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DRÁCULA,
VAMPIRISMO, Y LA ALIANZA NOCTURNA
Por
Esteban Ierardo
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Drácula
(Gary Olman) en la versión del conde vampiro de Francis. F.
Coppola. |
La amplia saga cinematográfica sobre el conde
procedente de Transilvania, expone a Drácula y al vampirismo a ser
reducido a un
avatar fundamental del género del terror, y de la cultura de
entretenimiento. Lejos de esta mirada reduccionista respecto al rey
de los vampiros, en el vampirismo, en su vínculo con la sangre, en
su condición fronteriza entre la vida y la muerte, se disfraza un
pensar que contiene y busca la superación del conflicto entre lo
vivo y lo muerto. En el ensayo que aquí
acometemos, primero rescataremos a Vlad Tepes, matriz histórica del
Drácula vampiro que vive en la novela victoriana de Bram Stoker. Y
pensaremos la refundación fílmica
de la novela y el personaje vampiresco en la versión de Coppola; la
dimensión simbólica y arcaica de la sangre y los ritos funerarios; y la posible alianza
nocturna, no evidente, entre la avidez erótica y el regreso
desesperado a una vida perdida.
E.I
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DRÁCULA,
VAMPIRISMO, Y LA ALIANZA NOCTURNA
Por
Esteban Ierardo
I
Hacia la noche...
La luna. La noche.
Entre la oscuridad y los rayos de plata, el bosque. Los dedos de
madera entrecruzados de los árboles. Y los lobos que aúllan entre piedras y
arroyos. La tierra se pliega en un promontorio rocoso, en cuya cima reposa el castillo. Entre los muros, el
silencio se vierte en el aire. Aire y niebla.
Delgados penachos neblinosos sobre la tumba, supuestamente sellada
para nunca recibir la brisa del mundo de los vivos. Pero entonces la
tapa se sacude. Las muchas sacudidas desnudan el féretro...
Y la Presencia....es
otra vez presente como sombra sin sombra, o como avidez de unos dientes afilados.
La Presencia, es de nuevo presente, como una pasión sanguínea, como la embriaguez de la
lujuria, o el secreto de la muerte que aún no muere...
Y el Rey de la verdad
nocturna roza muebles y puertas. Traspasa umbrales. Mira, como en todos sus despertares nocturnos, los estandartes,
armaduras y espadas. Los signos de viejos tiempos de tormentas
bélicas. Los últimos ecos de las batallas donde el Señor Nocturno, descendiente
szelker de Atila, se incendió en coraje guerrero.
Y aire y niebla
desenrollan la capa de la Presencia, del vampiro...
El Señor ha renacido
en la vida que escapa. Pero no totalmente...
A través de una
ventana del castillo, observa su patria: el bosque abrazado de
penumbra, el lobo, el murciélago, la rata, el agua y la madera que
saben lo que ningún humano presiente...
Y desde el laberinto
de los árboles, se empina el aullido, incisivo: la bienvenida al Señor de las criaturas que saben que la
vida se aleja. Ella nunca entregará plenamente su secreto. Pero se
acercará sólo por la veneración (que los habitantes del día,
ciegos confundidos, confunden con la necesidad y la desesperación).
La veneración por el sagrado líquido de las venas, y por las
antorchas del eros que se reencienden. Cuando Ella se acerca...
Y el Señor de las
criaturas nocturnas descansa de su intuición solitaria del ser,
durante el día, cuando la luz dispersa y aligera. Y es como si el
conde transilvano no hubiera recibido todavía la estaca. Drácula, personaje
dramático y simbólico, aún escucha el saludo de las criaturas que
leen lo que no lee la razón, enferma por el hábito de la explicación
lógica de todo. Los seres nocturnos leen textos y figuras en hojas que flotan en lo oscuro.
Lectura de la letra de un pensar de la noche (distinto al modus cogitandi
diurno y aristotélico). En lo nocturno, el pensamiento sólo
recorre galerías y escaleras por actos de hermenéutica simbólica.
Donde el símbolo es el poder premoderno de revelar significaciones mediante
figuras visuales,
sensibles. En el teatro de las figuras vampíricas late algo más
que un personaje de capa negra e incisivos amenazantes creado, para
algún desprevenido, por la industria hollywoodense. Detrás de la supervivencia vampírica se pliega algo más que una difusa
superstición procedente del folklore rumano o de la ignorancia. Se
puede presentir algo más que el atribulado vampiro de la versión
victoriana de Stoker, y que también
nutre de argumentos a una larga saga cinematográfica de terror y
entretenimiento.
El estado vampírico es
situación simbólica de numerosos sentidos: el vínculo entre
la vida y su problemático pasaje hacia la muerte; la dualidad
día-noche y la presunta lucha heroica de lo luminoso contra lo
oscuro; la ambigüedad de la sangre, expresión de la muerte, o de un
autoritarismo violento; pero, a la vez,
imagen estimulante de la revitalización, del revivir de la vida que
se aferra a sí misma (y que niega a la muerte) por la temperatura
erótica, por la llamada del placer. Como fuerza regeneradora del bios.
Bios perturbado por la presencia o inminencia de lo muerto.
En el ensayo que aquí
acometemos, primero rescataremos al Drácula histórico, matriz de
la figura simbólica vampírica, y su creación en la novela victoriana de Bram
Stoker; atenderemos a la refundación fílmica
de la novela y el personaje vampiresco en la versión de Coppola. Y
estos y otros senderos como parte de un explorar la alianza nocturna,
donde eros y sangre se unen en un magnético llamado
de regreso. A la intensidad vital...
II
El personaje de la
historia
Siglo XV. Los países
balcánicos se hallan bajo la sombra opresiva del imperio otomano.
El sultán Mehmet II conquista Constantinopla en 1492. La Europa
cristiana resiste la expansión musulmana bajo la autoridad de
Federico III, Emperador de Alemania y Austria, y de su
sobrino Matías Corbino, su vasallo, Rey de Hungría. En el norte
del Danubio se extiende Transilvania ("el país más allá del
bosque"), la antigua Dacia; y, al sur, Valaquia y Moldavia. En el norte viven sajones. Pero
en la región transilvana se agrupan los szeklers.
En Valaquia se inicia
la dinastía de Basarab I (1320). En la sucesión de esta línea
dinástica irrumpe Vlad Dracul I. Dracul ( y su deformación
Drácula) provendría de la Orden del Dragón (Societas draconistarum),
creada en 1408 por el emperador Segismundo de Luxemburgo mientras
era aún rey de Hungría; o del latino draco, (equivalente al
rumano drac, diablo). Dracul es traducible entonces como
"diablo", y Drácula (Draculea) es "hijo del
diablo". Pero en valaco diablo (adjudicado posteriormente al Drácula
histórico y al personaje novelesco victoriano de Stoker) alberga varias
significaciones superpuestas: 1) hombre de coraje; 2) responsable de
actos crueles; 3) hombre de especial habilidad.
Dracul se relaciona a
su vez con el vocablo eslavo antiguo drukol: "lanza",
que se deriva en kolu: "palo, pico". Y en rumano es teapa, del que surge el
apelativo Tepes, que se le impondrá a Vlad Dracul III: Vlad III o
Vlad Tepes, "el Empalador". Con el Drácula histórico
también se asocia la denominación voievod,
"príncipe-comandante". Para un libelo anónimo, Vlad Drácula,
Vlad III (1436-1476) es un tirano más cruel que Nerón o Diocleciano. En este texto se
narra con meticulosidad sus empalamientos. Tortura creada por los
asirios. En su versión primera, el palo o pica aguda, luego de su
adentramiento por el ano, mata de modo veloz a sus víctimas. Dracul
"perfecciona" el castigo al untar con grasa la pica asesina, de modo
que ésta sale por la boca sin afectar los órganos centrales. La
muerte se produce así por hambre y sed, mientras los ojos son
comidos por los cuervos.
Hubo otros grandes
tiranos sanguinarios. Pero Nicolás Machinense, obispo de Modrussa (Dalmacia)
conoce al príncipe de Valaquia en la corte de Buda, centro del
reino de Matías Corvino, y recoge relatos que presentan a Vlad III
como dechado de máxima crueldad:
"El rey relataba,
y lo confirmaban los secretarios presentes durante esta
descripción, que 40.000 personas de ambos sexos y distintas edades,
pertenecientes a la facción enemiga, habían sido liquidadas por
orden de Vlad poco tiempo antes, merced a los suplicios más
refinados. Algunos han muerto aplastados bajo las ruedas de los
carros; otros, desnudos, se les arrancó la piel hasta las
entrañas; otros fueron empalados por la cabeza, el torso, el
ombligo; otros por sus asentaderas (lo cual es vergonzante siquiera
relatar) y por entre las vísceras; y en aras de que ninguna forma
de crueldad faltara, él plantaba picas en los senos de las madres y
allí empalaba a sus pequeños; finalmente, los mataba de otras
maneras más terribles, en primer lugar torturándolos con distintos
tormentos que haya podido inventar la atroz crueldad del más
abominable tirano" (1).
Es muy difundido un
grabado que presenta a Drácula frente a una mesa, disfrutando de
una comida, cerca de sus víctimas empaladas.
En las campañas
contra el turco, Vlad III muestra especial arrojo. Emprende primero
una osada campaña al sur del Danubio. Temerariamente, cruza con sus
soldados este río en invierno, con sus aguas congeladas. Divide a
su ejército en varios cuerpos. Y acomete una acción de
sistemática devastación. Destruye toda ciudad turca o búlgara que
encuentra en su camino. Vlad busca surtir un drástico efecto psicológico en sus enemigos, y alejar de la frontera sur de su reino
a la población que brinda apoyo logístico a los turcos mediante
guías, alimentos, asesoramientos sobre caminos. Más de veinte mil
víctimas perecen al paso feroz del príncipe valaco. El mayor daño
hasta ese momento contra los otomanos.
Pero la maniobra de
intimidación no es suficiente para hacer recular a los turcos. En
1462, Mehmet II en persona organiza el ejército más poderoso luego de
la toma de Constantinopla para hostigar la región balcánica.
Alrededor de 80.000 mil hombres y una importante flota. Si bien la
campaña tiene probablemente uno de sus objetivos en Belgrado, la
fuerza principal de choque traspasa el Danubio y se adentra en
tierras valacas. Vlad pone a resguardo a las mujeres y convoca al
ejército a todos los hombres de más de doce años. Reúne una
fuerza de cerca de treinta mil miembros. Conciente de su
inferioridad militar, intenta compensarla parcialmente mediante un
golpe sorpresa: un ataque nocturno al campo turco en la noche del 17
al 18 de junio. Disfrazado de mercader, y valiéndose de su manejo
de la lengua de sus enemigos (2), realiza espionaje durante el día
para detectar las tiendas del sultán y darle muerte durante su
ataque relámpago. Al arengar a sus soldados, Dracul ruge:
"¡Que aquel que piense en la muerte no venga conmigo, y
permanezca aquí!". Con el estímulo marcial de los cuernos y
la luz temblorosa de antorchas el voievod y sus hombres atacan
con fiereza letal. Causan numerosos muertos entre hombres y animales;
pero Vlad confunde la tienda del gran sultán y no puede cumplir su
objetivo principal.
