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Con fino bruñimiento de
caoba serena y sazonada, bienhechora y sutil corno una lámpara, clara como una frente, grave como ademán de hombre enlutado. Todo sentir se aquieta
bajo la absolución de los árboles
cuyas piadosas curvas
y en cuya red se exalta del leve azul y de la tierra rojiza. ¡Qué bien se ve la tarde desde el fácil sosiego de los bancos!
Abajo y la honda plaza igualadora de almas se abre como la muerte, como el sueño. (*) (*) Fuente: Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires, Obras Completas, V1, Buenos Aires, Ed. Emecé, p.21.
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