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EL
DIBUJO EN LEONARDO
Por Marco Rosci
El patrimonio gráfico
de Leonardo que actualmente se conserva es enorme. Más
de 4. 000 folios, entre los aislados y los recogidos en "códices"
por el propio Leonardo o por otros en forma de miscelánea
(Atlántico y Trivulziano en Milan, A-M, y Ashburnham
en París, sobre el Vuelo de los pájaros
en Turín, Leicester en Holkham Hall, Arundel y Forster
en Londres, sobre Anatomía en Windsor) y a éstos
hay que añadir el reciente y clamoroso descubrimiento de otros
dos códices en la Biblioteca Nacional de Madrid; este
hallazgo ha documentado aún más el hecho, ya de
sobra conocido, gracias a las fuentes y a las noticias históricas,
de que dicho patrimonio legado por Leonardo a su alumnos Franceso
Melzi, tras la dispersión del mismo por parte de los
herederos de éste, sufrió importantes pérdidas
y mutilaciones. A pesar de todo, se mantiene todavía
con tanta riqueza, que su estudio constituye una verdadera trama
especializada, no sólo de la historia del arte, sino
de la historia de la ciencia y de la cultura en el sentido más
amplio.
Dicho patrimonio se presenta no tanto como un "sistema"
cerrado y autárquico según la tradición
medieval y también la humanista, sino como la documentación
de una investigación experimental siempre nueva y siempre
críticamente insatisfecha sobre la entera amplitud y
complejidad del macrocosmos "natural": desde el arte
pictórico a la escultura, a la arquitectura, a los artefactos
para fiestas y ceremonias, desde la tecnología y la mecánica
militar a la cartografía y a la topografía, desde
las matemáticas y la geometría a la óptica
representativa (perspectiva) y fisiológica, desde la
mecánica aplicada a las máquinas a la mecánica
pura (la teoría fisicodinámica de las fuerzas
motrices que, en Leonardo, se ensancha hasta abarcar cualquier
fenómeno natural, desde las aguas a los vientos, y se
eleva a teoría cósmica y cosmogónica),
desde la anatomía, que abarca desde el hombre a la zoología
y a la botánica, a la biología; y por último,
ya en plena madurez, desde la geología a la hidrología
y a la aerología, con las tardías visiones y representaciones
del Diluvio, orientadas con mucha probabilidad hacia el futuro
que no hacia el pasado mítico; como una síntesis
total de la materia y de las fuerzas "primarias" en
términos de cataclismo o quizá de palingenesia. También
una síntesis final (y esto será lo que acaso nos
impida siempre llegar a una perfecta interpretación,
sea desde el punto de vista de una tragedia sublime comparable
solamente al Juicio de Miguel Ángel, o como clave mistérica
y visionaria, más allá de los términos
humanos del bien y del mal) porque el dibujo va sumando y anulando
al final todas las anotaciones escritas, que acompañan folio
por folio toda la trayectoria de la vida, del pensamiento y
de la "experiencia" de Leonardo. Efectivamente, el
significado y el valor del dibujo en Leonardo nos demuestra,
con inmediatez existencial, la esencia de la relación
entre arte y ciencia, en el sentido de su total confianza en
la ciencia experimental y "matemática" incluye
también el concepto que encierra esa anotación:
"dicha ciencias ciertas y verdaderas pertenecen a la especie
de las mecánicas, ya que no pueden llegar a la perfección
si no es a través de la actividad manual" ) ; y con
los mismos conceptos y términos dice sobre el arte
pictórico: " y éste en principio existe en
la mente de su investigador y no puede alcanzar la perfección
sino la obra de la mano". El dibujo se transforma entonces
-como en otro orden de cosas la máquina- en la imprescindible
conclusión y comunicación visual del proceso mental
que organiza, pero que es también suscitado por la experiencia
sobre la naturaleza; es la documentación bivalente del
"proceso" experimental y del fenómeno que lo
ha motivado. O, exactamente en los mismos términos, del
"proceso" creativo artístico.
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Si bien en esta
galería privilegiamos los dibujos pocos conocidos de
Leonardo, aquí recordamos dos ejemplos de sus conocidos
estudios anatómicos: arriba izquierda, estudios del
cuerpo humano; derecha, fetos dentro del vientre. |
Llegados
a este punto, cualquier distinción tanto en la concepción
como en la forma, entre dibujo "artístico"
o "científico" pierde valor, en el sentido
que cualquier manifestación gráfica de Leonardo
aúna uno y otro términos.
La
única distinción posible es de orden exclusivamente
práctica: de sobra conocida es, incluso gracias a las
notas del mismo Leonardo, su costumbre de llevar encima libretas
en las que iba anotando bosquejos, observaciones escritas sobre
cualquier cosa que despertaba su ilimitada curiosidad y reflexiones.
