LA
MATANZA DE MY LAI
En
la mañana del 16 de marzo de 1968 más de 100 soldados estadounidenses llegaron por helicóptero al poblado de My Lai en
Vietnam y, sin encontrar al enemigo, durante varias horas mataron a
350 civiles, la mayoría mujeres, niños y viejos. La matanza de My
Lai, en medio de una de las guerras intervencionistas más
sangrientas de la historia estadounidense, marcó una tragedia cuya
herida histórica aún no se cura.
El
reportero e historiador Seymour Hersh cuenta que a menos de cuatro
kilómetros de My Lai esa misma mañana, otra agrupación de
soldados estadounidenses iniciaron un asalto al poblado de My Khe, y
de nuevo al no encontrar a las fuerzas enemigas, asesinaron a todas
las mujeres, niños y viejos que se encontraron, entre 60 y 155
civiles.
Pronto
los soldados empezaron a disparar contra cualquier cosa que se
moviera (incluso animales de granja, como cerdos, gallinas, patos y
vacas). Las tropas gritaban dentro de las pequeñas chozas para que
sus habitantes salieran, y les indicaban con señales de mano que
debían salir. Si nadie respondía, tiraban granadas dentro de los
refugios y casamatas. Muchos soldados no se molestaron en usar este
procedimiento y lanzaron granadas de mano dentro de las chozas,
estuvieran o no ocupadas. Algunos grupos pequeños de personas se
empezaron a reunir, en una parte del caserío, creando un grupo más
nutrido de entre 50 y 60 ancianos, mujeres y niños. Algunas eran
madres que llevaban a sus bebés en brazos, y otras estaban tan
heridas que difícilmente podían caminar. Minutos después de
entrar a My Lai, un soldado se topó con una choza que había sido
ametrallada, en ella descubrió a tres niños, una mujer con una
espantosa herida abierta en el costado, y a un anciano en cuclillas,
casi incapaz de moverse por las graves heridas que tenía en ambas
piernas. El soldado apuntó su pistola calibre .45 a la cabeza del
anciano y tiró del gatillo, volándole la tapa de los sesos...
Dos soldados se sorprendieron cuando una mujer, que cargaba un bebé
en sus brazos y arrastraba a otro niño que apenas sabía caminar,
salió corriendo de una choza de bambú. Uno de ellos disparó y la
hirió. Una anciana, con una granada M-79 sin explotar dentro de su
estómago abierto, se divisó tambaleante por la senda.
Un anciano que llevaba puesto un sombrero de paja y estaba sin
camisa (era obvio que iba desarmado) se encontraba junto a un búfalo,
en un arrozal, a unos 50 metros de distancia. Miembros del 1er.
Pelotón dispararon inmediatamente contra el anciano después de que
éste alzó las manos, mientras el Teniente Calley observaba.
Un soldado apuñaló con su bayoneta a un granjero vietnamita de
mediana edad, sin ninguna razón aparente. Luego, mientras la víctima
estaba en el suelo jadeando para respirar, el soldado lo remató.
Este mismo soldado entonces agarró a otro hombre que estaba siendo
detenido, le disparó en la nuca, tiró su cuerpo en un pozo, y lanzó
una granada M-26 dentro del mismo.
Un soldado que caminaba descarriado, encontró a una joven mujer con
un niño de unos cuatro años de edad. La obligó a satisfacer
oralmente sus deseos sexuales mientras apuntaba con su arma a la
cabeza del niño, amenazando con matarlo. Cuando apareció el
Teniente Calley, le ordenó disgustado al soldado que se subiera los
pantalones y que fuera a donde se suponía que debía estar.
En un punto, a pesar de todo el pandemónium, el 1er. y 2º
pelotones se traslaparon cuando el flanco derecho del 2º pelotón
cruzó el sendero que cruzaba el flanco izquierdo del 1er. pelotón.
Tropas del 1er. pelotón que llevaban caminando a un pequeño grupo
de aldeanos para que fueran investigados, fueron abordados por un
soldado del 2º pelotón quien airado insistió en que mataran a los
aldeanos en ese momento. Solicitó un M-16 a cambio de su M-79, para
iniciar él mismo la ejecución. Cuando rehusaron dárselo, tomó el
M-16 de un soldado y disparó a la cabeza de un granjero vietnamita.
Después se calmó.
