Reconstruir el éxodo bíblico a partir
de las fuentes egipcias, es una tarea muy complicada. Los
testimonios provenientes del antiguo país del Nilo con relación
a la existencia de los israelitas son nulos en la primera
mitad del segundo milenio a. C.(1). Hasta el momento, la primera
mención que se hace en una inscripción egipcia de la existencia
de Israel como nación, es en la estela del faraón Merneptah
(Dinastía XIX), piedra de basalto negro que data del siglo
XIII a. C.(2). Es cierto que muchos han relacionado a los
hebreos con él termino Avirú, como aparece con anterioridad
en los textos de Amarna (Dinastía XVIII), refiriéndose a un
hostil pueblo hurrita; pero esto es dudoso. Sin embargo, la
Biblia desde los primeros capítulos hace alusión a Egipto
más de setecientas veces, ya sean citas directas o referencias
simbólicas.
Por lo tanto, para facilitar nuestro estudio, hemos recurrido en
parte a la metodología inversa, que creemos, es inevitable para
nuestros objetivos, a saber, ver a Egipto en el Imperio Antiguo y
Medio a partir de las menciones testamentarias, y tratar de
secuenciarlas con las pruebas documentarias disponibles.
EGIPTO
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Los problemas que plantea el abordar
este tema desde estas dos perspectivas, se deben a razones bien
delineadas. En primer lugar, si el origen del pueblo hebreo como
nación se lo debe a un espectacular escape hacia el levante, es
hasta cierto punto lógico que esté ausente de los registros
egipcios. Una derrota tal a su orden político y religioso
seguramente fue borrada deliberadamente de sus anales en resguardo
de sus divinidades; siendo en consecuencia recordada
detalladamente en la memoria hebrea y descripta en el Pentateuco
como un acto salvador de su Dios.
En segundo lugar, los testimonios arqueológicos son en buena
medida fragmentarios, lo que dificulta la reconstrucción de la
historia antigua y datación cronológica de Oriente desde un
metodo sistemático.
El principal canal que ha conservado a través del tiempo, es
decir, sin interrupción, una memoria histórica de este período
es sin duda el Antiguo Testamento(3). Esto, por un lado refleja
una ventaja, la de seguir la historia egipcia a partir de las
narraciones del libro de Génesis y de Exodo, pero por el otro
plantea una dificultad; ya que el motivo que los reviste es
religioso, y este es siempre subjetivo. La tarea de conservación
bíblica se efectuó por razones mayormente de orden sagrado, y al
igual que los textos egipcios bajo la supervisión de una clase
sacerdotal. Como veremos en el presente trabajo, en el relato de
la esclavitud y escape de Egipto prevaleció el elemento de
supremacías de dioses, es decir, Yahvé en desmedro de los dioses
egipcios y sus consecuentes recursos simbólicos que hallan su
expresión narrativa en el mito.
EL
ORIGEN DE EGIPTO SEGÚN EL GÉNESIS
En
la tabla de las Naciones, como algunos comentaristas prefieren
llamar al capítulo X de Génesis, nos menciona el origen entre
otros, del mismo Egipto. Dos de los descendientes de Cam, hijo de
Noé y sobreviviente del diluvio, fueron Mizraim y Patros.
Uno pobló la zona del delta, el otro la tierra más cercana a las
misteriosas fuentes del "canal"(Heb. SHEOR,
"corriente"), como los antiguos se referían al Nilo.
Vale decir, que desde lo antiguo se reconocía la dualidad en el
Bajo y el Alto Egipto.
Algunos, han querido ver en Mizraim al faraón Menes
fundador de la primera dinastía mencionado por Manetón, pero
dicha identificación es incierta. Sin embargo, es notable que
hasta el día de hoy, los árabes conozcan a la tierra del Nilo
como "Misr" o "la tierra de Cam el negro".
Lo curioso es que los mismos habitantes de Egipto hablaran de su
tierra como "Kenyt" (negro)(4) o "Tawy"
(las dos tierras)(5).
