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LA BOCA Y EL MAR
Fotos de Andrés Manrique
La Boca del Riachuelo, en Buenos Aires, Argentina. Hogar mágico de muñecos, universo urbano del color. Y borde entre el agua y la tierra. Sitio donde el suelo firme besa los líquidos labios del Río de la Plata, que los españoles llamaron también Mar Dulce. El lugar del encuentro entre lo marino y lo terrestre es el puerto bosquense, que Quinquela Martín vistió con vivaces túnicas de color. El puerto impregna todo el espíritu de las calles y casas próximas con sus imágenes, figuras de un paisaje de mar. En este lugar donde podría consumarse nuestro caminar, en La Boca y el Mar, latiremos en Temakel mediante una galería de imágenes, con fotos de Andrés Manrique, y luego, con un texto de Carlos Moreno sobre la historia de la relación entre el barrio boquense y su puerto. Todas las fotos pueden ser ampliadas mediante un clic
Arriba, imagen de la Vuelta de Rocha, lugar emblemático de La Boca, a escasos pasos del famoso Caminito. Después, abajo, en galería de imágenes, de izquierda a derecha, primeras fila: extremo superior del mástil que se yergue en la Vuelta de Rocha; 2 y 3: Detalle de dos marinos, envueltos en cuerdas y anclas en la fachada de un negocio de venta utensilios para barcos en la calle Pedro de Mendoza, muy cerca de la Vuelta de Rocha; Segunda fila: a la izquierda, otros dos marinos entre cuerdas y un timón, que acompañan al otro par de marinos. Luego, todas las imágenes de hombres de mar y sus seres queridos, como la madre con su hija, pertenecen al friso que corona la abandonada Proveeduría Marítima del Sur, ubicada en Pedro de Mendoza 1629, realizado por Vicente Walter.
Por Carlos Moreno
La Boca en la región del Río de la Plata contiene la historia y las intenciones de una memoria que se construyó desde los primeros años del asentamiento de
Don Pedro de Mendoza en 1536. Su geografía con un riachuelo que era un buen refugio natural para los débiles navíos de la época, marcó hasta hace muy pocos años la funcionalidad del lugar. Su paisaje cambiante según las formas de explotación de la ribera fue el elemento que definió la singularidad del área.
Referencias de hombres de mar o río que necesitan del color, como de un
ancla a tierra. Colores no estridentes, pero colores al fin que hoy permanecen un poco desteñidos en algunas paredes de los viejos conventillos. Frente a la autenticidad de estas imágenes, hoy corremos el peligro de la distorsión producidas por aquellos que con muy buena intención
sobreactuan el carácter del paisaje boquense, con el peligro de caer en una caricatura.
Imágenes que nos identifican con el conventillo, un colorido sencillo que hoy es sólo un recuerdo. Pasan pocos años,
al correr el nuevo siglo los artistas encuentran en el barrio un espacio que los atrae, los contiene, un espacio que leen y expresan con sensibilidad y cariño. Entre ellos, en dos campos diferentes se destacan
Quinquela Martín
en la pintura y Filiberto en la
poesía. Caminito un rincón de la Boca que QUINQUELA RESIGNIFICA CON LA CALIDAD DE LOS ARTISTAS QUE QUIEREN SU LUGAR y hoy es otra imagen del paisaje de la
Boca. El paisaje en su sentido histórico recibe la dinámica de los cambios y es su resultado, modelado por las diferentes intensidades y calidades de la evolución de la cultura de cada comunidad. Los barcos con sus mástiles, el riachuelo con la simetría de sus reflejos, las cargas esperando ser
embarcadas, las pasarelas con ese hormigueo de hombres cargados subiendo y bajando, mástiles y sogas, firmes pitas que jalonan el borde, el agudo sonido de una sirena, los ruidos graves de las máquinas, algún pintor que trata de perpetuar la escena, tantas cosas que son
parte del paisaje, paisaje de borde entre el agua y la
tierra. Desde aquella grúa de madera con una gran rueda movida a hombre,
que pintara Pellegrini en su Maestranza y el puerto de los Tachos (1832) hasta la época
más moderna con la incorporación de elementos de las nuevas tecnologías, como las lineales estructuras que resulta de la construcción con hierro: los puentes o las grúas, que con su recorte de filigrana gigante marcaron la escena del área.
Sus obras como las de muchísimos otros artistas, son la expresión de un modo de vida, de un sentimiento que ayudó a que los porteños, supiéramos de un barrio,
La Boca que daba color y calor a Buenos aires. (*) Fuente: "El paisaje de un puerto", por Carlos Moreno, en La Boca. El color de Buenos Aires, editado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
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© Temakel. Por Esteban Ierardo