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CAMINATA MÁGICA EN EL AMANECER DE LA CIUDAD

   Poema Amanecer de Jorge Luis Borges

 

 

                    

    En 1924 Borges edita su primer libro de poemas: Fervor de Buenos Aires. Allí vive el poema que presentamos a continuación: Amanecer. Poema donde el gran escritor argentino se entrega a un mágico deambular entre las calles de Buenos Aires, un raro caminar en la inminencia del alba. Antes del instante del nacer del sol, Borges presiente que la ciudad no es dura sustancia independiente de nuestros pensamientos. Por el contrario, como lo creen los partidarios de la doctrina filosófica idealista, la urbe y el todo sólo existen en el poder creador de la mente. En la mente divina, o en la mente de los hombres y de alguien que camina, con asombro, cuando la mañana asoma su rostro de luz...

AMANECER

 En la honda noche universal 

que apenas contradicen los faroles 

una racha perdida

ha ofendido las calles taciturnas 

como presentimiento tembloroso 

del amanecer horrible que ronda 

los arrabales desmantelados del mundo. 

Curioso de la sombra

y acobardado por la amenaza del alba 

reviví la tremenda conjetura 

de Schopenhauer y de Berkeley 

que declara que el mundo

es una actividad de la mente, 

un sueño de las almas, 

sin base ni propósito ni volumen.

 Y ya que la ideas

no son eternas como el mármol

sino inmortales como un bosque o un río, 

la doctrina anterior

asumió otra forma en el alba 

y la superstición de esa hora 

cuando la luz como una enredadera 

va a implicar las paredes de la sombra, 

doblegó mi razón

y trazó el capricho siguiente:

Si  están ajenas de sustancia las cosas 

y si esta numerosa Buenos Aires 

no es más que un sueño 

que erigen en compartida magia las almas,

 hay un instante

en que peligra desaforadamente su ser 

y es el instante estremecido del alba, 

cuando son pocos los que sueñan el mundo 

y sólo algunos trasnochadores conservan, 

cenicienta y apenas bosquejada,

la imagen de las calles

        que definirán después con los otros. 

        ¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida

       corre peligro de quebranto,

        hora en que le será fácil a Dios

        matar del todo Su obra!

         Pero de nuevo el mundo se ha salvado,

         La luz discurre inventado sucios colores

         y con algún remordimiento

         de mi complicidad en el resurgimiento del día

         solicito mi casa,

          atónita y glacial en la luz blanca,

         mientras un pájaro detiene el silencio

         y la noche gastada

         se ha quedado en los ojos de los ciegos. (*)

(*) Fuente: Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires, Obras Completas, V1, Buenos Aires, Ed. Emecé, pp.38-39.

Foto arriba Andrés Manrique

 

 

©  Temakel. Por Esteban Ierardo