La masiva difusión de
la crueldad de Drácula da una excusa a Matías Corvino para
despojarlo de su autoridad y retenerlo en el exilio durante trece
años en Buda. Corvino lo habría retirado del poder no por un celo u
horror cristiano ante su violencia desaforada, sino por
los intereses políticos coyunturales que lo ocupan. El rey de Hungría
se halla especialmente interesado en lidiar con su tío Federico,
para despojarlo de su corona. Para ello
debe concentrarse en sus preocupaciones internas y acordar con los
turcos una situación de equilibrio. Drácula, por su temperamento
volcánico, es un escollo para el impasse. Cuando las circunstancias cambian, cuando la amenaza otomana es demasiado
apremiante como para ignorar su impulso expansivo, el rey de
Hungría no vacila en devolver a Drácula a su libre y guerrero
galopar. En una nueva campaña, obtiene algunos éxitos parciales.
Pero muere durante la borrasca bélica. La tradición sugiere dos
desenlaces finales del vehemente Dracul. Una versión afirma que es
traicionado por uno de sus hombres, comprado por los turcos. Durante
la barahúnda de la batalla, el pérfido se habría aproximado por
las espadas del voievod para decapitarlo por sorpresa. La
otra versión dice que al contemplar una nueva ejecución masiva por
empalamiento desde lo alto de una colina, Vlad III es confundido por
sus propios guerreros con un enemigo, y es traspasado entonces por una
catarata de lanzas.
Luego de su muerte,
arrecian los textos anónimos que refieren las crueldades reales o hipotéticas
del príncipe valaco. Pero, también, Vlad III motiva diversos
paradigmas interpretativos de su acción de gobierno. Para los
sajones alemanes, el vasallo de Corvino es el tirano por excelencia. En 1463, comienza a circular un panfleto en
alemán, un libelo que antes mencionamos: Historia del voievod Drácula, donde se relata su
polimorfa máquina de vejación y crímenes (3).
Fuerte vigor le
confiere a la propagación de las atrocidades reales o imaginarias
del antepasado histórico del Drácula literario, el trovador alemán
Miguel Beheim (1416-1474). Luego de su participación como
mercenario en varias guerras, en su composición Un tirano
llamado Drácula, voievod de Valaquia, canta en versos la leyenda del líder valaco: "E igualmente hizo
empalar a los inocentes. A las madres les quitó los niños, que
hizo asar y se los sirvió como alimento..." (4).
Para los rusos, Vlad
III es ejemplo de un político eficaz. En 1482, un enviado de Iván
III a la corte de Corvino, Teodoro Kuristin, luego de recoger y
estudiar diversos testimonios sobre el voievod, escribe un documento
remitido a su rey, en el que exalta las bondades políticas de
Dracul. Pondera su ecuanimidad en la aplicación de los castigos.
Nadie que cometiese un delito, por más rico que fuese, se salvará
de la pena capital. Dracul empala en ocasiones a embajadores
débiles o incapaces enviados por el sultán; pero no por puro
sadismo sino como demostración de poder.
El historiador griego
Calcondillas piensa la política de Vlad III como proyección de un
soberano cruel, pero cimentada por un proyecto político de
principios sólidos: 1) aniquilar la vieja aristocracia, tornadiza y
acomodaticia; 2) crear una nueva nobleza con "soldados y
custodios valerosos". La crueldad de Vlad es ríspido y
sangriento engranaje dentro de la plasmación de un deliberado plan
político.
Para los griegos y
rumanos del siglo XIX, Vlad III es modelo de patriota liberador.
Sus crueldades se extravían entre los aullidos de una tormenta
lejana. Lo que se recuerda y exalta es su bravura contra el sable
corvo y los estandartes musulmanes. Las cataratas sangrientas que lo
acompañaron fluyen en segundo plano, en su lucha contra la
opresión.
Pero en el
retrato del voievod sangriento, aún no
asoman los colmillos de luna, noche y lascivia del vampiro.
III
La génesis de una
novela victoriana
En 1890 Bram Stoker
tiene 43 años. Es matemático, egresado de la Universidad de Dublin.
En Londres, se convierte en secretario del Lyceum Theather.
Aquí actúa su admirado actor, célebre continuador del teatro
shakespereano: Henry Irving.
Luego de
la muerte de Stoker se
difunde su supuesta pertenencia a la Hermetic Order of the Golden
Dawn, sociedad secreta esotérica de astrología y magia ritual,
fundada en 1888, y a la que pertenecen destacados personajes de la
cultura, como William Butler Yeats, Algenon Blackwood, Arthur
Machen, y el más exaltado Aleister Crowley. Una afiliación que
nunca se demostró (5).
El 7 de marzo de 1890
es visitado por una particular pesadilla, que devendrá luego en la
génesis de la futura novela. En el sueño, primero
advierte una langosta que se lanza hacia él. Pero, más importante,
en una segunda secuencia, observa a unas muchachas y un joven. Las
mujeres no lo quieren besar en los labios sino en la garganta. Irrumpe entonces un viejo conde que le advierte a las jóvenes:
"Este hombre me pertenece...".
El sueño se reproduce
en el Diario de Jonathan Harker. Las mujeres quizá se inspiran en
las brujas de Macbeth. Stoker decide escribir una novela
cuyo protagonista sería el conde Wampyr. Conoce entonces a Arminius Vambery.
Un orientalista húngaro que recorre Asia y que, finalmente,
dictará lenguas orientales en una cátedra que se le crea en la
Universidad de Budapest. Para Arminius los szeklers (habitantes del
norte de Transilvania) son descendientes de los hunos de Atila.
Luego, en el Diario de Harker, casi en el comienzo de la novela, el
agente inmobiliario aclara: "La población de Transilvania la
forman cuatro nacionalidades diferentes: en el sur, los sajones y,
mezclados, con ellos, los valacos que descienden de los dacios; al
oeste, los magiares, y en el este y el norte los szeklers. Yo voy al
encuentro de uno de estos últimos, que pretende ser descendiente de Atila
y los hunos" (6). En el capítulo III, en una nueva entrada al
Diario de Jonathan Harker, el conde Drácula en persona confirma su
pertenencia a la etnia descendiente del guerrero que no dejaba
crecer la hierba tras su paso: "Nosotros, los szeklers, tenemos
derecho a sentirnos orgullosos..."; y esto porque el recuerdo
de Atila justifica el estallido de un nostálgico orgullo:
"¿Es sorprendente acaso que fuéramos una raza de
conquistadores, que fuéramos orgullosos, que cuando los magiares,
los lombardos, los avaros, los búlgaros y los turcos se lanzaron
por millares sobre nuestras fronteras, les rechazáramos?" (7).
Durante unas vacaciones
de Stoker y su familia en Whitby, el cielo se desfleca en una larga
lluvia. El agua continua contribuye a la reclusión.
Stoker se sumerge entonces en la lectura en la Biblioteca de la ciudad.
Aquí descubre el libro de William Wilkinson en el que se relata sus
experiencias en Valdavia y Moldavia, publicado en Londres, en 1820.
Allí el irlandés lee, por primera vez, el término voievod,
y descubre al príncipe valaco: Vlad Tepes o Drácula, que
luchó contra Mehmet II. Se deslumbra con la temeridad del
príncipe que cruzó el Danubio y atacó a los turcos, y les
infligió múltiples heridas. Y Stoker lee "Dracul en
idioma valaco significa diablo".
Como un relámpago nace
la ocurrencia crucial. Stoker cambia entonces el nombre del
protagonista de su futura novela: ya no será el Conde Wampyr, sino
Drácula. Drácula será szekler, no sólo por lo dicho por Arminius,
sino también porque lo suscribe el libro de Emily Gerard Transilvania,
la tierra más allá del bosque (1888). Gerard es la esposa
inglesa de un jefe de regimiento de caballería del ejército
austrohúngaro. Por otro lado, en el libro de Gerard se refiere que
el día más importante del calendario romano para los rumanos es
San Jorge (el 23 de abril). En esa jornada, luego de la caída del
sol, comienza la noche de brujas, el sabbat, equivalente de
la walpurgisnacht
que Goethe describe en el inicio de su Fausto (1808).
Entonces, bullen las prácticas mágicas de la Sacholomancia, la
escuela de brujas en las montañas. El diablo en persona enseña los
secretos de la naturaleza, el lenguaje de los animales, las formas
de la acción mágica. Enseña a diez discípulos. El décimo es
retenido por el diablo como pago, y se convierte en su ayudante de
campo. Entonces, montado en un dragón, lo ayuda a "hacer
tiempo": relámpagos, tormentas. En el lago Hermannstadt, en el fondo
se agita el caldero donde nacen los truenos.
Todo esto condice con
el retrato que Van Helsing teje de Drácula.
El Drácula vampírico aprende secretos en la Sacholomancia entre
montañas próximas al lago recién mencionado. Al conde transilvano lo
llama vampiro y alquimista.
Stoker se nutre
entonces de un corpus textual que inspira su composición del
célebre conde vampiro: William Wilkinson, Emily Gerad, Arminius
Wambery; y la lectura de relatos de vampiros antológicos como El
vampiro, de John William Polidori (1819); o Carmilla, de
Sheridan Le Fanu (1872). Esta última historia es narrada por Laura,
la joven que vive en un viejo castillo con su padre y unos
sirvientes. Su vida es solitaria hasta que una novedad ocurre frente
a su hogar feudal: un carruaje, donde viaja una mujer joven y
elegante, se accidenta. El padre de Laura ofrece ayuda a la
accidentada, a Carmilla, hasta que ésta se recupere. Carmilla
manifiesta comportamientos extraños, lo que evidencia su condición
anormal o atípica. Y demuestra especial interés
en Laura, en una relación de tendencia lésbica (como la que
Coppola luego introduce en el vínculo Mina-Lucy en su adaptación
de la novela de Stoker). También ejerce una probable influencia en
la gestación de Drácula el
folletín por entregas del vampiro gótico imaginado por Rymer: Varney
the Vampire (8); e incluso apela a las guías Bredeker (con horarios de
trenes, descripción de ciudades y monumentos). Una investigación
previa en la gestación de la novela que ocupa ochenta y cinco
folios de notas mecanografiadas y manuscritas realizadas entre 1890
a 1896.
Pero Matei Cazacu
sugiere otra influencia literaria fundamental: El capitán
vampiro (1879) publicada en París y Bruselas, por Marie
Nizet. Nizet cursa
estudios en París, donde defiende la literatura y la causa rumanas.
En su Rumana (Chants de la Romanie) se celebra la heroica
gesta en la lucha contra el turco. Se inspira en documentos
sobre el país rumano hallados en París y Bruselas, más que en un
presunto viaje a las tierras balcánicas. La imaginación de Nizet
crea a El capitán Vampiro, relato en el que no emplea
ningún término en lengua rumana para la figura del vampiro: moroi,
varcolac, strigoi, moroi, nosferatu. El vampiro es el capitán
ruso Boris Liatukin, quien "tenía aspecto funéreo. Hacía
realidad con sorprendente exactitud el tipo legendario del vampiro
eslavo" (9). Liatukin dirige un regimiento de cosacos; los
cuales se distinguen por su estirpe aguerrida. Pero se hastían de
la disciplina, rayana en insania, a la que lo somete su
capitán. Deciden entonces helarlo. "Así lo hicieron sin que
ofreciera resistencia". Los recios jinetes creen que han
enviado al otro lado a su odiado superior. Pero "cuando
llegaron al campamento, la primera persona que vieron fue a Liatukin,
vestido y sin señales de congelamiento" (10). Así, dos décadas
antes que su colega transilvano, el capitán vampiro ruso ya vive su
especial destino en Rumania, en la escarpada geografía balcánica,
especialmente sazonada de folklorismo vampírico. Y cumple una
esencial función mediadora en la construcción literaria del
personaje vampiresco, dado que "el héroe de Marie Nizet
representa el eslabón faltante entre los primeros vampiros nobles
-lord Ruthwen, en el relato de Polidori; y Carmilla, de Sheridan Le
Fanu- y el Drácula de Stoker que invade Inglaterra. Al igual que
Mary Shelley, quien publicó su Frankenstein en 1818, cuando
apenas tenía veinte años, Marie Nizet concretó a esa misma edad
el impulso de crear un personaje que habría de influir de manera
decisiva en el surgimiento de un género literario desligado de la
etnografía y la antropología"(11).
