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Brujas
disfrazadas de médicos en un dibujo de Goya de 1797. |
Cuando
se emprende el estudio de la Europa Moderna, no se puede dejar de
considerar un fenómeno singular y único que marcó a este rico
período: la caza de brujas.
Durante
el siglo XVI Europa se ve infectada de denuncias sobre brujería.
Miles de personas sospechadas de esta práctica eran detenidas y
sometidas a interrogatorios, tanto por las autoridades civiles
como por la temible Inquisición. La simple probabilidad de caer
en sus manos llenaba de terror. El uso de tortura, tanto para
lograr la confesión o simplemente para la confirmación de ésta,
era lo habitual. Y las penas podían ir desde la abjuración
pública y el uso del sanbenito – un hábito amarillo con una
cruz roja, cada vez que salía de su casa - muestra pública de
vergüenza y humillación, hasta la condena a muerte en la hoguera
(1)
Ocupaba
un lugar destacado en las delaciones e interrogatorios la
descripción de las prácticas y reuniones nocturnas sabáticas
celebradas por los miembros de sectas de brujos. Estas
descripciones incluían la negación de la fe, el pacto satánico,
la orgía sexual, el sacrificio de niños, el vuelo nocturno, el
ejercicio de poderes maléficos contra hombres, animales y
cosechas, junto con la inversión de los valores del culto
cristiano, que introducían el caos en el orden divino, social y
simbólico de las asustadas poblaciones.
El
resultado de estas denuncias llevó a la muerte a miles de
personas. La caza de brujas alcanzó su clímax entre los siglos
XV y XVII, siendo para el siglo XVIII sólo un recuerdo. ¿ Cómo
llegó a construirse la imagen de la bruja satánica, de manera
tal como para generar psicosis colectivas? ¿ Tenían las
prácticas descriptas un trasfondo real? Y: ¿cuál fue la razón
que hubo tras la construcción de esta imagen?
La
clave para entender este fenómeno la tenemos que buscar en la
historia del pensamiento, en particular en el religioso. Así como
la idea bíblica de la existencia del diablo llevó siglos de
elaboración teológica (2), la figura del brujo o hechicero (3)
como agente del demonio y las prácticas supersticiosas como
hechos satánicos, llevó siglos de composición por los
pensadores de la Iglesia.
Marcelo
Campagne en Homo Catholicus. Homo Superstitiosus (4),
describe tres modelos de superstición elaborados a lo largo del
tiempo: el modelo clásico, el cristiano y el científico
racionalista. Mostrando así la clara evolución del pensamiento
sobre costumbres y hechos ancestrales, y la distinta manera de
percibirlos y entenderlos según los distintos modelos
prevalecientes. Para el modelo Clásico, greco latino, la
superstición, ese temor excesivo a los dioses, la creencia que
los males se originaban de pecados o prácticas rituales era
simplemente ignorancia, emociones surgidas de falsos razonamientos.
"La perversión ha sido la fuente de creencias falsas,
crasos errores y supersticiones apenas por encima del nivel de los
cuentos de viejas", escribía Cicerón (5). El cristianismo
en el I siglo compartía esta idea: " Rechaza las fábulas
profanas y los cuentos de viejas", escribía San Pablo a
su discípulo Timoteo (6).
Unos
trescientos años después, a través de San Agustín
de Hipona llegaría (354-430 d. C.) la formulación del modelo cristiano
de superstición. El Obispo de Hipona unificó bajo el término superstición
prácticas de orden cultual –referidas a desviaciones dentro de
la formulación del culto, como idolatría - y aquellas que no lo
eran - tales como creencias en amuletos, en maleficios,
horóscopos, agüeros y "vendajes y remedios que condena
la ciencia médica... o en colgarse o atarse algún objeto", escribía
San Agustín (7). Por otro lado, establece una clara relación
entre la superstición y la demonología, sosteniendo que detrás
de las supersticiones están los demonios, y que éstos pueden
producir efectos reales. Esta idea va a traer con el tiempo
importantes consecuencias.
