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CUERPO
ACTUAL VS. CUERPO MODERNO Por
Fiorella Aiello
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"La
aurora" de Rodin. Aquí, el cuerpo humano es
parte de una búsqueda de belleza artística y de
una simbolización de la naturaleza. En la
actualidad, el cuerpo, tal como lo desarrolla el
artículo que sigue a continuación, se plasma por otro
camino.
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En este mundo se promueve la avidez por una "corporalidad
perfecta". Un cuerpo bello, llamativo, de agradable y seductora
apariencia. Un cuerpo determinado por las influencias del mercado
y de estereotipos difundidos por la omnipresencia masmediática. Frente
a esa corporalidad digitada y exterior, en la modernidad el
pensamiento explora otra dimensión corporal que, según la posición
de Fiorella Aielo, autora del trabajo que sigue a continuación,
se halla en una estricta oposición.
E.I
CUERPO
ACTUAL VS. CUERPO MODERNO Por
Fiorella Aiello
Introducción
El objetivo que nos proponemos en este trabajo es
demostrar la siguiente hipótesis: el cuerpo actual es la
antítesis del cuerpo postulado por la Modernidad. Para ello nos
basaremos, fundamentalmente, en las teorías elaboradas por René
Descartes, Agnes Heller, David Le Breton y Michel Foucault; y otras
fuentes.
Para poder llevar a cabo nuestro análisis,
debemos en primer término establecer ciertas concepciones y
describir el contexto histórico en el cual se sitúan los cuerpos
a analizar.
Podemos definir al cuerpo como la parte física y
material de un ser. En el caso de los humanos especialmente, está
asociado con el alma, la personalidad y el comportamiento.
La Modernidad, período que es ubicado por los
pensadores entre los siglos XVII y XVIII, puede ser establecida como
una particular condición de la historia. El concepto proviene del
cristianismo, donde la noción de "moderno" remitía a un
"modo", un tiempo inmediato, una modalidad de lo reciente.
La Modernidad implica una modernización de la historia, una nueva
forma de ver el mundo, un proceso de una nueva comprensión de la
subjetividad, de la realidad, de la naturaleza y del surgimiento de
nuevas maneras de pensar y de acceder al conocimiento.
La mentalidad moderna no es un sistema
homogéneo. Por el contrario es el nombre genérico de una red
compleja de ideas, conceptos, modos de abordaje, perspectivas
intelectuales, estilos cognitivos, modalidades de
intelección-acción, y aptitudes valorativas, sensibles y
perceptivas que han caracterizado una época amplia. Por lo tanto
debe ser incluida en una categoría facetada, multidimensional, con
bordes difusos, con infiltraciones de otros modos de pensar y ser en
el mundo.
En este período histórico se produjo una
secularización: el hombre ya no dependía de lo divino, sino que
podía constituirse como un ser libre e independiente gracias a su
razón, a su capacidad de razonamiento. La luz de la razón era la
fuente del conocimiento, la que le posibilitaba al hombre trascender
las tinieblas de la ignorancia y descubrir los velos de la realidad.
Se trata del período de la Ilustración, del Siglo de las Luces.
En la actualidad, en cambio, podemos afirmar que
hemos retrocedido, ya que el hombre, en lugar de liberarse e
independizarse a través de la razón, está preso de su propio
cuerpo. Esta paradoja es la que intentaremos plantear en este
trabajo.
La oposición alma – cuerpo en la Modernidad
René Descartes, matemático, filósofo y
fisiólogo francés, fue considerado el primer hombre
"moderno" por su pensamiento. Pertenecía a la nobleza
francesa. Estaba muy interesado en las matemáticas, la ciencia y la
filosofía, y decidió combinar sus propósitos intelectuales con
los viajes. Pasó varios años viajando por Europa, frecuentemente
como caballero voluntario en diversos ejércitos. Fue un militar
francés de fortuna, un matemático y un filósofo. La Iglesia
Católica Romana del siglo XVII discrepaba con las enseñanzas de
los filósofos naturalistas, quienes aseguraban que el cuerpo humano
operaba, en gran medida, igual que una máquina. Esto sugirió a
algunos que la mente, como el cuerpo, quizás obedeciera también la
ley natural.
