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Moisés o "Núcleo
solar"(1945). Símbolos místicos arcaicos y referentes históricos
de clara intencionalidad política se engarzan en el espacio
pictórico. En el centro superior, el Sol y su potencia fertilizante
impregnan de sacralidad al niño Moisés que espera su futuro
nacimiento y la consumación de su destino como niño arrojado a las
aguas. Lo fértil solar se combina con las gotas blancas, el lácteo
efluvio, que expresa la fuerza fertilizante de lo lunar y femenino.
En el plano superior, a ambos lados de la efervescente vitalidad del
sol, se arraciman imágenes de deidades paganas y cristianas. Lo
celeste se diferencia del mundo humano por el límite de la muerte
señalado por dos esqueletos. En el plano inferior, en un costado, se
distribuyen personalidades históricas asociados a los ideales
revolucionarios: Marx, Gandhi, Trosky, e incluso un faraón y un Buda. Y
también se distingue a Freud. La
obra de hecho nació luego de la lectura de Frida del texto freudiano
Moisés el hombre y la religión monoteísta. En el otro extremo
se acomodan personajes históricos como Julio César, Napoleón,
Lutero, se despliegan bajo un sabio hindú con su típico tercer ojo y
Cristo con su corona de espinas. La composición de la imagen, con un
claro plano celeste y otro terrestre, y el centro como zona de
concentrada claridad que fluye entre la dimensión celeste y humana,
hacen recordar a la composición de la imagen barroca, y filiación
bizantina de El entierro del Conde de Orgaz del Greco.
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