LOS ORIGENES DE LA AVIACION

Vuelo en planeador de uno de los hermanosWright
Presentación
Modelos
precursores
Otto
Lilienthal
Santos
Dumont
El
Aeródromo de Samuel Langley
Wilbur
y Orville Wright
PRESENTACIÓN
En la cueva de Lascaux se halla una imagen, pintada entre
el 20000 al 15.000 ac, de un hombre-pájaro, un chamán
alado quizá. El primer destello del sueño arcaico del humano
que desea liberarse de la pesadez terrenal. El anhelo de
ser libre habitante del cielo resplandeció también en la
célebre y mítica imagen de Icaro y sus alas de cera
que se derritieron al intentar acercarse al ojo radiante
del sol.
En el 1100, en el corazón mágico y turbulento de la Edad
Media, Oliverio
de Malmesbury,
un monje benedictino, se arrojó, munidos
sus brazos con sendas alas, desde lo alto de una torre.
El resultado fueron dos piernas rotas y no el deleite aéreo
de flotar entre las nubes.
En el Renacimiento italiano, en el siglo XVl, el genio multifacético
de Leonardo inventó la hélice, concibió la idea del paracaídas,
y esbozó dibujos de alas y un rudimentario helicóptero.
Pero fue Sir George Cayley el verdadero iniciador
de la aeronáutica. Siendo un niño, presenció el ascenso
de los primeros globos impelidos por aire caliente e hidrógeno.
Pero los globos no podían ser conducidos a voluntad (los
aerostatos dirigibles aparecerían después). Cayley aspiró
a un vuelo autodirigido que pudiera vencer la resistencia
del aire. Entonces, vislumbró una idea esencial: el choque
de la corriente de aire sobre una ala curvada genera elevación,
produce altura. Para volar en línea recta y elevarse, un
artefacto necesitaba de ala fijas, no de las alas móviles
y batientes como la de los pájaros. Y para que las alas
fijas pudieran desplazarse contra el aire y obtener elevación
era preciso una fuente de propulsión y una energía motriz,
la fuerza de lo que Cayley llamó "el primer motor".
El ingenio del pionero inglés trazó también el modelo del
primer aeroplano, en 1604.
El paso del modelo del aeroplano al avión impulsado con
un motor es dado por William Henson, en 1844.
Su invención fue el "Carruaje aéreo de vapor"
con el que pretendía llevar cartas, mercancías y pasajeros
de un lugar a otro. La nave contaba con una envergadura
de 46 m y sería impulsado por hélices de 6 aspas que movería
una máquina de vapor. Esta máquina era demasiada pesada,
lo que hizo imposible la concreción del sueño de Henson.
Otro modelo pionero fundamental fue el "planóforo"
de Alphonse Pénaud. Se trataba de un
modelo de hélice propulsora, de 50 cms., movida por una
banda de goma, y que voló con éxito en público en 1871.
Luego, Pénaud se concentró en una máquina
de volar para llevar hombres. Diseñó también un modelo anfibio
dotado de muchas de las características de los aviones modernos:
hélice delantera o de tracción, ala en diedro, equipo de
aterrizaje retráctil, plano de cola montado atrás con aleta
fija vertical, timón de dirección, timones de altura y un
solo mando para todas las operaciones de vuelo. Pénaud creía
que su avión podría volar a 97 km por hora, siempre que
pudiera encontrar apoyo económico. No obtuvo esa ayuda y
su invención no se cristalizó. En 1880, enfermo, frustrado,
Pénaud se suicidó.
El primer hombre en volar fue Otto Lilienthal. Entre
1891 y 1896, el año de su muerte, realizó aproximadamente
2000 vuelos con sus
aeroplanos
en los que, luego de situarse en el centro, balanceaba su
cuerpo a un lado y otro para generar un efecto de equilibrio
y control. Escribió El vuelo de las aves como base de
la aviación, obra que influyó en los pioneros posteriores,
como los hermanos Wright. En uno de sus vuelos, una ráfaga
de aire lo golpeó violentamente y lo hizo precipitarse desde
unos quince metros. Lilienthal murió al día siguiente a
causa de las heridas sufridas.
