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WILLIAM
BLAKE
Los caminos de una
poesía visionaria
Por Esteban
Ierardo
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Ilustración de William Blake para el Libro de Job,
refleja el momento en que se le revela el creador del
universo. |
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William
Blake (1757-1827)
representa el poder creativo de una poesía visionaria, de la que
surge una compleja mitología. En Blake, poesía e imagen se integran
de forma indisociable. El poeta inglés, precursor del romanticismo,
recupera la potencia simbólica de la palabra poética y talla una
crítica de las nociones tradicionales del bien y el mal. A
continuación un ensayo donde se explora algunos de los perfiles
esenciales del universo poético del autor de El matrimonio del
cielo y el infierno.
E.I
WILLIAM
BLAKE
Los caminos de una
poesía visionaria
Por Esteban
Ierardo
I. Sobre
Londres ruge la tormenta. Los rayos inventan ocultos caballos
salvajes. Los resplandores de los relámpagos enfatizan la presencia
muda de las torres. El Támesis recibe la lluvia. Techos y calles
contemplan las nubes, la tormentosa pasión del cielo. Y también lo
hace un poeta. Que camina hacia su taller. Las últimas imágenes de
sus grabados saltan en su recuerdo. La voz de antiguos profetas
repite sus vaticinios dentro de su garganta. Los modernos cálculos
de Newton, el último lienzo preciosista de Reynolds, se resquebrajan
en un rincón oscuro. Y las matemáticas... los lienzos... los
techos... las paredes londinenses siempre exhiben grietas.
Hendiduras. Entre las que el poeta ve...Y dice, aunque la tormenta
se aleje...
El poeta,
Blake, camina por las calles londinenses. Casi nunca se ha alejado
de la ciudad neblinosa. Algunos podrían suponer que poco ha viajado.
Sin embargo, su modo natural de existencia es el continuar viajar
(1). Sus travesías no son rumores de proas de barcos, o del circular
traqueteo de carretas; o el rumor de los cascos de los caballos. Los
caminos de sus viajes son sutiles. No reconocen horizontes cercados
e infranqueables. El poeta viaja entre visiones, que pueden estallar
en la noche, o mecerse sobre el aire suave de la mañana.
II. El
poeta profundo rara vez goza de la simpatía de su tiempo. Pero el
que crea versos desde canteras abismales no desdeña nunca la
oportunidad de batir el tambor de la libertad y la dignidad en su
propio tiempo.
Blake
(1757-1827) pertenece al gremio de los artesanos, una tradición de
trabajadores independientes que luchan por preservar y aumentar sus
derechos frente al agobio de la aristocracia y los siempre latentes
arrebatos absolutistas de las monarquías (2). Blake es un radical
republicano que, como otros, cree que la Revolución Francesa es un
nuevo amanecer de la historia. Dentro de ese fervor aún no
eclipsado, escribe, por encargo de Joseph Johnson, librero y
editor de ideario progresista, su poema La Revolución
Francesa. Aquí, se combina la historia con la ficción. Los
actores del drama revolucionario son seres históricos. Pero, al
mismo tiempo, instrumentos de fuerzas simbólicas y trascendentes. La
revolución es renovación, un nuevo comienzo. La libertad demanda una
nueva política descendiendo por los canales del tiempo. El poema de
Blake recrea poéticamente un hecho pero, en su nervio más
subterráneo, pretende contribuir a una liberación de la opresión
monárquica. Luego, Blake sabrá de la revolución gala que se decapita
a sí misma; sabrá del terror blanco, de los jacobinos, de
Robespierre, de la muerte de Danton. Pero el verbo profético aún
adelanta una libertad posible que, para Blake, siempre sopla desde
América.
Blake
es el preámbulo del romanticismo. Participa ya del abierto rechazo
romántico del componente racionalista de la Ilustración. La
cosmovisión romántica alienta la percepción de lo infinito en la
finitud; aspira a la reconciliación de lo dividido, y propulsa la
libertad creadora. El libre fluir imaginativo desde la interioridad
del sujeto frente a la exigencia de exactitud mimética de la teoría
clásica (3). Estos perfiles estéticos son prefigurados por Blake.
Cuya poesía es profética. Visionaria. Simbólica. Y creadora de una
nueva mitología. Como toda poesía profunda, la poética blakeana gira
en torno a un núcleo pensante. Un nódulo de pensamiento que
intentaremos descubrir entre racimos de visiones.
III.
En la tradición religiosa, la visión del mal que prevalece consiste
en la negación de un principio moral del bien. En el caso de Blake,
en el contexto de su obra El Matrimonio del Cielo y el Infierno
(The Marriage of Heaven and the Hell) el mal es una fuerza
liberadora de lo que restringe u oprime; es positiva afirmación del
movimiento y la expansión vital. Cuando el mal libera se
invierten los términos éticos corrientes. Lo que para una ortodoxia
religiosa cristiana es el mal, en la ética poética invertida de
Blake se convierte, con algo de ironía, en el bien.
Para
Blake, la dinámica vital depende de la pulsión de los contrarios.
Así: "sin contrarios no hay progresión. Atracción y repulsión. La
razón y energía, amor y odio son necesarios para la existencia
humana" (4). Confirmación de la mirada presocrática y heraclítea del
continuo juego de los opuestos vinculada con la alternancia o
sucesión de los contrarios. Del choque rutinario de las oposiciones
nace "lo que el religioso llama el Bien y el Mal". Una obligada
alusión a la mentalidad religiosa ortodoxa. Para esta mirada "el
bien es el cielo". El bien aquí es la
verdad revelada, la Ley, una espiritualidad libre e independiente
del cuerpo. El cielo como bien es promesa de apacibilidad
paradisíaca, liberación de la turbulencia de los instintos y las
pasiones.
Pero,
en lo profundo del siglo XVIII, la verdad oscila
gracias al péndulo de la razón. Entonces, aquí, el bien es
racionalidad matemática, intelecto abstracto. Esta configuración
epocal de lo bueno ( el bien como espíritu puro del cristianismo
opuesto al cuerpo, y la racionalidad ilustrada, también refractaria
de lo instintivo y corpóreo) demanda una respuesta crítica. Una
crítica de los propios excesos de la razón, o una crítica de la
falsedad religiosa a la manera de un Fuerbach o un Hegel. Pero
Blake, como poeta, no está destinado a ensayar una crítica
filosófica sino una trasgresión simbólica del bien aceptado. Una
crítica poética.
Un primer
elemento posible de una crítica poética es la apelación a las
emociones. Quizás por esto, en The Marriage... , Blake
recurre a la sugestión emocional del infierno. Aun una breve
evocación de los fuegos infernales provoca, ineludiblemente, un
impacto emotivo que impide toda indiferencia. La alusión al infierno
atrapa, absorbe, hechiza. En el cristianismo medieval, creador del
Purgatorio, la feroz imaginería del dolor en el averno es vehículo
de una intención didáctica, un escarmiento para inhibir la acción
maligna. Pero, hábilmente, la invocación del calor infernal es el
medio elegido por Blake para dotar a sus versos de un aura
inquietante. El demonio es un mensajero más atrayente y seductor que
un pacífico ángel. Así, el poeta se enfunda en una voz demoníaca
para transmitir la visión de un bien hasta entonces
excluido.
IV. En
The Marriage... la voz demoníaca denuncia los errores de los
códigos o libros sagrados. Uno de esos errores es la separación
entre el cuerpo y el alma. Un dualismo de milenaria raíz pérsica y
judeo-cristiana. Dualidad que asimila y reelabora Descartes en su
célebre división entre la res cogitans (asimilada al
pensamiento), y la res extensa (ámbito de lo material,
sensorial y corpóreo). La visión de lo dual se extiende, a su vez, a
la identificación mal-cuerpo, bien-alma. Lo corpóreo puede ser
templo de lo divino. Pero en la perspectiva religiosa tradicional es
efecto de la caída, de la expulsión del jardín edénico. Lo corpóreo
es así un proceso de degradación antropológica, y una forma de
distanciamiento del ser. El bien se enlaza, en cambio, con los
atributos luminosos de una espiritualidad pura. Con el espíritu que
trasciende el instinto corporal.
Y el
demonio advierte: "... dios atormentará eternamente al hombre
seguidor de sus energías" (5). Las energías son estallido de los
instintos y pasiones. Es la fuerza vital que rompe la celda racional
o moral. La energía en Blake es experiencia próxima al eros
(como amor cósmico), la sofia (como sabiduría de lo
ilimitado); y la filocalia, como amor por la belleza
radiante.
También, la
energía emancipada del dualismo cuerpo-mente estimula una
revaloración de lo corporal: el cuerpo es extensión del alma: "lo
que llamamos cuerpo es una porción del alma discernida por los cinco
sentidos". Detrás de esta equiparación entre cuerpo y alma quizá
actúa la influencia parasélsica. Paracelso (1494-1541), el polémico
médico y alquimista suizo, esencial personaje del Renacimiento,
avala la existencia de dos cuerpos que se integran y coexisten: el
visible y el invisible. Una concepción que acaso puede relacionarse
con la postulación de Blake de una continuación entre el cuerpo
(visible) y un cuerpo invisible (el alma). A su vez, Paracelso le
otorga a la imaginación la condición de facultad espiritual superior
capaz de entrever las fuerzas potenciales de la naturaleza. Esta
concepción es preludio y estímulo de la posterior exaltación
blakeana de la potencia visionaria de las imágenes.
Y
la energía "emana del cuerpo". El centro de lo
que se mueve o vive pertenece a la materialidad sensible del cuerpo.
La razón, para el demonio Blake, y a diferencia del absolutismo
racionalista, ya no es axis mundi. La razón es ahora
"confín o circunferencia externa a la energía". La razón es borde,
lugar saliente. La racionalidad es fuerza secundaria, sublimada; es
debilitamiento respecto a la plenitud de la energía. Vivir en el
centro de la energía es percepción de una "delicia
eterna".
Se
comienza así a delinear una "sabiduría infernal" para la que el
verdadero bien es lo impugnado como "mal" por la ortodoxia
cristiana. En esta aparición invertida interviene el nervio gnóstico
o cátaro de Blake (6). Para la fe gnóstica, el dios
veterotestamentario es falsa divinidad, deidad impostora, que engaña
y esclaviza al alma. El dios del Antiguo Testamento será Urizen,
verdadero responsable de la acción maligna. La inspiración gnóstica,
vinculada con teólogos de la gnosis como Basílides, Valentín o
Marción, es altamente significativa en Blake (7).
Marción es hijo del obispo de la Iglesia de Sínope, en
el Ponto. En el 144 d.c organiza una gran comunidad en la que
difunde su teología. Para Marción, el Dios del Antiguo Testamento es
un ser falaz y tiránico.
Para
la mirada gnóstica, la falsa divinidad bíblica engendra temor y
esclavitud. Para este engañoso dios, "bueno" será el sometimiento
temeroso a la autoridad, la contención instintiva, el repudio del
sexo como libre placer. Frente a este entendimiento del bien, la
sabiduría infernal, en los Proverbios del Infierno,
desplegará un contra-saber, una nueva revelación que recupera el
auténtico bien olvidado.
V. Los proverbios exigirían una
larga exégesis. Intentaremos traspasar diagonalmente su espesor y
exponer en la superficie parte de sus sentidos posibles.
En la
revelación infernal de The Marriage... podemos entrever una
legitimación del exceso; la percepción de lo infinito; un saber
oblicuo enemigo de todo orden lógico cerrado; y la experiencia de la
alteridad humana.
La
razón fija, determina límites. Contiene. Ordena. Trasmuta un caos
informe en idea coherente. El peligro es el exceso no consentido por
una regla deductiva previa. Para la mirada del primado de la razón,
la efusión del desborde, del éxtasis, es la recaída en la oscuridad
de la vida emocional. Para Blake, en cambio: "La senda del exceso
lleva al palacio de la sabiduría" (The road of excess leads to
the palace of wisdom) (8).
