Desde
los tiempos de la antigua Grecia y la antigua India, las
escuelas han sido lugares donde uno aprende.
No se puede aprender si
no se dispone de tiempo libre, o sea, tiempo para uno mismo, tiempo
para escuchar a otros, tiempo para investigar. Un lugar así es una
Escuela. Las Escuelas modernas en todo el mundo cultivan meramente
una parte del cerebro, la cual se ocupa de adquirir conocimientos,
tecnología, ciencias, biología, teología y cosas por el estilo.
Esas escuelas sólo se interesan en el cultivo de una sección
particular del cerebro, la que adquiere muchísimo conocimiento,
conocimiento externo. Ese conocimiento puede ser empleado
hábilmente para ganarse la vida o torpemente, depende de la
persona. Escuelas así han existido por miles de años.
Al pensar una nueva
Escuela, intentamos realizar algo distinto. El intento no consiste sólo en educar académicamente hasta los niveles establecidos, sino
también cultivar una comprensión, una investigación dentro de la
total estructura del ser humano. Los estudiantes llegan ya
condicionados, de manera que ahí comienza la dificultad. Uno tiene
que ayudarlos a librarse no sólo del condicionamiento general, sino
también a que investiguen mucho más profundamente.
Nadie puede conducir a
otra persona hacia la verdad, a la recta conducta, a la clase
correcta, nadie, porque cada uno de nosotros es responsable de sí
mismo y no depende de nadie en absoluto. La intención de este nuevo
modelo de escuela es cultivar una mente, un cerebro que sea holístico,
que adquiera conocimientos para actuar en el mundo pero sin
descuidar la naturaleza psicológica del hombre, porque eso es mucho
más importante que la carrera académica. Aparentemente, cierta
clase de educación es necesaria para tener la capacidad de ganarse
la vida en el mundo actual, en la actual civilización (sea lo que
fuere esa civilización), y tanto las escuelas occidentales como las
orientales están descuidando el otro lado, que es mucho más grande
y profundo. Pero aquí estamos tratando de hacer ambas cosas.
El
propósito de la educación
¿Por qué vamos a la
escuela? ¿ Por qué aprendemos múltiples materias?, ¿ Por qué
aprobamos exámenes y competimos los unos con los otros por lograr
mejores calificaciones? ¿Qué sentido tiene toda esta llamada
educación y qué es lo que implica? Es una pregunta importante, para
estudiantes, padres y maestros. ¿Por qué pasamos por el esfuerzo
de recibir educación? ¿Es meramente con el fin de aprobar algunos
exámenes y obtener un empleo? ¿O la educación tiene como función
la de prepararnos, mientras somos jóvenes, para comprender el
proceso total de la vida? Es necesario tener un trabajo y ganarse la
propia subsistencia. Pero... ¿eso es todo? ¿Se nos educa sólo
para eso?.
Por cierto que la vida
no es tan sólo un empleo, una ocupación; la vida es algo
extraordinariamente amplio y profundo, es un gran misterio, un reino
inmenso en el que funcionamos como seres humanos. Si nos preparamos
tan sólo para ganarnos la subsistencia, perderemos todo el sentido
de la vida; y comprender la vida es mucho más importante que
prepararnos meramente para los exámenes y volvernos muy diestros en
matemáticas, física o lo que fuere.
Por consiguiente, tanto
si somos maestros como estudiantes, ¿no es fundamental que nos
preguntemos por qué educamos o se nos educa? ¿ Y qué significado
tiene la vida? ¿No es la vida algo extraordinario? La vida es el
pobre y es el rico, es la constante batalla entre grupos, razas y
naciones, la vida es meditación, la vida es lo que llamamos
religión, y es también las sutiles, ocultas cosas de la mente: las
pasiones, las ambiciones, las envidias, los temores, los logros y
las ansiedades. Todo esto y mucho más es la vida.
Ciertamente, la
educación no tiene sentido a menos que nos ayude a comprender la
vasta extensión de la vida con todas sus sutilezas, con sus dolores
y sus alegrías, con su extraordinaria belleza. Podremos lograr
títulos académicos y obtener un puesto muy bueno, pero ¿ Después
qué? ¿Cuál es el sentido de todo esto si en el proceso la mente se
embota, se fatiga, se vuelve estúpida?. Por lo tanto, mientras
somos jóvenes, ¿no tendríamos que aspirar a descubrir qué es la
vida en su totalidad?
¿Y acaso no es el
verdadero propósito de la educación cultivar en el hombre la
inteligencia que tratará de hallar la respuesta a todos estos
problemas? ¿Sabemos qué es la inteligencia? Es sin duda, la
capacidad de pensar libremente, sin miedo, sin formula alguna, de
modo que podamos comenzar a descubrir por sí mismos aquello que es
real, verdadero; pero si estamos atemorizados jamás seremos
inteligentes. Cualquier forma de ambición, espiritual o mundana,
engendra ansiedad, temor; por lo tanto, la ambición no ayuda a
producir una mente clara, sencilla, directa y, en consecuencia,
inteligente.