Gran propulsor del vuelo con motor fue Samuel P. Langley
(1834-1906), arquitecto, astrónomo, físico, matemático y
más adelante, secretario del Instituto Smithsoniano. Creó
un avión a motor llamado Aeródromo. Con una envergadura
de 15 m, para volar debía ser lanzado por una catapulta
desde una casa flotante anclada en el río Potomac. El avión
de Langley hizo su primer prueba el 7 de octubre de 1903.
El dispositivo de lanzamiento falló y el avión se desplomó
en el Potomac. El piloto, Manly, el ingeniero que
construyó el motor, se zambulló en las aguas pero no sufrió
daños.
Antes de culminar con el aura triunfante de los hermanos
Wilbur
y Orville Wright
recordemos a dos grandes pioneros de la aeronavegación latinoamericana:
el brasileño Alberto Santos Dumont y el argentino
Jorge Newbery. El primero, ya a los 19 años, creó un
globo dirigible y arremetió hacia las alturas. Dotado de
una fortuna familiar, Santos Dumont
llegó a Paris en 1898 (imagen izquierda). Gustaba del exquisito
vestir y comer y veía en la aviación experimental y arriesgada
una manera de "hacerse un hombre". En la capital
francesa, realizó exitosos y fracasados vuelos con
aeronaves biplanas y monoplanas, y dirigibles. Jorge Newbery,
por su parte, estudió ingeniería en Estados Unidos y se
distinguió por su habilidad en multitud de deportes. Mediante
un vuelo con el globo "Huracán", unió Argentina
con Brasil y, en 1914, alcanzó el record mundial de altura
al llegar a los 6220 metros. Murió
en un su propia ley al desplomarse su avión sobre las tierra
de Mendoza, cerca de la cordillera andina.
Y fue en 1903 cuando los hermanos Wilbur y Orville Wright,
constructores de bicicletas de Dayton, Ohio, protagonizaron
el célebre primer vuelo en un avión impelido por un motor
(izquierda, imagen de Wilbur Wright).
Cuando
era niños, los dos hermanos recibieron un especial obsequio
de su padre: un "planóforo" de juguete. La
lúdica versión en miniatura del aparato del genial y malogrado
Alphonse Pénaud despertó en los hermanos el anhelo de crear
una nave que los convirtiera en visitantes de los caminos
azulados de la cúpula. Para ello, luego de múltiples investigaciones
y experimentación, construyeron
un rudimentario aparato de madera, tela y partes de bicicleta.
El Flyer l
fue transportado al lugar del despegue, un carril ubicado
al norte de la colina del Diablo Muerto (imagen abajo, derecha).
Hacia el mediodía, Orville aferró los mandos
de la nave. Wilbur sostuvo una de las alas. Un motor a explosión
comenzó a expeler bruscos estertores primero y, después,
un zumbido parejo.
Orville aceleró a fondo el pequeño motor
de 16 H.P. Las hélices iniciaron sus giros. El avión comenzó
a deslizarse por el carril... Junto al aeroplano corrían
cuatro hombres encargados de sostener las alas. Y, al final
del carril, el aparato devino pájaro de metal. Se elevó
a tres metros de altura, dio algunos cabeceos y voló unos
treinta metros... El vuelo duró sólo doce segundos.
El viejo hombre-pájaro de Lascaux regresaba ahora pero con
alas de metal y un corazón nutrido por sonoros motores.
En este momento de las Galerías históricas de Temakel,
mediante el recuerdo de las primeras aventuras del hombre
para desplazarse en las alturas, buscamos estimular una
meditación sobre la continua y velada identidad entre
el hombre y el ave. Al volar, aunque sea secretamente, el
humano se asocia con la animalidad ascendente del pájaro
y participa también del simbolismo de todo movimiento ascensional:
el ganar altura como vía hacia la espiritualización y la
trascendencia. Por el contrario, en el mundo contemporáneo,
el vuelo suele disolverse en mero transporte, en portento
tecnológico o en forma de ataque bélico. Pero, quizá, una
imaginación aún encendida y cierto aliento poético nos pueden
acercar a la fascinación por el vuelo primigenio, inicial,
arcaico. Aquel vuelo que, al trepar en el cielo, nos guía
hacia la altura desde donde percibir más plenamente la riqueza
y complejidad del mundo.
E.I