|
LA EXPEDICION DE ROBERT FALCON SCOTT
En
1910 Robert Falcon Scott, se propuso alcanzar el
Polo Sur. Tuvo un inesperado competidor: el noruego Roald
Amundsen. Junto a Wilson,
Evans, Oates y Bowers, comenzó su travesía. Su aventura
estaría signada por la fatalidad. Inesperados problemas
con los víveres, junto a las inclemencias del riguroso y
devastador clima antártico, precipitaron la tragedia. Todos
los expedicionarios entregaron sus cuerpos a las heladas
manos de la tierra blanca. Aquí, en Viajeros y exploradores
de Temakel, le presentamos la narración del viaje
de Scott y sus valientes compañeros, entre los que se hallaba
el legendario Oates. Este artículo procede de la página
http://members.es.tripod.de/antartica/
que recomendamos para descubrir las proezas de muchos otros
exploradores antárticos (como James Weddell; Dumont D
Urville; James Clark Ross; Ernest Shackleton). Luego,
incluimos la última carta de Scott enviada a Inglaterra.
En Temakel también puede encontrarse Nieve
del sur,
un relato literario personal que, fundiendo elementos reales
y fantásticos, traza un homenaje al coraje de Scott y sus
hombres.
LA EXPEDICION DE ROBERT
FALCON SCOTT
El Terranova
llegó a Melbourne el 12 de octubre de 1910. Previamente
Scott ya había seleccionado los hombres que compondrían
las dos partes de la expedición. La primera quedaría en
el estrecho de McMurdo llevando a cabo trabajos
de investigación, mientras la segunda realizaría el intento
de llegar al Polo Sur. Un pequeño grupo de seis hombres
llevado por Campbell denominado del Oriente, sería
desembarcado en la tierra inexplorada del Rey Fernando
VII, 400 millas al Este.
El
mismo día en que Scott llegó a Melbourne se llevó un disgusto que no
disimuló; en el correo llegaba un telegrama enviado desde Madeira el 9
de septiembre que decía: "me permito informarle que el Fram se
dirige a la Antártida. Amundsen". Su cara palideció, le
acababa de salir un serio competidor que además le llevaba ventaja.
Scott consideró la acción de Admusen desleal por no hacer públicas
sus intenciones de acometer la conquista del Polo Sur. Admunsen había
dado a conocer la idea de que se proponía una expedición al Ártico,
cuando en realidad llevaba calladamente el proyecto de llegar al Polo
Sur. El noruego llegó a Chistiania a bordo del Fram el 9 de
agosto de 1910 con 97 perros, una casa refugio en secciones y
provisiones para dos años. Cuando llegó a Madeira sólo dos miembros
de la tripulación, su hermano Leo y el comandante del buque el
Lugarteniente Nielsen, sabían sus verdaderas intenciones. Antes de
partir desveló a la tripulación en que consistía su proyecto, y dejó
un telegrama para ser transmitido a Scott con instrucciones de no ser
enviado hasta cierto tiempo después de partir el Fram.
Scott
llegó a Nueva Zelanda el 27 de octubre de 1910, donde concluyeron todos
los preparativos de equipos y animales: 430 toneladas de carbón iban en
las estibas interiores, otras 30 toneladas apiladas en sacos en la
cubierta superior, junto con tres trineos a motor que se iban a probar
por primera vez. Montones de forraje y módulos de establos para los 19
caballos manchurianos, Cinco toneladas de comida para los 39 perros, 162
carneros, lechones y otros tipos de carne, además de cientos de artículos
variados, que tenían que ser estibados incluso en los dormitorios
debido a la falta de espacio.
El
29 de noviembre de 1910 a las 16:30 partían para el Antártico.
