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LOS PUEBLOS DEL ÁFRICA NEGRA
Apuntes sobre sus características e
influencia en Latinoamérica
Por Alejandro Olmos Gaona
Occidente
siempre tendió a percibirse como centro del mundo, como cultura
destinada a encabezar el movimiento más enérgico y avanzado de la
historia. El occidentalismo, o el eurocentrismo, se derrumban ante
la evidencia de la multiplicidad de las culturas, y la riqueza
milenaria de las mismas. En el artículo que sigue a continuación,
Alejandro Olmos Gaona recupera, desde diversos ángulos y fuentes,
la singularidad de las culturas africanas y destaca su innegable
influencia en los países latinoamericanos.
E.I
LOS PUEBLOS DEL ÁFRICA NEGRA
Apuntes sobre sus
características e influencia en Latinoamérica
Por Alejandro Olmos Gaona
Con
esa soberbia tan característica de la cultura occidental, todo lo
referido a la importancia de la cultura africana, a sido siempre
subestimado, si exceptuamos los trabajos referidos a Egipto,
Marruecos o Etiopía; considerando como de menor significación todo
aquello proveniente de los países que durante siglos fueran
dominados y saqueados por las potencias europeas.
Generalmente
cuando se hace alguna referencia tangencial en las historias que
circulan en nuestro medio, se engloba a la cultura negra, como si
fuera un todo compacto, sin diferencias apreciables, desconociendo
–por ignorancia- la enorme diferencia que existe entre muchos
pueblos africanos, a quien la torpeza colonial encerró en espacios
geográficos unificados, aunque nada tuvieran que ver unos con
otros, a excepción de la tonalidad de la piel –y en esto último
también existen diferencias apreciables.
Ese
desconocimiento –injustificable y producto de criterios euro
céntricos- ha cambiado en los últimos treinta años debido a la
notable labor de estudiosos como Jan Vansina, Joseph Ki Zerbo,
Boubou Hama, Douglas Jones, Donald Morris, Emile Mworoha, Leyti
Ndiaye, Oumar Ba y otros, pero aún cuando las investigaciones han
avanzado notablemente, todavía existe un inmenso territorio
cultural para analizar, existiendo aspectos de la sociedad africana
como sus genealogías, sus sistemas de parentesco, su tradición
oral, sus formas de individualización parental, y su culto a los
antepasados, que siguen siendo territorio virgen, aún cuando mucho
se haya avanzado.
Quizás
donde más han comenzado a intensificarse estos estudios ha sido en
Latinoamérica, pudiendo valorizarse de distinta manera el aporte
africano y la actuación de los afro latinoamericanos en las
historias nacionales, despojándolos del carácter exótico, para
considerar su indudable importancia sociológica. Al comienzo de los
estudios sobre la esclavitud, se han sucedido otros aportes de
relevancia que Morner ha registrado (Magnus Mörner, Recent
Research on Negro Slavery and Abolition in Latin América"
Latin American Research Review, vol. 13, 1974), siendo quizás los
más significativos aquellos que se refieren al Brasil ( Marcilio,
Mattoso, Viotti da Costa, Bastide)
En
el caso de la Argentina, y salvo los conocidos trabajos de Elena
Studer, Jorge E. Gallardo, Dina Picotti y Rodríguez Molas, que se
refieren a aspectos parciales de la influencia africana, es casi
inexistente lo que se ha investigado sobre el aporte de los negros a
la formación de la sociedad argentina. Quizás haya dos
excepciones: la primera, el estupendo trabajo de George Reid Andrews,
"The Afro-Argentines of Buenos Aires, 1800-1900"
donde analiza con minuciosidad todo lo relativo a la participación
que tuvieron en por los menos los cien años a que ha limitado su
estudio.
Es
precisamente Andrews quien repara que a partir de 1863, desaparece
de los registros parroquiales la clasificación racial, que vuelve a
resucitarse en el censo municipal de 1887 y que la Dra. Alicia
Vidaurreta atribuye al "auge del cientificismo racista
proveniente de Europa y Estados Unidos en la generación de 1880.
