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LOS
GITANOS
De
artesanos consumados a victimas de la sociedad
industrial
Por
Miklos Tomka
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Imagen
de una guitarra decorada con motivos que ilustran la
vida nómada del pueblo gitano (foto E. Nocera, Milán)
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Los gitanos son un pueblo de ancestrales tradiciones y de una
profunda identidad cultural. En los últimos siglos han sido
víctimas de numerosas deformaciones, persecuciones e intolerancia.
De origen nómada, habrían llegado a Persia en el siglo III dc,
procedentes de la India. Se los llamó entonces "sindis",
o "hindis". En
el siglo XI arribaron al Mediterráneo, a Grecia particularmente,
donde fueron llamados "egipcios", ya que se
creyó que provenían de Egipto, término del que surgió la palabra
"gitano". Esparcidos por Asia, Europa, e incluso América
del Sur (donde algunos documentos señalan su presencia desde
1581), los gitanos suscitaron diversos nombres. En Turquía,
Macedonia y Rusia se los llama "cigani"; en Kurdistán
"luri", y en la India, "bandgar". Según
los países o sus actividades, se los denomina también
"farao nerek"; "bohemios", "gitanos",
"romani", "manush", "sinti", "kalé",
"kalderash", "burugoti" y otros nombres
más.
El
momento más oscuro de la persecución sufrida por los gitanos
ocurrió en la Segunda guerra mundial a causa del exterminio
sistemático perpetrado por los nazis. Ya en el siglo XVI, en
Francia, España, Holanda y Alemania se inició la actitud persecutoria.
En el siglo XVII, se sancionó en Inglaterra una legislación
que disponía que quienes tuvieran contacto con gitanos estaban
cometiendo un grave delito. En esa misma época, en Austria y
Alemania se dictaron 68 leyes que alentaban acciones persecutorias
contra los gitanos. En Irlanda, en 1596, un grupo de 198 gitanos
fue juzgado y condenado a muerte por hallarse "desempleado".
Y la persecución continuó sin descanso hasta el siglo XVIII.
Los gitanos poseen un rico acervo de leyendas, una larga historia
y una gran capacidad para el arte, la música de violín y la
guitarra, el baile flamenco, y para diversos oficios tradicionales.
Una habilidad esta última que entró en crisis a partir del impacto
de la industrialización y la expansión del sistema capitalista
de producción. En el artículo que presentamos aquí, editado
originalmente en la revista del Correo de la Unesco, se hace
especial hincapié en esta cuestión. El economista húngaro Miklos
Tomka, profesor de la Universidad Eotvos Lorant de Budapest,
recrea el proceso por el cual los gitanos han sido despojados
de sus oficios tradicionales. Un elemento más dentro de la incomprensión
y los prejuicios habituales contra este pueblo de origen oriental.
Los
gitanos, como otros pueblos ancestrales, merecen una mirada
atenta que esté dispuesta a ver y comprender; sólo una
actitud de esta índole, capaz de superar estrechos enfoques,
podrá apreciar el respladeciente río de la cultura gitana.
Esteban
Ierardo
LOS
GITANOS
De
artesanos consumados a victimas de la sociedad industrial
Por
Miklos Tomka
Según
ciertos estudios contemporáneos nada imparciales, en
Europa se considera a los gitanos como una chusma poco amiga
del trabajo, vagabundos que sólo de cuando en cuando
se dedican a sus ocupaciones tradicionales de chamarileros,
tallistas de madera o vendedores de alfombras o caballos. Por
otra parte, se da por sentado que durante los seiscientos años
de su presencia en Europa han vivido y y trabajado siempre en
las zonas marginales de la sociedad.
Pues
bien, la realidad es que durante siglos a los gitanos se los
acogió como artesanos sobremanera estimados en su primera
patria europea, es decir en la Europa central y Oriental, y
que fue sólo la revolución industrial burguesa
la que apartó hacia esas zonas marginales de la sociedad.
Por otro lado, parece evidente que las opiniones de los habitantes
de Europa occidental sobre los gitanos, las cuales evolucionaron
grandemente desde el principio, tenían su origen en el
conflicto entre distintos tipos de economía y de modos
de vida, uno de ellos claramente prefeudal y el otro postfeudal
y, por tanto, burgués.
Es
probable que los gitanos de Europa, con la excepción
quizás de los de España, pasarán por la Europa
central y oriental donde todavía hoy siguen viviendo
más de las tres cuartas partes del pueblo gitano. Entre
los siglos XIV y XVII dicha región estaba relativamente
poblado, sólo poseía unas cuantas ciudades y su
población fue diezmada repetidas veces por guerras y
conflictos fronterizos. La organización política
se hallaba descentralizada y era a menudo rudimentaria. Una
característica de la cultura feudal de la región
consistía en la diversidad étnica y en los contactos
activos con los pueblos y las culturas de las regiones situadas
con los pueblos y las culturas de las regiones situadas al este
de la línea formada por el río Bug y los montes
Cárpatos, y a veces con las de Asia, así como
con las de Europa occidental.
El
sistema social era propio para los movimientos de población
y las caravanas de unas gentes de insólita apariencia
y exótica indumentaria que hablaban lenguas extrañas.
En medio del tráfago constante de mercaderes, emisarios
y monjes, del variopinto personal de las cortes reales o feudales,
de los artesanos ambulantes, y de los grupos de mercenarios
y sobre todo en medio de los movimientos sistemáticos
de asentamiento, los gitanos pasaban bastante desapercibidos.
La gente aceptaba con facilidad su afirmación de que
eran peregrinos o penitentes. Aunque sus tribus eran a veces
nutridas, se les daba siempre la hospitalidad a que tenían
derecho.
Anciano
gitano |
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El
aumento del número de propiedades prácticamente
abandonadas posibilitó la infiltración gradual
de los gitanos sin que se produjeran conflictos u oposición
de importancia entre la población indígena. Tampoco existía
conflicto alguno de carácter cultural, sobre todo porque
hacía poco que habían pasado las últimas
olas de emigración étnicas y muchos recordaban
aun la llegada de grupos relativamente importante de nuevos
colonos. Las diferencias en materia de religión, de lengua y
comportamiento se consideraban normales, lo mismo que la progresiva
asimilación mediante el aprendizaje de la lengua local,
de la conversión a la religión "verdadera", etc.
En
aquellos tiempos no tenia gran importancia la identidad
nacional y cultural, que no representaba obstáculo alguno
para la integración sociocultural. La cuestión
decisiva era saber si y cómo podrían los recién
llegados ganarse la vida como pastores o como labriegos. Las
patentes de nobleza concedidas a familias con el nombre de
Cigány o Czigány (Gitano) dan a entender que los
gitanos participaban ya en una etapa temprana en operaciones
militares y demuestran no sólo la total integración
sino también la ascensión de algunos gitanos a las clases
dirigentes.
Desde
el principio los gitanos se dedicaban especialmente a ciertas
actividades, como el chapado en oro. Ello suponía inevitablemente
mantener estrechos contactos con el sistema sociocultural, es
decir con los señores feudales, con las aldeas no gitanas, con
las organizaciones militares, etc. Tales contactos, y los medios
de presión de que disponían, los grupos dirigentes
así como las ocupaciones que potencialmente podían
desempeñar, unido ello quizás al deseo de aprovechar las
posibilidades económicas y sociales que se presentaban,
dieron como resultado una sólida asimilación. De tal
modo, los orígenes gitanos de muchas familias y aldeas
cayeron pronto en el olvido.
Naturalmente,
las posibilidades de empleo de que acabamos de hablar no eran
siempre igualmente buenas. Los prolongados períodos de
guerra tales como las invasiones de Polonia y Hungría por los
tártaros y, en particulares, el avance turco desde Asia
a través de los Balcanes y de Hungría hasta Viena -avance que
fue probablemente una de las razones principales de que los
gitanos emigraran hacia Europa- originaron una disminución de
la población primitiva y dejaron despobladas amplias zonas.
Sin embargo, la posterior estabilización política dio pronto
lugar a la colonización y la división de las tierras, de modo
que la posibilidad de adquirir gratuitamente terreno se
convirtió
en la excepción en vez de la regla que era antes.
