La
puesta en escena es
la concreción visible del ‘mundo ideal’
del autor - ilustrando
un estado particular del personaje o bien resolviendo situaciones
narrativas - ‘siempre’ se transforma en un material plástico
fundamental (1).
En
éste trabajo recorreremos la narratividad de los ‘espacios
creados’ por Torre Nilsson en La mano en la trampa, un film
de 1961 (2). En él, al igual que en otros como La casa del ángel
( 1957) y La caída ( 1959) - todos ellos basados en textos
literarios de Beatriz Guido - se manifiesta cierta búsqueda en
común, el espacio en tanto signo en el relato desempeñará una
triple función: referencial, deíctica (3), y anafórica (4). El espacio
será entonces un organizador, un propagador e intérprete de los
indicios, de los personajes, y de la acción, su resultado en imagen
pondrá en evidencia el mundo trastocado que el realizador busca
imponer; "todas esas películas tienden a mostrar el
contraste entre soledad y sociedad" (5) y es en el tratamiento
de cámara y en el estilístico donde se confirma.
Es
indiscutible la importancia que tiene para el director el nivel de
la historia en sus películas – pensemos su recurrente
elección de obras literarias como textos a priori -pero se
demuestra una inquietud estética que la trasciende ( al menos en
ésta época) y que nos permite pensarlo como una figura autoral
paradigmática de la industria cinematográfica argentina en las
décadas que promedian la mitad del siglo XX.
La
delación de la cámara en el relato fílmico a manera de comentario
‘meta-textual’ nos remite a pensarlo como un autor que se sabe
creador y que constantemente abre marcas en la propia obra,
denunciando la materialidad del texto ( fílmico), distanciándose
así del registro neutro que operaba en el ‘cine clásico’.
De
algún modo cada película ratifica su manera de entender el arte
cinematográfico y su rol como artista
"Creo
que nada existe si no hay director, todo lo demás es una cosa
casi informe, es como decir la naturaleza y el artista; todos
los elementos están en la naturaleza y el artista es el que le
da un sentido estético a cada uno... En una obra
cinematográfica hay un ser responsable, nosotros lo llamamos
director". (6)
El
análisis concreto de la obra - considerada como lugar intertextual
- nos permitirá dilucidar su sentido ( abierto, polisémico) como
producto en relación a su entorno cultural y recuperar su destino
de discurso.
El
itinerario que desarrollaremos tendrá en cuenta analizar la
configuración espacial (7) que nos ofrece La mano en la trampa
en tanto obra; evidenciar los mecanismos que su autor utiliza para
esbozar una preocupación constante - de alguna manera ‘metafísica’
– el problema de la soledad del hombre y su incomunicación con
el medio; y recuperar la instancia de ‘denuncia’ que como
discurso hace en relación a la sociedad argentina del momento.
Breve
itinerario del relato.
Hablar
de espacio nos remite a pensar en la puesta en escena que,
como lo esbozamos en las primeras líneas, consiste en la organización
de un espacio de representación (8). Para ello creemos necesario
detenernos en el primer principio de organización que propone éste
relato, los créditos.
Los
créditos del film se desenvuelven sobre una imagen fija, un plano
detalle de rostros fragmentados, su textura granulada semeja una
escultura en piedra, el femenino acerca sus labios al masculino.
Como imagen, nos instala en una puesta en abismo, una
representación artística mostrándose en el plano fílmico (
cuadro dentro del cuadro), he inmediatamente nos inscribe dentro de
una ‘prohibición’: los rostros presentados están cortados en
la parte superior, ‘carecen’ de ojos. El rostro, lugar de la
mirada, "lugar desde donde se ve y desde donde se es visto a
la vez, razón por la que es el lugar privilegiado de las funciones
sociales – comunicativas, intersubjetivas, expresivas,
lingüísticas – también soporte visible de la función más
ontológica: el rostro es del hombre" (9), se nos escamotea.
Esta suerte de daño de alguna manera nos ‘dispone’ (
predispone) al fracaso, funciona como indicio de ésta ‘trampa’
que urdirá el relato, y a nivel meta- textual nos permitirá pensar
como la era moderna no sólo ha sido promotora de la constitución
del rostro ( en tanto representación ) sino también es la de su
derrota.