Y es también
significativa la novela del hermano de Marie: Henri Nizet. La
novela Suggestion (París, 18991), y La hipnosis, estudio
crítico (1893), en las que explora con entusiasmo y amplitud el
control de la mente por el pensamiento. Una de las habilidades
particulares del conde mediante la que ejerce su control sobre
Renfield y Lucy Westenra. Mesmer o Charcot ya habían sondeado el
estado hipnótico como conocimiento de niveles más profundos de
conciencia. En Suggestion, Henri Nizet imagina a Paul
Lebardois, de carácter agudo y bohemio. Merced a su potencia
hipnótica, Lebardois somete a sus deseos eróticos a una joven rumana:
Sephorah, la que finalmente se suicida por una orden de su
hipnótico manipulador.
Luego de un acopio
preliminar o propedéutico de fuentes diversas, la novela de Stoker,
ya
efectivamente plasmada, revela su organización formal
peculiar: se construye mediante un tejido intertextual hilvanado por
sucesiones de cartas, diarios de los personajes
fundamentales y noticias de periódicos. El discurrir cronológico de los hechos narrados
es parte así de un arco de visiones
intersubjetivas. La única historia se ramifica en las
historias-narraciones paralelas de los puntos de vista subjetivos de
los narradores en primera persona. Antecedentes de esta técnica
narrativa se hallan en La piedra lunar (1868) de Wilkie
Collins, donde se entretejen diversos fragmentos narrativos
vinculados con diarios, cartas, recortes de periódicos o
telegramas. Al prologar una traducción de esta obra, J. L. Borges
precisa como antecedente de la multiplicidad intersubjetiva la
novela epistolar del siglo XVIII. Y el poema de Browning El
anillo y el libro, en el que diez personajes interpretan de
forma diversa, y uno tras otro, una misma historia que no varía en
sus hechos centrales.
IV
La real proximidad del
vampiro
El vampirismo aletea
dentro de un vendaval de creencias ancestrales y universales (12). Pero
en Rumania la certeza en la realidad del sujeto vampírico se agita
con especial profusión.
La palabra "vampiro" es introducida en Europa a comienzos
del siglo XVIII, procedería del alemán vampir, derivación
del polaco temprano upier, y éste a su vez del eslavo arcaico
opir o
opyr; en Bulgaria y Servia sería vapir.
En su raíz opyr significa murciélago, y opir es
"volar, planear, flotar en el aire como vapor"; lo cual se
vincularía con el hecho de que el alma perturbada se convierte en murciélago, o alguna especie de pájaro o mariposa. El término
podría surgir asimismo de la raíz rusa pi,
traducible como "beber", y de ahí su posible relación
con una especie hematófaga de murciélago. Otros nombres para
el vampiro son vurdalak (ruso moderno), vrolok (eslovaco),
strigoi o strigoiul (rumano moderno), nosferatu
(del griego nosophoro (νοσοφορος),
portador de enfermedad) y vampyrus (latín).
En 1645,
Los siete sacramentos de la Iglesia, obra del obispo de Moldavia,
Varlaam, es una primera fuente de las creencias populares de la
"gente simple" sobre los strigoi. El obispo, teólogo
y predicador Varlaam lidia con la influencia calvinista representada
por los principales príncipes de Transilvania que buscan la reforma
de los ortodoxos. El calvinismo censura como superstición el culto
a las imágenes, y reacciona contra la instalada creencia popular
en los vampiros. El celo calvinista se propone disolver el engaño de los
seres reaparecidos en la noche. La creencia a desterrar es que los
muertos vivientes salen de las tumbas y matan a los vivos. Esta
acción nocturna, furtiva y amenazante, revela una estrategia del
diablo que pretende la crema de los cuerpos. Entonces, las almas
irán al infierno (y no habrá resurrección). El diablo puede presentarse
de muchas maneras, en virtud a su poder de metamorfosis. Y entonces
irrumpe como cadáver, que conserva la sangre. Pero la aparición
referida es ilusión demoníaca.
Varlaam debe aceptar
el real y peligroso temor en la acción vampírica; por eso, condena
esta certeza campesina en Los siete sacramentos, texto que
influye en la prohibición de la creencia en vampiros en las leyes
moldavas de 1646 primero y, luego, en el Código valaco de
1652. Y el obispo ortodoxo apelará también al argumento de los seguidores
de Calvino para confutar las prácticas contra los merodeadores nocturnos:
"Cap
378. Con relación al muerto que se descubra como strigoi,
llamado varcolac, cómo debe procederse.
'Algunas personas
ignorantes dicen que a menudo, cuando los hombres mueren, gran cantidad
de ellos salen de la tumba, se vuelven strigoi, y dan muerte
a los vivos. Pero la muerte que sobreviene por sorpresa y repentinamente
en los hogares de mucha gente es desconocida por todos, excepto
únicamente por nuestro Señor Jesucristo...¡Oh, qué gran
prodigio, que todos oyen y se sorprenden: el muerto mata a los vivos!
¡Oh, ignorancia y ceguera de los desdichados que no ven que es locura
del diablo que los engaña para que quemen el cuerpo de su semejante
para enviarlos al infierno!" (13).
En la Rumania
del siglo XVII, los campesinos abren las tumbas. Y si el cadáver se
encuentra incorrupto, si tiene sangre, uñas, cabellos, esto es señal
de que el ser exhumado sigue vivo, en un estado fronterizo entre
la vida y la muerte. Es un muerto viviente. Por lo
que es quemado. Ya en el contexto medieval, en el siglo XII, los
aldeanos ingleses profesan creencias similares frente al vampiro.
En 1709, una epidemia
de peste aviva el temor colectivo respecto a los amenazantes strigoi.
Se desentierra en cuatro aldeas de Transilvania a supuestos vampiros.
Y se los somete a la pica o se los empala. Los males que se le imputan
son: enfermedades, muerte de ganado, sequías, granizo.
Stephan
Ignaz Raicevich (1739-1792), doctor en medicina, secretario del
príncipe de Valaquia, refiere que: "...ellos pretenden que
un cadáver que no se corrompe de inmediato, conserva aún una suerte
de vida; que el alma no está separada del cuerpo ni puede separarse
de éste si, mientras vivía, el individuo incurrió en alguna censura
eclesiástica, excomunión tácita o bien explícitamente, y que durante
la noche ella sale de la tumba e intenta causar a los vivos todo
el mal posible. La primera evidencia o el primer recelo de esa situación
para las almas ya bajo sospecha surge si la tierra que cubre el
cadáver llega a moverse o desacomodarse. El sacerdote, su esposa
en primer lugar, y más tarde todo el vecindario (ya que son los
más expuestos) empiezan a divulgar la especie y a provocar que se
convoque a los deudos, quienes se ven obligados a pagar al sacerdote
para exhumar el cadáver y liberarlo de la excomunión"(14). A
su vez, una hoja impresa de absolución de pecados vendida por una
limosna actúa como indulgencia, y se entierra con el muerto en la
tumba, para asegurarle el perdón del pecado y la eliminación de
la excomunión. Se realizan asimismo misas patriarcales (que no todos
pueden pagar por su alto costo) que surten el perdón de los pecados.
Si, en el área
balcánica, la excomunión
genera como efecto irreversible la condición vampírica, el vampirismo es pensable como posible creación del cristianismo
ortodoxo. Cuando se excomulga a alguien, su alma queda atada al
cuerpo. No se consuma entonces la muerte completa. El cuerpo no se pudre.
El alma (prisionera) vaga así en la noche para buscar perdón.
La excomunión, observada desde una visión crítica y desenmascaradora,
actúa como arma de manipulación de la Iglesia ortodoxa. Quien no
se avenga a la pléyade de preceptos dispuestos por la moral dogmática
vigente, se expone a ser excomulgado y, así, a enajenar su integridad
espiritual en la monstruosidad vampírica. Mutación degradante, continuidad
mórbida del muerto viviente asumida como una realidad segura, pero acaso explicable
por entierros prematuros de personas aún vivas sumidas en estado
cataléptico (15).
Sin embargo, nada
extingue la sospecha: algo muerto vive donde la luna, el lobo y
la tumba se rozan.
V
Estelas vampíricas en
celuloide
El vampirismo
sobreexcita la imaginación cinematográfica. En 1922, Freidrich Murnau
filma Nosferatu o una sinfonía del espanto (16). El conde
Orlok (Max Schreck) vierte su prosapia vampírica en Bremen. Mina
lo retiene hasta la salida del sol. El conde muere por el impacto
de luz solar. Por primera vez la luminosidad de Helios es agente
letal de la criatura nocturna. En el folklore, los señores de la
noche deambulan bajo la luz del día, aunque con incomodidad.
Los relucientes
incisivos del vampiro desnudan su deseo de sangre, y salpican
el celuloide en diversos hitos fílmicos.
En 1935, Tod Browning rueda The mark of the vampire, donde
abre su arquetípica capa negra Bela Lugosi, el legendario intérprete
de Drácula, originario él mismo de Hungría y que, al menos según
la leyenda, desarrolla una identificación obsesiva con su personaje
que lo lleva a suponerse la encarnación misma del conde
transilvano. En 1958, Terence Fisher inicia su trilogía vampiresca con Drácula,
mediante el financiamiento de la Hammer Productions. Chistopher Lee es el vampiro que
fustiga, desde el implícito simbolismo de su accionar, los valores
de castidad, la pureza y el matrimonio de la sociedad victoriana. Peter Cushing oficia del "justiciero" Van Helsing.
Fischer reincide en la persecución de las huellas vampíricas en
Las novias de Drácula (The Brides of Drácula, 1960),
y Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula, Prince
of Darkness, 1966). En 1967, Polanki imagina La danza
de los vampiros; y en 1970 el prolífico director español de culto
Jesús Franco rueda El conde Drácula (con el ya antológico
Chistopher Lee). En 1973, Werner Herzog, a través de la vehemencia
expresiva de Klaus Kinski, plasma la remake de Nosferatu.
En 1983, David Bowie, junto con Susan Sarandon y Catherine Deneuve,
bajo la dirección por Tony Scott (hermano de Ridley Scott) realiza
la especial variación del tema vampírico en El ansía (The Hunger),
donde el vampiro padece una agravación de su condición anómala al
ser afectado por la progenia o el envejecimiento prematuro. La
brusquedad del horror es hábilmente fundida con la sutileza de una
fotografía de tendencia poetizante y el sutil ondular de sedosas
cortinas.
Y el otro avatar
cinematográfico del vampiro, obligado recuerdo, es el urdido por
el creador de un incendiario apocalipsis en las selvas camboyanas.
Coppola concluye la tercera parte de El padrino, en 1973.
El papel de Mary Corleone sería originalmente protagonizado por
Winona Ryder. Pero problemas de salud de la actriz le impiden esta
caracterización. El buen entendimiento entre la joven que enamora
a El joven manos de Tijeras, imaginado por Tim Burton, y el cineasta
italo-norteamericano motiva un acuerdo informal de reincidir en una
futura colaboración. Para alentar el cumplimiento de este acuerdo,
Ryder le presenta a Coppola un libreto con una nueva variante del
mito vampírico aceptado por la Warner luego de diez años de insistencia.
