EL
SURREALISMO SEGÚN HITCHCOCK
Por
Verónica Ferrari
"El cine es un arma maravillosa si lo maneja un espíritu
libre. Es el mejor instrumento para expresar el mundo de los sueños,
de las emociones, del
instinto. El mecanismo productor de imágenes cinematográficas,
por su modo de funcionar, es entre todos los medios de expresión
humana, el que más se parece al de la mente del hombre, o mejor aún,
el que mejor imita el funcionamiento de la mente en estado de sueño."
Luis
Buñuel
Introducción
El
propósito de este trabajo es establecer vínculos entre los
principales postulados del surrealismo y parte de la obra de Hitchcock.
Se hará hincapié en films tales como Spellbound
(1945) y, especialmente, Vértigo
(1958). La hipótesis en torno a la cual girará el trabajo no
plantea que la filmografía del director británico sea
fundamentalmente surrealista sino rastrear en sus films cuestiones
relacionadas con el mundo onírico, los procesos inconscientes, el
psicoanálisis, aspectos todos fundamentales en los postulados del
surrealismo.
Para
esto, en un comienzo se situará a este movimiento en el contexto
histórico del surgimiento de las vanguardias en la primera mitad
del siglo XX. Luego se hará referencia puntualmente al
surrealismo, tomando principalmente los postulados de André
Breton.
Por
último, teniendo en cuenta lo que fue la experiencia surrealista
en el cine, principalmente a través de las realizaciones de Luis
Buñuel, se analizarán los aspectos surrealistas presentes en
parte de la obra hitchcockiana.
El
fenómeno de las Vanguardias
En
el libro Itinerarios de la
Modernidad Nicolás Casullo define a las vanguardias como un
fenómeno eminentemente moderno, que abarcaba las dimensiones de
lo social, el arte y la política. Señala como contexto de su
surgimiento a la primera mitad del siglo XX. Y caracteriza a esa
época como envuelta en un proceso de aceleración de la historia
a causa de avances técnicos, de un desarrollo de las fuerzas
productivas y logros científicos. Describe al período como
signado por una sensación de posibilidad de ruptura, de pasaje a
otro momento histórico, un momento que Casullo define como
post-burgués. Señala entonces que en determinados sectores surge
la “(…) necesidad de constituirse en avanzada para ese tránsito
de un tiempo a otro(1).”
Como
epicentro de este surgimiento de las vanguardias está la guerra
europea de 1914-1918 que pone fin al siglo XIX y da comienzo al
verdadero siglo XX. “La guerra devastadora, que termina con un
ideal decimonónico de mundo liberal burgués y que va a dejar,
por el contrario, la desolación, vacío, la pérdida de sentido
de lo hasta ahí legitimado como promesa civilizatoria en nombre
de la razón y el progreso humano. Donde van a emerger variables
de vanguardias artísticas, estéticas, que van a ser demoledoras
en la crítica a ese mundo burgués (…)(2)”.
En
la concepción de arte que tenían estos sectores pertenecientes a
la vanguardia artística era muy estrecho el vínculo con la acción
política.
“La
vanguardia artística es básicamente una experiencia grupal que
se da en el campo del arte, de artistas relacionados con ideas políticas,
con sus propias experiencias estéticas; que pueden estar
constituidas por gente que esté en un único medio de expresión
estética, plásticos, escritores, cineastas; o que también
pueden cruzar sus experiencias estéticas(3).”
En
el concepto de vanguardia lo que estaba implícito era la noción
de ruptura. “(…) emerge claramente para la intelectualidad de
ese momento, para el artista, el pensador, para aquellos que
conforman el mundo de las ideas, dos visiones: por un lado la visón
de que la catástrofe cultural, espiritual aconteció, y con ella,
la muerte o al menos la agonía de esta narración de la razón
burguesa ilustrada que había prometido la vida plena en la
autonomía del individuo asumiendo su definitiva libertad(4).”