Sumado
a éste tratamiento en la imagen fija, la banda sonora presentará
alternadamente dos tipos de melodías - que tendrán su
justificación diegética en la secuencia final - induciendo en el
espectador la conciencia de la materialidad del texto,
desconstruyendo ya desde ésta instancia toda impresión de
realidad.
Esta
observación muestra un acto de pre-meditación, acto que se
contempla en el libro cinematográfico,
"un
libro donde están involucrados elementos que hacen
específicamente a dos procesos posteriores: filmación y
montaje. Allí estará previstos gestos, sonidos, imágenes; la
intención de la luz y del sonido. Cada una de esas relaciones
tendrá eficacia no por su resolución en sí, sino por la
resolución de eso hecho en su relación con el todo"
(10)
La
apertura del film propiamente dicha es la que nos pone frente a un
primer espacio interno el de la ‘escuela –convento’ espacio
arquitectónico (11) que se resuelve con una serie de planos
generales y de conjunto, de referencia al espectador. Esta suerte de
prólogo nos instalará nuevamente frente a una representación
dentro de la representación (12), un acto escolar dirigido por las
regentes religiosas del mismo. La escena cerrará en un acercamiento
de cámara que proyectará en la pantalla la imagen de una virgen
(13), espacio
pictórico construido a manera de tableau vivant (14), donde
el encuadre simula ‘una estampa’, la elección de ésta forma de
un conjunto – configurando una estructuración significante – se
propone a la contemplación del espectador. Esta escena que cierra
en sí misma, abandonando un espacio al que no se regresará, tiene
un alto valor simbólico en el drama que se va a recorrer una vez
que la protagonista – Laura - ingrese a ese otro espacio
arquitectónico, la casa, espacio interno del que no saldrá.
La
escenografía (15) nos determinará a lo largo de la obra la identidad de
Laura como sujeto, las imágenes precedentes tuvieron como finalidad
(16) entonces, no sólo acercarnos a nuestra comprensión la
significación de que son vehículos, sino que creó una percepción
particular del personaje ( en tanto objeto ).
Torre
Nilsson en La mano en la trampa presentaría nuevamente las
consecuencias de una concepción puritana y religiosa sobre los
problemas de la adolescencia; al igual que en la casa del Angel vuelve
sobre sus dibujos de una familia en situación de riesgo interior,
donde lo perverso es inherente a las relaciones entre sus
participantes.
Vale
recordar también el contexto histórico en el que se inscribe el
film. Argentina estaba bajo la presidencia de Arturo Frondizi, un
tiempo donde: "se justificaba las concesiones a otros
"factores de poder" en cuestiones juzgadas secundarias,
como a la Iglesia, el campo de la enseñanza..." (17)
Las
angulaciones de la cámara, picados y contrapicados sutiles y
pronunciados sobre la protagonista a lo largo del relato, así como
los reiterados planos donde la composición insiste en devolvernos
una figura atravesada por barrotes que en primer plano cruzan el espacio
pictórico de la imagen, son indicios de la inminente
victimización de la niña – mujer dentro de esa trampa, todo esto
reforzado con el tratamiento que se llevará adelante de la casa,
espacio que se leerá sucesivamente como cuerpo – coraza –
cárcel.
La
casa, lugar de lo siniestro, espacio del caos; al igual que en otros
films éste espacio será el escenario del costumbrismo
expresionista, la ‘casa trampa’ (18).
Es
de ésta percepción particular de la que pretendemos dar cuenta en
éste trabajo,
"de
la falsificación de las apariencias puesta en escena, su
composición y su manipulación en serie, instrumentos
utilizados para construir un ‘sentido de realidad y para dar
lugar a ‘otra’ realidad, menos prolija, y visualmente más
eficaz e interesante, del mundo habitual. Resultado de la
tendencia del cine hacia la creación, y no hacia la
reproducción;
hacia la falsificación y no hacia el registro; hacia la
ilusión y no hacia la restitución".
(19)
Esta
‘renovación’ que inicia en el cine argentino a mediados de la
década de 1950 modifica no sólo la configuración de los relatos
sino que a su vez las condiciones de recepción; las obras exponen
sus procesos - fragmentación, opacidad - valorizando el trabajo
reflexivo del espectador, la instalación ahora en la incertidumbre,
descompone el orden, y a través de la angustia instala la duda.
Hablar
de un orden o de la descomposición del mismo, nos lleva a pensar en
una nueva composición íntimamente emparentada en primer instancia
con el arte de encuadrar; ‘acto’ por el que se escoge un
fragmento de la realidad, se selecciona la forma de un conjunto
configurando así una estructuración significante que se propone a
la contemplación del espectador. Torre Nilsson suele trabajar con
encuadramientos insólitos (20), una tensión que introduce un punto de
ironía, y que denota en el cuadro la mirada que lo construye como
tal.
A
lo largo de la primera secuencia del film desde el primer ingreso de
Laura a la casa, el encuadre persevera en primeros planos de la
niña - mujer cortados por alguno de sus lados, donde la
iluminación acompaña ésta ‘atmósfera’ desdibujando los
contornos, creando una textura superficial exagerada. En tanto, la
palabra dentro del espacio fílmico creado, funciona como el
lugar de corroboración. Uno de los innumerables ejemplos lo
encontramos en la primer salida de Laura de la casa, cuando Miguel (
Leonardo Favio) comenta " ...¿ ya te largaron ?...
" , palabras que ratificarán el mapa cognitivo creado hasta el
momento en el espectador.
Todos
los ingresos a la propiedad despliegan la misma composición una y
otra vez, la cámara desde dentro en picado mostrará a Laura
detrás de los barrotes del pórtico, detrás de los barrotes de la
puerta de entrada a la casa propiamente dicha, detrás del barandal
del balcón terraza, detrás de los numerosos ventanales de vidrio
repartido que pueblan la mansión.
"La
concepción fílmica presenta, pues, un espacio arquitectónico
fragmentado en grupos de concepción pictórica o escultórica,
definidos con una intención precisa: proporcionar al espectador
una "atmósfera" – en el sentido expresionista –
mediante la utilización y composición de objetos
sugerentes".
(21)
El
jardín será otro de los sectores de éste laberinto engañoso,
como lo será cada locación interna de la mansión y el
invernadero, último espacio arquitectónico mostrado, dentro
de ésta gran topografía que configura la propiedad de la familia
patricia.
Creemos
necesaria ésta descripción ya que para entender un personaje, en
una puesta en escena, es esencial relacionarlo con su decorado, en
el cual sus gestos y discurso alcanzarán un significado preciso. A
partir de la representación, perspectiva del espacio que sitúa y
valora a los personajes situados delante de él, la
escenografía determina la identidad de cada sujeto.
Sumado
a lo anterior, la luz por su parte, abriéndose lugar
empecinadamente entre las penumbras que la amenazan, se ubica en el
rostro de la protagonista ayudando a ilustrar el ambiente agobiante
en el que está sumergida.
El
cuadro se completa con una melodía en off, la omnipresente
máquina de coser que suma opacidad al clima. Como vemos la
topología espacial se complejiza desdoblándose en una imagen
sonora tan presente ( cargada de una fuerte función indicial ) que
permite la referencia en palabras del personaje, Laura dice: "...escuchas
el silencio..." cuando se detiene.
El
film se instaura entonces desde el punto de vista de su puesta en
escena, como la representación audiovisual de una diégesis a
través de una red de enunciaciones que, revelando una intención,
hacen evidente el plano del discurso. (22)
Necesariamente,
en tanto encuadrar es una operación selectiva, implica también una
escisión material del espacio: entre lo que es mostrado y lo
que es vedado. En la escritura de Torre Nilsson el campo
se erige fuerte y así también, el fuera de campo, esto se
concretiza en el film de diversas maneras. Por un lado desde la
constante mirada de Laura que lo incorpora, sus ojos llenos de
estupor serán el espejo de ésta realidad siniestra que la circula;
la casa, lugar donde se ‘esconde’ las vergüenzas y las
desgracias se transformará por decisión propia en ese pueblo con
nombre de cárcel, Alcatraz, donde ella tiene "tanto
por hacer".
Laura,
al igual que una agonista trágica, insistirá en develar
lo vedado. Como Penteo (23) incurrirá en hamartia (24) al ver más
allá de lo permitido en esa suerte de culto mistérico de las que
sólo sus tías son participantes y caerá como la última víctima.
Distintos
planos de conjunto – descriptivos - de la escalera y sus tías en
los límites del cuadro clausurando los lugares de acceso dan cuenta
de la situación: éstas mujeres adultas, ‘iniciadas’ son las
portadoras de la prohibición - " nadie debe verlo, las
vergüenzas no se exhiben" – y de la amenaza – " nadie
está libre de desgracias", y Laura no es la excepción. Un
plano general en un marcado picado donde nuestra protagonista queda
pequeña paseándose por el gran salón junto a una linterna, única
luz que invade los próximos planos detalles de objetos y fotos que
formarán parte de éste rompecabezas que está por cobrar su propia
forma la trampa, es la ratificación de la indefensión total por la
que atraviesa y anticipa el desenlace trágico.
Por
otro lado, el fuera de campo se hace presente desde los
planos de conjunto que reiteradamente muestran la ventana de la
planta alta, o por el repiqueteo de la máquina de coser que
presentiza de alguna manera la figura de lo ‘vedado’, lo
prohibido, Inés.
El
emplazamiento de los objetos en el escenario cinematográfico
entonces, será más significativo en función del recorrido de sus
personajes, puesto que configura la puesta en escena de la
secuencia.
Como
vemos los objetos juegan una función de índices o símbolos
respecto a los sentimientos o intenciones de los personajes.
Laura
ya no gustará – a su amigo / cómplice - una vez que haya visto
lo que vio al subir a hurtadillas por el montacargas, desde ese
instante será ‘otra’, ‘la otra’. Momento donde la palabra
vuelve a funcionar como corroboración, "ésta casa es lo
más parecido a un cuento de fantasmas que he visto" dice
Miguel, intervalo donde como espectadores corroboraremos la metabolé
( cambio de fortuna) de nuestra heroína.
La
elección compositiva que muestra el ingreso de Laura al espacio de
veda pone en evidencia la ‘trasgresión’ del personaje, la
cámara elige estar dentro del espacio prohibido y recibir a la
intrusa a la que se la muestra abriendo las puertas del montacargas.
De ahí en más, se sucederán una serie de planos cortos de su
rostro fragmentado, desdibujado por la iluminación – que en
principio demostrarán la inestabilidad emocional en la que ha
entrado nuestro personaje - y una serie de contraplanos delineando
en detalle los diferentes objetos del cuarto, objetos que cobrarán
una densidad simbólica en la secuencia desenlace. Hasta el momento
sólo se descubre a Inés como un cuerpo que se mueve entre los
velos blancos que cuelgan de su cama, parte del secreto prohibido.
Como
corroboramos hasta aquí, todos los fragmentos silentes en los que
Laura recorre las habitaciones, valorizando todos los objetos y
describiendo los espacios en su desplazamiento duran unos breves
minutos pero condensan en su intensidad todos los días de orgullo,
vergüenza, cautiverio – elididos - anteriores y anticipa
metafóricamente el posterior relato. Todo lo que ella mira y toca
es inmediatamente investido de significación.
Dentro
de éste breve recorrido - propuesto desde el funcionamiento de la puesta
en escena- no podemos dejar de pensar en el vestuario, bajo los
mismos supuestos analíticos que los decorados en cuanto coherencia
y funcionalidad expresiva. Los vestidos son importantes para
entender las alteraciones de conducta y las metamorfosis de los
personajes. Laura, nueva víctima en éste sacrificio está vestida
de blanco a lo largo de todo el relato, blanco que se enfrenta al
negro del vestuario de sus tías, blanco color que la emparentará
con Inés. El único blanco accidental, el de la ‘novia –
clienta’ dentro de la casa, funcionará como indicio, anticipando
parte de un relato posterior, la novia de Módena, Inés, ¿
Laura ?
La
obra en su entramado textual, no deja de trabajar con la puesta
en abismo como recurso estético, otra demostración evidente de
una representación artística de la realidad en el plano fílmico
de alto valor simbólico es la aparición de la escultura "La
Venus y el tigre", que aparece en un primer momento en el flash
– back de Inés al recordar el entierro del opa y que
reaparecerá en el momento de su muerte. La cámara se instala en
ese objeto, marca del cautiverio, punto de partida y de retorno de
ese periplo que vemos proyectado en Laura, orgullo - vergüenza -
horror, lugar de muerte, única salida cuando se deja de lado
"las convicciones y la dignidad" . Una imagen no
arbitraria, la Venus diosa del amor, sinónimo de belleza (
Inés pasada, Laura presente ) pero por sobre todas las cosas de ‘peligro’
tras el prisma enfermizo y deformador de la represión de la Iglesia
Católica constituida, al ser vista como la madre de la sexualidad.
