Esteros
del Iberá, el humedal más extenso de la Argentina
Los
Esteros del Iberá cubren aproximadamente 13.000 km2 formando una
de las dos mayores áreas de tierras húmedas de agua dulce al sur
del trópico de Capricornio.
Este humedal,
único en su genero, se crea exclusivamente por precipitaciones y
albergan una biodiversidad subtropical singular, se encuentran
entre los ríos –Paraná- Paraguay y Uruguay- dentro de una de
las cuencas hidrográficas más vasta del mundo, la del Río de la
Plata.
Los
Esteros del Iberá forman una gran base de pastos inundados
denominados "embalsados", posee bañados, lagunas e
islas flotantes. De los 1.3 millones de hectáreas que ocupan los
Esteros, 57.000 hectáreas pertenecen a la provincia y 1.143.000
hectáreas son de propiedad privada; son depresiones de antiguos
cauces o lechos de ríos que no se han modificado desde hace
aproximadamente 60.000 años. La parte central esta compuesta por
pantanos y lagunas poco profundas, inferior a los cinco metros,
rodeada de tierras mas elevadas al norte, este y oeste. Hay siete
lagos con una superficie mayor a los 14 km2.
La
vegetación acuática frondosa y cubre extensas áreas con ortiga
acuática (Camomba Australia), caña (Scirpus
Californicus) y camalotes (Eichornia sp), entre otras.
Esparcidas por los Esteros, hay pequeñas islas con mucha
forestación. Rara vez se inundan y llegan a tener menos de 100
metros de diámetro. En el área de la reserva y más allá de los
esteros y lagunas, existe otra variedad de vegetación. Hacia el
norte, y bordeando el río Paraná, hay pequeños bolsones de
bosques subtropicales hacia el noroeste y sudeste hay valles
ondulantes con arboledas diseminadas de Algarrobillo (Prosopis
Algarrobilla) y Espinillo (Acacia Caven). La fauna
de vertebrados terretes consiste de 85 especies de mamíferos, 35
reptiles y alrededor de 45 anfibios. Existen aproximadamente 250
especies de aves, entre las cuales más del 90% es nativa de la
región.
Una de
las características más típica del área es la abundancia de
Pirañas (Pirañas Semasolus sp), cubren las nacientes del
Río Corrientes, por lo que las especies migratorias tales como el
sábalo y el dorado se hallan en los lagos del sur,
que se encuentran mas estrechamente conectados con el río. Se
sabe que los lagos al sur de los Esteros son zonas importantes de
desove. En total se estima que existen 80 especies de peces en éste
lugar.
Sé
esta confeccionando un inventario biológico de las
especies de peces, que también incluirá su estado de conservación,
el área de desove, área de crianza y rutas de migración. Se
espera que esta información brinde suficientes datos de
referencia a partir de los que se puedan monitorear los esfuerzos
de conservación y su impacto en la salvaguarda de la
biodiversidad.
Es a
partir de junio de 1939 que la Administración de Parques
Nacionales comienza un largo proceso que esta dirigido a la
creación de un Parque Nacional en los Esteros del Iberá, éste
proyecto no prosperó, aunque, diez años mas tarde se seguía
adelante con otro impulso hacia la creación del parque nacional
que también queda inconcluso; así llegaremos al año 1983 que es
la Provincia de Corrientes quien crea la Reserva Natural del
Iberá bajo la ley 3.771.
En
aras de responder al desafío de otorgarle realidad operativa a la
constitución de la reserva un grupo de destacados correntinos de
la región iberana crean "Fundación Iberá".
Esta organización ha bregado por la conservación y protección
de los Esteros del Iberá.
En 1994
por decreto-ley 1.577 se conviene, entre el Ente Binacional
Yacyretá y la Subsecretaria de Recursos Naturales de la
Provincia de Corrientes, establecer áreas naturales
protegidas dentro de la zona de influencia del proyecto hidrológico
y dentro de la reserva natural creada bajo el régimen de la Ley
3.771, esto se realiza a fin de compensar parcialmente la pérdida
del ecosistema iberano y se cristaliza en la delimitación de
cinco unidades de conservación. La creación de las mismas fue
acompañada de cierto apoyo financiero sirviendo para atender las
unidades de conservación y ofrecer una presencia de cuidado y
conservación en la zona este de la reserva.
La Unión
Europea financió un proyecto que reúne a diez universidades
lideradas por la Universidad del Salvador que consiste en
un programa de estudios técnicos - científicos cubriendo
diversos aspectos de la realidad física del ecosistema.
En el
año 1998 Fundación ECOS, logra interesar a la
organización "The Conservation Land Trust -
Argentina" para que esta adquiera propiedades con fines
conservacionistas
dentro de los Esteros. La primera adquisición
de 70.000 ha. ha sido acrecentada por varias compras mas sumando
al presente un total de mas de 100.000 ha. con destino a la
conservación del humedal y su frágil ecosistema. Este proceso
debería continuar, pues, todas las propiedades han sido volcadas
íntegramente a convertirse en áreas silvestres donde la flora y
fauna tiene prioridad.
Ecos
esta participando a su vez en apoyar un plan de recría y
reintroducción de especies que la "Conservation Land
Trust - Argentina" esta desarrollando.
