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La
corbeta Atrevida de la expedición Malaspina
navegando entre bancos de hielo.
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Entre
1789 a 1794, el marino italiano Alejandro Malaspina dirige
una expedición científica enviada por la corona española. Su
propósito es aumentar el conocimiento de la flora y la fauna
y de los pueblos que habitan las colonias hispanas. En las naves
de la expedición, la Descubierta y la
Atrevida, se embarcan más de 200 hombres. Junto
a los marinos profesionales, se encuentran pintores y naturalistas.
El viaje exploratorio los lleva hacia el Río de la Plata, las
costas patagónicas, las Islas Malvinas, la Isla de Guam, las
Filipinas y la Polinesia. A su regreso, la expedición trae el
conocimiento de 14000 especies botánicas nuevas, 900 ilustraciones
y el estudio de 500 especies zoológicas de tres continentes.
La exploración de Malaspina alcanza el mismo brillo que las
exploraciones de James Cook o Bouganville; pero su estrella
fue injustamente apagada por las intrigas de Manuel de Godoy,
el hombre más influyente en la corte de Carlos IV, quien, temeroso
del prestigio de Malaspina y de su posible amenaza para su propio
poder político, convence al rey para ordenar su destitución
y prisión. Esta poderosa e ilustrada expedición fue así olvidada
por casi un siglo. Hoy existen más de 600 publicaciones relacionadas
a los aportes científicos y artísticos de la expedición Malaspina.
En este momento de Temakel, realizaremos una ponderación
del legado de este fundamental viaje explorador mediante dos
movimientos. Primero, recordaremos los principales momentos
de la navegación de Malaspina y sus hombres. Luego, desarrollaremos
una interpretación simbólica de la destrucción por Manuel de
Godoy de la gloria de la expedición. Veremos en esta acción
dos figuras simbólicas de la araña y sus hilos.
Luego de la conquista militar surge la
necesidad del conocimiento científico de lo conquistado. Así
ocurre en el s. XVIII a propósito de la relación entre
España y las colonias que
constituyen su vasto imperio. En las tierras hispánicas reverberan
innumerables especies de flora y fauna aún desconocidas. El
progreso material se asocia entonces de manera ineludible con
la expansión del saber de las ciencias naturales. La corona
española advierte que la botánica, la zoología, la geología
y también la cartografía deben ser fuertemente impulsados. Una
actitud que se manifiesta, por ejemplo, en un cuadro de la época
que muestra a un Carlos III niño estudiando botánica y sosteniendo
con delicadeza una flor. La ampliación de saberes consolidaría
la posesión física y política de los territorios del todavía
inmenso imperio español.
En el comienzo, fue un navegante genovés, Cristóbal Colón,
quien guió las proas hispanas hacia el primer descubrimiento del
continente americano en tiempos modernos. Ahora, será otro marino
itálico el destinado a conducir una vasta expedición
española de descubrimiento geográfico y etnográfico.
Alejandro Malaspina será el responsable de este acontecimiento.
Sus ojos reciben por primera vez los rayos de sol de este mundo
el 5 de diciembre de 1754 en Parma, en el pueblo italiano de
Mulazzo. Ya en 1774, es cadete de la Escuela de Guardia Marinas
de Cádiz. Participa luego en combates navales donde refulge su
valor. Entre 1777 a 1779 da la vuelta al planeta azul en la
fragata Astrea. Entre 1776 y 1788 capitanea ahora la
embarcación recién mencionada y, quizá entonces, brota en su mente la
idea de una prolongada y amplia expedición científica. En 1778,
Carlos III lo asciende a capitán de navío. Sus méritos son
reconocidos. No sólo su competencia en el arte de la navegación,
sino también su valor como guerrero del mar y su cultura general.
Malaspina propone entonces a Carlos III una expedición científica
alrededor del mundo. Su proposición es raudamente aceptada. El
objetivo del viaje es múltiple. El relevamiento de información
científica, geográfica e histórica sobre las tierras a visitar.
Las curiosidades que pudieran hallarse, desde especies naturales
hasta objetos nacidos del ingenio humano, serán alojados en el
Real Gabinete y en el Jardín Botánico de Madrid. La expedición,
que será conocida como "Expedición Malaspina", también
persigue la confección de cartas y derroteros de América, y la
observación de la situación política de los virreinatos americanos.
Para la efectiva cristalización de la expedición, son construidas
especialmente dos corbetas: la Descubierta y la Atrevida.
