Introducción
El propósito de este trabajo es poner en relación la obra del
director de cine François Truffaut con los postulados del
Romanticismo. Es decir, buscar que puntos en común hay entre el
cineasta francés y el movimiento artístico e intelectual que se
desarrolló principalmente en Europa desde finales del siglo XVIII
hasta mediados del siglo XIX.
Primero
estableceremos una serie de características generales de la obra de
Truffaut con relación al Romanticismo y luego pasaremos a un
análisis separado de cada una de sus películas.
El
novelista y director de cine francés Alexandre Astruc afirma en el
documental François Truffaut: Retratos robados que sólo en La Piel
dulce Truffaut decidió apartarse de la tradición francesa de
mesura representada en la figura de Voltaire. Este trabajo, así
como también Sebastián Peroni, intentará refutar este concepto y
demostrar la íntima relación entre Truffaut y el Romanticismo.
¿Por
qué elegimos a Truffaut? Simplemente porque se trata de uno de los
principales referentes de la nouvelle vague, el movimiento francés
que revolucionó la concepción del cine a fines de los años
cincuenta y principios de los sesenta, y del cual Truffaut fue uno
de sus fundadores.
Cabe
aclarar que el cine no existía cuando el Romanticismo estaba en su
esplendor. Por lo que no puede hablarse de un cine romántico en
esencia. Existe sí el género romántico, que se asocia a las
películas que tratan una historia de amor. En lo que a este trabajo
concierne, no bastará para que un film sea considerado romántico
con que relate una historia de amor. Tendrá que ajustarse a una
serie de postulados que son propios del Romanticismo. De no ser así
hubiéramos elegidos a otros directores, mucho más emblemáticos
del genero cinematográfico romántico como George Cukor, Nora
Ephron o, en el ámbito francés, Claude Lelouch.
Una
última aclaración. La principal relación la estableceremos con el
Romanticismo literario. Por aquello de la correspondencia entre cine
y literatura. Pero aquí no consideraremos en lo más absoluto la
denominada novela popular romántica. Ese género hecho por y para
mujeres, que en el fondo, nada tiene que ver con el Romanticismo.
Características
generales de un estilo
La
primera relación que surge entre el Romanticismo y Truffaut
es el concepto de ruptura. El Romanticismo aparece para colocarse
frente al Clasicismo. Representa la exaltación del espíritu, en
oposición al frío precepto estatuido de antemano que ponía ante
todo la gracia, armonía, medida, ritmo y ponderación. Supone una
ruptura con una tradición, con un orden anterior y con una
jerarquía de valores culturales y sociales.
La
aparición de François Truffaut y de todos los representantes de la
nouvelle vague (Jean Luc Godard, Claude Chabrol, Eric Rohmer,
Jacques Rivette, Alain Resnais) marca un quiebre con el denominado
cine clásico e inicia la modernidad para el séptimo arte. Se trata
de un cine reflexivo, liberado de la rígida estructura de
producción y, en consecuencia, más flexible respecto a las
categorías estéticas que vertebran los filmes.
Por
otra parte se ha dicho que todo el arte moderno deriva del
Romanticismo ya que el concepto de libertad artística, originalidad
y la auto expresión fueron los estandartes de los románticos. Este
individualismo proclamado ve su correlato en la política de los
autores que Truffaut sostuvo, primero como crítico en las páginas
de Cahiers du Cinema, y luego en su carrera. La cual afirma que el
director es el único responsable del filme, el verdadero autor de
la obra de arte. Tal es así que Truffaut aseguraba que no existen
películas buenas y malas, sino directores buenos y malos; y que la
peor película de un buen director iba a ser siempre mejor que la
mejor de un mal director.
El
individualismo también lo podemos notar en los claros tintes
autobiográficos de la obra de Truffaut que tiene en la serie
Antoine Doniel, el personaje que se convertiría en el alter ego del
director, su ejemplo más radical. Esto lo podemos relacionar con la
tendencia de los autores románticos a desviar la mirada hacia sí
mismos. El protagonista frecuentemente es el doble del autor, el
cual penetra en su interior y describe sus sentimientos, como se ve
claramente en la obra del escritor inglés Walter Scott.
