|
Un
momento de las historias de Tintín, la célebre historieta
creada por Georges Rémi (conocido como Hergé).
|
Selvas
exuberantes, mares embravecidos, tórridos desiertos, castillos
borrascosos y cumbres nevadas, son sólo algunos de los escenarios
recorridos por personajes de trazos sencillos en un sinfín
de aventuras. Aventuras pobladas por peligrosos piratas,
tribus salvajes y los más misteriosos complots políticos.
¡Cuántos de nosotros hubiéramos deseado vivir todas aquellas
aventuras! En nuestra niñez, Georges Rémi (conocido como Hergé) supo comprender
ese deseo de vida intensa, y que supo convertirlo en apasionantes
historias en la que resplandeció Tintín, entrañable personaje en
los anales de la historieta.
Después
de la destrucción atómica de las ciudades japonesas de Hiroshima y
Nagasaki, mientras el mundo se hacía más compacto, y sus pedazos
eran repartidos por los grandes poderes, toda la atención
científica fue orientada hacia el espacio sideral. Fue entonces,
cuando en 1953, el astrónomo Sylvan Arend descubrió un pequeño planetoide
en alguna parte en la órbita
entre Marte y Júpiter. Pero este no es el asteroide donde habita
Saint-Exupéry con su Principito. ¡No! Es el planeta donde Hergé vivirá
por siempre junto a Tintín. Ya que para homenajearlo, en el 75
aniversario de su creación, "La Sociedad Belga de
Astronomía" bautizó a este planeta con su nombre. Ahora el
autor y su obra permanecerán por siempre en el lugar que les
corresponde, entre las estrellas del arte gráfico y la literatura.
Tintín
(nombre de procedencia incierta), es un joven reportero, cuya edad
se desconoce, con un jopo apenas insinuado y minúsculos rasgos, que
acompañado por su pequeño perrito blanco y algo susceptible,
Milú, viven una gama de intrigantes situaciones en las más
diversas regiones de esta tierra; o más allá de ella, porque
Tintin también llegó a La Luna.
Hergé
propuso un personaje un tanto encajetado en el clasicismo y con
rasgos autobiográficos, pero que,
a pesar de ello, atrapó a generaciones y lectores de todas las
edades. En
algunas ocasiones, Hergé solía dibujarse a sí mismo como parte del fondo
de la trama. Tintín tenía mucho de su autor. Como buen geminiano,
Gerges Remi trató de imbuir a su personaje de las cualidades innatas
de su signo zodiacal. Como dijo en alguna ocasión: "Tintin debe ser
comprensivo, indulgente, generoso, equilibrado, entusiasta y
prudente, sin perder esa cuota de curiosidad". Esta curiosidad
convirtió a Tintín en objeto de tantas historias atrapantes.
Hergé era un hombre simple. Pero con aspiraciones de grandeza, con
el decidio deseo de resistir a la
mediocridad y a la palidez de la vida rutinaria. Esta sensibilidad
afloró con nitidez en su obra gráfica y literaria.
Después
de la ocupación alemana, con un toque de musa victoriana, el cómic
belga surgió del ostracismo fortalecido con un realismo poco transitado en las tiras americanas.
La viñeta realista, con un
toque de humor, fue una combinación bien trabajada por Hergé en su
joven personaje: Tintin; como también lo hicieron otros como
Rob-Vel con "Spirou y la ardilla".
El
primer episodio de este mediático personaje fue allá por 1929, que
apareció con el título "Tintín y los soviets",
donde el joven reportero es enviado a trabajar a Rusia. Fue la
única vez que se lo vio hacer lo suyo. Desde el principio la GPU
(algo así como la KGB) intentó eliminarlo. Entre sus
hazañas, Tintín demostró al mundo europeo el duro régimen soviético. Hoy es un libro
de colección y muy difícil de conseguir; pero,desde sus
comienzos, la tira supo reflejar la realidad socio-política del tiempo del
autor y su pensamiento.
El paso de Europa por la II Guerra
Mundial fue definitivo para artistas de la talla de Hergé. Para
1946, la "Editins du Lambard" le pidió que
dirigiera su propia revista semanal y que apareciera con el título de
Tintín. Allí colaboraron valiosos artistas como Jije
(Joseph Gillain, dibujante de Spirou, antes mencionado) o Willy
Vandestein cristalizando la escuela de Bruselas.
Hergé
nace Bélgica, el 22 de mayo de 1907 y muere el 4 de marzo de 1983
dejando inconcluso su álbum número 24: "Tintín y el
arte-alfa" publicado póstumamente. De niño fue miembro de
los Boy Scaut Belge, donde la sed de viajar y vivir exóticas
aventuras se apoderó de él. Este deseo dominará luego sus guiones,
en los que buscó reflejar aquello que siempre lo impactó: "el perfil del niño héroe".
