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LOS JARDINES CHINOS
DE SUZHOU
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Una
de las pequeñas reproducciones de la naturaleza; uno
de los jardines de Suzhou.
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Presentación
Los
jardines de Suzhou, por Lu Wenfu, novelista chino residente en
Suzhou
PRESENTACIÓN
En nuestra cultura muchas cosas se han olvidado. El simbolismo
de los jardines, por ejemplo. En la antigua China se desarrolló
el arte del paisaje. Su primera intención es recrear paisajes
naturales en miniatura. La belleza se esparce por todas partes.
Existen en la amplitud y variedad de las montañas, bosques y lagos,
ríos y praderas de la geografía sagrada. El jardín es esa amplia
belleza natural en pequeño. La radiación de su armonía permite
que, aun dentro de la ciudad, sea posible la elevación espiritual
mediante la contemplación de las bellas formas naturales.
El culto a los jardines se desarrolló en muchas culturas. China
es uno de los ejemplos más brillantes. En el gran país asiático,
el arte del jardín como recreación de paisajes tuvo su apogeo
entre los siglos XVI y XVII. Es ese periodo fueron creados los
hoy célebres y clásicos jardines de la ciudad de Suzhou.
Suzhou es conocida como la "Venecia de Oriente". En
Suzhou, la fachada de las casas da a la calle y la puerta trasera
se comunica con un río. Esta líquida urbe de los jardines surgió
hace 2.500 años aproximadamente, durante el reinado Wu.
En el jardín debe fulgurar la naturaleza y su variedad. Así, los
estanques recrean los lagos; las rocas acomodadas en montículos
expresan las montañas; las exquisitas plantaciones de flores y
árboles reviven la densidad del bosque.
Uno de los jardines es El Jardín del Humilde Administrador,
de 52.000 m2. Posee gran multitud de especies vegetales. Su área
central reproduce en miniatura el curso inferior del Yang-Tseu-Kiang,
el tercer río del mundo luego del Amazonas y el Nilo.
El Jardín No se apresure, alberga por
un lado el "Pico cubierto de nubes" ( una colina calcárea
de más de seis metros de altura), y, por otra parte, una bella
colección de estelas con inscripciones grabadas. Es obra de Xu
Taishi y data de finales del siglo XVI. El
Jardín del Maestro de las Redes fue realizado en el siglo
XVIII. Aloja una lujosa mansión con cuatro patios sucesivos y
una arquitectura de estilo feudal. El
más diminuto de estos jardines (menos de 2.200 m2) y, probablemente,
el más antiguo, es el Jardín de la Villa de la Montaña Abrazada
por la Belleza. Aquí se halla la famosa "montaña"
de Qing Gu Yliang, que contiene valles, senderos, grutas, barrancos,
precipicios, crestas y acantilados artificiales que reproducen
con vivida nitidez la naturaleza.
En este nuevo momento de Temakel intentamos recuperar parte de
la simbólica grandeza de los jardines. En esta sección privilegiamos
las formas directamente esculpidas por los antiguos cinceles
de la naturaleza. Pero en este caso extenderemos la percepción
de la geografía al paisaje artificial de los jardines. Y esto
porque el jardín, debidamente experimentado, es la naturaleza
originaria, solo que condensada en un pequeño anillo de intensidad
y belleza.
En nuestra aproximación a los jardines de Suzhou nos guiará Lu
Wenfu, novelista residente en la líquida ciudad floral.
Esteban
Ierardo
LOS
JARDINES DE SUZHOU
Por Lu Wenfu, novelista chino residente en
Suzhou (1)
|
Lago
en "El jardín de la política de los simples"
en Suzhou.
|
En
el siglo XIII, el italiano
Marco Polo fue el primero que dio a conocer Suzhou en Occidente.
Para él, este paraíso terrenal era ante todo una ciudad en la
que florecía el comercio de la seda. Más tarde otros europeos,
fascinados por esta ciudad surcada por canales, le dieron el
sobrenombre de “la Venecia de Oriente”. En el decenio de 1980
yo aporté a su fama mi propia contribución, al presentarla como
el paraíso de los sibaritas en mi novela Vida y pasión de un
gastrónomo chino. Y cuando en 1997 la UNESCO inscribió cuatro
de sus jardines clásicos en la Lista del Patrimonio Mundial,
Suzhou añadió una nueva dimensión a su reputación.