Otra
característica que podemos mencionar es el amor a la naturaleza que
sentían los románticos. El placer que proporcionan los lugares
intactos. Sin ser un paisajista como John Ford, Anthony Mann, Akira
Kurosawa, Henry Hathaway o David Lean, Truffaut mostró una
principal inclinación por los rodajes en exteriores, en
contraposición con el cine de qualite que prefería los estudios y
que él criticaba desde Cahiers du Cinema.
Para
el Romanticismo es común la angustia. Es decir, ese sentimiento que
jamás puede alcanzar su objetivo, porque no lo conoce y ni puede ni
quiere conocerlo; se trata del mal del deseo. No por azar los
personajes de las películas de Truffaut se mueven tendiendo a una
meta tan absorbente como inalcanzable.
Párrafo
aparte merecen las historias de amor que rodó Truffaut. Su
concepción del amor es eminentemente romántica por su decidida
asociación entre amor y muerte. Prevalece la idea de que el amor,
de que el verdadero amor, conduce fatalmente a quienes lo padecen a
un destino trágico. Si no acaba trágicamente, le sucede el
desengaño o la desilusión. En el Romanticismo muy poco frecuente
fue el amor erótico, que se complace en el gozo sexual y en su
descripción. A esta tendencia también se sumó Truffaut.
Por
último mencionaremos una característica aplicable tanto a Truffaut
como a lord Byron, el poeta inglés y uno de los escritores más
versátiles e importantes del Romanticismo. La clave de su
popularidad es que cualquiera podía identificarse con sus héroes,
desde el muchacho desilusionado en sus esperanzas hasta la joven
desengañada en sus amores. Esta identificación entre el receptor
de la obra y el héroe fue uno de los principios de sus éxitos.
Las
películas
Los
cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, 1959)
Ópera
prima de Truffaut y carta de presentación de Antoine Doniel,
el personaje que luego vería su historia continuada en un
cortometraje y tres largometrajes más. Se trata de uno de los
filmes emblemáticos de la nouvelle vague. Narra la historia de un
chico, interpretado por Jean-Pierre Léaud, ignorado en su casa y
con problemas en la escuela, pero en realidad remite a la propia
infancia y adolescencia del director. La tesis principal del film a
la Truffaut hace referencia: "La adolescencia deja un recuerdo
placentero sólo a aquellos adultos que son incapaces de
recordar" se ve reforzada por marcados contraste entre una
existencia sometida y algunos bellos momentos, como las escapadas
del protagonista con su amigo por las calles de Paris.
Los
cuatrocientos golpes trata uno de los temas románticos por
excelencia: la libertad. El romántico se concibe como un ser libre,
el cual se manifiesta como un querer ser y un buscador de la verdad.
No puede aceptar leyes ni sumisión a ninguna autoridad. Por eso
Antoine Doniel luego de pasar por la cárcel y un establecimiento
correccional por un delito insignificante, logra escaparse y cumplir
su deseo de ver el mar. Sin embargo no se trata de un final feliz.
Una vez que el protagonista mira a la cámara y la imagen se congela
nos damos cuenta que su futuro es sumamente incierto y que está
sujeto a múltiples interrogantes. Esta decisión por un final
abierto se corresponde con el individuo romántico de los dilemas,
que nunca trata de resolverlos.
Disparen
sobre el pianista (Tirez sur le pianiste, 1960)
Adaptación
de una novela de David Goodis, Disparen sobre el pianista,
narra la historia de un pianista que toca en un bar y es perseguido
por unos matones que buscan a su hermano. Además de ser un homenaje
al policial negro americano de serie B, estamos en presencia de uno
de los filmes más rupturistas de la carrera de Truffaut.
Encontramos en él una mezcla de estilos y tonalidades que van desde
el thriller y el film noir hasta la comedia y el romance. Esta
fusión de géneros es una de las características del Romanticismo
en literatura. Como también lo es, particularmente en poesía, la
elección de dejar volar libremente la fantasía sin sujetarse a
modelos ni normas. Lo importante es ser original y dejarse llevar
por la inspiración y no imitar o elaborar trabajosamente las
formas. En la película esto queda de manifiesto en el largo
flashback que se introduce a mitad del metraje, en el insert de la
muerte súbita de la madre del matón mentiroso o en la canción
cuya letra aparece escrita mientras se canta.
Por
último hay que decir que el protagonista se perfila como un
antihéroe trágico, marcado por la fatalidad y la culpa. La
relación entre amor y muerte está de manifiesto en el hecho que
pierde fatalmente a dos amadas.
