REBELIÓN
CULTURAL Y POLíTICA DE LOS '60
Por
Marilina Carballude
Introducción.
Objetivos del trabajo.
"Piensa
esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno
florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente
el reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque
es de buena marca (...) Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no
lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo,
algo que es tuyo y que no es tu cuerpo (...) No te regalan un reloj,
tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del
reloj".
Julio
Cortázar. Preámbulo
a las Instrucciones para dar Cuerda al Reloj, "De Cronopios y de
Famas" (1962).
A
veces resulta más fácil comenzar el despliegue de una idea
particular, tomando prestado argumentos o, como es el caso, textos
ajenos. Es por ello que decidí explicitar lo concerniente a este
trabajo mediante un fragmento de la obra de Cortázar. El tiempo sin
duda rige todo aspecto de nuestra vida, constantemente hacemos uso y
abuso de la hora, alteramos nuestro estado anímico por recuerdos
aleatorios, nuestro apetito está sometido a una perfecta división de
segmentos temporales permanentes. Ese es el tiempo en el que
habitamos, ese es el tiempo del ser alienado. Cuando Cortázar
describe el acto de regalar un reloj, toma una mirada poética
notablemente crítica de los tiempos modernos, aquellos en los que el
individuo es cosificado y cuya vida está sometida a un esquema tan
rutinario como asfixiante. La modernidad construye un sujeto que debe
obedecer a un tiempo avasallador marcado por la nueva tecnología, las
distintas ideologías, la moda y demás sistemas simbólicos
supuestamente representativos.
No
es extraño que este texto haya sido escrito en la década del ’60,
fue en tal período donde las críticas hacia la sociedad y el sistema
en general tomaron forma a través de la lucha, de la revolución, a
partir de la valoración del término "utopía" como el modo
de imaginar una sociedad en la que fuera superada la mera necesidad y
la violencia. En el texto citado anteriormente se evidencia por medio
de la ironía, de ese paradójico humor realista, un ataque a las
miserias de la rutina y del sentido común. Fue también por aquellos
años que la juventud no tuvo temor a manifestar su discrepancia
contra los valores de la sociedad, las costumbres, la moral burguesa,
en fin, contra todo tipo de opresión. Sin duda, aquel espíritu
contestatario típicamente juvenil influyó (y como todo
acontecimiento histórico, también fue influido por otros hechos
precedentes) notablemente en la concepción del mundo actual. Y
justamente ese es el objetivo primordial de dicha monografía,
intentar comprender el interior del período 1960-1970, reunir los
"cómo", "por qué" y "contra quién/
qué" se manifestaron, y a su vez poder establecer nexos con la
situación concreta que nos toca a vivir hoy, una realidad guiada por
el consumo y una gran dosis de nihilismo, seguramente una realidad muy
alejada de la soñada por los jóvenes del ’60.
Década
del ’60. Contexto internacional.
Para
entender los acontecimientos que sucedieron en este período de la
historia debemos remontarnos hacia el final de la segunda Guerra
Mundial. Las secuelas que la posguerra dejó en el mundo fueron
importantes en muchas dimensiones; en los países centrales se
manifestó un inminente avance de la forma de gobierno capitalista
de signo conservador, a diferencia del fin de la 1° Guerra
Mundial (año 1918) cuando la aplicación del modelo socialista se
hizo factible con la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas) -a pesar que tal afán fracasó en otros países como
Alemania, Italia, Hungría, España-. A partir de ello, luego de la
Segunda Guerra Mundial hubo una ausencia de la revolución en
el epicentro de los países intervinientes en la guerra (Alemania,
Estados Unidos, U.R.S.S.), sin embargo, en el este de Europa nacían
progresivamente países socialistas a partir de la hegemonía
de la Unión Soviética. Por otro lado, en la Europa devastada
comenzó una etapa de capitales de inversión muy fuerte, de
industrialización y de desarrollo, la que dio origen a un nuevo
esquema de poder del mundo: Europa ya no era el eje central del
dominio sino que Estados Unidos y la U.R.S.S. se definían como las
nuevas potencias. A pesar de tal bipolaridad del mundo, comenzaba por
aquella época un lento y violento proceso de liberación e
independencia de las colonias, fue así como surgieron los llamados
"países tercermundistas". En este contexto de posguerra fue
cuando se gestó lo que marcaría el punto fundamental contra lo que
lucharían años después los distintos grupos sociales, se conformó
una sociedad, como ya se dijo antes, con un fuerte capitalismo de
desarrollo y de consumo, una ola inversionista muy fuerte, un nuevo
tipo de cultura basada en el consumo, los medios masivos desplegados a
ultranza, la cultura de la democratización cultural, de las nuevas
necesidades y demandas, la ratificación del modelo de Estado de
Bienestar y el pleno empleo. Estos fueron, entonces, los términos
estructurales que permitieron construir la escena que nos atañe; para
aportar un ejemplo puntual podemos enunciar el de Estados Unidos: con
la intención de crear la "gran sociedad" se embarcó
en una campaña que le permitiría a todos los ciudadanos disfrutar de
la "prosperidad y de las libertades". Para ello, sancionó
las leyes de 1965 que extendieron el sistema de salud pública y
reforzaron el sistema educativo; otras más se expidieron en ese mismo
periodo, tendientes a garantizar la libertad de expresión y de
asociación. Sin embargo, y tal como ya se ha anticipado, a mediados
del decenio de los "felices sesenta", el malestar comenzaba
a corroer a determinados sectores de estas sociedades desarrolladas;
se empezaba a demostrar síntomas de auténtica rebeldía.
Por
aquellos años también nació una excelente vía de identificación
colectiva basada en los ritmos musicales del rock & roll y del
pop, representados por grupos como The Beatles, The Rolling Stones,
Janis Joplin o Jimmy Hendrix. También se puede mencionar dentro del
aspecto musical el célebre festival de Woodstock del año 1969, el
que constituyó un espacio de expresión y convivencia por parte de
los jóvenes (en su mayoría representantes del movimiento hippie) que
se identificaban con el lema "Peace and Love" ("Paz y
Amor").
Por
otra parte, en el ámbito académico/ universitario también ocurrían
transformaciones: los procesos de descolonización avivaron el
interés por el estudio de otras formas civilizadoras distintas de la
occidental, impulsando el desarrollo de ciencias como la etnología y
la antropología. El punto peculiar de este proceso se presentó en
los movimientos estudiantiles europeos, entre los que se destaca el de
Mayo del ’68, en Francia. Este representó la lucha por una
nueva concepción de la sociedad y sus tradiciones, e intentó un
cambio radical de la subjetividad cuestionando y modificando el lugar
que ocupaba en ese entonces la Universidad. Partieron de la crítica
de la misma como institución, rechazaron su modo de enseñanza, sus
fines y las relaciones que planteaba con los miembros de la sociedad
en general.
Se
puede llegar a entender que todos estos hechos recaían en un mismo
propósito (en un rango interpretativo de por más general): la
liberación de las costumbres, de aquella opresión que la modernidad
les había dejado a modo de residuo. A partir de tal anhelo de
libertad se produjo también un cambio en los valores establecidos,
especialmente en las relaciones entre sexos. La figura de la mujer
dentro de la sociedad adquirió gran significación. Su incorporación
masiva al mundo del trabajo puso en cuestión los roles tradicionales
que le eran asignados: la mujer como madre de familia y esposa. La
mujer, entonces, adquirió con el tiempo "autonomía e
independencia" y la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo y
la sexualidad; un dato relacionado: en el año 1960 comienza a ser
comercializada en Estados Unidos la píldora anticonceptiva.
En
este clima emergieron distintos movimientos sociales, algunos ya
mencionados, como los jóvenes rebeldes, el hippismo, así como
también el feminismo, grupos ecologistas y otros.
En
términos generales se puede decir que el nuevo horizonte del que se
habla cuestionaba fundamentalmente los planteamientos lineales de la
ideología del progreso, dando lugar a un contexto problemático,
cargado de ambigüedades, donde se fundía el malestar de las nuevas
generaciones respecto de los valores dominantes.
Dos
ejes de análisis de la época:
"La
revolución hay que hacerla y no hablarla", este fue, sin
duda, no solo un simple lema por el que los jóvenes de la década del
’60 se sintieron representados, sino que ha sido una frase que
concentró un espíritu plasmado de elementos utópicos en el campo de
las ideologías y una conciencia referida al cambio radical y a la
lucha, a la cohesión por un fin. Constituyó una unión que se
planteó también en el ámbito del lenguaje y sus significaciones, se
habló de "generación", de "juventud", como un
nuevo tipo de subjetividad que buscaba, precisamente, afianzarse a
partir de sus propios valores, sus propias creencias, sus sentidos
históricos y sus significados culturales.