La
consigna de estos movimientos que pretendían diferenciarse del
arte institucionalizado burgués, el arte clásico y el buen gusto
era integrar el arte a la vida. Las figuras de las
vanguardias serán, entonces, según Casullo “(…) la
prostituta, el enfermo, el marginal, el corrupto, la violencia
social, el cuerpo desnudo femenino como mercancía sexual, lo
procaz, la desesperación existencial, los valores insurgentes de
la bohemia, la soledad en la muchedumbre urbana, la incomunicación
humana, la angustia de la falta de sentido, la guerra, la muerte
horrorosa, los cuerpos mutilados, el absurdo, lo informe, lo
desarticulado (5).”
La
liberación del inconsciente, de la experiencia reprimida, es otro
aspecto fundamental y es ahí donde aparecen los vínculos con la
obra de Freud.
El
Surrealismo
El
surrealismo fue uno de los movimientos más importantes del fenómeno
de las vanguardias. Tuvo su apogeo durante los años veinte y
principios del treinta. En la literatura sus principales
exponentes fueron André Bretón, Guillaume Apollinaire,
Louis Aragon, Paul Eluard, Robert Desmos, Benjamín Peret. También
adoptó otras formas de expresión como la pintura, la escultura,
el cine, la fotografía.
Con
la publicación en 1924 del Primer Manifiesto escrito por André
Breton se puede hablar de un surgimiento oficial del movimiento:
“(…)
Soupault y yo designamos con el nombre de surrealismo la nueva
forma de expresión pura de que disponíamos, y de la cual nos urgía
hacer partícipes de nuestros amigos (6).”
Mario
De Micheli al caracterizar al surrealismo comienza marcando una
distancia con el movimiento Dadá: “El surrealismo se presenta,
a su vez, proponiendo una solución que garantice al hombre una
libertad realizable positivamente. Al rechazo total de Dadá, el
surrealismo lo sustituye con la búsqueda experimental científica,
apoyándose en la filosofía y en la psicología. En otras
palabras, opone al anarquismo puro un sistema de conocimientos(7).”
SURREALISMO:
Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar
tanto verbalmente como por escrito o de cualquier otro modo el
funcionamiento real del pensamiento. Dictado por el pensamiento,
con exclusión de todo control ejercido por la razón y al margen
de cualquier preocupación estética o moral (8).
ENCICLOPEDIA:
Filos. El surrealismo se basa en la creencia en la realidad
superior de ciertas formas de asociación que habían sido
desestimadas, en la omnipotencia del sueño, en la actividad
desinteresada del pensamiento. Tiende a provocar la ruina
definitiva de todos los otros mecanismos psíquicos, y a
suplantarlos en la solución de los principales problemas de la
vida (9).
El
surrealismo planteaba una nueva toma de posición ante el arte, el
hombre y la sociedad, entre la fantasía y la realidad.
De
Micheli al referirse a la técnica del automatismo indica que en
el surrealismo nos encontramos con el desarrollo máximo del
principio de la inspiración.
En
el manifiesto Bretón sienta las que serían las bases del
movimiento al afirmar que: “Es indispensable instruir el proceso
contra la actitud realista” (10).
El realismo para Breton implicaba la mera observación, una
actitud que según su concepción era hostil a todo vuelo
intelectual y ético.
En
un ensayo publicado en 1928, El
Surrealismo y la pintura, el escritor francés, señalaba:
“Una
concepción demasiado estrecha de la imitación planteada como
finalidad del arte, constituye el origen del grave malentendido
que se ha ido eternizando hasta nuestros días. Basándose en la
idea de que el hombre solo es capaz de reproducir, más o menos
felizmente, la imagen de lo que lo emociona, los pintores se han
mostrado demasiado conciliadores en la elección de sus modelos.