La mayor parte de estos hombres no volverían a ver nada de color verde
hasta un año y medio después. Otros cinco no regresarían nunca más.
|

|
|
Terranova
|
El
2 de diciembre sufrieron una tormenta huracanada que desmanteló prácticamente
la nave. La carga de cubierta se movió y desestabilizó el barco
peligrosamente. Las olas golpeaban con tanta virulencia que los perros
rodaban por cubierta y se golpeaban fuertemente de banda a banda. El
agua llegó a penetrar en los compartimentos interiores. Los ponys
sufrieron más que ningún otro animal; cuando la tormenta amainó dos
habían muerto y un perro se había perdido en el mar. Pero los
problemas continuaban, el agua había convertido el polvo del carbón en
un lodazal y las bombas de achique estaban obturadas. Los hornos de las
calderas tenían agua casi hasta su nivel, teniendo que ser apagados
todos los fuegos por temor a una explosión, en los primeros momentos se
temió la pérdida del buque. Finalmente, los hombres consiguieron
desalojar gran parte del agua transportándola a mano al exterior
mediante cubos. Mientras tanto, se pudo practicar un agujero en el
mamparo por donde pasar las bombas, para hacerles llegar agua limpia con
que aclarar las válvulas. Gritos de alegría se escucharon cuando el
primer chorro de agua brotó de las bombas por primera vez. Se perdieron
unos diez montones de carbón y 65 galones de gasolina y alcohol.
El
8 de diciembre se divisó el primer iceberg,
y al día siguiente, en 65º 8' de latitud Sur, el Terranova
entró entre los hielos. Durante las siguientes tres semanas la nave fue
empujada y golpeada por innumerables hielos macizos, que obligó a
consumir gran cantidad de carbón para conseguir progresar. Se emplearon
veinte días en avanzar 600 km. El 30 de diciembre llegaron al mar de Ross.
El día de Año Nuevo el monte Erebus apareció a la vista, y
el 3 de enero de 1911 alcanzaron el cabo Crozier. Intentaron
desembarcar allí, donde habían planeado instalar el campamento de
invierno, pero el mar estaba demasiado embravecido. La siguiente opción
era el estrecho de McMurdo, rodeando el noroeste de la isla de Ross
siguieron la costa hasta cabo Evans, a 23 kilómetros al Norte
de la estación Discovery, donde tomaron la decisión de
instalar allí los campamentos. El 4 de enero el Terranova se
ancló al hielo y comenzó la descarga.
Se
descargaron los primeros dos trineos motorizados que inmediatamente se
utilizaron para trasladar las cargas al campamento. El tercer trineo que
era el más pesado y voluminoso tuvo que ser que ser arrastrado por 20
hombres hacia la orilla, pero antes de llegar una abertura en el hielo
se tragó el trineo que se fue al fondo del mar. La casa refugio se
construyó muy rápidamente, medía 50x25 pies y 9 hasta los aleros. Se
aisló con acolchados de algas marinas y se le dotó de estufa, cocina e
incluso compartimentos independientes, en donde no faltó la estiba del
vino. En dos semanas estaba construida y ocupada. El invierno se emplearía
para desplegar un gran esfuerzo logístico y humano, que les permitiera
llegar con éxito al Polo Sur en el siguiente verano.
El
24 de enero se inició una expedición preliminar de dos meses con
objeto de establecer depósitos de apoyo al gran viaje al Polo. La
primera parte de ese viaje debía realizarse en la meseta de la Gran
Barrera de Hielo. La distancia desde los cuarteles de invierno de
cabo Evans hasta el pie del ventisquero de Beardmore, evitando
los rodeos, era de 750 km. Seguiría después una subida de 2.500 m. por
pasos montañosos durante 200 km. más en medio de peligrosos
precipicios. La parte final del viaje abarcaría otros 500 km. por una
meseta a más de 3.000 m. de altura. En esa meseta, Shackleton en su
expedición de 1908, sufrió un temporal durante el cual la temperatura
llegó superar los 40º bajo cero. La distancia total de la base de cabo
Evans hasta el Polo Sur era de 1.450 km., de manera que,
caminando a razón de 20 km. por día, el viaje de ida y vuelta debía
durar cerca de cinco meses; se calculó que el regreso a cabo Evans
se materializaría a principios de marzo.