Los
movimientos estudiantiles partieron de un supuesto un tanto más
general: la necesidad de cuestionar absolutamente todo lo referido al
sistema educativo; pensaban la Universidad desde una perspectiva
innovadoramente crítica, increpando al sistema de enseñanza, a los
profesores, a la finalidad objetiva del estudio y demás. Y también,
por otro lado, se entrelazaba a estos aspectos la inminente violencia
generada en el mundo, las paradójicas contradicciones que la
modernidad, tal vez sin querer, había construido. El progreso lineal,
continuo, hacia una felicidad conjunta basada en los frutos de la
razón, el perfeccionamiento técnico industrial y la confianza ciega
en la ciencia parecía no concordar con la realidad que veían los
jóvenes día a día. En Estados Unidos los estudiantes podían
convertirse de pronto en soldados para combatir en la Guerra de
Vietnam, al tiempo que el racismo acababa con miles de vidas, como por
ejemplo la del líder negro Luther King. Inmersos en aquel panorama,
mientras lidiaban por sus ideales de transformación, fue que lograron
fusionar el plano ideológico- cultural con el político, manifestando
de tal modo su postura revolucionaria; dos claros exponentes de estos
reclamos fueron representados por el mayo Francés de 1968 y por el
conjunto de protestas realizadas en USA, relacionadas con el racismo,
la pacificación (anti- guerra Vietnam), el régimen universitario y
el producto de la universidad. Este último sector de protesta
cuestionaba sobre todo el modelo de estudiante en sí, como el modelo
de egresado que planteaba la lógica educativa del momento arraigada
al sistema capitalista tan vigente como rechazado por aquel tiempo:
los alumnos sentían la universidad como una red en la cual se veían
atrapados, una institución donde todos los temas dictados, toda su
organización estaba conducida hacia un mismo fin, el adiestramiento
de los estudiantes para su inserción futura en el mercado. Según el
filósofo Herbert Marcuse, el estudiantado estadounidense
reaccionaba contra una universidad cuyo fin era la construcción del
"hombre unidimensional", aquel sujeto perteneciente a la
"sociedad de la opulencia" en la que el consumo era la
condición básica de existencia, constituía una forma de vida. Para
comprender aún más tal planteamiento podemos remitirnos a
concepciones del pensador francés Michel Foucault, quien se ha
detenido a analizar, precisamente, la relación establecida entre
saber y poder, o mejor dicho, entre producción de verdad y ejercicio
del poder. Foucault afirma que el mayor esfuerzo que lleva a cabo el
poder es la construcción, a lo largo de la historia cotidiana, de un
lento pero incesante desarrollo de las técnicas de coerción,
dirigidas siempre hacia la masa. Esta intersección entre saber y
poder es fabricada y reproducida en los espacios pequeños y cerrados
de la sociedad, como por ejemplo, la prisión, la fábrica, el
hospital, la escuela. Es a partir de tales espacios donde se marcan
sobre el cuerpo del individuo las pautas con las que deberá
conducirse en la vida, la distinción entre "lo normal y
anormal", "lo tolerable y lo desplazado", etc. Ese
constituye, entonces, el camino ya no hacia la obediencia, sino hacia
la autodisciplina: el "condicionamiento" como
aquella construcción de mentalidades ("cuerpos psíquicos")
que son regidos a partir de parámetros duales opuestos, esquemas de
los sectores hegemónicos de la sociedad. Ese fue, precisamente, el
propósito que incitó a los jóvenes estudiantes: el reformar
radicalmente y/ o destruir aquellos núcleos de poder para conseguir
así una formación plena del sujeto a partir de sus propios
parámetros, los de la libertad.
Por
otro lado, el acontecimiento del Mayo Francés de 1968 también
constituyó un movimiento revolucionario relevante de un aporte muy
significativo en la vida de la sociedad contemporánea. El hecho
comienza cuando un grupo de alumnos, el 22 de marzo de 1968, organizan
un paro y toman la universidad provincial de Nanterre. Ante la
repercusión de tal suceso se adhieren a la revuelta la misma
Universidad de París. A partir de esta última toma surge la
consecuencia equivocadamente típica por parte de los sectores
dirigentes: las fuerzas represivas desalojan a bastonazos a los
estudiantes y cierran la facultad. A raíz de ello, comienza un
período de más de un mes y medio de lucha y violencia en el que se
manifiesta un factor característico de tal episodio: la unión entre
el sector obrero y el estudiantil; fue el 13 de mayo cuando las
grandes centrales sindicales llamaron a huelga general bajo el lema
"alto a la represión, libertad, democracia, viva la unión de
obreros y estudiantes". Ya para ese entonces, Francia se
encontraba paralizada hasta el extremo de llegar a escasear los
artículos de primera necesidad, la gasolina y el suministro
eléctrico; se produjo un auténtico vacío de poder.
El
fin del mayo francés se relaciona con ciertos acuerdos planteados a
fines de tal mes entre el gobierno y el sector obrero. Se trataba de
un arreglo afín a un aumento salarial y el reconocimiento de derechos
sindicales. Cuando se planteó aquel trato, el Partido Comunista lo
apoyó amablemente y se mostró alejado de las proclamas de los
estudiantes. Tal vez esa actitud fue uno de los justificativos de su
derrota electoral: el 23 del mismo mes se habían celebrado las
elecciones en las que la izquierda fue notablemente vencida por el
triunfo de De Gaulle. Con la asunción del General como
presidente se dio por terminado ese período de exaltación y
espíritu transformador.