Tres escuadras de soldados del 2º pelotón se acercaron en línea,
lado a lado, vaciando las viviendas y luego lanzando granadas de
fragmentación adentro de ellas. También dispararon fuego automático
en ellas. Un grupo de niños de entre 6 y 7 años de edad que venía
hacia ellos rápidamente fue abatido. Otro grupo de vietnamitas murió
(bajo el fuego automático de ametralladoras y de fusiles M-16)
frente a una choza, después de haberse apiñado en ella, tratando
de protegerse. Un jefe de escuadra dijo a sus soldados que no le
gustaba lo que estaban haciendo, pero que había que cumplir las órdenes.
Un soldado disparó contra una mujer que tenía un bebé, a una
distancia de aproximadamente 25 metros. Casi cercenó su brazo
derecho. Un frágil trozo de carne era lo único que lo sostenía
unido al resto del cuerpo. Ella corrió hacia una choza, llevando aún
así cargado a su bebé; alguien gritó que los mataran a los dos.
Una mujer de mediana edad que trataba de salir de un túnel valiéndose
para ello de ambas manos (y revelando así, claramente, que estaba
desarmada) murió por los disparos de un equipo de ametralladora.
Este mismo equipo abrió fuego contra cualquier vietnamita que
encontrara en su camino. El escenario continuó siendo de caos y
confusión, con gente que corría y gritaba. Algunas de las tropas
temían ser víctimas de los disparos de sus propios compañeros.
En un área despejada cerca de una pequeña choza, un grupo de
quince vietnamitas se había reunido, cuatro mujeres de unos treinta
años de edad, tres de unos cincuenta, tres jóvenes adolescentes y
cinco niños de entre 3 y 14 años. Un soldado gritó una alerta
para que cualquier soldado que estuviera detrás del grupo de
vietnamitas se protegiera porque iban a abrir fuego. El primer
disparo contra este grupo penetró la cabeza de un niño que su
madre llevaba cargado, haciéndole volar la tapa posterior de los
sesos al menor. Otros empezaron a disparar también; ninguno se
detuvo hasta haber matado a todo el grupo.
Un
soldado lanzó dos proyectiles desde su lanzagranadas M-79 contra un
grupo de vietnamitas que estaban sentados en el suelo. La primera
granada erró, la secunda cayó entre ellos con un impacto
devastador. Sin embargo, algunos de ellos pudieron sobrevivir la
explosión. Otro soldado acabó con ellos. Un tercer soldado se
detuvo junto a un túnel y gritó para que salieran sus ocupantes.
Los vietnamitas que lo ocupaban estaban empezando a salir, pero el
soldado tiró adentro una granada de todas formas.
Detrás de los pelotones 1 y 2, el grupo de mando del Capitán
Medina formó una línea de seguridad afuera de un arrozal detrás
del perímetro occidental de My Lai 4. Habían transcurrido cerca de
45 minutos desde que las primeras tropas entraron a la aldea y el
Capitán Medina esperaba para dar la orden de partir al 3er. pelotón.
El 1er. pelotón reunió a un grupo numeroso de entre 50 y 60
vietnamitas. Ellos estaban en cuclillas y había entre ellos de 10 a
15 varones con barba y diez mujeres, así como unas cuantas ancianas
de cabello blanco que difícilmente podían caminar. El resto del
grupo lo integraban niños de todas las edades - desde bebés hasta
jóvenes adolescentes.
Para
ese entonces (desde el momento en que su pelotón entró al caserío),
el Teniente Calley había recibido dos llamadas de radio de un
ansioso Capitán Medina, que exigía saber qué estaba sucediendo
con su pelotón y a qué se debía el lento progreso a través del
caserío. El Teniente Calley respondió que un grupo numeroso de
vietnamitas que habían reunido estaba retardando el avance del
pelotón. El Capitán Medina le ordenó que "los
eliminara". El Sargento Calley se acercó a dos soldados que
cuidaban al grupo de civiles y les dijo "encárguense de
ellos". Los dos soldados respondieron "está bien".
El otro soldado participó en la matanza con el Teniente Calley,
pero no pudo continuar y dejó de disparar casi al final, con lágrimas
que rodaban por sus mejillas. En este momento, el soldado que no había
participado vio que solamente unos pocos niños continuaban vivos.
Sus madres se habían abalanzado sobre ellos como último recurso
para proteger con sus cuerpos a los pequeños de la constante lluvia
de balas. Los niños trataban de pararse. El Teniente Calley abrió
fuego matándolos uno por uno. Luego el Teniente Calley dijo
"Ya está bien, vámonos."
EN
LA ZANJA DE IRRIGACIÓN
Diez miembros del primer pelotón vigilaban a un grupo de cuarenta a
cincuenta vietnamitas en una zanja de irrigación. Mientras el
Teniente Calley interrogaba a un monje budista a través de un intérprete,
un niño de aproximadamente dos años de edad de alguna manera salió
gateando de la zanja sin que los soldados lo notaran. El Teniente
Calley caminó hacia el niño, lo alzó, lo tiró en la zanja y
luego disparó contra él, antes de regresar para continuar con el
interrogatorio del monje. Cansado de interrogarlo, el Teniente
Calley haló de él, lo tiró a empujones en el arrozal, y abrió
fuego con su M-16.
Mientras
tanto, los soldados continuaban escoltando y forzando a los aldeanos
vietnamitas a permanecer en la zanja de irrigación. Algunos fueron
empujados, otros, lanzados; algunos saltaron ellos mismos; y otros
continuaron sentados en el borde, esperando porque sabían que al
estar en la zanja el final era inminente. Después que el Teniente
Calley lanzó a una mujer herida en la zanja, se volteó hacia un
soldado y le ordenó: "Cargue su ametralladora y dispare contra
esta gente". Al responder el soldado: "Yo no voy a hacer
eso", el Teniente Calley le apuntó su M-16 amenazando con
dispararle en ese momento. El estancamiento terminó cuando el
Teniente Calley retrocedió luego de intervenir otros soldados.
08:45
De la mañana: El Teniente Calley y otros soldados, siendo uno de
ellos el mismo soldado que anteriormente había llorado y se había
emocionado después de participar en la primera atrocidad a gran
escala en la aldea, dispararon hacia la zanja de irrigación. Los
vietnamitas trataron frenéticamente de esconderse unos bajo los
cuerpos de otros, nuevamente las madres trataron desesperadamente de
proteger a sus hijos y bebés cubriéndolos o escudándolos con los
cuerpos de ellas. Trozos de hueso y de carne humana despedazados
volaron por el aire, mientras vaciaban cargador tras cargador sobre
la zanja poco profunda.
El
Capitán Medina escuchó todos esos disparos y brevemente se preocupó
creyendo que sus soldados habían hecho frente a una fuerte
resistencia enemiga. Sin embargo, no se trataba de eso, nunca llegó
a pasar eso en el caserío de My Lai. Nuevamente, los miembros de la
Compañía C. no recibieron fuego enemigo, en lo absoluto. El 3er.
Pelotón fue enviado, de acuerdo con el plan, a rastrear el área.
Mataron a todos los animales que encontraron, algunas veces hiriendo
deliberadamente a los cerdos y búfalos, por el puro placer de
verlos retorcer en agonía. Incendiaron las chozas y lanzaron
granadas en los orificios de la tierra.
XXX
Dos niños heridos, de una edad aproximada de cinco y ocho años,
salieron corriendo y llorando. Un soldado les disparó a los dos en
el pecho y los hombros. Cuando se le preguntó por qué los había
matado, el soldado respondió: "Porque ya estaban medio
muertos". Un hombre y una mujer también recibieron disparos
mientras corrían por un sendero de la aldea. Algunos soldados
recorrieron el área rematando a los heridos; debieron disparar tres
veces a una víctima que ya tenía dos heridas de bala en la
espalda.
Después
de salir el 3er. pelotón de sus posiciones defensivas alrededor de
la zona de aterrizaje, el grupo de mando del Capitán Medina se movió
a través de un arrozal, y una arroyada de irrigación hacia la
parte más al sur de la aldea. En cierto punto el Capitán Medina
disparó dos veces hiriendo a una mujer que caminaba por un arrozal,
llevando una pequeña canasta de paja. El Capitán Medina se acercó
a la mujer herida, registró la canasta de paja, encontró
jeringuillas y otros abastecimientos médicos, y luego procedió a
dispararle dos veces más a la cabeza.
El
Capitán Medina entró al caserío y poco después se topó, cerca
de una pila de cadáveres, con un sargento vietnamita que servía de
intérprete. El sargento vietnamita preguntó al Capitán Medina por
qué habían matado a tantos civiles. El Capitán Medina respondió:
"Sargento Minh, no pregunte nada - esas fueron las órdenes."