Como hijo de la naturaleza, el ser humano, por muy insensible que
sea, no puede prescindir de la montaña, el agua, la hierba, los
árboles, el sol, el aire. Lejos de ellos se asfixia, se encuentra
mal, necesita evadirse y, en cuanto puede, se va de vacaciones.
Ahora bien, en vez de practicar el turismo (ejercicio fatigoso,
oneroso e incluso peligroso), ¿por qué no hacer una copia en
pequeño de la naturaleza, una “naturaleza artificial” para el
propio uso diario?
En Europa, por ejemplo, los parques son enormes: bosques inmensos,
recorridos por ríos, se extienden hasta donde alcanza la vista
sin que ningún obstáculo perturbe el espectáculo natural. En
realidad se trata de una parcela grande de naturaleza, cercada y más
o menos retocada con la construcción de edificios a orillas del
agua o en el lindero del bosque.
El jardín chino, en cambio, expresa a la perfección el concepto
-propio de la filosofía china- de armonía entre el cielo y
el hombre. Los jardines de Suzhou son el resultado de una
verdadera “fabricación”. En un terreno llano, los hombres
“confeccionan” en miniatura todos los elementos esenciales de
la naturaleza. Como las montañas no se pueden desplazar, se
construyen rocallas; como es imposible desviar ríos y arroyos, se
cavan surcos para hacer canales. Como el agua abunda en el
subsuelo, tres metros de excavación bastan para hacer un
estanque. Sus habitantes confiesan con la mayor sinceridad que
“falsifican” montañas y ríos. Pero esta “falsificación”
es una creación artística y, como tal, esencialmente verdadera.
Las rocallas son el alma de los jardines. Las piedras con que se
construyen -el receptáculo del alma- proceden del lago Tai,
en las proximidades de Suzhou. Sus fascinantes rocas escarpadas,
roídas por la erosión, tienen tanta fama que hasta los
emperadores del lejano norte mandaban a sus arquitectos a
buscarlas para decorar con ellas sus jardines. Las más conocidas
y más hermosas son llamadas “cimas de rocas”. Su calidad se
evalúa en función de tres criterios: han de ser “flacas” y
no “carnosas”; deben contener galerías verticales, además de
los “túneles” que las atraviesan de parte a parte; su
superficie ha de ser rugosa y no lisa.
Pero amontonar hermosas piedras no basta para crear una obra de
arte. Los primeros maestros de la roca, artesanos de gran talento
y sumamente cultivados, surgieron en Suzhou en tiempos de la
dinastía de los Tang (618-907) y los Song (907-1271), época de
auge de los jardines en todo el país. Estos antepasados del
paisajismo chino tuvieron sucesores ilustres, hasta el punto de
que en tiempos de la dinastía Ming (1368-1644) existían entre
200 y 300 jardines en la ciudad y sus alrededores. En la
actualidad subsisten 77, veintisiete de ellos protegidos como
monumentos nacionales. Algunos no son en realidad más que grandes
patios, una especie de minijardines decorados con flores, plantas,
bambú y rocallas como hay en la mayoría de las viejas mansiones
de Suzhou.
El maestro más celebrado bajo la dinastía Qing (1644-1840) fue
Qing Gu Yliang, autor de la montaña de cal en el Jardín de la
Villa de la Montaña Abrazada por la Belleza (Huanxiu).
Gu Yliang perdió la vista en sus últimos años, y fueron sus
discípulos los que acabaron la obra bajo su dirección. El
secreto de la belleza de esta montaña reside en que fue
construida con el alma y no con las manos del maestro. Es una
reproducción en miniatura de la verdadera montaña que vivía en
su corazón. Sus dimensiones son modestas -cubre menos de 500
metros cuadrados y sus picos no superan los siete metros de
altura-, pero en cuanto se entra en ella se tiene la impresión
de penetrar en las entrañas de una inmensa montaña salvaje, al
borde de un barranco tortuoso. El especialista contemporáneo del
jardín chino, Chen Congzhou, afirma con gran acierto: “Una
montaña que parece una rocalla es una curiosidad; una rocalla que
parece una montaña es una maravilla.”
El agua, elemento fundamental
del jardín chino
Pero una montaña por sí sola
no constituye un
paisaje. El agua es el segundo elemento esencial del jardín. Y
para contar con él, hay que aprovechar un estanque o un arroyo ya
existentes, o bien cavar la tierra. En cualquier caso, hay que
saber cómo abrir los surcos, cómo hacer que el agua circule por
ellos, cómo ramificar primero y reunir después los brazos del
riachuelo y, en suma, cómo hacer los meandros para conseguir lo
que nosotros llamamos corrientes sinuosas. Los maestros de Suzhou
logran aquí maravillas.