El nuevo guión surge durante un viaje de avión entre París y New
York. El guionista James
V. Hart lee la obra de Stoker. Y responde al goce de la lectura
con su propia versión. La nueva bifurcación imaginativa de la historia
del conde transilvano es aceptada por Coppola. Y en el momento de
justificar su aceptación expresa su voluntad de reinventar límites.
Actitud que primero cristaliza con la realización de la trilogía
de El padrino. El género de gansters parecía ya agotado,
anémico, repetido. Sin embargo, Coppola logra renovarlo. El mismo
efecto busca respecto a la nutrida saga del vampiro, cuya fisonomía
proverbial, su capa negra y la incisiva dentadura amenazante, parecían
ya también periclitadas.
En su empeño
renovador, Coppola reanima la historia vampírica mediante un lenguaje
cinematográfico que construye una particular atmósfera onírica.
Efecto emanado por la sinergia de fotografía, diseño y vestuario.
De forma acumulativa, los planos liberan un estado de penumbra gótica,
de pesadilla fascinante y agobiante, en la que Drácula (Gary Olman)
ya no es el mal sin matices ambivalentes, el monstruo pestífero,
sino un héroe romántico. Su tragedia es amar fatalmente, desde la
imposibilidad, desde la pérdida irreparable de su esposa
Elizabeth,
luego del suicidio de ésta a consecuencia de un vengador ardid turco
(17). Esto provoca la desesperación del príncipe Drácula luego de
su regreso de una campaña victoriosa contra los muslmanes. En razón del
suicidio, un clérigo asegura que el alma
de Elizabeth está maldita y no podrá ser salvada. Por lo que Drácula, preso de la ira, estalla en
blasfemias contra la cruz que, hasta ese momento, había defendido
ante los turcos otomanos. El sacerdote le advierte sobre su
sacrilegio. Pero la cólera del príncipe no se debilita. Y anuncia que volverá de la muerte para consumar su
venganza contra la Iglesia y la cruz que lo abandonan. Y para
asegurarse la continuidad de la vida luego de la muerte bebe sangre
de un cáliz luego de manifestar que "la sangre es vida".
La autoexclusión de Drácula de la Iglesia, provoca una
inevitable excomunión, que desencadena el proceso de muerte no
plena. La mortalidad perturbada que,
según el folklore balcánico, es la causa creadora del
vampiro.
Pero luego,
en los siglos posteriores, la percepción sobrenatural del conde retenido
entre los vivos y los muertos, atraviesa un océano de tiempo para
descubrir el renacer de Elizabeth en la figura de Mina Murray (Winona
Ryder).
En los planos
que se suceden se interpolan posibles inspiraciones-homenajes: la
batalla inicial de Drácula, donde vence a los turcos y deja tras
de sí un tendal de víctimas empaladas, recuerda a Kagemusa
(1980) de Kurosawa, o la densidad del ocaso de la batalla final
en Excalibur (1981),
de John Boorman. Las sombras que proyecta el cuerpo de Drácula
recuerdan al Nosferatu de Murnau, a las sombras irradiadas por el
conde Orlok.
La renovación
de un límite en el género vampiresco se advierte con claridad en
la mutación de la fisonomía del conde transilvano modélico representado
por Bela Lugosi. En la recomposición del personaje de Stoker, Drácula renace
mediante la inventiva de la diseñadora japonesa Eiko Ishioka. La
vieja capa negra es sustituida por una nueva de intenso rojo (remisión
evidente al nexo vampiro-sangre), y con amplios volúmenes ensanchados,
que prolongan la representación humana bajo el ejemplo inspirador
de la pictórica de Gustav
Klimt.
En la novela de
Stoker, la epopeya de la lucha contra el vampiro es acompañada por
el trasfondo de numerosos adelantos tecnológicos de reciente
aparición:
la máquina de escribir de Mina; el fonógrafo del doctor Steward,
en el que graba sus partes clínicos sobre los cambiantes estados
mentales de Renfield (Tom Waits); la máquina de transfusión sanguínea
de Van Helsing. Esta mixtura de lo técnico y lo narrativo palpita
también en la versión de Coppola. Y es especialmente significativa la escena
del encuentro de Mina y el conde (remilgado en su nueva apostura de príncipe
dandy y seductor) en una sala, en cuyo fondo
se aprecian las primeras proyecciones del incipiente
cinematógrafo.
La película es rodada completamente en
los estudios de Columbia Pictures, con efectos artesanales (espejos,
sobreimpresiones) como los ya empleados, con plena contundencia,
en Apocalipsis Now.
En cuanto a la
concepción formal del film, arrecia la crítica por su exceso visual,
por su barroquismo y artificiosidad. El título de la obra: El
drácula de Bram Stoker (Bram Stoker's Drácula), deriva también
en estiletazos críticos por la evidente no fidelidad entre la matriz
literaria original y su adaptación cinematográfica. La construcción
otra de la personalidad del rey de las criaturas de la noche es
la diferencia más notoria. El barroquismo criticado abriga un parentesco
atenuado con la estética de Greenaway (por ejemplo en su adaptación
shakespereana The tempest); y se contrapone a la por muchos
elogiada austeridad de los planos de un Ozu o Bresson. Pero la
antinomia sencillez clásica-abundancia barroquizante es quizá falsa,
o una aproximación estrecha a la variedad de las posibilidades expresivas
del arte cinematográfico. Desde vías paralelas, u opuestas, es acaso
posible el arribo a un mismo impacto sensorial como medio de fortalecimiento
y solidez de la narración fílmica.
Especial logro
y significación dimanan las escenas del acoso de Harker por las tres
mujeres vampiros.
En su solitario lecho nocturno, las vampiresas brotan furtivamente
de las sabanas. El acecho de las mujeres pletóricas de
sensualidad deseante, derriba, lentamente, las barreras defensivas
de la represión sexual de Harker (Keanu Reeves). La lógica
de la contención se resquebraja lentamente. Las vampiros comienzan
a beber sangre del cuerpo deseado con lascivo placer. La unión incisivos-sangre,
y la contaminación o inclusión del victoriano agente inmobiliario
en la otredad vampírica, se
apresta a consumarse. Pero entonces el rey de los vampiros irrumpe
con violencia para, como en el sueño fundacional de la novela de
Stoker, proclamar que la inminente víctima le pertenece. Entre pliegues nocturnos,
el eros des-reprime y prolonga desesperadamente la vida carcomida
por la muerte en el fronterizo
universo vampírico.
La provocación
del placer sensual religa al vampiro (y al humano bajo su influencia
contagiante) con el fervor de la vida que ansía perdurar. Pero la pulsión
deseante no amilana el disturbio de base que implica el existir
como muerto viviente. La liberación, como muerte total del cuerpo
del vampiro, es la única vía de pacificación del alma perturbada.
La mujer que ama al perturbado conde (Mina Harker-Elizabeth) es la que
lo salva en la versión coppoliana. Entonces, al final de la
cacería, en el viejo castillo del conde, Mina (y no Van Helsing) libera al vampiro
amado. Traspasa su cuello con el filo de una espada. Y le restituye,
como última prenda de entrega amorosa, un camino abierto hacia un
cielo que sustituye a la anterior noche sin luz.
La mujer como
salvadora. Reincidencia en lo femenino salvífico que hace renacer
a Osiris, dios primero muerto y desmembrado por su hermano Set.
Que, por la diosa, revive luego como potencia del más allá.
VI
El devenir de las
interpretaciones: Luz y oscuridad.
La luz diurna es
regazo de civilización y de un supuesto bien y racionalidad
superiores. La luz, bajo el mandato de un deber moral, se enfrenta
con la oscuridad. Lo oscuro como magma de impulsos regresivos y
destructivos, entroncados simbólicamente con la noche siniestra.
La noche sin luz y el vampirismo como su emergente. Y Drácula como
su más reconocida personificación en Occidente.
El conflicto o
combate entre la luz y la oscuridad hunde sus raíces en Persia.
Los dualismos pérsicos o iranios, como el mazdeísmo, el maniqueísmo,
o el zoroastrismo. Todos ellos rebosan una beligerante dualidad
entre lo luminoso y lo oscuro como fuerzas ontológicas independientes
y eternas. El mal podrá ser vencido en una instancia escatológica
final, pero sin que esto suponga su extirpación definitiva.
En la experiencia
auroral del hombre antiguo la vida se muestra, alternativamente,
como benigna y maligna. De ahí la percepción arcaica de lo viviente
desde una ambivalencia básica. El dibujo de M.C.Escher, El chivo
expiatorio (1921), por ejemplo, muestra la ambigüedad de un
único principio divino dual: el dios cristiano y el divino cordero
de un lado, se proyecta en el otro con una imagen oscura, con el
diablo, abajo, y el cordero negro de perfil, arriba. Dentro de esta
proyección ambigua late la dupla luz-oscuridad, día-noche.
La noche,
en su específica ambivalencia, es posible abismo inicial. Creador
de todo. Positivo lugar de un primario vacío fértil. O, por el
contrario, lugar de la tumba. Del féretro. La oscuridad protectora de un caos regresivo y demoníaco.
O momento de indefensión propicio para el ataque de las fieras.
La noche como alcázar de la muerte (18).
La ambigüedad,
entendida como dualidad andrógina en los dioses, es también motivo
mítico-simbólico recurrente. A veces Horus y Set son adorados como
un solo Dios. Hathor, por su parte, benigna diosa madre, tiene su
réplica oscura en Sejmet, diosa con cabeza de león, de gran fuerza destructora.
La luchas de los dioses
expresa la dualidad conflictiva mediante el enfrentamiento de los
titanes y los dioses olímpicos en la mitología hesiódica. En la
India, es la beligerancia de los asuras contra los daevas. En lo
mitológico germánico es la oposición entre Odin, Thor, los dioses
del orden divino superior, y los gigantes y la serpiente Midgar
en la ragnarök o batalla final.
La combatividad
luminosidad-oscuridad se manifiesta asimismo en la India antigua,
cuya religión y mitologías, según la insistencia de Max Müller,
creador de la mitología comparada, se finca en la lucha la luz
del sol,
y la oscuridad de la noche. Un combate que simboliza la realidad del mundo natural
como campo agonístico o bélico constante (19).
En Persia,
como ya advertimos, la religión dualista descuella por su omnipresencia.
En el mazdeísmo ortodoxo, Ormuz (luego Ahura Mazda) es el bien,
la luz. Arimán es lo oscuro y malo. Para Zaratustra, Ahura Mazda
es Señor de la Bondad y la luz, y Angra Mainyul, el espíritu destructivo
atormentador, el mal y las tinieblas. Ambos son espíritus gemelos,
que eligieron el bien y el mal libremente.
La identificación
de Drácula con el demonio en la novela de Stoker, y
la luz como propiedad opuesta de Van Helsing, es parte pues de un dualismo ancestral. Que trasciende el más inmediato referente
cristiano del combate entre San Jorge (agente de lo luminoso) y
el dragón (el mal sulfuroso); o la batalla en los cielos entre el
arcángel San Miguel (al frente de sus angélicas huestes del bien
divino) y Lucifer ( lo diabólico rebelde a la verdad).
En la imaginación
de Stoker el dualismo regenera su piel bajo la oposición particular
entre Van Helsing y sus victorianos (representaciones de la luz,
la civilización y el cristianismo), y el conde transilvano (pozo
de lo oscuro, de lo diabólico, de la muerte y el contagio maligno).
Para el "cruzado"
Van Helsing el nosferatu "no es como la abeja, que muere en
cuanto clava su aguijón. Al contrario se hace más fuerte y, al ser
más fuerte, tiene todavía más poder para hacer el mal" (20).