Durante
la Alta Edad Media este criterio se deja de lado, se niega que
hubiese verdad detrás de las supersticiones. Ejemplo de esto es
el fragmento existente del Canon Episcopi del siglo IX,
donde refiriéndose a creencias populares sobre ciertas mujeres
adoradoras del diablo, que participan en cabalgatas nocturnas,
dice lo siguiente: "De hecho, una innumerable cantidad de
personas, engañadas por esta falsa creencia, considerando estas
cosas verdaderas, se desvía de la justa fe y cae en el error del
paganismo porque termina afirmando la existencia de alguna otra
divinidad o potencia sobrenatural además del único Dios. Es por
eso que los sacerdotes en sus iglesias deben predicarle al pueblo
continuamente para hacerle saber que ese tipo de cosas son enormes
mentiras y que estas fantasías son introducidas en las mentes de
hombres sin fe no por el espíritu divino, sino por el espíritu
del mal" (8). Si bien este valioso documento negaba a la
brujería realidad física, condenaba a quienes creían en ella,
preparando el camino para la oleada de represión que ocurriría
siglos después. Además su descripción del vuelo nocturno
contribuyó a extender y fijar el concepto histórico de sabbat.
En
los siglos XII y XIII brilla el pensamiento escolástico en las
universidades europeas. Santo Tomás de Aquino (l225- 1274), uno
de sus más grandes exponentes, retoma la reflexión sobre la
superstición, siguiendo el pensamiento de San Agustín sobre el
tema. Profundiza y complejiza la noción de pacto con el diablo,
distinguiendo con claridad el pacto expreso, directo con el
demonio, del pacto tácito, que incluía augurios, sortilegios,
astrología, adivinación por sueños, presagios, quiromancia, y
práctica similares. "... toda adivinación hace uso, para
conocer los futuros eventos, del consejo y ayuda de los demonios.
Esto a veces se implora expresamente; pero otras veces, y sin
intención alguna del hombre, los mismos demonios intervienen
secretamente y anuncian sucesos futuros que ellos conocen",
escribía Santo Tomás en La Summa Theologica (9). Lo
cual convertía a los ejecutantes de estas prácticas en agentes de los
demonios y en punibles de castigo dado la existencia de un pacto
previo con el diablo, aunque éste fuese tácito.
La
filosofía y teología de la escolástica, si bien aportó pocos
elementos nuevos al concepto de brujería, suministró una lógica
interna y una estructura intelectual coherente al fenómeno,
proporcionando de esta manera las armas necesarias a los
inquisidores para proceder en su persecución de brujas.
Sin
embargo, la actitud que el espíritu medieval va a tomar frente a
la superstición y, en especial, frente a las brujas y la hechicería, es
muy vacilante todavía. Hay muchas manifestaciones de duda y de
interpretación racional. Para l400 la corte de Francia, como
muchas otras cortes europeas, era un hogar para la magia y la
astrología (10). Sin embargo, gradualmente el escepticismo se va
abandonando, las ideas tomistas van generando aceptación en los
teólogos, en especial la noción de pacto tácito (11) con el
diablo, y así lentamente va conformando el estereotipo satanizado
de la bruja.
Algunos
investigadores sostienen que el inicio de la caza de brujas y la
configuración del sabbat se encuentran en el siglo XIV, mientras
que otros afirman que recién en el XV hay pruebas claras de este
hecho. Carlo Ginzburg en Historia Nocturna plantea la tesis
de que esta nueva imagen de la brujería practicada por grupos que
celebraban reuniones nocturnas surge en los Alpes Occidentales a
mediados del siglo XIV (12). Si bien, fuentes como el Fornicarius
– que utiliza Ginzburg – demuestran que la brujería ya era un
hecho reconocido como satánico en ese siglo, la imagen completa
del sabbat y del vuelo nocturno, característica del fenómeno, no
están presentes aún. Es recién a comienzos del siglo XV cuando
comienza con intensidad la persecución y condena de individuos
por la acusación de brujería y elementos del estereotipo del
aquelarre ya se encuentran plenamente desarrollados en los
registros de los interrogatorios. Ya se había cristalizado la
imagen completa de la bruja que había realizado un pacto con el
diablo, con el fin expreso de dañar al prójimo, que celebraba
con sus compañeros reuniones nocturnas, donde se practicaban los
hechos más aberrantes. Fray Martín de Castañega en su Tratado
de las supersticiones y hechicerías (Logroño, l529) describe
las ideas que circulaban con respecto a estas ceremonias al
relatar: "Más muchos de los sacrificios antiguos
diabólicos y las más solemnes, se celebraban con sangre humana,
ofreciendo, degollando y sacrificando a sus propios hijos e hijas
al demonio". Esta costumbre de devorar niños o ofrecerlos
en sacrificio al demonio, era uno de los elementos
característicos del estereotipo de las brujas, así como también
el vuelo nocturno, del cual Castañega menciona al decir que:
" de creer es que permite (Dios) alguna vez que el demonio
lleve por los aires a sus familiares" (l3).