Es cierto también que, a lo largo de toda su vida y contar
por lo menos desde el período milanés a partir
de 1482, compiló cuadernos de tamaño mayor (hasta el
folio) dedicados, más o menos organizadamente, a temas
específicos, reproducidos casi de modo literal, o más
bien ampliándolos y profundizándolos, apuntes
dispersos; entre los más característicos en este
sentido, se encuentra el pequeño códice sobre el Vuelo
de los pájaros, en el Biblioteca Real de Turín,
perteneciente a los primeros años del siglo XVI y en el cual
se reproducen observaciones y reflexiones comprendidas en los
folios del códice L (a caballo entre los siglos XV y
XVI) y del misceláneo Códice Atlántico;
también uno de los dos códices hallados en Madrid
se componen de fascículos; uno (más orgánico
y compaginado con tanta perfección en la relación
entre texto y figura de una enorme precisión, que hace
suponer una preparación para darlo a la imprenta) está
dedicada a la mecánica aplicada a las máquinas
- algunas de carácter universal para la transmisión
del movimiento, otras de uso específico, sobre todo textil-,
y el otro, a la teoría de la física mecánica,
dando especial importancia a la composición y descomposición
de fuerzas. Los dibujos de mecánica aplicada son muy
parecidos a otros que se encuentran en folios "misceláneos"
al principio y al final del Códice Atlántico;
de la misma manera, en el otro códice de Madrid, de contenido
muy variado, en el fascículo final dedicado a las problemas
de la fusión del monumento ecuestre de Fransceso Sforza
- aparece un magnífico dibujo "del natural"
sobre hombros y patas de caballo, muy próximo en su concepción
a los celebrados folios de los dibujos de Windsor, dedicados
a la anatomía exterior e interior y a los movimientos
del caballo. Todo ello son pruebas, por lo tanto, del carácter
simplemente material y empírico de la distinción
que hoy efectuamos entre "códices (libretas y cuadernos)
y folios dispersos, y aquí se incluyen también
los que fueron recopilados, sin orden ni concierto, hacia finales
del siglo XVI por el escultor Pompeo Leoni en el Códice
Atlántico de la Biblioteca Ambrosiana de Milán,
que contiene más de 1.600 folios con unos 1700 dibujos;
el otro lote importante de folios dispersos es el que se conserva
en la Royal Library de Windsor, en el que abundan los dedicados
a la anatomía y, entre los otros, los que hemos mencionado
sobre el Diluvio (abajo izquierda, uno de los estudios sobre
el diluvio de Leonardo).
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Desde
luego se conservan otros muchos dibujos que se refieren exclusivamente
a la actividad de Leonardo como pintor y que están, a
parte los de Windsor, en los gabinetes de dibujo italianos (sobre
todo en los Uffizi, en la Academia de Venecia, en la Biblioteca
Real de Turín) y extranjeros (sobre todo en el Louvre),
pero al mismo tiempo tenemos muchísimos folios, claros
ejemplos de lo anteriormente expuesto, en los cuales coexisten
"ideas" y bosquejos para pinturas ejecutadas o tan
sólo proyectados, dibujos "científicos",
y otros en los cuales el enlace mental entre operación
"pictórica" y "conocimiento" de la
naturaleza es indivisible. A este nivel y tan sólo a
este, se puede efectuar ciertas disposición cronológica
en el patrimonio gráfico, apoyándose también
en las circunstancia externas de la vida de Leonardo. En resumen,
en el primer período florentino, hasta el año 1481, prevalece
lo "artístico", y en efecto poseemos muchos
folios sueltos relacionados con el tema de la Virgen con
el Niño y de la Adoración de los magos; en la primera
fase del período milanés, hasta el año 1499, junto
a la actividad artística, se van concentrando y diversificando
sus múltiples intereses científicos -naturalistas,
que a menudo llegan a cuajar en aplicaciones prácticas
dignas de un gran "maquinista", sobre todo por las
insistentes solicitudes de Ludovico el Moro, en todos los campos,
desde el militar al hidráulico y al arquitectónico:
se remontan a este período los primeros "códices",
A, B, C.H, I, M, Ashburnham, Forster; a partir de 1500, cada
vez más, prevalece el "filósofo naturalista"
que investiga el macrocosmo y el microcosmos, si bien en el
segundo período florentino (1500-1506) llega a coexistir,
junto al pintor de Santa Ana con la Virgen y el niño,
de la Batalla de Anghiari y de la Gioconda (a
las dos primeras obras se refieren muchos estudios gráficos),
el "ingeniero" y el "geómetra" que
trabajó al servicio de la República florentina
y del duque Valentín; el anciano Leonardo, tanto en Roma
como en Francia, cada vez se encuentran más sumergido
en su meditación y análisis universal de la naturaleza,
aun cuando vuelvan a despertar en él, mientras estaba
al servicio de Franciso I, los intereses arquitectónicos.
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Un ejemplo
de la "escritura espejo" de Leonardo empleada
como forma de anotación en sus dibujos. A la izquierda,
la escritura fluye de derecha a izquierda, por lo que
es ilegible. Sólo al verla proyectada en un espejo (como
ocurre en la imagen de la derecha), la grafía adquiere
su orden normal. Algunas de las conjeturas sobre el
porqué del empleo de este tipo de escritura por Leonardo
sería que intentaba proteger sus ideas para que no le
fueran robadas; o, dado que el poder de la Iglesia era
aún muy fuerte, era conveniente disfrazar las ideas
para evitar eventuales conflictos con la Inquisición.
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...Más revolucionaria todavía se presenta, en
las distintas hipótesis gráficas, la concepción
de la Virgen del gato (ver abajo galería), y que
jamás ha sido hallada: la presencia de un "tercer
elemento", en este caso el gato, además de la Virgen
y el Niño, tiene una importancia fundamental para los fines
de disolución definitiva del inmovilismo gráfico
de la tradición florentina (culminante en esos años en
las Vírgenes de Botticelli), y de la tradición
plástico-arquitectónica del Piero della Francesa
(que todavía deja de sentir su influencia en el ya maduro
Gionavanni Bellini), en el Perugino y en el primer Rafael);
dicha presencia sobre a la dinámica del espacio la concisión
del grupo binario, originando toda una serie de compensaciones
equilibradas (lo que en primer lugar constituirá la matriz
de las estructuras en pirámide y en elipse, típicas
del siglo XVI, hasta llegar al sistema "contrapuesto"
de Miguel Ángel y del manierismo) y de contrapuntos de
carácter psicológico, e incluso de juego: humanización
de lo divino que a pesar de todo no pierde su "natural"
misterio, sino sólo la frialdad icónica y ceremonial-fetichista.
