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TINTIN, UNA HISTORIETA DE "PELICULA"

Por Sergio Fuster

 

 

 

Un momento de las historias de Tintín, la célebre historieta creada por Georges Rémi (conocido como Hergé).

 

    Selvas exuberantes, mares embravecidos, tórridos desiertos, castillos borrascosos y cumbres nevadas, son sólo algunos de los escenarios recorridos por personajes de trazos sencillos en un sinfín de aventuras. Aventuras pobladas por peligrosos piratas, tribus salvajes y los más misteriosos complots políticos. ¡Cuántos de nosotros hubiéramos deseado vivir todas aquellas aventuras! En nuestra niñez, Georges Rémi (conocido como Hergé) supo comprender ese deseo de vida intensa, y que supo convertirlo en apasionantes historias en la que resplandeció Tintín, entrañable personaje en los anales de la historieta. 

 

    Después de la destrucción atómica de las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, mientras el mundo se hacía más compacto, y sus pedazos eran repartidos por los grandes poderes, toda la atención científica fue orientada hacia el espacio sideral. Fue entonces, cuando en 1953, el astrónomo Sylvan Arend descubrió un pequeño planetoide en alguna parte en la órbita entre Marte y Júpiter. Pero este no es el asteroide donde habita Saint-Exupéry con su Principito. ¡No! Es el planeta donde Hergé vivirá por siempre junto a Tintín. Ya que para homenajearlo, en el 75 aniversario de su creación, "La Sociedad Belga de Astronomía" bautizó a este planeta con su nombre. Ahora el autor y su obra permanecerán por siempre en el lugar que les corresponde, entre las estrellas del arte gráfico y la literatura.

   Tintín (nombre de procedencia incierta), es un joven reportero, cuya edad se desconoce, con un jopo apenas insinuado y minúsculos rasgos, que acompañado por su pequeño perrito blanco y algo susceptible, Milú, viven una gama de intrigantes situaciones en las más diversas regiones de esta tierra; o más allá de ella, porque Tintin también llegó a La Luna.

   Hergé propuso un personaje un tanto encajetado en el clasicismo y con rasgos autobiográficos, pero que, a pesar de ello, atrapó a generaciones y lectores de todas las edades. En algunas ocasiones, Hergé solía dibujarse a sí mismo como parte del fondo de la trama. Tintín tenía mucho de su autor. Como buen geminiano, Gerges Remi trató de imbuir a su personaje de las cualidades innatas de su signo zodiacal. Como dijo en alguna ocasión: "Tintin debe ser comprensivo, indulgente, generoso, equilibrado, entusiasta y prudente, sin perder esa cuota de curiosidad". Esta curiosidad convirtió a Tintín en objeto de tantas historias atrapantes.      Hergé era un hombre simple. Pero con aspiraciones de grandeza, con el decidio deseo de resistir a la mediocridad y a la palidez de la vida rutinaria. Esta sensibilidad afloró con nitidez en su obra gráfica y literaria.

    Después de la ocupación alemana, con un toque de musa victoriana, el cómic belga surgió del ostracismo fortalecido con un realismo poco transitado en las tiras americanas. La viñeta realista, con un toque de humor, fue una combinación bien trabajada por Hergé en su joven personaje: Tintin; como también lo hicieron otros como Rob-Vel con "Spirou y la ardilla".

   El primer episodio de este mediático personaje fue allá por 1929, que apareció con el título "Tintín y los soviets", donde el joven reportero es enviado a trabajar a Rusia. Fue la única vez que se lo vio hacer lo suyo. Desde el principio la GPU (algo así como la KGB) intentó eliminarlo. Entre sus hazañas, Tintín demostró al mundo europeo el duro régimen soviético. Hoy es un libro de colección y muy difícil de conseguir; pero,desde sus comienzos, la tira supo reflejar la realidad socio-política del tiempo del autor y su pensamiento. 

   El paso de Europa por la II Guerra Mundial fue definitivo para artistas de la talla de Hergé. Para 1946, la "Editins du Lambard" le pidió que dirigiera su propia revista semanal y que apareciera con el título de Tintín. Allí colaboraron valiosos artistas como Jije (Joseph Gillain, dibujante de Spirou, antes mencionado) o Willy Vandestein cristalizando la escuela de Bruselas.

   Hergé nace Bélgica, el 22 de mayo de 1907 y muere el 4 de marzo de 1983 dejando inconcluso su álbum número 24: "Tintín y el arte-alfa" publicado póstumamente. De niño fue miembro de los Boy Scaut Belge, donde la sed de viajar y vivir exóticas aventuras se apoderó de él. Este deseo dominará luego sus guiones, en los que buscó reflejar aquello que siempre lo impactó: "el perfil del niño héroe".