Jules
y Jim (Jules et Jim, 1961)
Primera
adaptación de Truffaut de la obra de Henri-Pierre Roché.
Esta especie de triángulo amoroso entre dos amigos y una mujer a
principios de siglo XX supone el primer filme de época para el
director. Una revisión del pasado que repetirá varias veces en su
carrera. Es rica en matices, como la presencia en el medio de la
primera guerra mundial, y en sutilezas, como las miradas captadas
casi al azar. Pero se destaca sobre todo la habilidad de Truffaut
para transformar una historia de amor dulce e inocente en enfermiza
y dolorosa.
Con
respecto al Romanticismo podemos mencionar varias características.
La idea de singularidad o peculiaridad fue poderosamente subrayada
por los románticos por lo que respecta a los individuos. Todos los
hombres son únicos e incompatibles. A este respecto es conveniente
rescatar la crítica de esta película de Silvia Schwarzbock:
"Es probable que exista un romanticismo y otro femenino y que
los dos desdibujen por igual al sexo opuesto. Jules y Jim, entre
otras cosas, aporta al cine una visión romántica sobre lo que es
una mujer, un enigma indescifrable. En el filme, ese enigma se llama
Catherine.(...) Es un enigma porque es única. Para los románticos,
la mujer es inasible porque cada una es ella. Una mujer no se
reemplaza con otra. (...) Pocas veces el cine logra mostrar lo
concreto, lo singular, lo irrepetible, en lugar de algo abstracto y
universal. Truffaut lo logró y se merece toda la gloria del mundo
sólo por eso".
A
su vez la figura que adopta la mujer para la literatura romántica
también esta representada en la protagonista del filme,
interpretada por Jeanne Moreau. Por un lado es vista como un ángel
de amor, inocente, hermosa, fuente de ilusiones para el corazón del
hombre; y, por el otro, puede ser un demonio, perversa, criminal y
vengativa, que arrastra a la muerte y a la destrucción.
Por
último hay que mencionar la relación con la célebre novela de
Goethe Las desventuras del joven Werther, que exalta los
sentimientos hasta el punto de justificar el suicidio por un amor no
correspondido.
La
piel dulce (La peau douce, 1964)
Aquí
nos encontramos con una historia de amor y adulterio entre un
escritor casado y una joven azafata que conoce en un viaje a
Portugal. Es, a la vez, un retrato de un hombre simple y de
conflictos simples. Con una leve desviación a la comedia, en lo que
tiene que ver con todo el pasaje en el cual el protagonista se
escapa con su amante a un pueblo donde va a dar una charla y trata
de no ser descubierto. Truffaut reconoció que "da una idea muy
antipoética del amor, como si fuera de alguna manera el reverso de
Jules y Jim, su respuesta polémica".
Pero
el destino trágico tampoco escapa al protagonista. "La
secuencia final en apariencia abrupta y excesiva cierra sin embargo
con una férrea lógica interna el más agudo y virulento análisis
que haya realizado el director sobre la hipocresía de los
comportamientos burgueses". Agregaríamos el único, ya que
Truffaut no se especializó particularmente en la crítica de la
burguesía, como si lo hizo su compañero generacional Claude
Chabrol.
Fahrenheit
451 (ídem, 1966)
Faherenheit
451 es el primer filme en color de François Truffaut y el
único que realizó en habla inglesa. Está basado en la novela
homónima de Ray Bradbury. Describe una sociedad del futuro en la
cual los libros son prohibidos. Los bomberos trabajan sólo para
encargarse de quemarlos. El protagonista, interpretado por Oskar
Werner, el Jules de Jules y Jim, es
precisamente uno de ellos. El
descubrimiento del placer de la lectura lo obligará a replantearse
su situación. El filme posee excelentes ideas como los créditos
recitados al principio, ya que no se puede leer; o las personas
libros que han memorizado cada una un libro diferente para así
asegurar la supervivencia de la literatura y que le dan al final un
tinte lírico.
Se
trata del único acercamiento de Truffaut a una temática
fantástica, algo común para los románticos. Aunque aquí estemos
más cerca de los postulados de la ciencia-ficción pesimista con
1984 de George Orwell como máximo exponente. Tal vez la película
muestre el costado más oscuro de Truffaut. Pero también puede
interpretarse como un acto de amor hacia los libros.
La
novia vestía de negro (La mariée était en noir, 1967)
Nueva
colaboración entre Truffaut y Jeanne Moreau, La novia
vestía de negro, que parte de la novela de William Irish, cuenta la
historia de una mujer que se dedica a asesinar a los hombres que
mataron accidentalmente a su esposo el mismo día de su boda. Es un
thriller y, a la vez, el más claro homenaje de Truffaut a Alfred
Hitchcock, por quien sentía una profunda admiración. Las cinco
víctimas son hombres comunes que intentan seducirla incapaces de
prever su destino. El suspense está dado por saber de qué forma
los va a matar. Es la única película de Truffaut en que la
violencia ocupa un papel destacado, aunque está más sugerida que
mostrada.
Nuevamente
encontramos una latente relación entre amor y muerte. La
protagonista de La novia vestía de negro mata, pero mata por amor.
Esto da pie a "una misantropía feroz, el fondo de un pozo
negro en el que se adivina que la soledad es irreversible y el amor
un fruto demasiado precioso para ser real".
Besos
robados (Baisers volés, 1968)
Tercer
capítulo en la vida de Antoine Doniel, el protagonista de
Los cuatrocientos golpes, ya que en el medio Truffaut realizó el
cortometraje Antoine y Colette (Antoine et Colette, 1962) que era un
segmento en el filme de episodios El amor a los veinte años (L’amour
a vingt ans, 1962) y que narraba la primera historia de amor de
Antoine. Aquí nos encontramos con el protagonista a los venticipico
recién echado del servicio militar, buscando trabajo y
cortejando a
Christine. El tono de Los cuatrocientos golpes está totalmente
olvidado, estamos en presencia de una comedia romántica que analiza
la relación trabajo-amor y la irracionalidad del amor.
Como
rasgo romántico podemos mencionar el gusto por lo grotesco y lo
absurdo, dado en los extravagantes trabajos que el protagonista
consigue: portero de edificio, detective privado (sic) y reparador
de televisores; y las desgracias que en cada uno de ellos sufre.
También la figura de Antoine Doniel se condice con la del héroe
romántico, expresado principalmente en la configuración byroniana:
apasionado, orgulloso, enamorado, perseguido por la fatalidad,
escéptico, caballeroso y noble.
La
sirena del Mississippi (La siréne du Mississippi, 1969)
Nueva
adaptación de una novela de William Irish, La sirena del
Mississippi narra una historia de amor enfermiza y dolorosa entre el
dueño de una compañía de tabaco que vive en una isla,
interpretado por Jean-Paul Belmondo, y una mujer que conoció por
correo y con la cual se casa, pero que en realidad no es quien dice
ser. Se destaca la progresión dramática, es decir, cómo el
discurrir de las acciones pone de manifiesto los más oscuros
sentimientos. La resolución es impactante, no por un acto de la
muerte, sino por un acto de amor.
Nos
encontramos ante otro estudio de la pasión por parte de Truffaut.
Pero ante una pasión absolutamente irracional, ya que el
protagonista sabe que su amada le mintió, lo engañó y lo estafó,
pero aún así no deja de amarla. Ella, interpretada con la habitual
belleza y frialdad de Catherine Deneuve, representa esa mujer
perversa, criminal y vengativa que también aparecía en Jules y Jim.
El
niño salvaje (L’enfant sauvage, 1969)
Segundo
filme de época de François Truffaut y primero basado en una
historia real. A su vez, significa un regreso al blanco y negro. Es
la historia de un niño privado de todo contacto con la sociedad que
es encontrado en un bosque y sometido a un proceso de educación en
la Francia de fines del siglo XVIII. Como dato curioso, el propio
Truffaut interpreta al doctor que toma bajo su cuidado al niño y lo
somete al procedimiento de enseñanza y aprendizaje, que sin embargo
deja de manifiesto las insalvables dificultades del lenguaje y la
abstracción.
En
esta película se toma de forma explícita la admiración hacia el
primitivismo del buen salvaje, concepto heredado de Jean Jacques
Rousseau. Y de alguna forma Truffaut se burla del privilegio de la
razón ilustrada como más tarde lo haría Werner Herzog en un filme
de temática parecida, El enigma de Kaspar Hauser (Jeder fur sich
und Gott gegen alle, 1974).
