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Sin Esperanza (1945).
La grata expectación del alivio del dolor de Frida en El
árbol de la esperanza se disuelve, en el vaivén pendular de lo
esperanzador, hacia la amargura deprimente donde Frida, en su cama
de convalecencia, contempla, resignada, sobre su cuerpo, una
monstruosa entidad que vierte sobre sus labios la fatalidad de la
muerte. La escena se sitúa, como muchas obras de la artista
mexicana, en un ámbito desértico, con la división binaria sol-luna
como trasfondo. |