(*)
(*)
Fuente: Marco Rosci, Leonardo de Vinci, en Historia
del arte Salvat, V.I, pp. 80- 84.
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El
paracaídas imaginado por Leonardo. |
Galería
Leonardo desconocido
Algunos
de sus dibujos poco conocidos
(Aclaración:
todas las fotografías pueden ser ampliadas mediante un clik; en
la ampliación, al pie de las imágenes, hallarán epígrafes
explicativos)
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Fuente de las
ilustraciones: Historia del arte Salvat; web con
catálogo de obras de Espasa y Ebrisa; y web
visi.com con una amplia galería con los
dibujos leonardescos.
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Un
caballo y su jinete, un estudio para la inconclusa
La adoración de los Magos, en marzo de 1481. Este
dibujo fue vencido en el Londres, en el año 2001,
por más de diez millones de dólares.
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LOS
DIBUJOS DE LEONARDO: LA IMAGINACIÓN
LIBERADORA Y LA UTOPÍA VISUAL
Por
Esteban Ierardo
Es el cielo sobre Florencia o Milán.
En el aire brilla un nítido azul.
En lontananza deambulan unas delgadas nubes
blancas. Y alguien observa las nubes. Entre
ellas y el observador irrumpe una bandada
de pájaros. El que observa es un
pintor oriundo de Vinci. El pintor traduce
en futuras imágenes, en vigorosos
y versátiles trazos de dibujos, sus
estudios sobre el vuelo de las aves. Figuras
en el fuego imaginativo de Leonardo
del que nacerán luego mágicas
máquinas que buscarán, por
la vía del artificio, concederle
al hombre el vuelo, que para el pájaro
es don gratuito.
Tradicionalmente, Leonardo es presentado
como el arquetipo de la mutifacética
mente renacentista. Una habitual caracterización
que no impide, sin embargo, que Leonardo
sea asociado popularmente sólo con
su dimensión pictórica y con
su célebre Gioconda. Lejos
de este pobre reduccionismo, la grandeza
de Leonardo surge al explorar la multiplicidad
de sus intereses, y la andadura de su pensamiento
asistemático. La ausencia de sistema
en la constante curiosidad del creador toscano
puede olvidarse ante la falsa impresión
de orden que dimana su Tratado de la
Pintura. El verdadero origen de esta
obra es el abundante y disperso conjunto
de manuscritos que después de su
muerte son recopilados y ordenados en diversos
tratados por su discípulo Franceso Melzi.
Lo que parece un pensamiento metódicamente
elaborado es en realidad una sucesión
de esporádicas sentencias, preceptos
y sugerencias para el buen pintar o dibujar.
Por supuesto: es posible acercarse a Leonardo
como notable pintor de retratos dentro del
clima del humanismo que celebra la dignidad
del hombre. Es el caso de su retrato de
Ginevra Benci o la Dama de Liechtenstein;
o su célebre retrato de Cecilia Gallerani,
más conocido como La dama del
Armiño; o el Retrato de Músico
en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán;
o Beatriz de Este (esposa de Ludovico
el Moro); o, claro, la Gioconda o
Mona Lisa, una de las posibles cimas
del retrato de todos los tiempos.
Es posible acercarse a Leonardo desde la
pintura de inspiración religiosa como El
Bautismo de Cristo, obra en realidad
de su maestro Andrea del Verrochio, pero que
incluye una figura que surgió del
pincel de Leonardo: un ángel sedente,
que gira su cabeza junto a Cristo en el
momento en que éste recibe el agua
bautismal derramada por San Juan. Y luego
se impone la consideración de los
otros fundamentales lienzos de tema sacro:
La anunciación; las dos versiones
de Las Vírgenes de las rocas;
La virgen que da una flor al niño; la
inconclusa La adoración de los
magos; San Jerónimo; el cartón,
que nunca llegó a lienzo, de Santa
Ana, la Virgen y el niño San Juan (actualmente
en la Galería de Londres); o el famoso
y deteriorado fresco de la Santa Cena,
en el Convento de Santa María della
Grazie de Milán.
El
Leonardo pintor piensa en una ciencia de
la pintura, fuertemente nutrida por el estudio
del espacio, la perspectiva y las proporciones
de la figura humana. A través de
los preceptos de su ya mencionado Tratado
de la Pintura, Leonardo dignifica la
práctica artística mediante un momento
de reflexión intelectual, tal como
hicieron otros artistas pensadores, como
León Bautista Alberti y su De
pictura, en 1435, o Alberto Durero con
su Teoría de las proporciones en
1528.
Es
posible acercarse a Leonardo desde su desarrollo
de la técnica del sfumato,
soberbiamente plasmada en la Mona Lisa,
o en el San Juan el Bautista, obra
aún discutida en su autenticidad.
Pero
la apreciación de la polifónica
genialidad de Leonardo sería del
todo incompleta sin el estudio de sus cuadernos
henchidos de dibujos y anotaciones. Aquí
emerge con claridad el Leonardo que, además
de pintor, es entusiasta explorador de la
naturaleza e inventor precursor de futuros
prodigios tecnológicos.
