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EL PERDIDO  SENTIDO DE LAS FIESTAS DE SAN VALENTÍN Y HALLOWEEN

                                                                                      Por Mariana Virginia Unía

 

                       

     Las fiestas arcaicas le permitían al hombre trascender la esfera de lo profano y comunicarse con fuerzas sutiles, sagradas, renovadoras. Ese sentido vital, místico, de lo festivo, fue desvaneciéndose en el devenir histórico de Occidente. Tal es el caso de las antiguas fiesta de San Valentín y de Halloween. En este momento de Fiestas Populares de Temakel,  mediante este articulo de Mariana Virginia Unía exploraremos las diferencias entre el sentido originario de estas festividades y su actual degradación a festejos leves o eventos comerciales.

 

EL PERDIDO  SENTIDO DE LAS FIESTAS DE SAN VALENTÍN Y HALLOWEEN

                                                                                      Por Mariana Virginia Unía

  LA FIESTA Y SU  SENTIDO

   Las fiestas arcaicas eran sinónimo de concurrencia de gente desaforada, ruidosa, en donde se establecen relaciones con los demás, fundamentalmente a través de su cuerpo, en una actuación distante a la de los roles de la tranquilidad cotidiana.

   Se podría decir también que la fiesta es un juego de oposiciones entre lo profano representado por la cotidianeidad, y lo sagrado representado por la fiesta. Respecto a esto, Roger Caillois afirma:

  (...)en relación con lo sagrado, lo profano sólo representa caracteres negativos: en comparación parece tan pobre y desprovisto de existencia como la nada frente al ser(...). Los dos son tan necesarios para el desarrollo de la vida: el uno como medio en que ésta se desenvuelve, el otro como fuente inagotable que la crea, la mantiene y la renueva(...).  (Roger Caillois, El hombre y lo sagrado, México, Fondo de Cultura Económico, 1942, p.14)

   Este era el sentido primordial de las fiestas: salida del tiempo profano y acceso al tiempo de origen, de exaltación, de júbilo. En clara oposición al modo en que hoy son celebradas las fiestas modernas.

   Las fiestas eran sinónimos de alegría, danza, gritos. La liberación del ser, de las  restricciones y ataduras. Era el momento de salir de la vida tranquila, de las ocupaciones cotidianas, encajada en un sistema de prohibiciones.

   Por ejemplo en la Antigua Grecia: 

   (...) Los rituales de agón son muy variados en cuanto a los participantes, que pueden ser vegetales, animales, u hombres (...). Son variados también en cuanto a la distribución de los participantes entre los bandos enfrentados, según hemos dicho, y al papel de triunfador o derrotado del coro o el Oponente; en cuanto al detalle de la acción y a la intervención o no de piedras, pelotas o frutos, el fuego, etc., el disfraz y la palabra; en cuanto al sentido de la acción, sentido que varía según nos atengamos a la interpretación mítica (cuando la hay) u  otra anterior. Pues el agón, hemos de verlo, es un ritual universal cuyo origen es propiamente mágico: es una lucha o una expulsión o búsqueda violenta que precede y estimula un cambio natural, llámese la venida del buen tiempo, la renovación de la vida liberándose de las impurezas del pasado o el crecimiento de la nueva cosecha(...). (Francisco Rodriguez Agrados, Ritual, literatura y teatro en Grecia, p.404)

  LA FIESTA DE SAN VALENTÍN: AYER Y PRESENTE

  El significado de las fiestas en la actualidad no es el mismo. A continuación aludiremos a algunos ejemplos de cómo ciertas festividades se transformaron en "máquinas productoras de dinero y carentes del sentido original".

   Tal es el ejemplo de la fiesta de San Valentín o Día de los Enamorados. Ampliamente difundida en Estados Unidos, y gracias a la globalización y al comercio, golpeando las puertas de nuestro país.

  Estamos en una de esas fiestas en las que el comercio y el consumo agudizan sus ingenios para publicitar y vender sus productos. Poco tiene que ver con el sacerdote y mártir romano.

   Valentín vivió en el siglo III. Era sacerdote y había convertido a gran número de personas a la fe cristiana, lo que llegó a los oídos del emperador Claudio II, el Gótico, que lo hizo aprender. Como Valentín, a pesar de las promesas del emperador, no accedió a venerar a los dioses romanos y renegar de su fe, fue entregado al prefecto Calpurnio, el cual lo puso bajo la custodia de su teniente Asterio, quien lo condujo a su casa. Al llegar, Valentín invocó a Jesucristo, luz de las naciones; al escuchar esta invocación, Asterio, que tenía una hija ciega, le rogó que la sanara; así lo hizo el santo, por lo que toda la familia de su carcelero se convirtió a la fe de Jesús, sufriendo como consecuencia todos ellos el martirio.

