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EL
ANTIGUO ARTE CELTA
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El
caldero de Gundestrup, Dinamarca, realizada hacia el siglo I
a.j.c, una de las más célebres piezas artísticas célticas, fue
hallada en una ciénaga danesa. Un dios exhibe su poder al sujetar
a dos hombre que, a su vez, sostienen jabalíes. Jabalíes y cerdos
eran animales sagrados vinculados con los sacrificios, y simbolizan
también a los guerreros; de ahí su presencia en la cresta de
yelmos.
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Pequeña
presentación
El
arte celta de Hallstatt y La Téne,
por Duncan Norton-Taylor
Galería
arte celta
Bibliografía
arte y cultura celtas
Pequeña
presentación
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EN
EL CAMINO DE LA ESPIRAL
Por
Esteban Ierardo
El
sol colma la tierra con brillantes serpientes
de luz. Los reptiles se mueven con lentitud
sobre rocas, y los labios fértiles de
praderas y bosques. En su devenir configuran
líneas entrelazadas, dinámicas
figuras. Que avanzan y retroceden. Espirales.
Espirales celtas. Espiralados derroteros plasmados
sobre piedras, cerámicas, espadas, lanzas,
reversos de espejos, hojas de libros, yelmos
o columnas.
Los celtas desarrollaron un arte de alto refinamiento
e inclinado hacia lo abstracto y geometrizante
en muchos casos. Para el siglo VI a. J.C los
pueblos célticos dominaban buena parte
de Francia y los Países bajos. Atravesaron
los Pirineos y fundaron asentamientos en España.
Dos siglos después, al dejar atrás
el canal de la Mancha, se adentraron en el sur
de la actual Inglaterra. Sin embargo, su principal
poderío se afincó en el centro
europeo en los valles del Sena, el Ródano,
el alto Danubio y el Rin. Ya antes de la consolidación
de los dominios célticos, por el 700
aj.c, se practicaban entierros donde, además
de carros y herrajes de caballos, junto al muerto
se colocaban calderos de bronces y recipientes
de vino con diseños extranjeros griegos
y etruscos. Pero también existían
piezas de hierro con diseños autóctonos.
Este primer período del arte céltico,
conocido como estilo Hallstatt (que se extendió
del 700 al 500 a. J.C), se vinculó con
un importante desarrollo de la herrería.
A su vez, la representación de la figura
humana o de animales adquirió un singular
carácter estilizado. La forma humana
se acercó a la abstracción. Ejemplo
paradigmático de la estilización
céltica de la figura humana se encuentra
en las urnas funerarias de cerámica halladas
en Sopron, Hungría, donde se muestra
un grupo de mujeres entregadas a diversas labores
de la vida cotidiana (ver abajo galería).
A pesar de su vínculo con la cotidianeidad,
los dibujos son altamente estilizados, e irradian
un delicado equilibro entre la figuración
y la abstracción. Dos figuras con caras
de pájaro sacrifican un animal astado
sobre, quizá, un altar. Y, además
de un adorador sumido en trance y un jinete
que aferra las bridas de su caballo con cascos
redondos, unas mujeres con vestidos decorados
con círculos concéntricos se afanan
en realizar un tejido del período de
Hallstatt.
El segundo período del arte céltico
es conocido como arte de La Téne, lugar
de un yacimiento arqueológico en el lago
Neuchatel en Suiza, donde en 1857, el arqueólogo
aficionado Friedrich Schwab, extrajo del lecho
lacustre cientos de objetos que llegaron allí
arrojados desde un desparecido puente. Se trataba
seguramente de ofrendas arrojadas al fondo del
lago con el propósito de calmar a los
espíritus del agua.
En
la superficie de largas espadas halladas por
Schwab, existían líneas retorcidas
que componían verticilos y espirales.
El patrón espiralado aparece también
en los valles del Rin y del Marme. La aparición
de las piezas con decoraciones espiraladas en
una amplia región demostró que
este arte dimanaba de un proceso colectivo;
no era sólo una expresión local.
Las espirales se convertirán en una constante
arquetípica de la imaginación
céltica. Luego, las ondulantes líneas
entrelazadas de la antigüedad celta emergerán
como exquisitas tramas decorativas en Bíblias
medievales (como el Libro de Durrow o de Kells;
ver abajo galería), en las cruces célticas
o en las columnas de la Iglesia de Sta. María
y S.David, Kilpeck, cerca de Hereford, Inglaterra,
construida en el siglo XII d.J.C (ver abajo
galería).
