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Una
de las obras más arquetipícas del arte pictórico
japonés es esta obra de Hokusai, La ola; aquí
el artista consuma la imagen de la materia como plástico
y rítmico desplazamiento. Mediante la ola, cuyos
espumeantes bordes devienen imaginarias garras, la naturaleza
se manifiesta como realidad viviente, pletórica de
gracia y movimiento.
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