Como es notorio sus teorías plasmaron la ideología de los hombres
que ocuparon, casi en totalidad, los más altos cargo públicos del
país" (Alicia Vidaurreta, Comentarios Bibliográficos en
Revista Histórica, Instituto Histórico de la Organización
Nacional, Tº IV, Nº 8, Buenos Aires, enero-junio de 1981, pág.
224); la segunda, el importante trabajo de Narciso Binayán Carmona,
La Genealogía en el Africa Negra (Revista del Centro de
Estudios Genealógicos de Buenos Aires, Nºs ¾, Buenos Aires 1982,
pp. 5-61). Binayán investigó en la Biblioteca del African
Institute de Pretoria, en la de La Documentation Francaise, de Paris
y en la del Institut Fundamental de l’ Afrique Noire de Dakar,
además de haber reunido una importantísima bibliografía que
resume con su probado talento.
Existió
un intento de aproximarse al aporte de la sangre africana en
sectores relevantes de la sociedad tradicional, siendo Madero y
Binayán los que primero se animaron a trabajar un tema tabú, pero
más allá de algunas aproximaciones interesantes, no es mucho lo
que se ha avanzado. El prejuicio racial –quizás algo camuflado-
sigue vigente y son pocos los que quieren empezar a transitar
caminos diferentes para analizar una integración racial que no
puede discutirse.
El
hecho de haberme interesado desde hace mucho tiempo por la cultura
africana, sus sistemas de parentesco y las formas de la historia
oral, que es quizás el medio casi excluyente que utilizan para
reconstruir su pasado, me llevó a interesarme un poco más por esa
significativa diversidad de culturas, englobadas malamente como
"cultura negra". Es así que siempre me interesó bucear
en las influencias que trajeron esos pueblos a nuestro continente,
más allá de las superficialmente conocidas. También traté de
indagar, como esa diversidad había tenido suficiente relevancia,
para originar la inestabilidad política de los estados surgidos
como consecuencia de la desaparición de los imperios coloniales.
Entendí que a esas diferencias, solo se podía llegar con una
rigurosa consideración de la historia oral de esos pueblos; tarea
singularmente difícil, ya que supone hacer comparaciones
metodológicas no siempre exactas, sumando toda la bibliografía y
documentación que pudiera ser utilizada para una mejor comprensión
de la historia de sus historias, que es porqué no decirlo,
también, la historia de sus clanes, de sus familias, de la forma en
que se estructuraron.
A
riesgo de algunas equivocaciones, que podrán luego ser corregidas,
es preferible bucear en la cultura africana, respetando esa
tradición oral, que en muchos casos puede mostrar con exactitud
hechos y circunstancias que sería imposible conocer a través de
documentos escritos. Y aunque pueda impugnarse por deficiente ese
método de conocimiento, como lo hiciera hace varias décadas Robert
Lowie, creo que no existe otra posibilidad de acercarse a la
historia africana y a sus tradiciones, si exceptuamos aquellas
fuentes que provienen de viajeros occidentales o misioneros, que
naturalmente estarán influidas por subjetividades culturales que
surgen del propio punto de vista desde donde se efectúa el
análisis.
Estudiar
a las etnias diferentes del África negra, es una tarea difícil
pero no imposible, y el reconocimiento de sus orígenes familiares,
es un buen punto de partida para abordar la tarea. Aquí es donde
puede reconocerse el valor de la tradición oral y correlacionar la
historia de la familia o el linaje con la historia de cada pueblo.
Ya en 1907 Emile Torday, investigador húngaro que estudiaba a los
Bushongo o Bakuba del Congo, se había admirado de la exactitud de
ciertos relatos. Cuenta Torday que escuchaba el largo recitado de la
historia mítica y cuenta "habíamos llegado al 98º jefe,
Bo Kama Bomanchala, dijeron que nada notable ocurrió durante su
reinado, salvo que un día, a mediodía, el sol desapareció y la
oscuridad fue completa durante un breve momento. Oyendo esto perdí
todo control, salté y hubiera hecho cualquier locura. … No fue
hasta varios meses más tarde que supe la fecha del eclipse…el 30
de marzo de 1680, día de un eclipse total de sol, que pasó
exactamente sobre los Bushongo. No era posible la confusión con
ningún otro porque fue el único visible en esa región durante los
siglos XVII y XVIII (Emile Torday, Notes ethnographiques sur
les peuples communément appelés, Bakuba, les Bushongo,
Bruselas , 1910). Para entender el valor que pueden tener estas
referencias orales, es interesante lo que apunta Niane: Desgraciadamente
Occidente nos ha enseñado a menospreciar las fuentes orales en
materia histórica; todo lo que no está escrito negro sobre blanco
era considerado sin fundamento. También entre los intelectuales
africanos se encuentran algunos tan limitados como para mirara con
desdén los documentos "parlantes" que son los griots y
para creer que no sabemos nada o casi nada de nuestro pasado, a
falta de documentos escritos… En general en cada aldea del viejo
Manding hay una familia de griots tradicionalista que custodia la
tradición histórica y la enseña; más. Generalmente se encuentra
una aldea de tradicionalistas por provincia.. El griot que detenta
la cátedra de historia de una aldea y que es llamado Belën.Tigui
("señor de la palabra") es un caballero muy respetable
que ha recorrido todo el Manding. Ha ido de aldea en aldea para
escuchar la enseñanza de los grandes Maestros; durante largos años
ha estudiado el arte oratorio de la historia; además está
juramentado… (Niane, Djibril Tamsir, Soundjata ou l’epopée
mandingue, Paris, 1960), y voy a finalizar con la definición de
Ki Zerbo "La tradición oral sola en una fuente histórica
incompleta e incierta. Pero sometida al tratamiento metodológico
apropiado, proporciona un aporte irreemplazable a la reconstrucción
del pasado y el grado de certidumbre que generalmente se espera de
la investigación histórica. En verdad no se puede hacer una
historia válida de los pueblos africanos sin la tradición
oral" ( Joseph Ki Zerbo, La tradition orale,
problématique et méthodologie des sources de l’ histoire
africaine, Ed. Dioulde Laya, Niamey, Centro Regional de
Documentación para la Tradición Oral, 1972, pong 110).
En
resumen, que si no recurrimos a la tradición oral, no tenemos
posibilidad de estudiar la historia de los pueblos africanos y mucho
menos sumergirnos en los aspectos profundos de su cultura y
tradiciones, y por supuesto tampoco acercarnos a sus grupos
familiares, a los sistemas de parentescos, a sus linajes. Y el
escribir esta palabra puede resultar impropio para una
consideración típicamente occidental, pero creo que es la palabra
exacta, ya que hay linajes africanos, como en cualquier país de
occidente, y el conocimiento de los mismos es una fuente notable de
conocimientos para estudiar a los pueblos en toda su complejidad, y
de allí ver cuales influencias culturales se han desarrollado en
América
Para
estudiar esos linajes familiares, es necesario tratar de reconstruir
sus genealogías; las míticas y aquellas que pueden seguirse a
través de testimonios bastante fiables, y ello nos irá mostrando
una notable diversidad cultural, profundas diferencias entre pueblos
primitivos como los Nuba (Sudán) y los refinados Wolof o Djolof de
Senegal. También es necesario diferenciar la importancia de algunos
pueblos de gran relieve de otros que han permanecido, sin un mayor
desarrollo, siendo en algunos casos pueblos tributarios, como en el
caso de tribus dominadas por los grandes imperios bantúes.
Curiosamente
en esto de las genealogías míticas, los pueblos africanos tienen
la misma característica que los de occidente al mitificar a sus
ancestros y remontar sus orígenes a personajes legendarios. Quizás
un caso ejemplificador lo constituyan los Sao, primeros pobladores
de Chad, que sostienen como antepasado a Iutche, que fue hijo de
Anak, y este hijo de Sita (Set) el tercer hijo de Adán y Eva.
Otro
caso ejemplificador es de los Fulbés o Fulas, una nobleza guerrera
de gran importancia entre el Atlántico y Camerún y que habitan en
el Sud de Mauritania, el este de Senegal y en Fonta Ballón (Guinea)
que pretenden venir de Selim, que sería hermano de Rabia y Mudar el
rojo, antepasados de las dos grandes confederaciones árabes
ismaelitas. Los Fulbés han cultivado minuciosamente sus
genealogías y Ousman dan Fodio que fundara Sokoto el más grande
los imperios fulbés, se encargó de que su familia fuera la que
conservara siempre el poder. Uno de sus descendientes Al Hadji sir
Ahmadu, generalísimo de Sokoto fue uno de los dirigentes que
llevaron al país a su independencia y fue primer Ministro de
Nigeria del norte desde 1953, alcanzando gran relevancia política,
hasta su asesinato en 1966.
También
están los Gaalín del Sudán, que remontan su ascendencia a El
Abbás, tío carnal de Mahoma. Empero así como existen todas estas
versiones míticas, la mayor parte de los pueblos africanos pueden
reconstruir oralmente sus orígenes familiares, ya que para ellos,
es de fundamental importancia el culto a los antepasados y el
respeto a sus tradiciones. Y en esta lista podríamos incluir a los
Soninké (del grupo Mandé) primera dinastía del imperio de Ghana;
los Foung que instalaron el reino de Sennar (aunque algunos de ellos
pretenden venir de los Califas Omeyas de Damasco, los Sissé, los
Feita, los Askia (pueblo Songhai) y otras que sería largo enumerar.
En
este seguimiento de orígenes familiares, hay linajes que pueden
rastrearse a través de fuentes extranjeras que completarían la
historia oral, con lo cual se entra en un terreno de mayor
rigurosidad. En este sector podemos ubicar a grandes linajes negros
como los Mogho-Naba, mossis del Alto Volta y los fundadores de los
dos grandes Imperios bantúes del sur. En este caso, existe un hecho
bastante singular y es que el Padre Enrique, fue consagrado Obispo
por el Papa, en Roma en 1518, siendo vicario apostólico en su
propio país entre 1221 y 1539. Era hijo de Alfonso I, poderoso
monarca congolés, que combatió la trata de esclavos, que eran sus
vasallo y denunció al Rey de Portugal, que sacerdotes portugueses
traficaban esclavos. Su lucha con los traficantes fue intensa y
estos trataron de asesinarlo. A pesar de profesar la religión
católica no entendió los manejos que se hacían respecto de su
pueblo. Este rey congolés fue hijo del manikongo Nzinga que al ser
bautizado tomó el nombre de Juan I.
En
toda esta complicada trama de pueblos, algunos absolutamente
diferentes en cuanto a su poder, su cultura y su concepto de las
jerarquías, no hay una antigüedad uniforme, sino que muchos de
ellos pueden acreditar una notable antigüedad como los ya citados
Gaalin o los Sissé de Ghana, y naturalmente los Yoruba que remontan
su antigüedad al siglo XII y que después de los Haussa, son la
segunda tribu más importante de Nigeria. Pero en general es
difícil establecer una antigüedad en un determinado lugar más
allá del siglo XVII y en algunos casos del XVI y en esta época se
puede incluir a los Bergdamas de Namibia, los Dlamini de Swazilandia
y los Bushongo o Bakuba del Congo, los Bamún de Camerún, los
Xhosas del Trasnkei y Sudán, los Mangbetu del norte del Zaire, los
Uukuanyama (nación ouambo) de Namibia y Angola, los Tongha de
Mozambique, los Zandé del Norte del Zaire (una de las naciones más
aristocráticas del siglo XIX con una cerrada estructura feudal), la
casa real Zulú, uno de cuyos reyes, Mandalela derrotó a los
ingleses en la sangrienta batalla de Isandhalawa, la dinastía
troncal de las ocho grandes tribus Tswanas de Sotos del norte, los
Shilluk de Sudán, los Bemba de Zambia, los Shirazi de Tanzania, los
Herero de Tanzania. El caso de esta tribu es singularmente trágico,
ya que lucharon por ser libres durante generaciones y el gran Jefe
Maharero se enfrentó con los alemanes, quienes exterminaron a
75.000, de un pueblo que apenas llegaba a los 90.000 en 1923, y
donde el gobernador alemán había ordenado "no perdonéis,
hombre, mujer o niño". También en estos siglos encontramos a
los Bami de Ruanda, y a los integrantes de los reinos de Dahomey y
Ashanti.
Está
claro que salvo excepciones todos los pueblos negros tenían una
estructura de clanes, donde cada uno era reconocido por algún
símbolo específico, y un ejemplo de ello lo constituyen los Yombé
(o Mayombé), de gran importancia en América por la enorme cantidad
de esclavos pertenecientes a este pueblo, que reconocían nueve
antepasados fundadores de los clanes. También puede citarse a los
Bemba de Zambia que formaban clanes divididos en subclanes mayores (ikisaka
kikalamba) y menores (ikisaka kyaike). Otro ejemplo de la estructura
clánica son los Bakongo, que se ordenan según la fecha en que
cruzaran el río Inkisi y que son Na Kanga Ki Kongo (el
empuje)Bila ki Kongo (la fuerza), Yanda ki Kongo (la
dispersión), Nikasi ki Kongo (el sobrino), Mpakasa zi
Kongo (Los búfalos), Ngombe zi Kongo (los toros), Mpangala
zi Kongo (la defensa), Ngwna na Kongo (el encuentro).
También vemos que los Senoufo, de Costa de Marfil, se dividían en
cinco clanes: Sorco (pantera), Yao (antílope), Silué
(mono), S’ekongo (ardilla de tierra) y Tuo (jabalí)
Estos
brevísimos ejemplos que he mostrado demuestran la enorme
complejidad que encierran los pueblos africanos y sus culturas, con
la enorme riqueza que supone descubrir formas de vida que ignoramos
y que nos hemos empeñado en no conocer. Y es de importancia
fundamental para cualquier latinoamericano, estudiar y profundizar
en tales pueblos, ya que –aunque muchos pretendan negarlo- existe
esa sangre en la gran mayoría de los que vivimos en este
continente.
No
es menor el dato de que en el censo de 1778 el 45 % de la población
era negra, y su crecimiento fue sostenido, mezclándose en forma
permanente con los criollos, y con una parte importante de la
sociedad tradicional, no solo en Buenos Aires, sino en Corrientes,
Tucumán, Salta, Catamarca, en cuanto a casos que son conocidos.
Empero, las guerras de la independencia, las enfermedades, de la
guerra del Paraguay contribuyeron grandemente a la desaparición de
los negros puros o de los morenos.
En
lo que hace a la clase tradicional esto fue ocultado durante dos
siglos, hasta que una serie de investigadores comenzaron a buscar y
poner en evidencia como importantes personajes de la historia,
tenían sangre de aquellos esclavos que habían venido tiempo
atrás.
Para
terminar, existe un hecho histórico verdaderamente único en la
historia de las naciones independizadas de España que tiene que ver
con el Paraguay y al significativo aporte de la sangre africana y es
el caso de dos personajes Clara Aguiar y Francisco de Figueredo (uno
de los firmantes del acta de la independencia) cuya descendencia
alcanzó importantes puestos públicos durante casi dos siglos, que
fueron anatematizados por un decreto del Dictador Gaspar Rodríguez
de Francia, prohibiendo a cualquier paraguayo casarse con los
descendientes de esas dos personas, lo que no impidió que a la
caída de éste esa disposición no fuera tomada en cuenta. Y en lo
que respecta a este fundamental personaje de la historia del
Paraguay, existen fundadas sospechas de que tenía sangre africana,
ya que en la información de limpieza de sangre que se conserva en
el Archivo General de la Nación, el mismo hace un prolijo relato de
su ascendencia materna hasta los conquistadores del Paraguay, y
cuando se refiere a su linaje materno, dice que es hijo de García
Rodríguez Franca, natural de San Pablo, en el Imperio del Brasil.
Esos
arraigados prejuicios, que eventualmente podían comprenderse en el
siglo XIX, carecen hoy de cualquier justificación, debido a lo cual
el estudio de las culturas del África negra, no debe resultarnos
ajeno y debe ser parte de cualquier indagación seria que pretenda
hacerse sobre los orígenes de nuestro pueblo. (*)
(*)
Fuente: Alejandro Olmos Gaona,
"Los pueblos del África negra. Apuntes
sobre sus características e influencia en Latinoamérica",
enviado por su autor para ser editado aquí.
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