Como
todo arte antiguo, la creatividad artística
céltica se hallaba orientada hacia una
finalidad sagrada o trascendente. La producción
del placer de lo bello, el mero valor ornamental,
o la expresión de la riqueza de la nobleza
eran otras dimensiones posibles del arte. Pero
siempre secundarias. El principal designio del
arte es el poder de apertura a la otredad divina.
El célebre caldero de Gundestrup, creado
por el arte de la Téne, exhibe diversas
figuras de posible significación mitológica.
En esta refinada pieza, mediante la belleza
artística se revela la presencia y el
poder de algunos dioses. Pero la comprensión
de una superior función metafísico-religiosa
en el antiguo arte celta se enlaza con el simbolismo
de la espiral, como figura de un significado
y procedencia inconcientes. Jean Markale, uno
de los grandes investigadores de la cultura
céltica, en su obra Las tres espirales,
destaca que lo espiralado "bien parece
haber sido la base misma de toda la especulación
metafísica de los celtas". La espiral,
uno de los principios esenciales quizá
de un perdido saber oral de los druidas, los
supremos conocedores de lo sagrado en la tradición
celta. Devenir de la espiral, el viaje hacia
lo interior, hacia el ser, la fuente y el origen;
y, a la vez, senda de regreso al mundo exterior,
a lo creado, al espacio de las cuatro direcciones
cardinales donde el hombre existe y observa
el universo misterioso, con el que debe convivir.
Con el propósito de estimular el conocimiento
de la cultura céltica y la valoración
de su arte, presentamos aquí una galería
con imágenes de algunas obras especialmente
representativas del período Hallstatt,
el posterior estilo de La Téne, y su
manifestación ulterior en el cristianismo
irlandés medieval donde la influencia
de las tradiciones célticas y la extinguida
sabiduría druídica aún
ejercía una subterránea influencia.
Un
texto de índole informativa precede la
galería visual a fin de transmitir el
contexto cultural y los principales rasgos de
estilos de los períodos más representativos
del antiguo arte céltico. Al final, hallarán
también un listado de sugerencias bibliográficas.
La imaginación celta creó una
mitología de radiante fantasía.
Exhaló un halo de poesía y misterio
sobre el extenso rostro de la naturaleza. Veneró
el roble y el bosque. Creyó en fuerzas
invisibles, en el devenir, en las mágicas
metamorfosis del hombre que, en muchas vidas,
desde su condición humana, se transforma
en animal. Viento. Espada. O roca.
Y, también, la creatividad celta inventó
un arte donde la sutil, omnipresente y divina
espiritualidad es sugerida mediante el dibujo
de tendencia abstracta, la figura que quiebra
el naturalismo y danza en estilizadas formas
geométricas. Y mediante el sinuoso y
magnético devenir de las espirales. Inacabables.
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EL
ARTE CELTA HALLSTATT Y LA TÉNE
Por Duncan Norton-Taylor

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El
dios Cernunos representado en una de los paneles del caldero
de Gundestrup. Es una muestra del arte céltico del
período de la Téne. El dios, asociado a la naturaleza
salvaje, se halla rodeado por un ciervo, un jabalí, un
toro, una víbora cornuda, y un torque, un aro de superficie
espiralada. |
Muy
por encima de la pequeña ciudad mercado austríaca
de Hallstatt, que se asienta a orillas de un lago alpino,
se eleva el Salzberg -literalmente "montaña de sal"--.
De ella se ha estado extrayendo sal desde tiempos inmemoriales.
Con toda probabilidad este tesoro fue originariamente descubierto
por primitivos cazadores que rastreaban sus presas hasta
las fuentes salinas, donde los cristales incrustados en
las rocas podían lamerse fácilmente.
Hacia
el final de la Edad del Bronce, en el siglo VIII a. de J.
C., las minas de Hallstatt estaban siendo intensamente explotadas
puesto que la sal se había convertido en un producto
valioso. Utilizando cuñas, picos y cinceles de bronce, aquellos
hombres excavaron unos 350 m por la pendiente de la montaña,
practicando precarios túneles que apuntalaban con
armazones de madera. Algunos estaban provistos de escalones
hechos de troncos de árbol para salvar los planos
inclinados.