Descartes "resolvió" este problema
reformulando las enseñanzas de Tomás de Aquino, acercando la
importancia del libre albedrío, y aseverando que si bien es cierto
que el cuerpo opera en gran parte como una máquina, la mente
pertenece al alma, y no está sujeta a las leyes de causa y efecto.
Descartes postula en su texto "Meditaciones
metafísicas" la noción de cuerpo: "(...) entiendo por
cuerpo todo aquello que puede estar delimitado por una figura, estar
situado en un lugar y llenar un espacio de suerte que todo otro
cuerpo quede excluido; todo aquello que puede ser sentido por el
tacto, la vista, el oído, el gusto o el olfato (...)".1
La esencia del cuerpo es la extensión, mientras
que la del alma o mente es el pensamiento. El cuerpo es espacial; el
alma no tiene extensión. El cuerpo es un mecanismo que puede
ejecutar muchas acciones sobre sí mismo sin la intervención del
alma; el alma es pura sustancia pensante que puede, pero no siempre,
regular el cuerpo.
Cómo el cuerpo espacial puede afectar o ser
afectado por la mente no extensa no puede ser comprendido, para
Descartes, ni en términos espaciales ni en no espaciales. Está
más allá de nuestras capacidades comprender cómo el cuerpo y la
mente están unidos, o, en el mejor de los casos, estamos forzados a
regresar a la concepción de sentido común de su mutua
interacción. Descartes se refiere a este dilema como el "punto
muerto cartesiano".
Asimismo, explica que podemos prescindir del
cuerpo, pero de la mente no. El pensamiento es independiente del
cuerpo y es la parte fundamental de toda persona. La mente es la que
le permite al hombre conocer, trascender la realidad y
autoabastecerse. "Pienso, luego existo".
"Yo soy, yo existo; esto es cierto, pero
¿cuánto tiempo? Todo el tiempo que estoy pensando: pues quizá
ocurriese que, si yo cesara de pensar, cesaría al mismo tiempo de
existir".2
El cuerpo moderno, según David Le Breton,
implica la ruptura del sujeto con los otros (una estructura social
de tipo individualista), con el cosmos (las materias primas que
componen el cuerpo no encuentran ninguna correspondencia en otra
parte), consigo mismo (poseer un cuerpo mas que ser un cuerpo).
"El cuerpo occidental es el lugar de la
cesura, el recinto objetivo de la soberanía del ego. Es la parte
indivisible del sujeto, el factor de individuación, en
colectividades en las que la división social es la regla. (...) El
cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí
mismo. No es un dato indiscutible, sino el efecto de una
construcción social y cultural."3
Gran parte de las reflexiones modernas, por su
parte, intentaron hablar de la liberación del cuerpo adjudicando la
opresión a la dicotomía cristiana alma - cuerpo. Se insistió en
la idea del alma como prisión del cuerpo. En efecto, para el
cristianismo, el cuerpo era el lugar del pecado original, en tanto
que el alma permitía la conexión con lo divino y la ascensión
hacia el mismo. Tal dicotomía no fue superada por la Modernidad.
Ya no se trataba de aquel alma cristiana, que no
tenía más remedio que existir en la "frágil vasija", en
términos de Agnes Heller, de un cuerpo pecaminoso al que
redimiría. Se trataba más bien de un espíritu racional que debía
controlar (y disciplinar) los excesos del cuerpo.
Por otra parte, existía una diferencia entre
alma y espíritu: el alma se había concebido como un fuerte opuesto
al cuerpo. Agnes Heller sostiene que el cuerpo era una morada digna
para lo espiritual ya que pertenecía al más "elevado" de
los seres vivientes.
Mientras el alma cristiana se había concebido
como individual, singular de una persona, lo espiritual poseía un
sentido más amplio e interpersonal. "(...) Se trataba del
nombre colectivo de todo lo que no fuera natural. Y también de
todas aquellas actividades que no pertenecían a la producción
material de la vida social humana(...)".4. Más aún, lo
espiritual incluía aquello que no era real pero que resultaba
crucial para la comprensión de la realidad: ideas, formas de la
imaginación, utopías, etc.
A través de este camino, lo espiritual terminó
por asimilarse a lo intelectual y se identificó cada vez más con
lo racional expresando el espíritu dominante de la Modernidad. En
este sentido, afirma Heller que "la Modernidad concibió lo
espiritual de tal manera que su separación del cuerpo era un simple
experimento mental".5
"Los cuerpos no son propiamente concebidos
sino por el solo entendimiento, y no por la imaginación ni por los
sentidos, y que no los conocemos por verlos o tocarlos, sino sólo
porque los concebimos en el pensamiento, sé entonces con plena
claridad que nada me es más fácil de conocer que mi
espíritu."6
Ese espíritu en la plenitud de la Modernidad,
aunque seguía albergando lo que Heller llama una sombra de lo
divino, terminó por constituirse en eje del disciplinamiento del
cuerpo. Es decir que, por un lado, la secularización nunca se
cumplió y, por otro, las condiciones materiales promovieron el
disciplinamiento.
Fue así como casi todas las tendencias
dinámicas de la Modernidad fueron contrarias al cuerpo, lo
infravaloraron, lo reglamentaron y hasta se dedicaron a sustituirlo.
En este sentido, la explicación del filósofo
Michel Foucault sobre la modernidad se centra en el modo en que
poder y conocimiento son interdependientes: no hay poder sin
conocimiento, ni conocimiento que no esté implicado en el ejercicio
del poder. Según Foucault, el cuerpo es el objeto que utiliza el
conocimiento - poder moderno y al que inviste de poder, puesto que
nada es más material, físico, corpóreo que el ejercicio del
poder.
La Revolución Industrial y la expansión
tecnológica posterior tendieron a la eliminación del cuerpo, en un
movimiento que iba desde la utilización y explotación de las masas
de obreros hasta su reemplazo por la máquina.
Con la guerra ha sucedido algo similar. Heller
recuerda que Napoleón, un verdadero estratega de la guerra moderna,
se quejaba porque sus inmensos ejércitos resultaban ingobernables y
ponía énfasis en el adiestramiento más que en las habilidades
particulares de los guerreros. Hoy en día, la industria bélica se
"ha perfeccionado" de tal modo que ya no necesita el
cuerpo del soldado combatiente en el campo de batalla (y diríamos,
ha perfeccionado el exterminio).
La Modernidad no cumplió con su promesa de
liberación del cuerpo. Lo corporal domina firmemente al orden de lo
espiritual. Este punto es el que desarrollaremos a continuación.
El "cuerpo perfecto" de la actualidad
En la actualidad, y más allá de cualquier
corriente de "moda", se registra ante nuestros ojos una
sobrevalorización de lo "corporal" en detrimento de otras
cualidades de lo humano. Esta jerarquización del cuerpo y de su
imagen responde a estructuras económicas y sociales.
Sin embargo, el hombre concreto desarrolla su
vida con todos los aspectos de su individualidad, pone en juego sus
sentidos, intelecto, habilidades, sentimientos, pasiones, ideas,
ideologías que expresan la especificidad de lo humano en un
despliegue heterogéneo.
Cuerpos perfectos, bellos, sin edad,
desnaturalizados, irracionales, tiranos, obsesivos y perdidos.
Cuerpos presos de otro cuerpo: su cerebro es un voraz mercado que
controla y da las órdenes a una sociedad consumista que late al
ritmo de la hegemonía cultural. Este cuerpo como tantos otros,
actúa sin pensar, por impulso, dejando de lado los razonamientos y
siguiendo las órdenes del corazón.
