LOS
MEDIOS, EL CAMBIO Y LA CRISIS DE LA MODERNIDAD
Reflexión epistemológica sobre
el campo de la comunicación
Por Prof. Eduardo Daniel Esarte
Introducción:
¿Estamos
presenciando el ocaso de la Modernidad?
¿El nuevo siglo inaugura una nueva época de la humanidad?
Lo que ya nadie puede negar
es que la modernidad está en crisis. Las teorías de la
modernidad no tienen respuestas para las nuevas problematizaciones
que plantea el nuevo siglo. Muchos autores sugieren que la
modernidad está agotada. La ruptura de los grandes relatos,
nuevos enunciados teóricos, grandes espacios vacíos, sin
respuestas para los nuevos paradigmas.
¿Entonces, estamos frente
a una nueva revolución?
A diferencia de otras
revoluciones de otras épocas de la humanidad, ésta no es una
revolución signada solamente por la tecnología, como muchos
creen, sino que se trata de una revolución del conocimiento. Es
una revolución que atañe a las más profundas convicciones y
creencias del ser humano.
En este nuevo
escenario, ya nadie duda que los medios de comunicación tienen
una influencia extraordinaria sobre
la forma de actuar o de pensar de las personas, y como logran
modelar la forma en que los hombres conocen y comprenden la
realidad que los rodea.
Los
medios electrónicos modificaron definitivamente, no solo la
historia de las comunicaciones, sino la vida privada y pública de
las personas. Ellos ayudaron a reconfigurar modelos familiares,
sociales y hasta políticos.
Lo
que originalmente se imaginó como un instrumento pedagógico se
convirtió en una fábrica de ficción y entretenimiento, de
reproducción de estereotipos sociales, control ideológico y
construcción de identidades culturales.
Entonces
cabría preguntarse: ¿Cuál es el nuevo rol que les cabe a los
medios en esta nueva etapa?
Este
trabajo se propone abordar esta problemática, con una mirada crítica
sobre las relaciones, los efectos, las oportunidades y los
interrogantes que plantea esta nueva revolución del conocimiento
y su relación con los medios, y con las distintas
situaciones de dominación y resistencia que se juegan en el campo
de la comunicación y la cultura.
En
las conclusiones, sin el ánimo de disminuir las expectativas, sólo
queda abierto un gran espacio para nuevas discusiones.
Quizás queden
planteadas más preguntas que respuestas, más incertidumbres que
certezas. Estoy convencido que éste es el punto de partida para
un necesario ejercicio crítico y reflexivo, para poder empezar a
entender lo que nos está pasando.
La tecnología, la
comunicación, y la evolución de la sociedad
Desde
siempre, el hombre ha tenido la necesidad de comunicarse con los
demás, de expresar pensamientos, ideas, emociones; de dejar
huella de sí mismo. Así también se reconoce en el ser humano la
necesidad de buscar, de saber, de obtener información creada,
expresada y transmitida por otros. La creación, búsqueda y
obtención de información son pues, acciones esenciales a la
naturaleza humana. Tal vez por eso en la historia del mundo, los
saltos evolutivos de la humanidad han estado signados por los
grandes avances que se han dado en la capacidad de comunicación
del hombre.
La
historia de la humanidad es un proceso largo y complejo que se ha
desarrollado a través de muchos miles de años. Dicho proceso no
ha sido lineal sino que, por el contrario, ha pasado por grandes
revoluciones, que han transformado completamente la forma en que
los seres humanos se relacionan con el universo.
Cada una de estas revoluciones, ha estado caracterizada por una
invención o nueva tecnología, a su vez relacionadas con alguna
nueva forma de comunicación.
Alvin
Toffler (1) lo ha planteado en su esquema de “olas” refiriéndose
a cada uno de los hitos importantes de la humanidad que han
determinado estas revoluciones.