La
naturaleza del exceso aquí es esencialmente sexual y anímica: "La
lujuria del chivo es la gloria de Dios". Y la lujuria es despertada
por el deseo. El deseo es la gran fuerza rehabilitada por Blake. El
deseo es libertad para que el ojo vea lo antes no percibido. Es
efusión de lo instintivo y sensible. Es goce que comienza en la
contemplación de la magnética desnudez de lo femenino: "La desnudez
de la mujer es obra de Dios" ( The nakedness of woman is work of
God) (9). Luego, en la primera Fantasía memorable de
El Matrimonio..., Blake participa de la creencia cristiana,
propia de su tiempo, de que el mundo fue creado en el 4004 a.c. Un
mundo que luego de seis mil años se destruirá por el fuego. Un
querubín que blande una espada ígnea recibirá la orden de ya no
defender el árbol de la vida; y entonces el mundo, con su polución
de finitud y corrupción, arderá en un crujido de muerte. Pero para
trasformarse luego en "infinito y sagrado". Y esto sólo "llegará a
suceder mediante el perfeccionamiento del goce sexual"
(10).
Aquí,
la salvación y purificación acontece a través de la sexualidad. En
el jardín donde se cultivan las flores del placer. La
sensualidad liberadora entrega salud, intensidad vital,
resplandor y elevación luminosa. Pues "aquel cuyo rostro no irradia
luz nunca llegará a estrella" (11). Un rostro luminoso revela una
individualidad en expansión, en ascensión espiritual. A su vez, el
exceso, y su incremento de vitalidad, embellece: "La exuberancia es
belleza" (Exuberance is Beatuty) (12). La vida encendida es
bella. La sensualidad liberada enciende el fuego purificador. El
sexo es sacralizado por un Blake que cuestiona la represión y la
monogamia.
El exceso
también puede expresarse como pasión exaltada. En este plano, la
cólera, la furia, lejos de ser inevitablemente regresión
bestial, insinúa la divinidad: "La cólera de león es la
sabiduría de dios".
Y el
poeta afirma: "El rugir de los leones, el aullidos de los lobos, y
el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora son
parte de la eternidad, demasiados grandes para que las aprecie el
ojo humano" (13). Las imágenes elegidas por el poeta son dinámicas y
sustituibles: muchas otras figuras se pudo elegir para transmitir un
propósito único: la multiplicidad poliédrica de las cosas es
inaprensible por los sentidos habituales. La diversidad es
manifestación de una infinita riqueza. Experimentar este poder exige
algo más que la percepción orgánica limitada. Tras lo distinto y
múltiple, se despliega una velada totalidad: "Un pensamiento llena
la inmensidad". El acceso al único pensamiento eterno e infinito se
vincula, como luego advertiremos, con la Imaginación, como suprema
facultad cognoscitiva, con el genio poético y la visión. Pero para
la experiencia de la totalidad es necesaria una trasformación
corporal previa, que obre como superación de los límites habituales.
Es necesario un nuevo cuerpo. El destino de los sentidos en el
hombre caído es el encapsulamiento; el encierro en sus pobres
sentidos. No será factible saber o experimentar que el reino del
pájaro es un "inmenso mundo deleitoso", si el hombre permanece
encerrado en sus cinco sentidos. La percepción corriente es
condicionada por la limitación sensorial. Y por esta limitación el
hombre no advierte, habitualmente, lo que ocultan las superficies.
Entonces será necesario un "método infernal", una constelación de
"corrosivos". En el infierno, la corrosión es la
abrasión destructora y desintegradora del fuego. El fuego que
Blake cree llegado al cabo de seis mil años, regenerará la creación
y desocultará el ser. El hombre no podrá superar su
autoconfinamiento hasta ser purificado por una medicinal llama
infernal que abrirá o limpiará los sentidos antes cerrados.
Entonces:
"Si las
puertas de la percepción se limpiara, todo aparecería a los hombre
como realmente es: infinito" (14).
Bien
es conocido el efecto de este esencial verso blakeano en Huxley, y
sus visiones urbanas bajo la controlada influencia de la mescalina
(15), y en un místico músico del rock sesentista (16).
Percibir lo infinito es regresar a la realidad una,
íntegra y radiante, perdida luego de la caída, que descompone en
opacos reflejos la luz que antes era una única entidad de claridad.
Las
revelaciones infernales también desacreditan la medida, la regla
lógica, la razón como único continente de la verdad. En el siglo
XVIII, el reloj ya posee su característica presencia controladora y
mediadora del tiempo vivido. Pero lo único que cae bajo la medición
del reloj son "las horas de la locura". En cambio, "ningún reloj
puede medir la sabiduría". La sabiduría es ausencia de medida, es
devenir emancipado de todo rigor cronométrico. El reloj se asimila a
su vez al compás que Newton sostiene en una de las famosas
ilustraciones de Blake. El repudio del tiempo-medida es percepción
de otra temporalidad y prefigura el tiempo como corriente de
conciencia que elude toda cuantificación en la filosofía de
Husserl, Bergson, o en la literatura de Proust, Faulkner o Joyce.
La voluntad
de medida racional se combina con la rectitud de la línea como
metáfora del saber perfecto, traslúcido, racional: "el
perfeccionamiento traza caminos rectos". El
camino recto remite a la coherencia lógica, a una lineal sucesión de
deducciones. En esta senda hay sólo un conocimiento instrumental o
abstracto. Porque el verdadero saber surge en otro territorio: "los
torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio". Lo oblicuo,
lo lateral, es la costa de la genialidad que, en Blake siempre es
"genio poético", percepción de lo real y eterno, mediante las
visiones y el espíritu de la profecía. Producto del genio poético es
la imagen mítica, y su complejo universo simbólico, cuyos elementos
y sentidos brotan desde lo torcido, oblicuo. La oscura lateralidad
de la imaginación creadora.
Un
solo proverbio del infierno, que bien podría perderse en la
corriente demoníaca y numerosa de las sentencias, entrega un breve
pero constante significado:
"El acto más
sublime consiste en poner a otro ante ti".
La
dificultad para el trato con la otredad es uno de los puntos ciegos
del sujeto racional. El sujeto de conocimiento en la filosofía
moderna sólo se vincula con lo que él constituye y proyecta. Todo
es para su conciencia racional. El principio de la real como
efecto de una proyección del sujeto puede ser extendido al ámbito de
las relaciones intersubjetivas o interpersonales. El yo suele
encontrar en el otro no su alteridad, sino la propia proyección. El
supuesto otro no es otro, sino el propio yo reflejándose en él. La
real visión del otro y su presencia es un acto especialmente
singular. De ahí su condición sublime. Ver al otro en cuanto tal es
ruptura del propio egocentrismo, y encuentro con el otro como
evidencia de una vida diversa.
VI. Al
final de los Proverbios..., Blake ensaya una breve, pero
sustantiva disección psicológica del engaño sacerdotal. En el
comienzo, los poetas crearon a los dioses. Dioses o genios poseen un
origen poético: "Los antiguos poetas animan todos los objetos
sensibles con dioses o genios" (17). La materia, antes fría,
inexpresiva, es divinizada por la poesía. Los poetas también
percibieron el genio propio de cada país o ciudad, para ponerlos
"bajo el patrocinio de su divinidad mental". Los dioses y, por
extensión, las centrales imágenes de las religiones, son, ab
origine, creación poética. No poseen una existencia propia, más
allá de la poesía originaria. Las mitologías y religiones ocultan un
momento primario y fundante donde la multitud de dioses
surgieron como consecuencia de un acto de la imaginación.
Pero el aura poética de las cosas sufrió la contaminación de la
astucia sacerdotal. El sacerdote separa a "las divinidades mentales
de sus objetos". La divinidad creada por los poetas vive en las
cosas. Pero por la abstracción sacerdotal el dios adquiere una vida
propia, separada, y que puede obrar más allá de la capacidad
creadora humana. Entonces, "así comenzó el sacerdocio".
Y toda
organización sacerdotal precisa de cultos y ritos, que fueron
elaborados desde "cuentos poéticos". Los dioses y los ritos proceden
de los poetas. Pero los sacerdotes sentenciaron que eran los dioses
"quienes habían ordenado aquello". El sacerdote falsifica el origen
de las divinidades. Fábula religiones sin inspiración, sin divinidad
real. Sin poesía. "Así los hombres olvidaron que todas las deidades
viven el pecho humano". El divorcio entre los dioses y el hombre
prepara las condiciones para la divinidad veterotestamentaria que,
falsamente, se siente imbuida de fuerza creadora independiente del
hombre, y que reduce a sufrimiento y obediencia a sus criaturas. El
dios de este mundo es el dios acusador, que amenaza y castiga. En
los Poemas del Manuscrito de D.G. Rossetti, Blake le llama,
despectivamente, Papanadie (18). Jesús es la auténtica divinidad.
Jesús, como segunda persona de la Trinidad contiene a las otras dos.
Luego de la encarnación y muerte en el martirio, Jesús se convierte
en Jehová, el dios padre que ya no es colérico dios del Antiguo
Testamento, sino un dios misericordioso.
Para Blake,
Jesús muestra que lo divino y lo humano son inseparables. En un
proceso eterno, Jesús se hace hombre, para que el hombre pueda ser
dios. Gracias al paso terrestre de Jesús, lo divino es humano, y
viceversa (19). A su vez, en dos versiones del poema "La imagen
divina", en Canciones de Inocencia y Canciones de
experiencia, Blake habla de la "forma huma divina" (the human
form divine). Northrop Frye, autor de Fearful Symmetry. A
study on William Blake, aclara: "todas las cosas han procedido
de un Hombre Divino...y serán reabsorbidas en él...". En la mitología de Blake, este Hombre Divino es Albion,
el Hombre Eterno. La divinidad de lo humano.
La violencia
sacerdotal, que es continuación del dios colérico, del vengativo
Urizen, se aprecia con cruel nitidez en "Un niño perdido", poema
también en Canciones de experiencia, donde un niño se
pregunta cómo podría "amar al padre divino más que al pajarillo que
recoge migas en torno a la puerta". Desde su inocencia, el niño
asimila lo divino a la espontaneidad de una milagrosa sencillez. No
a la obediencia y el castigo. Mas el sacerdote lo reprende,
para luego quemarlo en un "lugar sagrado"
(20).
La manipulación sacerdotal, las prácticas
del castigo, el miedo, la sumisión, la culpa, son deformaciones de
las que puede liberarse un hermeneuta bíblico si interpreta el texto
bíblico en "un sentido diabólico o infernal". En sus Anotaciones
a Watson, Blake insiste en que la Biblia luego de su depuración
de algunos errores o deformaciones, es poesía inspirada, por lo
tanto obra visionaria del genio poético. En una Fantasía
Memorable de El Matrimonio..., el poeta se encuentra con
Isaías y Ezequiel. Isaías manifiesta: "No vi ningún Dios ni le oí en
ninguna percepción orgánica finita; pero mis sentidos descubrieron
lo infinito en todas las cosas" (21). Es decir: su saber
profético no deriva de una estricta y personal comunicación con un
dios trascendente (a la manera de Urizen). La visión profética se
sostiene en la visión de la realidad infinita, eterna y divina.
Blake no piensa a la profecía en un sentido convencional moderno. El
profeta como quien anuncia el futuro. El profeta es inspirado por lo
divino para ver las desviaciones o ilusiones que nos separan de lo
que es. En este proceder, puede advertir las consecuencias morales
de una sociedad disoluta o alejada de lo sagrado. Pero esto no debe
ser confundido con la determinación arbitraria que busca imponer una
norma de conducta. "Un profeta es un visionario, jamás un dictador
arbitrario" (22). La misión del profeta no es pronosticar ni
imponer. Es liberar la realidad de su olvido o negación. El supremo
designio profético es ver lo real y restituir la percepción humana
de lo real, como eternidad e infinitud. Y la verdad se muestra por
la imagen, por la plasticidad poética-simbólica de la imaginación;
no como fabulación evasiva o construcción de mundos autónomos, sino
como mostración del ser. Profecía, visión, genio poético, se unen en
la común experiencia de revelar lo que es.