Serán
conducidas por Malaspina y José de Bustamante y Guerra
respectivamente. Poseen 33,5 metros de eslora y desplazan 306
toneladas. Las naves servirán como el hogar flotante por cinco
años
de más de 200 hombres que integran su tripulación.
Los oficiales de la expedición, luego de su conclusión, lograrán
destacadas posiciones políticas. El capitán de fragata José
Bustamante y Guerra actuará como gobernador político y militar de
Montevideo en 1796 y, en 1809, recibirá la presidencia de la Real
Audiencia de Charcas. Juan Gutiérrez de la Concha combatirá con
valor durante las invasiones inglesas de Buenos Aires. Luego,
ocupará el cargo de último gobernador intendente de Córdoba.
Será fusilado
en 1810, junto a Santiago de Liniers. El teniente de fragata
Francisco Xavier de Viana descollará como teniente general de la
República Argentina. Se desenvolverá como Ministro de Guerra y Mariana
del Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gervasio de
Posadas. Desde este cargo, contribuirá a la creación de la escuadra
naval encomendada al famoso Almirante Brown.
Junto al selecto personal militar, en las corbetas se embarcan
el profesor de pintura José del Pozo, el pintor José Guío, el
botánico Luis Née. Antonio Pineda oficiará de "Encargado de
los ramos de la Historia natural". Luego, en Valparaíso, se
sumará a la expedición el célebre naturalista Tadeo Haenke.
Durante la preparación de la expedición, Malaspina se muestra
exhaustivo y riguroso en cada detalle. A pesar de su apasionamiento por el sesgo
científico de
la empresa, no desatiende el beneficio económico. Así, en una
carta al teniente general de la Armada Antonio Ulloa le destaca
la importancia de atender a "la abundancia de cetáceos en la
costa patagónica, cuya pesca y exclusivo beneficio pudieran ser de
mucha utilidad a la monarquía". También manifiesta interés
por el estudio de los patagones y sus costumbres, pero sin
liberarse de las anteojeras epocales respecto a la condición del
indio, pues no duda en afirmar que el modo de vida de los naturales
de la Patagonia los convierte en "los más infelices de la
especie humana".
Luego de su intensa preparación, la expedición zarpa poco días
después de la toma de la Bastilla y de la Declaración de los Derechos del
Hombre y el Ciudadano de la Revolución Francesa. El 30
de julio de 1789 la Descubierta y la Atrevida se alejan sobre un
plácido lecho de agua del puerto de Cádiz. Su primer destino es el
Río de la Plata. Tras 51 días de navegación, las naves arriban
a Montevideo. Durante la travesía previa, Pineda estudia con su
microscopio una galleta parasitada hallada en la reserva de pan
de las naves. La clasifica dentro del género tecnes. Al
desembarcar en la actual capital uruguaya, los miembros de la
expedición inician una actitud luego repetida en cada nueva
escala del viaje: el inmediato establecimiento de contactos con las autoridades locales y eventuales
científicos para consumar
las tareas de investigación. Al llegar a Buenos Aires, lo mismo
que en Montevideo, instalan un observatorio astronómico. En el Río
de la Plata, Pineda recogen numeroso material botánico y zoológico; estudia garzas, chorlitos, patos,
cigüeñas, caranchos,
gaviotas, lechuzas, búhos, buitres. También encuentra restos fósiles enviados al Colegio de Cirujanos de Madrid donde se
advierte su semejanza a los encontrados en 1787 por el padre
Manuel Torres y que el naturalista Cuvier denominó megaterio
(animal grande). Née herboriza con fruición y recolecta
numerosas semillas de los alrededores de Buenos Aires.
Luego de la primera incursión por las costas e inmediaciones del
Río de la Plata, la expedición continúa la navegación hacia el
sur, hacia las tierras patagónicas. El 2 de diciembre arriban a
Puerto Deseado. Allí, se produce el encuentro con los patagones.