Drácula, asimismo, practica la necromancia, la adivinación por la invocación
de los muertos. Y "es una bestia, o peor aún: un demonio cruel
que no tiene corazón" (21). Posee dominio sobre la naturaleza,
dado que lo asiste "el poder de mandar sobre los elementos:
la tempestad, la niebla, el trueno" (22). Es pródigo en mutaciones
metamórficas: "es capaz de aumentar de tamaño o hacerse pequeño
y a veces hasta de desvanecerse y no ser visto" (23). Distintas
manifestaciones diabólicas del conde balcánico. Por lo que si Van
Helsing y los suyos fracasan en su lucha contra el mal se convertirán en "un borrón para
el prestigio de Dios; una flecha en el costado de aquel que murió
para salvar a la humanidad" (24).
La dualidad ciencia
(luz racional) y superstición (tinieblas) se interpola también
en la arenga de Van Helsing durante la captura del vampiro, cuando
asegura que "tenemos...una posibilidad que le está negada al
vampiro: disponemos de los recursos de la ciencia; somos libres
para actuar y pensar" (25). Pero, sin embargo: "sólo podemos
recurrir a las tradiciones y las supersticiones", y esto "porque
después de todo tradición y superstición lo son todo"(26).
Frente al supuesto primado de la ciencia racionalista y positivista,
de entre las hendiduras de sus límites, surge el necesario
reconocimiento de lo otro irracional, que se burla de lo sólo verificable
racionalmente. De ahí el asombro de Van Helsing: "¿quién de nosotros hubiera aceptado, hace tan
sólo un año, semejante posibilidad en pleno siglo XIX, científico,
escéptico y positivista?" (27).
La dualidad conflictiva
bien-luz, mal-oscuridad fluye también en un desdoblamiento del
sacramento eucarístico.
En la oposición entre la eucaristía cristiana originaria, el sacramento
nacido en la Última Cena, y su reversión o bifurcación
paródica en la confirmación de la unión inmortal entre
Drácula y Mina (28).
La alegoría
del choque luz-oscuridad en la novela victoriana de Stoker se repite
también el conflicto cultural Occidente-Oriente. Conflicto donde
siempre Occidente se arroga la superioridad en el monopolio de las
gemas de lo bueno y verdadero.
VII
La caza heroica
En una segunda
visión interpretativa, los victorianos lanzados a la caza del conde
que regresa a su castillo transilvano, reviven una aventura heroica
ancestral. En la imaginería mítica prevalece un monomito heroico
único, suprahistórico, que subyace a las diversas variantes del
mito del héroe. Joseph Campbell ha sintetizado gráficamente este
proceso mítico bajo
la figura de un viaje circular (29). Entre varias de las posibilidades
significativas de la semántica heroica, el héroe busca expulsar el mal o su
amenaza de las entrañas de la sociedad. Para esto,
abandona la seguridad de su regazo tribal. Emprende un viaje a través
de una distancia tachonada de peligros, de incertidumbres. La incertidumbre
respecto al regreso y al éxito de la misión. En la lejanía, si las
pruebas se consuman exitosamente, el héroe regresa a su mundo conocido
con el bien de la derrota del obstáculo y el mal.
En Drácula
se despliega una variante victoriana de la aventura heroica
arquetípica.
Los héroes victorianos deben abandonar su patria.
Ya conocida. El mal vampírico debe ser expulsado y destruido. A
fin de cristalizar este propósito se debe salir afuera,
en una riesgosa travesía extramuros, en lo lejano, en los
Cárpatos transilvanos. Se debe llegar hasta el castillo-madriguera del mal. Donde
se deberá acorralar y acabar con la entidad maléfica. Para luego regresar
a la morada de la propia cultura con el bien obtenido por la
audacia heroica que asegura la expulsión de lo oscuro y una
pacificación de la existencia.
Durante el viaje
heroico, las armas necesarias para el enfrentamiento con el Enemigo
son, además de la apelación casi risueña al ajo, la exhibición de
un objeto sagrado, como el crucifijo; o la manipulación de la rama
de la rosa silvestre, flor asociada con la sangre. Afrodita se pincha
un pie al socorrer a Adonis y tiñe así con su sangre la planta.
En la antigüedad romana se adornan las tumbas con estas flores en
unas ceremonias, las rosarias. Los campesinos de Transilvania
colocan la rama silvestre sobre el ataúd para que el muerto no vague
por la noche. Y también debe apelarse a otras armas: una bala consagrada disparada contra
el sarcófago, la estaca y la decapitación. Pero en la lucha contra
el vampiro lo mejor es el conocimiento, un saber capaz de liberar
una acción poderosa: "la mejor
seguridad es la fuerza" (30). Pero, como antes se aclaró, se
trata aquí de un saber dominado por la lógica de una magia esotérica
y ancestral, diferente al purismo lógico racional de la ciencia
positivista. La coexistencia en Van Helsing entre el científico, exponente del saber
académico aceptado, y el practicante de saberes ocultos-esotéricos,
acaso obedece al ejemplo del médico, químico y alquimista belga Van
Helmont (1577-1644), y otros posibles modelos (31).
La confrontación
entre los victorianos, exponentes de una sociedad burguesa consolidada
y el conde Drácula, también anima o prolonga el conflicto entre
el orden burgués de las libertades cívicas (al menos en la condición
de sus proclamaciones teóricas) y los privilegios aristocráticos.
El conde es miembro sobreviviente del l’ancien régime. Situación
social amenazada
en sus prerrogativas hereditarias y de cuna por la burguesía
racional. Burguesía pragmática y enaltecedora de la posición personal
en la sociedad según los méritos de la iniciativa individual.
El castillo de
Drácula, en la novela de Stoker, se inspira en la fortaleza rumana
de Bran, construida en el siglo XIII, por los caballeros teutónicos
(el Vlad Tepes, el Drácula histórico,
había construido el castillo
Poienari en los Cárpatos meridionales, aún en pie, y en un estado
aceptablemente íntegro). El castillo Bran y el imaginado por
Stoker
son castillos en ruinas. Lo ruinoso como metáfora de la descomposición.
De la desintegración de la acomodada seguridad aristocrática.
La animosidad medieval
de los movimientos cruzados contra la diferencia del Oriente regresa en la imaginación novelesca de Stoker. Los cruzados cristianos
victorianos, occidentales, arremeten contra el Oriente. Un Oriente
ya no de cúpulas de mezquitas, brillos de espadas y banderas turcas,
e himnos rituales de la fe musulmana. Lo oriental ahora se
desplaza a las montañas balcánicas. La geografía donde el brazo guerrero del Occidente
rugió contra el otomano hace varios siglos.
Así, un jirón particularmente
denso de la lucha heroica victoriana contra el no ser reactualiza
el milenario combate de Occidente contra lo oriental. Un enfrentamiento
de aparente nobleza que acaso disimula los espectros del miedo occidental.
El miedo ante una cultura más conciente del magma inconciente e irracional
(o prerracional) de la vida.
VIII
La plena muerte para
la vida inmortal
El corazón
detiene su tambor. Los ríos de la sangre aminoran su anterior vehemencia.
En la piel no galopan sonidos o movimientos que emerjan desde dentro
del cuerpo. Los ojos siguen abiertos. Pero las imágenes que salpican
el iris, son distintas a las figuras del cielo terrestre. La sequedad
vivorea también por la boca entreabierta. Un galopar de caballos
fríos, lentos, disemina sus huellas por cada órgano, por cada parte
del cuerpo antes vivo. Y que ahora escucha el acorde de la muerte.
Un eco sin resonancia que se estira hacia una bahía secreta. El
más allá. Pero el vampiro no es visitado plenamente por
los caballos gélidos. Entonces, no muere
ni vive. Es prisionero en una frontera. No viaja hacia los aires
que corren hacia el otro mundo, más allá de la bahía secreta.
Desde la prehistoria,
la continuidad del muerto en el más allá es cuestión
fundamental. Antes de su misterio, la muerte es un cambio de estado.
Un viaje hacia una región indeterminada. Con amplitud universal,
vibra la creencia en la continuidad del principio vital del hombre
y, por tanto, la certeza de la inmortalidad. Continuidad que, en
algunos casos, demanda, como indispensable condición, la preservación
del cuerpo físico, como lo atestigua el caso arquetípico de la momificación
en el Antiguo Egipto. Sin cuerpo momificado no bate sus alas el
alma ( en su manifestación del pájaro ba) hacia su incandescencia
inmortal o ka (32). En otro sendero, la cremación de
los cuerpos, o de efigies o esculturas mortuorias como sustitutos del
fenecido en situaciones de desaparición de su cuerpo, anima la intuición de una independencia del alma respecto al
cuerpo. Y de su segura continuidad extracorpórea en el cielo, en el Palacio del Sol,
tras su ascenso hasta allí mediante el humo o las cenizas. Aquí, el fuego es
potencia espiritualizante y liberadora de la pesada expresión corpórea
del ser humano. O el alma (aún compenetrada con su corporalidad) puede también, luego de la muerte,
viajar hasta los confines de la tierra; lo cual permite la
continuidad de la vida desde la preservación del cuerpo o
envoltura física. El hálito viviente prosigue así en alguna isla
de los bienaventurados, en un paraíso terrestre, en finis terrae.
Pero en todos los casos,
lo inmortal depende de un viaje de ultratumba exitoso luego de
ritos o exequias funerarias que aseguren una correcta inhumación
o sepultura del cadáver. Ya en el alba de la humanidad prehistórica
y paleolítica, inhumar el cadáver se impuso como una necesidad
con finalidades trascendentes: "la inhumación parece hacer
sido la forma primitiva de sepultura llevada a cabo en fosas con
el cadáver frecuentemente en posición encogida o contraída. El motivo
de esta última costumbre puede haber sido, en parte, la idea de
impedir el retorno del muerto para molestar a los vivos, pero también
de proporcionarle una morada permanente en el más allá"(33).
El no regreso
de los muertos para salud espiritual de los vivos. Pero también
para la integridad ultraterrena del propio muerto. Este bienestar
del fallecido depende del cumplimiento de un entierro ritual que
asegure el pasaje exitoso al estadio post
mortem.
En su génesis, el vampirismo
es un caso particular de incumplimiento del rito
funerario debido. En la variante singular del vampiro rumano, éste
nace por la fijación del alma al cadáver como efecto de la
excomunión. Esta fijación impide la muerte plena. Por lo que, noche
tras noche, el vampiro debe regresar al llamado
mundo de los vivos, a fin de succionar el rojo elixir de la sangre
para aliviar su espíritu torturado por
la muerte no realizada.
El viaje u ascenso de las almas al cielo, necesita de una previa muerte consumada.
La muerte
completa es asegurada por el rito funerario en auxilio del muerto; el rito que garantiza una vida plena de ultratumba.
Este paso ritual es preocupación muy intensa en las culturas rurales, de ancestrales
raíces paganas. Y en la Rumania que abriga a la Transilvania legendaria,
esta inquietud manifiesta toda su vivacidad durante la Segunda Guerra
Mundial. Miles de rumanos mueren en la batalla de Stalingrado
(la más letal de la historia). Sus familiares los entierran entonces
en ausencia de sus restos mortales, mediante alguna efigie sustituto, como rito
pacificador de sus almas. Y para impedir que regresen a su tierra
natal como un ejército de seres atrapados. Por la guadaña de
la Señora Muerte.
IX
Represión deseante y
el goce metamórfico
La lascivia del conde
no se diluye en un rasgo particular de la psicología del vampiro.
La sensualidad del rey de la noche y de sus tres vampiresas expresan,
sin posibilidad de mayores dudas, contenidos sexuales reprimidos
de la época en la que germina la creación novelesca de Stoker. Stoker
escribe desde los intersticios inconcientes de su tiempo victoriano.
Es célebre la contención de lo instintual que la sociedad inglesa
de la reina Victoria preconiza. Bajo una radicalización de
la represión cristiana y burguesa de la sensualidad,
la sociedad victoriana niega el cuerpo erotizado. La vida sexual, fuera de la legitimación
de la "honorable y necesaria" reproducción biológica,
es estigmatizada. Una reproducción ceñida al límite normativo de
la institución matrimonial. El matrimonio es efecto de un acuerdo
entre las familia de la novia y el novio. Su cristalización depende
de un acuerdo económico, no del amor como asidero del vínculo
entre los cónyuges. La vestimenta de la mujer, a su vez, es
especial estrategia inhibitoria del potencial atractivo erótico de
la sensualidad del cuerpo femenino. Las piernas deben ser protegidas
de miradas indecentes. Por eso, sobre ellas se descargan la cerrada
textura de faldas, enaguas, y bragas (el pantalón interior femenino). Paralelamente, en el imaginario social se instala la
certeza de que la sexualidad es causa continua de degeneración, de enfermedades,
o de una contagiosa y amenazante entidad: la espermatorrea, espectro
que flota sobre hombres de todas las edades. El semen debe preservarse,
porque su derroche es equivalente a la pérdida de sangre. La
actividad sexual es así sangría satánica, devaluación vital. Por lo que "es
preferible estar preocupado por el sexo que ocuparse de él"
(34). Un proceso que también analiza Foucault en La voluntad
de saber, primer volumen de su Historia de la sexualidad.
La demonización
del sexo oculta el temor ante la voluptuosidad de la mujer en su potencial estado natural, libre
de la represión cultural. Como en la Edad Media, la mujer
es objeto de fascinación; pero, más esencialmente, de inquietud
por su cercanía a la corriente instintiva de la
vida. Una afinidad que surge desde la capacidad de generar vida
desde el propio vientre; una dinámica biológica prerracional que
necesita la atracción erótica sobre el hombre para que éste
actúe como fecundador. Entonces, se debe asfixiar su natural latencia lujuriosa;
se debe ajustar el deseo femenino como se ajusta su cintura con el corsé típico de la época. La honra de
la mujer depende de la sofocación instintiva, como también de
la represión de los gemidos de su goce durante el
coito. La mujer es obligada a su autonegación erótica para
someterla al código de lo debido instituido por la subjetividad masculina
y patriarcal.
En este
universo coactivo, Drácula es probable heraldo de la desinhibición
sin culpa de la tempestad-deseo, y de los apremios instintivos.
El conde repite el modelo del aristócrata libertino sadiano y es
la antípoda del católico burgués. El libertino es la compensación trasgresora
que experimenta los placeres puntualmente negados por la sociedad
pudorosa.
Pero el deseo reprimido,
o su libre discurrir placentero, siempre viven
en una geografía corporal. Y, más exactamente, en una experiencia
del cuerpo culturalmente condicionada. En la modernidad decimonónica,
prevalece el cuerpo-límite. Corporalidad que, como lo piensa la filosofía
cartesiana, es la forma ceñida a los propios límites de su figura,
al envoltorio estrecho de la piel. Es el cuerpo que se limita a su forma. Y
que sólo sale de sí en la compenetración acalorada con otro cuerpo
en el vínculo sexual. Pero un calor que, a su vez, está encerrado o encadenado
al sacramento del matrimonio monogámico; o a la prostitución
como alternativa clandestina para la satisfacción del prohibido
deseo polígamo o polimorfo.
Y un eros reprimido
es paralelamente represión del goce metamórfico. Un goce
desconocido para el hombre moderno, que surge en la superación del cuerpo humano natural, inicial,
para bifurcarse luego hacia una sucesión de posibles
trasformaciones en otros cuerpos.
El cuerpo vampírico
no sólo es expresión particular de un eros des-reprimido en la novela
de Stoker, sino también de un cuerpo de las múltiples trasformaciones.
En la larga explicación sobre la naturaleza del nosferatu,
Van Helsing aclara que Drácula es capaz de convertirse en lobo,
murciélago, y "puede llegar envuelto en la niebla que él mismo
crea". Y "aparecer en los rayos de luna en la forma de
minúsculas motas de polvo". Y, asimismo, "puede hacerse
tan pequeño como para poder pasar a través de una rendija del espesor
de un cabello" (35). Es la superación del cuerpo
inicial, el cuerpo de la primera apariencia humana, mediante la
metamorfosis en animales, formas naturales
o diversidad de tamaños. Para Van Helsing, veedor del cristianismo
victoriano, estas mutaciones son nítidas manifestaciones
de lo diabólico del vampiro.
El cuerpo
(vampírico) de las muchas mutaciones se revela como continuación
del cuerpo arcaico, premoderno, pagano. Donde la biología humana
"natural" puede (fundamentalmente en la figura del chamán)
atravesar el placer de la transformación o devenir en lo otro, en
lo distinto a la primera forma del mamífero humano. Para la
mirada moderna positivista, lo metamórfico es aberración, negación irracional de la entidad biológica y psíquica
del sujeto racional. Pero la época racional del siglo XIX, intuye
la posibilidad de la trasformación. Intuición que aflora en la
literatura, en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de
Stevenson, o en El Retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
Pero siempre estas transformaciones no concluyen en un acrecentamiento
vital sino en un final aberrante (36).
Pero, en lo humano confinado a sus propias fronteras físicas
"naturales",
el hombre se aleja del mundo primario e intenso de las fuerzas animales,
de la naturaleza y sus múltiples formas. La denuncia del cuerpo
metamórfico como aberración vampírica niega el posible placer en la libre comunicación empática con lo no humano de lo
animal y los elementos naturales. Con-fusión placentera que, para el mundo
mítico, se expresa de forma ejemplar entre los celtas (37). O, en
la percepción
romántica de John Keats, la metamorfosis es también una amplitud
embriagante (38).
No un acto demoníaco. Demonización que sólo surge de un monolítico ver
racional y cristiano que no intuye una de las moradas más profundas
del eros: el placentero juego de las transformaciones.
X
Sangre y eros
Desde la
antigüedad, la sangre es vida. En los remotos entierros se espolvoreaba
el cadáver con color ocre para inducir la continuidad de la vida
en el más allá. En los cuerpos, la sangre es el elemento divino. Por eso, sólo puede derramarse bajo condiciones
rituales estrictas.
Ejemplo arquetípico de este proceso es el culto sacrificial. Aquí,
el derramamiento del rojizo elemento desencadena diversas cualidades
mágicas que incluyen desde la alimentación del sol (en los masivos
sacrificios aztecas) hasta la incentivación de la germinación del
grano (por la muerte ritual y periódica del rey en los tiempos más
antiguos).
Para la antigua
doctrina de los humores corporales y temperamentos, la sangre es
agente etiológico del temperamento sanguíneo, especialmente
pródigo en vitalidad. Por otro lado, en los fundamentales cultos
de Mitra y Cibeles, los iniciados son rociados con sangre de toros
sacrificados (39). La sangre del toro es expresión superlativa de
fertilidad, de fuerza creadora originaria. El mitraísmo surge como
culto en la cultura indoirania. En el siglo XIV ac Mitra ya es mencionado
junto a Indra y Varuna. En la religión védica su estela se diluye
posteriormente. Pero se aviva en Irán, donde Mitra actúa como mediador
entre el mundo superior (Ahura Mazda) y el inferior (Arimán). Durante
la dinastía de los aqueménidas (670 aC. a 330 a.C), reluce en plano de igualdad
respecto a Ahura Mazda.
El culto mitraico es cerrado. Pertenece a una
cofradía que en el imperio romano ejerce gran influencia en la
iniciación de los soldados. El mito cosmogónico
esencial que gira en torno al dios Mitra se relaciona con su imagen
iconográfica fundamental, fuertemente repetida posteriormente en
el mundo romano. Es el joven Mitra que, en una caverna, apoya su
cuerpo sobre un toro reducido con las patas delanteras
flexionadas. Y con su mano derecha, hunde un cuchillo en su
cuello. En la tradición avéstica la sangre derramada
por el toro sacrificado por Mitra adquiere su claro significado de comienzo u origen de
la vida. Y, a su vez, la absorción de su
sangre otorga la inmortalidad, lo cual es solidario con el esquema mítico de la bebida sagrada, como el haoma iranio
o el soma védico. Así, Alfred Loisy suscribe: "La tradición
avéstica retuvo la leyenda del toro inmolado en el origen del mundo,
del cual surgieron las plantas; su simiente recogida y purificada
por la luna dio nacimiento a las especies útiles; su alma, elevada
hasta los dioses, se había convertido en genio protector de los
ganados. Este es el toro al cual mató Mitra, y sin duda se honraba
también anticipadamente a éste con el sacrificio del toro divino
que, según la creencia avéstica, debe tener lugar al final de los
tiempos... la grasa de este toro, mezclada con la savia del hoama
blanco, era un brebaje de inmortalidad para los elegidos. Así como
Mitra había sido creador, debía ser también salvador" (40).
El toro es también
agrario, es "toro del trigo", "el espíritu del grano"
que, por un sacrificio anual y ritual, permite la regeneración del
mundo vegetal.
En otro mito
esencial, Atis se castra y muere para evitar ser tentado por
el hermafrodita Agditis. Pero luego renace por mediación de su
madre y amante Cibeles,
gran diosa de la fertilidad de Frigia, cuyo culto en Roma es también
de vasta influencia. El iniciado desea la vida inmortal. Y para
conseguir este don, primero
se identifica con la muerte de Atis. Yace en una cavidad-tumba
oscura. Luego, renace mediante la impregnación de su cuerpo por la
sangre derramada de un toro sacrificado. Y esta sangre "regenera
al hombre que yace en esta tumba, le comunica la vida de Atis, lo
hace renacer como Atis" (41).
La sangre que
fluye con efecto renovador y dador de inmortalidad se vincula asimismo con el taurobolios
(o sacrificio del toro) en honor del emperador que "no era
para su salvación eterna sino para la salud, y conservación y prosperidad
imperiales" (42). El mundo romano se ve así renovado, nuevamente,
por el flujo de la sangre taurina.
La sangre ejerce
poderes curativos, como en la leyenda medieval del leproso
que, si se baña en sangre, obtiene la curación. Y obsequia
también invulnerabilidad y sabiduría, poderes visionarios y la
capacidad de comprensión del lenguaje de los pájaros. Es el caso del
héroe Sigfrido que se baña en la sangre del
dragón Fafnir (43).
Por otro lado,
tras la castración de Urano por su hijo Cronos, todas las gotas de
sangre que se derraman tras la mutilación "las recogió Gea
(la Tierra). Y al completarse un año dio a luz a las poderosas
Erinnias", canta Hesíodo en La teogonía (versos
185-186). Las Erinnias, las Furias en su versión romana, persiguen
a los que atentan contra la familia, o contra la madre, generadora
primaria de vida. Por eso, no dan tregua a Orestes por su
matricidio, por el asesinato de su madre Clitemestra. Así, estas
fuerzas femeninas vengadoras, nacidas de la sangre de un dios y de
la tierra, protegen la vida contra su agresión sacrílega. Por
su parte, en el Renacimiento mágico, el creador de la Escuela
Neoplatónica de Florencia, Marsilio Ficino, autor de un célebre
comentario sobre El banquete platónico, no duda en avalar
los poderes rejuvenecedores de la sangre (44).
Pero más
inquietante,
y próxima a la propia Rumania de Vlad Tepes, es la fascinación anómala
por la sangre de la condesa Erzébet Báthory, también conocida como
la "condesa sangrienta". Erzébet Báthory nace en Hungría,
en los Cárpatos, en 1560. Vive en el castillo de Csethe, mientras
su esposo, el conde Ferencz Nadasdy, dedica buena parte de su tiempo
a la guerra. Al parecer, la condesa se exaspera, en cierta ocasión,
en que una servidora le tironea el cabello. Enfurecida, la abofetea
entonces hasta que la sangre brota del rostro de la infortunada.
Una gota del elemento vital baña la mano de la condesa. Siente entonces
un placer ardiente. Un revivir enérgico. Un frescor que restituye
la juventud. Luego, en un frenesí demencial, ordena que se desnude
a la mujer herida. Para desangrarla después con un instrumento cortante.
Así, la condesa acomete su primer baño de sangre.
Para obtener el fluido tesoro de las venas, la cortesana cuenta con los macabros servicios
de su sirvienta Dorkó, quien "arrastra por los cabellos a una
joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula (...) Rojo
atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder
-y he aquí la gracia de la jaula-se clava por sí misma los filosos
aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe
impasible con ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su
trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido
blanco ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver"
(45).
Una de las jóvenes,
elegida para el desangramiento feroz, logra escapar y denuncia a la cortesana enloquecida. El rey Matías
II ordena la toma de su
castillo y su procesamiento. Dentro del palacio feudal se hallan
enterrados alrededor de cincuenta cadáveres de jóvenes, perforadas
en jaula letales,
desangradas para colmar la tina de la condesa con el "líquido
de la juventud". Finalmente, la condensa sangrienta es condenada a vivir en confinamiento
en su dormitorio, con sólo un ventanuco como comunicación con el mundo
exterior. Tras cuatro años de encierro, muere en la penumbra de su soledad
(46).
Los hechos
siniestros de la condesa exhiben el perfil morboso o patológico
de la atracción por la sangre, que es compartido también por Gilles
de Rais (1400-1400) (47), o Peter Kürten (1883-1931), "El Vampiro
de Düsseldorf" (48). La historia de la condesa se relaciona
con el magnetismo de una significación
simbólica antigua: la sangre, y lo líquido, como regreso a una fuente
primordial, que obsequia una regeneración y, por tanto, el rejuvenecimiento en una existencia sin término.
Y, asimismo,
por la sangre, puede ser una de las ofrendas a los dioses
infernales para la katábasis (el descenso al Hades) para una
nekyomenteia (consulta oracular a los muertos) como la que
realiza Eneas a su muerto padre Anquises luego de su descensus ad
inferos con la ayuda de la sibila (49). Y en la tradición cristiana, el rojizo líquido
es recogido en cálices (cuya expresión más famosa es el Grial) que
contiene y protege el efecto revitalizante de la sangre de Cristo expresada en el sacramento eucarístico.
También los pactos con el diablo,
a su vez, se sellan con sangre. Y la sangre se vincula
con el color rojo y, por tanto, con lo pasional. Con la vida iridiscente.
Sobreabundante. "Todas las materias líquidas que los antiguos
sacrificaban a los muertos, a los espíritus y a los dioses (leche,
miel, vino) eran imágenes antecedentes de la sangre, el más precioso
don, facilitado en las culturas clásicas por el sacrificio del cordero,
el cerdo y el toro, y en las asiáticas, africanas y americanas por
los sacrificios humanos, como también en la Europa prehistórica"
(50).
El pensamiento
simbólico arcaico permite asimilar la líquida corriente roja con
la fuente originaria de la vida y con una suprema potencia renovadora.
Estos poderes positivos son contaminados o perturbados por
su contraposición negativa, cuando la sangre es parte de las
guerras de conquista; cuando es medio para la obtención
y conservación de un poder político, militar o económico basado en la
violencia. O cuando la estimación de la sangre estimula proclamas
de una supuesta pureza racial, o pretende justificar privilegios
hereditarios de cuna.
Asimismo, es posible
integrar el complejo de imágenes simbólicas de la sangre al
esquema dual, anteriormente analizado, de la confrontación luz-bien y
día-noche (oscuridad-mal y demonismo vampírico).
Lo dual puede ser anclaje ontológico final de la existencia. Pero
desde la perspectiva arcaica, también es dable pensar el devenir
de una corriente única, unificadora, de la que las expresiones particulares
luz-bien, sangre-vida, y noche-mal, sangre-muerte, se reunifican
en un cumbre de aire superior.
La obsesión
vampírica por la sangre, delata la intuición de lo sanguíneo como
principio originario de la vida. La sangre como efectiva fuente
única, por encima de cualquier ambivalencia, descubre que muerte y
vida participan de una situación originaria anterior, de
una fuerza unificadora. En el ámbito de las religiones pérsicas,
paisaje cultural modélico del dualismo extremo, surgió la herejía
zervanista donde el dios Zurván, dios del tiempo, actúa como padre
de la luz (Ormuz) y de las tinieblas (Arimán). Zurván contiene en
sí la luz y las tinieblas, el bien y el mal.
La dualidad subsiste pero no como contraposición sino como manifiesta
duplicación de una sola energía vital.
Primero es la contraposición dualista
pérsica y cristiana de la sangre del mal (que succiona, bebe, lame
y complace al vampiro), y la sangre buena de la purificación
eucarística. Pero, más allá, la seducción por la sangre es atracción hacia la fuente
única de todo lo vivo y lo muerto. Sólo después, una mirada disociadora,
limitará el flujo sanguíneo al polemos o combate entre la luz (la cristiana de la pureza
victoriana de Van Helsing), y la noche de la regresión monstruosa
y demoníaca de Drácula (condición negativa que también se
relaciona con lo demoníaco de un poder desmedido sostenido por la violencia, el
autoritarismo y el derramamiento de sangre). Pero antes de la radicalización dualista,
la sangre, en su potencia más primaria, y no degrada o
manipulada, es fuerza simbólica de la vida que, primero, crea lo dividido
y múltiple. Y luego lo atrae y unifica.
Y lo que atrae y reúne es acción erótica.
La exacerbada voluntad vampírica por
la sangre como bebida y alimento, encubre la intuición de la
vida como exuberancia creadora de opuestos. Y como superación de
esa oposición, por la que la muerte busca reunificarse con su contrario, la vida (perdida),
mediante la pasión sensual, la avidez sexual, la fuerza erótica
como potencia que reunifica.
Tras la
apariencia de monstruosidad de la acción vampírica, se disfraza así una revalorización pasional
y desesperada de una espiritualidad de la reunificación, cuyo centro no es un espíritu
puro. Sin materia. Una divinidad cuestionadora de la lujuria, de
la seducción y el trasfondo oscuro. Secreto. Extraño. De la noche
lunar. Por el contrario, en esta otra forma de acceso a la amplitud
espiritual, el valor se concentra en la obsesión sanguínea como
restitución de la centralidad del eros en tanto fuerza que crea
lo distinto, los aparentes opuestos bien-mal, vida-muerte,
luz-noche y que,
a su vez, busca su reunificación. Un materialismo en el que la
fascinación por el rojo de la sangre es expresión visible del eros
como fuerza vital que, frente al opuesto vida-muerte, promete a la
muerte su regreso o placentera transformación en nueva vida.
Espiritualidad
erótica y sanguínea de procedencia matricial pagana donde, por la
ingesta o bebida de un sagrado elemento material, el hombre se re-úne
con la gran intensidad vital. Sangre, carne, cuerpo, tierra,
sexualidad son así, en lo metafórico, las fuerzas de una alianza
nocturna que alienta un materialismo erotizante. Materialismo
espiritual en el que la
ecuación sangre-vida-placer es rápido retorno
al eros atávico. Nocturno secreto temido, y oscuramente sospechado, por la sociedad
victoriana de Stoker. O por nuestro tiempo de la débil sensualidad
de un placer que se agota en sí mismo. El vampiro ávido del
rojizo líquido sabe que, en la noche de la tumba y el frío,
la paz no es la muerte definitiva que trae la estaca. Sino la entrega a la pasión sanguínea, como calor
sensual, que renueva la fuerza extraña
del eros. Lo erótico como lo que atrae y reúne. Y que, en su placer extremo, puede disolver lo
muerto. (*)
(*) Fuente:
Esteban Ierardo,
"Drácula, vampirismo, y la alianza nocturna", editado aquí de manera original.
Imágenes:
En parte II, el único retrato conocido de Vlad III Tepes; en parte
VII: el castillo
Poienari en los Cárpatos meridionales, construido por Vlad III, aún en
pie.
Citas:
(1) Matei Cazacu, Vlad
III, Drácula.Vida y leyenda de "El empapador", Príncipe
de Valaquia, Buenos Aires, editorial El Ateneo, 2006, p. 201.
(2) En su juventud, Drácula fue cautivo
de los turcos, entre 1442 a 1444, y aprendió entonces su lengua.
(3) Ver el panfleto
anónimo alemán de 1463 Historia del voievod Drácula (Geschichte
Dracole Waide), en M. Cazacu, Vlad III, op. cit., pp.
349-354.
(4) Para versión
completa de Beheim, ver Miguel Beheim, De un tirano llamado
Drácula voievod de Valaquia, en M. Cazacu, Vlad III, op. cit.,p. 355-385.
(5) Según Jesús Palacios
en su libro Desde el infierno: una historia oculta del siglo XX,
Madrid, Oberón, 2004, Stoker nunca habría formado parte de la
Hermetic Order of the Golden Dawn. La sospecha de su inclusión en
la orden procedería de su amistad con el abogado escocés John
William Brodie-Innes (1848-1923), autor de numerosas novelas
fantásticas, quien le habría propuesto a Stoker ingresar en la
orden sin que éste nunca consumara la invitación.
(6) Bram Stoker, Drácula,
Madrid, Cátedra (trad. Juan Antonio Molina Foix), p. 99.
(7) Ibid., p.138.
(8) Varias similitudes
existen entre el folletín de Rymer y la novela de Stoker:
la llegada del vampiro a Inglaterra en un barco hostigado por una tormenta; la transformación del vampiro en lobo; o la actitud
científica del cazador de vampiros, Bannerworth, que preanuncia
la de Van Helsing.
(9) M. Cazacu, Vlad
III, op. cit., p. 302.
(10) Ibid., p. 303.
(11) Ibid., pp.304-305.
(12) La creencia en
seres de características similares al vampiro transilvano en cuanto
su condición de no muerto o su relación de búsqueda perentoria de
la sangre como alimento, o como agresión sobre sus víctimas, se halla
difundida en numerosos países desde la antigüedad. En plena edad
del racionalismo europeo ilustrado, en el siglo XVIII, el padre benedictino Dom Augustin Calmet
compila numerosas historias de entidades vampíricas, en su Tratado sobre los vampiros
(1746); aquí, los seres hematófagos manifiestan su presencia y
existencia sobrenatural en numerosos países: Serbia, Inglaterra,
Moravia, Hungría, Austria, Polonia, Silesia y Prusia, o incluso en
regiones tan distantes como Perú o Laponia.
(13) M. Cazacu, Vlad
III, op. cit., p. 319.
(14) Ibid., pp. 322-23.
(15) La superación del
estado cataléptico luego de ya consumado el entierro da lugar al
desesperante y casi siempre fatal entierro prematuro como en el
relato "El entierro prematuro", de Poe (ver en E.A.Poe, Cuentos
Completos, ed. Alianza, v.II, en traducción de Julio Cortázar); o
el film Entierro prematuro (The Premature Burial,
1962), de Roger Corman.
(16) Por impedimentos
legales, Murnau debió nombrar a su obra Nosferatu.., en
lugar de Drácula. Para un estudio sobre las diversas variaciones
cinematográficas del conde transilvano puede consultarse Hilario J.
