LAS
FIESTAS DEL ÁRBOL DE MAYO
Por
Mircea Eliade
Hemos visto cómo los árboles o la vegetación encarnan
siempre a la vida inagotable: lo que corresponde, en la
ontología arcaica, a la realidad absoluta, a lo "sagrado"
por excelencia. El cosmos está simbolizado por un árbol:
la divinidad me manifiesta dendromorfa; la fecundidad, la
opulencia, la suerte, la salud -o, en un estadio más elevado,
la inmortalidad o la juventud
eterna- están concentrados en las hierbas o los árboles; la humanidad o la
raza derivan de una especie vegetal; la vida humana se refugia en las formas vegetales cuando es
interrumpida por astucia antes de su término; en una palabra, todo lo que
es, todo lo que está vivo y es creador, lo que
está en estado de regeneración continua, se expresa por símbolos vegetales. El
cosmos fue representado bajo la forma de un árbol porque al
igual que este último, se regenera periódicamente. La
primavera es una resurrección de la vida universal y por
consiguiente de la vida humana. Por este acto cósmico, todas las fuerzas de
creación vuelven a encontrar su vigor inicial. La vida es
reconstruida integralmente, todo comienza de nuevo; en una
palabra, se repite el acto primordial de la creación cósmica,
pues toda regeneración es un nuevo nacimiento, un retorno a
aquel tiempo mítico en que apareció por primera vez la forma
en que se regenera.
La idea de la regeneración de
lo colectivo humano por su participación activa en la resurrección de la
vegetación, por lo tanto en la regeneración del cosmos, está indicada en
numerosos rituales de la vegetación. En las tradiciones
populares europeas se han conservado los rastros o fragmentos de
las representaciones arcaicas por medio de las cuales se
apresuraba la llegada de la primavera adornando un árbol y paseándolo
ceremoniosamente en procesión. En Europa, existe todavía una costumbre
según la cual, en la primavera, al principio del verano o el día de San
Juan. se trae un árbol del bosque y se le coloca medio del
pueblo; o bien todo el mundo va al bosque a cortar ramas verdes y
colgarlas en las casas para asegurar la prosperidad del dueño. A esto se le llama
"árbol de Mayo". En Inglaterra, los jóvenes o grupos de niñas se pasean el primero
de mayo de casa en casa, con coronas de ramas y de flores,
cantando y pidiendo regalos. En los Vosgos, la ceremonia tiene lugar
el primer domingo de mayo. En Suecia, se ponen "mástiles de
mayo" en las casas, sobre todo durante el solsticio de
verano; son pinos despojados de sus ramas y decorados con flores
artificiales, juguetes, etc. En todos los lugares donde se encuentra este ceremonial (desde Escocia y Suecia hasta
los Pirineos y los países Eslavos), el "mástil de mayo" es un
ocasión de diversiones colectivas que terminan con una danza alrededor del
mástil. Los papeles principales están ordinariamente a careo de niños o de
jóvenes Es una fiesta de la primavera, pero que, corno toda
manifestación de este género, participa más o menos de la orgía.
(...) A pesar de toda la resistencia de la Iglesia, "la fiesta de
mayo" se siguió celebrando. Las profundas transformaciones sociales tampoco lograron abolirla: lo
único que hicieron fue cambiar su nombre. En el Perigord, y en muchos otros lugares, el árbol de mayo
se convierte en símbolo de la Revolución Francesa; se le llama
el "árbol de la libertad", pero alrededor de él los campesinos danzan las mismas
rondas arcaicas que les trasmitieron sus antepasados. El día
primero de mayo se celebra hoy día como día del trabajo y de la libertad: para la
mentalidad moderna, esta fiesta conserva en parte el mito de la regeneración y el
mejoramiento del bienestar colectivo, mito común a todas las sociedades
tradicionalistas.
En muchas regiones, en ocasión del transporte solemne del "mástil
de mayo", el árbol del año precedente es quemado. El consumo de la madera por el fuego
es probablemente también un rito de la regeneración de la vegetación y de la
renovación dcl año, pues en la India y en la antigüedad clásica,
se quemaba un árbol al comienzo del año. La celebración del año
nuevo, la consumación del árbol por el fuego son a menudo, en las Indias, una ocasión de orgías, así por ejemplo entre los
biyar de las Provincias Unidas (Agra y Odudh) que prenden fuego al árbol
çalmadi y acaban por entregarse a una orgía
colectiva. La ceniza de este árbol está cargada de propiedades
apotropaicas y fertilizantes, protege de la enfermedades del mal de
ojo, de los malos espíritus. En Europa, las cenizas se quedan después
de haber quemado "el mástil de mayo", o las brasas
ardientes, durante el carnaval y en navidad, son dispersadas a través
de los campos donde favorecen y acrecientan las cosechas.
(...) Se atribuyen los valores mágicos y fertilizantes de
la madera sacrificial a las cenizas y los carbones; su "fuerza" se
debe a su semejanza con un prototipo (ceniza de un árbol quemado
ritualmente al comienzo del año, durante el mes de mayo, el día de San Juan,
etc.) .Ahora bien, el árbol o la madera quemada adquieren su
eficiencia por la simple regresión a la potencia, por el retorno al estado
de "simiente" que realizan la creamación; la
"fuerza" que representa o personifican, puesto que ya
no pueden manifestarse de manera formal, se concentra en la
ceniza o el carbón.
A menudo, la llegada del "mayo" está figurada no
sólo por un mástil, sino también por efigies antropomórficas,
decoradas dc follaje de flores, e incluso por una persona
determinada que encarna la fuerza de la vegetación o una de una
de sus manifestaciones míticas. (*)
(*)
Fuente: Mircea Eliade, "El mayo", en
Tratado de historia de las religiones, México, Biblioteca
Era, pp.283-286.