Domicilio
conyugal (Domicile conjugal, 1970)
Cuarto
capítulo de la serie Doniel. Nuestro protagonista, siempre a
las corridas, ahora está casado con Christine y sigue con sus
extraños trabajos. Primero como vendedor de flores y después como
controlador de modelos a escala de barcos que están en la maqueta
de un puerto de una empresa constructora norteamericana. Mientras
tanto nace su primer hijo. La película es un desfile de personajes
y situaciones tan o más disfrutable que el capítulo anterior, no
exenta de genialidad. También tiene un fondo dramático bastante
profundo, ya que narra la historia de una infidelidad.
Prosigue
el gusto por el absurdo y lo grotesco. Aquí representado en el
excéntrico vecino del que todos sospechan que es un asesino hasta
que lo ven en la televisión como cómico o en el exótico romance
que tiene Antoine con una mujer japonesa. También está
representada la idea del deseo de lo que no podemos tener, que el
protagonista sufre más de una vez.
Como
dato curioso podemos apuntar una frase de Antoine Doniel ante el
nacimiento de su hijo con respecto a su futura profesión: "Va
a ser escritor, será el próximo Victor Hugo". Como todos
sabemos Victor Hugo es el principal referente de la literatura
romántica francesa.
Las
dos inglesas y el amor (Les deux anglaises et le continent, 1971)
Segunda
adaptación que hace Truffaut de una novela de Henri-Pierre Roché,
el autor de Jules y Jim. Estas historias de amor entre un joven
francés, interpretado por Jean-Pierre Léaud, y dos hermanas
francesas suponen una especie de corrección del filme anterior. Se
impone ante todo un tono contenido, carente de adornos y florituras.
Pero no exento de belleza y sentimiento. Por otra parte representa
pasaje del siglo XIX al siglo XX respecto a la sexualidad. Por eso
el énfasis en la perdida de la virginidad. Las escenas de sexo,
bastante explícitas para Truffaut, están sin embargo lejos de los
estándares de la época marcados por filmes como El último tango
en Paris (Ultimo tango a Parigi, Bernardo Bertolucci, 1972) o
Pasión obsesiva (Turks fruit, Paul Verhoeven, 1973).
Persiste
la idea trágica del amor. Aquí representado en la enfermedad que
cobra la vida de una de las hermanas. También está presente la
noción de que el sujeto del deseo romántico inextinguible padece
una fiebre fatal, pues el deseo nunca alcanzará su objetivo de
fusión con el objeto.
Una
chica linda como yo (Une belle fille comme moi, 1972)
Esta
comedia, adaptación de una novela de Henry Farrell, narra la
historia de un sociólogo que prepara una tesis y para ello
entrevista a una mujer que está en prisión. Mezcla de Disparen
sobre el pianista, con sus bares y canciones y La novia vestía de
negro, con el retrato de una mujer criminal, Una chica linda como yo
intenta ser graciosa y alegre. No podemos decir que lo logra porque
su humor es más bien negro y satírico.
Como
único rasgo romántico podemos distinguir la admiración a tipos
marginales y rebeldes que no se integran. Se intenta entender al
criminal. Toda esta actitud es fruto del respeto al individuo, a la
persona.
La
noche americana (La nuit américane, 1973)
Con
este filme Truffaut ganó el Oscar a la mejor película extranjera.
Puede interpretarse como un acto de amor hacia el cine ya que narra
los avatares de la filmación de una película. El propio Truffaut
interpreta al director que siempre responde preguntas. Jean-Pierre
Léaud encarna a un enamoradizo actor. Lo cierto es que La noche
americana es un conjunto de citas y referencias cinéfilas que van
desde el conjunto de libros que pide el director donde aparecen
nombres como Buñuel, Lubitsch, Godard, Hitchcock, Hawks y Bresson,
hasta el sueño del propio director del niño que roba los afiches
de El Ciudadano (Citizen Kane, Orson Welles, 1941).
La
película funciona mejor en su primera parte, cuando adopta una de
las formas típicas de la literatura romántica, la tragicomedia,
con todos los problemas que aparecen durante el rodaje, que en su
segunda parte cuando se centra en las aventuras amorosas del equipo.
La
historia de Adele H. (L’histoire d’Adele H., 1975)
Isabelle
Adjani interpreta la heroína más decididamente romántica de
toda la carrera de Truffaut. El filme cuenta la verdadera historia
de la mismísima hija de Victor Hugo que siguió a un hombre por
medio mundo para que se casara con ella a mediados del siglo XVIII,
para recibir a cambio desprecio e indiferencia. Estamos en presencia
de otro estudio de la pasión y obsesión. Mezclando partes iguales
de locura y orgullo. Pero nunca condenándola por ello.