Este
estereotipo ya plenamente formado, para el siglo XV, da lugar a
que las autoridades emprendan una caza sistemática de estos
supuestos adoradores del demonio. El papa Inocencio VIII en l484
en la Bula Summis Desiderantes Affectibus autoriza las
persecuciones de brujas por parte de los inquisidores, dado que
"... muchas personas de ambos sexos, olvidándose de la
propia salvación y desviándose de la fe católica han mantenido
relación con demonios..", nombra a inquisidores
calificados para las regiones de Germania, con el fin de "evitar
la peste de la hechicería perversa y similares excesos difundan
su veneno dañando a otros inocentes... es consentido a los
inquisidores antes nombrados ejercitar su oficio inquisitorial en
dichas regiones y que les debe ser permitido proceder a la
corrección, encarcelamiento o punción de las mencionadas
personas" (l4).
Se
emprende de esta manera una caza despiadada contra personas que en
muchos de los casos eran depositarias de sabiduría y costumbres
ancestrales, como el uso de ciertas hierbas con propósitos
curativos o amatorios, y que durante siglos habían sido aceptadas
y respetadas dentro de las comunidades; pero que, ahora, producto
de esta deliberada construcción ideológica, se veían
desplazados de la misma, considerados enemigos de la fe y de los
verdaderos cristianos.
El
diferente, el otro, el marginal siempre ha sido y aún hoy lo es,
la figura sospechada. Ante el menor hecho adverso el diferente es
señalado como responsable. Así fue como en el medioevo europeo
el leproso, el judío, el hereje fueron las víctimas constantes,
acusadas de todos los males que sucedían en la comunidad. Si
ocurría una epidemia, ellos eran los responsables, pues habían
envenenado las aguas con polvos (l5). Los rumores circulaban y
como consecuencia de esto miles de individuos entre ellos perdían
la vida. A comienzos de la modernidad fueron reemplazos por la
figura estereotipada del brujo o bruja, un ser al margen de la
sociedad, capaz de todos los crímenes y males posibles, el
culpable por excelencia (l6) "Ni bien había comenzado a
recrudecer la peste", escribía el Cardenal Federico
Borromeo, en 1630, "se difundió entre el vulgo una cierta
convicción: que aquellos que ejercitaban el difícil arte de
untar las paredes, mezclaban los unguentos con acuerdos pactados
con los demonios... el veneno propio de la peste" (17).
Estas eran las creencias corrientes que circulaban y que llevaban
a la detención y muerte de muchos acusados.
Esta
construcción ideológica tuvo como consecuencia una separación
aún más radical entre el pequeño grupo de teólogos que
decidían que era y que no era superstición y brujería, y el
pueblo que, en la mayoría de los casos, practicaba o creía en
estas cosas. Enrique Kraemer, nombrado inquisidor por Inocencio
VIII, preocupado porque algunos magistrados, tanto civiles como
eclesiásticos, no creían en las acciones de brujas y magos
escribió: "Es pues peligrosísimo predicar de este modo
defendiendo a las brujas y haciendo que crezca su número... las
brujas son creídas cuando niegan creer en los demonios y dicen
que no les entregaron su propio cuerpo y alma y que no ofrecen sus
propios hijos ni practican otros horribles ritos que son
enumerados en los dichos discursos sobre las brujas" (18).
De ahí la multiplicación de los denominados Tratados
Antisupersticiosos para instruir a aquellos que debían
reprimir lo que los teólogos decidían que era incorrecto. La
invención de la imprenta en l450, ayudó a la difusión de estos
tratados y a generalizar el estereotipo de la bruja satánica.
Resulta paradójico que uno de los más grandes inventos de la
modernidad, que uno asocia a la difusión de la cultura y la
apertura del pensamiento, haya sido precisamente uno de los medios
indirectos de la propagación de la ignorancia e intolerancia.
En su
introducción, el Tratado de Fray Martín de Castañega,
declara que el propósito de su publicación era " que los
visitadores y curas, y aún todos los clérigos deste muy honrado
y grande obispado, lo tengan entre manos por ser materia
peregrina... para quitar muchas ignorancias que muchos, que
presumiendo de letrados, niegan las materias de las supersticiones
y hechicerías" (19). Los mismos que tenían la
responsabilidad de reprimir la hechicería muchas veces estaban en
confusión de los que realmente era superstición y lo que no lo
era. Esto muestra el carácter de construcción del concepto mismo
de superstición, cuyo fin era el disciplinamiento y control
social sobre la población en general y los grupos marginales en
particular.
El
análisis de un caso particular ocurrido en San Miniato (20) un
pueblo del ducado de Florencia en 1594, nos puede ayudar a
entender lo expuesto con anterioridad sobre lo que se encontraba
detrás de esta caza o persecución de "brujas". Es el
proceso contra una mujer viuda de unos sesenta años, que ejercía
el oficio de partera y curandera, Gostanza, llamada "de
Libbiano" - evidentemente el pueblo donde había pasado la
mayor parte de su vida y comenzado a ejercer su oficio-. Pocos
años antes se había mudado al pueblo de Bagno, y es allí donde
es denunciada como bruja ante las autoridades por sus mismos
vecinos. Varios elementos significativos se pueden inferir de estos pocos datos. La
acusada era mujer, viuda y extranjera en el pueblo, tres elementos
que señalaban su vulnerabilidad y que, a la vez, la hacían sospechosa.
En el Malles Maleficarum, un célebre tratado de
demonología de l486 encontramos lo siguiente: " Toda
brujería proviene del apetito carnal que en las mujeres es
insaciable" (21). Fray Martín de Castañega en el
capítulo V de su Tratado se explaya sobre las razones de
que haya más mujeres que hombres consagradas al demonio y agrega "...
más son de las mujeres viejas y pobres... porque como en los
otros vicios la pobreza es muchas veces ocasión de muchos
males" (22). La misoginia era habitual, no sólo en la
redacción de los tratados de demonología sino en las relaciones
cotidianas. A su vez Castañega señala a la pobreza como otro
factor descalificador. La discriminación está claramente
presente.
Los
oficios que ejercía de partera y curandera, la colocaban en un
terreno peligroso, pues ambos estaban asociados con prácticas
diabólicas. Castañega en su Tratado escribe sobre las
parteras: "... (Satanás) hace que los ministros, en la
más sutil y secreta manera que pueden maten niños, como lo hacen
muchas parteras brujas..." (23). La recolección de
plantas, el conocimiento de su papel terapéutico y su empleo para
sanar enfermedades era transmitido de generación en generación a
través de la línea femenina. Por siglos estas mujeres cumplieron
un importante papel en sus comunidades. Eran las encargadas de
mantener y transmitir conocimientos ancestrales, pero la
construcción del modelo cristiano de superstición, hizo de ellas
objeto de sospecha, colocándolas al margen de la sociedad, en la
posición de agentes del diablo. De tal manera que, ante una
situación de malestar social, como carestías, pestes, guerras -
como era la de fines del siglo XVI en Italia, época en que vivió
Gostanza - las hacía las víctimas seguras de una persecución.
Posiblemente la envidia y los celos hayan sido los móviles que
llevaron a sus vecinos (y posiblemente a médicos) a denunciarla.
El hecho de que varios niños a los que ella ayudó a nacer
hubiesen muerto, motivó la oleada de denuncias en su contra. Su
condición de miembro reciente de la comunidad, sin raíces en el
pueblo, la hacía doblemente sospechosa.
Poco
después de su arresto comienza el interrogatorio que dura cinco
días. Fácil es adivinar la presión psicológica que esta
anciana experimenta. Gostanza niega los cargos, por lo tanto la
someten a tortura, al parecer al tormento llamado potro (24).
A pesar de la tortura, Gostanza niega las acusaciones, el
inquisidor, le hace una serie de preguntas sobre reuniones
nocturnas, hechizos sobre niños, el fin es que ella confirme su
participación en reuniones satánicas, y que su descripción
encaje en el modelo existente de bruja. Dos días después, la
vuelven a someter a tortura, al fin ella dice "Si queréis
que os diga mentiras, las diré...". Allí comienza la
confesión. Describe el aquelarre, su relación con el diablo, su
vuelo en escoba, como se convierte en gato, y bebe sangre de
niños. Describe todo lo que los inquisidores esperaban. Diez
días después el propio Inquisidor de Florencia, un hombre más
ilustrado, va a tomar a su cargo los interrogatorios. Gostanza
comienza a describir su vida, su rapto a los ocho años para ser
entregada al hombre que será su esposo. El abuso a esa tierna
edad, y su huida de la realidad, como encontraba refugio en el
bosque y en sus fantasías. La imagen que ella presenta del
aquelarre es una construcción donde se entremezclan sus propios
anhelos, expectativas, y sueños, con la imagen elaborada de las
reuniones satánicas. Un cuento lleno de elementos folclóricos,
probablemente recuerdos infantiles e historias que escuchara.
Presenta al diablo como un esposo amoroso, diferente del que tuvo,
y a la "Ciudad del Diablo", donde se celebran las reuniones,
como "una ciudad de oro, más bella que Florencia" muy
distinta del ambiente cotidiano y gris donde se mueve. La
fantasía que proyecta en su relato claramente muestra su huida de
la realidad, el deseo de encontrar en este mundo ficticio la
protección contra la dureza, exigencia y frustraciones de su
mundo real.
El
inquisidor se convence de hallarse sólo ante una visionaria. Tras
veintiún días de interrogatorio es liberada. La Inquisición
está menos dispuesta a dejarse llevar por estas historias que los
tribunales civiles. Durante todo el siglo XVI el Santo Oficio
mostró mayor prudencia en esos casos que los tribunales civiles,
siendo éstos responsables del mayor número de ajusticiamentos
por hechicería. La Inquisición prefería atender, y con severidad,
los casos de herejía (25).
Toda
fantasía tiene una fuerte base real. Y en el caso de la detallada
reconstrucción del fantástico mundo descripto por Gostanza, se
amalgaman visiones derivadas de su instrucción religiosa - la
aprendida por los predicadores de campaña - y la cultura y saber
populares, de largos siglos de elaboración y transmisión
campesina. Todo esto coloreado por sus propias vivencias y al
entorno social que le tocó vivir.
La
persecución de la brujería fue sin duda uno de los mecanismos
puestos en marcha con el fin de destruir la cultura popular, y sus
antiguos saberes. En los procesos de brujería se destaca una gran
mayoría de mujeres acusadas y esto era así porque las mujeres
eran precisamente las encargadas de custodiar esta sabiduría
popular. Ellas eran las que presidían veladas nocturnas –
posiblemente de aquí se derive la imagen del sabbat - que
constituían unos de los mecanismos más tradicionales de
transmisión cultural en el campesinado. Veladas en las que, junto
al relatos de cuentos y de sucesos pasados, se enseñaban
costumbres morales o se transmitían saberes sobre plantas y
astros. El universo mágico se entremezclaba con la percepción
popular del mundo. José Luis Romero en La cultura Occidental, planteaba
que la realidad e irrealidad se confundían y entrecruzaban
constantemente en la mente del hombre medieval, donde el
sentimiento mágico del germano o la adivinación de lo misterioso
que anidaba en los antiguos celtas pervivía, mezclándose con el
dogma cristiano. Todo esto daba como resultado un rico mundo
mítico (26).
La
ideas y prácticas chamánicas guardan muchos puntos de contacto
con el estereotipo del brujo o hechicero. Mircea Eliade en su
completo análisis del fenómeno del chamanismo, destaca que esta
"especialidad mágica" está muy relacionada con las
técnicas del éxtasis, dominio del fuego, y vuelos nocturnos -función decisiva en las consagraciones chamánicas-. Estas
personas afirman sostener una especial relación con los
espíritus de la naturaleza a los que dominan (27). La constante
movilidad de estos pueblos nómades no hace descabellado pensar
que pudieron haber tenido relaciones con Europa Occidental, en
particular el chamanismo siberiano y de allí provenir parte del
conjunto de ideas míticas del campesinado europeo. Carlo Ginzburg
descubrió en la campaña italiana, la existencia entre los siglos
XVI y XVII de un antiquísimo culto agrario con trasfondo
chamánico, los benandanti, que en muchos de los procesos
inquisitoriales aparecen confundidos con brujos (28).
La
demonización de estas antiguas prácticas llevó a la
intolerancia y a la persecución. La imagen del brujo satánico
fue un importante mecanismo de control social y de dominio sobre
el diferente. La manera más eficaz de imponer una cultura
hegemónica y destruir de manera sistemática la cultura y saber
populares. Esta enculturación fue parte de un largo proceso de
cambio, que abarcó desde la destrucción económica del
campesinado, de su forma de vida y cultura hasta la imposición de
un nuevo sentido del tiempo y del trabajo propios del naciente
capitalismo.
Se
puede decir que el proceso de destrucción de la cultura popular
arrancó desde la difusión del cristianismo en Europa, pero es en
el siglo XVI, donde este ataque se da con mayor vigor. La
separación entre cultura de elite y cultura popular es muy
notable a partir de este siglo. Así, la centralización del
Estado, los cambios económicos, la Reforma religiosa, la
Contrarreforma, la imprenta, entre otros aspectos que marcaron
este siglo, forma el marco en el cual insertar y tratar de
comprender el complejo fenómeno de la caza de brujas.
Esta
persecución termina prácticamente para mediados del siglo XVIII.
En Inglaterra la última ejecución se registra en l684, en
Estados Unidos en l692, en Francia en 1745 y en Alemania en 1775
(29). Fueron precisamente las altas autoridades teológicas,
jurídicas y políticas que la habían iniciado, las que
terminaron por eliminarla. El modelo preponderante de
superstición va a pasar a ser el científico- racionalista.
Uno de sus grandes exponentes, Voltaire (1674- l778), en sus Cartas
Filosóficas razonaba: "Me parece que la naturaleza
humana no tiene necesidad de lo verdadero para caer en lo falso...
el primer hombre que se puso enfermo creyó sin esfuerzo en el
primer charlatán. Nadie ha visto hombres – lobos, ni brujos y
muchos han creído" (30).
La superstición va a volver a
ser nuevamente producto de la ignorancia y así, la creencia en la
bruja satánica y sus abominables hechos, que segara tantas vidas,
pasará a ser solo un recuerdo.
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Imagen de caza de brujas en The Crucible, film protagonizado
por Daniel Day-Lewis, de Nicholas Hynter, inspirada
en la famosa quema de brujas de
Salem, en 1692.
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NOTAS:
1) Bennasar,
B: La inquisición española: Poder político y control social.
Barcelona, Crítica, l98l, pp. 100, 117
2) Ejemplo
de esto lo podemos hallar en dos relatos del Antiguo Testamento
que describen el mismo hecho pero cuya fecha de producción está
separada por siglos. Ambos detallan un censo realizado por el rey
David – hecho considerado como un pecado para la mentalidad
hebrea de su tiempo- En 2 Samuel 24:l leemos: "Se
encendió la ira de Yavhé contra los israelitas e incitó a David
contra ellos diciendo: Anda, haz el censo de Israel y Judá".
Este pasaje es del siglo X a. C. y claramente muestra que la
ira de Dios es la que impulsa al rey a cometer este pecado. La
mentalidad religiosa del antiguo Israel lo refería todo a Dios
como causa principal. Siglos después el escritor del libro de Las
Crónicas (siglo IV a. C.) relata el mismo hecho pero con esta
variante: "Alzóse Satanás contra Israel e incitó a
David a hacer el censo al pueblo" (1 Crónicas 21:1) En
seis siglos la figura de Satanás como opositor de Dios estaba
claramente delineada en la teología hebrea.