Abraham, hizo en algunas oportunidades algunas visitas al país,
por los registros bíblicos parece que tuvo relaciones comerciales
ya que adquirió una sierva egipcia llamada "Agar"
(Génesis Cap. 12-13). Si bien, no hay ninguna evidencia
arqueológica de estos episodios, la situación reinante en
Palestina con relación a sus enlaces y sus respectivas rutas
comerciales o a los movimientos migratorios semitas, coinciden con
los registros egipcios del viaje de Sinuhé(6) y con las
descripciones del papiro Anastasi I(7).
Tiempo después, José es vendido como esclavo a Egipto por
comerciantes ismaelitas a un hombre importante llamado Potifar,
cuya esposa intentó seducirlo mientras ministraba en el interior
de la casa(8). Es relevante la evidencia documentaria de mujeres
ricas en busca de aventuras extramaritales, como lo muestra el
papiro Westcar(9). En consecuencia, el hebreo es encerrado en
prisión y finalmente alcanza un puesto de visir ante la corte del
faraón por el arte de interpretar sueños y predecir siete años
de abundancia y otros siete de hambre en el país bien amado.
Existe evidencia de siete años de escasez en una inscripción
sobre un bloque de granito en la isla de Sehail, que data de la
época tolomaica, pero la leyenda seguramente es mucho más
antigua(10).
La historia de José tal como la leemos en el Génesis, concuerda
con las costumbres Egipcias, las viviendas, el funcionamiento
penitenciario, el cargo de visir o segundo en el reino coinciden
con lo que hoy se sabe del período en cuestión(11).
LA
INVASION DE LOS HICSOS
Un
dato que no podemos pasar por alto es lo que menciona Génesis 41:
43, sobre el nombre que recibió José en su ascenso, "Avrekj".
Esta expresión es una transliteración y no se sabe a ciencia
cierta su verdadero significado, pero la versión siríaca lo
vierte como: "padre gobernante, y la Vulgata de Jerónimo
como: " que toda rodilla se doble ante él"(12).
El hecho de que así fuera llamado cuando montaba en el carro
triunfal del faraón y de que halla recibido el anillo del
sello(posiblemente con el emblema del escarabajo(13)), concuerda
con lo que dice la obra de Manetón, hoy desaparecida. Esta es
rescatada por el historiador judío del siglo I d. C. Flavio
Josefo, donde relaciona a los israelitas con los llamados hicsos,
que significan "reyes pastores" o "reyes
cautivos"(14). Es dudosa su procedencia, por lo que se sabe
fue una invasión asiática, que según se cree, sucedió entre
las dinastías XIII y XVII y que gobernaron durante unos
doscientos años; otros prefieren fecharlos entre las dinastías
XV y XVI. Algunos comentaristas sitúan la entrada de José con el
período de los hicsos, ya que según Génesis 47: 20,
José llego a ser dueño de casi todo Egipto a excepción de los
bienes del Faraón y de sus sacerdotes. No hay ninguna evidencia
bíblica que grupos asiáticos estuviese instalados en el delta
antes de la llegada de Israel (Génesis 46: 5, 6). Según los
textos hebreos, la corte real estaba compuesta solo por egipcios,
Potifar era uno de ellos. Además, José tuvo que servirles la
comida a sus hermanos en una mesa aparte, "puesto que los
egipcios no podían comer(...) con los hebreos" esto no
hubiera sido necesario los habitantes del palacio hubiesen sido
semitas(Génesis 43: 31, 32).
L. Archer, nos ofrece una teoría interesante(15). Nos habla de
tres grupos, los Israelitas, los egipcios y las hordas invasoras
de los hicsos. Para su exposición, utiliza el relato de
Exodo 1: 8-10 que menciona lo que sucedió después de la muerte
de José. Allí dice:
"
Con el tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no
conocía a José"
Este
nuevo rey, sin duda era de otra dinastía, bien podría ser un
gobernante hicso, ya que no reconocía al pueblo del
difunto José ni el cargo que ocupó.
"Y
procedió a decir a su pueblo: "¡Miren! El pueblo de los
hijos de Israel es más numeroso y poderoso que nosotros."
