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Imagen
del Río Congo, en lo profundo de la aún poco conocida
selva africana.
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La densa selva
africana del Congo conserva
el aura de lo primitivo y secreto. En esta región se inspiró
Joseph Conrad para su célebre El corazón de las tinieblas
(*). Conrad remontó el río Congo que sólo es navegable unos
doscientos kilómetros porque, luego, adquiere un ritmo violento
por sus numerosas cascadas. Al remontar este río, Conrad sintió
"retroceder a los más primitivos comienzos del mundo, cuando
la vegetación se amotinaba sobre la tierra y los grandes árboles
eran los reyes. Una corriente desierta, un gran silencio, un
bosque impenetrable...". Henry Stanley fue el primer hombre
blanco que, en 1877, remontó el tramo navegable del Río Congo
y exploró la selva congoleña. La densidad de la vegetación de
esta vasta región selvática ha ocultado algunas especies que
sólo en el último siglo fueron descubiertas. Es el hábitat natural
de varias especies de gorilas. El carácter inaccesible y arcaico
de esta selva, y su escasa alteración por la acción humana,
quizá difundió la creencias que, en su interior, podría sobrevivir,
oculto, secreto, alguna especie de dinosaurio. En las últimas
décadas, fueron realizadas algunas expediciones de criptozoólogos.
La criptozoología es una disciplina que, literalmente,
significa "estudio de los animales escondidos". Objetos
clásicos de la investigación criptozoológica son el Bigfoot
y el monstruo del Lago Ness. Pero, en las profundidades aún
ignotas de la exuberantes selva de la cuenca del Congo, algunos
estiman que un ser de lejanas épocas prehistóricas aún podría
latir con su antiguo corazón.
(*)
Es interesante destacar también que El corazón de las tinieblas
de Joseph Conrad inspiró luego la historia de Apocalipsis
Now, de Francis Ford Coppola, reeditada recientemente en
una versión extendida. En la obra de Conrad, el coronel Kurtz
es el Sr. Kurtz, representante de una compañía comercial
cuya misión es abrir rutas comerciales en el corazón de África.
Allí, remonta el Río Congo y experimenta una transformación
que lo aleja de su identidad de hombre civilizado. En el film
de Coppola, la selva de Laos, durante la guerra de Vietnam,
conduce al Coronel Kurtz a una percepción del mundo drásticamente
opuesta a la cultura norteamericana en la que se formó como
militar.
LAS
SELVAS DEL CONGO
Los viajeros del siglo XIX se referían al centro verde de Africa como el
Continente Negro. Pensaban que lo que parecía ser una impenetrable
jungla contenía animales feroces y caníbales sedientos de
sangre. Su reputación de inhospitalidad, combinada con una inaccesibilidad que desanimaba al más valiente explorador, ha
vuelto este área relativamente segura del acoso del hombre y, por
lo tanto, se evitó la destrucción de una de las mayores selvas
tropicales del mundo.
El
imponente río Congo, con su multitud de tributarios, fluye como una
red de arterias y venas a través de toda la primitiva
región. Los exploradores portugueses descubrieron la boca del río
en el siglo XV, pero solamente 208 km de su curso más bajo eran
navegables, debido a la desalentadora presencia de la Puerta del
Infierno, una garganta de cascadas y de torrentes
infranqueables. El explorador angloamericano Henry Stanley (1841-1904) fue el primer hombre blanco que
navegó las
extensiones medias del Congo, después de cortar, a través de la
región, desde el este de Africa en 1877-78.
El escritor anglo-polaco Joseph Conrad (1857-1924) celebró el misterio
del Congo en su novela El corazón de las tinieblas
(1902). Para
él, el Congo era «un gran río semejante a una inmensa serpiente
desenrollada, con su cabeza en el mar, su cuerpo en descanso,
curvándose desde o lejos sobre una amplia región, y su
cola perdida en las profundidades de la tierra». Esta
enorme «serpiente» se yergue al noroeste de Zambia al igual
que el río Zambeze, pero corre hacia el norte y luego hacia el
oeste durante 4.700 km, convirtiéndose en el sexto río más
largo del mundo. FI volumen de agua que descarga ocupa el segundo
lugar después del Amazonas. Desde su desembocadura, 43.300 metros cúbicos de agua fluyen en el interior del Océano
Atlántico cada segundo, una cifra más o menos
equivalente a un cuarto de la del Amazonas.
La
cuenca del río Congo tiene un área que cubre 3,457.000 km
cuadrados
equivalente a cinco veces cl tamaño del estado de Texas. La mayor
parte de esta cuenca se encuentra en Zaire, en una amplia depresión
rodeada de montañas y de mesetas. Se extiende desde la escarpa
del Rift-Valley, en el este, hasta los montes
de Cristal, en el oeste; y desde meseta Lunda de Angola, en el sur, hasta la meseta Ubangui de la
República Centroafricana, en
el norte.
