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 AL RESCATE DE NUESTRA HISTORIA CINEMATOGRÁFICA

 Otro modo de luchar por la memoria

 Entrevista de Andrés Manrique y Esteban Ierardo

 

Imagen del subsuelo de la Escuela de Cine (ENERC) dependiente del Instituto Nacional de Cinematografía, en Argentina, antes del inicio de la labor de rescate y restauración fílmica.

  Hasta antes de que este grupo de amantes apasionados del cine se ocupara del archivo histórico cinematográfico de la Argentina, "esto era tierra de nadie", confesó preocupado Octavio Fabiano, coordinador de la Asociación para Apoyo al Patrimonio Audiovisual de la Cinemateca Nacional (Aprocinain). Desde fines del año 2000, esta asociación sin fines de lucro está trabajando para rescatar nuestra memoria fílmica que ha padecido años de olvido. Ahora, Temakel se sumerge en los subsuelos del Instituto Nacional de Cinematografía (en esquina de Moreno y Salta en la Ciudad de Buenos Aires) para conocer y difundir el trabajo de rescate, restauración y mantenimiento que desempeña la Asociación civil.    
    Cientos de historias se traman en el telar de un largometraje. Expectativas, combinación de artistas y técnicos, equipos, anhelos y esfuerzos, de modo elíptico o directo, manifiestan retazos del pasado. Una cosmovisión que se pierde si la película que es de material orgánico y sensible no está bien conservada o si se la abandona en un archivo. Cada plano es una forma única de mirar. Cada toma, una postal. Cada escena, un álbum en actividad. Cada película, un historia-documental. 
    Octavio Fabiano y dos de las colaboradoras nos cuentan en qué consiste el trabajo e invitan al que estuviera interesado en formar parte de este equipo, pues todo tipo de ayuda es bienvenida.  

A.M


 
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* Todas las fotos presentadas arriba ilustran el material fílmico existente en el subsuelo de la Escuela de Cine (ENERC) dependiente de la Instituto Nacional de Cinematografía de Argentina, antes del inicio de la labor de rescate y restauración fílmica. Fotografías suministradas por Octavio Fabiano.  Las siguientes imágenes incluidas en el texto de la entrevista, las de Octavio Fabiano y sus colaboradoras y  las que muestran el material fílmico que actualmente está siendo restaurado en la Escuela de Cine (ENERC) dependiente de la Instituto Nacional de Cinematografía en Argentina, pertenecen a  ©  Andrés Manrique.

   Temakel: ¿Cómo fueron los comienzos del presente trabajo de restauración que están desarrollando en la Escuela de Cine (Enerc) dependiente del Instituto Nacional de Cine aquí, en Argentina?

   Octavio Fabiano: Esta historia empieza con la ley 25.119 (conocida como la ley Solanas) que es quien la impulsa, pero como había que llevarla a la práctica decidimos conformar una asociación. De ahí que pusimos una comisión directiva con actas en las que fijamos un programa de trabajo.   
    Viendo el atraso, en 2001, organizamos una asociación civil sin fines de lucro que hemos llamada Aprocinain y a partir de fines de agosto de ese año bajamos acá (subsuelos de la Escuela de Cine (Enerc) del Instituto de Cinematografía Argentina).La iniciativa surge de la Asociación de directores y fotógrafos que hace una serie de charlas acá en la escuela. La cuestión tuvo dos etapas, la primera fue la de la asociación y cuando asumimos la responsabilidad de coordinar la tarea de salvataje se avisó a
todos los alumnos de la escuela para que colaboraran. Primero se pidió al Instituto el permiso para que nos prestara este espacio –el subsuelo de la Escuela- y ponerle manos a la obra. Nosotros pensábamos que aún sin presupuesto, con voluntad de trabajo y con la ayuda de los chicos de la escuela se podía hacer una movida para evitar que las películas se siguieran perdiendo, porque se han perdido muchas. No había mejor mano de obra que los chicos que estudian cine. Con la primera convocatoria se acercaron treinta, de los cuales quedaron las mosqueteras que son seis. Igual hay unos free-lance que vienen de vez en cuando y en total deben ser unos diez.

   T.: -¿Se sabe cuántas películas se han perdido?

   O.F.: -No hemos logrado aún establecer el cálculo exacto de la cantidad de películas perdidas, pero estamos trabajando en el inventario real de cine argentino que no se ha terminado todavía porque hay gente que esconde información. De todos modos hay estimaciones generales. Aún no podemos hacer el trabajo fino porque perdemos el resto. Entonces el trabajo es la emergencia. Tenemos que sacar a las películas del agua. Hay que mojarse. Acá hay que ponerse el mameluco, mover tierra, mover latas y para llegar a proyectarla, último paso, pueden pasar cuatro años.