Ecos
por otra parte, esta obteniendo el apoyo del Banco Mundial por
intermedio del GEF, para desarrollar el plan de
conservación y manejo que cubra todo el ecosistema. Esta
iniciativa esta siendo complementada por un programa de capacitación
y concientización de la sociedad civil, el montaje de un proyecto
integral de ecoturismo, un análisis de la estructura
institucional legal que protegería al ecosistema y por último el
manejo, la reintroducción de especies extintas o en peligro de
extinción.
Nuestro
objetivo es convertir al los Esteros del Iberá, el humedal
más extenso de la Argentina, en un área
efectivamente protegida para todos. (*)
(*)
Fuente: Texto editado
originalmente en página www.fundacionecos.org
El
ecosistema del Iberá en Peligro
La
preservación ecológica plantea desafíos que los argentinos no
debemos eludir. Cuanto se haga en esa materia tendrá influencia
decisiva sobre la calidad de nuestra vida futura y sobre la
evolución de nuestros procesos económicos y sociales. Sin
embargo,
no siempre las autoridades públicas adoptan los recaudos
necesarios para asegurar a tiempo la conservación de nuestros
recursos naturales y a menudo la única voz que se alza para
reclamar las acciones correspondientes es la que proviene del
campo de las organizaciones no gubernamentales ligadas a la
preservación de la naturaleza.
Conviene
detenerse a observar, por ejemplo, los problemas hídricos que se
presentan en muchas partes de nuestras extensas llanuras debido a
la reducida o nula pendiente de los terrenos, así como a las
condiciones de permeabilidad de los suelos y al impreciso material
de arrastre que acumulan los cauces de los cursos de agua.
Entre
las amenazas que afronta la Argentina en relación con el estado
de sus riquezas naturales hay que mencionar las inundaciones de la
pampa húmeda, la desecación de los Bañados del Atuel, el
cegamiento del río Pilcomayo y las marcadas variaciones en el
caudal del Teuco, así como el asolador comportamiento de los
llamados Bajos Submeridionales, situados en el norte santafecino.
A todo eso se han sumado, en los últimos días, las alarmantes
noticias sobre la evolución de los esteros, lagunones y áreas
anegadas de la región del Iberá.
De
alterarse el equilibrio natural de esa zona, se perderían
inestimables bienes naturales, pues está en riesgo una multitud
de especies vegetales y animales. Pero el daño ecológico no se
limitaría a esas pérdidas y a su
consiguiente impacto negativo en el movimiento turístico, sino
que sería mucho más amplio, pues se destruirían las condiciones
actuales de una inmensa zona rural en el sur de Corrientes y en
las márgenes entrerrianas del Paraná y del Uruguay, y se
modificaría por completo el régimen en el curso inferior de
estos dos ríos. Desencadenado ese proceso de cambios, el problema
podría asumir agobiantes características económicas. Es
indispensable, entonces, poner en ejecución medidas de protección
que garanticen el normal desenvolvimiento de las poblaciones aledañas
y de sus sistemas productivos.
Según
la información que se suministró durante el Simposio
Internacional de Teleobservación del Medio Ambiente, realizado en
Buenos Aires, en los 12.000 kilómetros cuadrados que ocupan,
aproximadamente, los esteros del Iberá el nivel del agua ha
tenido un aumento promedio de 80 centímetros, lo que equivale a
una duplicación -o poco menos- de su profundidad histórica, no
superior a un metro. No hay discusiones entre los especialistas
acerca de la gravedad de este fenómeno, aunque sí existen
discrepancias respecto de las causas que lo originaron. Según
algunas de las opiniones vertidas en el simposio, los cambios se
produjeron como resultado de las obras correspondientes al embalse
de Yacyretá, cuya masa de agua derivaría por filtraciones y
napas subterráneas hacia los esteros. Esa derivación habría
multiplicado de manera prodigiosa el presunto aporte de agua que
siempre ha hecho el Paraná a través de la Tranquera de San
Miguel, pequeño istmo que separa al gran río de la cabeza norte
de los pantanos.
Los
técnicos del ente binacional que administra la represa, por su
parte, niegan esa acusación -que en rigor no lo es, pues
naturalmente se sabe que una gran obra de ingeniería modifica
inevitablemente el ámbito en que se instala- y atribuyen la
pertinaz crecida a la alteración del régimen pluvial, unida a la
saturación de las napas existentes bajo los esteros.
Es
difícil establecer a cuál de las dos explicaciones se le debe
otorgar mayor crédito, sobre todo porque es probable que ambas
describan una parte de la realidad. Lo que sí corresponde señalar
es la necesidad de que las autoridades pongan en estado de alerta
el ecosistema del Iberá, en peligro de extinguirse o de ser
modificado por completo, y procuren evitar los perjuicios económicos
en el área colindante. El problema está planteado y los
trastornos de todo orden que pueden sobrevenir son obvios.
De
lo que allí vaya a ocurrir quedará, como reiterada enseñanza,
la necesidad de que las grandes obras públicas sean encaradas con
una adecuada previsión de los daños que involuntariamente se
pueden provocar. Es indispensable desarrollar en cada caso el máximo
esfuerzo para minimizar el impacto en los procesos de la
naturaleza, a cuyo cuidado y protección debe otorgarse atención
prioritaria en todos los planes y en todos los emprendimientos que
se ponen en marcha desde el poder político o desde la iniciativa
privada.(*)
(*)
Fuente: Artículo publicado en Diario La Nación,
Buenos Aires, Argentina, el 18 de abril del 2002.
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Ñandués
atraviesan con su gracia pajonales próximos a la laguna
de Iberá. |