Se cometió el grave error de pensar que el modelo sólo podía
ser tomado del mundo exterior.”(11)
Por eso en contraposición con esa concepción realista del arte
hace una encendida defensa de lo maravilloso. Así lo señala De
Micheli:
“(…)
la pintura surrealista tiende también a alcanzar otro resultado:
a crear un mundo en el cual el hombre encuentre lo maravilloso. Un
reino del espíritu donde se libere de todo peso e inhibición, de
todo complejo alcanzando una libertad inigualable, incondicionada
(…)(12) ”.
Y
acá es donde aparece un elemental fundamental para analizar al
movimiento: el sueño.
“En
ese maravilloso se nos concede una anticipación de aquella
libertad total que está en la perspectiva de la fusión del sueño
con la realidad, o de la realidad con el sueño, fusión que
devolverá a los hombres, finalmente, su integridad (13).”
Lo
onírico juega un papel fundamental en el arte surrealista. El
artista del futuro que propugnan superarara la separación entre
sueño y vigilia:
“(…)
¿por qué no otorgaré al sueño lo que rehúso a veces a la
realidad, es decir este valor de certidumbre en sí misma, que en
su oportunidad, no esté expuesto a mi repudio? ¿Por qué no he
de esperar del indicio del sueño más de lo que espero de un
grado de conciencia cada día más elevado? ¿No podría aplicarse
también al sueño la resolución de los problemas fundamentales
de la vida? (…) (14).”
Y
vinculado con la importancia que le atribuían al sueño aparece
el lugar prominente otorgado a la psicología, puntualmente a la
obra de Freud y sus desarrollos sobre el inconsciente. En una
entrevista de 1935, Breton, lo explicita: “(…) el surrealismo
atribuye una importancia particular a la psicología del sueño
tal como Freud la ha explicado.”
Los
surrealistas planteaban dos dimensiones en cuanto a la revolución
que propugnaban. Por un lado un plano social. Acá se tomaron los
desarrollos de Marx, el compromiso político, los vínculos con el
PC francés. Y por el otro lado la revolución individual donde
las teorías freudianas jugarían un papel fundamental.
En
el Manifiesto Breton manifiesta haber estado totalmente absorbido
por Freud y que se había familiarizado con sus métodos cuando
trabajaba de auxiliar en un hospital, durante la Primera Guerra
Mundial. Planteaba que gracias a estos métodos la
imaginación estaba a punto de reconquistar sus derechos. “Si
las profundidades de nuestro espíritu cobijan fuerzas
sorprendentes, capaces de acrecentar las que existen en la
superficie, o de luchar victoriosamente contra ellas, hay un
justificado interés en captarlas; en captarlas primero para
someterlas después, si conviene, al control de la razón(15)”.
De
Micheli lo plantea en estos términos:
“Freud
brindó algunas armas insustituibles a esta revolución que se
debe realizar en el individuo, con sus estudios particulares sobre
la psicología del sueño, y, de una manera más general, con
todas sus exploraciones en la vida de lo inconsciente(16).”
Los
surrealistas creían en un futuro estado superador, que implicaba
una
fusión de estados que se presentaban como contradictorios: sueño
y realidad. Este estado al que aspiraban lo definían como una
suprarrealidad. Ya que consideraban que el sueño ocupaba en la
vida del hombre una porción tan importante como el estado de
vigilia.
“Con
toda justicia, Freud ha centrado su critica sobre el sueño. Es
inadmisible, en efecto, que una parte tan considerable de la
actividad psíquica haya retenido tan poco la atención de las
gentes hasta ahora, ya que, desde el nacimiento hasta la muerte,
no presentando el pensamiento ninguna solución de continuidad, la
suma de los momentos de realidad, digamos mejor: de los momentos
de vigilia. La extrema diferencia de importancia, de seriedad, que
existe para el observador común entre los acontecimientos de la
vigilia y los del sueño, me ha sorprendido siempre. Se debe a que
el hombre, cuando cesa de dormir se convierte ante todo en juguete
de su memoria (17)”.