Percibida cotidianamente como una realidad
experimentada por la mayoría de los miembros de una sociedad, la
sombra de lo hegemónico no ofrece resistencia, se expresa
masivamente en los medios de comunicación aprovechando el prestigio
del discurso médico y la fama de la que gozan las biotecnologías,
como una mediación efectiva entre productores y consumidores de la
cultura de lo escópico. "El
predominio de la visión sobre el resto de los sentidos, tiende a
reinstalar una jerarquía en la percepción corporal, la cual
privilegia la misma sobre otros sentidos".7 El mito de
los cuerpos sanos elaborado por la medicina, esconde a los esclavos
de la imagen.
En este sentido, los medios masivos de
comunicación dan una amplia gama de mensajes que tienen su centro
de gravedad en la antiedad y el antipeso, factores privilegiados y
valorados en las personas que se muestran como paradigmas a imitar.
Vivimos expuestos a un verdadero mercado del
"cuerpo", hoy es el cuerpo y su mantenimiento lo que
moviliza cada vez más las pasiones y la energía. Adelgazar,
rejuvenecer, tonificar, reafirmar son los principales postulados y
para alcanzar estos "objetivos" se ofrecen una serie de
fórmulas de alimentación, múltiples aparatos para ejercicios de
adelgazamiento y mantenimiento, cremas milagrosas, complementos
dietarios antiapetito, cirugías estéticas, etc.
El deseo de ser delgado y el miedo obsesivo a
engordar, están en el centro de una patología del comportamiento
alimentario, con predominio masivamente femenino y que los
psiquiatras consideran típicamente moderna. Podría entenderse que
la cultura de masas y la sociedad simplemente han interiorizado
demasiado bien el mensaje dietético de los médicos.
La Medicina ha ampliado sus campos de acción
tradicional. La "medicalización indefinida" de la
que nos habla el filósofo Michel Foucault sostiene que la medicina
ha excedido los límites que le conciernen en su deber de curar
enfermos para pasar a ser una "actividad dotada de un poder
autoritario con funciones normalizadoras que van más allá de la
existencia de las enfermedades y de las demandas del enfermo".8.
El trabajo de Foucault nos permite ver cómo los
cuerpos individuales son manipulados por el desarrollo de regímenes
específicos, por ejemplo la dieta y el ejercicio, que hacen que el
individuo se responsabilice de su propia salud y de estar en forma
(la disciplina del cuerpo) y, a su vez, la manera en que son
controlados y coordinados los cuerpos de las poblaciones. A este
proceso lo denomina "biopolítica".
El "mercado de la delgadez", si bien
está abierto a todo público porque se vende a través de los
medios, es de acceso restringido ya que está pensado para
determinados sectores sociales, pero su efecto es sobre la sociedad
en su conjunto, sobre lo que llamamos imaginario colectivo. El
análisis del fenómeno, si bien guarda una estrecha relación con
la industria y el comercio que han encontrado en el cuerpo un
"nuevo" mercado, no debe restringirse a su dimensión
económica, ya que tiene dimensiones sociales y filosóficas.
En este proceso, sin duda, las mujeres son las
más tiranizadas pero estas normas se imponen en ambos sexos y como
dijimos, de manera diferencial según las clases sociales.
En siglos anteriores una mujer para ser hermosa,
debía estar "entrada en carnes". Ésto es reflejado
abundantemente en la pintura de la época renacentista. A principios
de siglo XX, las primeras divas del cine lucían rellenos cuerpos
entre plumas y joyas y éste constituía el ideal.
Actualmente, en cambio, el ideal de belleza
femenina es del orden de la delgadez. Estamos atravesados por
mensajes, imágenes y discursos donde las exigencias estéticas
tienen a la delgadez como epicentro y esto se manifiesta muchas
veces en forma compulsiva y aun a costa de la propia salud. La
angustia incontrolable que genera el cuerpo puede desencadenar
enfermedades de la alimentación como son la bulimia y la anorexia.