Es
improbable que los israelitas hubieran sido más numerosos que
todos los habitantes de los nomos de Egipto, en cambio, si
hubieran sido unas dinastías invasoras evidentemente eran un
grupo más reducido.
"¡Vamos!
Tratemos astutamente con ellos, por temor que se multipliquen y
tenga que resultar que, en caso de que nos sobrevenga una guerra,
entonces ellos ciertamente también se agreguen a los que
nos odian y peleen contra nosotros y suban y se vayan del
país".
Es
posible que si era una dinastía de hicsos temieran que los
hebreos se unieran a los egipcios en una posible guerra.
Pero desgraciadamente es una etapa muy oscura y la invasión de
estos extranjeros no se entiende con claridad(16). Las
inscripciones de las tumbas nos silencian el hecho(17). Además,
hay mucha incertidumbre en cuanto a las dinastías que
presenciaron los acontecimientos. Pero ¿qué hay de la historia
de Moisés y de la migración israelita registrada en el libro
bíblico de éxodo? ¿Es factible reconstruirlo a partir de
documentos egipcios?
Solo es posible hacer un acercamiento, si se dejan definidos dos
asuntos: por un lado, el problema cronológico y la dificultad de
armonizar los hechos arqueológicos y epigráficos con la historia
tal como la registra el Pentateuco; y por el otro, las profundas
cuestiones religiosas que estuvieron enraizadas en las
mentalidades de ambos pueblos.
EL
PROBLEMA DE LAS FECHAS
No
existen dudas en cuanto a la estancia de los Israelitas en Egipto,
la presencia semita esta bien atestiguada, por lo tanto, es un
tipo de conclusión que debemos aceptar a priori. No es el tipo de
tradición que un pueblo inventaría, la esclavitud es un recuerdo
humillante para cualquier nación(18). El problema aquí no es de
orden histórico, es decir, si ocurrió o no, sino de orden
estructural, o sea como ocurrieron los acontecimientos y cuando.
El
tema de las fechas es un asunto delicado, por eso debemos
abordarlo con cautela. Mientras que la cronología bíblica sitúa
el éxodo en el siglo XV a. C. la datación que sugiere el
registro arqueológico es alrededor del siglo XIII a.C. La razón
de esta diferencia se debe a dos factores: 1) Es imposible
armonizar los trabajos de campo, debido a que los investigadores
de Palestina se manejan con herramientas muy diferentes a las que
utilizan los egiptólogos, ya sea por la naturaleza de las fuentes
escritas como por los materiales a estudiar. Y 2) Los registros de
Israel no mencionan el nombre de ningún faraón hasta el período
monárquico, por lo tanto, no es factible establecer ninguna
concordancia con las dinastías conocidas.
La
dificultad de armonizar ambas cronologías con los trabajos de
campo
Mientras que la cronología hebrea se basa en cómputos de
tiempo que da el Antiguo Testamento y en períodos generacionales
de cuarenta años, se puede sumar desde que Abraham entró en la
tierra prometida 430 años, de los cuales solo 215 años
estuvieron en tierra extranjera, esto nos llevaría al año 1513
a. C. para la salida israelita de Egipto. Josefo, habla del día
trece del mes lunar Jántico, pero dice que el período de 430 se
debe contar desde que entraron al país del Nilo ("Antigüedades
Judías" Libro II Sec. 318). Como sea, muchos dudan que
estas generaciones de 40 años sean literales(19), lo que
dificulta el asunto, además de contradecir las pruebas
arqueológicas(20).
Por otro lado, la cronología egipcia está apoyada en
evidencia fragmentaria. Los historiadores se basan en la Piedra de
Palermo (incompleta), donde presenta lo que se consideran las
cinco primeras dinastías. El papiro Turín (en muchos
fragmentos), que proporcionaría la lista de reyes desde el
Antiguo reino hasta el Nuevo. Y finalmente se coordinan con los
textos de Manetón (treinta dinastías), ayudados por cálculos
astronómicos(21).