Sobre un alto de la costa, se recorta la estampa de un patagón a
caballo. Pineda y otros tres tripulantes se dirigen a tierra. Llevan consigo numerosas bagatelas para obsequiar a los viejos
habitantes de la estepa patagónica. En su diario de abordo,
Malaspina recrea el encuentro:
"...fueron poco a poco aproximándose todos a caballo, y últimamente enviaron en busca de las mujeres, que no tardaron en
reunirse y echar pie a tierra. Se componía entonces la tribu de
unas 40 personas, de las cuales eran 10 las mujeres y 12 los
niños, entre ellos tres o cuatro aun de pecho; dos mujeres solas
eran ancianas, y a pesar de esto sumamente ágiles. Entre el
restante número de hombres, el cacique y otro eran ancianos, y
habría otros cinco cuyos años podían más bien responder a la
pubertad que a la virilidad. En general, eran todos (incluso
mujeres y niños) de una cuadratura agigantada, la talla era
inferior a aquella proporción, pero naturalmente alta. El
cacique Junchar, medido escrupulosamente por don Antonio Pineda,
tenía de alto seis pies y diez pulgadas de Burgos. La anchura de
hombro a hombro era de 22 pulgadas y 10 líneas". Un pie de
Burgos equivale a 27,89 cm, por lo que Junchar exhibe una altura
aproximadamente entre 1,91 cm y un ancho de hombros de 70 cm. El
nativo es alto y corpulento. Sin duda, pero no un "gigante
patagón" como los referidos por Antonio Pigafetta en su
famosa narración del viaje alrededor del globo de Magallanes y
Elcano.
Mediante sus hábiles trazos, José del Pozo inmortaliza una
panorámica
del Puerto Deseado, la primera representación en
colores de un lugar del territorio argentino. Durante la estadía
en aquel pionero puerto patagónico, los expedicionarios hallan numerosos
mariscos y practican una abundante pesca. Malaspina escribe: "Más
felices en sus tareas los señores Pineda y Née, habían
aprovechado todos los instantes para aumentar sus respectivas
colecciones científicas; el primero, adicto particularmente al
examen de piedras, de las conchas, de los cuadrúpedos y de las
aves, encontró tan crecido número de curiosidades que podían muy
bien suministrarle material de estudio en la siguiente campaña
algo dilatada alrededor del Cabo de Hornos. Don Luis Née, con su
acostumbrada perspicacia, constancia y asiduidad, logró, a pesar
del semblante árido que tenían aquellos contornos, recoger muchas
plantas de una rareza y méritos singulares".
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Tres
ilustraciones de José del Pozo durante el viaje de la
Expedición Malaspina en la Patagonia. En el centro, imagen
del cacique Junchar. Arriba, ilustrando el texto, desde
arriba hacia abajo: retrato de Alejandro Malaspina; la
marina científica española. Alegoría en el Tratado
instructivo y práctico de maniobras navales, de 1776; Vista
de Buenos Aires desde el camino de las carretas, de
Francisco Brambila. |
Tras la conclusión de las tareas estipuladas con antelación, la
expedición parte el 13 de diciembre hacia las Islas Malvinas.
Luego del arribo a Puerto Egmont, se realizan las habituales
observaciones geográficas y de ciencias naturales. Se encuentra
un apio silvestre muy eficaz como antiescorbútico. Née herboriza
nuevamente con entusiasmo. Pineda descubre que las costas de las
islas albergan extensos criaderos de moluscos de los mejillones y almejas, lo que motiva una
ingente población de aves marinas,
como patos, pingüinos, albatros, petreles, cormoranes. En el próximo mar la vida
también resplandece con nitidez. Por eso,
Malaspina asegura: "Ni es menos entretenida la vista del mar,
en donde los peces, los anfibios y a veces las mismas ballenas,
ignorante de su propio poder y del genio destructivo del hombre,
se presentan casi con emulación para saludarle y no imaginan jamás
que esto baste para ser destruidas". El alegre y expansivo mostrarse de los peces y aves es peligro de
destrucción porque ya hace más de dos siglos que los mares del sur
son asolados por barcos depredadores.
En el día de nochebuena, la expedición pone proa al Cabo
de Hornos. Navegan la costa este de la Isla Grande de Tierra del
Fuego. Advierten lo fértil de las tierras, y la numerosa población
de aves y leones marinos. Comprueban la notable exactitud de los
mapas que James Cook ha trazado de esas costas hace 20
años. Visitan la Isla de los Estados donde, lo mismo que en
muchos otros lugares de la costa patagónica, se reitera la
presencia de lobos marinos de uno o dos pelos, de elefantes
marinos, cormoranes y pingüinos. Luego deciden retomar la dirección sur y enfrentarse al
fatídico Cabo de Hornos. La navegación es exitosa. Pero Malaspina observa: "La
situación
del navegante en aquellos mares y en unas regiones tan distantes
de las que vieron nacer es sin duda alguna de las más extraordinarias
que puedan acontecerle. La incertidumbre le rodea a cada instante;
una mirada hacia las costas más cercanas le recuerda en una
complicada perspectiva el naufragio, el frío, el hambre y la
soledad".
Luego de la meditación de la desolación que siempre merodea a los
hombres, arriban a Valparaíso. Allí, como ya comentamos, sube a bordo el
destacado naturalista checo Tadeo Haenke. Las velas de la
Descubierta y la Atrevida flamean después entre los vientos de
los puertos de Callo, Guayaquil y Acapulco. Luego de dos meses de
reparaciones y aprovisionamiento en el puerto mexicano, las proas
de la expedición se enfilan hacia el Pacífico Oeste, el 20 de
diciembre de 1792. Luego de 55 días de navegación, los ojos de los
exploradores acarician las verdes cabelleras de selva y rocas de
la isla de Guam. Poco después, también los entusiasma la visión de
Manila, en la colonia de las Filipinas. Tras
visitar Nueva Zelanda y Nueva Holanda (antiguo nombre de Australia)
los navegantes aspiran las encantadas brisas de la Polinesia. En
este paraíso aún virgen, deciden no continuar la travesía hacia el Cabo
de la Buena Esperanza en Sudáfrica para, desde allí, completar
la circunnavegación alrededor del globo. Optan por regresar a
la Patagonia.
La primera escala del regreso será en Islas
Malvinas. Algunos tripulantes seguirán su viaje por tierra para
conocer la realidad interior del Virreinato del Río de la Plata. Luis
Née viajará desde
Concepción del Chile hasta Buenos Aires. En el viaje, conoce a los
pehuenches, pero sin nunca dejar de herborizar y de consumar nuevos
estudios botánicos. Tadeo Haenke también plasmará una exploración
terrestre. El plan originario es que los viajeros por tierra se
encuentren en Montevideo. Haenke no podrá cumplir este objetivo
porque permanecerá en Bolivia hasta su muerte, acaecida en 1816.
En las Islas Malvinas, Malaspina desaloja a marinos ingleses que
se dedican a la matanza de lobos marinos. También descubre a
loberos norteamericanos que, en dos años, han ultimado a 20.000
lobos marinos. Este desalojo no es resistido, lo que demuestra
que, en aquel entonces, se acepta la soberanía española sobre las islas.
La expedición se dirige después a Montevideo. Múltiples apremios deben
sortear los marinos por la gran cantidad de témpanos que encuentran en su
camino. Ya en la ciudad a orillas del Río de la Plata, Malaspina
juzga
que los objetivos esenciales de la expedición están cumplidos. En
ese entonces, ha estallado la guerra con Francia. Por eso, en su
último trayecto de regreso, la Atrevida y la Descubierta escoltan
a un convoy de barcos mercantes. Parten de Montevideo el 21 de
junio y arriban a Cádiz en el nacimiento de la primavera de
1794. La expedición regresa después de cinco años de exploración. La vuelta se consuma en el inicio de la
estación
primaveral. En la primavera en la piel de la materia rebulle nueva
vida. La naturaleza vuelve a iniciar su respiración fecunda. El
tiempo de la llegada insinúa ya un resplandor simbólico porque el
nuevo comienzo en el conocimiento que pudo significar la expedición Malaspina
será sofocado por un red depredadora y
de extendidos hilos filosos...
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Reunión amistosa
con los patagones |

En
las Filipinas |

Malaspina
y Bustamante en un momento de descanso |
LAS
DOS REDES DE LA ARAÑA
El
destino simbólico de la Expedición Malaspina se anuncia
luego de su regreso a Europa. En un comienzo, el viaje del marino
de Parma y su tripulación les depara el reconocimiento y el prestigio. Carlos IV, el monarca español,
ve en
Malaspina un émulo local de James Cook. Malaspina comienza entonces
a
redactar una exhaustiva memoria de la navegación. El proyecto inicial
comprende tres volúmenes.
La expedición Malaspina trae 17 cartas y
planos que mejoran el conocimiento del
litoral atlántico. Las mapas sistematizan las representaciones del territorio
físico y el contorno irregular de sus costas. Un mapa es una red de contornos. Un
cúmulo de relaciones
entre accidentes geográficos y playas de las tierras representadas. Pero Malaspina, y sus pintores y naturalistas, descubren
inéditas presencias y relaciones no directamente observables como
las líneas sinuosas de una playa. El verdadero mapa que forja la
expedición es un determinado devenir entre los meandros de la biodiversidad
botánica, geográfica y humana.
Este mapa no consiste ya en una representación genérica de un
territorio, sino en una clasificación y exposición visual de las
formas particulares de la vida.
Las
colecciones botánicas labradas por las diligentes observaciones de
Pineda, Neée y Haenke son las más completas de la época. Consisten en
el inventario de alrededor de 14000 plantas. Se realizan también estudios
anatómicos y fisiológicos de más 500 especies de América, Asia, y
Oceanía. Botánica y zoología precisan del lápiz y pincel para
brindar un testimonio, la expresión visual, del carácter y aspecto de las especies
estudiadas. La pintura oficia como fuente de documentación de la
vida descubierta. José Guío se aboca a la recreación
de los animales, especialmente aves. José del Pozo es quien pinta
parte de la biodiversidad que la expedición halla a nivel geográfico y humano. Sus principales aportes son
La vista del
Puerto Deseado, un croquis al natural de Pineda junto a los
patagones, el retrato del cacique Junchar, y el de una joven
tehuelche. La red de la biodiversidad etnográfica y paisajista
también es trazada por otros artistas de
la expedición: Juan Ravenet, José Cardero, Fernando
Brambila. Este último, natural de Milán, es el primero en
representar la ciudad de Buenos Aires desde el Río de la plata. Plasma
también
una segunda imagen de la entonces capital del virreinato llamada Vista de Buenos Aires desde el camino de las carretas.
La expedición consuma alrededor de 900 ilustraciones en las que
bullen
los pobladores, plantas, animales, paisajes y ciudades de las
regiones visitadas. Imágenes que completan el mapa de la
biodiversidad.
El imperio español de fines del siglo
XVIII es una inmensidad territorial sustentada en un poder militar
vigilante. El poder es siempre expansivo. Desde el centro en
Madrid, la voluntad de dominación imperial española se
propaga hasta los confines de sus dominios.
La expedición Malaspina nace en parte como búsqueda de saber destinado a la
consolidación del poder hispano sobre sus posesiones ultramarinas.
Pero el fervor de la expedición por la especificidad de la
investigación científica y la luminosa recreación artística de
los
paisajes geográficos y humanos, la apartan de una mera contribución a la
afirmación de la soberanía imperial. La
red del conocimiento de la biodiversidad que surge de la
iniciativa de Malaspina adquiere cierta independencia respecto a
los designios de la sujeción colonial. El placer por la amplitud del
saber se superpone a la lógica política del imperium y a los mapas
reconstructivos de costas y continentes. El entusiasmo por el
conocimiento de la Expedición Malaspina respira en otra cartografía: la de la curiosidad humana que anhela diseminarse cada vez
más en la
amplitud de la vida natural.
Pero el despliegue de la red del saber biodiverso de Malaspina será
replegada, reabsorbida, por otra clase de tejido...
Cuando la expedición regresa a España, luego del rey Carlos IV,
el hombre de mayor influencia política es Manuel de Godoy. Godoy procede de una familia hidalga de capa
caída. Se inicia en la
carrera militar y, a los 17 años, ingresa en la Real Compañía de
Guardias de Corps. Auxilia al entonces Príncipe de Asturias, Don
Carlos, luego de un accidente de caballo. Comienza entonces su
vertiginosa ascensión a las cumbres del poder. Recibe su primer
ascenso: cadete supernumerario de brigada. Luego es nombrado Duque
de la Alcudia. Se destaca en las reuniones del Consejo de Estado.
Dirige la política exterior española en el contexto de la
delicada situación de la revolucionaria asamblea nacional
francesa. Godoy decide establecer una alianza con la Francia de la
revolución en contra de Inglaterra, candente amenaza para las posesiones
coloniales españolas. Así, en 1795, firma la paz de Basilea con
los franceses. Entonces, es llamado Príncipe de la Paz. Pero el
aura de nobleza y política triunfante de Godoy se extinguirá cuando en el
futuro caiga en desgracia. El nuevo rey Fernando VII lo someterá al destierro y la
humillación por su menoscabo de la soberanía española en beneficio de
Napoleón y su hermano José.