La primera, fue la Revolución Agrícola, a partir del año 8000
a.C. cuando el hombre inventa la agricultura e inicia una nueva
forma de vida: deja de ser nómada, abandona su etapa primitiva,
comienza a formar comunidades estables y aparecen las primeras
aldeas. El hombre
hace de la agricultura su principal forma de sustento y, con ella,
aparece también la ganadería y un poco después el comercio.
La necesidad de contar obliga a la invención de los números,
los cuales evolucionan hasta dar origen a la escritura (cuneiforme
y jeroglífica). Hacia
el año 1000 a.C. los fenicios inventan el alfabeto, un conjunto
de grafías que permite la representación de sonidos.
Así, se conoce a la escritura como el hecho más
trascendental de la revolución agrícola y además de ser
inclusive el punto de inicio de la historia misma de la humanidad,
representa el primer gran avance tecnológico logrado por el
hombre en su proceso de comunicación.
La segunda gran revolución de la humanidad, es la Revolución
Industrial, que precisamente marca su inicio a partir de la
invención de la imprenta de Johannes Gutenberg en los años 1400
d.C. Con la imprenta
se inicia una nueva etapa caracterizada por la masificación del
conocimiento, porque crece el número de personas con acceso a la
información escrita. Además comienzan a plasmarse los nuevos
conocimientos teóricos y surgen nuevos desarrollos tecnológicos:
la máquina sumadora, el reloj mecánico, la máquina de coser. Se
dieron en esta etapa también importantes descubrimientos en
biología, electricidad, química, medicina; todos con
posibilidades de perdurar y darse a conocer gracias a la imprenta,
que se trasforma así en el segundo gran paso tecnológico del
hombre en la evolución de su proceso comunicativo.
La
tercera y más grande revolución de la humanidad, en la cual aún
nos encontramos inmersos todavía, es la Revolución del
Conocimiento. Esta última revolución, a diferencia de las otras,
se centra en el ser humano, en su capacidad de comunicarse y
transformarse a si mismo. Si la revolución industrial fue la
expresión del músculo, de la maquinaria, ésta lo es de la
mente. El trabajo, la tierra y el capital, que eran
elementos clave de las épocas previas, están siendo hoy
reemplazados por la información y el conocimiento, como la base
de la economía. Hay
mayores exigencias sociales internacionales y mayor individualismo
y libertad.
Más
allá de las visiones que muchos analistas tengan sobre la era
postmoderna, e independientemente del nombre que diferentes
autores han preferido, (Revolución de la Inteligencia, del
Conocimiento, de la Información) ciertamente el hombre en la
actualidad protagoniza una verdadera revolución. Una etapa de
cambios rápidos y constantes que se inició con los grandes pasos
de la computación y la informática y que tiene como hito a la
Internet, que se reconoce como una nueva forma de comunicación
humana, un nuevo salto en el proceso comunicativo.
Queda claro que la evolución de la tecnología siempre ha
significado un avance en los procesos de comunicación humana y,
por supuesto, ambos elementos relacionados Tecnología y
Comunicación, en un proceso dialéctico, han soportado uno a uno
los escalones de la evolución natural de nuestra sociedad.
La
Modernidad, la Postmodernidad y la crisis de un modelo agotado
La época de
la modernidad se ubica a principios del siglo XX principalmente y
su lugar protagónico es Europa. Tal como lo comenta José María
Sbert (2). “ Europa
tuvo mayor influencia en el mundo, la Belle Époque de
principios del siglo XX fue más bien la culminación del largo
período de ascenso triunfal de la modernidad...”
Muchos avances filosóficos y tecnológicos se consumaron antes y
al principio de este siglo. En el siglo XIX se habían aportado
los primeros medios de comunicación instantánea: el telégrafo
por cable (Samuel Morse en 1844) y el telégrafo sin hilos
(Guillermo Marconi en 1895). El ingeniero Alexander Graham Bell
aportó el teléfono en 1876.
La máquina de vapor, la producción en serie, la entrada
vigorosa del libro, y algunos otros inventos fueron los que
marcaron pauta para el desarrollo que tenemos ahora.
La Ilustración, época
del nacimiento de la enciclopedia encabezada por Rousseau, fue el
impulso principal para abrirle el horizonte racional a muchísima
gente. El nacimiento del libro amplió las posibilidades de la
comunicación y la difusión de la lectura y de la escritura: ya
en el siglo XVI las imprentas producían miles de libros en
diversos idiomas. En el siglo XVII, la publicación de periódicos
era común en varios países de Europa occidental y se generalizó
extendiéndose luego a las colonias americanas. Sobre todo a
partir de los inicios de siglo XX, los periódicos, revistas y
libros leídos en el mundo produjeron cambios en el modo de actuar
y sentir de los hombres. La eficacia de la letra impresa fue
contundente, es así como poco a poco se fue esparciendo tal gusto
por conocer un poco más de lo que la historia nos ha dejado. A
través de la lectura de hechos históricos la gente iba gustando
y desarrollando el agrado por la lectura y por el aprendizaje que
los escritos nos dejan.
La Revolución Industrial por su parte mostró a la gente la
importancia de facilitar las distintas actividades laborales. La
manufactura iba perdiendo terreno ante las máquinas que el
hombre inventaba. Las jornadas laborales se redujeron
posibilitando más tiempo de ocio.
En una impecable descripción de la modernidad, dirá
Marshall Berman (3): “Es un paisaje de máquinas a vapor, de fábricas,
vías férreas, nuevas y vastas zonas industriales; de ciudades
rebosantes que han crecido de la noche a la mañana,
frecuentemente con consecuencias humanas pavorosas; de diarios,
telegramas, telégrafos, teléfonos y otros medios de comunicación
de masas que informan a una escala cada vez más amplia; de
Estados nacionales y acumulaciones multinacionales cada vez más
fuertes; de movimientos sociales de masas que luchan contra esta
modernización desde arriba con sus propias formas de modernización
desde abajo; de un mercado mundial siempre en expansión que lo
abarca todo, capaz del crecimiento más espectacular, capaz de un
despilfarro y de una devastación espantosos, capaz de todo, salvo
de ofrecer solidez y estabilidad”.
La ruptura de los paradigmas de la Modernidad sobreviene para los
años 60’s y 70’s y algunos autores mencionan que la era
posmoderna viene forjándose desde entonces con este concepto, que
al principio fue la crisis de modelos y la sensación de haber
llegado a una encrucijada de callejones sin salida. Las guerras
entre naciones, el fracaso de los modelos económicos, políticos
y culturales fueron moneda de cambio. Estos últimos ejemplos
suele citar José María Sbert en su escrito de la postmodernidad:
“Lo más destacado de los años sesenta, junto con la
prosperidad cada vez mayor, fue la presencia de los jóvenes
nacidos poco después de la guerra, que dieron la tónica
revolucionaria del ambiente de la época [...] Los miembros de esa
generación eran
tantos que parte de ellos formó una verdadera cultura aparte.
Quizás el desahogo económico contribuyó a una especial
disposición a la generosidad, así como permitió también una
mayor libertad.”
Por su parte José Rubio Carracedo (4) afirma que la posmodernidad
“es una actitud de indignación moral ante los excesos y
desastres provocados por el programa de la modernidad”
La posmodernidad es una época de contrastes y de cambios
continuos que enajenan al mundo. Según Levario Marco Turcott (5)
en su artículo publicado en el semanario Etcétera establece que
“La posmodernidad sólo puede apreciarse como una expresión de
la crisis de la modernidad [...] el posmodernismo es una expresión
que dramatiza los problemas acarreados por la modernidad
inconclusa.”