Cuando
partieron hacia la Gran Barrera llevaban con ellos todos los
perros y ocho ponys. Dos días más tarde Scott con un grupo de perros
volvió a la nave a través del hielo, a despedir al lugarteniente
Pennell y su tripulación. Éstos, que regresaban a Nueva Zelanda, habían
dejado a Campbell y sus cinco compañeros en algún lugar de la tierra
de Eduardo VII, tal como estaba previsto. Tras regresar a la Barrera
establecieron el campamento con los depósitos, pero a prudente
distancia del borde para evitar cualquier peligro de rotura del hielo.
Llamaron a este lugar Campamento seguro (Safety Camp),
y fue desde aquí que se realizaron los preparativos para el empujón
final al Polo Sur.
Las
primeras dudas sobre la viabilidad de llevar caballos comenzaron al ver
como éstos se hundían en la nieve blanda, que les obligaba a caminar
con gran dificultad y alguno de ellos comenzaba a cojear. Se habían traído
unos calzos de nieve para los animales, pero sólo tenían un juego en
su poder. Se probó a atar a las patas de "Willie cansado" el
par de que disponían y los resultados fueron excelentes, así que
Meares y Wilson se pusieron de regreso a la base a recoger los
restantes. Cuando llegaron a la lengua del glaciar encontraron que el
hielo a lo lejos se había roto, y no había camino para llegar a la
base de cabo Evans. Ambos regresaron entonces a Campamento
Seguro, y el 2 de febrero la expedición continuó adelante con
provisiones para cinco semanas. Atrás quedaron dos hombres, Atkinson
con una herida en el talón, y Crean para cuidarlo. Marchando en dirección
oriental establecieron un depósito que se llamo Córner Camp,
aquí sufrieron la primera ventisca que les confinó en las tiendas
durante tres días. Desde aquí caminaron diez noches hacia el Sur a
establecer su depósito final. Tres ponys empezaban a estar visiblemente
debilitados. Cuando se estableció el campamento nº 11 Scott decidió
enviarles atrás para que empujaran con los demás, mientras él
continuaría con sólo cinco. En los dos días siguientes las
condiciones del tiempo empeoraron, la nieve se hizo pesada y el avance
muy lento. El 17 de febrero Scott decidió regresar sin alcanzar el
paralelo 80º como era su deseo. A 79º 28' Sur, a 142 millas del
campamento base, construyeron una cabaña y depositaron más de una
tonelada de reservas que llamaron Campamento de la Tonelada. Al
cuarto día de retorno, a 12 millas del Campamento Seguro,
Wilson y Meares vieron como los perros de Scott desaparecían uno tras
otro de la blanca superficie, el trineo quedó colgado al borde de una
grieta mientras los perros se balanceaban aullando y forcejeando sobre
un abismo. Dos de los perros se soltaron de sus arneses y cayeron hasta
un saliente. Wilson y Cherry-Garrad acudieron para auxiliar y
arrastraron los perros hasta la superficie con gran dificultad. Abajo, a
unos 65 pies, quedaban aun los otros dos perros gimoteando. Wilson no
estaba de acuerdo en arriesgarse a bajar a por ellos, pero Scott insistió
en descolgarse en la grieta, y balanceándose en el aire con su arnés
consiguió alcanzar los perros y sacarlos fuera. Al día siguiente
llegaron al Campamento Seguro, donde les esperaban
Teddy, Evans, Ford y Keohane, éstos informaron a Scott que sólo tres
ponys sobrevivieron al retorno, los demás habían muerto de
agotamiento. Después de comer algo y descansar unas horas continuaron
camino al campamento base. Scott estaba deseoso de tener noticias de la
expedición de Campbell en la tierra de Eduardo VII.
Cuando
llegaron al campamento base lo encontraron vacío. Una nota en la pared
decía que había una bolsa con correo del Terranova para el
Capitán Scott, pero no encontraron la bolsa ni el correo. Regresaron
entonces al Campamento Seguro, donde hallaron a
Atkinson y Crean con el correo. Había noticias de Campbell que Scott se
apresuró a leer. Según Campbell, el Terranova había navegado
a lo largo de la Barrera de Hielo hasta la tierra de Eduardo
VII, pero les fue imposible desembarcar. Cuando navegaban de
regreso encontraron el 3 de enero a la altura de la Bahía de las
Ballenas, un barco anclado al hielo que reconocieron enseguida como
el Fram de Amudsen.
