
El Inca Atahualpa junto
a Pizarro
No fue movido por un espíritu
de conocimiento, ni siquiera de curiosidad hacia ese reino
remoto del cual había recibido noticias estando en Panamá.
La motivación tampoco fue religiosa, no estaba en él ese
espíritu de cruzada que sí había animado al almirante genovés
Colón. Su afán único era una sed insaciable y desmedida
de riquezas.
Las primeras noticias serias que recibe Francisco Pizarro de un
estado rico y poderoso en el sur, le llegan en l523. Esto le
anima a organizar expediciones de prueba junto con Diego de
Almagro hacia la parte sur de la costa del Pacífico que le
confirman la existencia de ese nuevo reino que podía ser
conquistado. En enero de l531 deja las costas de Panamá con 180
hombres y 30 caballos con el propósito de conquistar ese
fabuloso imperio. Al fin, su ambición se vería satisfecha.
Tal como Julio Cesar ante el senado, Pizarro pudo utilizar
la expresión Veni, vidi, vici (Vine, vi y vencí) para
explicar su rápida victoria. Con tanta celeridad, los
españoles derrotan y capturan al emperador Atahualpa, - señor
de unos l5 millones de súbditos, que dominaba un imperio de
unos 4.300 km.-, que impresionan a los pueblos andinos con su
poder y buena suerte. Tras distribuirse el rescate en oro del
emperador, se lanzan al sur a someter, saquear y destruir a todo
el imperio. Un halo de invencibilidad los rodea. Tan desmedida
era esa sed de oro que entre los andinos se crea la leyenda
popular que los españoles se alimentaban de oro y plata en
lugar de comida (1)
A éstos "conquistadores" no les interesaba comprender
a los conquistados. Conocer su cultura, costumbres, historia y
mucho menos entender su concepción de la vida, del tiempo y del
espacio, que diferían sustancialmente de las europeas. Solo
buscaban metales preciosos y explotar la fuerza de trabajo
indígena. Los habitantes del imperio Inca serán para ellos
solo "indios", seres tan inferiores, según su
criterio, que ni siquiera contaban con un sistema de escritura
tal como ellos lo tenían. Ignoraban y querían ignorar la
riqueza cultural de semejante imperio. Y paradójicamente es en
sus manos que queda la tarea de relatar la historia de éstos
pueblos.
EL PROBLEMA DE LAS
CRÓNICAS
Lo
que ha llegado hasta nosotros como fuente de la historia
de los Andes está recogida en las crónicas de los españoles.
Teniendo en cuenta el etnocentrismo de los escritores, la
insuficiencia idiomática, las diferencias culturales - que
hacían difícil y a veces hasta imposible traducir categorías
- los estereotipos concretos producto de esa misma incomunicación,
el desconocimiento de toponimia, nombres, límites espaciales
y hasta de personajes cuya historia relataban, nos muestran
a las claras lo poco fiables que son estas primeras crónicas.
Si bien, se podría argumentar que los posteriores cronistas,
aquellos de la década de l550, disponían de un mayor conocimiento,
tanto del territorio como del idioma o podían emplear mejores
intérpretes y acceder a versiones que los primeros cronistas
no pudieron conocer, aún así deberíamos tener reservas en
cuanto a la información que contienen. No hay que olvidarse
que ellos organizaron su versión de los hechos moldeándola,
cambiándola, y diseñándola para responder a sus fines. Además,
lo que los cronistas vieron o escucharon es susceptible
de serios errores interpretativos, pues como es sabido,
el testigo de un hecho elabora su testimonio sobre la base
de las categorías conceptuales de su propio mundo, que en
el caso particular de los españoles era totalmente distinta
de las andinas.
Otro punto importante a tener en cuenta a la hora de analizar
las crónicas, es que éstas se basaron en tradiciones orales y
en la reelaboración realizada por los escritores. Hasta los
llamados "cronistas indios o mestizos" como Pachacuti
Yamqui y Guamán Poma, están influenciados por la cultura
hispana y la ortodoxia cristiana. El pensamiento tradicional
andino se desvanece en sus escritos, quizás por el temor, muy
real en su tiempo, de ser acusados de herejía.
