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   VENTANAS (*)

 

 

 

La rana desde el pozo nos dice: el cielo es redondo.

Nosotros, desde nuestras ventanas, nos burlamos de ella

y decimos: el cielo es cuadrado.

                                    Cuento Zen 

Comúnmente despertamos en el mismo lugar: casa, departamento, ventana, todo igual. Ahí afuera la misma vereda, como mucho unas flores del árbol que cuelgan y no se pueden evitar, o la estación de hojas secas que se avisan crujosas bajo nuestro andar. De pasada percibimos sólo cambios abruptos, los que de afuera nos cachetean y gritan ¡Acá, acá!

Pero el resto se fuga día a día de la vida sin que se pueda notar. Entre tanta urgencia y proyectos y actividad, se escapa, irrepetible, la importancia de lo  fugaz.

 

Ahora salto de la cama, veo el día, toco el vidrio, siento el clima, ¿Siento? Me abrigo.

Estímulo- respuesta.

Causa-consecuencia.

Hora. Desayuno, organizo,

diario o radio, al baño.

Salgo.      

Troto, algún trato. Almuerzo adelantando trabajo.

Charlo                algo                  no demasiado            escaso. 

                                                               Salgo.

Sin freno, no tengo ni puedo, ya estoy de nuevo en el departamento.

Teléfono, noticiero en directo. No hay juego no hay fuego.

La   t

         a

            r

              d

                 e   

                         c

           a

           e

El día termina parco, yo ni enterado, la costumbre se ha naturalizado.

 

Y un día despierto, más tarde que el resto.

Me es imposible cumplir con lo presupuesto.

La mañana está rara detrás de la ventana.

Me acerco, toco el vidrio, lo atravieso y veo esto

 

    
           

  

       Me detengo. Miro, el mundo está despierto. Yo dormido              no lo siento.

 


 

  

La luz se zambulle sobre las nubes, traspasa las ventanas, se cuela en el cuarto, espacio recortado contenedor de caprichos vanos.

Los primeros rayos se manifiestan. Las cosas conversan entre ellas: el piso ropero escritorio y bibliotecas secretean algo que los oídos huecos no me dejan.

Latidos de vida levantan al mundo.

La ventana hoy no es la de siempre, el vidrio tiene rostros de manchas diferentes. Los marcos se empiezan a  d i l a t a r  lo de afuera entra más-más.

La danza del cambio es perpetua, y ahora quiero bailar y ser su pareja.

 


 

 

     

Este tiempo             adentro del tiempo

día en el día, este otro giro

el cambio es constante                 d i v e r s o,

no hay unicidad                       no hay concreto.

Tal vez eso dependa de cómo lo mire

desde qué agujero, ventana, a través de qué reja

para que el mundo abra la maravilla que encierra...

 


                            

 

       (*) Fotos y texto Andrés Manrique

 

                                        

   ©  Temakel. Por Esteban Ierardo