El
mayo francés, a pesar que no produjo una sustitución radical en el
orden político, logró transformar a la sociedad francesa gracias a
su comportamiento, acompañado, claro, de un notable marco ideológico
contestatario: introdujo nuevos valores, liberalizó las costumbres,
impulsó una fraternidad en las relaciones sociales y generacionales e
incluso disminuyó el autoritarismo en la enseñanza.
Rebelión
cultural en el campo de las costumbres, normas y valores.
El
tratamiento de este tópico intentará ser lo más íntegro posible,
sin embargo, representa todo un desafío puesto que tal rebelión
incumbió a un plano mundial significativo; fue una protesta que
desencadenó numerosas transformaciones en diferentes órdenes de la
sociedad, de la cultura, y de la que formaron parte tanto sectores de
Europa, como de Estados Unidos y América Latina.
Como
ya ha sido comentado anteriormente, la década del ’60 se destacó
por un espíritu de revolución que reinaba el aire de todo el mundo,
especialmente en aquellos sectores masivos, organizados, conformados
en su mayoría por jóvenes. Si guiamos uno de los aspectos por el
cual dirigían sus luchas, sus discursos, sus ideologías, hacia el
plano de lo cultural, nos encontramos con que principalmente buscaban
una independencia de todo lo normativo, de todos aquellos valores
fielmente representantes de la moral y ética burguesa, aquellos con
los que habían sido educados por sus padres y por las instituciones.
A partir de distintas formas de acción, las manifestaciones habían
salido a la luz, ya fuera desde los estudiantes con sus asambleas,
tomas de universidades, los obreros con sus huelgas, el racismo con
una forma de violencia en la que intervenían armas e incendios a
ciudades, y , por otro lado, vías pacíficas en las que parecía que
un nuevo mundo emergía, un mundo que luchaba por su reconocimiento y
su aceptación, que planteaba su objetivo de cambiar fundamentalmente
el modo de vida a partir de innovadores parámetros (así como
sencillos, y tal vez por ello, tan inusuales y rechazados en esa
época): el amor a la libertad, a la naturaleza y a su espíritu.
Claro está, este último grupo del cual hago mención es el
denominado "movimiento hippie".
Este
movimiento revolucionario tuvo su origen a mediados de la década del
sesenta, y si bien no se sabe con exactitud el lugar donde se
engendró, se suele enunciar las ciudades estadounidenses de San
Francisco y New York, y no sería extraño puesto que coinciden con
los centros más modernos, más industrializados del país. Los
hippies fueron una crítica y rechazo rotundo precisamente a aquel
tipo de ciudades y por ende, a su estilo de vida, a aquel
materialismo, a toda su burocracia, la mediocridad del pensamiento y
la violencia que multiplicaba. Los hippies se destacaban por tener una
magnífica conciencia del plano actual en el que estaban inmersos, y
por ello mismo, por su disconformidad buscaban revocarlo, ya no desde
la violencia, sino desde la construcción de un nuevo mundo, de su
propia realidad gobernada por sus propias leyes, "reglas"
que juegan con la significación propia de esa palabra, porque lo que
anhelaban, precisamente, era la destrucción de toda normativa
-burguesa-.
Contaron
con principios particulares que lograron espeluznar a los grandes
sectores conservadores de ese entonces: proclamaron la libertad sexual
evocando a los tiempos más remotos, los tiempos del indio Sioux, en
los que se vivía un tiempo puro, libre de la intervención moderna
capitalista. Allí encontraron entonces nuevos valores ligados al amor
y a la espiritualidad, y plantearon como consecuencia nuevos tipos de
relaciones independientes de toda norma éticas y moral vigente, entre
los hombres y a su vez entre el hombre y la naturaleza. Esa nueva
percepción del mundo que desentonaba notablemente con la sociedad del
momento buscaba la unificación de los sujetos privilegiando ante todo
el valor de la vida, "somos Siouxs, somos negros, somos
judíos alemanes" era uno de los mensajes anti-
discriminación que proclamaban los hippies. Y hacia el camino de esta
nueva realidad, de aquel mundo buscado -ya no solo soñado- fue que se
toparon con las drogas. El consumo de alucinógenos tales como el LSD
o la marihuana influyeron notoriamente en esa búsqueda personal y a
la vez colectiva, en su concepción del ser como una fuerza unificada
la cual encontraría su verdad, seguramente, en aquel mundo de
libertades, de puro goce y de psicodelia. Uno de los rezos hippies
podía ser escuchado así: "Cambia la mente de toda persona
que encuentres. Llévala a la droga o, mejor, al amor, a la
sinceridad, al placer. Sácale del cementerio del confort y del
lujo." (La Protesta Juvenil,1973). El consumo de drogas era
pensado entonces como un instrumento para llegar a su objetivo, una
fuerza adicional que les servía para despejarse de los prejuicios y
las tradiciones que habían sido signadas por la sociedad burguesa.
Las drogas construyeron el camino que los condujo hacia aquel espacio
fuera del tiempo de la modernidad, y tal vez fuera del tiempo mismo,
sobre todo de aquel tiempo vulgarmente conocido por la sociedad de
consumo y de producción, el tiempo que se sustenta de fines
instrumentales.
Otro
factor influyente del hippismo fue la música. Uno de los objetivos de
este período fue la comunión de personas, una unión simbólica sin
importar la raza, la clase o el sexo; fue la música la que
funcionó entonces como el vehículo perfecto para canalizar y
expresar todas las esperanzas, toda la ideología de esta
contracultura. El rock & roll, representó por aquel entonces el
modo por el cual se manifestaba musicalmente el mensaje provocativo
propio de estos sectores juveniles. Tal es la repercusión que tiene
la música como desprendimiento del pensar de los hippies, que en el
año 1969 se organiza el concierto más recordado de la historia: Woodstock
69. Casi medio millón de hippies llegaron de todos los rincones
de los Estados Unidos a la pequeña granja de Max Yasgur en el estado
de New York (sitio donde se realizó el evento) con el fin de
disfrutar de los grupos y de los viajes musicales que los mismos
invitaban a emprender, conducidos por figuras como Janis Joplin,
Jefferson Airplane y Jimi Hendrix.
El
hippismo se desvanece hacia finales de los sesentas e inicios de los
setentas. Cansados de que el consumismo norteamericano comercializara
con su imagen (vendiendo su vestuario, su literatura, sus adornos y su
música) decidieron realizar en el año 1968 una sencilla ceremonia,
en forma de parodia de un funeral, en la que enterraron un muñeco
vestido con sus trajes típicos, un muñeco que los representaba. Tal
rito simbolizó el afán de seguir manteniendo la autenticidad de
aquel movimiento, e impedir, con su extinción, que tanto su nombre
como su significación fueran ensuciados a través del comercio y
demás acciones expresamente opuestas a sus principios básicos.
Influencias
históricas:
Vanguardias
políticas y artísticas del siglo XX - Escuela de Frankfurt
Como
es lógico de suponer, en la historia no se pueden entender los hechos
de forma aislada, sino que cada uno lleva en su interior los estigmas
de tiempos anteriores, un conjunto de marcas que representan ideas,
luchas, errores, aciertos de otras generaciones pasadas y que, a pesar
de la distancia temporal, propagan su ánimo de cambio, de mejoría,
en cierto modo, de "progreso". Es por ello que es
conveniente encontrar esos "puentes" que unen determinados
acontecimientos/ movimientos, para así poder comprender con mayor
claridad las influencias y el por qué de determinadas actitudes
frente a la realidad.
Cuando
se habla de la década del ’60 es provechoso remitirse a lo que
significaron las vanguardias del siglo
XX, tanto en el campo histórico, como político y estético; sobre
todo mencionar el espíritu que las mismas tuvieron y manifestaron en
sus obras y en su actuar cotidiano. El surgimiento del concepto de
vanguardia emergió a partir de las dos primeras décadas del siglo
XX, un período que se caracterizó por una concepción del tiempo
típicamente moderna: la historia se vio como inmersa en un momento de
aceleración. Como consecuencia de la razón ilustrada, la sociedad
moderna se encontraba en un plano de constantes revoluciones
industriales y económicas, eso como resultado de la creencia burguesa
de que la ciencia iba a ser capaz de resolver todos los problemas
surgidos de la vida del hombre. Por otro lado, tal aceleración
también se podía encontrar en lo subjetivo, en las conciencias de
cada uno de los actores de esa historia. Tal "aceleración de
conciencias" era apreciada desde una perspectiva positiva puesto
que afirmaba: "no solo se aceleran las estructuras productivas,
sino que también lo hace el campo de las ideas, los proyectos
colectivos". Este pensamiento dio lugar a un ánimo desafiante
entre aquel orden tradicional/ impuesto y la esperanza de una nueva
realidad (una realidad post- burguesa). Esta idea de ruptura con el
orden propio de la razón ilustrada fue consecuencia de lo que se
sentía y se veía por aquella época: muerte y ruina, una Europa
devastada por la 1° Guerra Mundial (1914- 1918). Con el fin de la
guerra terminó también esa plena confianza en las promesas modernas
del mundo liberal burgués, una promesa civilizatoria arraigada a la
razón y al progreso humano. Surgió entonces un cambio en la mirada
de la relación sociedad- poder por parte de algunos pequeños
sectores; nacieron en aquel contexto las denominadas vanguardias
políticas y artísticas. El término "vanguardia" se
relaciona con la noción de "tiempo"; se refiere a
movimientos de avanzada que se encuentran delante de lo que
marca el presente. En aquel entonces eran las vanguardias quienes
inaugurarían el camino por el cual el resto de la sociedad pasaría
tiempo después. A partir de ello se deduce que tuvieron una
concepción lineal del tiempo, "evolucionista", que
entendieron la historia como un único recorrido. Aquí ya se puede
intentar relacionar aspectos entre lo que fueron estos grupos
vanguardistas y, años después, los movimientos juveniles
revolucionarios, pudiendo ser ejemplificados estos últimos a partir
del movimiento hippie. A diferencia de las vanguardias, el
hippismo pensaba el progreso de una manera particular, ellos no se
sentían ubicados en una línea cronológica donde en el futuro
encontrarían aquel mundo anhelado, sino que recurrían a los tiempos
más remotos, a las épocas ajenas a toda intervención moderna.