En
primer lugar hay que destacar la voluntad por el sufrimiento y esa
complacencia
por la enfermedad que constituye una característica
importante del alma romántica. La salud y la felicidad eran
consideradas aburridas y triviales, mientras que la enfermedad y la
desgracia eran un sigo de personalidad genial. La protagonista
parece enferma de amor. Por otra parte, en el amor romántico hay
una aceptación de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el
amor se deposita la esperanza en un renacer. En la película el amor
no correspondido funciona como camino a la degradación física,
material y espiritual. Para terminar acotar que la resolución no es
para nada complaciente.
La
piel dura (L’argent de porche, 1976)
La
vida de un grupo de niños en un pequeño pueblo francés,
entre la escuela, la familia y los amigos, es retratada de forma
magistral en esta historia que reúne drama, comedia y fantasía.
Truffaut hace uso de una sutileza y delicadeza en el trabajo con los
niños poco habitual. El resultado es un filme simple y bello.
La
película no duda en tomar por asalto el verosímil fílmico en la
mágica secuencia en que un bebé cae desde la ventana de un piso
alto y no se hace el menor rasguño. Esto se puede vincular con la
tendencia irrefrenable a escaparse fuera de las realidades,
característica de toda la obra de Truffaut, para quien las
películas son más armoniosas que la vida.
El
amante del amor (L’homme qui aimait les femmes, 1977)
Esta
comedia, sobre un hombre que recuerda sus aventuras amorosas
con el propósito de escribir una novela, arranca con el funeral del
protagonista, al que extrañamente concurren una gran cantidad de
mujeres. Se destaca el ejercicio meta discursivo cuando los editores
de la novela que ha escrito discuten sobre las contradicciones del
protagonista. La película tiene un tono alegre y festivo al
comienzo que va dejando lugar a otro más triste y melancólico en
la última media hora.
El
título no deja dudas, es toda una declaración de principios. El
filme es un acto de amor hacia la mujer. Pero también lo atraviesa
ese sentimiento trágico tan característicos de los románticos y
de Truffaut. El motivo de la muerte del protagonista termina siendo
anecdótico, lo importante es que muere.
La
habitación verde (La chambre verte, 1978)
Adaptación
de los relatos El altar de los muertos, Los amigos de mis amigos y
La bestia de la jungla de Henry James, La habitación verde
supone el tercero de los filmes de Truffaut protagonizado por él
mismo, esta vez en la piel de un periodista viudo que vive una
triste
existencia por el recuerdo de los muertos en pequeño pueblo
francés a fines de la década del 20 del siglo XX. Se trata de un
estudio sobre la necrofilia, sobre el amor y miedo a la muerte. Es
uno de los filmes más oscuros y góticos de Truffaut. Algo en lo
que tiene que ver el director de fotografía Néstor Almendros por
su particular tratamiento del color y la imagen.
Una
de las caras del Romanticismo fue una zambullida en lo oscuro, lo
bajo, lo lúgubre. El tema de la muerte estuvo siempre presente.
Rechazaron ver en ella una satisfacción o una solución. Trataron
de rebelarse contra ella. Por eso el protagonista "no entendía
la necrofilia como una práctica pasiva, debida primordialmente a
temas religiosos, tampoco como una obsesión fetichista, sino como
la búsqueda de un ideal absoluto que confunde la vida con la
muerte, y entender la misma como un acto de amor a los seres que le
abandonaron".
El
amor en fuga (L’amour en fuite, 1979)
Quinto
y último capítulo de la vida de Antoine Doniel. Ahora
divorciándose de Christine, de novio con Sabine y reencontrándose
con Colette, su primer amor. La película está construida a partir
de flashbacks de los cuatro capítulos anteriores cuya elección es
inobjetable, está lo mejor de lo mejor. Sin embargo hay poco para
contar, salvo que el protagonista pese al paso de los años no ha
cambiado.
Podría
interpretarse que el único rasgo romántico que tiene es la
nostalgia que surge al observar todos los momentos más importantes
de la vida de Antoine Doniel. Porque Truffaut no le reservó a su
alter ego un destino trágico, como a la mayoría de sus héroes
románticos.