Los más de 4000 folios que contienen
los dibujos de Leonardo se hallan actualmente
distribuidos en numerosos códices.
Los más famosos son quizá
el llamado códice Atlántico
y Trivulziano de Milán; el códice
de Turín; o el célebre estudio
de las aves en el Cuaderno de Windsor, que
alberga también los ejemplos de sus
investigaciones anatómicas o sus
estudios sobre el Diluvio; y el códice
madrileño, recuperado mediante su sensacional
descubrimiento en 1967 en la Biblioteca
Nacional de Madrid, compuesto por dos manuscritos,
con 700 páginas y 201 dibujos dedicados
a cuestiones de aviación, armas,
arquitectura e ingeniería mecánica,
procedentes de los años 1491-1495,
y en el que se anticipa el concepto físico
del centro de gravedad.
Además de los dibujos sobre
anatomía, o las condiciones aerodinámicas
del vuelo de los pájaros, son esenciales
las ilustraciones que revelan a un Leonardo
creador de diversos aparatos relacionados
con la hidráulica y la ingenieria
militar. Cuando Leonardo abandona Florencia,
tras su primera etapa creativa, se presenta
en la corte de Milán de Ludovico
el Moro. En su Memorial de presentación
no alude a su aparentemente exclusiva condición
de pintor sino, por el contrario, sólo
se refiere a sus condiciones como ingeniero
militar, tañedor de arpa (de un arpa
de plata inventada por él mismo),
y entendido en cuestiones de hidráulica
o arquitectura.
Para Leonardo, el arte de la pintura es
al mismo tiempo ciencia. Y la ciencia es
un "discurso de la mente". El
saber estrictamente científico sería
aquel que "comienza y concluye en la
mente". Pero este saber es vano si
sólo conoce desde principios abstractos
y no desde las cálidas y sensuales
aguas de la experiencia. La pintura como
ciencia posee nociones que existen en una
realidad mental previa a los sentidos. Nociones
como "tinieblas, luces, color, cuerpo,
figura, posición, distancia, proximidad,
movimiento y reposo" (Leonardo de Vinci,
Tratado de la pintura, ed. Akal,
parráfo 7). Y todas estas son "cosas
que con la sola mente, y sin necesidad de
operación manual, se comprenden" (Ibid).
Pero la pintura no es falsa ciencia pura
o mental sino ciencia mecánica. La
ciencia mecánica no se contenta con la contemplación
racional de principios sino que se lanza
a la acción manual, y a contemplar las figuras
y el espacio de la naturaleza.
La naturaleza es "la verdadera señora
de las inteligencias superiores". Roger
Bacon, franciscano inglés, autor
seguramente conocido por Leonardo por sus
estudios sobre óptica, asegura sin
vacilación en su Opus Majus:
"sin la experiencia nada puede ser
bien conocido...". Desde el siglo XIII,
San Francisco de Asís y sus seguidores
inician la valoración de la naturaleza
embellecida por la luz de la vida y santificada
por el origen divino de la materia. Entre
los ríos, las montañas, los pájaros
y el fuego serpentea el supremo espíritu
creador. Al ver la luna y el sol se intuye
y celebra un orden superior. Los principios
racionales de la pintura, el cuerpo, la
sombra, la luz, el espacio y las líneas
de la visión, las distancias y la perspectiva,
sólo son descubiertos y conocidos
cuando el ojo abraza con fruición
las formas y comprueba cómo los principios
viven y se encarnan en el horizonte amplio
de la naturaleza. El conocimiento siempre
ratificado por la experiencia sensible,
permite luego al pintor imitar las obras,
los cuerpos y las figuras del mundo natural.
La remisión a la naturaleza, la fidelidad
al modelo natural, puede ser asegurada si
el pintor convierte al espejo en su maestro:
"cuando quieras comprobar si tu pintura
se corresponde exactamente con el cuerpo
que copiaste del natural, toma un espejo
y haz que en él se refleje la cosa
real. Compara entonces la imagen reflejada
con tu pintura y considera si el sujeto
de ambas imágenes guarda en ellas
la debida conformidad. Al espejo (un espejo
plano, sin duda) has de tener por tu maestro,
porque sobre su superficie mucho se asemejan
los cuerpos a la pintura" (Tratado
de la pintura, op.cit., párrafo
518). La pintura encuentra así en
la mimesis o imitación del
natural su principio máximo.
El arte leonardesco como deseo mimético,
como aspiración a la exacta imitación
de la naturaleza, y su escenario poblado
por cuerpos, paisajes, colores, distancias,
perspectivas. Es el deseo de la sabía
reproducción del mundo que descubre
el ojo. Es la pintura como prolongación
del orden y variedad de formas de la naturaleza.
Pero este es sólo uno de los caminos
de la creatividad del gran artista florentino.
Junto al deseo mimético brota en
Leonardo también una actitud de progresiva
superación de la inmediatez de lo visible.
Este alejarse de la recreación de
la visibilidad se inicia mediante una incipiente
superación del naturalismo. Leonardo
brilla en el Alto Renacimiento, en el apogeo
del Renacimiento clásico, en el jardín
renacentista del ideal del equilibrio y
la belleza de las proporciones. Pero en
las playas de la creación artística
se aproximaban las espumas manieristas.
