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PERSONAJES
ROMÁNTICOS (*)
Contradicciones
y similitudes entre Baudelaire y Eugenio Sue
Por
María Victoria Ojea
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Eugenio
Sue
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Introducción
El
siguiente trabajo es de carácter relacional puesto que la idea del
mismo será presentar a la figura de Charles Baudelaire y todo lo
que implica en contraposición a Eugenio Sue y, de esta manera,
poder hacer un trazado de las diferencias sustanciales entre dos
personajes característicos de la época romántica.
Por
un lado, Baudelaire con toda su juventud y bohemia, sus obras y su
ideología.
Por
otro, Eugenio Sue, su historia de vida, su romanticismo social y su
éxito económico.
En
este sentido, es que el trabajo se propone delinear de manera
particular esta época, evitando caer en las clásicas descripciones
de este periodo y poder desmembrar las múltiples facetas de esta
corriente de pensamiento desde otro lado, desde el lado de los
protagonistas.
Asimismo,
este trabajo, no solo abarcará las obras de estos personajes, sino
también autores vistos en la materia que trataron las
problemáticas del romanticismo y también otros como Karl Marx,
Pierre Bourdie y Umberto Eco, entre otros, quienes tomaron, a estos
personajes y los analizaron desde perspectivas cada vez más
particulares.
El
romanticismo en la primera mitad del siglo XIX - Acunando la llegada
de grandes artistas.
El
Romanticismo fue un movimiento cultural y político que se originó
en Alemania a finales del siglo XVIII como una reacción al
racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo, dándole
importancia al sentimiento. Su rasgo revolucionario es
incuestionable y su característica fundamental fue la ruptura con
la tradición, el orden y la jerarquía de valores culturales y
sociales imperantes. La libertad auténtica es su búsqueda
constante. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y
concebir la naturaleza, a la vida y al hombre mismo, es que se
presenta de manera distinta y particular en cada país donde se
desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan
distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.
El
romanticismo surge así como una batalla contra la razón.
Acontecimientos como la revolución francesa "...había(n)
desencadenado poderosas fuerzas irracionales hasta entonces
contenidas por una sociedad tradicionalista y jerárquica" (Schenk
111). Así, lo intuitivo y lo irracional, los sentimientos y las
sensaciones, serán las claves para descifrar la mente romántica:
todo esto hizo que "...la época romántica fuese, por
excelencia, la época de la juventud" (Schenk 112)
Para
los románticos, el carácter de una nacionalidad se manifestaba en
su volkgeist (espíritu de pueblo), "...todo
pueblo tiene un carácter único que se manifestaba en todas sus
costumbres e instituciones..." (Schenk 116). Sin embargo y,
ante todas las cosas, quisiera resaltar al romanticismo como un
movimiento que, entre otras cosas, fue una protesta contra
"...una visión prosaica y filistea de la vida" (Schenk
121). Es decir, por un lado se da un gran salto económico, salto
que va a ser clave para la revolución industrial, dado que, ya en
esta época, la burguesía comienza a forjarse como una fuerza
irrevocable en el escenario político, cultural y económico.
Ricardo
Argullol en "El resurgimiento del Yo" afirma que la razón
romántica, está más cerca del sueño, de la mitología, de la
subjetividad de sus personajes. Y para salvarse de la angustia que
le genera la razón iluminista es que se refugiará en las ciencias
y en las artes.
Sus
personajes, suelen tener raíces aristocráticas, de tinte
libertario y totalmente individualista. Así es que, dentro del
campo literario, comienza a forjarse la figura del héroe
romántico, solitaria, individualista.
Todas
estas características nos servirán para poder leer, analizar y
descubrir qué rol cumplieron Baudelaire y Sue en esta época de
sentimientos tumultuosos, de fuerzas irracionales pero, al mismo
tiempo, de gran avance económico y político.
A
continuación, propongo descubrir, por separado, la vida de estos
dos personajes, para luego comenzar un análisis más profundo de la
cuestión.
Juventud
y bohemia. Vida y obra de Charles Baudelaire
Charles
Baudelaire (1821 - 1867) se caracterizó por su vida bohemia y su
eterno dandismo. Ya con 19 años comienza a generar amistades con
las juventudes literarias de barrios marginales de París y empieza
a publicar en los periódicos en colaboración y anónimamente.
Lleva una vida disipada, caracterizada por sus continuos choques con
el ambiente familiar y por su inclinación hacía las drogas y el
ambiente bohemio. Empieza a frecuentar los prostíbulos.
A
pesar de ser presionado por su familia para comenzar una carrera
diplomática, el no quiere ser sino escritor. La conducta del joven
horroriza a su familia y lo envían a Calcuta. Sin embargo, evita
concretar el viaje y regresa a Francia.
Ya
con la mayoría de edad, se independiza y reanuda su vida bohemia y
ejerce de dandy. Vuelve al ambiente de los bajos mundos. Las mujeres
que llenan este periodo de su vida son en su mayoría prostitutas,
como Jeanne Duval, una actriz mulata a quien conoce en 1843. A pesar
de su vulgaridad, de frecuentes desavenencias y de las infidelidades
de la mulata, Baudelaire vuelve siempre a ella y durante toda su
vida estaría ligado a esta insignificante mujer. Desempeñará un
papel fundamental en la vida del poeta ya que será inspiración de
varios de sus poemas.
De
esta manera, dilapida su herencia y contrae numerosas deudas, yendo
de fracaso en fracaso. Para eludir su crisis financiera, vuelve a
publicar anónimamente artículos en los periódicos de París. Por
otro lado, aparece su novela corta "La fanfarlo",
donde el poeta, tras el personaje de Samuel Cramer, se retrata como
un dandy.
Participa
en la revolución de 1848, ya que es visto en las barricadas y
tratando de agitar al pueblo. Durante la revolución hace amistad
con el pintor Courbet, que pintará un retrato del poeta, y con
Poulet-Malassis también, que participó activamente en la
insurrección e influirá en su vida, ya que será el editor de Las
Flores del Mal, por lo cual resultará multado.
Aunque
escribió sus poemas con 23 años, Las Flores del Mal, título que
el editor le impuso en lugar de Los limbos, que era el original, se
publicaron en junio de 1857. Todo lo que escribió hasta su muerte
no sobrepaso este trabajo, se dice, fue solo un complemento a su
obra. Inmediatamente después y, producto de su obra publicada, el
gobierno francés acusa al poeta de ofender la moral pública y
juzgadas obscenas. El poeta fue procesado en medio del escándalo
general.
A
su vez, escribe un ensayo sobre Madame Bovary, de Gustave Flaubert,
que también ha sido juzgado por inmoral y con el cual siente gran
empatía.
Empieza
la época de sus enfermedades que durará hasta su muerte. Sufre
trastornos nerviosos y dolores musculares. Se ahoga, sufre crisis
gástricas y una sífilis contraída diez años antes reaparece.
Para combatir el dolor, fuma opio y toma éter. Físicamente, es una
ruina. Ante su precaria salud, pasa cortas estancias en Honfleur con
su madre y en Alençon con su amigo y escritor Poulet-Malassis.
En
1861 presenta su candidatura a la Academia Francesa. Desea
rehabilitarse y obtener un salvoconducto de dignidad profesional y
solvencia. Busca el reconocimiento oficial de su labor, más allá
del círculo de los cafés literarios que empiezan a agobiarle.
Fracasa en su postulación por la oposición y los consejos de los
académicos. Nervioso, enfermizo, arruinado y desconocido, unido
siempre a su mulata alcoholizada y luego parapléjica, Baudelaire
arrastra una vida de fracasado.
En
su correspondencia expresa su deseo de recurrir al suicidio. Pese a
una nueva subvención estatal, su economía es muy precaria.
Miserable y con sífilis, su existencia es una gran ruina. Su salud
está ya completamente minada y en 1866 sufre un ataque de
parálisis general que lo deja casi mudo. Su madre viaja a Bruselas
y de regreso a París interna a su hijo moribundo en un hospital.
Paralizado y mudo, sobrevive varios meses hasta que el 31 de agosto
de 1867 muere tristemente a los 46 años. Fue enterrado en el
cementerio de Montparnase, junto a la tumba de su padrastro, a quien
siempre odió.