Y
nuevamente, la palabra, lugar de corroboración y anticipación,
mientras Inés enfrenta al espejo que nos devuelve la imagen de
Laura, dice: " lo que importa es salvar tu dignidad, en
éste país de inmigrantes es lo único que cuenta", "
El amor es
vergüenza y espanto cuando no está bendecido... el hombre aborrece
el amor fuera del matrimonio... le da vergüenza, humillación, yo
lo sé bien..."
A
ésta altura de los acontecimientos, como espectadores, sabemos que
Inés ha llegado tarde, Laura ha caído definitivamente, Laura ya es
Inés desde el momento que fue tomada por Cristóbal en el
invernadero, sólo falta esperar su anagnórisis (25). Es aquí
cuando comenzamos a otorgarle el valor simbólico a la puesta en
escena precedente, donde la cámara jugó con sus angulaciones,
se detuvo en los primeros planos de ese ‘acto’ ritual donde El
se quitó los gemelos, se aflojó la corbata, se preparó para
hacerse con la dignidad de Laura como lo había hecho veinte años
antes con la de Inés. Allí, entre una atmósfera que repitió en off
la música de los créditos, y una luz que dibujó penumbras
más profundas, comprenderemos también que la novia de Módena
es esa mujer de la planta alta, y que esos tules que la rodeaban
serán su próxima mortaja.
"Ahora
verás a tu novia de Módena" dijo
Laura, he inmediatamente un plano del cielo en tormenta (como
pretexto diegético) introdujo un tiempo atmosférico que anticipó
el desenlace del cuarto, el tiempo de la muerte, de la acusación
" asesina", " no te conformaste con andar espiando
tuviste que meter la mano también".
Laura,
necesita salir de allí, de la casa ( como si fuera posible ) y el
momento esperado sucede, la anagnórisis deviene cuando en un
espejo otro, el del departamento, se reproduce la habitación de
Inés - como espectadores reconocemos esa voz que nos decía "
ya sos parte de éste cuarto" - y nuevamente ese ruido
omnipresente invade el cuadro, es la máquina de coser que ha
comenzado a ‘tocar’...
Cierre.
"La
mano en la trampa, es una historia donde va a aparecer el orgullo,
el prejuicio, la mentira, el pecado" (26)
decía
su director en una serie de entrevistas previas a su filmación.
Como
lo hemos tratado de mostrar en el recorrido de éstas páginas,
ésta actitud queda delineada en las cualidades formales que el
relato expresa desde su configuración espacial en el funcionamiento
de su puesta en escena. Resultando una imagen que mueve a la
emotividad, describe las potencialidades de las emociones en
conexión con el espacio y los objetos, producto de la modalidad
compositiva que se puso en juego.
La
figura de Torre Nilsson en la cinematografía argentina de éstos
años era la de aquel que trajo el reconocimiento internacional.
Miembro de la burguesía, paradójicamente se propuso como su
crítico ante la reiteración de mostrarla como una clase en
aislamiento y decadencia, donde la mojigatería y la seudomoral, su
estatismo político y sus métodos de conservación del poder eran
la base de sus tramas cinematográficas.
La
atmósfera ‘creada’ en éste film, como en La casa del Angel y
La caída entre otros, muestra la decadencia, la intensa
represión sexual , que como lo reconocen ciertos autores, deviene
metáfora de la manera en que las normas sociales se ejercen sobre
la gente. El amor es imposible y el sexo es siempre violento,
destructivo.
La
mano en la trampa
de alguna manera afirma lo que el director tiempo después va a
expresar en un escrito publicado en la Revista de Cine, "A
la sociedad parece no molestarle la existencia de ciertas miserias
sino la alusión a la existencia de esas miserias..."
Y
el cine, como objeto, será entonces el lugar del desentrañamiento
de esa verdad, lugar del buceo,
la duda y el grito.
|
FICHA
TÉCNICA. (27)
La
mano en la trampa. (
Blanco y negro, 1961.)
Pr:
Néstor R. Gaffet – Leopoldo Torre Nilsson, para PRODUCCIONES
ANGEL ( Buenos Aires, Argentina) – UNINCI ( Madrid – España);
pr.e: Juan Sires; dist: Producciones Angel; r: Leopoldo Torre
Nilsson; a.r: Orlando Zumpano; l.c: Leopoldo Torre Nilsson –
Beatríz Guido – Ricardo Muñoz Suay – Ricardo Luna, sobre la
novela homónima de Beatríz Guido; f: Alberto Etchebehere; m: y d.m:
Atilio Stampone; e: Oscar Lagomarino; mtj: Jacinto Cháscales; s:
Mario Fezia y Alfredo Lee Douglas Poole; ext: Adrogué ( Pcia.
Buenos Aires); rod: 1960; estr: 8-6-61, Normandie. Elenco: Francisco
Rabal ( Cristóbal Achával), Elsa Daniel ( Laura Lavigne), Leonardo
Favio ( Miguel), Berta Ortegosa ( María Marta Lavigne), Hilda
Suarez ( Lisa Lavigne), Enrique Vilches, María del Pilar Armesto,
María Puchol, Mirko Alvarez, Mariela Reyes, Carucha Lagario, Lola
March, Alejo Rodríguez Crespo, Beatríz Matar, Hugo Caprera, Mirtha
Dabner, Pedro Clavier, Francisco Iribarren, Rosemarie Allers, Ramona
Lloveras, María Rosa Gallo ( Inés Lavigne).
|
BIBLIOGRAFÍA
A.A.V.V,
1998, Leopoldo Torre Nilsson. Selección de escritos y
entrevistas. Buenos Aires, EL CINÉFILO.
Aumont,
J. 1992, La imagen. Barcelona, Paidós.
Aumont,
J. 1998, El rostro en el cine. Barcelona, Paidós.
Bernini,
E.2000, "Ciertas tendencias del cine argentino. Notas sobre
el ‘nuevo cine argentino ( 1956-1966)." En: Revista Kilómetro
111 Nro. 1, Buenos Aires.
Bettettini,
G. 1975, Producción significante y puesta en escena.
Barcelona, Gustavo Gili.
Casetti,
F. / Di Chio, F. 1983, Cómo analizar un film. Barcelona,
Paidós.
España,C.
1998, " Emergencia y tensiones en el cine argentino de los
50s." , California, Nuevo Texto Crítico.
Gaudreault,
A. / Jost, F. 1995, El relato cinematográfico. Barcelona,
Paidós.
Ghelli,
N.1959 Estética del cine. Madrid, RIALP.
Groupe,
µ. 1993, Tratado del signo visual. Madrid, Cátedra.
Romero,
L. 2000, Breve Historia Contemporánea de la Argentina.
Argentina, Fondo de Cultura Económica.
Torre
Nilsson, L. 1985, Torre Nilsson por Torre Nilsson. Selección
y prólogo de Jorge Miguel Couselo, Argentina, Fraterna.
Vila,
S. 1997, La escenografía. Cine y Arquitectura. Madrid,
Cátedra.
NOTAS:
(1) Definición
general de Nino Ghelli en su Estética del cine.
(2) Film que conquistó el
gran premio de la crítica en el festival de Cannes, la distinción
más importante obtenida por el cine argentino en el exterior hasta
el momento.
(3) Nos remite a una
instancia de enunciación
(4) En la medida que nos
puede remitir a otro signo espacio.
(5) Torre Nilsson, 1998, 40.
(6) Torre Nilsson, 1998, 30.
(7) Utilizaremos el modelo
propuesto por Eric Rohmer en su análisis del Fausto de
Murnau, y su clasificación del espacio en: espacio pictórico,
espacio arquitectónico y espacio fílmico. Al espacio
pictórico lo define como "el de la imagen proyectada en
la pantalla", la imagen cinematográfica entendida como
representación del mundo, donde se analizará la iluminación, el
diseño y las formas. Al espacio arquitectónico lo delimita
como aquello que existe previo a la filmación ya sea natural o
construido y al espacio fílmico como el ‘espacio
virtual’, construido en la mente del espectador a partir de
los elementos que la película proporciona.