Era evidente que el control del Capitán Medina sobre sus soldados
había sido insignificante a partir del momento en que desembarcó.
1100
horas. El centro de operaciones tácticas notificó al Tte. Cnel.
Barker que varios pilotos habían reportado al comandante de su
compañía que estaban matando a civiles inocentes. El Tte. Cnel.
Barker rápidamente se comunicó por radio con su oficial ejecutivo,
quien había estado volando sobre la zona de batalla, con
instrucciones de que investigara qué era lo que estaba sucediendo,
y que si los informes eran correctos que ordenara un alto inmediato.
El Tte. Cnel. Barker deseaba que el Capitán Medina le confirmara
que nada semejante había ocurrido. Poco después se ordenó un cese
de fuego a la Compañía C.
Los
muertos y los moribundos se encontraban por doquier. La gran mayoría
de cuerpos eran cuadros extremadamente horrendos. En un caso, siete
mujeres de entre 18 y 35 años fueron encontradas en el suelo,
desnudas, con pequeños agujeros oscuros salpicados por todo el
cuerpo.
CONCLUSIÓN
La Masacre de My Lai ocurrió en un período de cuatro horas. Hubo
entre 400 y 500 víctimas vietnamitas. Hasta ahora no se sabe la
cifra exacta debido a las investigaciones inadecuadas que miembros
de la cadena de mando llevaron a cabo inicialmente. La cantidad
oficial de muertos en acción reportada por la Compañía C es de:
¡¡¡128!!!. Los soldados de la Compañía C no recibieron
absolutamente ningún fuego enemigo. La única baja sufrida por la
Compañía C, fue una herida que un soldado se ocasionó a sí mismo
en el pié al tratar de reparar una pistola atorada, que pertenecía
a otro soldado. Solamente se recuperaron tres armas enemigas durante
toda la operación. El denso tráfico en la radio que siempre forma
parte de un combate intenso no se escuchó en ninguna parte ese día.
El
8 de abril de 1968, se declaró terminada la misión de la Fuerza de
Tarea Barker y la unidad oficialmente quedó disuelta.
My
Lai no había sido un evento aislado. De hecho, la brutalidad de las
imágenes y reportajes de estas masacres formaron parte de uno de
los eventos históricos para Estados Unidos que aún no ha logrado
enterrar en su memoria nacional; sigue, para millones, como una
pesadilla. Estados Unidos mató a más de un millón de vietnamitas
para ``salvar'' al sur de Vietnam del comunismo. Unos 55.000
soldados estadounidenses murieron en esta causa.
Más
bombas estadounidenses fueron arrojadas en ese país que sobre Europa
durante toda la Segunda Guerra Mundial. Y todo terminó con la
primera derrota militar de Estados Unidos desde el inicio de su
historia. Nadie ha asumido la responsabilidad por la sangre de
vietnamitas y sus contrapartes estadounidenses que se enfrentaron. En
la masacre de My Lai, la conclusión de una amplia investigación de
responsabilidad cayó en un sólo individuo --William Calley, líder
del pelotón-- fue culpado de homicidio y encarcelado.
Ningún
oficial superior fue responsabilizado. Y la interrogante continúa
hasta hoy día: quién giró las órdenes no sólo para My Lai, sino
para toda operación de ``detección y destrucción'' en numerosos
poblados.
Los
horrores de esa guerra fueron encubiertos por el gobierno de Estados
Unidos. La intención era ocultar todo esto a la población estadounidense. Los medios y reporteros extraordinarios como Hersh,
rompieron el silencio. Algunos funcionarios, como Daniel Ellsberg, y
no pocos veteranos recién regresados de las batallas, revelaron las
historias no oficiales y, finalmente, la opinión pública llegó a
niveles peligrosos para el gobierno.
¿Qué
debía sucederle a la aldea de My Lai? Los oficiales de la Fuerza de
Tarea salieron de la orientación del comando con la clara impresión
de que el Tte. Cnel. Barker había ordenado destruir todas "las
moradas, las viviendas y el ganado" en el área de My Lai. Hay
grandes dudas respecto a si eso fue una orden directa o algo que se
asumió. Sin embargo, el Capitán Eugene Kotouc, oficial de
inteligencia de la Fuerza de Tarea Barker, y uno de los pocos
oficiales de inteligencia que estuvo de acuerdo con las opiniones de
inteligencia (respecto a los efectivos y la ubicación del 48º
Batallón de LF) emitidas a través el Programa Phoenix, recuerda
que al Tte. Cnel. Barker dijo que la aldea debía ser destruida. El
Capitán Kotouc afirmó: "Quería que el área quedara limpia,
la quería neutralizada, y quería que los edificios quedaran
destruidos. Quería que las chozas fueran incendiadas, que los túneles
fueran rellenados, y luego quería que el ganado y las gallinas se
soltaran, se mataran o se destruyeran. Quería neutralizar el área."...
ALGUNOS
DE LOS "HÉROES"
Sargento
Hodges: "Esta era nuestra oportunidad para desquitarnos. Era el
momento de saldar cuentas. El momento de vengarnos - vengar a
nuestros compañeros caídos. La orden que nos dieron era la de
matar y destruir todo lo que estaba en la aldea. Matar a los cerdos,
lanzarlos al pozo; contaminar el abastecimiento de agua potable;
cortar las plantaciones de guineo; incendiar la aldea; quemar las
chozas mientras avanzábamos. Se nos explicó claramente que no debía
haber prisioneros. La orden que nos dieron era la de matar a todos
en la aldea. Porque los que estaban en ella - las mujeres, los niños
y los ancianos - eran del Vietcong. Pertenecían al Vietcong o
simpatizaban con el Vietcong. No simpatizaban de los
norteamericanos. Nos dijeron claramente que nadie en la aldea se debía
salvar".
El
Sargento Hodges no fue el único que interpretó así lo dicho en la
orientación del Capitán Medina. Muchos suboficiales abandonaron la
reunión con la misma impresión - convencidos de que la orden era
la de matar a todos.
Sargento
de 2ª Clase L.A. Bacon: "Debíamos matar a todos los miembros
del Vietcong y a sus simpatizantes en la aldea".
Sargento
Charles West: "Era una misión de búsqueda y destrucción, debíamos
acabar con todo."
Sargento
de 2ª Clase Martin Fagan: "Matar a todos".
Sargento
Isaiah Cowan: "Acabar con todo lo que se encontrara en la
aldea".
Un
soldado recuerda inclusive: "Alguien preguntó, ¿Se supone que
debamos matar a las mujeres y a los niños? y Medina respondió,
"Maten todo lo que se mueva"."
Sobra
decir (pero se dirá de todas formas), que el Teniente Calley era de
ese campo o escuela de pensamiento. Él testificó en su consejo de
guerra: "Debíamos empezar en My Lai 4 y debíamos neutralizar
por completo My Lai 4 y no dejar a nadie con vida detrás de
nosotros. Luego debíamos avanzar hasta My Lai 5, etc., hasta llegar
al área de Pinkville. Entonces debíamos neutralizar por completo
My Lai 1, que es Pinkville. Manifestó que era completamente
esencial que en ningún momento perdiéramos nuestro ímpetu de
ataque, porque las otras dos compañías que anteriormente habían
asaltado ese lugar habían permitido que el enemigo quedara detrás
de ellas, o habían pasado a través del enemigo, permitiendo que él
quedara detrás y se organizara en la retaguardia de ellas, lo que
les había desorganizado la operación al lanzar el asalto final
contra Pinkville. La desorganización, la pérdida del ímpetu de
ataque, la pérdida de gran número de bajas, y mayor preocupación
por sus bajas que por su misión había sido su error. Así es que
esta vez debíamos avanzar, neutralizar estas aldeas destruyendo
todo lo que estuviera en ellas, sin dejar que nadie ni nada quedara
detrás de nosotros, y seguir avanzando hasta llegar a Pinkville."
El Teniente Calley añadió: "Alguien preguntó si eso incluía
a las mujeres y los niños, y el Capitán Medina respondió:
"eso los incluye a todos".
Después,
los soldados regresaron a sus casamatas y cenaron. Algunos vieron
películas para
adultos, y otros se emborracharon un poco. (*)
(*)
Fuente:
Página www.fortunecity.com
COMUNICADO
OFICIAL SECRETARÍA DEL EJÉRCITO
Cuartel
General, 11ª Brigada de Infantería,
División
Americal
APO
San Francisco 96217
XICO 24
Abril
de 1968
ASUNTO: Informe de Investigación
Comandante
General
División
Americal APO SF 96374
(U) Se llevó a cabo una investigación de las acusaciones citadas
en el Adjunto
1.
A continuación aparecen los resultados de esa investigación.
2. (C) En el día en cuestión, 16 de marzo de 1968, la Compañía C
del 1er. Batallón de la 20ª División de Infantería, y la Compañía
B del 4º Batallón de la 3ª de Infantería, como parte de la
Fuerza de Tarea Barker, 11ª Brigada de Infantería, libraron un
asalto aéreo de combate en las inmediaciones del Caserío de My Lai
(Aldea Son My) al este del Distrito de Son Tinh. Esta área desde
hace tiempo había sido un punto de resistencia enemigo, y la Fuerza
de Tarea Barker había encontrado gran oposición en el área los días
12 y 23 de febrero de 1968. El Jefe del Distrito consideraba que
todas las personas que vivían en el área pertenecían al Vietcong
o simpatizaban con ese movimiento. Los fuegos preparatorios de los
helicópteros con armas y de la artillería fueron ubicados en las
zonas de aterrizaje usadas por las dos compañías. Al aterrizar y
durante su avance en las posiciones enemigas, las fuerzas de ataque
fueron apoyadas por helicópteros con armas de la 174ª Compañía
de Aviación y la Compañía B del 23º Batallón de Aviación. Para
eso de las 1500 horas, ya había cesado toda la resistencia enemiga
y el resto de esas fuerzas se había replegado. El resultado de esta
operación fueron 128 soldados del Vietcong muertos en acción.
Durante los fuegos preparatorios y la acción terrestre de las compañías
de ataque, murieron 20 individuos no combatientes que quedaron
atrapados en el área de batalla. Las fuerzas norteamericanas
sufrieron 2 muertos y 10 heridos en acción, por trampas explosivas,
y un soldado ligeramente herido en la pierna por fuego de arma de
pequeño calibre. Ningún soldado norteamericano murió por fuego de
francotiradores, como fue la razón que se alegó para matar a los
civiles. Entrevistas con el Teniente Coronel Frank A. Barker,
comandante de la Fuerza de Tarea; el Mayor Charles C. Calhoun, S3 de
la Fuerza de Tarea; el Capitán Ernest L. Medina, Oficial al Mando
de la Cía C, 1-20; y el Capitán Earl Michles, Oficial al Mando de
la Compañía B, 4-3, revelaron que en ningún momento los soldados
norteamericanos reunieron ni mataron civiles. Los habitantes civiles
en el área empezaron a replegarse al sudoeste tan pronto como empezó
la operación y al transcurrir la primera hora y media todos los
civiles visibles habían despejado el área de operaciones.
3. (C) El Jefe del Distrito de Son Tinh no le da a las acusaciones
ninguna importancia y señala que los dos caseríos en donde se
alega que ocurrió el incidente están en un área controlada por el
Vietcong desde 1964. El Coronel Toan, Comandante de la 2ª División
del Ejército de la República de Vietnam informó que formular
semejantes alegatos contra fuerzas norteamericanas es una técnica
común de la maquinaria de propaganda del Vietcong. El Adjunto 2
contiene la traducción de un mensaje de propaganda actual del
Vietcong dirigido a los soldados del Ejército de la República de
Vietnam, pidiéndoles que disparen contra los norteamericanos. Este
mensaje se lo transmitió a su comandancia general el oficial al
mando de la 2ª División del Ejército de la República de Vietnam,
aproximadamente el 17 de abril de 1968, como asunto de información.
En él se repiten las mismas acusaciones formuladas por el Jefe de
la Aldea de Son My, además de otros alegatos de atrocidades
cometidas por soldados norteamericanos.
4.
(C) Se concluye afirmando que 20 individuos no combatientes
resultaron accidentalmente muertos cuando quedaron atrapados entre
los fuegos preparatorios y los fuegos cruzados de las fuerzas
norteamericanas y del Vietcong, el 16 de marzo de 1968. Además se
concluye afirmando que los soldados norteamericanos no reunieron a
los civiles ni dispararon contra ellos. La acusación de que las
fuerzas norteamericanas dispararon y mataron de 400 a 500 civiles
obviamente es una campaña publicitaria del Vietcong para
desacreditar a Estados Unidos ante los ojos del pueblo vietnamita en
general y en particular, ante lo ojos de los soldados del Ejército
de la República de Vietnam.
5. (C) Se recomienda el lanzamiento de una campaña de
contrapropaganda contra el Vietcong al este del Distrito de Son Tinh.