición de Gregorio IX, en 1240, para
que los fieles que no estén en la Iglesia, recen con reverencia
y pidan a Dios en aquellos momentos de augusta adoración.
Cuando se quiere anunciar que en una Iglesia hay sermón, se
toca una sola campana, simbolizando que es un solo Evangelio el
que predica la Iglesia, una sola doctrina y una sola ley de
Cristo y la Palabra Divina.
Son tres toques de oración cotidianos, que todo el mundo
conoce; son por la mañana, en rememoraciones de la Resurrección;
al mediodía, en memoria de la Pasión y el vespertino, que es
el más solemne, en recuerdo del supremo momento de la Encarnación.
Durante los días antes citados de Semana Santa, no se tocan las
campanas al igual que a los Obispos, Pastores y Predicadores
evangélicos, en los cuales en semejanza al símbolo bello que
enmudecieron huyendo de la Pasión en aquellas fechas que estuvo
Jesucristo en el Sepulcro hasta que resucitó.
En cambio, en las grandes festividades que la Iglesia conmemora,
suenan todas las campanas para representar la gran y cabal alegría
de la Iglesia Militante, a la imitación de la Triunfante.
Una disposición canónica dice que las catedrales tengan cinco
o más campanas; las parroquias dos o tres; y las Iglesias de
Ordenes mendicantes u Oratorios particulares, una.
En los Concilios celebrados en 1584, 1585 y 1590, prohibieron
que las campanas se destinen a otros usos que los religiosos;
pero en el siglo XVI, la Congregación de obispos y regulares
dispensó de tal prohibición en casos de utilidad pública,
como todos recordarán haberlos oído, anunciando fuego, mal
tiempo, etc.
En época de los romanos las campanas tenían diferentes fines:
indicaban la apertura del mercado, la hora de baños, avisaban
el paso de los criminales al suplicio, la aproximación de un
eclipse y otros acontecimientos en los que era costumbre señalarlos
con las campanas. Además, se colgaban en el cuello de las
bestias como amuleto para ahuyentar los lobos.
Hasta el siglo XIII, fueron de reducidas dimensiones las
campanas, debido a las dificultades existentes. El Rey Roberto,
regaló en el siglo XI a la Iglesia de Orléans, una campana que
tenía por grande y tan solo pesaba 2.600 libras.
La de Canterbury, se necesitaron veinticuatro hombres para tocar
una campana.
La más antigua de las campanas de la iglesia, es la de
Chumascah, en Irlanda, de antes del siglo IX y de 8 pulgadas de
diámetro y un pie de altura.
La de Toledo (siglo XVI) tiene tres metros de diámetro y pesa
aproximadamente 40.000 libras.
La de la Torre Nueva del Pilar de Zaragoza, según dicen pesa
9.000 kg.
En Francia, la más gruesa es la de Montmatre, que pesa 18
toneladas.
La de Birma en Amarapura, pesa 117.000 kg.
La más colosal de Europa, es y ha sido la de Colonia
(Alemania).
Al lado de estas enormes campanas, parece que las de Gerona han
de hacer un mal papel, pero no es así. Sin llegar a esos pesos
extraordinarios, está la "Beneta" de la Catedral, que
pesa 4.800 Kgs. y bien cerca de los 2 ms. de diámetro y en
cuanto a sonoridad y antigüedad también es digna de tener en
cuenta.
Desde el siglo XII, las inscripciones de las campanas se hacía
fundiendo el metal, pero desde mediados del siglo XIII se pone
la fecha a relieve, mejorando la parte estética.
La sonoridad de nuestras campanas, es lo más importante, más
que la grandeza y el peso, sonoridad que no deja de tener un
vivo interés, debido a la manera que ha sido construida y la
composición de sus metales.
La misión de los campaneros, es llamar a los fieles a los actos
del Culto, pero tienen otras misiones. Y en efecto, por el
sonido de las campanas, se extiende a los cuatro vientos la
fiesta religiosa que se está celebrando o se celebrará.
(*)
(*)
Fuente: "Historia
de las campanas", por Pascual
CALVETE HERNÁNDEZ publicado en "Campaners"
nº 4, Gremi de Campaners Valencians, Valéncia, 1991.