Póstumamente,
en 1868, se publicaron sus "Pequeños poemas en prosa".
El
rey de la novela popular. Del dandismo al socialismo: Eugenio Sue.
Eugenio
Sue (1804-1857), escritor francés e infatigable constructor de
novelas, incursionó en la novela de costumbres con gran manejo de
la prosa y de la trama; también se embarcó en una forma narrativa
muy en boga entonces; la folletinesca. Más conocido como "el
rey de la novela popular", se consagró como uno de los
escritores ficcionales más leídos en el siglo XIX.
Nacido
en el seno de una familia acomodada de París, Sue comenzó su
carrera como reportero en el Herald de París, para luego
convertirse en el editor del Bavarian Paper.
Su
éxito llegó de la mano de sus novelas por entregas, "Los
misterios de París", entre 1842 y 1843; y "El judío
errante", entre 1844 y 1845, con las cuales incrementó la
circulación de los periódicos de la época y, eventualmente, se
convirtió en unos de los escritores mejores pagos de la historia.
A
principios de los años 40, Sue, influenciado por nuevas amistades,
se convirtió al socialismo. Se decía que sus novelas por entrega
ofrecían una nueva y excitante visión sobre los barrios bajos de
París y sus protagonistas.
Luego
de la revolución del 48, Sue fue elegido como diputado socialista.
Ambos
escritores, ambos con origines de familias acomodadas, ambos
comprometidos políticamente. Pero hasta aquí llegaron las
coincidencias.
Baudelaire
y Sue describen dos personajes, dos protagonistas de una misma
época, que, de haberse cruzado alguna vez, habrían aborrecido la
vida del otro.
Diferente
posiciones en el campo artístico
Pierre
Bourdieu, en Las reglas del arte. Génesis y estructura del campo
literario, analiza las relaciones entre el campo literario y el
campo del poder en el romanticismo.
"Es
indudable que la indignación moral contra cualquier forma de
sumisión a los poderes o al mercado (...) que impulsa a los
folletinistas y vodevillistas a hacer una literatura carente de
exigencias y de escritura, desempeño un papel determinante, en
personajes como Baudelaire y Flaubert, en la resistencia cotidiana
que condujo a la afirmación progresiva de la autonomía de lo
escritores..." (Bourdieu 1997:98) Esta cita explica la
posición de Baudelaire como artista de la época. Es decir, una
posición que clamaba por una autonomía en el campo artístico,
separándose de cualquier pretensión de mercantilismo o cualquier
capricho de la burguesía naciente. Mientras que, Eugenio Sue,
representaba todo lo contrario, una novela por entregas en el
periódico que, a pesar de su ahondes dramática y su descripción
casi fiel de las características de vida de los barrios bajos de
París, responde a las demandas de la cultura de masas que poco a
poco se estaba forjando en las calles de París.
Es
esta ruptura con el campo dominante, el principio de existencia del
artista como artista. Es clamando por esta autonomía que Baudelaire
se postula para participar de la Academia francesa, de alguna manera
diciendo "que el arte se encargue del arte".
Así,
Bourdieu afirma que, a partir de la década de 1840 (y sobre todo
después del golpe de estado) es que el peso del dinero propiciará
la expansión de un "...arte comercial, directamente
sometido a las aspiraciones del público." (Bourdieu 1997:143).
Es decir, un arte burgués (representada, entre otros por Sue),
frente a una corriente realista, algo así como el arte social; y,
en contra de ambos, mediante un doble rechazo, la posición del
"arte por el arte", aún sin concretar (la de Flaubert y,
por sobre todo, la de Baudelaire). Veamos ahora en profundidad estas
tres posiciones:
-
Arte burgués: en su mayoría dramaturgos, con el ambiente del
teatro, relacionados estrechamente con miembros de la clase
dominante y la burguesía mercantilista naciente. Implica una
"...complicidad ética y política entre el autor y su
público" (Bourdieu 1997:114). Un arte que proporciona no solo
beneficios simbólicos (un reconocimiento clasista) sino también
beneficios materiales (gran rédito económico).
-
Arte social: "Rechazan el arte egoísta de los partidarios del
arte por el arte y exigen que la literatura cumpla una función
social y política" (Bourdieu 1997:115). En su mayoría, son
novelistas.
-
Arte por el arte: es una posición "por hacer" puesto que
no existía aún dicha posición ni ningún otro equivalente en el
campo del arte. Y, pese a surgir en oposición a las dos posturas
anteriores, comparte con el arte social su aborrecimiento por la
burguesía y su arte burgués.
Una
vez consolidada esta última posición, parecería que estamos en un
mundo al revés, "...el artista solo puede triunfar en el
ámbito simbólico perdiendo en el ámbito económico..." (Bourdieu
1997:130).
Esta
ya nombrada y perseguida autonomía por personajes como Baudelaire,
claramente se contrapone a la figura de Sue. Umberto Eco, en
"El superhombre de masas", afirma "...Sue no escribe Los
misterios de París, la propia novela se escribe sola, con la
colaboración del público" (Eco 1995:35)
Claramente,
los limites entre cada posición son difusos. Es imposible pensar un
Baudelaire totalmente exento de lo que ocurría en aquella época.
De hecho, su biografía demuestra que participó de la revolución
de 1848 y que, además publicó, aunque anónimamente, artículos en
periódicos. Por otro lado, Sue se convirtió, en 1841, del
"dandismo" al "socialismo", dejando entrever en
sus obras una denuncia de la cruda realidad, siendo "Los
misterios de París" una obra de capital importancia
"...que nos ilustra lo tocante a ciertos elementos de la
sensibilidad social decimonónica y sus raíces..." (Eco
1995:38). Sin embargo, Eco afirma que esta conversión de Sue al
socialismo parecía ser una "...nueva forma de distinguirse de
sus iguales, ahora ya no pretende deslumbrar a París con sus trajes
y sus caballos, sino que los asombrará predicando la religión del
pueblo. Y en su ambiente semejante actitud resultará tan
provocativa como excéntrica" (Eco 1995:41).
Sue
elige retratar el mundo y el lenguaje de los proletarios y por ello
es que esta novela se convertiría en un documento, una novela
popular que no tardará no solo en hacerse popular por su trama sino
también en lo que concierne a sus ideas y su forma. Es decir,
combina un elemento real (las calles de París y las miserias de la
clase humilde) y el elemento fantástico (las soluciones de Rodolphe,
el heroe protagonista). Combinación que será clave para atraer al
público y sentirse, de alguna manera identificado.
No
obstante, el análisis de Eco de la obra de Sue parece ser algo
inocente. Conocer las prácticas del proletariado de la época
(siendo Sue un hombre de posición acomodada) no es fácil de
penetrar, podemos afirmar que lo que se retrata en "Los
misterios de París" no es otra cosa que la representación de
Sue de esa clase, pero no las prácticas de la clase en si. Así,
Carlos Marx y Federico Engels en "La Sagrada Familia. Critica
de la crítica" van más allá con su crítica, no se conforman
con descubrir en Sue su raíz reformista, sino que ponen de
manifiesto el acto de hipocresía que para ellos representa el
libro, puesto que predica la reconciliación social, el posible
ascenso o rescate social de las clases humildes.
El
dandysmo es, por encima de todo, un culto del yo: dos personajes,
¿Dos tipos de Dandismo?
En
el capítulo El pintor de la vida moderna en "Salones y
otros escritos sobre arte", Baudelaire hace un recorrido sobre
la vida moderna de París en sus tiempos. Es decir, es uno de los
primeros en advertir que la vida ha cambiado, que las personas, el
modo en que se relacionan ya no es lo que era. Sin embargo, resalta
lo anterior a lo clásico (tal vez como una manera de contraponerse
a la postura progresista y racionalista del iluminismo).
Así,
advirtiendo este nuevo escenario de París, siendo testigo de la
aparición de una ciudad de masas, de una nueva cultura
caracterizada por la falta de individualidad de sus habitantes, es
que va a dar espacio a la figura de dandy, "El dandy como
aquel individuo que pretende salir de la masa asumiendo sobre si
mismo, sobre su cuerpo y su forma de ser, la afirmación de su
subjetividad propia o diferente." (Cabot 2005:55). Un ser que
no tiene "…otra profesión que la de cultivar la idea de lo
bello en su persona, satisfacer sus pasiones, sentir y pensar."
(Baudelaire 1996:377). El dandy como aquel que representa la
doctrina de la elegancia y la originalidad, ser como uno quiere ser,
sin imposiciones.
Esta
postura, como demostramos anteriormente, fue claramente acuñada en
la vida de Baudelaire, la idea de un sujeto único, individual,
negado a las presiones sociales de ser como los otros quieren que
sean, desligados del "deber" y anexados a la idea del
deseo, de los sentimientos, de las pasiones: un hombre totalmente
romántico. En todas sus dimensiones, un dandy que celebra la
individualidad y que, con su manera de vivir, se niega a la vida
filistea.
En
el otro lado, vemos el dandismo de Eugenio Sue. Un dandismo que, a
diferencia de Baudelaire, parece hasta inconsciente, un dandismo
impuesto por la acomodada posición social y económica de la cual
provenía el autor. Pero lo interesante de Sue no es sino su
conversión del dandismo al socialismo, es decir, a primera vista,
pareciera un camino totalmente contrario al de Baudelaire, que
persigue conscientemente esta figura de dandy, mientras que en Sue,
esta dada per sé. No obstante, es el mismo Eco el que reconoce una
relación bastante estrecha entre el dandismo y el socialismo:
"…Sue había descubierto una nueva forma de distinguirse
entre sus iguales…" (Eco 1995:41) Es decir, el socialismo
como una nueva forma de dandismo, la cual permite a Sue distinguirse
de los otros individuos que lo rodeaban.
En
este punto, es válido trazar una similitud, aunque implícita,
entre ambos personajes.
Autonomía
del artista vs. Romanticismo Social
El
alejamiento respecto a los poderosos y a sus valores, implicaba en
Baudelaire, una postura radical. Por un lado, se sabe luchó durante
la Revolución de 1848 y durante el mismo año cofundó el diario Le
Salut Public. Se asoció con Proudhon y se opuso al golpe de Estado
de Luis Napoleón Bonaparte. Sin embargo, luego de este periodo, se
aísla de la política, cada vez más viciada por los intereses
económicos. Además, la proclamación de la autonomía del arte,
hacia casi imposible tejer una relación entre un Baudelaire
políticamente comprometido y un Baudelaire artista, puesto que su
arte estaría contaminado por su compromiso político.
Sue,
en cambio, manifestó lo que muchos autores llaman un reformismo
edulcorado. Eco trata a las obras de Sue y en especial a "Los
misterios de París" como una obra reformista, pero no radical.
Una obra que funcionaba como "documento" de la vida del
proletariado de la época, pero que a la vez no propone tomar
ninguna postura, no incita al pueblo a generar soluciones, puesto
que las soluciones de Rodolphe son casi fantásticas. Por otro lado,
es en "Los misterios del Pueblo" que Sue configura una
teoría clasista racial que "…concibe a la historia de
Francia como una perpetua oposición entre un proletariado
autóctono y una clase de patrones de origen extranjero." (Eco
1995:51). Con su obra genera consciencia, pero no deja de apelar a
la estructura de consuelo para justificar sus soluciones.
Sobre
la figura de Baudelaire desde la óptica de Walter Benjamim
Tanto
la figura de dandy como la figura del flaneur en Baudelaire son
sumamente ricas para analizar su postura con respecto a los cambios
de época en los que vivía.
Walter
Benjamín en el capítulo "Experiencia y pobreza" de Discursos
interrumpidos hace alusión a la nueva especie de barbarie que
se está dando en pos de una cultura de masas formada desde el nuevo
progresismo y la industrialización de las ciudades. Benjamín
argumenta que la vida moderna ha llevado a un empobrecimiento, a una
pérdida del aura y la individualidad del ser. Un hombre lleno de
técnicas y de sofocantes riquezas materiales. La técnica ha
proporcionado un confort que ha llevado al ser a disociarse de sus
experiencias, de sus relatos y ser simplemente un individuo común y
corriente dentro de la masa con ninguna otra inquietud e iniciativa
que la de continuar contribuyendo al desarrollo de la técnica y la
riqueza, disociándose así de épocas anteriores oscurecidas por el
no progreso, la descentralización y las relaciones humanas.
"Se trata de una especie de nueva barbarie" (Benjamín
169).
De
esta manera, Benjamín, alrededor de 70 años después, retoma la
figura de Baudelaire para hacer una crítica de la modernidad,
tomando al mismo como un poeta de la destrucción y la abstracción
social que genera la vida moderna.
Este
nuevo modo de vivir es lo que motiva a Benjamín a estudiar a
Baudelaire y en especial a la figura de flaneur. "El último
poema de Les Fleurs du mal: Le Voyage. "O mort,
vieux capitaine, il est temps, levons l’ancre." El
último viaje del "fláneur": la muerte. Su meta: lo
nuevo." (Benjamín 1972) Entonces, desde Baudelaire lo nuevo no
contribuye en lo más mínimo al progreso, más bien persigue con
odio y fe al progreso como herejía. La figura del flaneur es vista,
de esta manera, como un viajante. Una persona que deambula sin rumbo
por las calles de París, estudiándolo, dejándose llevar por la
ciudad, como si fuera un terreno lleno de sorpresas, de nuevas
aventuras, encontrando novedades en lo cotidiano. "Es singular
en la poesía de Baudelaire que las imágenes de la mujer y de la
muerte se compenetren en una tercera, la de París." (Benjamín
1972). Así, el flaneur intenta escapar del esquema de la ciudad de
masas, evitando que la rutina del progreso lo coopte en pos de su
beneficio. Sin embargo, la multitud es su elemento, pero no se
entrega a ella como uno más.
Esta
idea de multitud también está inserta en la obra de Sue, pero
ciertamente desde otro lado. Tal vez, desde un lado más positivo.
La multitud como personas concientes, con ideas, con revoluciones,
con armas ideológicas para luchar en contra de las condiciones
impuestas por los patrones. Multitud, para Sue, no era un término
que generara contradicciones, sino la clave para la lucha.
De
nuevo, ambos autores enfrentados, aunque no tanto, no solo desde sus
obras, sino también desde sus concepciones ideológicas.
Conclusión:
"No
tan iguales, no tan diferentes"
Las
figuras de Eugenio Sue y Charles Baudelaire se entrecruzan de manera
fantástica. Ambos contemporáneos, ambos escritores, ambos en la
escena francesa. Este trabajo intentó trazar diferencias entre las
posturas de Sue y Baudelaire con respecto al quehacer literario, a
su posición respecto de la nueva cultura de masas y su concepción
personal como dandys y a su compromiso en el campo político.
En
lo que concierne al quehacer literario, Baudelaire tiene una
posición por hacer, una posición de arte autónomo, la cual
sostendrá, aunque a veces se le torne imposible, hasta el final de
sus días. Sue en cambio oscila entre su compromiso político y el
éxito económico, pero solo logra un reformismo edulcorado.
Desde
sus posiciones políticas, a Baudelaire se le hacía insostenible
proclamar la autonomía del arte y estar inserto en el campo
político al mismo tiempo, por lo cual abandonará el segundo. Sue
se consideraba a si mismo comprometido políticamente, pero solo
desde un lado suave, no agitando a las masas en pos de la
búsqueda de soluciones certeras para sus problemas.
Desde
su dandismo, Sue tratando su posición como una manera de
"diferenciarse del resto" y Baudelaire como una figura
para cultivar lo autónomo y lo bello.
En
este sentido, podemos trazar muchas diferencias y forzar otras
tantas similitudes, pero creo que el gran aporte de este recorrido
es entender que pasaba por la mente de estos protagonistas del
romanticismo. Dejando dilucidar que no debemos encasillar ni
etiquetar a los mismos ya que caeremos en posturas maniqueas que no
nos dejarán estudiar la riqueza de la época romántica en todo su
esplendor. (*)
(*)
Fuente:
María Victoria Ojea,
"Personajes románticos. Contradicciones
y similitudes entre Baudelaire y Eugenio Sue", trabajo
realizado en el contexto de la materia Historia del Arte, en carrera
de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires,
en 2009.
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