En
el manifiesto se hace explicito el ataque contra los conceptos de
progreso y razón cuando afirma que:
“Con
el pretexto de civilización, con el pretexto de progreso, se ha
logrado eliminar del espíritu todo lo que podría ser tildado,
con razón o sin ella, de supersticioso, de quimérico, y se ha
proscrito todo método de investigación que no estuviera de
acuerdo con el uso corriente. En apariencia débase a un verdadero
azar que se haya sacado a la luz, recientemente, una parte del
mundo mental –en mi opinión la más importante- a la que todos
aparentaban quitar importancia. Hay que estar agradecido por esto
a los descubrimientos de Freud (18).”
Es
esta importancia a los procesos inconscientes, a la dimensión onírica
lo que vincula al surrealismo con parte de la obra de Hitchcock.
El
cine surrealista
Las
vanguardias, como se mencionó anteriormente, se oponían al
modelo clásico de arte, al arte burgués. También se señaló
que adoptaban distintos medios de expresión: pintura, literatura,
escultura, fotografía. Siguiendo esta línea el cine fue
entendido como una extensión de estas artes y el cine surrealista
se constituyó en un movimiento cinematográfico alternativo. Luís
Buñuel fue la figura emblemática del surrealismo llevado al
cine. En 1929 filma Un
perro andaluz, la obra emblemática de la producción
cinematográfica surrealista. En este cortometraje de 17 minutos
se encuentran los elementos claves del surrealismo en el cine: la
trasgresión de las estructuras clásicas narrativas y la
presencia del mundo de lo onírico. Inclusive el guión, que fue
escrito por Buñuel en colaboración con Salvador Dalí nació
justamente de sendos sueños de los artistas. Dalí le había contado un sueño suyo de hormigas recorriendo manos y
Buñuel por su parte había soñado con una navaja cortando el ojo
de de una persona.
Buñuel
en sus memorias tituladas Mi
último suspiro afirmó
“Adoro los sueños,
aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las
veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco.
Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es
una de las inclinaciones profundas que me han acercado al
surrealismo.” La
edad de oro es el otro film de Buñuel considerado
surrealista.
Hitchcock
era un gran admirador del cine del realizador español. En Vértigo,
incluso llega a homenajear la escena del campanario de la película
ÉL. Pero la presencia
de lo onírico en parte de su obra, la emergencia de lo
inconsciente es un vínculo aún más profundo entre los dos
autores.
François
Truffaut en las conversaciones que mantiene con Hitchcock,
las que dieron origen al libro El
cine según Hitchcock,
señala:
“Para
mí es evidente que muchos de sus films, como Notoriuos
o Vértigo, parecen auténticamente
sueños filmados(19).”
Una
de las expresiones más claras de la presencia de los temas que
tanto preocuparon al surrealismo se da en la película Spellbound.
En el film una médica psiquiátrica llamada Constance (Ingrid
Bergman) analiza los sueños de un falso médico (Gregory Peck).
Este personaje sufre un severo complejo de culpabilidad a causa de
un crimen que cree haber cometido.
Una
de las escenas más reconocidas de ese film es la del sueño del
personaje de Gregory Peck. La cámara se acerca hasta adentrarnos
prácticamente en el inconsciente del personaje. La secuencia fue
diseñada por Salvador Dalí y hay una clara alusión a El
Perro Andaluz porque comienza con una tijera cortando un ojo.
“Cuando
llegamos a las secuencias oníricas, mi intención era romper
totalmente con la tradición de los sueños en el cine, que son
casi siempre brumosos y confusos, con la pantalla que tiembla,
etc. Pedí a Selznick que se asegurara la colaboración de
Salvador Dalí. (…) Selznick aceptó, pero estoy seguro de que
pensó que yo quería que trabajara Dalí por la publicidad que
nos haría. La única razón sin embargo, era mi voluntad
de conseguir sueños muy visuales con rasgos agudos y
claros, precisamente en una imagen más clara que la del film.