3) Brujería
y hechicería no son sinónimos, mientras que la primera designa a
un fenómeno inventado por la teología tardo medieval, la segunda
designa a ritos populares reales, tanto urbanos como campesinos.
Estas dos realidades diferentes fueron confundidas en el período
que analizamos por los jueces y teólogos que llevaban adelante la
caza de brujas. En el presente trabajo vamos a usarlas de manera
indistinta.
4) Campagne
F. M.. Homo Catholicus. Homo Supertitiosus. El discurso
antisupersticioso en la España de los siglos XV al XVII. Madrid-
Buenos Aires, 2001
5)
Cicerón: Sobre la Naturaleza de los dioses Libro II,
capítulo 28, p. 147. Madrid. Ed. Sarpe, l984
6) 1
Timoteo 4:7, Biblia de Jerusalén.
7) San
Agustín De Doctrina christiana II, 20,30. Madrid, l965 pp.
150,155
8) Canon
Episcopi en Brujas e Inquisidores, Bs. As. OPFYL, 1994
9) Santo
Tomás de Aquino Summa Theológica, 2-2 q 95, p.260
10) Huizinga,
J : El otoño de la Edad Media, Barcelona, Altaya, 1998
p.346
11) El
motivo del pacto en la leyenda medieval alcanza su punto
culminante con la historia de Fausto, un mago que hace un pacto
con el diablo para conseguir sabiduría y el amor de una mujer.
Esta leyenda, que combinaba las tradiciones de la magia superior e
inferior, fue muy popular a lo largo de los siglos. Como lo
atestiguan obras como el Doctor Fausto de Marlowe de 1593 y
el Fausto de Goethe del siglo XIX.
12) Ginzburg,
C. Historia Nocturna. Un desciframiento del aquelarre, Barcelona,
199l p. 70
13) Fray
Martín de Castañega: Tratado de supersticiones y
hechicerías. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Buenos Aires, 1997 pp.69, 85
14) Bula
Summis Desiderantes Affectibus, en Brujas e inquisidores,
OPFYL, 1994 pp.8-10
15) Ginzburg,
C: Historia... op.cit.70, 7l
16) Campagne
F. El otro entre nosotros. Funcionalidad de la noción de
superstitio en el modelo hegemónico cristiano B. Hi, T. 102,
2000, número 1, p.46
17) Cardenal
Federico Borromeo: Sobre la peste en Milán OPFYL, 1998,
pp.8,9
18) Las
brujas según un inquisidor de Germania en Brujas e
inquisidores. OPFYL, 1994, pp.11, 12
19) Tratado...
op.cit. p. 3
20) La
fuente de este comentario va a ser el análisis que realiza Silvia
Mantini sobre este caso, extraído de los archivos de San Miniato,
Florencia y Luca, publicados en La mujer del Renacimiento.
Madrid, Alianza, l993
21) Heinrich
Kraemer y Jacobus Sprenger: Malles Maleficarum, p. 82
22) Tratado...
op. cit. pp.63-65
23) Tratado...
op.cit. p.86
24) Este
instrumento de tortura consistía en un caballete al cual el
acusado era atado con cuerdas. El verdugo daba vueltas sucesivas,
que estiraban a la víctima. El propósito de las torturas no era
que el acusado perdiera la vida sino que confesara su crimen.
25) Bennassar,:
La inquisición... op. cit. p.201
26) Romero,
José Luis: La cultura Occidental Madrid, Alianza, 1994,
p.95
27) Elíade,
Mircea: El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México,
F.C.E. 1996, p. 23, 24, 27
28) Ginzburg,
Carlo : El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero
del siglo XVI, Barcelona, Paidós, l998, p. 21, 102
29)
Russell, G. La historia de la brujería Barcelona, Paidón,
1998, p. 158
30) Voltaire:
Cartas filosóficas Madrid, Altaya, 1996, p. 179.