Quien dice río, dice puentes. En los jardines de Suzhou abundan
toda clase de puentes, ya sean de madera o de piedra. El jardín
del Maestro de las Redes (Wangshiyuan)1, tiene, por ejemplo, un
lindísimo puentecillo en arco que se puede franquear en dos o
tres pasos.
Montañas, riachuelos, puentes… pero, ¿y los árboles? Un
paisaje sin plantas ni flores es un desierto. Los viejos árboles
son el bien más precioso de los jardines clásicos chinos. Todo,
en efecto, se puede construir, incluso se puede instalar un jardín
de Suzhou en medio de Estados Unidos, pero no es posible erigir un
árbol. En el Jardín No se apresure (Liuyuan)1, hay un majestuoso
ginkgo milenario. Su propietario decidió construir la rocalla a
la sombra de su follaje en forma de abanico.
Un conjunto formado por varias
unidades
Cuando se visita Suzhou no hay que ser impaciente. A
diferencia de Versalles, donde una sola ojeada basta para captar
el esplendor del palacio y del parque, los jardines de Suzhou se
esconden en callejuelas estrechas como las damas en su camarín.
Al entrar en un jardín se puede incluso experimentar cierta
decepción: ante uno se extiende una larga galería en zigzag que
puede parecer poco interesante. Se llama “la avenida sinuosa que
conduce a la belleza serena”, y es un elemento fundamental en la
arquitectura de jardines. Pero pronto, del otro lado del muro, un
retazo de jardín le guiña a uno el ojo a través de las
filigranas de una ventana esculpida. Árboles y pérgolas se
dibujan en lontananza… Unos pasos más y, en el primer recodo,
un magnífico jardín se ofrece a la vista.
Otra regla a respetar es “cambiar de paisaje a cada paso”.
Este se va modificando a medida que uno avanza para evitar la
impresión de repetición y monotonía. Con tal fin se construyen
paredes con ventanas esculpidas que dividen el jardín en varias
unidades, pero sin impedir la visión de conjunto. Los ojos no
tienen un momento de descanso en los jardines de Suzhou. En cada
recodo hay una nueva
sorpresa, ya sea una roca, un penacho de bambú o un banano. Cada
parcela de tierra es como un cuadro admirable. Un ángulo muerto
sería aquí una pincelada fallida.
Esta manera de recortar el espacio por medio de puertas, ventanas,
galerías, rocallas o arroyos es lo que produce la impresión de
una naturaleza en pequeña escala y el efecto que nosotros
llamamos “un vislumbre de la grandeza a través de la
miniatura”.
Hoy en día los arquitectos preparan proyectos antes de construir
un parque o un terreno de juegos. Los maestros de los jardines de
Suzhou no tenían planos. Encontraban su inspiración en la poesía
y la pintura, al igual que la pintura china ha exaltado con
frecuencia la belleza de los jardines. Son muchos los pintores,
poetas y calígrafos que han contribuido a la creación de los
jardines de Suzhou.
Los jardines no quedaban nunca terminados; se iban agrandando,
enriqueciendo y perfeccionando con el paso del tiempo. Cada vez
que se agregaba una nueva rocalla, un arroyo o un pabellón, los
maestros tenían por costumbre invitar a sus amigos letrados a
degustar buenos licores y dar rienda suelta a su inspiración lírica.
Los invitados caligrafiaban los dinteles de las puertas y escribían
sentencias paralelas en los montantes. También
aconsejaban sobre el emplazamiento de otro puente o de una nueva pérgola.
Los maestros seguían embelleciendo el jardín en función de esos
consejos e invitaban de nuevo a sus amigos a tomar una copa y a
componer versos...
Si no hubiera sido así, los jardines de Suzhou carecerían
seguramente del refinamiento que les ha valido tanta fama. (*)
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Puente
y lago en jardín de Suzhou
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(*) Fuente: Lu
Wenfu, "Los jardines de Suzhou", editado en página de
Correo de la Unesco.
(1)
Lu Wenfu nació en 1928 en la provincia china de Jiangsu. desde
1945, vive en Suzhou. Periodista y novelista, ha obtenido varios
premios literarios nacionales. Vicepresidente de la Asociación de
Escritores Chinos, actualmente dirige la revista mensual Magazine
de Suzhou, fundada por él mismo. En español ha publicado El
gourmet: vida y pasión de un gastrónomo chino (Barcelona,
Seix Barral 1994).
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