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EL GANGES: RIO SAGRADO DE LA INDIA
Fotos y textos de
Axel Rivas

"El
Ganges aparece en la neblina de la mañana. Vamos ¿qué espera
usted? ¿Acaso no es evidente que hay que adorarlo?
¿Cómo se queda usted parado y estúpido como
un hombre sin Dios, o como un hombre con un solo Dios al
que se prende toda su vida, incapaz de adorar el sol ni
nada? El sol asciende en el horizonte. Asciende y se enfrenta
con usted ¿cómo no adorarlo? ¿A qué hacerse violencia siempre?
Entre en el agua y bautícese, bautícese mañana
y tarde y deshaga la costra de la contaminaciones.
¡Ganges, ser que nos bañas y nos bendices!
Ganges, no te describo, no te dibujo. Me
prosterno ante ti, me hago humilde bajo tus ondas. Fortalece
en mí el silencio y el abandono. Oremos, oremos. En la India
si no se reza, se pierde el viaje. Es tiempo dado a los
mosquitos".
Las palabras arriba transcriptas pertenecen al vasto escritor
galo Henri Michaux. Sentencias de entonación lírica para
manifestar la nervadura sagrada del Ganges, en Benarés.
Río de cremación, de adoración y purificación. Río de recuerdo
de existencia de los dioses sobre los hombres. A las aguas
sagradas del Ganges podremos acercarnos gracias a las fotos
(que integran la galería fotográfica de abajo) y un breve
relato de Axel Rivas.
Todas las fotos pueden ser ampliadas mediante un clik.
EL
GANGES: RÍO SAGRADO DE LA INDIA
Varanasi
es la ciudad sagrada de la India. Antes llamada Kashi ("la ciudad
de la luz") y Benarés o Banaras, es la ciudad eterna del río
Ganges, venerado de extremo a extremo en el norte del país. Un millón
de personas vive aquí y otro millón por año llega en peregrinaje para
adentrarse en las aguas a través de las escalinatas de mármol que a lo
largo de cinco kilómetros descienden y se dejan bañar por el río.
Estas
escalinatas se dividen en distintos gaths, con diversas funciones y
tradiciones: están los gaths particulares de los brahmines, los gaths
de los templos, los gaths de abluciones, los gaths donde se lava la
ropa, donde se reza, donde bañarse y cepillarse los dientes, donde
morir y llegar directamente al cielo. Estos últimos son los dos gaths
crematorios, donde continuamente se incineran los cadáveres de aquellos
afortunados por morir en la tierra sagrada de Benarés y lograr de esta
forma la ruptura con el ciclo de reencarnaciones y la llegada al cielo.
Eliade, en uno de sus pocos textos de viajero, describe así la
ceremonia de muerte:
"Cuando
comienza a arder, parece como si el muerto quisiera levantarse de la
pira. Crepita, se mueve y, enseguida, el fuego devora un pedazo tras
otro, bajo la serena mirada de quienes fueron sus seres queridos. Sólo
alguna que otra vieja, alguna hermana o esposa más débil de espíritu
enjugan algunas lágrimas. Los demás lo contemplan y lo felicitan
mentalmente porque el destino se apiadó de él y lo sacó de este valle
de lágrimas. Varios cuervos esperan con gesto hosco en lo alto de un
madero quemado. Se diría que adivinan que no les va a quedar nada para
repelar. Pues antes de que llegue a terminarse la incineración, los
sepultureros recogen la ceniza y los huesos, e incluso brazos y piernas
enteros todavía sin haberse quemado y lo arrojan al Ganges. Entre
flores y barcas aisladas, se ven cuerpos quemados o enteros yendo río
abajo. Quizás se detendrán en algún médano del río o en alguna
charca de aguas estancadas y, si escapan al apetito de los cocodrilos,
los cuervos y los buitres darán buena cuenta de ellos. Pues, para los
hindúes, el barro del hombre no merece otra suerte…".
Benarés
fascina y arremete contra quien se pasea en ella. Ciudad repleta,
inabordable que repele y hunde en su follaje al que mira. Las calles son
insoportables, cargadas con millares de gentes, hindúes y musulmanes,
vendedores, mendigos, vacas, rikshaws, masticadores del betel,
adoradores de Shiva, cientos y cientos de templos, monos, moribundos,
rostros, callejones y el olor intratable que viaja en el aire. No he
visto como en Varanasi tan pleno el dolor y el espíritu de la India,
que todo esto lo trastoca en los gaths místicos, donde la luz llega de
todas partes y el río quieto nos espera y abraza.
Hace
25 siglos el Buda llegó a Benarés y desde entonces, centro sagrado,
fue saqueado por las múltiples invasiones musulmanes que arrasaban una
y otra vez los templos e imponían sus mezquitas, que aún brillan aquí
y allá. Hoy muchos de los peregrinos son personas moribundas que pasan
sus últimos días en los hospicios frente al río, deseando su muerte
en ese plazo de un par de semanas para lograr ascender al cielo, en
medio de una de las regiones más pobres de un país desagarrado por la
miseria.
Además,
Benarés es el centro principal de estudio del hinduismo, con la enorme
Universidad Hindú de Benarés o la Universidad Sánscrita, que guarda
más de 150.000 manuscritos históricos. Fue aquí que en el siglo XV se
potenció el renacimiento hindú, cuando Tulsi Das tradujo el Ramayana
del sánscrito al hindi y fue aquí que vivió Kabir, uno de los mayores
poetas de la India.
Las
fotos que arriba se exponen fueron en su mayoría tomadas desde un bote a
lo largo del Ganges. Son síntomas de un misticismo cautivo, de una
febril perturbación por las miradas de quienes se hundían ante mí en
el río sagrado y amanecían en la belleza incansable del sol de la
tarde.
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