El que ve y
dice lo que es, es poeta y profeta. No sacerdote. Ni
ángel...
VI. Según su etimología, ángel es
"enviado". En El Matrimonio ... el ángel representa la pasiva
aceptación de una moral y una religión impuestas. En su segunda
Fantasía memorable de El Matrimonio..., un celoso
guardián angélico de la ortodoxia, amenaza con desencadenar un
castigo infernal sobre el poeta si éste persiste en su escucha de
las revelaciones demoníacas. El poeta desafía al ángel a que le
muestre el lugar que lo espera como su morada eterna. Inician
entonces un viaje. Arriban a un vacío ilimitado. En un abismo
infinito donde hierven llamas y humo. Muy lejos de allí se encuentra
un sol negro y brillante. Cuyo paradójico brillo insinúa senderos
habitados por arañas blancas y negras. Entre ellas, aparece una nube
de la que brota el fuego. Todo adquiere una especial e
impenetrable oscuridad. Entre un mar de olas y fuego asoma la cabeza
el Leviatán, que "tenía la negra profundidad con rayas de sangre y
avanzaba hacia nosotros con toda la furia de una existencia
espiritual" (23). De súbito, la aparición se desvanece. El ángel
yace sobre el molino. Y el poeta se reencuentra con el ser angélico,
que se sorprende por el hecho de que haya escapado del abismo
sulfuroso. El poeta le aclara: "Todo cuanto hemos visto se debe a tu
metafísica (All that we saw was owing to your metaphysics)".
El viaje fue siempre sólo mental. El tenebroso infierno abismal
existe dentro de la cosmovisión particular del ángel. Dentro del
mundo de una divinidad de la amenaza y el castigo, donde el sujeto
libre debe ser condenado en un inacabable infierno. El abismo
infernal, su Leviatán, sus fuegos quemantes, son proyección mental
en un supuesto más allá. Una forma de construcción con afinidades
con el viaje de ultratumba de los muertos en la perspectiva tibetana
(24).
El
poeta someterá ahora al ángel a su propia "fantasía", lo conduce
donde el presume que existe su "parte eterna". Vuela con su alado
compañero, primero hacia el sol. Llegan así hasta un vacío punto
ingrávido entre Saturno y las estrellas. Con acento satírico, el
poeta le anuncia: "Aquí, está tu parte, en este espacio, si espacio
puede llamarse"(25). Y luego, ante una Biblia sobre un altar, se
abre un foso donde se agrupan siete casas de ladrillos, en las que
existen monos, mandriles, y otros animales encadenados por la
cintura. Los animales se atacan y devoran entre sí. Un escenario de
barbarie que precede el regreso al molino; allí, se le reprocha al
ángel que su único universo es la escolástica, donde, en un combate
de inacabables argumentaciones, los unos buscan imponerse sobre los
otros, como los simios que disputaban en la visión
anterior.
Esterilidad
(del mudo espacio entre Saturno y las estrellas); oposición y
fagocitación (propia de la disputa escolástica) componen la parte de
eternidad que le corresponde al ángel. La parte inherente al
espíritu escolástico es también la repetición de la autoridad
precedente, con alguna leve variación, que nunca altera una
tradición dogmática. Y el poeta no sólo fustiga la necedad
escolástica, sino también la vanidad visionaria de
Swedenborbg...
Swedenborg sorprende en su tiempo por sus obras de supuesto talante
visionario, como El Cielo y sus Maravillas y el Infierno
(26). Swedenborg es inicialmente un ingeniero militar, hombre de las
ciencias naturales que, a la avanzada edad de 55 años, en Londres,
pretende recibir la visita de Jesucristo. Quien le encarga la misión
de revelar el mundo invisible (27).
Para
Blake, Swedenborg alardea de que cuanto escribe es nuevo, aunque
"apenas es el contenido del índice de libros previamente publicados"
(28). Con tono sarcástico, Blake imagina a un hombre que sale de
paseo con un mono y, al saberse más inteligente que el animal, se
envanece, y se cree especialmente inteligente. Este es el caso del
"visionario" sueco, que reduce a la locura y la hipocresía a todas
las religiones para presentarse luego como el único "que haya roto
jamás una red". Swedenborg no escribe ninguna nueva verdad, pero sí
reescribe "todas las viejas falsedades". El escandinavo nunca se
comunicó con los demonios, quienes, metafóricamente, protegen la
realidad en su fulgor puro. Sólo trata con ángeles, pasivos voceros
de una religión tiránica. En Swedenborg no hay visión sino
reordenamiento mecánico de un saber anterior. Cualquier individuo
dotado de un paciente talento de exegeta, puede apelar a los textos
de Paracelso o Jacob Boheme y "producir diez mil volúmenes de valor
igual a los de Swedenborg".
La
libertad no es reordenar fuentes precedentes, como lo hace
Swedenborg. La libertad se asocia con la trasgresión de la religión
autoritaria. La dinámica liberadora es imaginada por Blake en su
última Fantasía memorable. Desde una llama, un demonio se
encuentra con un ángel, que flota en una nube. Antes aludimos a la
proximidad entre lo humano y lo divino. Cercanía que es ahora
subrayada: "Venerar a dioses es honrar sus dones, que derrama sobre
otros hombres..." (29). El ángel recrimina la peligrosa integración
entre los términos humano y divino. Dios sólo puede ser visible en
la humanidad de Jesús, y el resto de los hombres es " un conjunto de
insensatos pecadores y nulidades". Jesús es el hombre más grande.
Debe ser amado al "máximo grado"; pero Jesús, aclara el poeta,
aprueba los diez mandamientos sólo a condición de quebrantarlos
(30). Jesús es "todo virtud y actuaba por impulsos, no de acuerdo a
leyes". La ley siempre es represión y mutilación. El impulso es
espontaneidad universal. Fervor imaginativo. El ángel comprende al
fin. Se convierte. Abraza la llama. Acoge la revelación infernal. Él
ahora también podrá leer la Biblia en un "sentido infernal o
diabólico". Y rechazará la falsa sabiduría que pregona alabanzas al
dios colérico. A Urizen.
Y el ángel
convertido también impugnará la interpretación de Voltaire.
Voltaire. El pensador augural y emblemático del siglo de las luces.
Su verbo polémico llama al combate contra la superstición. Voltaire
cultiva el deísmo. Acepta un dios racional. Que es el inicial
relojero que crea un universo-reloj destinado a una autorregulación
libre de toda necesidad de intervención divina ulterior. No es
precisa la irrupción de lo sobrenatural. No hay lugar para el
milagro. Voltaire entiende la Biblia en un sentido literal. Usa sólo
el expediente de "la luz natural de la razón" para entender aquello
que únicamente entrega su sentido al genio poético.
VII.
Jerusalem es el poema esencial de la reconciliación. Allí,
Blake declara: "Debo crear un sistema, o ser esclavo del de otro
hombre" (31).
Blake
crea entonces su mitología, una compleja red de figuras simbólicas.
En el comienzo es el Hombre Universal, la humana forma divina. Lo
humano absorbe lo divino. A veces, el Hombre Universal, el
macroanthropos, es llamado Albion. Y se asemeja al Adán Kaidmon,
o al Ur-Adán de la tradición cabalista.
Al principio
es la unidad, la integridad del ser. Luego, brota la tempestad de la
caída. Surge por la selfhood, la "unomismidad", como la llama
Abrams, que consiste en la ruptura de la unidad en la fragmentación.
La caída es paso de lo uno a la división, a un hombre y una
naturaleza desgajada en partes inconexas.
El
bien es lo uno. El mal es lo separado, lo dividido.
El
hombre caído como tal, el hombre de la historia, del tiempo, es
creado por Urizen, el colérico dios de este mundo que aparece por
primera vez en Visiones de las hijas de Albion. En Los
cuatro zoas, Urizen es el creador de la moral represiva. Urizen
es la divinidad de la abstracción. Por lo tanto, su reino es la vida
separada, escindida. Y lo dividido es siempre una vida debilitada,
mermada. Y contaminada por la muerte y la prohibición.
Urizen es
representado por Blake como un anciano de expresión lánguida y
sombría, de luenga barba blanca, que cobija la frialdad de Newton,
la tiranía religiosa y el materialismo. Urizen aspira al control de
la totalidad. Es celoso, vengativo. Al amparo de su turbia presencia
vive Ulro, la existencia estrangulada por la razón y el empirismo.
Aquí, la materia no es bella y viva pulsión de crecimiento, sino la
realidad apagada, lo mecánico y vegetal. Ulro es la Roca de las
Edades. Una sombría montaña donde el alma de los hombres se ha
convertido en piedra.
Urizen es la
materia y la razón sin luminosidad. Es dios de la sofocación, de la
opresión. Divinidad trascendente. Remota. Distante. Un ser
envejecido que despoja de vida a las corrientes múltiples de la
naturaleza. Es blancura, pero el suyo es el blanco de las rocas
mudas, o del desierto de estéril torso amarillento. En Los cuatro
zoas (Noche VII y VIIII), Urizen se acerca a la condición del
Espectro, entidad afín al dios lejano, que alimenta el estado del
hombre caído, estrujado siempre por "the reasoning power in
man"(32). El Espectro es el "poder razonante en el hombre", el poder
de una racionalidad sin inspiración que es aliada, entonces, de la
dominación y el servilismo. El Espectro surge de la desintegración
del hombre auténtico. Es fuerza enemiga de la visión de la realidad
eterna. El Espectro debe ser dominado mediante el arte, la creación.
Sólo así puede mutarse o regenerarse en conciencia espiritual de la
verdad negada por la vida dividida.
La
fragmentación del hombre caído se revela, asimismo, en la acción de
las cuatro fuerzas que luchan por el dominio del hombre, sin
conseguirlo. Estos son los zoas.
Los zoas son
llamados mediante diversas denominaciones: "los cuatro elementos",
"los cuatro Ríos de las Aguas de la Vida" , "los carros de la
humanidad". Blake aclara que su naturaleza última es misteriosa. La
alusión a la cuaternidad en muchos de sus nombres genéricos entronca
a los zoas con la noción de las cuatro "criaturas vivas" de Ezequiel
y su visión (Ezequiel I-5-6): "Y en medio de ella, la figura de
cuatro animales. Y este era su parecer; había en ellos semejanza de
hombre y cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas". Cada rostro
se asemeja a un águila, un buey, un león y un hombre. Desde el carro
de Ezequiel surge la visión de cuatro rostros, cuatros aspectos, que
serian cuatro propiedades originarias de la Existencia Eterna del
Hombre. En sus formas más avanzadas los zoas son la razón o Urizen,
la emoción o Luvah, la potencia creadora o Los, la sensación o
Tharmas. Tharmas (afín a tamas, el tercer grado en el
Bagavah Gita), se relaciona con la instintividad, con la
pereza y el sueño.
En el
plano de las sensaciones e instintos, Tharmas se une con Enion, la
memoria y la esperanza, para concebir a Enitharmon, el espacio, al
que el hombre accede por sus sensaciones más inmediatas. Tharmas
también aparece como "padre de los gusanos y el fango", y "el padre
pobre".
Los zoas
aspiran a la dominación completa del hombre. Aspiración que también
cultiva Vala (nombre original de la posterior noción de zoa). Vala
es la atracción seductora de la belleza natural. Desvía la atención
del hombre respecto a lo sutil e invisible. Vala es la "ilusión que
se presenta al hombre como universo físico, naturaleza, madre de
todo, y al mismo tiempo representa el principio espiritual del mal,
que induce al hombre a la aceptación del error" (33).
Vale
es Babilonia, la caída en el tiempo opuesta a la visión de lo eterno
en Jerusalén. La manifestación temporal de Vala es Rahad, diosa de
las religiones que sofocan, instigadora de la moral puritana (que es
equiparable también con Tirzah). Es el "dragón escarlata". En Isaías
(I, 9) se pregunta: "¿No eres tú el que cortó a Rahad, y el que
hirió al dragón?". Rahad es la "religión natural" que acepta a un
dios personal, que crea un mundo sostenido sobre leyes naturales que
prescinde de la intervención divina. Por eso, Rahad inspira a
Voltaire y su deísmo. Rahad y la religión natural obstruyen la
revelación sobrenatural, la inspiración (vinculada en Blake con la
imaginación, y el genio poético). Promueve así el ateísmo y el
escepticismo. Rahad también es Babilonia, ciudad de lo terrenal, sin
cielo, donde predomina el tiempo, y no lo eterno. Rahad es,
asimismo, la ramera de Jerico, asociada en los Salmos con Babilonia.
La acción opresiva de Vala-Rahad es afín, a su vez a las hijas de
Albion. Las hijas de Albion son mencionadas por primera vez en
Las visiones de las Hijas de Albion; son representación
alegórica de las imposiciones de la Religión, se relacionan con la
crueldad de la religión natural, y su continua densidad que castiga
y oprime.
VIII. Pero frente a las fuerzas
opresivas, negativas, que golpean al hombre dentro del torbellino
del mundo sin visión, obran los poderes regeneradores...
Urthona es el nombre de Los antes de la caída. Urthona
es quizá derivación del griego erao, amor, y theon, de
los dioses; es decir: el amado de los dioses. Los es el espíritu
poético y profético. Es la fuerza artística y creadora. Es la
energía vital y el gran artífice; de ahí que sea "Trabajador de las
Edades", o "el Señor de las Fraguas". En su yunque castiga al
Espectro, al mal de las formas tiránicas de la religión, la moral y
la razón abstracta. Los construye la ciudad de Golgonooza. Urbe del
espíritu que es posible trasunto de la Nueva Jerusalén del
Apocalipsis. Es una ciudad del Edén, urbe de la redención, o como
también la llama Blake: "un Londres espiritual y
cuádruple".
Los inspira
e incita el "espíritu de profecía" como poder de la regeneración. Es
el gran constructor de las formas más altas de la civilización. Es
herrero, "uno de los herreros divinos de la mitología, como Vulcano,
como Thor. El hierro, la forja, y el martillo, nos llevan al fuego y
al metal que modelan los símbolos constantes de las concepciones
regeneradoras y transformativas del mundo"(34).
Los
inspira. Enciende el arte. Mediante la imaginación, el hombre podrá
ser nuevamente una realidad reintegradora. Cuando Los resurge con
todo su poder será de nuevo Urthona, ya no un desdoblamiento
espectral. La caída es división, como ya advertimos, perdida de la
totalidad primordial. La salvación o consumación adviene cuando la
humanidad vive la unidad. Los cuatro zoas giran en derredor
de la caída del hombre, la caída de su poder imaginativo, que le
impide la visión de lo que es. El Hombre es atrapado entonces por
"la red de la religión" (la red de Urizen), y por la ceguera que es
incapaz de trascender la experiencia más inmediata.
El arte
restituye la visión de la unidad por lo que Los cuatro zoas
concluye con la superación de la escisión de Los y su
reintegración en Urthona, que "...se ha levantado en su fuerza y ya
no es más/ el espectro de Los" (35). Las oscuras religiones, el
mundo caído con su "guerra de las espadas", retrocede ahora ante una
nueva dorada y dulce ciencia, que se edifica sobre "una guerra
intelectual". Una guerra, polemos, que sabe de la necesidad
positiva de los opuestos. El juego de los contrarios es
indispensable para que el hombre ya no viva en la ingenuidad
ignorante, sino en una "inocencia organizada" (como la llama
Bloom).
Mediante el
arte el hombre regresará a un estado superior,
que ya no es el jardín edénico, sino la salida del tiempo. El salto
a la eternidad. Es la vida en Goolgonooza. Aproximación a Jerusalén.
El divino arte de la imaginación es el brazo creador de Los que, en
su yunque, forja la belleza que alumbra cumbres más
altas.
Pero
detrás del regreso a la salud de la unidad, detrás del
restablecimiento de la eternidad y el advenimiento de Jerusalén,
actúa una fuerza del regreso circular dentro del tiempo. Este
es el viaje regenerador de Orc, hijo de Los y de Enitharmon. Orc es
la vida como movimiento, como metamorfosis vital. Orc es dios sol,
fuerza fertilizante. Es el enemigo de Urizen. Es la rebeldía y la
libertad contra la Ley. Es la primavera, la vida que siempre vuelve
para regenerar. Orc muere para renacer. Orc es liberación
moral. El ciclo de Orc se enlaza con los siete ciclos, con los siete
ojos de Dios. Un séptuple ciclo que se compone de tres etapas.
Primero Orc es un joven, rebosante de imaginación y vigor. Pero Orc
existe dentro del tiempo y sus ciclos. Por eso, envejece.
Paralelamente al desfallecimiento de Orc, la religión se hace
abstracta. Y es aliada de un racionalismo vacío, de aparatosos
conceptos mecánicos. Luego es Urizen, su decadente cosmovisión de
prohibiciones y amenazas. La segunda fase es el racionalismo del
siglo XVIII. Y la tercera pulsación es Orc crucificado en el mundo
natural dominado por la inconciente nebulosidad de lo vegetal. Pero
que luego renace, y encabeza el impulso libertario.
En el fin
del tiempo anémico surgen nuevos profetas (como el propio Blake). Y
las revoluciones. Las revoluciones en el orden político se
convierten en símbolo de libertad, de regeneración. Este es el caso
de la revolución francesa, como ya advertimos, y de la revolución
americana. Orc es el fuego que arde en las luchas de los hombres por
la libertad. En su poema América, una profecía, Blake imagina
a las trece colonias rebeldes como "los trece ángeles" que,
soliviantados por las llamas ardientes de Orc, se alzan contra "La
guardia de Albion" (Albion aquí es, obviamente, Inglaterra). Y Orc
clama: "El tiempo no será más. Se disipan las sombras, las mañanas
asoma/: el gozo vehemente que Urizen revirtió y trocó en diez
mandamientos/...Esa ley de piedra la reduzco a polvo, y esparzo la
religión /hacia los cuatro vientos como un libro destruido, cuyas
hojas nadie recogerá" (36).
Revolución
es volver al comienzo perdido de un ciclo. La revolución política,
en Blake, la Asamblea Nacional francesa, o la gesta liberadora de
Washington se transforma en simbólica regeneración consumada bajo la
influencia de Orc. Las revoluciones de la libertad son también una
forma de regreso a la Atlántida, al reino de Aristón, rey atlante.
El hundimiento de la Atlántida es coincidente con la caída de
Albion, el Hombre Universal.
El ciclo que
regresa al origen perdido de la plenitud eterna, atraviesa en el
tiempo lo que Blake llama "estados". Cuando se pierde la totalidad,
el hombre ve sólo un tiempo determinado, una parte de lo real. La
recuperación de la luz una acontece cuando el hombre atraviesa los
estados (que, en su máxima simplificación son la ceguera y la
iluminación; pero, más ampliamente, remiten a los estados de Beluah,
la ilusión inocente, ignorante; la inocencia más alta, el Edén; la
Experiencia y la Procreación; y Ulro, el Infierno del autoencierro
racional). Para Blake, el hombre, como un "viajero mental", recorre
los estados que, si bien vibran en el tiempo, son eternos. Para la
mirada menguada del hombre caído, las cosas pueden ser fugaces, o
pueden ser devoradas por las arenas del pasado. Pero cada cosa es
eterna. Lo que el ojo enceguecido ve en un tiempo y espacio
divididos existe en la eternidad. Como el poeta lo manifiesta en
Jerusalem: "Las visiones de la eternidad, a causa de las
estrechas percepciones, se han convertido en débiles visiones del
Tiempo y el Espacio, fijadas en surcos de la Muerte" (37).
La
eternidad es la bahía hacia lo que deben desembocar los golpes
creadores de Los, la fuerza regenerada y cíclica de Orc, la potencia
imaginativa del arte. En la visión que fluye en Jerusalem,
"los hornos (de Los) se convirtieron en Fuentes de Aguas vivas". Los
hijos e hijas de Albion despiertan de su sueño espectral. Los cielos
arden. Los zoas, antes separados, se reintegran en Albion, que es
una forma gigantesca. Un gigante. Un ser único renacido, de
cuádruple rostro. Palpita nuevamente el Hombre Universal, en la
eternidad emancipada de las divisiones de las partes: "de un lado a
otro en la eternidad como un solo hombre reflejándose cada uno en
cada uno..." (38).
Y
en la ilustración 99 de Jerusalem, Blake
imagina a Albion y Jerusalén. Jerusalén es emanación del gigante
Albion. Es lo divino en cada hombre. Albion y Jerusalén se unen en
nupcias místicas, en bodas reconciliadoras, en el triunfo de la
realidad única. En mancomunada radiación sin negación.
IX. En la
poesía de Blake hay lugar para la meditación sobre la felicidad
ilusoria, la debilidad de la inocencia, o el
exilio.
En la
felicidad ilusoria, en la débil inocencia, vive Thel (voluntad o
deseo en griego). En El libro de Thel, una mujer virginal
disfruta de una vida idílica en los valles de Har. Un motivo
imprecisable la desbarranca en el lamento. Como el personaje del
Eclesiastés, comienza a dudar de que la dicha o la riqueza sean
el espinazo más verdadero y continuo de la realidad. Thel inicia su
endecha:
"'¡
Oh, vida de esta primavera nuestra! ¿Por qué se marchita el loto en
el agua? ¿Por qué se marchitan estos hijos de la primavera, nacidos
sólo para reír y caer?" (39).
Muy
hábilmente, Blake introduce diversas imágenes que sugieren la
levedad, una sutileza cercana a la fragilidad o el desamparo. Luego
del anuncio de la tristeza de la doncella, un lirio responde a su
llamado. El lirio expresa que el cielo, cada mañana, le obsequia
luz, caricias, "el mana de la mañana". El lirio es la bella
ingenuidad, metáfora de una inquietud conformista, sin dudas ni
reproches. Thel se encuentra después con una nube. Que es conciencia
del movimiento, el cambio, el devenir. Pero "nada permanece" y, al
morir la nube como lluvia o rocío, renace una sensación de "amor,
paz y sagrado éxtasis". La virgen sabe que ella no alimenta ni nutre
a otros seres, como sí lo hace el agua de la lluvia. La aparente
inutilidad aviva en ella el temor de la extinción: "¿habrá vivido
tan solo para convertirse a su muerte en yantra de gusanos" (40).
Pero ser alimento de gusanos sería participar del ciclo de las
mutuas dependencias de la naturaleza. Y de hecho la nube le
confirma: "Nada de cuanto vive, vive sólo ni para sí mismo (Every
thing that lives / Lives not alone nor for itself)".
La
doncella contempla al gusano que vive y ama. Que afirma que, aun en
su humilde existencia, Dios le regala una corona. Y que unge su
cabeza con leche y aceite. Thel llora ante la revelación de la
importancia que la mirada divina le atribuye a lo insignificante. La
pesadumbre por el peligro de su desvanecimiento continúa. Y un trozo
de arcilla, elemento telúrico, matriz de los cuerpos y la materia,
invita a la virgen desconsolada a su casa, su morada. Las puertas se
abren, y penetra en la intimidad secreta de la tierra. Entonces,
Thel "contempló los secretos de la ignota tierra". Se encuentra
ahora en el mundo de los muertos. Bajo la serenidad de las rocas y
la apacible danza de las flores, se le revela el infierno. La
sorprendida visitante del trasmundo escucha, en silencio, "las voces
de la tierra". Encuentra su tumba. Thel, luego, escapa de la
hiriente revelación. Regresa a la placidez de los valles de
Har.
Thel representa el doloroso despertar a
la imposibilidad de la inocencia pura. Thel es así la inocencia
frágil. Es la dicha que pretende vivir sin la otredad del dolor y la
muerte. Así, Thel es tenue e inseguro soplo fantasmal. La simple
inocencia es debilidad porque se enclaustra en la unilateralidad de
una vida siempre feliz. Pero la vida plena es compleja. Porque lo
complejo es interacción entre las diferencias. Entre contrarios. La
debilidad de lo simple se autoerosiona mediante el temor de la
muerte. La sensación dolorosa de un inminente desvanecimiento. Thel
escapa a su débil fantasía de la felicidad sin obstáculos. Su deseo
es pobre porque es incapaz de nutrirse del juego de los contrarios.
Thel es la tentación del bello paraíso que se contenta con el
hedonismo de la inmediatez, que existe en la breve sucesión de
instantes de dicha. En la felicidad que abraza panoramas de armonía,
está ausente aún el conocimiento. El conocimiento no goza sólo de la
imagen o la apariencia. El genuino conocer penetra en los fenómenos
y percibe las fuerzas duales y contradictorias. Pero Thel no conoce.
Es ignorancia. Inocencia original. La bucólica arcadia. La grata
rusticidad que sólo brilla en los sueños o la fabulación. O en la
utopía del buen salvaje.
La única
inocencia plena es la que enciende su candelabro de múltiples brazos
luego de haber atravesado un largo y doloroso desarrollo. A través
de la experiencia. El necesario pasaje de la
inocencia a la experiencia dolorosa es plasmada poéticamente por
Blake en sus Canciones de la inocencia y Canciones de la
experiencia. Primero, en el arco iris cálido de la inocencia,
vive por ejemplo un pastor cuya "lengua se puebla de alabanzas"; o
un niño, del que se dice "Alegría es mi nombre". Y después, en el
contrapunto de la experiencia sufrida, conflictiva, palpita tenso el
deshollinador, que se lamenta: "me vistieron con los ropajes de la
muerte, y me enseñaron a cantar las notas de la angustia" (41); o se
retuerce una rosa enferma que recibe la visita de un gusano
invisible que destruye su vida.
El mundo de
Thel es el reino de Beulah, el país de la ilusión, la tierra de la
"pequeña y tierna luna"; es el estado de una débil inocencia,
comarca poblada por seres femeninos. Aquí, lo inocente respira cerca
de la ignorancia, la belleza convive con el terror, la creatividad
es amenaza por la destructividad (42).
Con lucidez,
Abrams manifiesta que el romanticismo nunca pretendió un regreso a
la ingenuidad arcádica de Thel, el retorno a la armonía natural del
salvaje roussoniano. La única inocencia aceptable es la que
atraviesa y acumula un proceso de desarrollo. La evanescente
felicidad del valle de Har debe ser sustituida por el largo sendero
de estados hacia una Jerusalén renacida.
La luz se
recupera después de un largo camino frío y oscuro. El mundo de Thel
es el amanecer del día que aún no conoce una nueva aurora tras una
tormentosa noche. El paralelo con Hegel o Schiller es inevitable.
Para ambos, primero es el primado de la sensación, la inmediatez, un
mundo de armonía pobre, ilusoria. Luego es la conciencia, que es
filosófica en Hegel y estética en Schiller (43), que madura
lentamente en las aguas turbulentas de la experiencia; y, tras
superar la fragmentación y la división, alcanza una nueva inocencia.
Que es conciencia. Compleja y rica.
X. Largas
especulaciones son válidas respecto al origen del asombro poético.
Pero hay un hecho primario, que justifica las creencias o teorías
múltiples sobre este origen: el exilio. Quizá toda filosofía o
religión es necesaria mitigación de una conciencia exiliada. El
mundo se yergue con sus formas, colores y valores extraños. Su
misterio inicial lo convierte en caos. Porque es un inmediato
mostrarse de lo que aún no es ordenado por una definición. La
cultura es estrategia para construir un hogar allí donde primero es
lo caótico o incompresible. Las creencias esenciales de las
civilizaciones constituyen certezas que, aunque fuere ilusoriamente,
disipan el agobio del exilio.
En Blake, la
maldición primigenia del exilio revive en la figura del viejo
Tiriel. El rey de todo Occidente que cae en desgracia. Maldice a sus
hijos, y es maldecido por ellos. Su esposa muere. Y el que antes fue
autoridad segura, cetro refulgente desde la cumbre del poder, es
ahora un ciego vagabundo. Es el poder agotado, vaciado, que ahora
vive en el exilio respecto a lo que fue.
Desorientado, Tiriel deambula por el valle de Har. Su
degradación lo obliga a pedir comida. "El dolor ha sellado mi
preciada visión", le asegura a Mentha y sus hijos, Har y Heva. "La
locura y el hondo desánimo poseen al corazón del ciego" (44).
Y el día y
la noche destilan una misma desolación. En el bosque, Tiriel se topa
con su hermano Ijim, quien lo reconoce, lo captura y lo devuelve a
su palacio. Lo abandona allí. Tiriel pronuncia un parlamento
admonitor, reconfirma y potencia su maldición. Y su voz consigue el
dominio de la naturaleza. La tierra tiembla, el fuego vomita desde
las grietas. Nubes sombrías atenazan el palacio donde se recluyen
los hijos del anciano ciego. Que mueren por la peste o el horror.
Tiriel sólo salva a su hija Hela, no por amor, sino porque necesita
sus ojos para el camino de regreso hasta la casa de Har y Heva. En
el camino, atraviesa las cavernas de Zazel, su otro hermano, que se
burla y le arroja piedras. Tiriel convalece, al final, junto al
anciano Har. Se lamenta de que exista una misma ley para el león y
el buey paciente. El orden último del destino destruye las
diferencias. El rey enceguecido, exiliado de su antiguo poder,
medita en la diferenciación entre los seres. Medita en su ceguera
física. Ceguera que no le impide, sin embargo, la clara visión del
dolor y la estupidez. Y de la fatal predestinación de la calamidad:
"¿Por qué corretean los hombres bajo los cielos en forma de reptil
como gusanos de setenta inviernos que reptan sobre el suelo oscuro?
(45). Después nace un niño que, tras doblegar sus primeras pisadas,
carece del alimento materno, y recibe de su padre los latigazos que
flagelan la fantasía juvenil.
Y se lamenta
el anciano del destino que lo obliga a la repugnancia, y a la
humillación, hasta tornarse sutil como "la serpiente en un paraíso".
Posible recuerdo del Satanás del El paraíso perdido
miltoniano que, compelido a reverenciar al dios Padre, se rebela
para después ser transformado en una "sutil serpiente del
paraíso".
Tiriel
es así equiparable a distintas figuras del exilio: el Satanás
bíblico y miltoniano, el rey Lear, y, por una vía más indirecta, el
mago Próspero.
En su
Milton, Blake consuma una crítica poética del autor de El
paraíso perdido. Por un lado, en su obra magna sobre la caída,
Milton exalta al dios bíblico, la superioridad de la ley, la
alabanza de su cumplimiento. Sin embargo, el verbo poético
miltoniano se encendía especialmente al describir la grandeza de
Satán, el ángel rebelde. Y esto es así porque, como anota Blake
en The marriage..., Milton perteneció al bando del demonio,
sin saberlo. Un Milton transformado, resignificado por la
imaginación poética de Blake se convierte en símbolo del "espíritu
de profecía", en representante del "poeta inspirado". Es un Milton
que luego de su acción como vocero de Jehová y sus doctrinas
opresivas, es posible aliado de Los.
El Satán de
Milton, a pesar de su grandeza luminosa, es espíritu vencido que
ejerce su dominio en la tierra luego de su exilio del cielo. Una
situación semejante a la de Urizen que, tras la caída, es también un
exiliado del cielo verdadero que se solaza en extender sobre el
mundo terrestre la red de la religión opresiva.
Tiriel, como
Satán, es conciencia exiliada que sabe que, antes del exilio,
era autoridad, poder, sentido. Ahora, la vida es exilio.
Lamento. Resentimiento. Desesperanza. Este también es el destino de
Lear. El rey Lear es repudiado por sus hijos; sólo es querido por
Cordelia, su hija menos estimada. Y, exiliado de su antiguo poder,
vaga por las llanuras.
Pero
en el caído mundo de Tiriel aún sobrevive un acto de poder: la
potencia mágica de la palabra. Ante los muros del palacio, Tiriel,
con su voz y su palabra, exhorta a la tierra a que se someta y se
convierta en instrumento de venganza. Y la tierra accede a la fuerza
de la palabra maldita. Pero el lenguaje que domina mágicamente la
naturaleza es sólo un incidente dentro de la existencia exiliada,
donde no hay lugar para una magia espiritual superior. Algo que,
junto a sus diferencias, posee cierta semejanza con la suerte de
Próspero. En La tempestad shakespereana, el mago
Próspero padece un involuntario exilio en una isla, luego de perder
su poder como Duque de Milán. Apela entonces al poder mágico de las
palabras para, mediante el auxilio de Ariel, provocar una tormenta y
dominar el resto de los elementos. Pero esta victoria del lenguaje
sólo es preludio de la final abjuración o abandono por Próspero de
las artes mágicas en una realidad que declara abiertamente la
irrealidad de lo feérico.
XI. La
salvación es por el arte. El regreso al hombre verdadero es por la
"divina imaginación". Mediante la energía creadora de Los se
asciende por la escalera que promete un cielo restaurado. La
imaginación es mitopoética. Es poiesis creadora, mito como
relato simbólico organizador del sentido. El acto creador en Blake
es síntesis de la intuición de la realidad invisible y su libre
expresión por imágenes y palabras. El arte verdadero es siempre
Imaginación que ve lo real como sutil tapiz que escapa al
ojo. El arte nunca debe ser imitación pasiva.
Blake
desprecia el arte imitativo. En su época, el prototipo de esa falsa
estrategia mimética es Sir Joshua Reynolds (1723-1792)
(46).
Blake se piensa seguidor de Miguel Ángel. Ama la composición
miguelangelesca clara y enérgica del cuerpo humano. Un supremo
talento del creador de El moisés que es testimoniado por las
cientos de pulcras anatomías desnudas retratadas en la Capilla
Sixtina.
La
concepción artística de Blake puede en parte ser entendida a través
de los Poemas del Manuscrito de Dante Gabriel Rossetti,
llamado así porque, luego de la muerte del poeta, fue adquirido por
Rossetti, también poeta y pintor, fundador del famoso movimiento
prerrafaelista, ávido de liberación respecto al arte académico
mediante el romántico retorno a la edad media.
En diciembre
de 1790, en la Academia Real, Reynols pronuncia su Discurso
en el que afirma, con abierto descaro para Blake: "Quiero que las
últimas palabras que pronuncie ante la Academia sean estas palabras:
Miguel Ángel". Reynolds es epítome de la pintura convencional, de
afectado refinamiento, de un complaciente y fácil hedonismo visual.
"No reservo mi generosidad para los enemigos", manifiesta Blake. Y,
entre sus enemigos en las arenas del gusto artístico, además del
mencionado Reynolds, respiran también Rubens (que es "grosero,
vulgar, estúpido, ignorante"); y Rembrant, Correggio, Catalani,
Gainsborough, Du Crow (deformación de Ductos), e incluso el
inventado Dilbury Doodle (para enfatizar el carácter doodle,
simplón, de la pintura repudiada por Blake). Desde diversas
variantes, todos estos artistas sacrifican el rigor del dibujo y la
vehemencia de la forma en favor del claroscuro, o los colores
vivaces. También gustan de los temas históricos; o de las cosas
vulgares: "Rubens cree que las mesas, las sillas y los bancos son
grandes. En cambio Rafael concibe tales a una cabeza, un pie, una
mano" (47). El Rafael que atiende al estudio de las proporciones
anatómicas es confirmación del culto a la armonía corporal en Miguel
Ángel. A su vez, la valoración, por contrapartida, de las meras
cosas en Rubens podría ser puesta en relación con la miopia pagana,
"no inspirada", que veía en los objetos posibles entidades de alto
valor. Para el paganismo griego y romano precristiano, según Blake,
"leños y piedras pasaron a denominarse Cosas Sagradas", como se
menciona en la parte LXXV del Manuscrito Rossetti. Aquí late
una valoración de los objetos que se oponen al arte inspirado que
estimula la superación del mundo visible. La inspiración es siempre
fuente del verdadero arte en Blake. Reynolds niega la necesidad del
estado inspirado. La fuerza artística puede ser algo adquirido. El
rechazo de la creación bajo la asistencia de la inspiración recuerda
al Eurípides que, según el Nietzsche de El nacimiento de la
tragedia, defiende la creación conciente contra los arrebatos de
una inconsciente inspiración divina en Esquilo.
También cae
bajo las diatribas blakeanas el editor Cromek, quien en dos
oportunidades, entrega encargos inicialmente acordados para Blake a
otros dibujantes más convencionales, como Schiavonetti y H.
Stothard.
Y luego de
recordar a sus numerosos enemigos, el poeta estalla: "¡Prefiero,
antes que ser humano o tan ciego y torpe, ser asno, marrano, silla o
banco!" (48).
Además
de arremeter contra las influencias del gusto veneciano (ávido de un
cromatismo hedonista), Blake despotrica contra el mecenazgo
(49).
Junto a
Miguel Ángel y Rafael, el otro modelo artístico
de Blake es su amigo Fuseli, uno de los primeros en reconocer el
genio del poeta de Jerusalem. Fuseli es también un
protorromántico, como el mismo Blake, o Goya. Su obra arquetípica,
La pesadilla, muestra una espectral aparición que conmociona
a una mujer. Las figuras adquieren distorsiones, y destilan una
fealdad hipnótica. La imagen pictórica en Fuseli constituye lo que
Argullol denomina "una pictórica del sonambulismo trágico"
(50).
La
imagen no debe imitar sino trasponer lo empírico. Envolver o
insinuar, ocultar. Hacer de la poesía relato visual, una gramática
de imágenes simbólicas. En la poesía antigua el recitado y el canto
iban fundidos. En Blake, la sonoridad poética y su contenido se
asocian siempre a la imagen. La imagen no complementa; es el reverso
de una misma expresión. Ilustra, da luz. No es puro cromatismo. En
Blake, como en los grabados de Goya, o en la pictórica de Magritte,
la imagen es inseparable de un pensamiento simbólico. En el maestro
español la imagen es parte de una pensante burla de la ley lógica
(los Disparates), o es repudio humanista de la guerra (Los
desastres); o es crítica ilustrada de una sociedad infestada por
la hipocresía aristocrática y clerical (Los caprichos). En
Magritte, a través de la imagen surge una asistemática
transformación surrealista del mundo cotidiano.
Otro aspecto
no secundario de Blake como artista grabador o pintor, es su
condición autodidacta. A los diez años estudia en la escuela de
dibujo de Henry Parr. Esta es su única preparación formal. Durante
siete años, estudia el arte del grabado con James Basire. En su
primer grabado conocido, "Joseph of Arimathea", ya se expresa la
influencia de Miguel Ángel. A los dieciséis años dibuja en la
Westminster Abbey, lo que estimula su peculiar y posterior
imaginería sacra. Blake llega a su madurez como grabador cuando
elabora su propio procedimiento de ilustración que combina el
dibujo, el aguafuerte y la coloración con acuarelas de cada grabado
individual. En 1978, la Tate gallery de Londres (en ocasión
del 150 aniversario de la muerte del artista londinense) realiza una
muestra con más de trescientas obras entre grabados, pinturas,
xilografías, e ilustraciones por encargo y para sus propias obras.
Blake realiza, por ejemplo, grabados para Night Thoughts
(Meditaciones nocturnas) de Young, o para The Grave (La
tumba) de Blair. Entre 1823 a 1825 acomete los grabados de
Las invenciones de Job, una de las más relevantes colecciones
de aguafuerte sobre un motivo bíblico luego de la serie del
Apocalipsis de Alberto Durero.
La unión, en un mismo plano de altura artística, de una expresión
poética y pictórica en un solo artista, es un ejemplo
extraordinario. La imagen en Blake, como continuación de la
expresión poética, es tan esencial como lo fue la imaginación mítica
dentro del pensamiento platónico.
XII. Y el
tigre se desplaza sobre la nieve. Roza los árboles y la maleza del
bosque. El cielo podrá ser desnuda claridad o vociferantes trompetas
de tormenta. Pero ni el sol ni las nubes oscuras son indiferentes a
una raya de luz que vaga sobre la tierra.
El
tigre es el poema más célebre de Blake, que ejerció una indeleble
huella sobre J.L.Borges. La fuerza simbólica del tigre es
continuación del valor trascedental de lo animal en el horizonte
arcaico. Los animales, entre los egipcios, son seres superiores al
hombre; en lo animal fulge una mayor cercanía a lo divino porque su
repetición invariable de un comportamiento ancestral es símbolo de
lo eterno. Lo animal es también multiplicidad de sentidos alegóricos
en los Bestiarios medievales. La diversidad de los animales
alegorizan virtudes y defectos en el hombre. En los Bestiarios del
cristianismo los animales son vehículo de una enseñanza moral. El
tigre de Blake quizá, más allá de la interpretación de Bloom como
Leviatán monstruoso que accede a este mundo luego de la caída de las
estrellas del cielo y el advenimiento de Urizen (51), es acaso
intuición de una vitalidad de violencia "terrible" por su
inagotabilidad.
"Tigris"
procede la palabra iraní "thigra" (punzante, agudo). Agudeza de las
garras felinas. Agudeza de la mirada del cazador. Presencia punzante
que también embriaga. De ahí la asociación simbólica tradicional
entre el tigre y la embriaguez dionisíaca. La patria del tigre es
Asia. Y su belleza es conocida por Blake, hombre del siglo XVIII,
porque antes el felino llegó a Occidente como obsequio de
embajadores a Augusto en el año 19. El tigre es fortaleza,
reciedumbre, exceso vital. De ahí que dioses y héroes se arropan con
pieles de tigre. Vitalidad que embriaga. Fascina. Y atemoriza. En
China su nombre es "hu", y es nombre impronunciable, por lo que sólo
se alude a él con una expresión sustitutiva: "el rey de las
montañas". En la concepción taoísta, la vitalidad energética del
tigre es "yang". Asimismo, su fuerza aleja a los demonios. Su
imagen, reproducida en esculturas de piedra, oficia como arco
protector en los sepulcros o en jambas de puertas.
El felino es
vitalidad exaltada. Su presencia corporiza la introducción de una
vida desbordada dentro del mundo de los fenómenos y sentidos
adormecidos. Quizá su visión sea garantía de una embriaguez otra y
divina. Que se acerca.
En el poema
de Blake, la presencia del tigre es exaltada por el continuo verso
en forma interrogativa. La única afirmación es el incendio de luz
del felino "por los bosques de la noche (in the forests of the
night)" (52). Todo lo demás es apasionada interrogación. Acaso
podríamos optar por un libre juego hermenéutico consistente en
suprimir los signos interrogatorios y acompañar, así, la cadencia
poética del poema de Blake desde una sucesión de afirmaciones. Por
este juego de alteración sintáctica, que nos desplaza desde lo
interrogativo hacia lo afirmativo, ahora sabríamos que el que hizo
al cordero (no la divinidad veterotestamentaria, Urizen, sino Jesús,
como divino reconciliador) hizo al tigre. Creación que fue a través
del yunque, del martillo de fuego. Lo divino, podríamos
imaginar, se vale como instrumento de Los, el gran espíritu creador,
que firme sobre "terribles pies" (dread feet) golpea con
"manos terribles" (dread hand). Y entre los golpes del
martillo forjador se agita el horno donde se templó el cerebro
felino. Una mano inmortal ideó "la terrible simetría" (fearful
symmetry) del tigre. Tigre que así es apabullante manifestación
divina dentro del mundo estrecho de los sentidos. La existencia en
la estrechez sensorial es oscuridad, sofocación, un antro de torpes
y desorientadas cercanías. La luz felina trae la posibilidad del
estallido ígneo, de la efervescencia fascinadora de lo bello.
Espectacularidad de sublime estética ante el hombre confinado en sí
mismo, contaminado por la pobreza del tiempo, y divorciado de la
eternidad.
La
simetría podría ser sólo agradable armonía, encantadora y bella
apariencia, como la del arte clásico griego y antiguo. Pero lo
simetría felina es "terrible". Forma que se vierte en fogosa luz. La
simetría felina no es equilibrio. Es estallido de
sublimidad. Desborde inagotable. El tigre se desplaza
sobre la nieve. Deambula entre los árboles. Su belleza no es evento
empírico. Es anticipado descenso de la eternidad e infinitud
celeste, en las galerías frías del tiempo.
XIII. Blake,
poeta atmosférico, artista que sólo late dentro de tormentas
visionarias. Antes que Nietzsche, su poesía es ya un juego de
inversiones, una fuerza de trastrocamientos: lo que antes era el
bien, ahora es el Mal, y lo que antes era estipulado como acidez
maligna es el supremo bien. El bien, en definitiva, para Blake, es
la restauración de una unidad fluida e infinita bajo el símbolo de
Albion, el Hombre Universal.
El
bien es el arte que intensifica y salva. La
visión creadora es imaginación productiva. Mediante imágenes
plásticas y el relato mitopoético se expresa la verdad
olvidada.
Y el
goce sensual es certeza de que la elevación necesita del
refinamiento sensorial, de una álgida temperatura que purifica y
abre los sentidos hacia la vastedad. La intensidad de lo erótico, la
sensualidad liberada, promueve que la incendiada piel del cuerpo
experimente, en el éxtasis orgásmico, el placer indescriptible que
fuerza el límite corriente de los sentidos. Así, aun en el efímero
segundo del orgasmo, la realidad como "delicia eterna" supera y
envuelve al cuerpo y los sentidos incapaces de nadar por vastos
mares extraños.
Y el
Mal, para el poeta que ve entre las rojas detonaciones de la
tormenta, destila el Espectro, las negaciones, prohibiciones y
escisiones. El Mal se apoltrona en el trono sombrío de un dios
colérico, anciano y celoso, y en el podio de la razón y las
matemáticas anémicas y abstractas. Que dividen la vida con la filosa
punta de un compás o con la sequedad cuantitativa de los números y
sus operaciones; o con el mármol pulcro y pretencioso de una
racionalidad autosuficiente convertida en máquina insaciable de
deducciones.
Sin embargo, no existe la visión pura,
libre de las influencias de un momento histórico particular. Blake
ve desde su propio tiempo. Nadie puede evitar ser hijo de su
propia época, manifestó Hegel. Blake no escapa a las rocas aún
firmes en su tiempo. No cuestiona el origen divino de la verdad
bíblica. Demuele sí, desde una rebeldía gnóstica, la atalaya de
Urizen, el vengativo y avejentado dios del Antiguo Testamento. Pero
no duda en la prosapia divina de Jesús como protagonista central del
Nuevo Evangelio. A pesar de toda su heterodoxia, Blake no alcanza la
lucidez crítica respecto a la tradición cristiana que puede hallarse
en Nietzsche, o en Mark Tawin y sus Cartas de Satanás. Para
el filósofo de El anticristo, el cristianismo es una ficción
humana y sacerdotal que negó la vida y este mundo en pos de un
fantasmal trasmundo. El autor de Las aventuras de Huckleberry
Finn, niega abiertamente una génesis no humana del texto
bíblico. Las escrituras son invención que reducen lo divino a
vehículo legitimador de los intereses humanos en un contexto epocal
definido. Lo divino como tal, nunca se ha revelado.
En el
cristianismo sui generis que Blake practica, Jesús conserva
su aureola mesiánica. La religión de Jesús es más relevante en el
anuncio de lo verdadero que otras religiones. Recordemos aquí lo
dicho por Ezequiel en la primera Fantasía memorable del El
Matrimonio...: el poder de la profecía visionaria, del genio
poético, los pulmones que ven o dicen lo verdadero, le fue dado
únicamente al pueblo de Israel. La revelación judeocristiana es el
modelo sobre el que Blake imagina una verdad alternativa que se
expresa mediante el lenguaje de una nueva
mitología.