   En cuanto a Valentín, después de ser repetida y ferozmente apaleado, fue degollado el 14 de febrero del año 27O.

   Existe otra versión que cuenta que Claudio II había promulgado un edicto por el que prohibía contraer matrimonio a los soldados jóvenes para que así, libres de ataduras, pudiesen dedicarse plenamente al arte de la guerra. Contraviniendo la orden, Valentín casaba en secreto a todas las parejas que acudían a él. Enterado el emperador, mandó apresarlo y decapitarlo.

   Su fiesta se celebra el día 14 de febrero. En la iconografía se le representa vestido de sacerdote con una espada atravesada en su pecho o con un sol de luz en su mano derecha. El mártir fue popular en toda la Europa de la Edad Media gracias a los benedictinos que servían su basílica en Terni o en la vía Flaminia de Roma.

   Su relación con los enamorados se establece gracias a la coincidencia de su fiesta con la mitad de febrero. En el siglo XV nació en Roma la versión mediterránea de la fiesta de San Valentín, que se conoció como fiesta de los enamorados o fiesta de los jóvenes. Durante su celebración se hacía entrega de su dote a los novios.

   Se celebró con mayor fuerza en Inglaterra. En la misma se tuvo en cuenta que la fecha de San Valentín cae de hecho en un período del año en el que la naturaleza da muestras de despertarse del largo letargo invernal; el sol comienza a calentar la tierra haciendo florecer las primeras violetas y la flor del almendro. Como consecuencia, San Valentín se convirtió en el santo que anuncia la primavera. En la misma Inglaterra se decía que el 14 de febrero los pajaritos comienzan a emparejarse. Por San Valentino la alondra hace el nido. Nació así también el dicho de que por San Valentín cada valentino elige su valentina. Paso a paso se convirtió el santo en patrono de los enamorados, que acostumbraban a cruzarse mutuamente unos papelitos tierna y delicadamente escritos, llamados valentinos, y que se hallan documentados en Inglaterra ya en el siglo XV.

   Sucesivamente emigró la fiesta y su celebración a Estados Unidos, de donde retornó tan transformada que los enamorados no se contentan con intercambiarse una flor o el simpático y romántico valentino. Hoy se espera el regalo costoso como costumbre establecida por ciertas industrias para aumentar el consumo e incrementar su producción.

   Se ha pasado de la conmemoración de un mártir de la fe a la exaltación de la fiebre consumista.

   Son varios los sectores comerciales que se reparten el pastel monetario, cuyas porciones recaen en una serie de fechas creadas especialmente por intensas campañas publicitarias.

   La industria del regalo se encuentra en buen estado. Y la prueba de ello es que, la semana del 14 de febrero, la actividad comercial se altera por un fenómeno capaz de reactivar el consumo: el Día de los Enamorados.

    Desde hace algunos años, el 14 de febrero, la festividad de San Valentín se ha convertido en un día señalado en el calendario de los comerciantes que engrosan la industria del regalo. Aunque se trata de un solo día, laborable o festivo, la campaña de San Valentín suele abarcar los siete días precedentes a la festividad del santo. Ningún establecimiento, cuyos productos sean susceptibles de ser regalados, escapa a la tentación de colgar corazones rojos en sus escaparates, mientras que las grandes superficies comerciales invierten cantidades millonarias en campañas de marketing.

   Según un estudio realizado en España, por la Fundación Ciudadano, el precio de algunos artículos puede crecer hasta un 75% en el Día de los Enamorados. Este es el caso de las flores. Según la leyenda, San Valentín solía regalar flores a las parejas de jóvenes enamorados. Hoy en día, seguir las costumbres del santo repercute, sobre todo, en el bolsillo. Para las floristerías, esta campaña dura poco más de tres días, en los que la venta de flores puede incrementarse en más de un 1.500% sobre su venta habitual. La gran demanda repercute, a su vez, en el aumento de los precios que puede oscilar entre el 37 y el 75% de su costo normal.

   Junto a las floristerías, estos tres sectores también aprovechan el tirón de San Valentín. Tanto el perfume como los colgantes de oro en forma de corazón son ya regalos clásicos del Día de los Enamorados. Pero el incremento de ventas en estos sectores no es tan pronunciado como en la floristería. Quien elige estos regalos lo hace con más anticipación y goza con la ventaja de comprar los artículos a su precio habitual, ya que, en estos casos, el coste suele venir definido desde la fábrica.

LA FIESTA DE HALLOWEEN: AYER Y PRESENTE

  Otro caso es el que sucede con Halloween. Y quizás este caso sea más característico.

   El 31 de Octubre de cada año se celebra la fiesta de Halloween en muchos países, y aunque cada día se hace más popular es bueno saber como se originó y que representa realmente este festejo de origen antiguo.