En la posmodernidad se presentan características reveladoras que
nos muestran sus diferentes facetas y perspectivas. Por ejemplo,
el posmoderno desconfía de las instituciones y afirma su
independencia. Se muestra indiferente a las cuestiones de la vida
colectiva y prefiere retirarse a su vida privada. Es una actitud
que lleva a la soledad y a la insolidaridad. Se destaca por su
falta de utopía, de esperanza en conseguir un futuro mejor que el
presente. La persona postmoderna no cree en la posibilidad de
cambio y transformación, prefiere sacar el máximo provecho del
presente, vivir al día y pasarlo bien. Pero sobre todo desecha
las normas y valores para entregarse al disfrute de lo inmediato
siguiendo los impulsos y las pasiones. En la posmodernidad no
manda la razón sino el sentimiento.
La
influencia de los medios:
Muchos sociólogos han tratado de explicar los grandes procesos de
transformación cultural que vivió la sociedad a lo largo de su
historia, detectando amplios cambios en los valores, en las
creencias y en las actitudes e inclinaciones personales de los
actores sociales.
En este sentido, John Thompson (6) aporta otra mirada diferente y
esclarecedora de cómo se producen las transformaciones en el
dominio cultural cuando dice: “Si en un primer momento nos
centramos no tanto en los valores, actitudes y creencias, sino más
bien en las formas simbólicas y en sus modos de producción y
circulación en el mundo social, entonces deberíamos darnos
cuenta de que, con el advenimiento de las sociedades modernas a
finales de la edad media y principio del período moderno, tuvo
lugar una transformación cultural sistemática. En virtud de una
serie de innovaciones técnicas asociadas con la impresión y,
posteriormente, con la codificación electrónica de la información,
se produjeron, reprodujeron y pusieron en circulación, formas
simbólicas a una escala sin precedentes. Las pautas de comunicación
e interacción empezaron a cambiar de manera profunda e
irreversible”.
Se produce así lo que el propio Thompson llama la “mediatización
de la cultura” tomando como base el desarrollo de las
organizaciones mediáticas que aparecen en la segunda mitad del
siglo XV.
Refiriéndose a la importancia de la invención de la imprenta
dice Luciano Sanguinetti (7): “Considerada la imprenta como una
tecnología de comunicación, su gravitación será tan importante
como la aparición del lenguaje. La invención de la imprenta marcó
el fin de un largo aprendizaje de la escritura en occidente
limitado a las élites [...] tuvo que llegar este invento para
que, de la mano del Renacimiento, volviera la cultura letrada a
occidente”.
Desde entonces, los medios de comunicación han cobrado cada vez
mayor protagonismo en los cambios sociales, y mayor influencia en
el comportamiento de las personas.
Hemos recorrido un largo camino desde aquella concepción de los
mensajes de los medios que provocan efectos en las audiencias,
conductas observables y medibles, la teoría de la aguja hipodérmica,
pasando por toda la doctrina de la sociología y la psicología
conductista, donde la pregunta predominante era: ¿Qué hacen los
medios con sus audiencias?.
Como
contrapartida, en los más recientes estudios de investigación
de la corriente latinoamericana (Martín-Barbero (8),
González (9) interesa
más conocer los diferentes modos como la sociedad se relaciona e
interactúa con los medios. En definitiva qué es lo que hace la
sociedad con los medios, más que lo que estos hacen con aquella.
En este sentido, al analizar este proceso de recepción de los
medios Guillermo Orozco Gómez (10) plantea lo que llama la
emancipación de la audiencia: “Esta emancipación adquiere una
especial relevancia en una época como la actual, donde por una
parte estamos presenciando una creciente privatización de la
cultura y, en última instancia de lo “público”. Y por
otra, estamos siendo testigos de un salto rápido de la cultura
oral (lógica del relato) hasta la cultura electrónica (lógica
mercantil), sin haber asumido y recreado cabalmente la cultura
escrita (lógica del argumento). [...] La TV cada vez más se
constituye en referente de lo público, al captar y proponernos lo
que es relevante de ese ámbito que nos rebasa en el espacio y en
el tiempo, pero que paradójicamente nos posiciona en el aquí y
ahora, al ser mostrado en la pantalla e introducido en nuestra
propia casa donde invade los espacios de intimidad.”