TINTIN Y SU SINGULAR NARRATIVA

   Es cierto, que una historieta es una conbinación de dibujos en diálogos permanentes, movimientos y sonidos. Pero no es fácil hallar un buen guionista que nos relate las cosas como un verdadero narrador. Hergé dijo: "Crear un cómic, es para mí, sobre todo, narrar una historia" y según H. Cáceres "Tintin entusiasma porque está muy bien contada".

   Hoy podemos vivir las aventuras junto a Tintin en 24 álbunes de 62 páginas cada uno. Leer uno de estos libros es algo así como estar viendo una película, cada cuadro corresponde a una fotografía de una cinta cinematográfica, en la que cada escena reproduce el fondo de una manera impecable a todo color, con una ambientación difícil de igualar. Según Milton Caniff "la historieta es cine congelado" (declaración publicada en Clarín 1de julio de 1990) y Tintín parece una obra de historieta llevada al estilo del séptimo arte.

   En "Tintín en el templo del sol"(1946), continuación del episodio "Las siete bolas de cristal", donde la acción transcurre en un ambiente al mejor estilo Conan Doyle, nuestros amigos viajan al Perú donde descubren la existencia de una civilización incaica que sobrevivió a la conquista y continua oculta en la jungla amazónica hasta nuestro tiempo. Observar nada más los paisajes que sirven de fondo para la acción, las características de los tipos humanos y la excelente reproducción histórica, hablan del trabajo de esmerada documentación que llevó a cabo el autor.

    Dicen que los detallen hacen a la perfección, y la perfección no es un detalle; esto es muy cierto, y Tintín gusta porque está bien realizado. La exacta información de la que se valió el autor salta a la vista. En el episodio "Stock de coque" nuestros amigos se encuentran náufragos en el Mar Rojo y un barco de piratas y traficantes de esclavos los recoge. Hergé recorrió varios cargueros para documentar hasta el más mínimo detalle y volcarlo a cada una de las escenas. En "Tintín en América", la indumentaria de los indios fue copiada de una piezas de museos que databan del siglo XVIII. En "Tintín en el Congo", el hombre leopardo fue tomado de una antigua fotografía de un Amiota al igual que las máscaras africanas en "La oreja rota".

  LOS SINGULARES PERSONAJES

  Tintín está magistralmente adornado por actores de reparto que son de primera línea. Como  el capitán Haddock, aquel hombre de mar, gruñón, severo, amigo de las copas, pero que su torpeza pone la cuota de humor que la tira estaba necesitando. Y también tenemos al sordo y distraído profesor Tornasol, que impregna el guión con ingeniosos juegos de palabras. Milu, más que un elemento decorativo sabe poner algún pensamiento coherente. Fernández y Fernández los detectives de la police francesa siempre descubriendo lo obvio. 

  Las vidas y relaciones de estos personajes continúan y se desarrollan progresivamente a lo largo de libros subsiguientes. Los villanos pueden escapar al final de una aventura para seguir haciendo sus acostumbradas fechorías en próximas historias. La vida de algún personaje es retomada en otra tira con el delicioso detalle que da una breve nota al pie de página.

   Un ejemplo de ello se observa en el episodio antes mencionado "Stock de Coque", donde el capitán del barco pirata es nada menos que el viejo archienemigo de Haddock, el contramaestre Alan ("El cangrejo de las pinzas de oro"). Y también es el caso del General Alcázar, revolucionario sudamericano (que aparece por primera vez en "La oreja rota") que en el mismo episodio supracitado viaja a Francia para adquirir armamento para su propia guerra, batalla que desarrollará en un número futuro, "Tintín y los pícaros".

UN BREVE RECORRIDO POR LA VIDA DE TINTIN

   Después de "Tintín y los soviets" aparece el segundo álbum titulado "Tintín en el Congo" (1931) con algunos toques colonialistas y racistas severamente criticados, que fueron eliminados para 1973. Luego de "Los cigarros del faraón"(1934), Hergé aborda una doble temática en "El loto azul" (1936), la adicción y el tráfico de drogas, haciendo claras alusiones a la ocupación japonesa. La trama estaba plagada de un excesivo realismo. La situación política y la ambientación fueron frutos de la ayuda de uno de sus colaboradores, Tchang Tchong, un joven chino estudiante de arte que pasó a formar parte del equipo de Hergé. Entre el creador belga y el oriental, nació luego una fuerte amistad. Tchang también sé autorretrato en la trama.

   La situación de Sudamérica no pasó desapercibida por el autor, en "La oreja rota" (1937). Tintín viaja al sur del continente americano en busca de un ídolo robado que pertenece a una misteriosa tribu. Allí vive su historia en medio de una franca revolución, liderada por el General Alcázar. Se hace alusión a la guerra del Gran Chaco que, por el problema del petróleo, enfrentó a Bolivia y Paraguay en la década de los treinta.

   En 1939 publica "La isla negra", una crítica a las costumbres irlandesas, razón por la cual debe modificar casi toda la trama en 1947. Luego de ello, Hergé casi por dos años debe mantenerse sin publicar por la ocupación alemana. En ese periodo, sólo se dedica a pintar algunos de sus álbunes.