  Alrededor del siglo VI antes de Cristo, parte del norte de Europa estaba poblado por los Celtas, una tribu que poseía costumbres muy peculiares relacionadas con la Naturaleza. Ellos celebraban el fin de año el 31 de Octubre, debido a que ese día finalizaban el verano y las cosechas. A partir de ese momento comenzaban los días oscuros y fríos, los cuales eran relacionados con el mundo de los espíritus. Esa misma noche del 31 de Octubre, Samhain, la deidad de los muertos, permitía que los espíritus volvieran a sus antiguos hogares para mezclarse con los vivos. Esto era celebrado por los Druidas, los sacerdotes que dirigían la religión de los Celtas, los cuales encendían grandes fogatas en las cimas de las colinas como protección, ya que muchos espíritus malignos aprovechaban el permiso de Samhain para aterrorizar a los vivos. Otra manera de protegerse de la maldad desatada esa noche era usar disfraces horrendos, mezclarse con los muertos y hacer lo mismo que ellos hacían para así no ser reconocidos por estos.

   Con la difusión del cristianismo, este festejo pagano sufrió varias transformaciones. La primera se relaciona con el nombre que se le da actualmente. Muchos se dieron cuenta del acercamiento entre la fecha de rito ofrecido a Samhain y la celebración del día de los Santos del calendario católico, por lo tanto, al antiguo ritual ofrendado al rey de los muertos se le llamó "All Hallow´s Eve", lo cual significa en inglés antiguo "Víspera al día de todos los santos". El tiempo se encargó de transformar el nombre "All Hallow´s Eve" por "Halloween".

  Una antigua leyenda irlandesa cuenta la historia de Jack, un personaje tramposo y borracho que al morir no pudo entrar al Cielo por todo lo malo que había hecho. Luego se dirigió al infierno, pero el Diablo tampoco lo dejó entrar allí porque ya le había hecho muchas trampas, así que lo condenó a vagar por el mundo hasta el fin de los tiempos.

  Para que iluminara su camino, el Diablo le dio un carbón encendido, el cual Jack tomó e introdujo dentro de un nabo que estaba comiendo, y así fabricó una lámpara. A partir de ese momento fue conocido como "Jack - o´- Lantern", lo cual significa, "Jack, el de la linterna". Muchos aseguraban que estas lámparas hechas con nabos servían para alejar a las brujas y los malos espíritus, por lo tanto las colocaban al frente de las casas durante la noche del "All Hallow´s Eve".

   Cuando los primeros inmigrantes irlandeses llegaron a Norteamérica, siguieron celebrando el día de Halloween y se popularizó la costumbre de hacer las lámparas de protección, pero comenzaron a hacerlas con calabazas, debido a que era ideal por su tamaño y forma. Para que tuviera mayor efecto, las personas tallaban las calabazas esculpiendo caras grotescas y colocando una vela dentro.

  El comercio y la imaginación popular han transformado esta antigua costumbre en un festejo donde la mayoría de los participantes son niños, que van de casa en casa pidiendo dulces y disfrazados de brujas, duendes, vampiros, fantasmas y monstruos. Frente a las puertas de las casas gritan: "Trick or Treat", con ello tratan de conseguir que le den dulces, de lo contrario ellos harán maldades a la persona que los recibe frente a la casa.

   El comercio y la sociedad han aceptado estas costumbres y son ampliamente publicitadas. Hay todo un movimiento social que organiza celebraciones en casas, fiestas en clubes, los establecimientos comerciales adornan con motivos alusivos a prácticas ocultas, y aún los sectores más radicales de la cristiandad guardan silencio ante una práctica que ya no solo es exclusiva de la sociedad norteamericana, sino que ha llegado a Latinoamérica como un producto de importación más de la sofisticada sociedad de consumo norteamericana.

  Como ocurre cada año en esta época en los centros comerciales y aún en el comercio ambulante, empiezan a proliferar los disfraces de personajes del más allá. Así también las calabazas, las brujas, los gatos negros con pelo erizado y muchos dulces de procedencia norteamericana con imágenes de espantos entran en escena, esto se mezcla de manera "sincrética" con la aparición de calaveras de dulce y pan de muerto en las panaderías.

   A este paso y si seguimos cediendo al impulso del comercio, tendremos 365 días al año de celebraciones, rememoraciones y festividades. Todas tan importantes, que deberemos comprar atuendos y confites acordes a cada una de las ocasiones. (*)

(*) Fuente: Versión parcial del trabajo realizado por Mariana Virginia Unía  para la materia Principales Corrientes del pensamiento Contemporáneo de la Carrera de Ciencias de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.

 

                                            

©  Temakel. Por Esteban Ierardo