Nicholas Negroponte (11) por su parte valora que en la era de la
información, los medios masivos se volvieron, a un mismo tiempo más
grandes y más pequeños. “Nuevas formas de emisión llegaron a
audiencias cada vez mayores [...] mientras que las revistas
especializadas, las videocasetes y los servicios de cable fueron
ejemplos de la sectorización”.
En su trabajo Negroponte pone énfasis en la disociación que se
produce entre la búsqueda desenfrenada de la evolución tecnología
de soporte de los medios de comunicación y la poca calidad de los
contenidos, y comienza a preguntarse por la sobreabundancia de
información de nuestra época. Setenta canales y nada para ver
dirá el cantante Bruce Springting.
Por su parte, los medios de comunicación en Latinoamérica han
tenido un particular protagonismo en el proceso de incorporación
a la modernidad, tal como lo describe José Joaquín Brunner (12):
“La irrupción de los nuevos medios de comunicación en América
Latina, sobre todo de la televisión, está en la base de una
completa reorganización de nuestras culturas y sus estructuras
tradicionales de sustentación. Mientras otras sociedades
accedieron a la modernidad sobre la base de la palabra escrita y
su correlato en la educación universal y obligatoria, en América
Latina estamos incorporándonos a ella conjugando imágenes electrónicas
con analfabetismo; escuela incompleta y atrasada simultáneamente
con una intensa internacionalización del mundo simbólico de
masas”.
En tanto en la Argentina desde los inicios de la década del
’50, cuando ya se tenía conciencia de la enorme influencia que
tenían los medios de comunicación en la sociedad, el Estado
Nacional comenzaba a establecer un marco regulatorio sobre los
mismos, cuando todavía no se habían instalado las ideas del
desarrollismo en América Latina, que prevalecerían en los 60’s
y 70’s , y que lejos de cuestionar o pretender modificar esta
situación, la acabarían celebrando.
En los años posteriores, cuando las corrientes del pensamiento crítico,
se fortalecían en América Latina, en nuestro país, de la mano
de la Dictadura Militar, vendrían las intervenciones a las radios
y los canales de TV, que dejaron en manos del Estado prácticamente
la totalidad de los medios, reafirmando las
distintas
situaciones de dominación y resistencia que se jugaron en el
campo de la comunicación y la cultura.
En la década de los 90’s en consonancia con la aplicación de
las políticas neoliberales en la Argentina, se privatizaron los
medios, se conformaron los grandes grupos multimedia, y quedaron
plantadas las bases para la progresiva extranjerización de las
empresas periodísticas.
Simultáneamente, aparecían las primeras emisoras de FM
alternativas, que más tarde se convertirían en uno de los fenómenos
más conflictivos de la radiodifusión de nuestros días, como lo
es el fenómeno de la clandestinidad de los medios, avalados por
la inacción de un Estado ausente que no cumple con sus deberes básicos
de ofrecer un marco regulatorio adecuado.
Como contrapartida, esos fueron los años en que los medios se
erigieron como la principal tribuna de denuncia frente a la
corrupción generalizada, engendrada –paradójicamente- desde la
matriz ideológica que los había habilitado en su nueva visión
de corporaciones altamente concentradas, conformadas
mayoritariamente por capitales extranjeros.
El alto nivel de legitimación que gozan los medios frente a la
sociedad, llevó que a fines de los 90’s una encuesta revelara
la credibilidad de la prensa en 55.1%, muy por encima de otras
instituciones tradicionales como la iglesia, los sindicatos o el
propio gobierno. Si bien estas cifras se fueron debilitando después
de la crisis institucional que sacudió nuestro país en los
inicios de la década actual, frente al nuevo escenario político,
los medios siguen gozando de la confianza de buena parte de
nuestra sociedad.