Pero las dudas que arroja tales fuentes son múltiples. La obra de
Manetón usada para ordenar el rompecabezas que presentan las
pruebas arqueológicas, como ya se mencionó está perdida, solo
se recuperó de citas de otros escritores antiguos como
Josefo(siglo I d. C.), Sexto Julio Africano(500 años después) y
Sincelo (Siglo VIII o IX d. C.). Es muy difícil saber con
seguridad lo que es autentico o lo que es espurio de Manetón. Es
plausible que reyes, hasta dinastías enteras hayan gobernado al
mismo tiempo, lo que reduciría la cuenta del tiempo asignado de
manera considerable(22). Definitivamente los egiptólogos han
depositado demasiada confianza en las inscripciones antiguas, pero
la integridad moral de los escribas egipcios es con seguridad muy
cuestionable(23).
Sumado a todo esto, los trabajos de campo difieren en la
metodología y en la tarea interpretativa. Mientras que Palestina,
por la naturaleza de sus sitios y de sus fuentes escritas, que
están relativamente intactas, se reconstruye una secuencia de
acontecimientos en forma ininterrumpida y se les asignan fechas
muy bajas; no sucede igual con los sitios egipcios. Estos, han
sido depredados por los llamados "padres de la
egiptología" e incluso antes de la invasión napoleónica
asignándoles fechas muy altas.
El
enigma del faraón
Este tema ha sido fuente de controversia
¿Por qué la Biblia niega el nombre de los soberanos pero a
cambio da el nombre de las parteras que asistieron al nacimiento
entre otros del niño Moisés?
Una de las razones, es que quizá haya habido implicaciones de
orden religioso. El faraón (que significa Gran Casa), era para su
teología un dios encarnado en la tierra. El halcón Horus, el
amanecer, símbolo de la resurrección. Era la unión entre el
cielo y la tierra. Toda su actividad cívica era vista como un
rito que protegía a Maat, la justicia y la verdad(24). Es posible
que exista alguna relación entre la función sagrada del faraón
y el enigmático jeroglífico hallado en un papiro en Abydos,
llamado "la casa de la vida"(25).
En consecuencia, el nombre de los faraones llevaba implícito ya
sea en su escritura como en su simbolismo, el nombre de alguna
divinidad; lo que mencionarla bien podía significar reconocer su
misma existencia (Y los israelitas no reconocían la existencia de
ningún Dios vivo a excepción de Yahvé, las demás divinidades
eran inertes, dioses de palo y piedra).
Esto se hace evidente en el nombre egipcios de algunos personajes
bíblicos, como el mismo Moisés; que tiene la misma terminación
de Ra-mesés, o Tut-mosis por ejemplo, pero está ausente el
elemento concerniente al nombre de la divinidad(26).
Sin embargo, el tetrateuco no guarda ninguna uniformidad en estos
casos. Ya que esta construido de varias tradiciones muy antiguas,
es posible que mientras algunas conservaron algunos
nombres(mayormente de localidades como puntos de referencias),
otras lo han omitido. Después de todo era una historia nacional e
importaban muy poco estos detalles.
Cabe agregar, a propósito de lo dicho, que el encontrar nombres
egipcios en los personajes del éxodo(Como Jofní, Finefás o
Merarí, predominantemente en la tribu de Leví), es una prueba
contundente de la relación que hubo entre los semitas y los
egipcios(27).
Por todo lo antes dicho, no es posible hasta el momento,
relacionar a los monarcas egipcios que menciona el Génesis ni al
Faraón que vivió en la época de Moisés con ningún nombre
mencionado en las inscripciones. Pero ¿qué hay de Ramsés II?
¿No es acaso este el faraón que prefieren la mayoría de las
obras de consulta para situarlo en dicho período?
Ramsés
II
Exodo 1: 11, habla que los israelitas fueron obligados a trabajar
en la construcción de dos emplazamientos, Piton ("Casa o
templo de Atum" identificada tentativamente con Tell Rettabeh)
y Ramesés ("Casa de Ramsés", San el-Hagar o Avaris,
capital de los hicsos conocida en los textos griegos como Tanis).
Este hecho ha animado a muchos egiptólogos a relacionar el nombre
de esta construcción con el faraón Ramsés II (Dinastía XIX),
basándose en las inscripciones del mismo faraón en la que afirma
haber edificado una ciudad que lleva su nombre (Per-Ramsés) con
mano de obra de esclavos. Sin embargo, esta identificación es
sumamente dudosa, el sitio mencionado por los registros hebreos
era un depósito mientras que el que menciona las inscripciones
egipcias era la capital misma. Por otra parte, aunque el faraón
que protagonizó el éxodo hubiera sido Ramsés II, la prueba
sigue siendo irrelevante, ya que el sitio que menciona la Biblia
fue edificado antes del nacimiento de Moisés(Génesis 47: 11).
En consecuencia, parece que lo único que tuvieron en común el
sitio bíblico y la capital de Pr-R’-ms-´sw (Per-Ramsés) fue
solamente el nombre(28).
Exodo 12:37, dice que Israel partió desde este sitio rumbo al
Sinaí. Sin embargo, Josefo identifica a Ramesés con Letópolis,
una localidad cerca de Menfis. Esto es apoyado por Estrabón quien
la sitúa un poco más arriba del viejo Cairo (Estrabón XVII,
807).
EL DUELO DE LOS DIOSES
Los egipcios eran dados a borrar
registros de personas o acontecimientos que no les eran
favorables. El mismo Tutmosis III hizo desaparecer el nombre de la
reina Hasepsut de los bajorrelieves (29). En una inscripción
acerca de un consejo que el rey Kheti III (2120-2050)(30)a su
hijo, decía que si no gobernaba con sabiduría " los pueblos
borraran tu recuerdo y el de tus ancestros"(31). Vale decir,
que no nos extraña que el relato bíblico no tenga una
correspondencia en la historia del país del Nilo. En cambio, lo
que sí esta corroborado por los testimonios es la penetración de
grupos semitas en el delta oriental, y que constituyeron una
verdadera amenaza(32).
Por otra parte, el registro bíblico, no nos ayuda demasiado en
cuanto a una reconstrucción de orden histórica. La naturaleza
del mensaje que quiere describir, es la supremacía de su Dios
"uno y verdadero" sobre los "falsos dioses de
Egipto".
A continuación repasaremos a modo de ejemplo, el carácter
teológico que reviste al relato de Exodo y cual fue el interés
principal del cronista, razón por la cual poco importó mencionar
los detalles que hoy intentamos dilucidar:
La
lucha de las serpientes: Cuando Moisés se presenta ante el
faraón, convierte su vara en serpiente para demostrar sus
credenciales divinas. La serpiente en Egipto, era símbolo de
sabiduría que poseía el mismo rey en su corona. Ahora ésta
desafía a su capacidad de gobernar, por ello sus magos también
convierten dos varas en reptiles, emblema de los dos reinos, pero
la serpiente de Moisés resulta más poderosa que el Alto y el
Bajo Egipto, devorando a las otras.
Las plagas
El
Nilo se convierte en sangre: El carácter divino del río
esta bien atestiguado. Para los egipcios era el dios Hapy. Diodoro
Sículo (Libro I: 36, 7-12), habla de su crecida como algo
maravilloso. Mientras que todos los demás ríos comienzan a
decrecer en el solsticio de verano, éste es el único que empieza
a aumentar su cause en ese momento, de manera tal que inunda gran
parte del país(33). Por lo tanto, se celebraba el ritual de la
crecida y su relación con el Dios sol. Más que un dios
específico era un espíritu andrógino, aquel que orientaba y
ordenaba las caóticas aguas primordiales en virtud de la
conservación de la vida humana. Era el símbolo de la vida(34).
Para los hebreos, la vida residía en la sangre, Yahvé salvaba
mediante el derramamiento de ella en la tierra. En consecuencia,
convertir el río sagrado en sangre era una bofetada al centro de
la teología egipcia.
Las ranas, los
tábanos y los jejenes: La diosa rana Hegt y los dioses de
la magia Phat y Thot no pudieron hacer nada al respecto. Maestros
de la brujería, eran vistos como deidades que mantenían el orden
del cosmos (35).
Peste
al ganado y a los hombres: Los egipcios
despreciaban a los pastores, eran ganaderos por excelencia. El que
sus animales fueran muertos por una peste no solo fue un golpe a
su economía, sino también a los dioses Hator y Apis.