El arte donde la idea del artista se sobrepone
a la actitud imitativa y especular respecto
a la naturaleza. Las figuras se alargan,
la perspectiva se quiebra, los colores adquieren
una fosforescente y serena vivacidad. La
mente del artista comienza a transformar
y superar la sinfonía inmediata de
las figuras. Un inicio del manierismo y
la ruptura del visible torso del universo
natural que acaso puede encontrarse en La
sagrada familia o el Tondo Doni de Miguel
Ángel o su mármol de Leda
y el Cisne. Pero Leonardo también
contribuye a esta alteración de lo
natural. En una obra hoy perdida, Leonardo
recrea una escena de la batalla de Anghiari
en 1440, en la que chocaron las fuerzas
papales y de Florencia, encabezadas por
Niccoló da Pisa y Napoleone Orsino,
y el ejército milanés conducido
por el brío guerrero de Niccoló
Piccinino y su hijo Francesco. En la posterior
recreación realizada por Pedro Pablo
Rubens del supuesto original extraviado,
los caudillos de Milán batallan ferozmente
contra sus enemigos. Sus rasgos ya no son
naturales. El rostro de Niccoló Piccinino
estalla en una ardiente ira que deforma
su rostro y lo convierte en un jinete de
demoníaca fuerza, cuyo cuerpo se
funde con su caballo, cual si fuera una
emanación del vigor primario y salvaje
de la naturaleza animal. La figura humana
no remite ya al "natural" sino
que es la cristalización de una expresión
subjetiva, de una deformación que
también se hace presente en los conocidos
dibujos leonardescos sobre rostros grotescos.
La salida de la visibilidad objetiva en
Leonardo acontece también en sus
dibujos sobre el diluvio. Este cataclismo
es imaginado por el artista de Vinci como
una posible forma futura del apocalipsis,
antes que como el recuerdo de la mítica
devastación bíblica provocada
por la furia de las aguas. Los desatados
y coléricos torbellinos de aire destruyen
toda proporción y equilibrio. Los
furiosos remolinos siembran la conmoción
en el cielo y la tierra. Esta naturaleza
estrangulada por el cataclismo desintegra
toda bella proporción. Recrear esta
turbulencia exige una salida de todo equilibrio
entre las formas. La imagen determinada
por la racionalidad de la proporción
cede ante lo indeterminado, entendido como
desorden y agitación. Lo indeterminado
y sugerente dominan los dibujos que Leonardo
dedicó al Diluvio. La deformación
facial (de los Piccinino o de las cabezas
grotescas) y la indeterminación o
desproporción (los estudios del diluvio)
consuman una segunda senda entre los trigales
dorados de la creatividad del genio toscano.
La evasión de la armonía y
la exacta recreación de lo natural
también acontece en la aplicación
por Leonardo de su técnica del sfumato,
y su efecto de extrañeza ocasionado por su difuminación de la luz,
y el aligeramiento de la separación entre
contorno y espacio.
El sfumato genera su hechicería en la Gioconda, o en El retrato
de Agnolo Doni, de Rafael.
Otra forma de superación de la imitación
de lo visible aflora en Leonardo en su llamativa
defensa de la potencialidad creadora de
lo amorfo. Es "sin duda, muy útil
para estimular al ingenio varias invenciones",
el observar los muros sucios de manchas
para allí "inventar escenas",
y "ver la imagen de distintos paisajes,
hermoseados con montañas, ríos, rocas,
árboles, llanuras, granos, valles
y colinas de todas clases" (Tratado
de la pintura, op.cit, párrafo
493).
En esta actitud de Leonardo, que podría
parecer una suerte de juego o pasatiempo,
se anuncia lo que pensamos es el tercer
camino de su proceso creador: la imaginación liberadora de la
potencialidad. En esta actitud encontramos
el sentido y el poder del Leonardo inventor.
Hay un Leonardo de los dibujos de la exploración
de lo natural. Son las ilustraciones de
lo ya conformado. Es el estudio del cuerpo.
Su célebre dibujo del hombre dentro
del cuadrado y el círculo, con sus
piernas y brazos extendidos. Es el estudio
que busca el canon del cuerpo perfecto a
partir de la investigación sobre
las perfectas medidas corporales; una investigacion
ya iniciada por el arquitecto romano Vitruvio
en el siglo IV d. j.c; y, aún antes,
por el escultor griego Policleto, en el
siglo V a.c., y su primer canon para la
reproducción armoniosa del cuerpo
humano tal como la que refleja su escultura
Doríforo o el portador de
la lanza.
El estudio de lo natural brota también
de los profundos conocimientos empíricos
que denota Leonardo en sus consejos para
la eximia pintura de plantas, flores, árboles,
hierbas, vientos o paisajes. Y
la
exploración de lo natural por el
dibujo incluye los estudios de animales
diversos. El estudio del gato en el boceto
de La Virgen del gato, para una obra
jamás realizada. Y los estudios de
caballos relacionadas con el proyecto nunca
cristalizado del "gran cavallo",
el monumento ecuestre en honor de Francesco
Sforza. Y también, en una concesión
a lo fantástico, el estudio de dragones.
Pero
el célebre estudio de las aves no
es sólo el conocimiento de las propiedades
naturales o aerodinámicas del vuelo.
Estimamos que aquí también se revela
lo que llamaremos una región de
potencialidades. Frente al ave, la reacción
de Leonardo no es la de un biólogo,
o un naturalista ornitólogo. La meta
no es describir un funcionamiento natural.