   T.: -¿Cómo serían las etapas de restauración?

   O.F.: -La restauración es lo último, si bien ya la hemos hecho con algunas películas que necesitamos para poder salir y mostrarnos. De ahí que restauramos Mosaico criollo, el primer ensayo sonoro en la historia del cine, de 1929, que estaba en nitrato con el sonido grabado en discos y que a la vez contiene el primer tango cantado de la historia cinematográfica local.  
-Y la labor -contesta Georgina, una de las mosqueteras- al principio era abrir latas que después se clasificaban y se las iba acomodando en los estantes y completando, de a poco, películas que ni coleccionistas tienen.

   T.: -¿Qué otra película han rescatado de la perdición?

  O.F.: -Hemos rescatado Gritos y Susurros. Encontramos un negativo de la cual se hizo una copia de El ciudadano. Una noche en la ópera, de los hermanos Marx. Esta tierra es mía que es una película de 1957 filmada en Cinemascope. Eso fue un gran hallazgo. Se encontró una copia nueva de Invasión de Hugo Santiago. De todo el material encontrado hemos elegido ocho películas, de las cuales cinco son negativas y tres positivas, pues hicimos un convenio con Stagnaro para hacer copias nuevas de ese material y hacer la primera Muestra de Cine Recuperado acá en la Argentina. Allí también proyectaremos dos documentales: uno que está terminado y se emitirá en canal 7 el domingo y el otro que está por terminar.

  T.: -A ver, Ana Obeid, comentanos un poquito sobre el documental que hiciste.
 A.O.: -La idea surgió cuando el profesor de historia del cine nos comentó sobre este proyecto. Primero me acerqué porque quería colaborar y allí surgió la idea de hacer el documental, pero antes de hacerlo estuve trabajando para entender un poco de qué se trataba. El documental consistió en reflejar el trabajo que se está haciendo, el modo artesanal en que se hace y recrear lo que podría hacerse actualmente con nada de plata; apenas con una maquinita muy artesanal: limpiar, humectar las películas, airearlas. Cuando se encuentran todas las latas de una misma película se empieza por airearla y luego a ponerla en movimiento.

   T.: -¿Cómo es el rescate para su posterior preservación?

  O. F: Tenemos una síntesis clara, concreta y decidida. Como son tantas latas no hay manera. Entonces la constitución de este equipo es de fierro. Hay veces que yo les tengo que decir que paren, que administren su fuerza porque como esto no termina acá. Acá hay un trabajo de años. Entonces la fuerza hay que administrarla porque tenemos que durar y no sirve para nada si no lo terminamos. Pero si esto continúa, aún en las condiciones materiales paupérrimas, hay una mínima garantía de subsistencia hasta que aparezca la reglamentación de la ley y el presupuesto. Estamos presionando y ya para cuando aparezca todo esto las chicas van a ser especialistas.

   T.: -¿Y cuántas películas hay aproximadamente?

   O.F.: -Unas 20 mil; ahí atrás estaban apiladas unas sesenta mil latas. Todo estaba tirado por acá y detrás de esas cajas -señaló una montaña de cajas de tres metros de altura- estaban tiradas. Eso está bastante claro en uno de los cortos. Las latas estaban dispersas por el Instituto pero la mayor parte estaba acá abajo.

   
 
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  * Estas fotos y todas las que acompañan el texto de la entrevista son de Andrés Manrique.

  T: -¿Cómo fue el encuentro con estos miles de películas abandonadas?

   O.F: -En principio, no sabíamos. Nosotros bajamos a ver esto que estaba mínimamente ordenado, dentro de las limitaciones, con esas estanterías nuevitas, así lindas. Y estando acá con el titular, Oliverio que es el encargado de manejar la cinemateca y fue el que nos abrió y mostró, cuando estábamos hablando nos dijo que por ahí atrás había más latas tiradas. Él es uno de los tres que se ocupan de todo el tráfico de películas del Instituto y no dan abasto, no pueden venir acá. Además, cuando se hizo la inauguración de la Escuela, en época de Marbis  se ocultó toda la basura debajo de la alfombra; entonces nos trajo y nos mostró eso. Y ahí apareció toda esa cantidad de latas, muchas de las cuales pertenecían al laboratorio Alex que, al cerrar el establecimiento se arrojaron en varios containers que se los envía al cinturón ecológico porque nadie las quería. A alguien, con cierto instinto, se le ocurrió mandarlas al Instituto. Y estas fueron guardadas en el sótano, pero hay muchos containers que ya se han vaciado como relleno de tierra en el cinturón, tanto del  laboratorio Alex como de otras Compañías, porque las películas se tiran.

   T.: -¿De qué otras partes vienen las películas que ustedes encontraron acá abandonadas?

   O.F: -Algunas habían quedado en Aduana, porque nunca se retiraban. Entonces las mandaban al Instituto, pero como el personal estaba aplicado a las películas que por ley cada productor tiene que colocar en el depósito legal del Instituto que es el que luego se utiliza para las muestras, estas que llegaron por otras vías quedaron arrumbadas.

  T.: -¿Cómo es el trabajo de rescate, punto por punto?

  O.F: -El primer trabajo consiste en una selección. Tomar lo que está peor y ver qué se puede rescatar. A partir de ahí vamos separándolas y uniendo cada copia, porque están todas mezcladas. Un largometraje ocupa entre cinco y ocho latas y si son de rollo corto pueden ocupar hasta doce latas. Mientras unimos cada copia hacemos la tarea llamada de aireación, que es elemental. Consiste en sacarle el polvo y modorra de sus años de encierro, hacerla respirar. La invertimos para que el material trabaje y vaya recuperando sus formas, porque una película tiene que usarse. Una película que se exhibe por lo menos una vez al año tiene muchas más probabilidades de sobrevida que aquella que queda parada, aún en las mejores condiciones. O sea, una película es orgánica y necesita ser proyectada porque la cinta se endurece si no se proyecta. Cuando se la proyecta va recuperando su tersura, va recuperando su elasticidad, su vitalidad. Después del aireado viene el momento de limpieza, luego el de arreglo si se encuentran roturas, dónde aún no hemos llegado porque ahora estamos en la etapa de urgencia, de sacar a todas las películas de las pilas donde estaban depositadas. En este momento estamos tomando aquellas películas que se guardaron sin ningún tipo de pericias, donde encontramos cosas confundidas y mal guardadas.

   T.: -¿Cómo hacen para identificarlas?

  O.F: -Por experiencia hay cosas que identificamos rápido, pero como es imposible conocer todo el cine de la historia argentina y no hay tiempo físico, en este momento, la tarea de identificación es secundaria. De hecho, yo a veces cuando veo que se dedican a otras cosas las paro, porque si nos ponemos a ver cada película que encontramos no terminamos más. Como somos un grupo chico no tenemos tiempo. De todos modos, cada tanto, nos damos un respiro y hacemos un recreito en el que vemos alguna.
   T.: -¿Cuánto trabajan por semana?

   O.F: - De lunes a viernes cuatro horas por día, lo que no quiere decir que todos tengan que trabajar lo mismo.

    

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Octavio Fabiano, en el centro, junto a dos de sus colaboradoras.


   T.: -¿Y esto es totalmente ad honorem?

   O.F: -Totalmente. Hubo una primera aproximación donde se nos compraron herramientas: unos overoles y algunos elementos de limpieza que ya se acabaron. En enero se suponía que iba a destinarse un presupuesto, pero bueno, ahora a nadie se le ocurre reclamar dónde no se puede.

   T. : -¿Qué pasa con las películas del interior?

   O.F.: -A partir de una nota que nos hizo TELAM, difundida por diferentes medios del interior, hubo gente que nos llamó para enviar el material. Y compartimos el viático y presupuesto de fletes. Por esas vías nos llegaron más de cien películas y estamos también nominándolas y archivándolas. Asimismo, dedicamos parte del tiempo incorporando elementos de salida para muestras y formas de difusión para darnos a conocer y que el que quiera pueda acercarse a darnos una mano. Como fueron los casos de restauración que antes nombrábamos de Mosaico Criollo o el de Nobleza Gaucha, película que data de 1915 y fue pionera en ser el primer éxito nacional en largometrajes de ficción. De esta última encontramos una copia incompleta donde no hubo restauración, sino reconstrucción a través de una trabajo de investigación con el que se consiguieron fotos fijas que se filmaron. Esto se exhibió en el Centro Cultural Borges hace dos meses y lo pensamos volver a exhibir.  
  

   T.: -¿Y qué se sabe de la historia del cine mudo nacional?

  O.F: -Se estima que un 90 por ciento del cine mudo argentino se ha perdido. Deben quedar cinco o seis largometrajes y algunas cosas cortas, de las doscientos y pico de películas que se filmaron en ese período. De todos modos estas son todas cifras estimativas porque aún no existe el inventario. Quizá haya copias guardadas por ahí en manos de coleccionistas privados. De las tres mil películas realizadas en toda la historia del cine argentino, desde 1933, deben quedar unas dos mil, si las hay. El resto se ha perdido. Y hay más películas en algunas Universidades extranjeras que acá. De hecho, si querés hacer algún documental sobre la argentina tenés que ir afuera (por ejemplo a la cinemateca uruguaya) porque vas a encontrar cosas del país que acá mismo ya no están.

 

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo