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La
rana desde el pozo nos dice: el cielo es redondo.
Nosotros,
desde nuestras ventanas, nos burlamos de ella
y
decimos: el cielo es cuadrado.
Cuento Zen
Comúnmente
despertamos en el mismo lugar: casa, departamento, ventana, todo
igual. Ahí afuera la misma vereda, como mucho unas flores del árbol
que cuelgan y no se pueden evitar, o la estación de hojas secas
que se avisan crujosas bajo nuestro andar. De pasada percibimos sólo
cambios abruptos, los que de afuera nos cachetean y gritan ¡Acá,
acá!
Pero
el resto se fuga día a día de la vida sin que se pueda notar.
Entre tanta urgencia y proyectos y actividad, se escapa,
irrepetible, la importancia de lo
fugaz.
Ahora
salto de la cama, veo el día, toco el vidrio, siento el clima, ¿Siento?
Me abrigo.
Estímulo-
respuesta.
Causa-consecuencia.
Hora.
Desayuno, organizo,
diario
o radio, al baño.
Salgo.
Troto,
algún trato. Almuerzo adelantando trabajo.
Charlo
algo
no demasiado
escaso.
Salgo.
Sin
freno, no tengo ni puedo, ya estoy de nuevo en el departamento.
Teléfono,
noticiero en directo. No hay juego no hay fuego.
La
t
a
r
d
e
c
a
e
El
día termina parco, yo ni enterado, la costumbre se ha
naturalizado.
Y
un día despierto, más tarde que el resto.
Me
es imposible cumplir con lo presupuesto.
La
mañana está rara detrás de la ventana.
Me
acerco, toco el vidrio, lo atravieso y veo esto
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