La búsqueda es liberar una posibilidad
antes encerrada en el desconocimiento. Allí
donde late una potencialidad es necesario
un acto liberador. La creación de
una imagen o dibujo que proyecte la máquina,
el ingenio o dispositivo, que libere lo
potencial y que permita que la posibilidad
devenga acto e ingrese así en la
realidad de los hechos. El pájaro
puede presentarse como realidad natural
ya completa, desarrollada, definida. Sin
embargo, el ave no es lo ya acabado, sino
una región potencial, una zona de
posibilidades. Siendo una de esas posibilidades
la continuidad del poder aéreo del
ave por el hombre. Frente a esta potencialidad
reacciona la imaginación de Leonardo.
Que imagina, crea, las formas (las máquinas)
que liberan posibilidades e inician un proceso
que pone en acto lo potencial. Este proceso
se extiende también al ámbito
del mundo urbano y militar. Las ciudades
y la guerra ofrecen desafios, dificultades.
En esta problematicidad vive otra región
de potencialidades compuestas por las posibles
respuestas, las posibles máquinas
o ingenios que solucionan lo dificultoso.
Hallar esas soluciones exigen nuevas respuestas
imaginativas que anuncian la posible existencia
y realización de lo que antes sólo
era
potencialidad, latente posibilidad no conocida.
Las invenciones de Leonardo son asombrosas:
la bomba
centrífuga; el cañón
que se carga por la culata; el tornillo
cónico; la transmisión con
correas; las dragas para construcción
de canales; las cadena de eslabones; los
tornillo sin fin; el submarino; el compás;
el aparato para bobinar y torcer la seda;
el huso; la lanzadera; el paracaídas
o el tubo de lámpara. Todas estas
creaciones se expresan mediante sendos
dibujos. Pero tras las imágenes dibujadas
de todas las invenciones leonardescas se repite
un sólo proceso: la imaginación que libera
una posibilidad. Y crea, inventa, la forma para
que lo que antes sólo era una potencialidad
ignorada, una posibilidad desconocida, inicie
su camino hacia la realización.
Otro
tema esencial en los dibujos de Leonardo
es la relación entre imagen y escritura.
Los dibujos leonardescos suelen estar acompañados
por profusas líneas de texto. Habitualmente
el dibujo es complemento, ilustración
o explicación del texto. En Leonardo
ocurre lo contrario: el texto explica o
desarrolla las propiedades y posibilidades
contenidas en el dibujo. Así lo espacial
de la figura, la imagen, la visión
y el ojo, adquieren preponderancia sobre
el lenguaje conceptual, y la sucesión
temporal de palabras y caracteres. Por otro
lado, la escritura que nace o prolonga la
significación del dibujo se desliza
de derecha a izquierda. Es una "escritura
espejo" porque sólo al apelar
a un espejo es posible leer la inscripción
en su verdadero orden. Las razones de esta
inversión de la grafía, y
la necesidad de una posterior traducción
especular, no son claras. Algunos suponen
que, de esta manera, Leonardo pretendía
imponer un desafío o exigencia intelectual
como condición necesaria para la
comprensión de sus propuestas. Otros
sospechan un táctica de encubrimiento
para eludir la peligrosa intromisión
de una activa y temida Inquisición.
Pero en una dimensión de mayor profundidad,
la escritura invertida es quizá expresión
de una actitud que explora los reversos,
lo que anida detrás de las superficies
aparentes, lo que, al dar vuelta lo real
(actitud equivalente al escribir al revés),
intuye un trasfondo de nuevas canteras y
posibilidades que deben ser descubiertas
y expresadas. Una doble visión que
conoce y estudia el anverso, la naturaleza
visible, sus formas y cuerpos, y los logros
y adelantos dados por la civilización,
pero que, asimismo, desciende al reverso,
a la trama escondida, a la veta o la región
de las potencialidades que sólo una
imaginación que libera y crea puede
entrever. Walter Pater, el célebre
ensayista inglés, entreve este dar
la vuelta lo real, este invertir, este ver
desde el reverso cuando manifiesta que,
para Leonardo, "la filosofía
debía de ser algo que aportara una
extraña celeridad y una doble visión
que descubriera las fuentes subyacentes
de agua situadas debajo de la tierra y la
expresión subyacente al semblante
humano, clarividente de los dones ocultos
en las cosas vulgares, en la caña
de la orilla del arroyo y en la estrella
que sólo se acerca a nosotros una
vez cada siglo" (Walter Pater, El
renacimiento, Icaria, p. 89).
Un gusto por lo escondido, que bulle acaso
también en la predilección
de Leonardo por las paisajes cavernosos,
por rocas bituminosas y ríos lejanos,
como ocurre en Las vírgenes de
las Rocas o La Gioconda. Paisajes
que, también al decir de Pater, aparecen
transfigurados por una visión, por
una realidad alcanzada por "la débil
luz del eclipse o en una breve pausa de
la lluvia del amanecer o bien entre aguas
profundas". El paisaje rocoso o lo
lejano, la salida de lo luminoso y conocido,
el adentrarse en aguas profundas, el descenso
hacia la potencialidad del reverso, de lo
subyacente, de lo escondido e indirecto,
de lo subterráneo y posible.
Pero
los dibujos de sorprendentes invenciones
en Leonardo, su inventar una forma que expresa
una posibilidad, es a la vez el encuentro
con lo imposible. Como acontece con toda
visión, la imaginación de
Leonardo ve lo que podría ser,
pero que aún no es. Es así
como la creatividad leonardesca se zambulle
en lo utópico.
