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La encantadora
de serpientes ( 1907, en París, Musée d' Orsay),
de Henri Rousseau, "el aduanero". La mujer
de honda negrura mira al espectador con unos misteriosos
y penetrantes ojos sibilinos. Una serpiente se descuelga
desde su cuello; otras, surgen del suelo y la selva. Y la
mujer enigmática toca la flauta. Encanta. Induce
una mirada de la extrañeza de la vida natural. El
artista así restituye nuestra atención hacia
las cosas en estado primario o salvaje.
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