Rodríguez (coord), Las miradas de la noche. Cine y vampirismo,
Madrid, Ocho y medio, 2005.
(17) Luego de la
derrota que le propina Drácula, los turcos, a guisa de venganza,
envían un mensaje a Elizabeth donde se le anuncia la muerte de su
esposo. Entonces, ésta, desesperada, se suicida arrojándose desde
lo alto a un río.
(18) Para una exposición
detenida del dualismo bien-mal, y su relación con la confrontación
la luz-noche,
ver Jeffrey Burton Russell, "El diablo en Oriente y Occidente",
en El diablo. Percepciones del mal, de la antigüedad al cristianismo
primitivo, pp. 57-124.
(19) Max Müller expone su
tesis fundamental sobre la omnipresencia del combate luz-noche en el
entramado mitológico universal en sus conferencias pronunciadas en
la Abadía de Westminster en 1878, compendiadas en Origen y
desarrollo de la religión estudiados a la luz de las religiones de
la India. Tras los procesos imaginativos de la mitología,
"Müller encuentra sólo una referencia a fenómenos naturales,
al espectáculo impresionante de la aurora y el ocaso, el retorno de
la luz y la noche, 'el drama solar' cotidiano y los combates de
nubes y astros centelleantes. De un lado, pues la inconciente
creación de imágenes en el lenguaje, y de otro esta admiración
teatral del primitivo ante lo atmosférico. Sobre todo el alba era
para M. Müller, la fuente mágica de mil mitos. '¿Acaso no fue para
el primitivo hacedor de mitos, el primer milagro, el primer comienzo
de la reflexión de todo pensamiento, de toda filosofía? ¿No fue
para él la primera revelación, el comienzo primero de toda verdad,
de toda religión? ' El celeste combate de luces y sombras era el
tema principal de cualquier mitología", en Carlos García Gual,
Introducción a la mitología griega, Madrid, Alianza, p.
212.
(20) B. Stoker, Drácula,
op. cit., p.428.
(21) Ibid.
(22) Ibid.
(23) Ibid.
(24) Ibid., p.429.
(25) Ibid., p. 430.
(26) Ibid.
(27) Ibid.
(28) Mientras su esposo
Harker duerme, Mina es visitada por Drácula: "...al lado de la
cama, como si hubiese salido de la niebla (o más bien como si la
niebla hubiese tomado su forma, ya que había desparecido por
completo), había un hombre alto y delgado, todo vestido de negro.
Inmediatamente lo reconocí por las descripciones de los demás. El
rostro cerúleo; la larga nariz aquilina cuya silueta, de tenue
contorno blanco, se recortaba sobre el fondo luminoso; los labios
rojos entreabiertos, entre los que asomaban los afilados dientes
blancos...". Drácula hunde luego sus colmillos en la garganta
de la mujer victoriana para transferirle la inmortalidad, para
unirse con ella en goce lascivo; aunque esta unión esté condenada
con el signo de la maldición. Y le declara después: "Y tú,
...eres ahora para mí carne de mi carne, sangre de mi sangre,
vástago de mi propio linaje,...y más tarde mi compañera y
ayudante...A partir de ahora acudirás a mi llamada,. Cuando mi
mente te diga !Ven!, cruzarás tierras y mares para cumplir mi
orden", en B. Stoker, Drácula,
op. cit., p.501. Drácula así, primero, parodia el sacramento
eucarístico cristiano. Y luego manifiesta su poder sobre Mina, su
inclusión, por el rito de la sangre, de la mujer dentro de su
"linaje", dentro de su esfera de poder y, por tanto,
sometida ahora a la fuerza de su mente imbuida de potencias
mágicas. Si Drácula es variación paródica de la liturgia
eucarística, Renfield actuaría como equivalente de Juan
el Bautista, como el que anuncia la llegada del maestro.
(29) Ver Joseph
Campbell, El héroe
de las mil caras, México, Fondo de Cultura Económica.
(30) B. Stoker, Drácula,
op. cit., p. 437.
(31) Van Helsing el
"intrépido cazador de vampiros 'filósofo y metafísico', y a
la vez figura paternal, parece emparentado con el doctor Hesselius
de Le Fanu ...Al igual que Victor Frankenstein, resume el
pensamiento científico más avanzado de su tiempo. Pero, como sus
contemporáneos Holmes y Freud, puede resolver enigmas y desterrar
horrores. Debe gran parte de su poder al hecho de representar a la
vez a la ciencia y la religión, en unos momentos en que ambos
sistemas estaban a punto de separase definitivamente", en
prólogo de Juan Antonio Molina Foix a B. Stoker, Drácula,
op. cit., p. 27-28.
(32) Sobre el viaje al más
allá de los egipcios puede consultarse la obra del gran egiptólogo
alemán Henri Frankfort, La religión en el Antiguo Egipto (en
especial su capítulo "La esperanza egipcia"), Madrid,
1988, pp. 165-197; o El libro egipcio de los muertos, con los
conjuros jeroglíficos que los parientes de los muertos tallaban en
las tumbas. Richard Lepsius en 1842, realiza la primera edición de
numerosas invocaciones mortuorias que ayudan al alma en su llegada
hasta la morada de Osiris, dios de los muertos para luego de un
juicio aspirar a la inmortalidad.
(33) E. O. James,
La religión del mundo prehistórico, Madrid, Ediciones Guadarrama,
1973, p.172.
(34) Ronald Pearsall, The
Worm in the Bud. The World of Victorian Sexuality, Londres,
Pelican, 1971, p.15, citado por J.A. Molina Foix en prólogo a
B.Stoker, Drácula,
op. cit., p. 47.
(35) B.Stoker, Drácula,
op. cit., p. 432.
(36) En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde,
el Dr. Jeykll, el científico, el hombre racional, abrumado por las
transformaciones y su condición incontrolable acude al suicido como
última solución. En El Retrato de Dorian Gray, Dorian Gray,
hastiado de una eterna juventud que se releva como continuidad
insoportable del hastío, destruye finalmente la pintura-retrato que
mágicamente le asegura la existencia ilimitada, para así liberarse
del tormento de la prolongación anti-natural de la
vida.
(37) Amairgen, poeta
celta de la raza de Milé, canta:
Yo soy el
viento que se abate sobre el mar; / Yo
soy la ola de la profundidad; / yo
soy el trono de las siete batallas... /Y
concluye: / ...Yo soy la punta de la
lanza que abre la batalla; /Yo
soy el dios que da forma a los pensamientos de la mente", en La
canción de Amairgen en el Lebar Gabala, citado en J.
Campbell, El vuelo del ganso salvaje, Barcelona, Kairós,
pp.221-22. El canto de Amairgen
es expresión de la identidad múltiple, del sujeto que no es ya
individualidad encerrada en una forma única, sino una subjetividad
diseminada en las muchas formas. Proceso que libera un placer
o goce metamórfico del nomadismo o devenir entre los diversos seres.
(38) Una carta
fundamental de John Keats como expresión de la intuición
romántica de la placentera libertad de la transformación o
metamorfosis física y psíquica es la que el escritor argentino
Julio Cortázar llama "la carta del camaleón". Respecto a
ésta: "Su preludio es perceptible en una frase... como al
pasar... Keats le está diciendo a su amigo Bayley que nunca ha
esperado otra felicidad que la del puro presente, y agrega como al
descuido: 'Si un gorrión se posa junto a mi ventana, tomo parte en
su existencia y picoteo en el suelo...'. En octubre de 1818 el
gorrión se vuelve camaleón en una carta a Richard Woodhouse: 'En
cuanto al carácter poético en sí...no tiene un yo, es todo y es
nada; no tiene un carácter, goza con la luz y con la sombra, vive
en lo que le gusta, sea horrible o hermoso, excelso o humilde, rico
o pobre, mezquino o elevado. Tanto se deleita en concebir a un Yago
como a una Imogena. Lo que choca al virtuoso filósofo deleita al
poeta camaleón...Un poeta es lo menos poético de todo cuanto
existe; como no tiene identidad, continuamente tiende a encarnarse
en otros cuerpos", en Julio Cortázar, "Casilla del
camaleón", de La vuelta al mundo en ochenta mundos,
incluido en Julio Ortega (compilador), La casilla de los Morelli,
Buenos Aires, Tusquets, 1988, p.97.
(39) Ver por ejemplo
"Mito y ritual de Atis" en la clásica obra del
antropólogo británico Sir James Frazer, en La rama dorada,
México, Fondo de Cultura Económica.
(40) Alfred Loisy, "Mitra",
en Los misterios paganos y el misterio cristiano, Buenos Aires,
Paidós, Biblioteca de Ciencia e Historia de las Religiones, p. 140.
(41) Ibid., p.90.
(42) Ibid., p.91.
(43) "Una
vez derrotado y muerto el temible Fafnir, Sigfrido se apodera
del tesoro que el dragón custodia, come su corazón y se baña en
su sangre, lo cual le hace invulnerable y le otorga una serie de
prodigiosos poderes, entre ellos una profunda sabiduría y una
especial visión de las cosas. Al probar con su lengua la sangre del
dragón que ha caído sobre uno de sus dedos, el joven héroe se ve
repentinamente investido del don de entender el lenguaje de los
pájaros, los cuales le revelan verdades antes para él ignoradas. Por
lo pronto, dos águilas que vuelan sobre él hacen saber a Sigfrido
que Regin planea asesinarle, una vez que lo ha utilizado para dar
muerte a Fafnir. La sagaz visión que ahora posee le permite
asimismo descubrir el lugar donde yace dormida Brunilda, a la espera
de ser liberada por su ímpetu heroico", en Antonio Medrano, La
lucha contra el dragón. La tiranía del ego y la gesta heroica
interior, Madrid, Yatay ediciones, 1999, p.48.
(44) Ver David Le
Breton, El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos,
Buenos Aires, Nueva visión, 2006, p. 321.
(45) Alejandra Pizarnik,
"La condesa sangrienta", en Obras completas.
Poesía completa y prosa selecta (edición preparada por
Cristina Piña), ed. Corregidor, 1993, p. 377. Para la escritura de
su ensayo sobre la mujer sangrienta de las tierras húngaras,
Pizarnik se inspiró en una biografía de Báthory de la escritora
francesa Valentine Penrose.
(46) Ver Juan
Jacobo Bajarlía, Drácula. El vampirismo y Bram Stoker, Buenos Aires,
ed. Almagesto, pp. 69-71.
(47) La atracción patológica por la sangre
humana obsesionó a Gilles
de Rais (1400-1440), también llamado Barba Azul, antiguo compañero de armas de Juana de
Arco. Gilles perseguía en el líquido rojizo el secreto de la piedra filosofal.
"Hubo Cesares como Nerón y Tiberio que se deleitaban haciendo
estrangular a vírgenes y muchachos. Gilles de Rais, el auténtico
Barba Azul, aunque la leyenda sospecha de otro, pertenecía a la
misma especie. Y además era pederasta. Se calcula que en ocho años
asesinó a ochocientos niños. Señor de inmensas posesiones,
amparado por su impunidad feudal y por la guerra, le costó muy poco
alcanzar esta cifra monstruosa, no igualada jamás en la historia
(...) Auguste Cabanes...nos dice: 'Satisfecha su concupiscencia el
señor de Rais se exaltaba degollando a sus inocentes víctimas.
También ordenaba a (sus lacayos) Gilles de Sille, a Poitou o a
Henriet que atravesaran con el puñal la yugular del niño, a fin de
que la sangre lo inundara con sus chorros intermitentes, ya que el
color de ese líquido sobre la piel, lo estremecía en una especie
de éxtasis", en Juan
Jacobo Bajarlía, Drácula. El vamp |