No sorprende
entonces un Blake que rechaza la ceguera pagana, los fantasmales
dioses de griegos y romanos que demandan la veneración de una fuente
de agua, de leños o piedras. La naturaleza, entidad sagrada para el
paganismo, es Vala, la ilusión peligrosa. Este mundo natural
es peligro tentador, magia hechizadora, algo que nos recuerda al San
Agustín de las Confesiones, donde advierte sobre la riesgosa
tentación de los sentidos.
En el
cristianismo heterodoxo blakeano no se cuestiona la posibilidad de
la manifestación misma de lo verdadero. La imaginación como
inspiración, como potencia creadora, entrega un nuevo altar de la
revelación. Una revelación que ya no depende sólo de un libro
sagrado sino de la poesía. La propia poesía de Blake es la cima
imaginativa donde se revela una verdad superior. El misterio
retrocede bajo la grandeza incuestionable de las visiones. Blake
participa así, encubiertamente, de la tradición de una teología
afirmativa, de un universo que entrega al lenguaje un conjunto de
predicados esenciales. Un camino diferente al de la teología
negativa o apofántica, que asegura la fibra impenetrable de lo
divino, que nunca manifiesta o entrega sus latidos más
ocultos.
Las
contradicciones son fuente o incentivo del devenir. Pero ciertas
contradicciones, más que renovación, hablan de una regresiva
violencia contra la propia identidad. La identidad romántica impugna
el individualismo, el ego enclaustrado en su particularidad. El
individuo es parte. Pero se piensa centro. El romanticismo no escapa
de una contradicción regresiva en su cuestionamiento de la yoidad.
El romántico critica el individualismo que separa, que se desgaja de
la comunidad; sin embargo, exalta el yo del propio poeta como
individuo aparte, como excepcional individualidad creadora. En
Jerusalem, Blake dice, sin vacilaciones ni necesidad de
ninguna meditación sobre sus propios límites: "Vi el Pasado, el
Presente y el Futuro existiendo a la vez / Ante mí".
Y el poeta
de los Proverbios del Infierno, a su vez, coloca al Hombre
Universal, a Albion, como manifestación máxima de lo divino. Lo
divino es lo humano. Lo humano es caída, pero también en la
redención y salvación final en la Jerusalén que se abraza con
Albion en la fase de la humanidad redimida. La alteridad entre lo
humano y lo divino es eliminada. En el restablecido hombre
arquetípico brilla la divinidad. Y allí, como dice un proverbio del
infierno: "Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril".
Lo no humano
es oscuridad y rumor cacofónico, mudez insignificante. El primado de
la ciencia y el racionalismo en el siglo XVIII instituye un hombre
matemático-racional en el centro del universo. Antropocentrismo como
filosofía común destilada por la médula moderna. A pesar de su
voluntad disruptiva, Blake no se distancia de la imagen que emplaza
al hombre en centro generador del sentido. El suyo es un
antropocentrismo visionario y poético que le niega a la realidad la
posibilidad de que la verdad sea totalmente indiferente al hombre y
su necesidad de comprender.
Pero
los límites de la ruptura blakeana no empobrece la audacia
liberadora de su palabra en su propio tiempo. Con coraje poético, la
voz de Blake hacer ver: la sacralización de la sexualidad, la
denuncia de la manipulación sacerdotal, la arremetida contra un
engañoso arte imitativo, el peligro de la vida mermada por la
abstracción, la envidia y la represión. La sombra que estrangula, el
pensamiento que encadena, puede Blake advertirlo no sólo en su
visión de un mundo simbólico sino también al caminar por las calles
londineses, tal como ocurre en uno de sus poemas de Songs of
Experience (53).
Y la
mitología poética de Blake es valiente regreso al lenguaje como
explicación imaginativa del mundo. En el tiempo de la ciencia y el
racionalismo, Blake reinventa el relato mitopoético. Entre los humos
del industrialismo y la sequedad matemática, que convierte al
universo en fría máquina o mera fuente de recursos, Blake abre un
mundo saturado de presencia poética y poblado por seres de alto
simbolismo. Su compleja cosmovisión mitopoética es preludio de otras
mitologías literarias posteriores, como la de Lovecraft o Tolkien.
Pero
quizá la más alta revolución de Blake se halla en la recuperación de
una experiencia energética del ser. El círculo del poema y las
imágenes simbólicas, y el círculo de la cultura caída en la pobreza
sensorial, en la anemia espiritual, siempre danza en derredor de un
volcán nunca apagado. Donde todo péndulo de un tiempo agotado se
desintegra. Porque la realidad es energía sin cansancio... Un
estallido de "delicia eterna". El mar como radiación sin fondo,
donde el poeta nada. Con los brazos en llamas. (*)
(*) Fuente: Esteban Ierardo, "William
Blake. Los caminos de una poesía visionaria", editado aquí de manera
original.
Citas:
(1) Blake nunca viajó fuera de Inglaterra. La ausencia del
viaje físico, en Blake, como en el poeta portugués Pessoa, fue una
suerte de incentivo tal vez para el otro viaje, el imaginativo, la
travesía espiritual constructora de una obra artística amplia y
compleja. Sobre Pessoa y su "defensa" de la ausencia del viaje
físico, puede verse un sustantivo momento de sus reflexiones: "La
vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente. Es un viaje
del espíritu a través de la materia, y, como es el espíritu quien
viaja es en él donde se vive. Hay por eso, almas contemplativas que
han vivido más intensa, más extensa, más tumultuosamente que otras
que han vivido externas. El resultado es todo. Lo que se ha sentido
ha sido lo que se ha vivido...Nunca se ha vivido tanto cuando se ha
pensado mucho"; en Fernando Pessoa, El libro del desasosiego,
ed. Seix Barral, Barcelona, p. 279., parte 344. Entre las "almas
contemplativas" de Pessoa, sin dudas puede ser incluido Blake. Y si
se ha viajado tanto como se ha sentido, o imaginado, el autor de
The Marriage of Heaven and the Hell
fue un gran viajero, aunque nunca
haya traspuesto las fronteras de su país.
(2) El movimiento revolucionario en Europa se construyó
mediante la acumulación de diversos momentos revolucionarios, como
rebelión de las colonias norteamericanas en 1775, el levantamiento
que toma la Bastilla en 1789, los diversos movimientos liberales que
se encienden hasta la revolución de 1848 en Francia. En ese clima,
Blake se vincula con el gremio de orfebres y artesanos que batallan
contra el mercantilismo, el latifundismo y los peligros
absolutistas. Artesanos y pequeños comerciantes crean un movimiento
antimonárquico. Blake es un artesano intelectual que contribuye al
estado revolucionario también con su rechazo de la moral puritana.
Blake tiene una alta estima de su condición de artista creador
libre, un sentido de la individualidad en parte alimentado por el
resquebrajamiento del feudalismo, la consolidación de la burguesía y
su horizonte de relaciones laborales reguladas por acuerdo
contractuales entre individuos que libremente contratan u ofrecen
sus servicios profesionales. A su vez, el reformismo político, como
el representado por la revolución francesa o americana, siempre es
resignificado en términos de un misticismo radical.
(3) Para los
principales rasgos del pensamiento ilustrado es recomendable
E.Cassirer, La filosofía de la ilustración, F.C.E; y para la
cosmovisión romántica es fundamental el clásico estudio de Albert
Beguin, El alma y el sueño, F.C. E, y también M.H. Abramns,
El espejo y la lámpara, Ed. Nova.
(4) William Blake, Las bodas del cielo
e infierno, en Obra poética, Ediciones 29, Barceloina,
p.132.
(5) Ibid., p.232.
(6) El catarismo tuvo amplia difusión en el sur de Francia
entre los siglos XII y XIV. El papa Inocencio III organizó una
devastadora cruzada para extirpar esta inquietante herejía que veía
al Anticristo en la Iglesia de Roma. Los cátaros, con claras
afinidades con el gnosticismo y el maniqueísmo, pregonaba un fuerte
dualismo de raíz pérsica. Los bogomilos en Eurpoa oriental fueron el
puente entre el dualismo oriental originario y su versión europea
occidental. Los cátaros rechazaban el Antiguo Testamento. Sus
fuentes principales eran el Envangelio de Juan, y el texto
apócrifo La visión de Isaías. El catarismo y gnosticismo
coinciden en la concepción del dios del Antiguo Testamento como dios
malvado, vinculado con Satanás que, luego de su expulsión del
verdadero cielo, crea y domina el mundo terrestre. La materia es
mala, y el espíritu eterno es bueno. Un dualismo radical. Entre la
verdadera divinidad, lejana y luminosa, circundada por el pleroma, y
este mundo caído, obran los eones, entidades intermedias. En el
catarismo la vida sexual es despreciada. El cuerpo nos ata a este
mundo ilusorio creado por una falsa divinidad. Es necesario
liberarse de la corporalidad y regresar a la plena vida eterna y
espiritual. Se promueve entonces la castidad o la total promiscuidad
desentendida de la procreación que continua el engaño del alma
aprisionada en un cuerpo. En este último aspecto, Blake (que pudo
recibir el influjo del catarismo que aún sobrevivía entre las capas
medias y populares londinenses, y entre los tejedores, oficio al que
pertenecía su padre) se distancia en razón de su valoración de la
sexualidad como forma sagrada de espiritualidad. Pero en Blake es
claro el rechazo del Dios del Antiguo Testamento, y el peligro de
vivir en una naturaleza encerrada en su propia materialidad sin
vínculo con la eternidad. El gnosticismo, en particular, agrega la
doctrina de la multiplicidad de los mundos yuxpatupuesto (como en la
mitología de Basílides). Sobre el catarismo específicamente puede
consultarse: Paul Labal, Los cátaros: herejía y crisis
social, ed. Grijalbo.
(7) A
propósito de lo gnóstico en Blake: "Las ideas religiosas y morales
que dominan toda la mitología de Blake se emparenta con la de los
gnósticos, se acercan a estas doctrinas heréticas por su concepción
de la creación de obras nefastas, que no proviene de la potencia
suprema, sino de un dios caído o de un demiurgo ", en Cristóbal
Serra, Pequeño diccionario de William Blake. Caracteres
simbólicos, José J. de Olañeta editor, Barcelona,.
p.38.
(8) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit., p.
234.
(9) Ibid.
(10) Ibid.,
p.238.
(11) Ibid.,
p.234.
(12) Ibid.,
p.236.
(13) Ibid.,
p.234-35.
(14) Ibid.,
p.238.
(15) Nos
referimos a Las puertas de la percepción de Aldous Huxley,
donde el autor de Un mundo feliz, p.ej. manifiesta: "Ser
arrancados de raíz de la percepción ordinaria y ver durante unas
horas sin tiempo el mundo exterior e interior, no como aparece a un
animal obsesionado por la supervivencia o a un ser humano
obsesionado por palabras y nociones, sino como es percibido, directa
e incondicionalmente, por la Inteligencia Libre, es un experiencia
de inestimable valor para cualquiera y especialmente para el
intelectual".
(16) Alusión
a James Douglas Morrison, el creador del célebre grupo de rock
The doors. "Las puertas" aquí son eco del verso de Blake. En
1969, Morrison, más allá de su obra musical, publica sus libros de
poemasThe Lords yThe New creatures.
(17) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit., p.
236.
(18)
"Papanadie", Nobody's Daddy (padre de nadie) es contracara de
Father of All (padre de todos). En el poema " A Papanadie",
Blake pregunta: "¿Por qué eres silente e invisible?, / padre de la
envidia?/ ¿Por qué tras las nubes te ocultas/ a todo ojo indagador?
/ ¿Por qué tanta oscuridad y tanta confusión / en tus palabras y en
tus leyes? ..", en Poemas del Manuscrito de D.G. Rossetti,
enen Obra poética, Ediciones 29, Barcelona, p.155.