El
último subte (Le dernier métro, 1980)
Si
La noche americana era un homenaje al cine, El último subte es un
homenaje al teatro. En París ocupada por los nazis, un grupo
de teatro intentara montar una obra. El director es un judío
alemán que se esconde en el sótano del teatro. Truffaut no se
destaca por los aspectos socio-políticos de sus historias. Por eso
aquí su enfoque queda algo desdibujado. La historia de amor que nos
ofrece es una de las más frías y desapasionadas de su carrera.
Aunque esconde una sorpresa final.
Para
resolver el triángulo amoroso en el que se ve envuelto la actriz
que interpreta Catherine Deneuve, Truffaut opta, como en Los
cuatrocientos golpes, por el final abierto. Pero a parte de eso, tal
vez sea uno de sus filmes menos románticos ya que "la Deneuve
representa un personaje de mujer burguesa que el romanticismo de
otras películas de Truffaut no terminaría de asimilar"
La
mujer de la próxima puerta (La femme d'à côté, 1981)
Esta
historia de amor fou entre un entrenador de navegación y una
escritora de libros para niños que se reencuentran como vecinos
luego de años, ambos ya casados, tal vez sea la película más
romántica de toda la carrera de Truffaut. Además de ser un
categórico estudio de la pasión, que no excluye la violencia y la
locura, es un filme rico en simbolismos y metáforas visuales a
partir de pequeños detalles, que confirma la depuración de la
técnica narrativa por parte del director.
El
romántico ama el amor por el amor mismo, y este le precipita a la
muerte y se la hace desear, descubriendo en ella un principio de
vida, y la posibilidad de convertir a la muerte en vida: la muerte
de amor es vida, y la vida sin amor es muerte. La resolución del
filme lo muestra claramente. A su vez, no estamos en presencia de un
amor racional y sometido al control de lo conveniente, sino un amor
desatado, furioso y ciego, que tiene poco que ver con la realidad y
que se ha convertido en un fenómeno subjetivo, de carácter
posesivo y neurótico.
Truffaut
reconocía que "el obstáculo entre los dos amantes no es aquí
el peso de la sociedad, no es la presencia de los otros, ni siquiera
la disparidad entre dos temperamentos muy distintos, sino, bien por
el contrario su similitud". Esto se ve en la escena en que
ambos intentan comunicarse por teléfono para arreglar una cita,
pero al hacerlo al mismo tiempo les da ocupado.
Confidencialmente
tuya (Vivement dimanche!, 1983)
Último
film de Truffaut y retorno al blanco y negro Confidencialmente
tuya es un thriller basado en una novela de Charles Williams sobre
un agente de propiedades acusado de un crimen que no cometió, que
tiene en su secretaria la única ayuda para resolver la verdad.
Aquí Truffaut juega sobre seguro con la referencia hitchcoiana y la
combinación con la comedia. De hecho la mezcla de géneros puede
ser el único rasgo romántico del filme. Ya que nos ofrece el final
más conformista y feliz de toda su carrera.
François
Truffaut murió en 1984 de un tumor cerebral. Tenía 52 años.
Atrás dejó 21 filmes que lo confirmas como uno de los autores más
distinguidos de su generación.
Conclusiones
Como
quedó demostrado existe una profunda relación entre la obra
de François Truffaut y los postulados del Romanticismo. En la
carrera del director existen películas de un Romanticismo radical y
extremo como Jules y Jim, La historia de Adele H y La mujer de la
próxima puerta. Otras de características nada despreciables como
Disparen sobre el pianista, La sirena del Mississippi o La
habitación verde. Pero como hemos visto en todos hay algún rasgo
romántico. Es cierto que los aspectos políticos y religiosos han
sido tratados de forma más bien elíptica en su obra a diferencia
de los autores románticos. De hecho en La noche americana, bromea
con ello, cuando un agente artístico le pregunta al director
interpretado por Truffaut: "¿Por qué no hace un filme
político?" Pero la balanza se inclina más hacia el lado del
Romanticismo que al de la mesura.
También
podemos afirmar que su carrera ha sido irregular, derivado del
movimiento pendular que buscaba: trataba de balancear las ficciones
de cierta adustez en el tono con otras más ligeras. Que la voluntad
rupturista después de Disparen sobre el pianista estuvo
prácticamente ausente. Pero no por eso su obra deja de tener
importancia y trascendencia. (*)
(*)
Fuente: Trabajo realizado por Juan José Alsinet en
el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento
Contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de Buenos Aires en el año 2002.
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Artículos
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