Otras patologías que se pueden sufrir son trastornos emocionales y
físicos, como anemia, depresión por la carencia de zinc, calambres
por la falta de magnesio, alteraciones al nivel de la memoria
inmediata y la velocidad mental, disminución de la temperatura
corporal y trastornos del carácter.
En esta época como en ninguna otra, lo corporal
tiene un rango alto en la valoración social y subjetiva. Estas
concepciones sobre el cuerpo se instalan en la sociedad integrando
el imaginario colectivo que se va constituyendo a partir de
discursos, prácticas sociales y valores. El hombre al otorgar
sentido a sus actos va constituyendo la "realidad", al
mismo tiempo que construye su singularidad. El imaginario colectivo
es un dispositivo que produce materialidad, efectos concretos sobre
los sujetos y sobre las relaciones de los sujetos con el mundo, se
va conformando a partir de las coincidencias valorativas de las
personas y cobra forma propia, se convierte en un proceso sin
sujeto, adquiere independencia respecto de los otros.
Esta valoración imaginaria colectiva propone
parámetros relativos a la época para jugar y para actuar. Las
ideas que lo constituyen como tales, no existen en la realidad
material, pero producen efectos sobre ésta, producen materialidad.
Cada uno de nosotros nos reconocemos como una entidad corpórea y
espiritual. En esa conformación inciden el entorno, las otras
personas y fundamentalmente el lenguaje, sistema simbólico que es
por excelencia un elemento definitorio de lo humano.
¿De qué se trata en las nuevas prácticas de
belleza sino de someterse, como dueño y poseedor del cuerpo, de
corregir la obra de la naturaleza, de vencer los estragos
ocasionados por el paso del tiempo, de sustituir un cuerpo recibido
por uno construido? La respuesta a esta pregunta esconde el rechazo
del destino y el proceso de racionalización y optimización sin fin
de nuestras facultades.
David Le Breton sostiene que la formidable
convergencia de prácticas relativamente recientes hacen que el
cuerpo sea vivido hoy a menudo como un accesorio de la presencia. Un
material a transformar para ponerlo a la altura de la voluntad del
individuo. "El cuerpo es un objeto imperfecto, un borrador por
corregir. ¿Qué hace la cirugía estética? Se intenta cambiar el
cuerpo para luego cambiar la vida. El culturismo va en la misma
línea: no es cuestión de contentarse con el cuerpo que uno tiene,
sino que hay que perfeccionarlo, controlarlo. Una tercera lógica
está en juego: a falta de poder controlar la existencia en un mundo
que se presenta cada vez más inaccesible, se controla el
cuerpo.". 9
La belleza se ha vuelto un instrumento
descartable que puede ser deseado en tiempo real y también un
factor de homogeneización de los cuerpos, aunque más no sea a
través de la imagen: las (artificialmente) bellas son todas
iguales. Labios, pómulos, caras de catálogo convierten a la
belleza en una convención en donde la sociedad hegemónica se pone
de acuerdo sobre que rasgos físicos merecen admiración y copia.
"Cuerpos con cirugías, artificialmente
construidos, son cuerpos poshumanos, superficies de inscripciones de
códigos sociales: la desaparición del cuerpo es el punto
culminante de su desnaturalización. (...) Las operaciones
cosméticas testifican el deseo moderno de esculpir y armar
artesanalmente el propio yo".10
Los "narcisistas modernos"
no ofrecen resistencia frente al poder de una sociedad comercial que
fagocita a sus integrantes a través de una lógica cultural
hegemónica.
Lo bello se ha convertido en objeto de culto,
casi se podría decir que su nivel de exposición se asemeja al de
una prestigiosa obra de arte. Los cuerpos esculpidos por el mito de
la "medicalización", fenómeno definido por Foucault y
desarrollado anteriormente, se preparan para ofertar belleza al
mercado laboral, hambriento de gente "sana" y
"bonita"; y demandar la misma para conseguir un puesto de
trabajo digno que permita mejorar la posición y el prestigio
social. La belleza es, en el universo moderno, éxito y felicidad,
es producto y servicio, costo y beneficio.
El nuevo capital, de curvas perfectamente
delineadas y rostros perfectos, disciplina al hombre
despóticamente: delimita su edad, su vigencia en el tiempo, y lo
condena a vivir el resto de su vida preso de sí mismo, en un
espejo.
El cuerpo domina sobre la mente. La primacía del
alma sobre el cuerpo se revirtió: el cuerpo resulta vencedor y el
alma se convierte en un elemento reificado y cosificado.
El cuerpo vs. la cosificación
Los objetos convertidos en mercancías pierden su
individualidad, son cosas abstractas, impersonales, que han perdido
su "aura". El cuerpo no es algo que se pueda poseer como
los objetos exteriores. Si tomamos el cuerpo como una mercancía que
se "vende" simbólicamente en el mercado, una mercancía
más sobre la cual se puede "invertir" para aumentar un
valor de cambio, entonces éste pierde su significación, su fuerza
su consistencia y su unidad anímica.
La cosificación del cuerpo humano crea el
sentimiento de que el núcleo y sentido de la vida se nos escapan de
las manos. Cuando el cuerpo no otorga sentido al mundo cuando no lo
significa, se transforma en un "ser para otro", se enajena
dejando de ser un "ser para sí", transformando al hombre
en un objeto más, que como tal, está sujeto al devenir, al
desvanecimiento, a la volatilización.
Es preciso intervenir en el mundo, transformarlo,
expresarse en él, humanizarlo; es preciso que el cuerpo humano se
convierta así en la condición de la intencionalidad, como camino
necesario para la realización personal y comunitaria. La existencia
corpórea no puede separarse de los demás atributos de lo humano y
menos aún privilegiarse sin caer en el deterioro de la propia
humanidad del cuerpo. El hombre enajenado es un hombre sufriente, un
náufrago en el mundo de las cosas.
En cambio, considero que el destino del hombre
consiste en asumir su naturaleza de estar sujeto a las vicisitudes
corpóreas y, a la vez, ser capaz de poder dialogar fuera del tiempo
y decirse a sí mismo pensamientos cuyos significados no se dejan
encerrar en el molde de lo carnal.
Conclusión
Según lo expuesto en este trabajo podemos
afirmar que el cuerpo actual está postulado inversamente que el
cuerpo moderno, corroborándose de esta forma nuestra hipótesis.
En la Modernidad, la razón predominaba sobre lo
físico y lo corpóreo, y esto le permitía a los hombres sentirse
iguales. En la actualidad, en cambio, el predominio de lo corporal
sobre lo mental es evidente. Los ideales de igualdad y universalidad
quedaron en el olvido. Los hombres buscan destacarse, sobresalir por
sobre el resto. La individualidad es el ideal que se fomenta.
Sin embargo, como el cuerpo ideal está
estipulado en la sociedad de manera hegemónica, los hombres aspiran
llegar a este modelo. Aquí se establece una paradoja: si todos
anhelan poseer el mismo cuerpo, en el caso de lograrlo, nos
encontraríamos frente a una igualdad. Esto se contrapone con el
fomento del individualismo exitista.
Los sentimientos, las emociones y la experiencia
pasan a un segundo plano. Los ideales modernos son prácticamente
desplazados. El cuerpo se convierte en una mercancía que todos
desean adquirir, a cualquier precio. La razón queda relegada
gracias a la adoración de los cuerpos.
El cuerpo actual debe ser perfecto. ¿Pero a qué
se le llama "perfección"?. A un cuerpo delgado,
musculoso, sin arrugas... el cuerpo de un maniquí de
vidriera, un cuerpo con minúsculas medidas y sin cerebro. El
pensamiento ya no importa: la luz de la razón fue consumida por la
oscuridad de un cuerpo insensible. (*)
(*)
Fuente: Fiorella
Aiello, "Cuerpo actual vs cuerpo moderno", trabajo
realizado en el contexto de la materia Principales corrientes
del pensamiento contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la
Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en 2005.
Citas:
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Bibliografía
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