   Para la época de la posguerra, publica "El cetro de Ottokar" donde hace alusión, mediante países imaginarios, al intento de anexión de Austria por los nazis. Y en "En País del oro negro" Hergé aborda la problemática judía musulmana.

   En los años que vendrán, Hergé abandona un poco su radiografía política y comienza desde las páginas de Tintín a comprometerse con temas más personales. Entre 1941 y 1943, mientras estuvo sin publicar, se ocupó en trabajar en una tira donde aparecería un compañero inseparable: el Capitán Haddock. Dicha historia debió también modificarse debido a que trataba de una manera muy realista el problema de alcoholismo que padecía el capitán.

   Los libros más taquilleros de Tintín fueron la díada "El secreto del unicornio" y "El tesoro de Rackham el rojo" (1944), donde Tintín y el capitán heredan una pomposa mansión de Moulinsart.

   La segunda díada fue la antes mencionada "Las siete bolas de cristal " y el "Templo del sol". Allí Hergé aborda temas místicos. También fue un visionario. Dieciséis años antes que el hombre pisara la luna publicó otras dos aventuras: "Objetivo la luna" y "Aterrizaje en la luna"(1953). No olvidemos el gran interés que existía en la década del cincuenta por la exploración espacial. La oposición del bloque comunista y capitalista no quedó afuera; fue reflejada en "El asunto Tornasol".

   Durante la década del sesenta Hergé estaba pasando difíciles momentos personales, entre ellos la ruptura de su matrimonio y sus problemas de salud. Extrañaba mucho a su amigo y colaborador Tchang, tema que expresó en la más humanitaria y sensible aventura "Tintín en el Tíbet". Esta es la segunda vez que Tintín llora (ya que la primera fue en "El loto azul" cuando se despide de Chang). Tanto impacto ocasionó este álbum autobiográfico que el posterior encuentro de Hergé y Tchang tuvo gran resonancia en la prensa.

   Sus últimas tres historias figuran entre las mejores dibujadas y escritas: "Las joyas de la Castafiore", "Vuelo 714 para Sidney" y "Tintín y los pícaros". Pero su estilo ya había sido algo abandonado prefiriendo la trama de picardía y comicidad.

   El último álbum quedó inconcluso "Tintín y el Arte Alfa", y así fue publicado. Hergé dejó claras instrucciones: nadie debía seguir su trabajo. Tintín terminó sus viajes junto con las ilusiones de su autor.

    Sin duda Tintín es un cómic para todas las edades. Los niños gozan con las peripecias de un joven adolescente, que puede hacer todo lo que a ellos les gustaría sin la supervisión de sus padres, desde viajar por el mundo solo con su mascota, hasta manejar un auto o un avión. Los adultos, en cambio, gustan de los ingeniosos y fluidos diálogos en un mundo social y político complicado, donde se pueden ver reproducciones casi exactas de páginas de periódicos de la época, introduciendo al conocedor de política internacional en un reflejo de la realidad y en una excelente hemeroteca histórica; todo con un fondo al mejor estilo verniano.

   Sí, si Julio Verne hubiese vivido para leer Tintín, tal vez Hergé hubiera sido su musa inspiradora, pero las circunstancias del destino quiso que fuera justamente a la inversa. A su mejor estilo, nunca aparecen doncellas encantadoras en la tira. Es que en las historias de Tintín no hay espacio para ellas. Como Verne dijo "mis héroes necesitan de todas sus facultades, de toda su energía y la presencia cerca de ellos de una mujer encantadora les habría impedido realizar sus gigantescas hazañas".

   Hergé supo llegar a los grandes y a los niños con la magia de sus aventuras y de sus protagonistas, transportando al lector hasta donde este quiere llegar al leer una historieta: soñar con la posibilidad de experimentar algo distinto, de haber vivido una vida que haya valido la pena. La trama de Tintín hace que uno vuele con su imaginación al reino de la aventura, de la acción y de la intriga. Junto a Tintín, nosotros también descubrimos una tumba colosal en Egipto; naufragamos para ser finalmente prisioneros de piratas y filibusteros; descubrimos una civilización perdida y llevamos a la superficie un tesoro hundido en los mares del Caribe. Pero hay más: experimentamos ilesos un aterrizaje forzoso de un DC 4; rescatamos a un científico prisionero detrás de la cortina de hierro apenas cruzando la frontera; y fuimos de su mano "de la tierra a La Luna".

   Releer a Tintín es como dar la vuelta al mundo en 24 libros. Es de alguna manera vivir con la ilusión de que alguna incitante aventura aguarda a la vuelta de la esquina; es descubrir que aún está vivo el niño que hay oculto en todos nosotros.

Georges Rémi (conocido como Hergé), el creador de las aventuras de Tintín.

 

 

 

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo