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ENTREVISTA
A JACQUES REVEL
"Ya nadie piensa en el futuro"
Entrevista
realizada por Héctor Pavón
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Jacques Revel |
Para Jacques Revel,
nuestras sociedades se refugian en el pasado por temor al futuro
y porque descreen del progreso. Dice que hoy la identidad
nacional pasa por el deporte y no por la historia.
ENTREVISTA A JACQUES REVEL
"Ya nadie piensa en el futuro"
Entrevista
realizada por Héctor Pavón
Pienso que el papel de la Historia es, entre otras cosas, ayudar
a salir del encierro que constituye este presente", dice
con una sonrisa escéptica el historiador francés Jacques Revel,
ex presidente de la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales
de París y actual Director de Estudios de este faro del
pensamiento social. También fue secretario de redacción de la
prestigiosa revista "Annales" que fundaran Marc Bloch
y Lucien Febvre en 1929. Para Revel la humanidad ya no puede
pensarse a sí misma a largo plazo porque la relación con el
tiempo histórico se transformó en una sobrevaloración del
presente donde se han debilitado las expectativas de la sociedad
respecto del futuro. "Cuando yo era joven, en los años
sesenta y setenta los futurólogos alargaban las curvas de
desarrollo a cincuenta, cien años para imaginar lo que sería
el futuro en el siglo XXI. Ya nadie se atreve a hacerlo y cuando
se lo hace es para trazar curvas catastróficas: el fin de los
recursos petroleros o los desequilibrios demográficos. Es
decir, para cerrar el horizonte, mientras que hace treinta años
era para mostrar que el horizonte no tenía fin".
La idea de progreso se debilitó mucho desde hace una
generación, calcula Revel. "Y como no nos proyectamos más
hacia el futuro, el pasado se ha vuelto más opaco de lo que
era. Pero no son los historiadores los que deciden la forma en
que los hombres de su tiempo perciben el tiempo. Es la sociedad,
son las representaciones sociales". Revel estuvo en Buenos
Aires, invitado por el Centro Franco Argentino de Altos Estudios
de la UBA donde dictó el seminario "Lo que hacen los
historiadores: reflexiones sobre epistemología de la
historia". Nació en 1942 y es un especialista de la
historia moderna y contemporánea francesa. Sus reflexiones se
concentran sobre la memoria histórica, la micro historia y las
ciencias sociales.
De acuerdo con cada época, la explicación de la historia fue
asociada a la economía, la política o la cultura. El
historiador francés cree hoy que la interdependencia entre las
disciplinas no permite identificar un origen claro de la
Historia. Pero ¿acaso es necesario? Una buena parte del siglo
XX, desde los años 30 a los 70 estuvo protagonizada por la
historia económica y social, dominada por la convicción de que
las infraestructuras sociales eran determinantes en la
producción de la sociedad. Pero esa idea de historia perdió su
importancia en los últimos 20, 25 años y estuvo muy ligada al
uso de los métodos cuantitativos o seriales de una historia
ilustrada en particular por la escuela de los Annales de
Francia. Estos modelos históricos eran sostenidos por grandes
arquitecturas teóricas: los modelos funcionalistas que
dominaron las ciencias sociales desde fines del siglo XIX. Una
de ellas fue el marxismo, otro el estructuralismo, y en Francia
el positivismo fue un tercero, "o sea grandes modelos que
garantizaban que existía una inteligibilidad global de la
sociedad". Esos grandes paradigmas integradores se
quebraron y no fueron reemplazados. "A mí no me gusta
mucho el término posmodernidad —dice despectivamente Revel—,
porque me parece que en definitiva es un término bastante
vacío. Pero ahora nos hallamos ante modelos de inteligibilidad
o de racionalidad que son más locales, más fragmentados. Y eso
creo que caracteriza muchos trabajos no sólo de historia sino
también de sociología, de antropología en la actualidad. Lo
que me sorprende es que desde esa perspectiva, hemos asistido,
en Francia, pero también en EE.UU., Inglaterra, Alemania, a un
aumento de los trabajos de historia cultural. O sea, trabajos
atentos de tal manera que, a través de las prácticas, los
grupos sociales, los individuos, construyan su posición. Lo que
creo también es que estos cortes que resultaban cómodos eran
aceptables en tanto se tenía la idea de que todo eso se
integraría en un conjunto. No hay motivo para separar la
historia económica de la cultural. En el fondo, los actores
económicos actúan en función de representaciones culturales
que están comprendidas en un juego de interdependencia."
El historiador y el objeto
"Mi generación tuvo la sensación de trabajar con una gran
libertad intelectual, sin cielo teórico sobre la cabeza, o sea
fue mucho más laica que las generaciones que nos precedieron.
Eso posibilitó que se hiciera una experimentación muy libre
que volvió el oficio interesante, agradable", sostiene
Revel al rememorar las épocas de su formación. Sobre el
presente dice que ésta es una época en la que la demanda de
historia en nuestras sociedades es muy fuerte especialmente en
el área de lo que se llama "la petite histoire",
donde ubica a Félix Luna y destaca que en Francia también ha
crecido el público que lee libros hechos por historiadores
profesionales. "Eso forma parte un poco de este miedo al
presente que convierte al pasado en un refugio. Es una demanda
de identificación y eso me parece más ambiguo. Pienso que la
historia no está hecha para proveernos de ancestros. Está
hecha para ayudarnos a reflexionar sobre situaciones que tienen
lugar una vez y que no se reproducirán pero respecto de las
cuales es útil rever cómo se produjeron. No creo en absoluto
que haya que buscar ejemplos en la historia y menos modelos para
imitar. El tiempo cambia y no vuelve".
Revel cosechó lectores en nuestro país a partir de algunos de
los pocos trabajos en español que aquí se pueden leer. En
algunos de estos escritos aparece nítidamente su tesis sobre el
aumento de la demanda de construcción de memoria y de la
tensión que existe actualmente entre historia y memoria.
"Eso corresponde a situaciones como la de la gente que en
la Argentina está preocupada por la memoria de los
desaparecidos; franceses que tratan de encontrar sus raíces
campesinas, comunitarias. Está el caso de memoria política, la
sociedad necesita recordar y mirar los cadáveres o los
fantasmas que están en los armarios". En un país como
Francia donde hay una gran tradición historiográfica se ha
visto aparecer una multiplicidad de historias basadas en la
memoria y lugares de memoria. Los obreros por ejemplo, aunque
aparecen retratados justo en el momento en que la clase obrera
está desapareciendo; los marginales, las mujeres, etcétera.
"Hace treinta años las mujeres no tenían presencia en la
Historia. Construir una memoria femenina fue hacer existir un
tema histórico".
El historiador relata maravillado una experiencia que tuvo en
nuestro país sobre historia e identidad: "Conocí a un
antropólogo que trabaja con los mapuches en Chile y la
Argentina, que ha hecho un gran trabajo en esas comunidades. Me
dijo que el número de mapuches en la Argentina aumentó
enormemente en los últimos quince años, no porque los mapuches
tengan muchos hijos sino porque hay gente que se reconoció como
tal al ponerle a sus hijos nombres de ese origen. Para un
historiador es muy interesante. Porque en el fondo, prueba que
en cierta medida, se puede construir la propia identidad. Hay
más mapuches porque hay más gente que elige reconocerse así
en la sociedad argentina. Es posible que para los representantes
políticos de los mapuches no sea muy satisfactorio. Pero el
papel del historiador no consiste en agradar a los
representantes políticos mapuches, es saber cómo se constituye
una identidad social, y lo que digo vale para cualquier
identidad social. Es el gran misterio, diría, de todas las
ciencias sociales: saber por qué hay grupos, por qué todos
somos portadores de rasgos identitarios. Algunos no tenemos que
elegirlos, pero muchos son objeto de negociación en la sociedad
entre los individuos y los grupos. Es una lógica totalmente
diferente de la de los políticos que necesitan decir: yo
represento a los indios, yo represento a los ricos, o yo
represento a los obreros."
Según Revel, hubo una época en la que el papel de los
historiadores era fabricar la "historia nacional".
"Pero la historia nacional hoy es problemática en casi
todos los países, porque no se sabe cómo enunciarla, porque la
identidad nacional es menos fuerte y pasa más por el deporte
que por la historia."
"Los historiadores no tienen que decidir si hay actores
buenos y malos. Si no, son malos historiadores." Revel
asegura que una de las grandes conquistas de la Historia de la
segunda mitad del siglo XX es el haber hecho hablar a "los
de abajo, los que normalmente no tienen acceso a la palabra, que
no dejan huella en los archivos, o muy pocas, y eso fue una gran
conquista."
Sobre la memoria
"Ninguna memoria registra todo el pasado, toda memoria es
selectiva. A menudo vemos que hay grupos que siguen conservando
prácticas ancestrales." Revel recuerda y cita el trabajo
de un colega suyo que trabajó sobre los "marranos",
judíos convertidos al catolicismo, que seguían practicando el
judaísmo en secreto en América latina entre los siglos XVI y
XVIII. El investigador encontró a algunos de ellos en el
nordeste brasileño. Y lo asombroso fue que esa gente continuaba
encendiendo una vela el viernes a la noche para el Sabbat.
"No tienen ninguna idea del judaísmo, pero saben que eso
deben hacerlo. Y pienso que muchos grupos conservan rasgos que
son rasgos identitarios."
"La idea de tomar la memoria como una suma super objetiva
de percepción histórica es falsa. Es totalmente subjetiva y
eso es lo que la hace interesante. Diría que no es grave ya que
las sociedades contemporáneas tienen, no obstante, medios mucho
más poderosos para archivar el pasado cercano. Podemos guardar
todo. El verdadero problema de las sociedades contemporáneas es
tener la capacidad de olvidar, porque, al igual que en una
computadora, si se sobrecarga la memoria, se produce un
bloqueo."
Tradicionalmente, las sociedades dejan que el tiempo elija. Pero
existe la sensación de que las sociedades contemporáneas le
temen al futuro, "desearían hacer un cortocircuito en el
tiempo y organizar ellas mismas lo que se recordará mañana. Es
una idea paradójica, en realidad, y es una idea sin esperanza.
¿Por qué? Porque para quienes vengan después, lo que hará
interesantes a nuestra sociedades o lo que les interesará de
ellas, corresponderá a las preguntas que se hagan ellos, y no a
las preguntas que nos hicimos nosotros. Nosotros también
hacemos nuestra historia. La idea de que puede hacerse una
suerte de enciclopedia memorial o archivista de hoy que daría a
nuestros sucesores dentro de cincuenta o cien años la visión
que tendrán de nuestras sociedades, es una idea totalmente
idiota."
Revel cree que hoy se habla demasiado del "deber de
memoria", que habría que reservar esa expresión para
aquellos temas que forman parte de lo que la sociedad "debe
ser capaz de decirse a sí misma, de lo que debe ser capaz de
reconocer. Pero, para el resto, no hay ningún deber de memoria
en ser provenzal o porteño, es problema de cada uno. No es una
apuesta histórica colectiva".
Hoy la historia debe asumir los desafíos que la crisis de su
enseñanza plantea. "La memoria es el cuestionamiento sobre
el pasado y el papel de la historia. Siempre se tendió a la
afirmación nacional cívica, pensar la historia era una
cuestión cívica. Por eso la historia tuvo tanta importancia en
el siglo XIX y comienzos del XX. La idea nacional se vio en
crisis cuando las sociedades se diversificaron. En la Francia
del siglo XX un maestro podría hablar de los 'africanitos', los
indios y nuestros ancestros los galos. Hoy ya no se puede
enseñar en París de esta forma porque la nación ahora es
multicultural, el público se ha diversificado. Antes era
bastante simple enseñar, la historia era un relato compartido
por todo el mundo. Las diferencias en la enseñanza de la
historia van más allá de la pobreza y la riqueza, son
situaciones mucho más complicadas. (*)
(*)
Fuente: Entrevista
realizada por Héctor Pavor a Jacques Revel editada originalmente en
Suplemento Cultural Ñ, del Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.
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