Curiosamente Campbell, Levick y Pennell desayunaron en el Fram,
y Amudsen almorzó en el Terranova con otros dos compañeros. Amundsen
ofreció dar algunos perros a Scott, y Pennell por su parte llevar el
correo del Fram a Nueva Zelanda. Cuando Amudsen
se acercó al Terranova para almorzar, Raymond Priestly se
sorprendió de como controlaba a sus perros. Al llegar al costado del
buque dio un silbato y el grupo entero de perros se detuvo como uno
solo; colocó el trineo en sentido inverso sobre sus huellas, y
permanecieron allí sin moverse durante todo el tiempo que duró la
comida. El adiestramiento de los perros era impresionante, Amundsen había prestado a los animales tanta atención como a sus hombres. Sobre
el Fram habían construido una cubierta falsa para proteger a
los perros durante las tormentas, y un toldo para los días de sol. La
dieta por su parte era cuidadosamente equilibrada.
Cuando
Scott leyó las noticias escribió: "No hay duda de que el
proyecto de Amundsen es una amenaza muy seria para el nuestro".
No solo los medios bien estructurados de Amundsen preocupaban a Scott, también el emplazamiento que había elegido para
iniciar el ataque al Polo Sur. La Bahía de las Ballenas donde
Amundsen estaba acampado, se encontraba 60 millas más cerca del Polo, que el
estrecho de McMurdo donde se encontraba Scott.
Scott
recibió las noticias sobre Amundsen de buenas maneras, pero muchos de sus compañeros estaban enojados y
deseaban trasladarse inmediatamente a la Bahía de las Ballenas.
Scott se había inquieto por el riesgo que suponía esa zona; gruesos
hielos se rompían cada año de la placa y salían flotando libremente
hacia el mar. Sin embargo, Amundsen se arriesgó al comprobar que la Bahía de las Ballenas que
Ross trazara en 1841, seguía en su sitio cuando Borchgrevink desembarcó en ella en 1900, y cuando
Shackleton la navegó en 1908. Finalmente Scott no consideró razonable modificar
los planes.
A
principios de marzo Scott, Oates, Gran, Bowers, Crean y Cherry-Garrard
continuaron la marcha con cinco ponys a establecer depósitos siguiendo
la ruta del mar de hielo. Apenas comenzar "Willie cansado" se
derrumbó y murió. Mientras, Scott, Oates y Gran quedaban en el lugar.
Bowers, Crean y Cherry-Garrard siguieron con los cuatro ponys
supervivientes y los trineos cargados sobre el mar de hielo bordeando el
cabo Armitage. Cuando los ponys no pudieron ir más lejos
acamparon. Dos horas más tarde se despertaron por un ruido extraño,
cuando salieron fuera descubrieron que el hielo se había resquebrajado;
su campamento era ahora una placa flotante, uno de los ponys había
desaparecido y sobrevivir parecía improbable. La única esperanza era
tomar los tres ponys que quedaban y los cuatro trineos, y saltar de
placa en placa como pudieran para lograr alcanzar la Barrera. Seis horas
pasaron hasta que consiguieron llegar a la Barrera. Usando trineos a
modo de escalera de mano pudieron subir a ella, pero los ponys flotaban
alejados de ellos sobre una placa con las orcas rondándolas. A la mañana
siguiente Bowers vio la placa flotante con los ponys arrimados a un
saliente de la Barrera. Bowers y Oates intentaron alcanzar los ponys, desgraciadamente
uno se derrumbó y Oates tuvo que rematarlo con su hacha. Entretanto,
los otros dos ponys estaban arrimados al borde de la placa. Se tiró de
ellos pero uno no pudo saltar, resbaló y cayó al agua. Hizo intentos
desesperados por incorporarse mientras las orcas se dirigían hacia él.
Bowers, viendo que no había salvación, tomó el hacha y lo mató. Sólo
un pony sobrevivió. La expedición inició las jornadas de
establecimiento de depósitos con ocho ponys; regresaron al campamento sólo
con dos.
Ahora
debían esperar a que el mar de hielo se hiciera firme de nuevo para
continuar hacia cabo Evans. El 11 de abril Scott y la mitad de
la expedición pudieron partir. Cuando llegaron encontraron la base en
buena forma, pero uno de los ponys y otro perro habían muerto. Durante
el invierno tres perros más morirían. El 23 de abril el sol desapareció
en el horizonte hasta agosto. Durante ese tiempo se realizó bastante
trabajo científico en cabo Evans.
Scott
acordó que la fecha de partida hacia el Polo Sur no debería ser más
tarde del 1 de noviembre de 1911. No podían salir antes porque los
ponys no sobrevivirían a las bajas temperaturas.
Los primeros en salir de cabo Evans eran Day, Dashly, Teddy,
Evans y Hooper con los trineos a motor, mientras los otros con ponys y
perros les seguían atrás. Una máquina se paró poco más allá del Campamento
Seguro, mientras el otro tuvo que ser abandonado una milla
después de Córner Camp. Diez hombres, cada uno con un pony y
trineo, componían la retaguardia: Scott, Wilson, Bowers, Oates,
Atkinson, Cherry-Garrard, Wright, Evans, Crean y Keohane. Meares y
Dimitri les seguían con los perros. Cada paso tenía que ser realizado
a pie o con esquíes. Viajaron de noche porque beneficiaba a los ponys.
Al decimoquinto día llegaron al Campamento de la Tonelada.
Existió un cuidado constante de que los ponys aguantaran antes de
llegar a realizar el depósito 20, ya que la razón primordial de optar
por llevar ponys era disponer de carne fresca para la vuelta. El 24 de
noviembre se mató el primer pony. Cuatro campamentos más tarde, el 1
de diciembre, se mató el segundo. Se hicieron depósitos a intervalos
regulares de unas 70 millas. Cada uno contenía comida y combustible
para una semana.
|

|
|
Wilson,
Evans, Scott, Oates y Bowers
|
El
5 de diciembre entraron en una ventisca, por cuatro días permanecieron
confinados en sus tiendas. En el quinto día la ventisca disminuyó lo
suficiente para abandonar el campamento. Once Horas después se mataron
cinco ponys y se realizó un depósito. Dos días más tarde se hallaban
al pie del glaciar Beardmore. Después de instalar aquí un depósito,
Meares y Dimitri iniciaron el regreso con los perros y el correo; Day y
Hooper ya lo habían hecho con anterioridad. El grupo que quedó empezó
a tirar de los trineos hacia la cúspide a 10.000 pies de altura. El
glaciar alcanzaba 100 millas de ancho, y en algunos lugares 40. Los
hombres lucharon tirando hacia arriba, en una nieve blanda en donde se
hundían hasta las rodillas. Algunos sufrieron ceguedad y varios más
cayeron en grietas junto con sus trineos. El 13 de diciembre, el día
que Amundsen alcanzó el Polo Sur, en nueve horas la expedición había avanzado
menos de cuatro millas. Los hombres tiraron al límite de sus fuerzas
pero ahora cuatro de ellos tenían que regresar: Atkinson, Wright,
Cherry-Garrard y Keohane. Los hombres que quedaban divididos en dos
grupos, siguieron adelante con dos trineos y el suministro para doce
semanas de comida y combustible. En el grupo de Scott estaba Oates,
Wilson y Taff Evans, Mientras Bowers llevaba a Teddy Evans, Lashly y
Crean. Siguieron escalando otros 16 días más para llegar a la cúspide
a 10.570 pies de altura. Desde el día de Navidad se realizaron marchas
de catorce a diecisiete millas por día. El 3 de enero de 1912 Scott
escogió cuatro hombres para que siguieran con él al Polo, y envió a
otros tres de regreso.Teddy Evans, Lashly y Crean partían entristecidos
a 87º 32' Sur, a una altitud de 10.280 pies, y 169 millas del Polo. El
6 de enero cruzaron la línea de latitud en donde Shackleton tuvo que
abandonar en 1908. Los siguientes días avanzaron con dificultad. El 9
de enero permanecieron en sus sacos todo el día por una furiosa
ventisca. El 10 de enero reanudaron la marcha, estaban a sólo 97 millas
del Polo. El 13 de enero cruzaron el paralelo 89º. El día 14
comenzaron a descender e hicieron su último depósito de comida para
cuatro días. El día 16 hicieron un buena marcha y calcularon que
llegarían al Polo al día siguiente.
En
la tarde del día 17 de enero de 1912 Bowers divisó algo en la
distancia. Hora y media más tarde se dieron cuenta de que se trataba de
una bandera atada al patín de un trineo. Cerca estaban los restos de un
campamento lleno de huellas de trineos y muchos perros. El Noruego
Amundsen se había anticipado. Scott estaba hundido anímicamente, muchos
pensamientos venían a su mente, y sobre todo, como encarar el regreso;
seguramente sería muy triste, vencidos y cansados.
El
mismo 17 de enero un ventarrón hizo caer las temperaturas a 54º bajo cero. Oates, Evans y Bowers sufrieron congelaciones. La mañana
siguiente encontraron un campamento de Amundsen a dos millas de distancia. Dentro de la tienda había una hoja de papel
con cinco nombres: Amundsen, Olav Olavson Bjaaland, Hilmen Hanssen, Sverre H. Hassel y
Oscar Wisting. La fecha de la nota era el 14 de diciembre de 1911.
Amundsen
había llegado al Polo Sur vía un glaciar que habían llamado Axel
Heiber. El día que Scott llegó al Polo,Amundsen se encontraba a sólo una semana de su campamento de invierno en Bahía
de las Ballenas, a donde llegó el 25 de enero de 1912.
Se
dirigieron siete millas sur-sudeste a una zona que se encontraba a media
milla del Polo, en una altura de 9.500 pies. Aquí construyeron un
soporte donde plantaron la bandera, para a continuación comenzar el
retorno a la base. Les esperaban 800 millas de penoso caminar. El 7 de
febrero alcanzaron la cúspide del glaciar Beardmore y al día
siguiente comenzaron a descender. El 11 de febrero se perdieron, y
empezaron a desalentarse porque no eran capaces de encontrar el
siguiente depósito. Hubo de racionar los alimentos ya que no se estaban
realizando las distancias entre depósitos de manera adecuada, y la
debilidad empezaba a hacer mella. El 16 de febrero Evans se derrumbó y
se tuvo que levantar un campamento. Al día siguiente siguieron viaje,
pero Evans hubo de ser llevado al siguiente depósito con una mirada
desencajada en sus ojos, poco después de medianoche murió.
|

|
|
Oates
avanzando entre la ventisca
|
Después
de descansar unas horas siguieron adelante hasta el depósito que se
encontraba al pie del glaciar, donde dispusieron de carne fresca del
pony que habían dejado allí. Parecieron revivir después de ingerir la
primera comida completa desde que abandonaran la meseta. El 19 de
febrero abandonaron el pie del glaciar. Seis días más tarde alcanzaron
el depósito Sur de la Barrera, aquí descubrieron que faltaba
combustible, seguramente debido a la evaporación por un cierre
inadecuado. En el siguiente depósito a otras setenta millas se detectó
el mismo problema. En estos momentos Oates ya no podía disimular su
dolor, los dedos de sus pies estaban negros por la gangrena. Las
temperaturas eran de -40º F. y la fuerza del viento impedía arrastrar los trineos.
Scott mencionó entonces los perros por primera vez, esperaba que
estuvieran esperándoles en el siguiente depósito del monte Hooper,
pero los perros que guiaban Cherry-Garrard y Dimitri se encontraban en
el Depósito de la Tonelada, a 72 millas del monte Hooper.
El 9 de marzo Scott y sus hombres llegaron al monte pero los perros que
eran su salvación no estaban allí. Entonces discutieron la situación;
anteriormente en cabo Evans debatieron sobre que hacer si se
presentaba una situación como esta. Wilson llevó dosis letales de
morfina y opio en su maletín de medicinas por si fuera necesario en un
momento límite. Scott mandó a Wilson repartir las drogas. Wilson
entregó a cada hombre 30 pastillas de opio. De todas formas el suicidio
iba en contra de sus creencias, sólo las usarían si la situación era
extrema. El 16 de marzo, o quizá el 17, ya que perdieron la noción de
los días, estaban confinados por las ventiscas, se encontraban a sólo
11 millas del Depósito de la Tonelada pero era imposible
salir. Scott pensó en que debían salir aunque murieran sobre sus
huellas, pero no se movieron. Sin combustible y con raciones para sólo
dos días eran conscientes de la certeza de sus muertes. Además, Scott
no podría andar, la amputación de un pie por la gangrena era segura.
Oates se sintió derrotado, dijo que no quería podía y se quedó en su
saco a dormir; más tarde saldría fuera caminando a lo desconocido, sus
compañeros trataron de convencerle de que abandonara esa locura pero no
escuchó, había tomado su decisión para no ser un estorbo en el
retorno con éxito a la base. Scott escribió "Sabíamos que el
pobre Oates caminaba hacia su muerte, pero aunque tratamos de
disuadirlo, entendíamos que era el acto de un valiente caballero inglés".
A Oates no le volverían a ver de nuevo.
El
29 de marzo Scott escribió por última vez: "Creo que no puedo
escribir más. Por el amor de Dios, cuiden de nuestras familias".
En otra hoja garrapateó: "Por favor envíen este diario a mi
viuda". Mientras su cuerpo se iba congelando, Scott pudo sacar
fuerzas para completar doce cartas legibles a su esposa y resto de la
familia, a sus jefes y camaradas de la Armada, a las madres de sus compañeros
Oates y Bowers, así como a la esposa de Wilson. A su esposa Kathleen le
escribió una carta muy sentida en la que lamentaba no estar para ayudar
a sacar a su hijo adelante. Para ella tenía palabras de consuelo con
deseos de que rehiciera su vida y fuera feliz. Finalmente escribió al público
explicando que el desastre de la expedición no fue debido a una mala
planificación, sino a un tiempo desastroso acompañado de la mala
suerte, así reconocía: "Iniciamos la expedición conociendo
los riesgos y los asumimos. Las cosas salieron en contra nuestra. Ahora
no tenemos ninguna queja", en otro punto aclaraba:
"Cada detalle de nuestros suministros, ropa y depósitos fue
llevado a la perfección. No hemos finalizado con éxito por un estrecho
margen, que estaba justificado dentro de los riesgos".
El
12 de noviembre Atkinson, Jefe de la patrulla de búsqueda, halló la
tienda enterrada en la nieve. Los tres hombres estaban en sus sacos de
dormir. En el izquierdo estaba Wilson con las manos cruzadas sobre su
maletín, en el derecho estaba Bowers envuelto en su saco. Parecía que
ambos habían muerto plácidamente, como en un sueño. Pero Scott tenía
la mitad de su cuerpo fuera del saco, con un brazo estirada hacia
Wilson. Estaba congelado con la piel amarilla. Atkinson se hizo cargo de
los diarios y cartas, hizo una ceremonia funeraria y leyó un pasaje de
los Corintios, finalmente se cantó el himno favorito de Scott
"Adelante soldados cristianos". Se desmontó la tienda
sobre los cuerpos, se cubrió de montones de nieve y en lo alto se
colocaron dos esquíes cruzados. Aquí, en el lugar llamado Colina
de la Observación, quedarían hasta que un día la rotura de la
barrera les hiciera flotar, encontrando el descanso final en algún
lugar del mar. Atkinson continuó la patrulla siguiendo los pasos de
Oates en su deambular sin rumbo buscando la muerte. Encontraron su saco
de dormir pero nada más. Cerca del punto donde supusieron que había caído
erigieron una cruz con una inscripción.
LA ULTIMA CARTA DE SCOTT
"Las
causas del desastre no son debidas a una organización defectuosa de la
expedición, sino a la mala suerte en todos los riesgos que teníamos
que correr.
1º-La
pérdida de los ponies ocurrida en Marzo de 1911 me obligó a partir más
tarde de lo que había decidido en un principio y a llevar una cantidad
de víveres menor a la prevista,
2º-El
mal tiempo a la ida, sobre todo la larga tormenta que padecimos en los
83º de latitud, retardó nuestra marcha.
3º-La
nieve blanda en las regiones inferiores del glaciar hizo nuestro avance
aún más lento.
Con
energía hemos luchado contras esas circunstancias imprevistas y las
hemos vencido, pero a costa de nuestros víveres de reserva. Las
provisiones, la ropa y la organización de la hilera de depósitos
establecidos sobre la meseta, como sobre toda la ruta del Polo, de una
longitud de 1300 km., han sido totalmente satisfactorias.
Nuestro
grupo habría regresado al glaciar Beardmore en buen estado y con un
suplemento de víveres si no se hubiera producido el desfallecimiento
sorprendente de Evans, aquel de entre nosotros que creíamos más
resistente.
En
buen tiempo el glaciar Beardmore no es difícil de atravesar, pero a
nuestra vuelta no tuvimos una sola jornada verdaderamente buena y la
enfermedad de nuestro compañero agravó aún más la situación.
Como
ya he dicho, nos aventuramos en una región del glaciar extremadamente
accidentada y, en una caída, Edgar Evans sufrió una conmoción
cerebral. Murió de muerte natural. Su desaparición dejó a nuestro
equipo debilitado en el momento en que un invierno precoz se cernía
sobre nosotros.
Pero
todo esto no es nada en comparación con lo que nos esperaba en la
barrera. De nuevo afirmo que las disposiciones tomadas para asegurar
nuestra retirada eran adecuadas y que nadie habría podido prever, en
esta época del año, las temperaturas y el estado de la nieve que
nosotros encontramos. En la meseta, entre los 85º y los 86º de latitud
tuvimos -28ºC. y -34ºC.; y en la barrera a 82º de latitud y una
altitud de 3.000 metros la más baja, experimentamos generalmente -34ºC.
durante el día y -44ºC. durante la noche, con un perpetuo viento en
contra durante las marchas. Estas circunstancias se han producido en
cierto modo de improviso y nuestro fracaso es debido a la llegada súbita
del mal tiempo, fenómeno del que parece imposible descubrir la causa.
Jamás seres humanos han sufrido tanto como nosotros en este último
mes. A pesar del frío y del viento habríamos logrado pasar si no
hubiese sobrevenido la enfermedad de un segundo de nuestros compañeros,
el capitán Oates, si no hubiese acontecido la disminución inexplicable
del combustible contenido en los depósitos y, en fin, sin este último
huracán. Nos ha detenido a 11 millas del depósito donde esperábamos
hallar los víveres necesarios para la última parte del viaje. ¿Alguien
tuvo jamás peor suerte?. Hemos sido detenidos a 11 millas del One Ton
Camp, con víveres para solo dos días y combustible para una sola
comida. Desde hace cuatro días nos ha sido imposible salir de la
tienda: el huracán brama a nuestro alrededor. Estamos débiles apenas
puedo escribir. Sin embargo, no lamento haber emprendido esta expedición:
ella demuestra la resistencia de los ingleses, su espíritu de
solidaridad, y prueba de como saben mirar la muerte con tanto valor hoy
como ayer. Hemos afrontado riesgos, sabíamos de antemano que íbamos a
correrlos. Si las cosas se han vuelto contra nosotros, no debemos
quejarnos, sino inclinarnos ante la voluntad de la Providencia,
resueltos a hacer todo lo que podamos hasta el final...
Hemos
vivido, me gustaría tener una historia que contar sobre la fortaleza,
resistencia y valor de mis compañeros que removería el corazón de
todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos,
contarán la historia..."
Carta
de R.F.Scott al pueblo de Inglaterra.
|