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Estación
Montparnasse (1914), de Giorgio de Chirico. La impresión
de extrañeza es conseguida mediante los contrastes
de las figuras quietas, serenas, y la ilusión de
movimiento del tren y de las banderolas impelidas por un
viento inexistente. A su vez, la perspectiva ascendente
del camino amarillo, con las dos presencias humanas, conduce
de manera imposible hacia el tren del paradójico
movimiento-quietud. La presencia de las bananas en primer
plano, en el ángulo derecho, subraya el carácter
otro, metafísico, de una ciudad atravesada por una
fuerza enigmática.
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