De
igual manera, no se puede considerar la carrera militar como
una forma habitual de vida gitana. Aunque la adaptaran algunos
individuos, ella no podía ofrecer sustento al grupo familiar
en sentido amplio. La vocación típica de los gitanos se orientaba
hacia las necesidades sociales reales del país huésped, lo que
proporcionaba empleo con carácter temporal y sólo en un determinado
lugar, a veces a varias personas. Eran ocupaciones vocacionalmente
gitanas el trabajo de los metales y el de la madera, la cestería
-en que las mujeres y los niños participaban acarreando mimbre-,
la fabricación de ladrillos...Las familias o tribus formaban
así una comunidad de trabajo.
| Dos niñas
gitanas estudian en una escuela de Tesalónica, Grecia
(foto Daine Tong). |
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Aunque
los clavos, las barrenas, los calderos, los barriles de madera,
los platos y cucharas, las artesas, los cestos de mimbre y las
guarniciones, las esteras de junco y las escobas constituían
elementos esenciales de la vida agrícola, eran muchas las aldeas
pequeñas que no podían mantener su propio guerrero, por no hablar
de cesteros o guarnicioneros. Por otra parte, ni los siervos
ni los ciudadanos menesterosos podían pagar en efectivo sino
que tenían que hacerlo en especie, por lo que resultaban poco
interesantes para los artesanos de las ciudades.
Durante
siglos los artículos mencionados, así como los ladrillos de
construcción, el carbón de leña para la fundición de metales,
las esquilas para el ganado, etc., fueron fabricados sobre todo
por los gitanos. Con el tiempo la expansión de las aldeas y el
aumento de sus necesidades dieron por resultado el asentamiento
permanente de numerosos familias de artesanos, que se
convirtieron
en los guerreros del pueblo o de los grandes propietarios,
quizá
en fabricantes de armas para los castillos. Se convirtieron
también en fabricantes de cucharas de madera, en abastecedores
de ladrillos para las aldeas de las cercanías, en productores
de artículos raros y duraderos como las artesas, y en todo ello
continuaban llevando una vida errante. Como los demás artesanos
los gitanos desempañaban un papel sobremanera importante. Hasta
mediados del siglo XIX fueron considerados como insustituibles
en la Europa central y oriental.
No
fue sino a fines del siglo XVIII y comienzo del XIX cuando empezaron
al surgir conflictos con los artesanos o las guildas de las
ciudades. Esos conflictos se fueron agudizando con la aparición
de la industria y las consiguientes dificultades que ello acarreaba
para quienes se dedicaban a la artesanía. Mientras tanto, un
cierto porcentaje de los artesanos fijos de origen gitano habían
quedado completamente asimilados y ello de una manera irreversible.
Como resultado de la industrialización esos artesanos se convirtieron
en proletarios o se quedaron sin trabajo y se vieron obligados
a emigrar. Los no plenamente asimilados fueron expulsados o
marginalizados por una sociedad que estaba a su vea pasado por
los dolores del parto de una nueva era.
Su
reacción a la pérdida de los medios para ganarse el sustento
y a la discriminación incipiente fue replegarse a su propio
medio ambiente. Enfrentados con la sociedad no gitana, buscaron
y hallaron apoyo en unos vínculos tribales que se fueron
convirtiendo con el tiempo en un sistema social competidor.
Continuaron practicándose los viejos oficios gitanos
para garantizar adecuadamente el sustento. La marginalización
social iba a la par de la extensión de la pobreza y de
los fenómenos concomitantes, como la mala salud, la alta
mortalidad infantil, etc. Los que antes eran oficios nimbados
de respeto y consideración social se convirtieron en
meros objetos de curiosidad y, frecuentemente, en actividades
de parias. Los gitanos tuvieron que complementar sus fuentes
tradicionales de ingresos aprendiendo nuevas técnicas
de su supervivencia, con lo que su aislamiento se tornó
completo.