Quería la colaboración de Dalí debido al aspecto agudo de su
arquitectura –Chirico es muy parecido- , las largas sombras, el
infinito de las distancias, las líneas que convergen en la
perspectiva… los rostros sin forma…(20)”.
Justamente
en otra de las partes del sueño aparece un hombre cuyo rostro está
enfundado en una tela. Esta imagen remite a obras de De
Chirico como Héctor y Andrómana, entre
otras. Justamente Breton en su libro El
surrealismo y la pintura puso a De Chirico a la cabeza de los
artistas del surrealismo.
Los
preceptos del artista nacido en Grecia se ajustaban al ideal
surrealista:
“Para
que una obra de arte sea verdaderamente inmortal tiene que
abandonar por completo los límites de lo humano: el sentido común
y la lógica la perjudican. Por este camino se acercará al sueño
y a la disposición de espíritu de los niños. El artista extraerá
una obra profunda de los últimos redaños de su ser, hasta los
que no penetra el murmullo de ningún arroyo, ningún canto de pájaros,
ningún crujido de hojas (21).”
Y
para establecer un vínculo todavía más estrecho con la obra del
maestro del suspenso se puede tomar estas palabras que aparecen en
una carta que escribió De Chirico:
“Toda
cosa tiene dos aspectos: el aspecto acostumbrado, el que vemos
casi siempre y que cada uno ve, y el aspecto fantasmal y metafísico,
que sólo pueden ver unos pocos individuos, en momentos de
clarividencia y de abstracción metafísica. Una obra de arte debe
narrar algo que no aparece en su forma exterior. Los objetos y
figuras en ella representados tienen que narrar, como si fuera poéticamente
algo que está muy lejos de ellos, y algo que también nos oculta
sus formas materiales(22).”
El
aspecto fantasmal es justamente lo que abunda en muchas de las películas
de y en Vértigo
toma un aspecto primordial. En la película, John Scottie Ferguson
(James Stewart), un detective retirado de la policía, recibe un
encargo por parte de un antiguo compañero de la universidad:
vigilar a su esposa Madeleine (Kim Novak). El motivo, afirma, es
que su esposa está poseída por el espíritu de una mujer muerta.
Scottie acepta el trabajo y empieza a seguirla en sus misteriosos
comportamientos, la salva incluso de un intento de suicido. Se
enamora de ella e intenta ayudarla a superar su trauma. Debido a
su tendencia al vértigo no puede evitar que Madeleine finalmente
se suicide al arrojarse desde un campanario. Scottie entra en una
profunda depresión de la que solo sale al encontrar en la calle a
una mujer igual a Madeleine. La joven, llamada Judy, es ella en
realidad ya que el encargo por parte del amigo no era más que una
coartada para asesinar a su esposa.
El
personaje de James Stewart, obsesionado con la mujer muerta,
empieza a realizar toda una serie de transformaciones a fin de que
Judy sea idéntica a Madeleine. Finalmente, descubre la farsa y
lleva a la joven a la misión donde murió la verdadera esposa, la
lleva a lo alto del campanario, superando su vértigo y Judy/Madeleine
cae del campanario.
En
cuanto a lo fantasmal, el mismo director
le señala a Truffaut: “Usted recuerda que en la primera
parte, cuando James Stewart seguía a Madeleine en el cementerio,
los planos de ella la hacían bastante misteriosa, pues los
rodamos a través de filtros de niebla; conseguíamos así un
efecto coloreado de verde por encima del brillo del sol. Más
tarde cuando Stewart encuentra a Judy, la hice residir en
el Empire Hotel de Post Street porque hay en la fachada del hotel
un anuncio de neón verde, que parpadea constantemente. Esto me
permitió provocar de manera natural, sin artificio, el mismo
efecto de misterio sobre la muchacha, cuando sale del cuarto de baño;
está iluminada por el neón verde, vuelve verdaderamente de entre
los muertos (23).”
Fundamentalmente
lo que está en juego a lo largo del film es el retrato psicológico
del personaje de James Stewart, el mismo director lo señala al
calificarlo de interés sexopsicológico.