TINTIN
Y SU SINGULAR NARRATIVA
Es
cierto, que una historieta es una conbinación de dibujos en
diálogos permanentes, movimientos y sonidos. Pero no es fácil
hallar un buen guionista que nos relate las cosas como un verdadero
narrador. Hergé dijo: "Crear un cómic, es para mí, sobre
todo, narrar una historia" y según H. Cáceres "Tintin
entusiasma porque está muy bien contada".
Hoy
podemos vivir las aventuras junto a Tintin en 24 álbunes de 62
páginas cada uno. Leer uno de estos libros es algo así como estar
viendo una película, cada cuadro corresponde a una fotografía de
una cinta cinematográfica, en la que cada escena reproduce el fondo
de una manera impecable a todo color, con una ambientación difícil
de igualar. Según Milton Caniff "la historieta es cine
congelado" (declaración publicada en Clarín 1de julio de
1990) y Tintín parece una obra de historieta llevada al estilo del
séptimo arte.
En
"Tintín en el templo del sol"(1946), continuación
del episodio "Las siete bolas de cristal",
donde la acción transcurre en un ambiente al mejor estilo Conan
Doyle, nuestros amigos viajan al Perú donde descubren
la existencia de una civilización incaica que sobrevivió a la
conquista y continua oculta en la jungla amazónica hasta nuestro
tiempo. Observar nada más los paisajes que sirven de fondo para la
acción, las características de los tipos humanos y la excelente
reproducción histórica, hablan del trabajo de esmerada
documentación que llevó a cabo el autor.
Dicen
que los detallen hacen a la perfección, y la perfección no es un
detalle; esto es muy cierto, y Tintín gusta porque está bien
realizado.
La exacta información de la que se valió el autor salta a la
vista. En el episodio "Stock de coque" nuestros
amigos se encuentran náufragos en el Mar Rojo y un barco de piratas
y traficantes de esclavos los recoge. Hergé recorrió varios
cargueros para documentar hasta el más mínimo detalle y volcarlo a
cada una de las escenas. En "Tintín en América",
la indumentaria de los indios fue copiada de una piezas de museos
que databan del siglo XVIII. En "Tintín en el Congo",
el hombre leopardo fue tomado de una antigua fotografía de un
Amiota al igual que las máscaras africanas en "La
oreja rota".

LOS SINGULARES PERSONAJES
Tintín está magistralmente adornado por actores de reparto que son de
primera línea. Como el capitán Haddock, aquel hombre de mar, gruñón,
severo, amigo de las copas, pero que su torpeza pone la cuota de
humor que la tira estaba necesitando. Y también tenemos al sordo y distraído profesor
Tornasol, que impregna el guión con ingeniosos juegos de palabras.
Milu, más que un elemento decorativo sabe poner algún pensamiento
coherente. Fernández y Fernández los detectives de la police
francesa siempre descubriendo lo obvio.
Las vidas y relaciones de estos personajes continúan y
se desarrollan progresivamente a lo largo de libros subsiguientes.
Los villanos pueden escapar al final de una aventura para seguir
haciendo sus acostumbradas fechorías en próximas historias. La
vida de algún personaje es retomada en otra tira con el delicioso
detalle que da una breve nota al pie de página.
Un
ejemplo de ello se observa en el episodio antes mencionado "Stock
de Coque", donde el capitán del barco pirata es nada menos
que el viejo archienemigo de Haddock, el contramaestre Alan ("El
cangrejo de las pinzas de oro"). Y también es el caso del General
Alcázar, revolucionario sudamericano (que aparece por primera vez
en "La oreja rota") que en el mismo episodio
supracitado viaja a Francia para adquirir armamento para su propia
guerra, batalla que desarrollará en un número futuro, "Tintín
y los pícaros".
UN
BREVE RECORRIDO POR LA VIDA DE TINTIN
Después
de "Tintín y los soviets" aparece el segundo álbum
titulado "Tintín en el Congo" (1931) con
algunos toques colonialistas y racistas severamente criticados, que
fueron eliminados para 1973. Luego de "Los cigarros del
faraón"(1934), Hergé aborda una doble temática en "El
loto azul" (1936), la adicción y el tráfico de drogas,
haciendo claras alusiones a la ocupación japonesa. La trama estaba
plagada de un excesivo realismo. La situación política y la
ambientación fueron frutos de la ayuda de uno de sus colaboradores,
Tchang Tchong, un joven chino estudiante de arte que pasó a formar
parte del equipo de Hergé. Entre el creador belga y el oriental,
nació luego una fuerte
amistad. Tchang también sé autorretrato en la trama.
La
situación de Sudamérica no pasó desapercibida por el autor, en
"La oreja rota" (1937). Tintín viaja al sur
del continente americano en busca de un ídolo robado que pertenece
a una misteriosa tribu. Allí vive su historia en medio de una
franca revolución, liderada por el General Alcázar. Se hace alusión a la guerra del Gran
Chaco que, por el problema del
petróleo, enfrentó a Bolivia y Paraguay en la década de los
treinta.
En
1939 publica "La isla negra", una crítica a las
costumbres irlandesas, razón por la cual debe modificar casi toda
la trama en 1947. Luego de ello, Hergé casi por dos años debe mantenerse sin publicar
por la ocupación alemana. En ese periodo, sólo se
dedica a pintar algunos de sus álbunes.