Los cronistas escucharon mitos de sus informantes y escribieron
una historia, ordenaron los datos de acuerdo a sus propios
criterios europeos, inexistentes, por otra parte en los Andes.
De tal manera que elaboraron una historia "a la
europea" con informaciones proporcionadas por los mitos y
relatos rituales; nada más alejado de la realidad andina.
De todo lo antes dicho, se desprende el cuidado que hay que
tener a la hora de abordar el estudio de los pueblos andinos.
Por eso en un intento de acercarnos a su mundo, vamos a
adentrarnos en su universo mítico, tratando de extraer entre
tantas capas de interpretaciones extrañas, la realidad que
subyace.
De
una manera muy escueta podríamos resumir la historia de los
Incas, según la van detallando las crónicas, como la
ascensión de un grupo étnico, entre tantos que habitaban la
zona centro-sur de los Andes, que tras la caída de Tiawanacu,
comienzan lentamente a adquirir poderío. Entre estos pueblos se
destacaban los Aymaras de la vecindad del lago Titicaca, los
Chancas de Ayacucho y los Incas del Cuzco. Los Incas, en el
mito, a partir de su octavo rey Pachacuti, quien vence a los
chancas en una batalla donde es auxiliado por el dios sol,
comienzan un ciclo ininterrumpido de expansión, que los
convierten en el poder hegemónico en los Andes. Los registros
comienzan a abundar en detalles acerca de una sucesión de
gobernantes. Se cuentan trece reyes, desde Manco Cápac a
Atahualpa, quien cuando llega Pizarro, terminaba de concluir una
larga guerra civil contra su hermano Huascar, ambos
pretendientes al trono de su padre Huayna Cápac. Las crónicas
llegan a clasificar a los incas en dos dinastías Urin y
Hanan, transformando un sistema de organización dual, en
dos dinastías, tal el modelo europeo, sin considerar el valor
simbólico que grupos y personajes tenían.
Recordemos que los cronistas recogieron su información de
fuentes orales, y que si bien la historia del Imperio Incaico no
se prolonga más allá de un siglo, y que ese lapso todavía
permite el funcionamiento de la memoria oral, aún cuando se
acepte este hecho, tal memoria oral no es específicamente
histórica. La tradición oral no tiene el sentido de la
estricta sucesión de hechos, ni siquiera el "hecho"
mismo. Nuestra concepción lineal del tiempo no es aplicable en
la mentalidad andina, ellos conciben la sucesión del tiempo
como ciclos. Así los españoles recogieron al menos tres ciclos
míticos en el siglo XVI que utilizaron para componer una
historia incaica, siguiendo sus criterios occidentales. A saber:
El mito de los orígenes, que incluye el mito de los
hermanos Ayar, el ciclo mítico de guerra contra los
chancas, donde sobresale la figura de Pachacuti y se produce
la expansión del Tawantinsuyu (2) y el ciclo de la guerra
entre hermanos, así entendido por los españoles el
enfrentamiento fraticida entre Huascar y Atahualpa.
SU
UNIVERSO MITICO
Es preciso considerar que "el tiempo
de Manco Cápac" o "el tiempo de Pachacuti"
configuran categorías temporales asimilables a un tiempo
primordial, sagrado e inmutable, repetible y no medible,
a un tiempo indefinido y al que siempre es posible regresar
mediante ritos realizados en momentos determinados. El rito
permite hacer volver el tiempo o trasladarse al tiempo anterior,
haciéndolo presente, porque es una imitación del acto pasado.