En
los siglos siguientes, los trabajadores de las minas de
Hallstatt encontraron casualmente objetos utilizados o gastados
por aquellos antiguos mineros, conservados más o
menos intactos por la acción conservadora del mineral;
trozos duros de ropas -mitones, polainas y gorros de piel-,
hojas secas de pestwurt, una hierba medicinal muy
usada todavía en la zona como remedio popular contra
las enfermedades de los mineros, y los restos carbonizados
de palos atados por éstos como antorchas. De vez
en cuando se hallaban restos de comidas prehistóricas-
fragmentos de huesos de animales.
En
1846, el encargado de las minas de Hallstatt, George Ramsauer,
se interesó vivamente por estos antiguos mineros
y empezó a buscar más señales sobre ellos.
Sus investigaciones condujeron a un descubrimiento asombroso:
un lugar de enterramiento con casi un millar de tumbas.
El hallazgo supuso a Ramsauer 17 años de intenso trabajo.
Invirtiendo una buena cantidad de su dinero y todo el tiempo
que podía escatimar a su trabajo profesional (así
como a sus deberes paternales hacia los 24 niños de su familias),
Ramsauer abrió sistemáticamente las 993 tumbas
y anotó con minuciosidad los hallazgos en su diario.
El resultado de estas investigaciones reveló la existencia
de una comunidad próspera cuyos miembros eran diestros
en el trabajo del hierro y que comerciaban ampliamente con
escandinavos, etruscos y griegos, entre otros; estaba claro
que las gentes del establecimiento eran además guerreros
y que montaban a caballo, y también hábiles
carpinteros y artistas. Generalmente se cree que los lugares
de enterramiento, y otros parecidos encontrados posteriormente
por arqueólogos que trabajaron en aquella zona, pertenecen
a los antiguos celtas. Incluso otras tumbas, halladas en
lugares que van desde Francia hasta Checoslovaquia, han
sido identificados como pertenecientes al os celtas del
mismo período. Las más antiguas se han fechado
en el 7000 a. de J. C.- año del inicio de la edad de Hierro
en Europa central-, y la gente enterrada en ellas había
pertenecido evidentemente a un período de transiciones
cultural. Algunos de los cuerpos estaban incinerados al
estilo de los campos de urnas; pero la mitad, por lo menos,
eran esqueletos. Algunos lugares contenían carros
funerarios de cuatro ruedas, reminiscencia de los enterramientos
en carro del pueblo del hacha de guerra, aunque en la tumba
de estas gentes no se guardaban los carros.
Más
curioso aún es que muchas tumbas del período
de Hallstatt contenían herrajes y adornos de arneses
de caballo -antigua prueba de la importancia que las personas
daban a sus caballos-. Puesto que las tumbas con atavíos
de caballo eran ricas en otros ajuares, los expertos creen
que pertenecía a la elite de la comunidad.
Además
de los carros y herrajes de caballo, las tumbas del período
de Hallstatt proporcionaron a los arqueólogos otros
objetos fascinantes. Recipientes para el vino y calderos
de bronce elaborado diseño griego y etrusco, collares de
ámbar de Escandinavia y pomos de espada con incrustaciones
de oro y marfil importados, señalan una influencia basada
en un comercio de considerables dimensiones. Aún
más fascinante, muchas armas-espadas, puñales, lanzas,
hachas de guerra -estaban hechas de un material nuevo en
las tumbas de la región: el hierro.
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| El
caldero de plata de Gundestrup con sus escenas
mitológicas, originalmente el caldero estaba cubierto con
una fina capa de oro. |
En
una primera visión de las tumbas de la necrópolis
de Hallstatt, los estudiosos pensaron que los objetos de
hierro, al igual que los otros artefactos, eran de importación.
Después llegaron a la conclusión de que el
diseño y la artesanía eran únicos, y probablemente
indígenas. Ciertamente disponían del hierro
de las minas cercanas de los Alpes orientales, muy conocidas
en el mundo antiguo. Pero la ruta por lo que la tecnología
del hierro alcanzó la región tuvo que ser
larga y tortuosa.
En
el Próximo Oriente, los trabajadores del metal conocían
el hierro desde hacía siglos; los hititas fabricaban
y comerciaban objetos de hierro desde el 1500 a. de. J.C.
; pero desde el final del imperio hitita, en el 1200 a.
de J. C., hasta la primera aparición del hierro en
Europa central, hacia el 700 a. de J. C., hay un período
en la historia de la tecnología del hierro sobre
el que los arqueólogos únicamente pueden hacer
conjeturas.
...
Las gentes del norte de los Alpes, trabajadoras del metal,
gracias a su anterior experiencia con el cobre y el bronce
y a su natural aptitud para los logros tecnológicos,
se hicieron rápidamente competentes como trabajadores
de hierro. Aprendieron a extraer el mineral, a triturarlos
y mezclarlo con capas de carbón de leña y a calentar
el mineral hasta convertirlo en una masa esponjosa ennegrecida.
...Hacia
el siglo VI a. de J.C., estos celtas resueltos y tecnológicamente
avanzados habían llegado a dominar la mayor parte
de Francia y de los Países Bajos y habían
atravesado los Pirineos para establecer enclaves celtas
en España. Hacia el s. IV a. de J. C., cruzaron el canal
de la Mancha y se introdujeron entre los pueblos indígenas
que vivían en las tierras bajas del Támesis.
Pero el centro de su poder se estableció finalmente
en una zona que en la actualidad ocupa, aproximadamente,
Suiza, el oeste de Austria, sur de Alemania y Francia.
En
este centro- especialmente en los ricos valles del Sena,
Ródano, Rin y alto Danubio- florecieron las tribus
celtas, y se desarrolló una nobleza inmensamente
rica. Los príncipes y princesas celtas eran enterrados
con mayor esplendor que el que reflejan las tumbas hallstátticas.
Incitados
por las demandas de estos señores ricos e inspirados en
la artesanía de los objetos de lujo importados, los
artesanos celtas crearon productos de diseño cada vez más
sofisticados. En efecto, apareció un arte celta personal
que fascina a arqueólogos e historiadores.
La primera fase del arte celta, que va aproximadamente desde
el 700 hasta el 500 a. J.C, se llama de Hallstatt, por el
poblado alpino donde se encontraron las primeras tumbas
identificables como celtas. Durante el período de
Hallstatt, cuando el estilo artístico no había
cruzado aún las vagas fronteras del centro celta
de la Europa Occidental, los motivos utilizados por los
artesanos celtas reflejaban esencialmente su herencia de
anteriores tradiciones europeas. Los motivos se sacaban
de la naturaleza, pero estaban estilizados. La figura humana
aparece a menudo tan esquematizada que llega a lo abstracto.
Un ceramista desconocido cuyo trabajo se encontró
en una tumba cerca de Sopron, Hungría, decoró
sus cerámicas con dibujos de hombres y mujeres hechos
de un modo primario, con cuadros, círculos y triángulos.
No obstante, los dibujos están muy lejos de ser estáticos,
y forman además un vivo comentario social.
Las
mujeres del ceramista de Sopron llevan faldas cortas en
forma de campana y están representadas hilando, tejiendo,
bailando, tocando la lira y montando a caballo. En una escena,
dos de ellas se tiran de los cabellos. Los hombres -la mayoría
de ellos en escenas de lucha- llevan pantalones largos,
o calzones, un estilo de vestir tan extraño a los ojos de
la gentes europeas meridionales, que posteriormente se convirtió,
para griegos y romanos, en una de las señales identificadoras
de los celtas.
Los
artistas del período de Hallstatt dibujaron pájaros
y animales con un realismo mayor y con mucha más
gracias que la figura humana. Parece que los artistas se
deleitaron especialmente con los cines y los patos. Además,
los pájaros acuáticos sirvieron para decorar
tal cantidad de objetos diferentes, desde recipientes de
bronce hasta las varas del carro, que los estudiosos piensan
que debieron de estar asociados a algún tipo de culto
religioso (las antiguas leyendas irlandesas mencionan frecuentemente
la pureza del cisne y las cacerías de cisnes.) En
el repertorio de los artistas de Hallstatt había
también cabras y ciervos, y una tapadera de un recipiente
llevaba incluso la imagen de una esfinge, animal mítico
con cabeza humana y cuerpo de león. La idea de estas
criaturas fue importada de los griegos, que los ponen en
los recipientes vendidos a los celtas. El creador del dibujo
sobre la tapadera del caso copió quizás las
figuras de las que había visto en las importaciones
griegas- o quizá el mismo fue un artesano griego
al servicio de un jefe celta-.
Además
de los mitos de animales y pájaros, que quizás
fueron símbolos de culto, los artesanos hallstátticos
fabricaron de vez en cuando objetos con una clara finalidad
ritual, aunque generalmente es difícil adivinar su
exacto significado religioso.
..A
diferencia del arte hallstáttico, sobrio y reprimido,
surgió un nuevo arte celta ampuloso y curvilíneo,
deslumbrante por la complejidad de su dibujo. Parece que
este arte encontró fácil acogida entre los
valientes y seguros aristócratas celtas, puesto que
se convirtió rápidamente en el estilo artístico
celta dominante.
 |
| Una
muestra de los ceramistas de la Edad del bronce, donde los
círculos concéntricos, espirales y puntos adquieren un
valor decorativo y simbólico. Aquí, estatuillas de
mujeres con faldas en forma de campana descubiertas en
1955 en una excavación en Rumania. |
Se
necesitaba un nombre con que denominar este estilo, y los
arqueólogos le pusieron el de La Téne, lugar
de un yacimiento junto al lago Neuchatel, en Suiza, donde
se encontró la primera gran colección de objetos
decorados de esta guisa. En uno de sus cambios periódicos,
el lago alcanzó, en 1857, un nivel inusitadamente
bajo, y sobre la línea del agua aparecieron maderos
espectrales. Atrajeron la atención de un buen aficionado
arqueólogo de la región, el coronel Friedrich
Schwab, que supuso eran los pilares de un palafito suizo
de la Edad de Piedra. Los palafitos suizos eran la especialidad
del coronel. Durante más de tres años dragó
el lugar con un bote y una pala que había diseñado
especialmente para esta finalidad. Desde el bote podía
observar el fondo poco profundo del lago y con la pala sacada
los frágiles objetos envueltos aún en un bloque
de barro protector; de este modo no los dañaba en la extracción.
En
total el coronel extrajo del fondo del lado centenares de
armas de hierro, lo que hizo pensar a los arqueólogos
posteriores que La Téne había sido un lugar
votivo. Los maderos espectrales -se demostró, no
eran piletones, sino soportes de un puente que cruzaba un
río que desembocaba en el lago, y la que cruzaba
el puente arrojaba las ofrendas quizá para aplacar
a los espíritus del agua que habitaban -según
sus creencias- bajo la superficie del agua.
Entre
las armas de La Téne, había 50 espadas largas,
agudas, con asombrosos dibujos sobre sus hojas, exactamente
debajo de la empuñadura. En vez de ser rígidos y
geométricos estaban trazados con líneas retorcidas
que se rizaban en zarcillos y se enlazaban en verticilos
y espirales. Posteriormente, en otras excavaciones celtas
en los valles del Rin y del Marne, se encontraron composiciones
similares, lo cual convenció a los estudiosos de
que los dibujos de La Téne, lejos de ser un simple
fenómeno local, abarcaban un entorno cultural mayor.
¿Qué significaban esos diseños y de dónde
procedían?
El
arte de La Téne se parece en cierto modo al de los
escitas del sur de Rusia, un pueblo con el que los celtas
no pudieron tener sin duda mucho contacto. ¿Acaso algunos
ejemplos perdidos del arte escita prosiguieron camino hacia
Europa a través de algún intermediario y atrajeron
la mirada de algún artesano especialmente hábil,
una especie de Picasso celta, que después inspiró
toda una escuela de seguidores? Quizá. Puesto que
el arte de La Téne tuvo siempre una distribución
bastante amplia y no llegó a ser completado y perfeccionado
en una región determinada, algunos estudiosos piensan
que el impulso original pudo llegar del taller de un hombre
particular, un maestro artesano tan habilidoso que influyó
sobre generaciones de otros artesanos. Este es llamado,
algo románticamente, el Maestro de Waldagesheim,
por un lugar del Rin medio donde se encontraron los ejemplos
más típicos de este trabajo. Tan fuerte fue
su influencia que, en vez de La Téne, el estilo podría
haber llevado el nombre de su lugar de origen- Waldalgesheim.
El
arte de Waldalgesheim caracteriza a otras dos versiones
del arte de La Téne que le siguieron: el estilo plástico y
el estilo de las espadas. De un modo ideal, todas las partes
del objeto aparecen dibujadas -cuanto más fantástico
y retorcido el dibujo, mejor-. Dando riendas suelta a su
imaginación, el Maestro de Waldalgesheim y demás
seguidores de su estilo llenaron todo espacio posible con
flores que se arraciman y emparejan, con tallos enlazados
y hojas enroscadas, extraños rostros parecidos a máscaras
y verticilos que acaban en ojos solitarios.
En
el arte de La Téne llamado plástico, este
concepto se traduce en tres dimensiones; los contornos del
objeto se configuraban con complicados dibujos calados.
Y en el arte de las espadas el dibujo Waldalgesheim está
sobrepuesto a dibujos figurativos rectos a fin de crear
un arte que es la vez abstracto y representativo. Por ejemplo,
en el arte de las espadas (así llamado porque aparece
más corrientemente como decoración de vainas
de espadas) la figura de un caballo se expresa sólo
en su contorno. Dentro de la línea externa, el cuerpo
del animal contiene dibujos que guardan una ligera relación
con asuntos tales como la silla de montar y las bridas e,
igualmente, pocas o ninguna conexión con los músculos
y los huesos de la anatomía equina.
El
arte de La Téne no es un arte tranquilo. La mayoría
parece un material sacado de un mundo de ensueño; y, como
los sueños, es algo inquietante. Hay, por ejemplo, un bello
frasco de Durnberg, Austria, con un delgado cuello dibujado
en filigrana y un asa graciosamente curvada que es, en realidad,
el cuerpo arqueado de un animal parecido al gato. La ejecución
es elegante, y el dibujo una delicia; hasta que, de repente,
uno se da cuenta de que la boca del animal tiene una cabeza
humana cortada. Cuando el arte de La Téne madura,
la cualidad oculta de sus dibujos se hizo más pronunciada.
Ninguna cosa era nunca lo que parecía ser. Un adorno
de bronce con una filigrana maravillosamente complicada,
procedente de una tumba de Checoslovaquia, está dominado
por lo que parece ser una cabeza de toro. Pero cuando se
mira la cabeza desde otro ángulo, se ve que tiene
una cara humana, de modo que, al final, la cara semeja una
aparición.
Hacia
el siglo II a.de. J.C., el dibujo de La Téne ha desarrollado
una forma de arte tan distintivamente celta que, cualesquiera
que sean sus derivaciones y préstamos, no tiene nada
en común con el arte de otros pueblos contemporáneos.
La Téne, por ejemplo, estaba mucho más relacionado
con el mundo natural que el arte humanista de los griegos
- particularmente cuando afrontaba los aspectos más
salvajes de la naturaleza-. Paul Jacobsthal, uno de los
primeros estudiosos del arte celta, lo llamó al mismo
tiempo "atractivo y repelente, complicado y hábil;
lleno de paradojas, desasosegado, intrigadamente ambiguo;
racional y irracional; oscuro y misterioso. No obstante
fue un arte real". Esta descripción se puede
aplicar también a la gente que realiza este arte.
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Escultura
realizada en 1966 en bronce, por Oisin Kelly. Se halla
en Phoenix Park, Dublín, para conmemorar la revuelta de
Pascua en 1916. El artista apela al relato mitológico
de los hijos de Lir que se transforman en cines; fue
concebida como una expresión visual y mitológica del
deseo de liberación política. |
(*)
Fuente: Duncan Norton-Taylor,Los celtas (v.1) en colección
Orígenes del hombre, ediciones Folio, Barcelona.
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Galería
de arte celta
(Aclaración:
todas las fotografías pueden ser ampliadas mediante un clik; en
la ampliación, al pie de las imágenes, hallarán epígrafes
explicativos)
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Fuente de las
ilustraciones: Los celtas (v.1) en colección
Orígenes del hombre, ediciones Folio, Barcelona; David
Bellingham, Mitología celta, editorial la Máscara,
Valencia.
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Escultura
en bronce de Oliver Sheppard, en The General Post Oficce,
Dublín. Otra estatua construida tras la revuelta de
1916 contra la dominación inglesa. La estatua conmemora
los muertos en la batalla por la independencia y se
inspira en el héroe celta máximo CuChulainn, quien fue
herido de muerte por su enemigo Lugaid. Decidido a morir
de pie, CuChulainn se ató a una columna de piedra.
Lugaid se le acercó sólo cuando el cuervo se posó
sobre su hombro, signo de que ya había muerto. |
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| Bibliografía
arte y cultura celtas
 |
| Cruces
celtas. Una rueda solar rodea el centro donde se cruzan los
dos maderos perpendiculares. |
|
Henri
Hubert, Los celtas y la civilización céltica, Madrid, Akal
Universitaria.
Jean
Markale, Los druidas, Madrid, Taurus.
Las tres espirales, Barcelona, José
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La trama oculta del Grial, Girona, Tikal.
Pequeño diccionario de mitología céltica, Barcelona,
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M. José
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Editores.
R.
Rosaspini Reynols, Los celtas. Magia, mitos y tradición,
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Los celtas
(v.I y II), en colección
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David
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T.
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Mabinogion
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Benedic,
El viaje de San Brandán, Madrid, Siruela.
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