Es realmente importante
vivir en un ambiente donde no exista el temor. Casi todos nosotros,
a medida que envejecemos, nos volvemos temerosos de vivir, de perder
un empleo; temerosos de la tradición, de lo que pueda decir de
nosotros el vecino, o nuestra esposa o marido, temerosos de la
muerte. La mayoría de nosotros tiene miedo, en una forma u otra; y
donde hay miedo no hay inteligencia. Y, ¿no es posible para
nosotros, mientras somos jóvenes, estar en un ambiente donde no
haya temor sino más bien una atmósfera de libertad no sólo para
hacer lo que nos plazca, sino para comprender todo el proceso del
vivir?.
La vida es realmente
muy bella, y sólo podremos apreciar su riqueza, su profundidad, su
extraordinaria belleza, cuando nos rebelemos contra todo - contra
la religión organizada, contra la tradición, contra la presente
sociedad corrupta,- de modo que, como seres humanos, podamos
descubrir por nosotros mismos lo que es verdadero. No imitar, sino
descubrir, eso es la educación, ¿no es así?.
Es muy fácil ajustarse
a lo que les dicen, sus maestros o la sociedad. Es una manera segura
y cómoda de vivir; pero eso no es vivir, porque en eso hay temor,
deterioro, muerte. Vivir es descubrir por uno mismo aquello que es
verdadero, y uno puede hacer eso únicamente cuando hay libertad,
cuando existe una constante revolución interna.
Pero a ustedes no se
les alimenta para que hagan esto; pocas personas los alentarán para
que hagan esto; pocas personas les dirán que cuestionen, que
descubran por ustedes mismos que es Dios, porque si se rebelarán se
volverían un peligro para todo lo que es falso. Sus padres y la
sociedad desean que vivan seguros, y también ustedes desean vivir
sin riesgo alguno. Vivir así significa generalmente vivir en la
imitación y, por tanto, en el temor. Y el sentido de la educación
es, ciertamente, el de ayudarnos a cada uno de nosotros a que
vivamos libremente y sin temor. Y para crear una atmósfera en la
que no exista el temor se requiere de muchísima reflexión, tanto
de parte de ustedes como del maestro, del educador.
¿Saben lo que esto
significa, lo extraordinario que sería crear una atmósfera carente
de temor? Y tenemos que crearla, porque vemos que el mundo está
atrapado en guerras interminables; lo conducen los políticos, que
siempre están en busca del poder; es un mundo de abogados,
policías y soldados, un mundo de personas ambiciosas, hombres y
mujeres, todos anhelando posición y luchando unas contra otras para
conseguirla. Después están los que se titulan santos, los gurues
religiosos con sus seguidores; también ellos desean poder,
posición, prestigio, aquí o en la próxima vida. Es un mundo
insensato, completamente confundido, donde el comunista lucha contra
el capitalista, el socialista resiste a ambos, y cada cual está en
contra de alguien, luchando para llegar a un sitio seguro, a una
posición de poder o bienestar material. El mundo está desgarrado
por creencias en conflicto, por diferencias de casta o de clase, por
nacionalidades separatistas, por todas las formas de estupidez y
crueldad; y este es el mundo en que se los educa para que encajen en
él. Se los estimula para que encajen en la estructura de esta
sociedad desastrosa.
Ahora bien, el
propósito de la educación, ¿es ayudarles meramente a que se
ajusten al patrón de este corrupto orden social, o su función es
darles libertad, completa libertad para crecer y crear una sociedad
diferente, un mundo nuevo? Necesitamos tener esta libertad, no en el
futuro sino ahora, o de lo contrario podemos ser todos destruidos.
Tenemos que crear una
atmósfera de libertad para que podamos vivir y descubrir aquello
que es verdadero, para que lleguemos a ser inteligentes y tengamos
la capacidad de enfrentarse al mundo y comprenderlo, no simplemente
ajustarnos a él; para que en lo interno, en lo psicológico, en lo
profundo, se encuentren en constante estado de rebelión; porque son
sólo los que se rebelan constantemente los que descubren lo
verdadero, no el hombre que se amolda, que sigue alguna tradición.
Sólo cuando uno está constantemente inquiriendo, observando,
aprendiendo, encuentra a Dios, la verdad o el amor; y ustedes no
pueden inquirir, observar, aprender, no pueden estar profundamente
alertas si tienen miedo. No hay duda, entonces, de que el propósito
de la educación es el de erradicar, tanto interna como
externamente, este miedo que destruye el pensamiento humano, la
relación humana y el amor. (*)
(*)
Fuente: Krishnamurti, El propósito de la educación,
ed. Sudamericana.