Recorrían así distintas culturas primitivas -incluso mencionaban a
la del indio Sioux- para construir en base a esos remotos
conocimientos aprehendidos, el mundo en el cual querían vivir. A
pesar de esta diferencia en torno al tiempo, ambos grupos tuvieron un
propósito común: la transformación de sus realidades presentes como
manifestación del descontento, del rechazo provocado por la
intervención de la burguesía en el campo de la sociedad. Ambos
representaron un atentado contra esa tradición absolutista.
Si
hablamos de vanguardias políticas, el carácter
"por adelantado", la "intervención del tiempo"
puede ser ejemplificada a partir del término revolución.
Estas vanguardias se oponían a las ideas reformistas, aquellas que
alentaban a una transformación de la realidad social a partir de
cambios lentos y graduales por medio de elecciones parlamentarias. Los
grupos vanguardistas proponían la revolución al orden del
día (la inmediatez), el violento ataque al Estado burgués para poder
terminar con el modo capitalista y con todas sus reglas. Esta lógica
planteaba que el poder burgués podía ser derribado solo por la violencia
organizada y armada de las masas, y consideraba también
que la dominación que partía del sistema contaba con una serie de
recursos y poderes militares de represión que jamás dejarían asumir
a un gobierno proletario, entonces, para que ello sucediera, la
revolución debería alentar ya no a una lucha de clases (a lo que
suscribía la variable reformista) sino a una guerra de clase
declarada. Sin dudas, este fue uno de los conceptos fundamentales
tomados en la década del ’60 por tantos grupos armados
participantes en las rebeliones y estrategias de liberación en
África, en Asia (como por ejemplo la guerra de Vietnam) y también en
muchos países de América Latina -como fue el caso de la Revolución
Cubana-.
Ahora
bien, este vanguardismo político con su idea de revolución social,
basado en el pensamiento marxista y apoyado tanto por la clase obrera
como por los partidos políticos de izquierda (como la
Socialdemocracia luego convertida en el Partido Comunista, o bien el
Socialismo) construyó un campo de relación en el ámbito cultural,
uniendo la política con el arte. Se constituyó así un espacio de
izquierda básicamente anti- reformista, fuertemente anti- burgués y
prosocialista; fue en tal momento cuando la historia le cedió lugar a
las vanguardias artísticas. Para definirlas es necesario
enunciar contra qué se revelaban: principalmente lo hacían contra
las formas institucionalizas del arte burgués, cuestionaban
críticamente aquel mundo de razones dadas por la burguesía, por
ende, rechazaban radicalmente sus ideas sobre la belleza y el "el
arte instituido", llevado a los museos y a las galerías. La
propuesta vanguardista era, entonces, la liberación de la
subjetividad creadora del artista, pero tal liberación no solo
erigida sobre los parámetros de lo intelectual o lo reflexivo, sino
también desde el plano instintivo. El arte, según ellas, simbolizaba
el medio ideal para criticar las representaciones del mundo, de tal
manera se iba a poder ver otra realidad, se descubriría el mundo
verídico escondido bajo los engaños de la cultura burguesa, bajo
conceptos como la moda, sus instituciones, la Iglesia y demás
factores. Asimismo, ese "nuevo mundo" iba a constituir el
espacio donde se mezclaría el arte con la vida. A partir de tal
fusión, el primero iba a desaparecer como espacio autónomo, como
hecho diferenciado, lo cual provocaría el entendimiento de la vida
misma cono una auténtica exposición artística. Ahora bien, más
allá del plano conceptual, ¿de qué manera actuaron estas
vanguardias?. Las vanguardias cumplieron con su ideología
manifestándose en términos absolutamente provocativos desde su
lenguaje, en sus actos concretos y desde su estética. Mostraron
según su entendimiento, la "fabulosa lacra del mundo
moderno" (la prostituta, el enfermo, el marginal... ), personajes
que el artista burgués ocultaba al limitarse a exponer sólo fieles
representantes de la belleza. Las vanguardias, entonces, trabajaron a
partir del principio de lo irreverente ante todos los valores sociales
y culturales consagrados, e incluso, ante el público burgués que
asistía a las exposiciones de "arte".