Pero, antes de su desmoronamiento, Godoy aun puede oficiar como
dueño de la red del poder, del tejido de la araña en su faz
depredadora... Los hindúes asocian la naturaleza visible con la red
de hilos de un arácnido. La materia es la telaraña de cosas
y seres extendidos en el espacio. En los hilos de
las formas materiales festonea la amplitud, la palpitación de la vida universal. Pero
el mundo material puede ser también maya, ilusión. La red de
araña que despliega la materia visible es también centelleante
ornamento cuyo principal peligro es inducir el olvido de la
fuerza invisible que crea a la araña y su tejido. La araña sólo
abocada a desplegar y controlar sus hilos no medita en ninguna
fuerza previa a su propio tejido. Es la red del poder, la densa
telaraña, que nunca se interroga por el origen del mundo físico y humano que busca controlar. El
arácnido obsesionado por controlar lo que existe dentro de su propia red, no medita
tampoco en su propia fragilidad y
finitud.
Tras su regreso, la popularidad de Malaspina es amplia y en
continua propagación. En la corte, algunos suponen que el culto y exitoso marino
quizá sea más idóneo para conducir
el timón de la política española. La red del conocimiento de
la biodiversidad ya brilla como tejido capaz de sustituir la textura de
poder político que Godoy aún domina. Pero Godoy
sabe que la fuerza en un contexto monárquico, la tela de la araña del poder, deriva de
la habilidad para manipular el favor
real. Godoy convence entonces a Carlos IV de que el marino de Parma
alienta ideas demasiado progresistas y liberales, que promueve una velada
conspiración
contra la integridad de la Corona. Malaspina es así encarcelado el
23 de noviembre de 1795 en el cuartel de la Guardia de Corps,
y luego es trasladado al Castillo de San Anton, en la Coruña. Es
destituido
de todos sus grados, empleos y propiedades. Se prohibe la
publicación de las memorias de su viaje. Su nombre y su obra deben
ser proscriptos, olvidados. Recién en 1885, casi un siglo después,
el contralmirante de la Armada española, Pedro Novo y Colson,
publica Viaje de las corbetas Descubierta y Atrevida alrededor
del mundo. Se comienza así la divulgación de la expedición
Malaspina.
Luego de 7 años de cautiverio, Malaspina es liberado
por mediación del vicepresidente de la República italiana. El
gran hombre de mar y explorador regresa entonces a su tierra natal
donde muere en 1810.
Sin saberlo, Malaspina y Godoy corporizan el doble movimiento
de la araña simbólica y universal. El arácnido, en su fase
creadora y saludable, despliega los hilos donde el espacio ya no
es vacío sino la diversidad de la vida. Es tejido, filigrana de la biodiversidad.
Pero el arácnido también emana sus hilos para devorar víctimas y reticular
un espacio de constante sujeción y vigilancia. El arácnido
poderoso fagocita intrusos y traza redes para sofocar y agrupar lo
diverso en un solo punto de control. La araña de la depredación y
la dominación de los hilos sólo admite el placer del conocer como
signo de ostentación o consolidación de la propia fuerza. Así,
Godoy se desplaza también en la historia como aparente
propiciador de la cultura: crea el Real Colegio de Medicina, el
Cuerpo de Ingenieros y Cosmógrafos, las escuelas de Veterinaria,
Sordomudos, Relojería, etc. Pero para la telaraña de la
depredación y la retención todo es en tanto que posición ventajosa para la captura y
manipulación de las
voluntades. Para la araña depredadora el verterse del
conocimiento en las cosas, como acto de alegría y celebración de
lo que existe, es vida inútil.
En el conflicto entre Godoy y Malaspina se enredan dos redes
opuestas, el movimiento de disímiles telarañas. Choque de redes,
tejidos. Puja donde suele prevalecer el entramado de la araña que
estrangula y desprecia los hilos que celebran la diversidad del
mundo.
BIBLIOGRAFIA
Novo
y Colson, Pedro, Viaje al Río de la Plata en el siglo XVIII,
con prólogo y notas de H.R. Ratto, Buenos Aires, La Facultad,
1938. Del
Carril, Bonifacio, "La expedición Malaspina en los mares
americanos del sur", Boletín Centro Naval, número 635,
Buenos Aires, 1957. Idem,
Los inicios en la Argentina, Buenos Aires, Emecé,
1982. Torre
Revello, José, Los artistas pintores de la Expedición
Malaspina, tomo II, Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1944.
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