Tanto Manco Cápac como Pachacuti son dos arquetipos cuzqueños
identificados con el cosmos o mundo ordenado por los dioses. Con
Pachacuti es clara la identificación con la divinidad, el dios
sol lo auxilia en su enfrentamiento con el pueblo de los
chancas, transformando a las piedras en soldados y con tal
auxilio vence a sus enemigos, convirtiéndose en Inca. Lo que
permite explicar su papel como hijo del Sol. Así misma es
notable la identificación de Pachacuti como Manco Cápac el
arquetipo primordial. Es interesante notar que Pachacuti no sólo
es presentado en las crónicas como un conquistador, sino
también como un renovador tanto en el aspecto territorial como
religioso, adquiriendo de esta manera una calidad arquetípica y
un carácter sagrado.
Se atribuye a Pachacuti la reorganización del Imperio y el
establecimiento de la Ciudad de Cuzco como su capital. La
adoración del dios solar era predominante en la ciudad, tal es
así que se erige allí el máximo santuario oficial de los
incas dedicado al culto solar: el templo de Coricancha.
Cuzco era un espacio sagrado, según los mitos allí la pareja
primordial y fundadora realiza por primera vez los ritos de
ordenación del cosmos. El mundo sagrado incaico estaba dividido
en tres zonas fundamentales:
-
Hanan
Pachá o mundo de arriba, donde
moraban los dioses celestes.
-
Cay
Pachá o mundo de la superficie,
donde moraban los hombres.
-
Urín
Pachá o mundo del subsuelo, en
que vivían los dioses relacionados con la fertilidad y los
muertos.
Estos diversos mundos conformaban un todo sagrado, y entre ellos
se encontraban diversos puntos de contacto. El más directo, era
la propia ciudad del Cuzco. Era el centro, "el ombligo del
mundo", como lo llamaban los andinos, el punto básico de
comunicación entre los planos del cosmos. Según Mircea Elíade
"el centro es la zona de lo sagrado por excelencia, la
realidad absoluta"(Elíade, 2000, pág 26).
Si el Cuzco era el centro del mundo también lo era el Inca, el
hijo del Sol, que representaba su culto. El Inca era un ser
divino, un centro viviente cuya presencia en un lugar
sacralizaba el mismo. Cuzco también era la residencia oficial
del Inca, desde donde se administraba el poderoso imperio y el
principal centro religioso, según las crónicas había sido
fundado siguiendo las pautas dadas por la divinidad solar a
Pachacuti.
El Imperio estaba divido en cuatro partes, cuatro suyus:
Antisuyu, Collasuyu, Cuntisuyu, y Chinchaysuyu, que convergían
en el centro Cuzco. Juntas formaban el Tawantinsuyu "las
cuatro partes juntas", el Imperio Incaico. Al parecer esta
división del Imperio en cuatro respondía al significado de
este número de totalidad, plenitud, perfección.
¿EL RELATO DE UNA GUERRA
RITUAL?
A la muerte del Inca Hayna Cápac,
surge el problema de sucesión, que según la investigadora
María Rostowroski (3), siempre era conflictivo y la mayoría
de las veces sangriento. Es en este asunto cuando con mayor
claridad se percibe la incomprensión de los cronistas hispanos
ante los hechos que se desenvolvían ante sus ojos: la sucesión
al poder y el enfrentamiento entre los dos hijos del Inca
por el trono.
Si se parte del supuesto que la organización del Tawantinsuyu
compusiera un dualismo en el poder – dualismo que es
claramente apreciable en el ámbito de parcialidad y ayllú (4)-
y que cada pueblo o cabecera tiene un curaca (jefe étnico)
Hanán y otro Urín, puede pensarse en un dualismo
similar para las dos mitades del propio Cuzco. Siendo la parte Hanán
preeminente sobre la Urín.
Según el cronista Sarmiento de Gamboa (5), cada Inca ha
nombrado un sucesor que no llega a tomar el poder. Este
aspirante al trono siempre se enfrenta a un rival de su mismo
nivel a quien vence. Uno de ellos es de la parcialidad Hanán
y el otro Urín. Siempre vence Hanán. Podría
pensarse entonces en una guerra ritual para acceder a la
supremacía. La existencia de batallas rituales en los Andes
está ampliamente documentada, como lo ha demostrado la
etnografía. Por ejemplo el cronista Betanzos (6) informa acerca
de un combate ritual entre integrantes de Hanán Cuzco y Urín
Cuzco, donde debían declararse vencidos los Urín y
vencedores los Hanán.
Siempre la historia ha presentado a los últimos Incas como dos
hermanos enemigos, Huáscar el heredero legítimo y Atahualpa el
usurpador. Cuando arriban los españoles se encuentran con el
final de esta guerra civil, donde Atahualpa había salido
vencedor. Cabría preguntarse si la "mala prensa" dada
por los cronistas españoles sobre la persona de Atahualpa no
fue otra cosa que un deliberado intento de justificar el
accionar de Pizarro, quien así asumía el papel de
"restaurador de la vieja monarquía cuzqueña".
Huáscar y Atahualpa evidentemente representan facciones
opuestas, diferentes puestos rituales. Uno de ellos es Hanán
y el otro Urín. Recordemos que Cuzco es el centro
del universo, un lugar bien defendido, el camino hacia él es
sumamente difícil plagado de peligros pero el hecho de
alcanzarlo equivale a una iniciación, a una conquista de la
inmortalidad, tanto afán vale la pena. Es un rito de paso de lo
profano a lo sagrado.
Huáscar, según las crónicas, vive en el Cuzco, Atahualpa
siempre es ubicado lejos de él. Sus movimientos de avance hacia
ese centro, según se van detallando, no parecen lógicos sino
se consideran éstos como parte de un ritual. Atahualpa
representa a un héroe solar que conquista simbólicamente el
mundo, es decir Cuzco. Según se percibe en el relato de los
cronistas, Atahualpa adquiere una singular prestancia religiosa
desde el momento en que es nombrado Inca, no vuelve a perder
ninguna batalla, porque el Inca es invencible. Los dos hermanos
simbolizaban la oposición de contrarios, cuya reunión
estabilizaría el mundo en un tinku (7) la unión o
encuentro de opuestos. Un combate ritual fertiliza la tierra y
cumple situaciones que originalmente se relatan en los mitos de
origen y fundación. Este ritual proyecta a esa época mítica.
Atahualpa y Huáscar simbolizarían así el combate ritual
de Hanán contra Urín, en el cual el primero
siempre debía ser el vencedor. En el momento de llegar los
españoles, los cronistas dicen que Atahualpa se dirigía
al Cuzco, el centro del mundo. Su entrada en la ciudad sagrada
significaba la restauración del orden cósmico, el fin de
la guerra ritual, dado que el hijo del Sol había logrado
al fin la consagración. (*)
(*)
Fuente: María Teresa Fuster,"Huáscar
y Atahualpa: símbolos de la guerra ritual inca",
editado aquí de manera original.
BIBLIOGRAFÍA Y NOTAS:
(l)
Poma de Ayala , Nueva Crónica, l6l5, pág. 369,370
Eliade,
Mircea, "El mito del eterno retorno", Ed Alianza, 2000
Pease,
Franklin, "Los últimos Incas del Cuzco", Alianza,
l99l
(2)
Tawantinsuyu, nombre por el cual los incas designaban a su
Imperio. "Suyus" significa partes o mitades, en este
caso la reunión de cuatro partes.
(3)
Rostworowski, "Etnia y sociedad..."IEP Lima.
(4)
Ayllú era la unidad básica de organización andina, sus
miembros estaban unidos por vínculos consanguíneos,
participaban en actividades económicas, sociales y religiosas.
Era el más fuerte elemento cohesión social
(5)
Sarmiento
de Gamboa (l572) l947: 24l,246
(6)
Betanzos (l55l) l987: l9l, l92
(7)
Tinku: Pelea ritual en la que combaten dos bandos opuestos. Se
trata de un rito orientado a reunir las dos mitades bajo las
características de una batalla. Puede definirse como el lugar
de encuentro en que se unen dos elementos provenientes de dos
direcciones diferentes.
(8)
Elíade, Mircea, "Mito y realidad", Labor, l992