Tampoco Isis, la diosa de la sanación, simbolizada por las fases
lunares, como el ojo- en el mobiliario de los templos tiene
correspondencia con instrumentos quirúrgicos- tampoco pudo curar
a sus adoradores.
Tormenta
con granizo y fuego: Set, dios de la
tormenta y el relámpago, era visto como una divinidad negativa
enemiga de Osiris. Según los escritores antiguos era el Dios de
los Hicsos, compatible con las divinidades semitas, como Baal, el
dios del rayo (36). Reshpú, el controlador del fuego, no pudo
ayudar a su pueblo, como tampoco Thot, el regulador del tiempo y
los ciclos estacionales (37).
Plaga de langostas:
Esto fue un atentado a los ciclos de las cosechas y a los dioses
de la fertilidad. El dios Min, relacionado con la fecundidad de la
tierra negra, se lo representa bajo el símbolo del toro (38). En
Grecia era asociado con Pan, el que rapta a las mujeres o el que
fecunda a su propia madre.
Período de oscuridad en la tierra:
Esto atentó contra el poder de las divinidades solares, símbolo
de lo masculino, la salud y el orden. Atacó la dualidad Amón-Ra
y a la triple manifestación de Horus, Isis y Osiris, funcionando
como la voluntad poderosa, el soplo vital y fenómeno
brillante(39).
El golpe contra la dinastía del faraón al dar
muerte a su primogénito:
El hijo del faraón era Horus, el disco solar alado, el
astro naciente. Isis nada pudo hacer por su hijo-esposo. Tampoco
Osiris pudo detener la llegada del ángel destructor de Yahvé.
Hasta Anubis, el señor de la necrópolis estuvo inerte.
Muerte del mismo
Faraón el Mar Rojo: Los mares que circundaban el país
bien amado (el mar Mediterráneo y Rojo o el Mar Grande y el Mar
de Juncos, como se conocía en la antigüedad) eran vistos como la
sustancia primordial donde nacían y morían las demás formas. El
agua era entendida como la vida. En los textos de las pirámides
(Papiro 10188 b., Museo Británico), se puede leer un himno a las
aguas divinas. Es interesante notar que el ideograma del agua
corriente VVV, este formado por el signo del agua V, de la luna V
y de la mujer V(40), como símbolo vital.
Thot, el controlador del orden del mundo y Amón, protector de la
monarquía, se demostraron incompetentes ante el poder de Yahvé
sobre esta fuerza que asimiló al mismo Faraón o dios en la
tierra.
Como
se habrá podido observar, todo el relato esta "plagado"
de un mensaje religioso, fundamentalmente que solo Yahvé es el
dios vivo y verdadero y los iconos egipcios no son nada más que
la personificación de las fuerzas naturales creada por el mismo
dios hebreo.
El tener en cuenta esta visión religiosa, aunada a la
interpretación tanto histórica como arqueológica, nos ayudará
a revisar los problemas expuestos en el presente trabajo desde
varias perspectivas, que hacen al cuadro más completo. Las
lagunas del origen y migración del pueblo hebreo desde el país
del Nilo hacia el levante como describen los textos bíblicos,
como los misteriosos elementos semitas en aparecen en los anales
egipcios, se resisten a dejar lo más oscuro del lugar donde
están sepultados, el eterno pasado, allí es donde reposan y por
ahora seguirán descansando, quizá por ello nunca dejen de
fascinarnos.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
1) El papiro Anastasi I, únicamente hace una
descripción geográfica de la región del levante.
2) Merneptah, hijo de Ramsés II (Dinastía
XIX) dice que "Israel ha sido arrasado, y su descanso no
es". Citado de "Aid to Bible Understanding"
1971 W.T. Pág 492
3) M.Levirani "El Antiguo Oriente,
historia, sociedad y economia", Barcelona, Ed. Crítica,
1995, Pág 19
4) Plutarco (Siglo I e. C.) explica que se
trata del contraste entre el terreno negro y fértil de las
orillas del Nilo y lo arenoso de las dunas circundantes.
5) Op. Nota 2, Pág 485
6) Cazelles, "Introducción crítica al
Antiguo Testamento", Pág 41.
7) Op. Nota 1.
8) Con relación a los detalles de
distribución de las casas egipcias, ver a Pierre Montet: "La
vida cotidiana en el Antiguo Egipto", Ed. Mateu,
Barcelona, 1961, Pág 28-33
9) Ver Papiro D’orbiney, citado por James
Pritchard, "Atlas de la Biblia", Barcelona,
Plaza-James, 1991, Pág 38.
- Carl Grimberg: "Historia Universal", Chile,
Ed. Abril, 1986, Vol. II, Pág 101.
- Op. Nota 9.
- Íbídem Pág 23.
- Cuando se produce la invasión de los hicsos, algunos de sus
faraones, cuyos amuletos eran escarabajos Rem, llevaban
nombres semitas con el elemento de la divinidad EL. Ver
Cazzelles Op Nota 6.
- Josefo: "Contra Apión", (Libro I Sec.
14-16; 25-31)
- Gleason L. Acrcher: "Reseña Crítica a una
Introducción del Antiguo Testamento". USA E.
Portavoz, 1994, Pág 237.
- Merril Unger": Archaeology and the Old
Testamen"t, 1964, Pág 134.
17) En una estela descubierta por Mariette en
Tanis en 1863, parece que habla de los hicsos y su supuesto dios
Set. Asimismo la tablilla Carnarvon habla de la derrota de este
pueblo semita. Ver J. M. Serrano delgado: "Textos para la
historia del Antiguo Egipto", Madrid, Ed. Cátedra, 1993,
Pág. 106.
18) John Bright: "La Historia de
Israel", España, Ed D. De Brovwer, 1970 Pág 145.
19) En ausencia de una tradición escrita, se
ha notado que muchos pueblos han utilizado el número cuarenta.
Según Albright este sistema se encuentra entre los fenicios y
entre los cartaginenses.
20) La postura de la adopción del siglo XV, se
ha tratado por Brimson en "Redating the Exodus and
conquiest" en "Journals for the Study of the Old
Testament" Suppl. Serie 5, 1978.
21) "Insight on the Scriptures",
WT. 1991, Pág. 587.
22) Nickin, Blackburin: " Study in
Egyptien Chronology", 1928, Inglaterra 1939.
23) "The Word History of the Jewish",
1964, Vol I, Pág. 280-281.
24) Ver texto de Génesis y renacimiento de
Hatshepsup (Dinastía XVIII).
25) Henri-Charles Puech: "Las
religiones antiguas", España, Siglo XXI, Vol. I, Pág
134.
26) Op Nota 18. Pág. 145.
27) Los nombres de las parteras Sifra y Pua
(Ex: 1: 15) son de procedencia hebrea y en consecuencia, muy
antiguos. ( Albright en JAOS. 1954. Pág 229)
28) "Vetus Testamentum",
Leiden 1963, Pág 410.
29) Op. Nota 21. Pág. 588.
30) Para las fechas se ha tomado la cronología
de Albright en " Bulletin of the American Oriental
Research".
31) F. Schwarz: "Geografía sagrada del
Egipto Antiguo", Bs. As. Ed Errepar, 1996, Pág 156.
32) A comienzos del Imperio Medio, Amenemhet I
como protección contra las incursiones nómadas, levantó
"La muralla del príncipe". Un sistema defensivo de
fortificaciones en los límites del delta oriental. Dicha
construcción defensiva, esta atestiguada por Sinuhé. Ver
Herrmann Siegfrid: "Historia de Israel",
"Elementos semitas en Egipto" Pág 83.
33) Op. Nota 17. Pág42.
34) Op. Nota 31 Pág117.
35) Max Muller: "Mitología Egipcia".
Ed. Olimpo. España, 1996. Pág 20.
36) Op. Nota 15.
37) Op. Nota 31 Pág. 118.
38) Ibídem Pág 117.
- Ibídem Pág 119.
- M. Eliade: "Tratado de Historia de las religiones".
México, Ed. Era, 1972, Pág. 178-179.