Hasta
aquí las características fundamentales que constituyeron a las
vanguardias del siglo XX. Cabe destacar que, tiempo después de la
aparición de las mismas se conformó un movimiento intelectual
conocido como la Escuela de Frankfurt, y tal como lo habían
manifestado las vanguardias -políticas y estéticas-, esta Escuela
también criticó profundamente a esa realidad moderna vivida;
constituye por lo tanto, otra expresión de rechazo al sistema
capitalista, pero desde otro principio de acción: la ruptura de esa
razón dominante como creadora de una irracionalidad notablemente
dañina para el sujeto y la sociedad. La Escuela de Frankfurt se
distinguió por dar a conocer la cara oscura de la razón, aquella que
a través del desarrollo técnico- instrumental había provocado una
subjetividad dominada, una sociedad despersonalizada por esa misma
racionalización.
A
partir de la resumida exposición de los objetivos propios de las
vanguardias y del movimiento intelectual, podemos identificar varios
puntos en común que, años después (en la década del sesenta)
fueron reconocidos en torno al espíritu revolucionario y
contestatario.
La
violencia es un eje central para todos estos movimientos: encontramos
por un lado, en un plano superior, la violencia generada por el sistema
burgués, consecuencia de la razón ilustrada, del avance
científico- técnico; una violencia que se nota en las ruinas
ocasionadas por las guerras y en los propios sujetos: individuos
subyugados a un conjunto de valores, de normas morales y jurídicas
que deben ser respetadas para mantener el orden social y para
continuar en el camino del progreso.
Por
otro lado podemos aunar la violencia sufrida y su vez generada por los
sectores revolucionarios, quienes actuaban a partir de un fin
común: luchaban contra la opresión y para la construcción de una
nueva forma de vida ausente de los cánones burgueses. Aquí podemos
citar (respetando el orden de aparición en la historia) como primer
exponente a las vanguardias, quienes como ya se dijo, actuaban
violentamente desde la política, con la revolución como objetivo
fundamental. Por otro lado mencionaremos a las vanguardias estéticas,
quienes representaban dialécticamente en sus obras toda la maldad, el
engaño, la oscuridad que fluía de aquella vida construida desde el
poder. En segundo término podemos enunciar a la Escuela de
Frankfurt, promotora, con su profundas críticas, de "la
crisis de la razón", crisis que dejó en evidencia a través de
sus nuevos planteos y reformulaciones teóricas, todo lo oscuro de la
sociedad, lo irracional, lo paradójico, en fin, la violencia que se
manifestaba en todo ámbito. Y por último podemos referirnos a todos
aquellos movimientos que ya fueron conceptualizados con anterioridad y
que se refieren a los hechos acontecidos en los años sesenta; por un
lado, el mayo francés, el que de un modo revolucionario
reformista intentó también cambiar los parámetros de vida vigentes,
sospechando de aquel propósito alienante que provenía de las
instituciones, específicamente de la Universidad. Por tal fin la
violencia se evidenció con la inaudita represión (física y
psíquica) ejercida por parte del gobierno y dirigida hacia los
estudiantes, y también se sumó a lo típico de toda acción
revolucionaria: tomas, marchas, huelgas, protesta, etc. En el plano
político la violencia fue extrema. Esta fue representada por las
luchas revolucionarias (por lo general, destinadas a la liberación de
los países tercermundistas) y sus atentados, grupos guerrilleros,
amenazas, represión, torturas, entre otros ejemplos. Finalmente, como
contracara de todo este clima de violencia como factor imprescindible
de cambio, mencionaremos al último grupo analizado, el hippismo. El
impacto que dejó en la sociedad tal movimiento fue tal vez
consecuencia del contraste con las formas típicas de revolución.
Bajo el lema "haz el amor y no la guerra" manifestaron
su rechazo a tal modo de protesta. A pesar de la ausencia de armas y
de ideas terroristas lograron ir al choque con lo establecido. Se
esforzaron para que su modo de vida fuera respetado y, a su vez, para
que se convirtiera en el sustituto de aquel mundo regido por los
sectores del poder, aquella realidad dirigida por el sector
responsable de introducir a todo individuo en el mercado de
producción y de consumo, como si tal suceso constituyera una máxima
regla vital.
Conclusión:
Conciencia revolucionaria y post- modernidad.