Para
la época de la posguerra, publica "El cetro de
Ottokar" donde hace alusión, mediante países imaginarios,
al intento de anexión de Austria por los nazis. Y en "En
País del oro negro" Hergé aborda la problemática
judía musulmana.
En
los años que vendrán, Hergé abandona un poco su radiografía
política y comienza desde las páginas de Tintín a comprometerse
con temas más personales. Entre 1941 y 1943, mientras estuvo sin
publicar, se ocupó en trabajar en una tira donde aparecería un
compañero inseparable: el Capitán Haddock. Dicha historia debió
también modificarse debido a que trataba de una manera muy realista
el problema de alcoholismo que padecía el capitán.
Los
libros más taquilleros de Tintín fueron la díada "El
secreto del unicornio" y "El tesoro de
Rackham el rojo" (1944), donde Tintín y el capitán heredan
una pomposa mansión de Moulinsart.
La segunda díada fue la antes mencionada "Las siete bolas de
cristal " y el "Templo del sol".
Allí Hergé aborda temas místicos. También fue un visionario. Dieciséis
años antes que el hombre pisara la luna publicó otras dos
aventuras: "Objetivo la luna" y "Aterrizaje
en la luna"(1953). No olvidemos el gran
interés que existía en la década del cincuenta por la
exploración espacial. La oposición del bloque comunista y
capitalista no quedó afuera; fue reflejada en "El
asunto Tornasol".
Durante la década del sesenta Hergé estaba pasando difíciles
momentos personales, entre ellos la ruptura de su matrimonio y sus
problemas de salud. Extrañaba mucho a su amigo y colaborador
Tchang, tema que expresó en la más humanitaria y sensible aventura
"Tintín en el Tíbet". Esta es la segunda
vez que Tintín llora (ya que la primera fue en "El loto
azul" cuando se despide de Chang). Tanto impacto ocasionó este
álbum
autobiográfico que el posterior encuentro de Hergé y Tchang
tuvo gran resonancia en la prensa.
Sus últimas tres historias figuran entre las mejores dibujadas y
escritas: "Las joyas de la Castafiore", "Vuelo 714 para Sidney" y "Tintín
y los pícaros". Pero su estilo ya había sido algo
abandonado prefiriendo la trama de picardía y comicidad.
El último álbum quedó inconcluso "Tintín y el Arte Alfa",
y así fue publicado. Hergé dejó claras instrucciones: nadie
debía seguir su trabajo. Tintín terminó sus viajes junto con las
ilusiones de su autor.
Sin
duda Tintín es un cómic para todas las edades. Los niños gozan
con las peripecias de un joven adolescente, que puede hacer todo lo
que a ellos les gustaría sin la supervisión de sus padres, desde
viajar por el mundo solo con su mascota, hasta manejar un auto o un
avión. Los adultos, en cambio, gustan de los ingeniosos y fluidos
diálogos en un mundo social y político complicado, donde se pueden
ver reproducciones casi exactas de páginas de periódicos de la
época, introduciendo al conocedor de política internacional en un
reflejo de la realidad y en una excelente hemeroteca histórica;
todo con un fondo al mejor estilo verniano.
Sí,
si Julio Verne hubiese vivido para leer Tintín, tal vez Hergé
hubiera sido su musa inspiradora, pero las circunstancias del
destino quiso que fuera justamente a la inversa. A su mejor estilo,
nunca aparecen doncellas encantadoras en la tira. Es que en las
historias de Tintín no hay espacio para ellas. Como Verne dijo
"mis héroes necesitan de todas sus facultades, de toda su
energía y la presencia cerca de ellos de una mujer encantadora les
habría impedido realizar sus gigantescas hazañas".
Hergé
supo llegar a los grandes y a los niños con la magia de sus
aventuras y de sus protagonistas, transportando al lector hasta
donde este quiere llegar al leer una historieta: soñar con la
posibilidad de experimentar algo distinto, de haber vivido una vida
que haya valido la pena. La trama de Tintín hace que uno vuele con
su imaginación al reino de la aventura, de la acción y de la
intriga. Junto a Tintín, nosotros también descubrimos una tumba
colosal en Egipto; naufragamos para ser finalmente prisioneros de
piratas y filibusteros; descubrimos una civilización perdida y
llevamos a la superficie un tesoro hundido en los mares del Caribe.
Pero hay más: experimentamos ilesos un aterrizaje forzoso de un DC
4; rescatamos a un científico prisionero detrás de la cortina de
hierro apenas cruzando la frontera; y fuimos de su mano "de la
tierra a La Luna".
Releer
a Tintín es como dar la vuelta al mundo en 24 libros. Es de alguna
manera vivir con la ilusión de que alguna incitante aventura aguarda a
la vuelta de la esquina; es descubrir que aún está vivo el niño
que hay oculto en todos nosotros.
|
Georges Rémi (conocido como
Hergé), el creador de las aventuras de Tintín. |