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Un
figurilla de terracota haniwa, que eran abundantes en las
tumbas japonesas anteriores al siglo VII. Se desconoce el
significado exacto de estas estatuillas, pero se rechaza un rol
únicamente decorativo dado que estas imágenes eran
receptáculos de lo sagrado, una fuente de fuerzas protectoras
del difunto que podrían ayudar al alma en la incierta y
desconocida marcha por el más allá, por el mundo de los
muertos. Los haniwa son así una expresión
antropomórfica de los kami, de los espíritus presentes
en la diversas formas o seres según la religión tradicional
del Japón, el sinto. |