Hitchcock afirma que lo que más le interesaba eran los esfuerzos
que hacía este personaje para recrear en una mujer, la imagen de
otra mujer muerta.
Señalaba
Breton en el Manifiesto
Surrealista que “El espíritu del que sueña se satisface
ampliamente con cuanto le ocurre. El angustioso dilema de la
posibilidad ya no se plantea. Mata, vuela más velozmente, ama
todo lo que quieras, y si mueres, ¿no estás seguro de que
despertarás de entre los muertos? (24)”. De entre los muertos
es el nombre de la novela de Boileau y Narcejac en la que se basó
Vértigo. En ella,
justamente, lo onírico tiene un papel fundamental. Es celebre la
secuencia de la pesadilla de un Scottie traumado después de la trágica
muerte de Madeleine.
“¿Quién
me asegura que el ángulo bajo el cual se presenta esa idea que lo
conmueve, o lo que lo entusiasma en los ojos de esa mujer, no sea
precisamente lo que lo une a su sueño, lo que lo encadena a datos
perdidos por su culpa? (…)(25)”.
Cuando
Scottie besa a Judy ya transformada en Madeleine, el cuarto del
hotel se transforma en la caballeriza de la misión del último
beso con el personaje de Kim Novak. Los títulos del film también
remiten a la dimensión del inconsciente. Como bien señalaba
Truffaut, Vértigo, es
como un gran sueño filmado.
A la luz de los elementos planteados se evidencia que Hitchcock
tomó muy cuenta, a la hora de concebir el cine como recurso
expresivo, lo que planteó Buñuel al afirmar que el cine parece
haber sido inventado para expresar la vida subconsciente.
Conclusión
A
lo largo del trabajo se intentó demostrar como en la obra de
Hitchcock se evidencian rasgos propios del surrealismo. No se tomó
la filmografía completa del director británico sino que el
acento estuvo puesto en dos de sus films. Se dice frecuentemente
que Hitchcock filmaba historias de suspenso porque en realidad era
un gran miedoso. El cine actuaba de esta forma como una
herramienta para exorcizar sus temores y demonios internos. Es
esto lo que el surrealismo propuso en contraposición al excesivo
acento puesto en la razón. Una de las influencias que el mismo
director reconoce es la obra de Allan Poe, definido en uno de los
manifiestos por el mismo Breton como surrealista en la literatura.
La dimensión de lo onírico, la influencia de los pintores
surrealistas y su interés en el psicoanálisis marcan las
relaciones entre el movimiento vanguardista de principios de siglo
con la obra de quien mejor supo reflejar en el cine lo reprimido
en el inconsciente. (*)
(*)
Fuente:
Verónica Ferrari, "El
surrealismo según Hitchcock",
trabajo realizado en el contexto de la materia Principales
corrientes del pensamiento contemporáneo de la Carrera de
Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, en
2007.
Bibliografía
-
A.A.V.V, Itinerarios
de la Modernidad, Buenos Aires, Eudeba, 1999.
-
Breton,
André, Los
manifiestos del surrealismo, Buenos Aires, Ediciones Nueva
Visión.
—,
El Surrealismo y la pintura,
1928.
-
De Chirico, Giorgio Carta de 1914, reproducida en Breton, El
Surrealismo y la Pintura, París 1928.
-
De Micheli, Mario, Las
vanguardias artísticas del Siglo XX, Ed. Universitaria de Córdoba.
-
Truffaut, François, El
cine según Hitchcock, Madrid, Alianza Editorial.
Películas
Spellbound
(Alfred Hitchcock,
1945)
Vértigo
(Alfred Hitchcock,
1958)
Fuentes
electrónicas
http://www.ddooss.org/articulos/otros/luis_bunuel.htmhttp://www.artehistoria.jcyl.es/index.html
http://www.revistasculturales.com/articulos/41/litoral/24/2/el-cine-instrumento-de-poesia.html
http://www.temakel.com