Para
Joseph Conrad, viajar por el río Congo fue «como retroceder a
los más primitivos comienzos del mundo, cuando la vegetación se
amotinaba sobre la tierra y los grandes árboles eran los reyes.
Una corriente desierta, un gran silencio, un bosque
impenetrable...»
La
selva tropical de la cuenca del río Congo representa
aproximadamente una décima del total del mundo. Cuando se la
contempla desde arriba, esta selva primitiva semeja un mar interior
de ondulada vegetación. En el denso nido del bosque, a unos 30 m
sobre el suelo, una rica variedad de especies de árboles compite
por la luz del sol y el calor. De ellos, unos pocos se las arreglan
para crecer más que el resto, en una capa que emerge abriendo
sus amplias copas por encima del bosque. Las lianas se apresuran
a sacar ventaja de los árboles emergentes, y los pájaros carpinteros
hacen incursiones buscando insectos en medio de sus ramas.
En el
hábitat del entoldado crecen epifitos orquídeas, helechos y
bromelias- que echan raíces en los mismos troncos de los
árboles e incluso en sus ramas.
Aquí
viven también el colobus rojo y los monos bigotudos, chimpancés
y mandriles, pájaros como el mágico papamoscas azul, la cotorra
africana y el buceros de copete amarillo: mariposas tales como la
macaón gigante africana y la saltarina.
Debajo
del verde dosel, otros árboles se estiran hacia arriba en busca
de la escasa luz solar que se filtro a su través. Aquí viven
pitones y víboras; pájaros tales como el turaco y el comedor de
abejas, así como el murciélago frugívoro con charreteras y la
ardilla listada. En la húmeda zona crepuscular del suelo del
bosque, los herbívoros, incluyendo al
duiker con franjas o
pequeño antilope Cephalophus, el bongo (Boocercus
aurycerus), antílope de mayor tamaño que el anterior y el
pequeño ciervo de agua, perteneciente a la familia Hyemoschus,
pacen hojas y césped en los claros naturales.
Los gorilas comen brotes, granos y tallos, y duermen por
las noches en nidos de hojas y ramas. En el suelo las termitas construyen sus montículos y, en el pobre terreno que
circunda los
troncos de los árboles altos, Goliathus y escarabajos
taladradores de madera escarban buscando comida.
Descubrimiento
de nuevas especies de animales
En la
primera mitad del siglo XX se descubrieron tres animales que sólo
existen en las selvas tropicales de la cuenca del Congo. El interés por el descubrimiento del okapi se despertó en las notas
que Henry Stanley escribió acerca de los pigmeos:
«Los
bambuti conocen un burro y lo llaman aui. Dicen que
algunas veces lo atrapan en hoyos. Lo que pueden encontrar de
comer es un prodigio. Se alimentan de hojas.»
Un
grabado acabó mostrando un animal ancho, parecido al caballo,
con las rayas de una cebra, pezuñas hendidas y con la costumbre
de pacer durante la noche.
En
1899 la curiosidad d sir Harry Johnston, gobernador británico de
Uganda, le llevó a la selva tropical, donde se enteró que el
nombre pigmeo del animal era "okapi". Cuando Karl Eriksson,
un oficial sueco del servicio colonial belga, envió a
Johnston dos cráneos y una piel completa, casi un año más
tarde, el gobernador comprobó que el okapi era un pariente de la
jirafa. El zoólogo británico profesor Ray Lankester asignó al
anit tal su género y le dio en latín el nombre de Okapia
johnstoni.
La
existencia del pavo real del Congo (Afro pavo con gensis) se
conoció en 1936, cuando el zoólogo americano James Chapin
comprobó que un espécimen de museo que él estaba estudiando no
era el pavo real común, según rezaba en su etiqueta. En lugar de
eso pertenecía a un género completamente nuevo, el primero que
se descubría desde hacía 40 años.
La
tercera especie nueva de vertebrados fue la civeta acuática (Osbornictis
piscivora),
descubierta en 1919 en el bosque Ituri, en la región noreste
de la cuenca del Congo. Pero este mamífero, de color castaño con
manchas faciales blancas, del tamaño de un gato doméstico y con
una cola negra muy peluda, jamás se volvió a ver desde
entonces. (*)
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Arriba,
derecha, imagen del Parque Nacional de Odzala en el
Congo; arriba, centro, un gorila desplazándose entre
la densa vegetación de la selva congoleña.
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(*) Fuente:
Cuenca del Congo. El corazón
de la jungla del Continente Negro, en Prodigios
de la naturaleza, Volumen I, Atlas de lo extraordinario,
Ediciones del Prado, pp. 48-51.