Luego
de haber recorrido un segmento importante de la historia,
deteniéndonos en determinados conceptos, actores y circunstancias del
período 1960- 1970 podemos notar la influencia que dejaron todos
aquellos movimientos revolucionarios en nuestra actualidad. Tanto el Mayo
Francés de 1968 como el movimiento hippie se evidencian en
nuestro presente mediante, por ejemplo, las agrupaciones neofeministas,
los programas educativos universitarios, innumerables cambios
culturales referidos a la relación entre sujeto y sexualidad/ sujeto
y concepción de la naturaleza, una apertura a nuevos modos de
entender la realidad dilucidando los valores muchas veces ocultos por
la vorágine de la modernidad. Tanto las vanguardias, la Escuela de
Frankfurt, como los movimientos de los años ‘60 se caracterizaron
por la actitud desafiante con la que plasmaron sus ideas y con la que
dejaron en un lugar de subordinación al "régimen del
tiempo": en una época donde el desarrollo industrial/
tecnológico era constante, ellos contestaron con una aceleración en
su pensar, en la construcción de proyectos que harían frente a esa
situación. Hoy en día ese último factor -el avance conjunto de una
conciencia subjetiva, la construcción de utopías- es el que falta en
la sociedad. Se suele escuchar hablar de nuestro vivir presente como
partícipe de la "revolución informática", de constantes
mutaciones en el campo de la tecnología y todo lo que ello promueve
(algunos de sus aspectos negativos son: la disminución de puestos
laborales, un individualismo creciente, la construcción de
subjetividades basadas en las ideologías transmitidas por el consumo,
una extrema valorización de las condiciones materiales de existencia,
la moda como "el imperio de lo efímero" -según palabras
del sociólogo francés Giles Lipovetsky- , entre otros). Frente a una
situación análoga, ya a principios del siglo XX distintos sectores
se preocuparon por el devenir de la historia e intentaron darle una
solución a partir de nuevos modelos ideológicos, utópicos,
reformistas o revolucionarios. Frente a nuestra situación
contemporánea (por la que los jóvenes de décadas anteriores
lucharon -e incluso perdieron la vida-), hoy miramos desentendidos y
dejamos de lado toda postura crítica hacia las tradiciones, los
discursos, las experiencias que conformaron este tiempo presente. Una
de las explicaciones que puede llegar a esclarecer este fenómeno es
la acción de los medios masivos de comunicación sobre la masa: la
exaltación del presente, de lo instantáneo como lugar de verdad
absoluto, limitan la conciencia del individuo e impiden que este sea
capaz de desarrollar proyectos a futuro, aspiraciones que estén
relacionadas a un cambio para mejor -no solo a nivel personal sino
colectivo-. Un ejemplo de ello puede ser la influencia de los mensajes
publicitarios con su sugestión hipnótica a través del sonido y la
imagen, o bien el periodismo, aquel encargado de narrar "la
realidad tal cual es" mientras que el receptor, pasivamente,
recibe ese mensaje descodificándolo a partir de su inteligencia
inmediata: el sentido común. Claro que tal situación no debe ser
esgrimida de una forma tan simple y consecuente: a base de
conocimientos, del aprendizaje y de las experiencias de vida, se puede
fomentar el sentido de la crítica y un compromiso con el medio que
habitamos.
Dentro
del plano de la modernidad podemos situar estos importantes fenómenos
socioculturales: el inicio de la postmodernidad parte de las
manifestaciones vanguardistas y de los distintos movimientos
revolucionarios que surgieron, precisamente, por la crisis de la
modernidad, a fines de la década del ‘60. La postmodernidad es
considerada por distintos teóricos como una actitud de indignación
moral ante los excesos y desastres provocados por el programa
inconcluso de la modernidad. Continuando con esta suerte de
"línea histórica", el período postmoderno terminó
aproximadamente en los años 1990- 1991 y tuvo un receso que terminó
en el año 1993; en ese "intérvalo" el contexto social
preparó lenta y objetivamente a la gente hacia la inminente "Era
de la informática".
Fue
de tal manera que el fin de la postmodernidad dejó el camino abierto
hacia nuevos interrogantes referidos a la actitud que toman y tomarán
los jóvenes frente al aceleramiento tecnológico del mundo. En
síntesis, incógnitas que tendrán que ver con el cómo se
plantearán los sujetos este presente vivido: si lograrán
distanciarse de las pintorescas ofrendas del sistema capitalista para
así poder descubrir los sentidos más profundos del Ser, o si
aceptarán formar parte del anonimato de la masa, aceptando un modo de
vida que no le es propio, un tipo de dominio que, por sobre todas las
cosas, esos mismos sujetos ignoran. (*)
(*)
Fuente: Marilina Carballude,
"Rebelión cultural y política de los ‘60", trabajo
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes del
pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación
de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Bibliografía.
Casullo,
Nicolás; Forster, Ricardo; Kaufman, Alejandro. "Itinerarios de
la modernidad". Buenos Aires: EUDEBA (Editorial
Universitaria de Buenos Aires), 1999.
Michel
Foucault, "conferencia: Las Redes del Poder". Revista
Fahrenheit 45, Buenos Aires, diciembre de1986, n°1.
Joseph
Pico, "Modernidad y Postmodernidad". Ficha n°
1, PCPC. Buenos Aires: CECSO, 2004, 17- 34 p.
"Cronología
del movimiento estudiantil de 1968". [en línea] 1998
[citado 22 de noviembre de 2004]
Disponible
en Internet en:www.redesc.ilce.edu.mx