(19) Para
Blake "Dios es Jesús", y "al definir la Deidad como la Segunda
Persona de la Trinidad, Blake no eliminaba a las otras Personas,
pues son aspectos de Jesús. Mientras estuvo todavía en la tierra,
Jesús afirmó que era uno con el Padre (Juan X:30) y después de su
muerte -ésta fue su singular afirmación de Blake- 'se convirtió en
Jehová', el Dios misericordioso. En cuanto al Espíritu Santo, Blake
creía que era efluvio de Jesús, fuente intelectual que, al manar de
Él, llega al hombre. Blake empezó una oración así: "Jesús, Padre
Nuestro, que eres en tu Cielo llamado por Tu Nombre El Espíritu
Santo". Jesús es el Dios humano. En una de las Notas a Lavater se
lee: 'La Naturaleza humana es la imagen de dios'", en Cristóbal
Serra, Pequeño diccionario de William Blake. Caracteres
simbólicos, op.cit., p24.
(20) En el
poema "Un niño perdido", el poeta le hace decir a un niño: "¿Y
Padre, ¿cómo puedo amarte más a ti / o a alguno de mis hermanos? /
Te amo como el pajarillo / que recoge migas en torno a la puerta".
Un sacerdote escucha esta inocente y "demoníaca" igualación entre
Dios y un simple pájaro. Lo reprende violentamente. Y así: "Escuchar
no se podía al niño que lloraba, / sus apenados padres lloraban en
vano; / lo desnudaron hasta dejarlo en camisa, / y lo ataron con
cadenas de hierro (And bound him in an iron chain)". Luego,
finalmente, el sacerdote, representante del Dios que "es amor",
quemaron al niño en un "lugar sagrado" (holy place), en W.
Blake, Canciones de Inocencia y de experiencia, ed. Cátedra,
Colección Letras Universales, Madrid, 1987, p.153.
(21) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit., p.
237.
(22) C.
Serra, Pequeño diccionario de William Blake...,
op.cit., p.67.
(23) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit..
,p.241.
(24) En
el Bardo Thodol, el Libro tibetano del os Muertos el
alma, luego de la muerte física, viaja por el más allá,
encontrándose con imágenes de demonios o dioses que son sus propias
proyecciones mentales. En este sentido, en el comentario de Jung de
la traducción de Evans, se explica que en la concepción tibetana,
durante el viaje del alma antes de su nueva encarnación, no sólo
"las deidades 'iracundas' sino también las pacíficas se conciben
como proyecciones ...de la psyché humana.", en W.Y. Evans
Wentz, El libro tibetano de los muertos, Buenos Aires, ed.
Kier. p. 32. Así como el ángel, en El Matrimono... crea o
proyecta un infierno según su propia metafísica, el alma, allende
este mundo, no se encuentra con una realidad objetiva sino con sus
propias proyecciones.
(25) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit., p.
242.
(26) Ver
Emanuel Swedenborg, El Cielo y sus Maravillas y el Infierno,
Buenos Aires, editorial Kier, con una entrevista-prólogo de J. L.
Borges.
(27) Sobre
la vida y la singularidad de la obra de Swedenborg puede consultarse
el Prólogo a Emanuel Swedenborg en Prólogo con un Prólogo de
Prólogos (1975) en Jorge Luis Borges, Obras completas, IV,
Buenos Aires, Emecé, 1996. pp. 142-150; o tambien la conferencia
borgiana "Emanuel Swedenborg", en Borges oral (1979) en Jorge
Luis Borges, Obras completas, IV, Buenos Aires, Emecé, 1996,
pp.180-197. También,
Ralph Waldo Emerson, el gran ensayista
norteamericano, le dedica un ensayo a
Swedenborg en su trascendente obra
Hombres representativos.
(28) W.
Blake, Las bodas del cielo e infierno , op. cit..,
p.243.
(29)
Ibid.
(30) Sobre
la aceptación de los diez mandamientos de Jesús mediante su
quebrantamiento, el demonio, en su diálogo con el ángel, manifiesta:
"Si Jesucristo es el hombre más grande, tendrías que amarle al
máximo grado. Ahora bien, escucha cómo ha aprobado la ley de los
Diez Mandamientos: ¿No ha desdeñado al sábado, desdeñando así al
Dios del sábado? ¿No ha asesinado a quienes fueron asesinados por
defender su causa? ¿No ha quitado el peso de la ley sobre la mujer
sorprendida en adulterio? ¿Hurtado el trabajo de otros para
justificarse? ¿Prestado falso testimonio al omitir defenderse ante
Pilatos? ¿Codiciado al rogar por sus discípulos y al pedirles que
quitaran el polvo a sus pies para arrojarlo contra quienes rehusaban
alojarles?, en W. Blake,Las bodas del cielo e infierno ,
op. cit.., p. 244.
(31) W.
Blake, Jerusalem, 10,20.
(32) W.
Blake, Jerusalem, ll, 74-10.
(33) También
según Frye, es posible que Blake haya obtenido el nombre Vala "de
los Eddas -las recopilaciones de mitos y leyendas
escandinavas de Snori Sturlusson- en los cuales 'Vola" es la Sibila,
y en su canto profético es la Voluspa (Profecía de la Vidente),
sobre la cual Blake quería quiza modelar la propia profecía", en C.
Serra, Pequeño diccionario de William Blake, op.cit.,
p.78.
(34) En
Introducción de W. Blake, Canciones de inocencia y de
experiencia, ed. Cátedra, Colección Letras Universales, Madrid,
1987, p. 35.
(35) W.
Blake, Los cuatro zoas, IX, 139, vv.4-5.
(36) Orc
clama, en su versión inglesa original: "I am Orc, wreath'd round the
accursed tree: / The times are ended; shadows pass, the morning
'gins to break; / The fiery joy, that Urizen perverted to ten
commands, / What night he led the starry hosts thro' the wide
wilderness, /That stony law I stamp to dust; and scatter religion
abroad / To the four winds as a torn book, & none shalla gather
the leaves...", en W. Blake, Antología bilingue , ed.
Alianza, Madrid, 1988, p.152-54.
(37) "The
Visions of Eternity, by reason of narrowed perceptions, / Are become
weak Visions of Time & Space, fix'd into furrows of
death...".
(38) "...fro
in Eternity as One Man reflecting each in each...".
(39) En W.
Blake, Libro de Thel, en Obra poética, op.
cit..p. 81.
(40) Ibid.,
p.84.
(41) W.
Blake, Canciones de inocencia y de experiencia, ed.
Cátedra., op. cit., p. 81.
(42) Beulah
en hebreo significa "desposada", posible alusión a la condición
femenina de las habitantes del país de la inocente ilusión, donde
las hijas de Beulah son equiparables a las musas y se vinculan por
tanto con la inspiración.
(43) En
Schiller, en sus Cartas sobre la educación estética del
hombre, la percepción primero vive reducida a la sensación y su
captación de lo particular sin conciencia de universalidad. Luego de
un proceso de desarrollo, tras superar la unilateralidad de la
sensación y la razón, el hombre puede acceder al estadio estético,
relacionado con el juego y la espontaneidad, donde emerge una
universalidad libre, distinta a la coacción de la ley racional o
moral. En Hegel, la filosofía surge al fin del largo desarrollo
histórico-dialéctico como forma de restablecimiento de la unidad
allí donde reinaba la separación.
(44) W.
Blake, Libro de Thel, en Obra poética, op.
cit., p.95.
(45) Ibid.,
p.96.
(46)
Reynolds fue el primer pintor británico que recibió el título de
sir. Fue representante del Neoclasicismo, junto a Lawrence o
Gainsborough. Nació en el seno de una familia acomodada, que le
brindó una intensa educación. Al nivel pictórico es el creador de la
Gran Manera o Manera Inglesa, un tipo de pintura de fuertes
impregnaciones de las fuentes clásicas y con una tendencia
idealizante. Fue Director de la Real Academia, y recibió numerosos
galardones. Además de su estilo pictórico, su relación con un arte
institucional desagradaba profundamente a Blake.
(47) W.
Blake, Poemas del Manuscrito de D. G. Rossetti, en en Obra
poética, op. cit., p.193.
(48) Ibid.,
p.198.
(49) Ver
Manuscrito parte CXVII.
(50) Rafael
Argullol, La atracción del abismo, Plaza Janez, p.65.
(51) Ver en
Harold Bloom, William Blake. La compañía visionaria, Adriana
Hidalgo editora, Buenos Aires, 1999, pp.90-96.
(52) W.
Blake, Canciones de inocencia y de experiencia, ed.
Cátedra., op. cit., p. 133.
(53) Nos
referimos al poema "Londres", donde Blake, al caminar por las calles
londinenses entreve que: "En cada lamento de cada hombre, / en el
grito de miedo de cada niño / en cada voz, en cada pregón, / escucho
los grilletes forjados por el pensamiento". También, en el deambular
a través de la urbe, en la percepción del proceso invisible y sutil
de la vida espiritual de los hombres, el poeta entreve la falsedad
de la institución del matrimonio.
Bibliografía:
Obras de
William Blake y versiones inglesas:
Poetical
sketches (Esbozos poéticos), 1783.
The book
of Thel (El libro de Thel), 1789.
Song of
Innocence (Canciones de Inocencia), 1789.
The
French Revolution (La revolución francesa), 1791.
The
Marriage of Heaven an Hell (El matrimonio del Cielo y el
infierno), 1793.
Vision of
the daughters of Albion (Visiones de las hijas de Albion),
1793.
America:
a prophecy (América: una profecía), 1793.
Songs of
Innocence and of Experience (Canciones de Inocencia y de
Experiencia), 1794.
Europe: a
prophecy (Europa: una profecía), 1794.
The First
Book of Urizen (El primer libro de Urizen), 1794.
The Book
of Los (El libro de los), 1795.
The Song
of Los (La canción de Los), 1795.
Vala, or
The Four Zoas (Vala, o los cuatro Zoas), 1797.
Milton: a
Poem in two Books (Milton: poema en dos libros),
1804-1808.
Jerusalem: the Emanation of the Gigant Albion (Jerusalem:
emanación del gigante Albion), 1804-1820.
The Poems
of William Blake, ed. D.V. Erdman y W. Stevenson, Londres,
Longman, 1971.
The Poems
of Blake, ed. A. Ward, Cambridge, Cambridge University Press,
1973.
Traducciones
en español y obras sobre William Blake:
W. Blake,
Canciones de inocencia y de experiencia, ed. Cátedra, Colección
Letras Universales, Madrid, 1987 (ed. bilingüe de José Luis Caramés
y Santiago González Corugedo).
W. Blake,
Antología bilingüe ( incluye Esbozos poéticos, Cantos de
inocencia y experiencia, El libro de Thel, El matrimonio del cielo y
el infierno, América, El primer libro de Urizen), ed. Alianza,
Madrid, 1988 (con traducción e introducción de Enrique Caracciolo
Trejo).
W. Blake,
Obra poética, Ediciones 29, Barcelona, con traducción de
Pablo Mañé Garzón; la misma traducción de la edición parcial de la
obra poética blakiana en la Biblioteca personal de J. L.
Borges).
Cristóbal
Serra, Pequeño diccionario de William Blake. Caracteres
simbólicos, José J. de Olañeta editor, Barcelona (incluye
numerosas ilustraciones de grabados de Blake).
M.H. Abrams,
El espejo y la lámpara, ed. Nova. Buenos Aires.
M.H. Abrams,
"La unidad perdida y la integridad ganada: Blake y Coleridge", en
Romanticismo. Tradición y revolución, ed. Taurus,
Madrid.
N. Frye,
Fearful Symmetry. A study on William Blake, Londres
,1947.
Harold
Bloom, William Blake. La compañía visionaria, Adriana Hidalgo
editora, Buenos Aires, 1999.
Georges
Bataille, "William Blake", en La literatura y el mal, ed.
Taurus.
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