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| Carreta
tradicional gitana, en la Camarga francesa,
tirada por un asno (foto G.W.Silvester). |
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En
los siglo XVIII y XIX apareció y creció en Europa
central y oriental un problema gitano que, hacia finales del
XIX, se convirtió en un problema penal.
Tras
la segunda guerra mundial surgió un nuevo factor. El
empleo creciente de la maquinaria agrícola y de los vehículos
de motor volvió superfluo al caballo y convirtió
a los tratantes de ganado caballar en figuras del pasado. Colinas
aisladas de gitanos continúan aún hoy practicando
sus actividades artesanales en el seno de las asociaciones,
pero la inmensa mayoría de los gitanos de Europa central
y oriental están abandonando los viejos oficios y convirtiéndose
en obreros no cualificados de la industria y de la construcción.
La adquisición de nuevas viviendas o de viejas casas de
campo y una escolaridad de varios años ha facilitado su
nueva integración en la sociedad no gitana, esta vez
no gracias a los oficios tradicionales sino al abandono del
pasado. Con lo cual esos oficios gitanos no son hoy más
que objetos de curiosidad.
A
los gitanos se les dispensaba una acogida amistosa cuando llegaban
a los países de Europa occidental porque podían
representar buenas cartas de recomendación y se los consideraba
no como colonos inmigrantes sino como inofensivos extranjeros
de paso. Sin embargo, cuando la estancia se prolongaba un tanto,
la gente empezaba a preguntarse en que tierra y con que medios
iban a vivir los forasteros. El aumento de la densidad demográfica,
una organización política más estrechamente trabajada y una
economía más desarrollada no dejaba espacio para nuevos asentamientos
ni para la obtención de ingresos seguros. El número de ocupaciones
que podían desempeñarse legalmente -tales como los espectáculos
públicos, oficio que entre los siglos XV y XVIII resultaba
más peligroso que remunerador - era muy reducido. La
mayor parte de esas actividades se situaban al margen del orden
económico dominante (tal era el caso de la mayoría
de las formas de artesanía y de tráfico comercial)
o, como en el caso de la cartomancia, eran contraria a la ley.
Los
gitanos explotaban con inteligencia y astucia los fallos y las
incertidumbres del sistema, por ejemplo las diferencias entre
las situaciones económicas y las juridisprudencia de
los países en cuestión. Sin embargo, una legislación
que les forzaba a abandonar el país bajo pena de severos
castigos y en algunos casos declarándolos incluso fuera
de la ley, unida a una sistematización política
de persecuciones, terminó por ahuyentarlos. La mayoría
de esos gitanos o bien se quedaron en Europa central y oriental
o volvieron a ella. Unos cuantos pequeños grupos continuaron
llevando una vida marginal, fundiéndose con el tiempo
con otros residuos de la sociedad feudal tardía y, posteriormente,
de la burguesía.
Las
sociedad postindustriales, preocupadas por los derechos humanos
pero vueltos nostálgicamente hacia el pasado, ofrecen
un panorama nuevo. En la sociedad opulenta son posibles toda
clase de extravagancias, desde vivir en un carro o en una barca
hasta dedicarse al fructuoso tráfico de viejos objetos
de artesanía. De ahí que algunas familias gitanas
puedan mantener su estilo de vida y sus ocupaciones venerables
o crear nuevas tradiciones, por ejemplo, introduciéndose
en el negocio de anticuario o de alfombras. Cabe preguntarse,
de todos modos, si se trata en realidad de viejas ocupaciones
desarraigadas y alienadas o incluso de simples atracciones turísticas.
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Un
gitano en Irlanda mientras fabrica un recipiente de
metal (foto H. Silvester) |
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Un sitio para ampliar
la visión del mundo gitano:
http://www.fsgg.org/revista.htm
Página
Web con numerosos números de una revista Bimestral de la
Fundación Secretariado General Gitano de Madrid, dedicada
exclusivamente al pensamiento y la cultura gitana.
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(*)
Fuente: Miklos Tomka,
"De artesanos consumados a víctimas de la sociedad
industrial", en Los gitanos, Revista del Correo de
la Unesco, octubre 1984, pp.15-17.
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