Conclusiones:
En
un artículo publicado en el año 1988, recuerdo haber leído un
reportaje a Warren Bennis, Presidente de la Universidad de
Cincinati, que me llamó la atención por el sentido apocalíptico
del mismo. En un tramo del reportaje Bennis aseguraba: “La fábrica
del futuro tendrá sólo dos empleados, un hombre y un perro. El
hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro estará ahí
para que el hombre no toque las computadoras”. Indudablemente
Bennis se equivocó, y sus pronósticos no se cumplieron ni se
cumplirán jamás.
La búsqueda del hombre por mejorar su forma de vida -proceso
comunicativo incluido- es lo que ha empujado la emergencia
constante de nuevas y mejores tecnologías. Asimismo, cada avance
en el proceso comunicativo, acompañado de evolución tecnológica,
permiten que existan hoy definiciones como las de Sociedad de la
Información y Sociedad del Conocimiento, ambos referidos a una
era mundial donde aparentemente, las posibilidades de comunicación
humana ya son ilimitadas, donde la transmisión y transferencia de
información se desarrollan en cantidades infinitas, desde
cualquier rincón del mundo y con una rapidez increíble.
No obstante la humanidad sigue creciendo, evolucionando y,
mientras el hombre exista, su búsqueda por vivir,
y comunicarse más y mejor no se detendrá. La evolución
de la comunicación humana, y con ella la del hombre y su tecnología,
siguen en marcha. Seguramente, nuevas revoluciones vendrán, y
también nuevas formas de comunicarse.
Para finalizar, quiero dejar este párrafo de José Joaquín
Brunner: “Pues allá adelante, inevitablemente, volveremos
siempre a encontrarnos con la gran cuestión de la cultura de
masas y la manera de convertirla a ella en la condición de
nuestro propio desarrollo, de la democracia a que aspiramos y de
la modernidad que nos invade por su intermedio”. (*)
Agosto
de 2004
(*)
Fuente: Esarte,
Eduardo D., Los Medios, el
cambio y la crisis de la Modernidad, Buenos Aires, Argentina,
2005
Copyright
© 2005 by Eduardo Esarte
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El
Prof. Eduardo Daniel Esarte es Argentino y nació en el año 1955
en la Ciudad de Buenos Aires.
Recientemente
graduado con el título de Posgrado Universitario de Especialización
en prácticas, medios y ámbitos educativo–comunicacionales, en
Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad
Nacional de La Plata (UNLP).
Profesional de la Radiodifusión con más de 25 años de
experiencia en los medios, sus áreas de interés son el
mejoramiento de las operaciones de las emisoras y la optimización
de los Recursos Humanos y tecnológicos, mediante la implantación
de metodologías proactivas, el cambio organizacional, la aplicación
de técnicas de mejoramiento de la calidad y la capacitación
permanente.
En la actualidad es Gerente
de Tecnología
de una de las más importantes emisoras de la Argentina, AM
910 - La Red
de Buenos Aires, y es Consultor en ámbitos privados y nacionales.
Fue diseñador gráfico y publicista. Durante diez años dirigió
una agencia de publicidad y producciones radiales. Es miembro del
Consejo Directivo y de la Comisión Técnica de ARPA (Asociación
de Radiodifusoras Privadas Argentinas) y vocal titular de la
Comisión Directiva de la CCMA (Cámara
de Control de Mediciones de Audiencia de Radio y TV)
En el área de la Educación, destinó gran parte de su actividad
profesional a la Capacitación de RRHH para la radiodifusión,
siendo promotor de la Educación
Permanente como único motor del cambio organizacional
y el compromiso
profesional en el proceso del hecho comunicacional y los
medios de difusión.
Desde hace 25 años ejerce la docencia en el ISER (Instituto
Superior de Enseñanza de Radiodifusión).
Actualmente es Coordinador Pedagógico, y Profesor Superior
titular de 2 cátedras. Habitualmente dicta conferencias y
seminarios de capacitación en todo el país y en el extranjero.
Es autor de numerosos ensayos y publicaciones referidos al campo
de la comunicación, la pedagogía y los medios.