Los vastos dibujos de invenciones de Leonardo
quizá sean el correlato visual de
la incipiente literatura utópica
de la modernidad. En 1516 Thomas Moro escribió
su famosa Utopía. Un viajero
y filósofo, Rafael Hithloday, descubre
la isla Utopía, una sociedad ideal
donde impera la comunidad de bienes y la
igualdad. Es la imaginación
de un mundo que aún no está,
que todavía no tiene lugar (de ahí
su condición de u-topía,
no lugar). La imaginación utópica
de Moro, su proyección de una sociedad
que aún no es, se plasma en la narrativa,
en el devenir de la imaginación literaria.
A través de sus miles de dibujos,
Leonardo cristaliza un formidable acto de
utopía gráfica o visual, una
acción visionaria de adelanto o proyección
de lo venidero mediante el dibujo de lo que aún no
es, pero que
mañana puede ser posibilidad realizada. La creatividad
de Leonardo no actúa sólo
en la invención de objetos en el espacio de las figuras, sino también
en un adelantar el tiempo, en una anticipación
del futuro que convertirá en acto una
potencialidad imaginada.
La pulsión más poderosa de
los dibujos de Leonardo no sería
entonces la exploración de lo natural
sino la vitalidad de una imaginación
que libera lo potencial. El Leonardo dibujante
e inventor supera al pintor del modelo natural,
al teórico de la ciencia de la pintura,
o al dibujante que explora los cuerpos ya
creados. La invención supera el deseo
mimético, la esmerada y sabía
imitación; o el conocimiento de lo
que ya es. La mirada del reverso trasciende
la copia y conocimiento del anverso, del
mundo visible.
El dibujo en Leonardo es siempre estallido
de la novedad, expansión del conocimiento,
profundización de la percepción visual.
Cuando el artista toscano desciende al plegado
y subyacente reverso de las potencialidades,
lo hace con un ánimo de imaginar y liberar
las posibilidades. El dibujo leonardesco
busca y encuentra. No puede haber allí pérdida.
Siempre palpita allí el hallazgo, la creación
de la invención. Los dibujos inventivos
de Leonardo dimanan el goce de la libertad
creadora. Su espíritu es la antitesis del
universo dibujado por Giovanni Battista
Piranesi. Entre 1750 a 1760, el veneciano
Piranesi publica sus dibujos y grabados
de las carceri d' invenzione o "las
cárceles imaginarias". Aquí se consuma
una "arqueología trágica",
según el decir de Rafael Argullol. El reino
de la luz y la perspectiva renacentista
se disuelve definitivamente, más allá de
la transformación manierista, en laberintos
teñidos por sombras y claroscuros. El dibujo
ya no imagina la liberación de la posibilidad
creadora. El imaginar piranesiano es expresión
del "paisaje interior" del sujeto
moderno que comienza a sentir la lejanía
de la bella armonía de la naturaleza. El
hombre se escinde y se recluye entonces
dentro del círculo de un yo angustiado y
meditabundo. El sujeto que cae en su cárcel
o laberinto interior, ve la grandeza pasada
del arte grecorromano no como una resplandeciente
joya, que el Renacimiento pretendió rescatar,
sino como irreversible pérdida y como vacío
donde se acumulan ruinas. Así lo testimonian
los grabados piranesianos de la Antichitá
Romana.
En Piranesi el dibujo habla con el lenguaje
de la exhalación trágica, como lo hará
luego también los dibujos del Goya que bucea
en los valles oscuros del espíritu humano.
En Leonardo, ni siquiera sus estudios sobre
la turbulencia destructora del Diluvio pueden
apaciguar su fe en la creatividad constante.
El dibujo expresa un estadio de gracia creadora.
Continuo en cuanto a la actitud, pero discontinuo
en tanto el acto creador no surge en cualquier
momento sino cuando el tiempo misterioso
de la inspiración lo dispone. Así, Leonardo
pinta o dibuja en ritmos discontinuos. Y
quizá lo inconcluso de algunas de sus obras,
además de su pintura irregular o discontinua,
intenta demostrar que el arte no es una
destreza que pueda ser repetida mecánicamente
sino que necesita de dispersos instantes
inspiradores.
El
dibujo de Leonardo es ajeno a toda percepción
trágica y también se halla muy distanciado
de una recreación sistemática de los variados
caracteres humanos que pueblan la sociedad.
Lo que hemos llamado la utopía visual leonardesca
es muy distinta a otra monumental enciclopedia
del dibujo, como es la Manga de Hokusai.
El gran pintor y dibujante japonés del siglo
XIX realiza miles de dibujo agrupados en
quince volúmenes donde se representa y estudia
la manga, "los esbozos de la
vida", los diversos personajes, animales
y costumbres del Japón. Mediante sus dibujos,
el artista oriental estudia el ukiyo-e,
el mundo flotante, la efímera sustancia
de lo cotidiano. Con sus dibujos de la
manga, Hokusai se funde con su
propio tiempo y espacio social, para crear
así una "comedia humana japonesa",
en la que fulge un asombro y descubrimiento
libres de toda angustia o patetismo.
Los
dibujos inventivos de Leonardo no son equiparables
con la tragicidad de Piranesi o Goya, ni
con la alegre recreación de la multiplicidad
social por Hokusai. El poder de la invención
y novedad del Leonardo dibujante es afín
quizá al Escher que, unos siglos después,
mediante la magia del dibujo, convierte
el espacio euclidiano conocido, el de nuestra
experiencia diaria, en una región potencial,
en cantera donde descubrir y crear nuevas
formas del espacio. La imaginación utópico-tecnológica
de Leonardo, y la imaginación de la variabilidad
de los espacios en Escher, se afirman sobre
un mismo suelo: la percepción de ciertas
regiones de lo real desde la cuales es posible
imaginar nuevas constelaciones de posibilidades.
Este imaginar la nueva posibilidad conduce
inevitablemente también a la cuestión
de si el arte, o la invención tecnológica,
no sólo liberan una nueva posibilidad
sino que, en último término,
descubren lo que ya es y espera su expresión.
En definitiva, este el terreno propio de
la imaginación artística. Un paisaje, un
rostro, una idea conocida no son realidades
acabadas, sino parajes de nuevas posibilidades
que la creación artística imagina, y descubre,
y luego expresa mediante una nueva obra.
Toda realidad es siempre una ilimitada potencialidad,
que precisa de la imaginación para liberar
sus tesoros ocultos.
Y el pintor que camina por la llanura escudriña
el cielo. En la distancia, se curvan las
ásperas líneas de unas montañas. Anchos
y plomizos retazos de nubes preparan
futuras cascadas de lluvia.
Y el artista observa otra vez las aves que
endulzan con la poesía de su vuelo los valles
del aire. El pintor dibuja, de nuevo, a
los ágiles habitantes de la bóveda.
No quiere describir o entender. Sólo
comprende. Imagina y libera. Inventa y crea
la forma para liberar una posibilidad. Sabe
que no sólo existe el vuelo en el
cielo que ven los ojos.
También
se vuela al descender a las aguas situadas
debajo de la tierra. Donde el artista inventor
siempre imaginará una nueva gema.
Que brilla en los lechos...
Bibliografía:
Leonardo
da Vinci, Tratado de la pintura,
Madrid, ediciones Akal.
Marco
Rosci, Leonardo de Vinci, en Historia
del arte Salvat, V.I.
Frank-Zollner,
Leonardo, ed. Taschen.
Walter
Pater, El renacimiento, Barcelona,
Icaria.
Thomas
Moro, Utopía, Hyspamerica.
Rodolfo
Mondolfo, Tres figuras del Renacimiento,
Buenos Aires, editorial Losada.
Rafael
Argullol, La atracción del abismo. Un
itinerario por el paisaje romántico,
Barcelona, Plaza Janez. Osvaldo
Svanascini, La pintura zen y otros ensayos
sobre arte japonés, Buenos Aires, ed. Kier.
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Bibliografía
Leonardo y el Renacimiento:
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Izquierda,
uno de los dibujos pertenecientes a los
estudios sobre caballos de Leonardo. |
Burckhardt,
Jacob. La cultura del Renacimiento en
Italia. Barcelona: Editorial Iberia, 1971. Primer
estudio científico sobre la época, publicado
en 1860. Aunque superado en parte, es todavía
un texto clásico de gran interés.
Kristerller,
Paul Oskar. El pensamiento renacentista
y las artes. Madrid: Ediciones Taurus, 1ª
ed., 1980. Ensayo sobre la filosofía y las
teorías artísticas de la época.
Panofsky,
Erwin. Renacimiento y renacimientos en
el arte occidental. Madrid: Alianza
Editorial, 1ª ed., 1975. Ensayo sobre
las analogías y diferencias del arte en los
distintos focos culturales de la época.
Leonardo
da Vinci, Tratado de la pintura, Madrid,
ediciones Akal. Obra esencial para comprender la
"estética" leonardesca.
Marco
Rosci, Leonardo de Vinci, en Historia del
arte Salvat, V.I, pp. 80- 84.
Frank-Zollner,
Leonardo, ed. Taschen. Una fluida y
completa introducción general a la obra de
Leonardo con ilustraciones variadas y de buena
calidad.
Clark,
Kenneth. Leonardo da Vinci. Madrid:
Alianza Editorial, 3ª ed., 1991. Obra
que constituye una aportación teórica rigurosa
y documentada para el conocimiento de la vida y
obra del artista. Incluye bibliografía e
ilustraciones.
Diego,
Estrella de. Leonardo da Vinci. Madrid:
Historia 16, 1993. Síntesis de la
obra del artista desde una óptica crítica y
revisionista. Incluye comentario de obras más
importantes y bibliografía.
Friedenthal,
Richard. Leonardo da Vinci. Barcelona:
Salvat Editores, 1987. Biografía de
divulgación pero rigurosa, que recopila sus
principales proyectos y realizaciones. Incluye
testimonios críticos y cronología.
González
García, Ángel (editor) Tratado de
pintura. Madrid: Editora Nacional, 4ª
ed., 1982. Recopilación de los escritos
del artista como fuente de conocimiento de su
filosofía artística.
Leonardo
da Vinci. Cuaderno de notas. Madrid:
Busma Ediciones, 1983. Antología de
textos del artista, que posibilitan una
profundización en el pensamiento artístico y
científico del mismo.
En
inglés:
Kenneth Lord Clark, Martin Kemp
(Illustrator), Leonardo
Da Vinci.
Ann Rachlin, Susan Hellard
(Illustrator), Leonardo
Da Vinci.
Edward MacCurdy
(Editor), The
Notebooks of Leonardo Da Vinci.
Irma A. Richter
(Editor), Notebooks
of Leonardo Da Vinci.
Antony Mason, Jen Green, Andrew S.
Hughe, Leonardo
Da Vinci.
Un
listado más amplio de obras sobre Leonardo en
inglés pueden hallarlo en:
www.sonria.com/notas/nota.php?id=19&a=Adim
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